
A los factores mencionados, se les agrega finalmente otro, aunque de menor importancia, sobre el que Lijphart ha insistido especialmente. Esto es, que los países pequeños (según el tamaño de su población) parecen ser más favorables a la cooperación política (un país pequeño suele rondar, como máximo, poco más de diez millones de habitantes) (Lijphart, 198: 254). La razón de ello, es que en un país pequeño es más probable que las élites políticas se conozcan personalmente y se frecuenten, lo cual contribuye a no considerar a la política como un juego de suma cero. También puede ocurrir que un país pequeño se sienta más amenazado por sus vecinos (especialmente, si éstos son particularmente "grandes", desde el punto de vista territorial, poblacional o económico). Estos sentimientos de vulnerabilidad podrían incentivar la solidaridad interna entre élites a fin de no quedar relegados internacionalmente (Lijphart, 1977: 84-85)22.