
Para poder hacer un diagnóstico hay que resolver problemas que vienen de la dificultad de establecer hechos, dada la cantidad y las variaciones de éstos. Cada caso debe ser tratado como único; sin embargo, para su diagnóstico, se deben utilizar informaciones provenientes de casos anteriores que permitan comparar los síntomas. Así, poco a poco, se construye una taxonomía, la cual establece relaciones entre la enfermedad del sujeto y las condiciones externas e internas de su entorno. Las causas de la enfermedad se reconocen a través de todas las manifestaciones externas del enfermo: sus rasgos, sus miedos, las características de su sudor, de sus excrementos, pero también hay que saber cuál es la ciudad de donde viene, cuáles son sus sueños, qué tipo de insomnio sufre, etc. (Hipócrates, Los Diagnósticos, II, 3).