
En América Latina, la adopción de un acuerdo democrático se presentó como una solución a los crónicos problemas de inestabilidad política y económica en la región, además de un método ideal para tener gobiernos más eficientes y que generasen mejores resultados en todas las áreas. En otras regiones del mundo, por ejemplo, Europa del Este, el proyecto democrático tuvo contenidos muy distintos y predominantemente libertarios. Vincular, desde un inicio, la democracia con valores, principios y nuevas formas de convivencia social -que valía la pena adoptar, a pesar del costo social y económico que la transición implicaría- dio a las naciones del ex-bloque soviético una ruta clara y relativamente rápida hacia la consolidación democrática. En claro contraste, en Latinoamérica, -después de haber presentado la democracia como generadora de resultados antes que una forma de convivencia social-resulta normal que hoy los ciudadanos la evalúen con respecto al desempeño de la economía. Lo anterior nos pone en una ruta complicada hacia la consolidación democrática.