
El 28 de agosto tampoco vuelven a aparecer las acusaciones que había hecho en el editorial del 7 de junio de 2004, mucho más incisivas sobre la perentoria orden de sacar adelante la reelección a como diera lugar: "A la hora de empujar la reelección se la jugó toda, abandonó anunciados propósitos de buscar entendimientos por bancadas y revivió la controvertida política del menudeo (para luchar voto por voto), los desayunos de Palacio y la discusión sobre inversiones en las regiones" (Editorial 7 de junio de 2004). Ni se menciona lo que había dicho el 22 de junio de 2004 sobre el mal debate que hubo en general en torno a la reelección, cuando afirmó que dejó mucho que desear "...por atropellado, y liviano, porque algunos de sus momentos cruciales se produjeron en horas de la madrugada y contra reloj para cumplir el apretado cronograma" buscando que Uribe pudiera beneficiarse de la reforma (Editorial 22 de junio de 2004). La línea editorial cambió esta visión y cedió ante un hecho político específico manifiesto desde tres lugares: la aprobación de la ley en el congreso, la voluntad del gobierno en que saliera aprobada y el favoritismo de la opinión, presentando su nueva versión de esta manera: