
Si las identidades se construyen por oposiciones y alteridades, históricamente los discursos de pertenencia a la nación ecuatoriana, como hemos indicado, se construyeron a través de las confrontaciones con el vecino país del sur: Perú. Sin embargo, la firma de los acuerdos de paz con Perú luego de más de 55 años de beligerantes relaciones militares y diplomáticas, marca para el Ecuador el fin del ciclo simbólico de afirmación de lo nacional desde la convencional narrativa que articulaba el imaginario del "país amazónico" con tesis convergentes en torno de la representación del conflicto fronterizo como una "herida abierta". Desde octubre de 1998 en que se firmaron los acuerdos, la frontera inconclusa y el histórico adversario (el "Caín de América") han perdido su eficacia simbólica como los principales artefactos culturales sobre los que se asentaba la construcción de los sentidos de pertenencia hacia la nación (Ramírez y Ramírez, 2001).18