
En su ensayo sobre la violencia, Benjamin plantea la existencia de tres tipos de violencia: la primera es fundadora del derecho y equivale a la violencia mítica. La segunda es la que conserva el derecho. Ambas son, en términos de Benjamin, dialécticas, ya que como él mismo escribe: "Una visión que [...] intuirá el ir y venir dialéctico de la violencia en forma de violencia fundadora de derecho o conservadora de derecho" sólo podrá ser interrumpida por la violencia divina. "Sobre la ruptura de este ciclo hechizado... se fundamenta una nueva era histórica".34 Sin embargo, y aquí radica la complejidad del pensamiento teológico-político de Benjamin, la violencia divina, a pesar de su carácter "destructor de derecho", es absolutamente necesaria para la redención. "En tanto que la violencia mítica es fundadora de derecho, la divina es destructora de derecho. Si la primera establece fronteras, la segunda arrasa con ellas; si la mítica es culpabilizadora y expiatoria, la divina es redentora; cuando aquélla amenaza, ésta golpea, si aquélla es sangrienta, esta otra es letal aunque incruenta".35 Esta idea, escrita alrededor de la misma época que el "Fragmento", plantea de nueva cuenta la controvertida relación entre lo divino y la violencia, entre la redención y la catástrofe. Desde esta misma perspectiva, el texto sobre la violencia termina recuperando y dándole un valor esencial a esta última: "La violencia divina, insignia y sello, jamás medio de ejecución sagrada, podría llamarse, la reinante".36