
A mediados del siglo XX, con los iniciadores de Annales Lucien Febvre y Marc Bloch, y a partir de la emergencia de la historia social, se empezó a plantear el problema y la posibilidad de concebir una "historia total"; Fernand Braudel continuó trabajando asumiendo la posibilidad de conceptualizar una "historia global", pero, a partir de ahí, tal como lo hacía notar François Dosse quien tomó de la cita de Nora el título de su libro, se dio una "ruptura fundamental": "Es esta noción de historia total la que me parece hoy problemática [...] Vivimos una historia en migajas, ecléctica, abierta a curiosidades que no hay que rechazar".2 De entonces a la fecha se han elaborado propuestas muy ricas que si bien no necesariamente han discutido la tarea sintética de la historia como tal, han trabajado sobre el asunto en forma tangencial, para dar lugar a la "historia regional" y a la "microhistoria", que de algún modo han dado salida a este problema.