
De este modo, el sociólogo o el historiador interesados en estudiar los fenómenos religiosos del pasado deberán fijarse, por ejemplo, en el funcionamiento de las jerarquías eclesiásticas de la época, en la situación en que se ven envueltos aquellos cristianos que se enfrentan a "una sociedad cuyas estructuras dejan progresivamente de ser religiosas",65 en las coerciones sociales a las que se ven sometidos dichos cristianos en tanto "minoría"; en fin, todo aquello que caracteriza el "nuevo funcionamiento del cristianismo"66 en la sociedad de la época. En cuanto a la vinculación con las estructuras psicológicas, De Certeau intentará entender toda práctica, toda búsqueda humana a partir de la nostalgia causada por lo separado, por la pérdida de lo Uno, por aquella "carencia" original que moviliza el deseo ("el fantasma de lo único regresa siempre"):67 y considerará que los místicos que florecieron entre los siglos XIII y XVII intentaron enfrentar dicha ausencia a través de una serie de ejercicios y procedimientos que apuntaban a dialogar con ese "otro" ausente, asumiéndolo como tal; sin embargo, fueron deportados por la ortodoxia cristiana a la región de la fábula, por cuanto su lenguaje parecía solidario con el habla de los locos, de los analfabetos o del cuerpo, aun cuando el propio cristianismo se funda en una ausencia: la del cuerpo de Cristo.