
La supuesta 'libertad de elección individual' de la mujer, que le permite la autoconstitución, se ve frustrada ante la 'división sexual de las profesiones' y su proceso homólogo en la familia, como la 'eufemización de la división sexual de los roles'. Entre los supuestos que apoyan esto, se puede citar el enorme peso de los roles heredados por la historia (1997: 233), misma que se acompaña de una serie de prácticas que siguen perpetuando las tradiciones. Más aún, se puede manifestar que en el hombre prevalece una mala voluntad, buscando alejarse de la igualdad; sin embargo el juego social en el que hombres y mujeres se encuentran inmersos supera estos supuestos, ya que el mismo proceso de libertad de elección, de individualismo, permite a la mujer la elección de los roles familiares. Ser madre y esposa es mucho más que una imposición, representa una forma de afianzar su identidad (1997: 235).