
Asienta Taylor que "los datos sobre el número de muertes proporcionados no se sustentan en estimaciones burdas. El proceso de registro de y contabilización de los muertos y de sus pertenencias fue extremadamente meticuloso" (p. 352). Unos días antes (el 4 de marzo), Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda, con todos los incentivos para exagerar las cifras,18 había publicado el artículo "La muerte de Dresde: un faro para la resistencia", en el que se refiere a "decenas de miles [énfasis añadido] de quienes laboraban bajo las torres [de los monumentos arquitectónicos de la ciudad] que han sido sepultados en fosas comunes sin posibilidad alguna de identificación" (p. 371). Comenta Taylor que en el artículo de Goebbels no había mención alguna de "fábricas y mano de obra esclava, ni de destacamentos de soldados y trenes que transportaban tropas, ni del "área defensiva" secreta de Dresde, sólo de tesoros culturales y placeres artísticos inocentes, ya perdidos para siempre" (p. 371).19