
En las "conversaciones" que mantuve vía correo electrónico con Wolfgang Asholt si es que puede emplearse este oxímoron me dio la impresión de que la interrogante acerca de cómo todas esas reformas han afectado a la universidad alemana, y en especial a las humanidades, podría ser una premisa interesante para nuestros debates. Pero permítanme añadir dos cosas: por una parte creo que es importante el título de mi conferencia no lo anuncia de manera explícita tratar el tema a conciencia y con precisión históricas. Por otra, cabe señalar que hablo desde una perspectiva estadounidense. No lo hago con la intención de sugerir que "Estados Unidos, tú sabes todo mejor que nosotros", sino porque desde hace 22 años estoy trabajando en una universidad estadounidense en condiciones estadounidenses y, desde luego, esto ha marcado en gran medida mi punto de vista. Por último, durante la preparación de esta conferencia me sorprendió lo mucho que el tema me conmueve, mucho más de lo que esperaba. Tal vez sea ésta la razón por la cual su invitación se me presentó como una oportunidad para reunir y sintetizar muchas reflexiones aisladas que me había hecho sobre problemas particulares en la situación de la universidad en general y la de las humanidades en particular, de modo que lo que les presentaré a continuación podría llevar, para mi fuero interno, el título de "Mi manifiesto sobre la situación de las humanidades, sobre todo, pero no exclusivamente, en Alemania." Y he optado por el término "manifiesto", porque este género suele ser más proclive a los juicios enérgicos que a las diferenciaciones cuidadosas. Ahora bien, después de esta larga introducción con mis reflexiones personales, comencemos, finalmente, con la descripción de la situación en cuestión.