
Ciertamente resulta difícil pensar el elemento revolucionario en clave del mal, aunque sí, en términos de violencia como lo afirma el propio Benjamin en su ensayo sobre la violencia. "En el 'Fragmento teológico-político', el orden mesiánico se distingue ciertamente del orden de la felicidad, pero es el orden de la felicidad -y no el orden mesiánico- el que tiene la función de ser una idea guía hacia el orden profano-histórico".44 Si seguimos el pensamiento de Agamben, podemos decir entonces, sin temor a equivocarnos, que es el quedo acercamiento entre el orden de lo profano y el orden de lo mesiánico lo que produce esa felicidad de la redención. En la felicidad estaría contenida toda la experiencia de la que nos habla Benjamin en su Segunda Tesis de filosofía de la historia: "Una felicidad capaz de despertar envidia en nosotros sólo la hay en el aire que hemos respirado junto con otros humanos, a los que hubiéramos podido dirigirnos; junto con las mujeres que se nos hubiesen podido entregar. Con otras palabras, en la idea que nos hacemos de la felicidad late inseparablemente la de la redención".45