
Ya que hemos mencionado la institución, con la cual cada sujeto en la sociedad se relaciona inevitablemente, De Certeau afirmará que, en el caso de los místicos, se trata de una relación compleja, pues al parecer para ellos "la institución misma es lo otro con relación a su delirio y que sólo cumpliendo ella esta función tiene pertinencia".78 Según esto, en su discurso lo otro no desaparecería, sino que permanecería como "antinomia entre el nombramiento, poema que nada autoriza, y por otra parte la institución que busca controlar, retomar, alterar el poema y sólo dejarlo circular en versiones comentadas o corrompidas".79 Sin embargo, De Certeau se pregunta lo siguiente: "Se trata de saber si, al rechazar remplaza [sic] la institución por un delirio, el místico no está en la situación de alinearse a ella y, por esta adecuación, de eliminar lo otro y retornar a lo mismo",80 lo que constituiría el "juego" de la institución, esto es, permitir que los místicos la denosten, pero enseñándoles al mismo tiempo el lugar que pueden o no pueden tener, utilizándolos incluso para su propio beneficio. Ese es el gran problema con la institución: aparentemente todo lo regula, incluso el delirio místico, al que le asigna un locus específico: