
El autor registra el texto con el que el 18 de mayo de 1811 Hidalgo manifestaba "a todo el mundo" su arrepentimiento: "¡Quién dará agua a mi cabeza, y fuentes de lágrimas a mis ojos! ¡Quién pudiera verter por todos los poros de mi cuerpo la sangre que circula por sus venas, no sólo para llorar día y noche los que han fallecido de mi pueblo, sino para bendecir las interminables misericordias del Señor! [...]" (p. 252)10. En un momento en el que hace referencia a la sangre que por él se ha derramado, Meyer lo hace detenerse y reflexionar: "Matar no puede ser una buena acción; con matar ni salvo mi alma. Ni alivio mi pena en este mundo. Hay que renunciar a la venganza; los 500 pobres gachupines muertos no han resucitado a Manuel ni puesto fin a mi duelo" (p. 254). Y un poco más adelante, cuando ha concluido su escrito, reflexiona nuevamente: