
Desde luego, además de la agudización de las desigualdades, del empobrecimiento de las clases medias y la instauración de la migración hacia los Estados Unidos como la "única puerta de escape" para millones de mexicanos, una de las múltiples transformaciones provocadas por la liberalización de la economía (las políticas de ajuste estructural del neoliberalismo), el desarrollo de las comunicaciones y la experiencia vicaria de la globalización, fue la emergencia de nuevas "identidades" y "socialidades" mucho más móviles y flexibles pero funcionales. Tal es el caso de las identidades o adscripciones que hoy ha suscitado un espectáculo como el futbol en México. Hablamos de unas identidades futbolísticas que sobre todo los jóvenes de muchas partes del país han adoptado y construido (en muchas ocasiones copiando y adaptando formas de expresión, relación y organización de aficiones de otros países) como parte de su estrategia para enfrentar, desde el goce que el futbol permite, los embates económicos y la reducción de posibilidades de alcanzar una vida mejor.