
Debido a su relación con las ciencias sociales, la historia fue objeto de un proceso de desantropologización aún más agudo que en el caso de aquéllas. Emerge como ciencia de los acontecimientos ligada de manera sagital a la forma cognitiva de las ciencias del hombre y por tanto a sus tensiones y ambigüedades. Pero esta relación, que la definió en pleno siglo XIX, no se dio como reconocimiento de su involucramiento en alguno de los modelos (biológico, económico, filológico) y en la región epistémica que les corresponde (región psicológica, sociológica o simbólica). Se estableció en las distancias que se instauraron entre unos y otras, por lo que Foucault asegura que no tenían un lugar definido en el campo de lo humano y sus manifestaciones vitales. La historia humana no coincide ni con las historias de la vida, del trabajo y del lenguaje, ni tampoco puede deslizarse en alguna de las esferas que tematizan al hombre como ser vivo, como sujeto de necesidades y deseos o, finalmente, como ser parlante.