
Por el contrario, el sistema de contravientos debe aportar una elevada rigidez lateral, de tal manera que incremente rápidamente su nivel interno de esfuerzos, y fluya a niveles relativamente bajos de desplazamiento lateral. A través de la disipación de energía que aportan en su rango plástico de comportamiento, los contravientos se constituyen una fuente estable de disipación de energía que hace posible el control de la respuesta dinámica de la edificación y por ende, el control del daño en los sistemas gravitacional y no estructural. Después de una excitación sísmica severa, el daño se traduce en deformaciones residuales debido a la fluencia de los contravientos. Dado que el sistema gravitacional debe permanecer prácticamente elástico, las deformaciones residuales debieran eliminarse una vez que se sustituyen los contravientos que fluyeron durante la excitación sísmica (la rehabilitación estructural de la edificación consiste exclusivamente en sustituir los contravientos dañados).