
Hoy en día prácticamente nadie puede dejar de observar los acelerados cambios que afectan al mundo ni permanecer al margen de las transformaciones o dejar de inquietarse por el futuro. Sin embargo, no basta sólo con observar, o al menos, no para los internacionalistas. Requerimos encontrar respuestas consistentes desde la perspectiva epistemológica, es decir, desde la forma en cómo conocemos e interpretamos el mundo, y para ello, recuperando la idea ya expresada de Thomas Kuhn, conviene reevaluar la situación actual de nuestros paradigmas. Es relativamente urgente, como señala Wallerstein, que todos nosotros echemos una mirada a las cuestiones epistemológicas básicas que se están debatiendo; es decir, que levantemos la vista de cada una de nuestras preocupaciones especializadas a esa preocupación común de todos los estudiosos; es decir, transitar hacia el cuestionamiento de las ciencias como hoy las conocemos e ir penetrando en un nuevo conjunto de supuestos que a veces se le ha dado en llamar "ciencia de la complejidad", basada en una racionalidad que va más allá del determinismo y que impone una nueva forma de visualizar la dinámica social a través de la lógica del pensamiento complejo en la línea de Ilya Prigogine7.