
Meyer hace suyas y magníficamente expresa algunas intuiciones de los grandes pensadores de Occidente. La tesis de "El gran Inquisidor" de Los hermanos Karamazov de Fiódor Dostoievski, encuentra un eco en De camino a Baján en estos términos: "Se cansarán [...]. Uno se ilusiona en cuanto al deseo de libertad. No es una necesidad fisiológica. No llega como la primavera o las aguas. Hay que inventarlo para tenerlo. Éstos enseñó a los soldados lo inventarán dentro de unos días ¿o unos años? Por lo pronto están muy felices de seguir recibiendo órdenes" (p. 231). Georg Wilhelm Friedrich Hegel escribió en la introducción a sus Lecciones de filosofía de la historia universal que "en los libros de historia, las épocas de paz son páginas en blanco"; en De camino a Baján uno de los personajes afirma ("con voz calma y grave"): "En la historia, los personajes que no han tenido la cabeza cortada y los que no han cortado cabezas desaparecen sin dejar huella" (p. 127). En algún momento, el propio Miguel Hidalgo reflexiona como teórico de la historia: "Solo, me encuentro solo, haciendo el recuento de esos instantes, sin pruebas, sin testigo. Testigo soy yo, historiador soy yo. Yo soy la prueba. Yo descubro el sentido de las cosas sin sentido, yo leo escrituras ilegibles en ese instante en el cual las palabras pierden sentido. No hay más palabras distintas para ayer y para hoy. Todo es presente" (p. 193). Otro ejemplo de lo que venimos diciendo: Meyer construye a un Calleja convencido de lo inevitable de la Independencia, pero que sabe bien que la historia es "maestra de vida":