
En los dos casos, estas historias particulares del sistema urbano y de la nación se pueden leer a través de las cambiantes rivalidades y relaciones entre los equipos de futbol y sus seguidores. En México, las exageradas políticas de centralización durante buena parte del siglo XX resultaron en la emergencia de cuatro equipos "nacionales" fuertemente asociados con la ciudad capital o con un imaginario nacional, en el caso de los Chivas, ligado a un proyecto nacional basado en un dominante Estado federal. Y, en los últimos años, las políticas pasivas de descentralización han producido una situación en que los equipos de provincia se convierten en símbolo de la modernidad y la "globalidad" para las áreas urbanas que representan, el cual les ayuda a competir con otras ciudades por la inversión privada. Para el caso de Ecuador la bipolari-dad urbana dio como resultado que los cuatro equipos grandes se concentren en las dos principales ciudades. Sin embargo, para el caso de Guayaquil ha existido una histórica rivalidad entre sus dos principales equipos, mientras que en Quito se han producido cambios dependiendo del éxito y fracaso de los clubes. En los últimos años, con el surgimiento y consolidación de las barras, ha cobrado fuerza el duelo entre equipos de Quito (LDU) y Guayaquil (Barcelona) que constituye una arena visible en el campo deportivo del histórico conflicto regional entra estas dos ciudades impulsadas por las élites locales. Finalmente, el continuo mejoramiento de los equipos de provincia ha hecho que salgan a flote en el espacio futbolístico las rivalidades entre los centros y las periferias.