
Por supuesto, Croce, Collingwood y la mayoría de los historiadores no ignoran estas dificultades, y en consecuencia proponen diversas alternativas heurísticas para sortearlos. Por ejemplo, la fórmula consistente en que en la historia se trata de revivir o reconstruir "experiencias pasadas".35 Se tiene éxito si el historiador es capaz de ponerse entre paréntesis (a la manera de Ranke), si el historiador se puede desligar del peso del presente. Sin embargo, en dicha fórmula el pasado es concebido como si se tratara de fósiles, como entidades naturales.36 El gran problema está en que dichas "entidades", más que "naturales", tienen que ver con las formas de recordar que escapan a cualquier clasificación "naturalista". De eso era consciente Collingwood, quien planteaba la necesidad de mantener un equilibrio entre los dos polos a través de una relación simpatética entre dos partes asimétricas.37 Equilibrio difícil de sostener cuando se trata de dar cuenta de las cosas tal como sucedieron, ya que en una relación de tal tipo nunca se olvida uno de sí mismo. Con todo, en la parte más productiva del argumento de Collingwood el historiador aparecería como una suerte de traductor de las culturas pasadas en el lenguaje del presente, sin quedar del todo claro como se supera el peso del presente en relación con el del pasado. El aspecto no desarrollado tiene que ver precisamente con las resistencias ofrecidas por el pasado, de que se trata no de un objeto inerte, pasivo. No "abren sus secretos" a esta clase de historiadores debido a que siguen pensándose a la manera de un "científico experimental" que concibe los datos como si fueran "hechos naturales".38