
Una inteligencia que, en un momento dado, entendería todas las fuerzas que animan la naturaleza (...) abrazaría en la misma fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y del átomo más liviano; nada le sería incierto, y el porvenir como el pasado estarían presentes frente a sus ojos. (...) Lo que el espíritu humano ha descubierto en mecánica, en geometría, junto a lo que se sabe de la gravitación universal lo han colocado en posición de entender los estados pasados y futuros del sistema del mundo. Si se aplicara el mismo método a otros objetos conocidos, se llegaría a explicar con leyes generales todos los fenómenos observables y a prever aquellos que las circunstancias dadas pudieran generar" (Laplace, [1796] 1981: 447).