
La UNPF constituyó entonces la Confederación Nacional de Padres de Familia, con el fin de organizar una asociación en cada una de las escuelas particulares del Distrito Federal, asociaciones cuyas funciones eran "vigilar y denunciar" cualquier infiltración comunista. También servirían para exigir que las condiciones pedagógicas y morales de las escuelas respondieran a las expectativas de los padres de familia. Sus objetivos sobrepasaban con mucho las expectativas que la Secretaría tenía para estas asociaciones. En las aspiraciones de la UNPF se palpaba un interés activo por la supervivencia de la escuela privada como concepto: un régimen de excepción que pudiera ofrecer una educación con contenidos "especiales" ajenos a la escuela oficial. Después de lograr su reconocimiento oficial en 1940, así como una modesta participación en la modificación constitucional de 1946, luego de habérsele aceptado como órgano unificador de las escuelas particulares y otorgado una amplia tolerancia para el funcionamiento de éstas, la Unión equivocaría su posición en el debate educativo al no encontrar argumentos que la validaran. La pobreza intelectual que mostró la UNPF hizo que el régimen del presidente Ruiz Cortines ignorara a las asociaciones de padres de familia hasta el grado de negarles una participación real. Sin embargo, la organización se mantendría viva, siempre atenta a intervenir en favor de la educación católica.