29 Noviembre 2024
Septiembre 2022
En la Hispanic Society of America se conserva el único ejemplar de un pliego suelto bastante excepcional, publicado en Burgos (1552) en la prensa de Juan de Junta: se trata de la única invectiva conocida del siglo XVI, y escrita en vernáculo, contra Martín Lutero. El presente artículo estudia y edita este texto. En primer lugar, se aborda la historia del impreso, cuyo paradero fue identificado por Antonio Pérez y Gómez hacia 1960, y se contextualiza en el marco de la producción de pliegos sueltos similares de la época. En segundo lugar, se realiza un análisis literario de esta invectiva que expone los vínculos que tiene con el Ibis ovidiano -y, de este modo, con la tradición de la invectiva clásica-, así como con la tradición bíblica, importantísima en el texto para ejemplificar los numerosos tipos de muerte que el autor le desea al reformador.
Palabras clave::
Pliegos sueltos, poesía siglo XVI, invectiva, Martín Lutero, Cristóbal Mansilla
La Invectiva contra el heresiarcha Luthero compuesta por el muy reverendo padre Christóbal Mansilla, dirigida a Pedro Fernández de Córdoba, conde de Feria, constituye un texto poético excepcional. Podría decirse que se trata de la única invectiva contra el reformador alemán escrita en castellano en el siglo XVI -o, por lo menos, de la única conservada-.1 En este artículo analizamos este texto desde un punto de vista bibliográfico y literario, atendiendo al grupo de pliegos sueltos al que pertenece, así como a las tradiciones y textos de los que bebe, especialmente el Ibis ovidiano y la Biblia. Finalmente, en el anexo, editamos esta invectiva con profusa anotación pues, a excepción de la edición facsímil que preparó en 1961 Antonio Pérez y Gómez, no existe, al día de hoy, una edición moderna de este curioso texto.2
En la literatura en lengua vernácula del siglo XVI, las referencias a Martín Lutero son mínimas. Apenas se conservan textos literarios en donde aparezca representado Lutero mismo o el personaje luterano. Esto ha sido interpretado como parte de la política oficial hispánica de censura de las ideas del hereje, pero constituye una tendencia al silenciamiento de toda representación posible que lo aluda. Sobre lo primero, mecanismos censorios como los índices de libros prohibidos fueron la herramienta fundamental para cortar la circulación de las ideas reformistas. Sobre lo segundo, posiblemente existía entre los escritores de la época una tendencia implícita, tácita, a no personificar ni representar al personaje del luterano y, mucho menos, a Lutero mismo. Cuando el hereje aparece en un texto literario, sea teatro, prosa o poesía, lo hace sin voz propia -por ejemplo, el mudo Lutero de las Cortes de la Muerte (1557)-,3 en calidad de personaje general y desdibujado, cuyas creencias no se hacen explícitas -como ocurre en los pliegos sueltos tremendistas de las últimas décadas del XVI-,4 o bien como una referencia abstracta y anodina -ver la representación de la herejía en algunas obras dramáticas del XVI y XVII-.5 Es por esto que la Invectiva de Mansilla constituye un texto excepcional en el que, a pesar de no producirse una representación de Lutero detallada y explícita -y pese, asimismo, a no abordar ningún tipo de cuestión doctrinal reformista-, el centro del poema invectivo es Lutero mismo.
Del autor de esta invectiva, Cristóbal Mansilla, sabemos realmente muy poco. En la Bibliografía dominicana se dice que profesaba en el convento de San Pablo de Córdoba en 1525, y que parecía tener competencias como humanista.6 La Invectiva es, sin duda, una buena muestra de conocimientos sobre mitología clásica, así como de referencias bíblicas. Además de esta obrita, Bartolomé José Gallardo en el tomo tercero de su Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos señala que existe una obra de Mansilla conservada en uno de los volúmenes misceláneos manuscritos con “cosas diversas que mandó recopilar el arzobispo de Sevilla, cardenal don Rodrigo de Castro, en su letrado de cámara don García de Sotomayor, en 1595”, pero no da ninguna referencia de dónde se conserva.7 Hemos identificado este manuscrito donde, efectivamente, se incluye un poema en coplas manriqueñas que ocupa 22 hojas, con el título: “Problema de la gloria y miseria humana, en forma de diálogo de dos, nombrados Aracinto y Chico, compuesta por Cristóforo Mansilla”. Es decir, se trataría de un texto poético arraigado en la tradición de la discusión humanística en torno a las nociones De miseria hominis y De dignitate hominis.8
El ejemplar donde se conserva la Invectiva salió de las prensas burgalesas de Juan de Junta en 1552. Consta de 36 páginas, con foliación A1r-C2v, en letrería gótica, organizada a dos columnas, como solía ser la disposición habitual de la poesía difundida en pliego. En el primer folio, acompañando al título, se introduce una elaborada xilografía compuesta a partir de varios tacos (ver Imagen 1). A continuación, sigue un prólogo de dos folios en el que Mansilla dedica su texto al conde de Feria, Pedro Fernández de Córdoba. Ese año, el conde de Feria se encontraba en una delicada situación de salud, que venía arrastrando desde hacía un par de años. Moriría finalmente el 27 de agosto de 1552, por lo que es de suponer que el pliego se imprimió antes de esa fecha. No existe en el prólogo una justificación explícita de la composición y dedicatoria. Mansilla simplemente empareja el hecho de que el conde de Feria esté atravesando un periodo difícil (“un tiempo que tan mal trata a V. S.”) con el mal que Lutero ha ocasionado en el mundo y con cómo merece éste ser “mal tratado”. Es una suerte de asociación peregrina que no explicaría por qué dedica Mansilla justamente esta invectiva al conde de Feria. No es posible afirmar -como sí ocurre con otro texto en pliego de carácter antiluterano, el Despertador de pecadores, al que me referiré más adelante- que Mansilla intentara con esta publicación desvincular al noble dedicatario de posibles vínculos o lazos con movimientos o corrientes reformadoras. Es decir, que intentara “limpiar su imagen”. En el caso del Despertador, por el contrario, parece que sí puede afirmarse que su autor pretende, con la publicación de un texto execrable contra Lutero, limpiar cierta imagen heterodoxa que se habría construido el dedicatario del pliego, el almirante de Castilla, Fadrique Enríquez de Velasco.9 Después del prólogo siguen dos poemas en dísticos latinos. A continuación, en el folio A3v, comienza la invectiva.
De la mano de investigadores como Laura Puerto Moro, quien estudia los pliegos sueltos del XVI con dedicatario, es posible afirmar que esta hoja volandera no posee un carácter propiamente popular, como varios de los pliegos tempranos de ese siglo, sino que, más bien, forma parte de un grupo particular de pliegos concebidos para un lector concreto -generalmente un personaje de la nobleza- y con características específicas.10 Puerto Moro identifica varios rasgos recurrentes de este tipo de pliegos “con dedicatario” que están presentes en el nuestro: su extensión -de ocho hojas o más, frente a pliegos de carácter más popular de sólo cuatro hojas-; la existencia de una portada elaborada -que se opone al ahorro de papel en los pliegos de carácter popular-; la inclusión de un prólogo-dedicatoria, generalmente a una persona de la nobleza; y, por último, la presencia de alguna ilustración, en ocasiones un emblema heráldico identificatorio del destinatario. En este pliego se incluye, en la portada, el escudo de la Orden de Santo Domingo, a la que pertenece el autor de la Invectiva, Cristóbal Mansilla.11 Estos pliegos con dedicatoria se caracterizarían, además, por tener como temática predominante la religiosa, aunque dentro de este amplio marbete de lo religioso-espiritual, se encontrarían subdivisiones específicas. Es posible hallar también pliegos con dedicatoria de carácter “didáctico, encomiástico, panfletario o práctico-profesional”.12 La Invectiva, dado su tono violento y ácido, posiblemente puede considerarse un pliego panfletario.
En el Nuevo diccionario bibliográfico de pliegos sueltos poéticos, el pliego aparece con el asiento número 335.5.13 Se suministra allí la ubicación actual del pliego, la Hispanic Society, y las manos por las que pasó antes de llegar a la biblioteca neoyorkina creada por Archer Huntington: “ex De Bure, ex Salvá, ex Heredia, ex Jerez de los Caballeros”.14 La encuadernación del pliego es justamente de la biblioteca de Salvá e incluye el superlibros característico de las dos manos de padre e hijo (Vicente y Pedro Salvá). Actualmente, en la Hispanic Society of America el impreso está catalogado bajo la signatura BX 4819.M3 1552.15
Se equivoca, por tanto, Antonio Pérez y Gómez al afirmar que no había habido noticia de este pliego antes de 1872,16 pues el catálogo de De Bure ya lo incluía. Pero sí parece estar en lo cierto cuando afirma que entre 1902 y 1961 -es decir, desde la aparición del pliego en el catálogo del marqués de Jerez de los Caballeros y hasta la publicación de su edición en facsímil del pliego- no se conoció sobre su paradero. Antonio Pérez elabora parcialmente la historia del impreso como sigue: después de que los libros de Salvá hubieran pasado a manos del coleccionista e industrial malagueño Ricardo Heredia, la biblioteca de este último se dispersó en 1892. La Invectiva fue comprada entonces en subasta ese año por el librero Quaritch, y tres meses más tarde el pliego se encontraba en manos del marqués de Jerez de los Caballeros. En 1898 ya se incluye en el catálogo de sus libros. En 1902 el marqués de Jerez vendió su biblioteca a Huntington. De este modo, como recuerda Antonio Pérez: “En cajas cuidadosamente preparadas cruzó el océano, con rumbo a Nueva York, aquella gran copia de rarísimos libros”, entre los cuales se encontraba nuestro pliego. Sin embargo, éste no aparecerá catalogado en la biblioteca de la Hispanic Society sino hasta el catálogo de Clara Penney de 1965, pues en el de 1935 no está registrado. Todo parece indicar que permaneció en unas cajas sin abrir desde su compra por parte de la Hispanic Society, hasta que en 1960 Clara Penney pudo encontrarlo.
La Invectiva es un poema de 1 908 versos, en copla manriqueña, es decir, en sextilla doble de pie quebrado, compuesto por una introducción (hasta el v. 312) y, a continuación, por tres partes: el nacimiento (vv. 313-570), la vida (vv. 571-750) y la muerte (vv. 751-1908) de Lutero. En la introducción, en la parte del nacimiento, de la vida y en las sextillas finales del texto Mansilla incluye numerosas referencias a la mitología grecorromana, especialmente vinculadas al universo de lo monstruoso y del ultramundo (Medusa, Hidra de Lerna, Harpías, Cerbero, Parcas, Furias, etc.). Hasta cierto punto, como expongo infra, Mansilla sigue el modelo del Ibis ovidiano, pero, asimismo, aporta otros ejemplos y recursos propios del mundo grecolatino.
La introducción de la obra resulta especialmente interesante, pues en esta sección Mansilla vincula a Lutero con numerosas herejías anteriores, citando una lista de nombres de herejes y herejías que van desde el más temprano cristianismo hasta la Baja Edad Media -simoníacos, montanos, nicolaítas, arrianos, setianos, apostólicos, pelagistas…, Segalelli, Dulcino de Novara, fray Alonso de Mella etc., etc.-. Se trata seguramente de una enumeración tomada de algún tratado contra la herejía, género que desde sus orígenes incluyó listas de este tipo, como recuerda Florencio Hubeñak.17 Este investigador señala que si en el De praescriptione haereticorum (hacia el año 200) de Tertuliano se incluía un apéndice con un listado de cerca de 32 herejías, el De haeresibus de San Agustín introduce 88, y en las Etimologías de Isidoro de Sevilla se nombran 77. Mansilla, pues, aunque sin adentrarse en problemas de hondo calado, como la definición del concepto de herejía ni las propuestas doctrinales y teológicas de los reformistas, representa a Lutero como la cúspide y suma de todas las herejías anteriores, como quien bebe y reproduce “lo más malo y lo peor” (v. 203) de las herejías que lo preceden.
La última parte del texto, referida a la muerte de Lutero -o, más precisamente, a cómo Mansilla quiere que sea el fin del reformador-, es la más extensa. El dominico la divide en diferentes formas o tipos de muerte que desea para el hereje. Cada suerte de deceso se expresa con un grupo de exempla extraídos de la Biblia, en especial del Antiguo Testamento. Así, Mansilla refiere las siguientes 18 maneras de morir: los que murieron siendo niños, los degollados, los asaeteados, los encarcelados, los heridos en la cabeza, los comidos de gusanos, los salteados, los caídos, los despeñados, los apedreados, a quienes se les sacaron los ojos, los despedazados, los conjurados, los que tuvieron diversas muertes, los ahogados, los crucificados, los desterrados, los tragados por la tierra y los abrasados. En la última parte de esta sección referida a la muerte de Lutero, Mansilla incluye los apartados “Cuerpo y ánima” y “Sentencia de Lucifer contra Lutero”.
Resulta curioso, por otra parte, considerar que en 1552, fecha de publicación de la Invectiva, Lutero llevaba ya seis años de muerto, pues había fallecido en 1546. Mansilla, además, habla de Lutero como si estuviera vivo. Este desajuste cronológico posiblemente pueda interpretarse en tres direcciones: una opción es que las noticias sobre el reformador que llegaban a España eran tan pocas que el dominico no se habría enterado de su muerte; otra posibilidad es que, al referirse Mansilla a Lutero como hombre vivo, estaría aludiendo metonímicamente al vigente potencial del luteranismo para generar disenso, y a la acuciante necesidad de combatirlo. Por último -y posiblemente ésta sea la hipótesis más probable-, se podría considerar que la Invectiva de Mansilla se compuso cuando Lutero aún vivía, aunque no podríamos confirmar si habría existido una edición anterior del pliego o no. En todo caso, sí parece verosímil que el prólogo dedicatoria de este pliego de 1552 se hubiese escrito ese año, dada la afirmación -referida al conde de Feria- sobre el “tiempo que tan mal trata a V. S.”, pues justamente ese año el conde moriría, después de padecer una larga enfermedad.
Como he señalado, la Invectiva de Mansilla constituye una suerte de texto “único”, pues no existe en castellano una tradición literaria de diatribas de este tipo contra herejes, esto seguramente por las razones mencionadas supra. Antonio Pérez señala que el texto puede relacionarse con la Breve disputa en ocho levadas contra Aristótil y sus secuaces de Hernando Alonso de Herrera (1517),18 pero posiblemente son más las diferencias que separan estos dos textos que las coincidencias que los unen: la disputa es un diálogo polémico entre nominalistas y humanistas donde la cuestión de la herejía protestante -por obvias razones cronológicas- no aparece en ninguna parte, mientras que la Invectiva es un poema escrito en coplas manriqueñas y centrado en el reformador. Quizá el único texto que pueda ponerse en relación genérica con la Invectiva de Mansilla -no solamente a nivel literario, sino también editorial- es el pliego suelto Despertador de pecadores (ediciones de ca. 1525-1530, 1534 y 1541), un poema impreso en pliego, “con dedicatario”, dentro del cual se incluye un fragmento de seis sextillas dobles titulado “Invectiva y reprehensión” contra Lutero.19 Estas seis sextillas integran, sin embargo, una parte muy breve de un poema mayor enfocado en la crítica clerical y el consejo espiritual, por lo que el texto no constituye en su totalidad una imprecación contra el reformista. Por otra parte, resulta curioso que se trate de un impreso cuya edición de 1541 se haya adjudicado a las prensas de Juan de Junta,20 también impresor del pliego de Mansilla.
Dentro de las fuentes de las que bebe Mansilla para componer su invectiva se encuentra, en primer lugar, el Ibis de Ovidio, una invectiva clásica inspirada en otra de Calímaco, actualmente perdida, que tenía el mismo título. En términos generales, el texto de Mansilla comparte varias características con el de Ovidio, como se ha encargado de mostrar Rosario Guarino Ortega,21 aunque hay dos aspectos importantes que los distancian: en primer lugar, Ovidio escribe su invectiva desde su exilio en Tomis (actualmente Constanza), dirigida a un personaje particular que el poeta conoce bien. El invectivado ha aprovechado el exilio de Ovidio para despojarlo de sus bienes materiales. Mansilla, por el contrario, escribe una invectiva contra Lutero y el luteranismo, para advertir sobre esta suerte de amenaza pública para el catolicismo, cuya existencia todo hombre culto debería conocer. El personaje invectivado no tiene ningún vínculo personal con el autor de la invectiva. Frente a una diatriba de carácter personal en Ovidio, en Mansilla nos encontramos con una de orden más general. Por otro lado, en lo que respecta a los tipos de exempla que cada uno pone como paradigma de la muerte del invectivado, en Ovidio proceden en su totalidad de la historia y la mitología grecorromanas. Mansilla, por el contrario, en la sección de la muerte deseada para el hereje, sólo utiliza ejemplos bíblicos -aunque en otras secciones refiere figuras mitológicas grecorromanas-. Es decir, se trata, en Mansilla, de una invectiva humanista y cristiana, que recoge el bagaje clásico y lo fusiona con la tradición bíblica.
Sobre las semejanzas entre los dos textos, cabe destacar un aspecto interesante: en ambos casos los autores se muestran reacios a desvelar el nombre del invectivado. En Ovidio nunca se llega a nombrar (“Callaré su nombre” [lín. 9]; “Y puesto que no desvelo aún quién eres a los que quieren saberlo” [lín. 61]),22 mientras que en Mansilla, pese a las reticencias (“Que no te daré nombre” [v. 14]; ¡Oh, qué memoria tan flaca / que tuve en tener memoria / de tu nombre” [vv. 139-141]),23 “ se explicita en el título y en el prólogo que la invectiva se dirige contra Lutero y, además, en el v. 138 se hace referencia a los “lutheranos”.24 A continuación señalamos, a manera de ejemplo, algunas similitudes entre los dos textos, lo cual evidencia que, como explica Guarino Ortega, Mansilla conocía el Ibis de Ovidio y lo tuvo en cuenta al escribir su invectiva:25
| Ovidio, Ibis | Mansilla, Invectiva |
|---|---|
| “Que la tierra te niegue sus frutos, el río sus corrientes, el viento y la brisa te nieguen sus soplos” (líns. 108-109). | “Niéguete el cielo su lumbre / sus caminos la tierra / poderosa; / el llano te haga cumbre / y la vega brava sierra / lapidosa” (vv. 571-576). |
| “Y que el sol no brille para ti ni Febe ilumine, los brillantes astros falten a tus ojos. Que no se te ofrezca fuego ni aire, y no te hagan camino ni la tierra ni el mar” (líns. 109-112). | “El sol nunca te aparezca / ni veas llena la luna / ni partida. / Para ti nunca amanezca / ni tengas hora ninguna / conoscida” (vv. 577-582). |
| “Con sus garras y su pico te sacarán las entrañas lento el buitre y ávidos perros despedazarán tu corazón embustero, y que tu cuerpo sea motivo de disputa […] entre lobos insaciables” (líns. 169-172). | “Y arremetan furiosas / y cébense en tus entrañas / pulmón / dando vozes enojosas / con diferentes estrañas / de abusión. // Y las que eran agoreras, / en los tiempos con errores / engañados, / te coman mucho ligeras / con sus picos cortadores / a bocados (vv. 1573-1584). “Mas primero ordenarán / que algún buitre se embarace / en tu visión / y luego le mandarán / que te rompa y despedace / el corazón” (vv. 1615-1620). |
Otros elementos que seguramente Mansilla tomó del texto del Ibis de Ovidio son las numerosas referencias a la ultratumba y a los castigos eternos de los héroes y dioses grecorromanos: Sísifo, Ixíon, Ticio, las Danaides, el Cocito, la Estigie, los Campos Elíseos, Caronte, la Hidra, las Furias, las Parcas, etc. Ovidio, además, había llevado a cabo una división entre los tipos de muertes que deseaba para su invectivado, algunos de los cuales coinciden con los propuestos por Mansilla (por ejemplo, los caídos y despeñados, los asaeteados, los despedazados, los ahogados y los apedreados). Sin embargo, como he señalado, el tipo de ejemplo difiere en los dos textos: mitológico e histórico en el primero y bíblico en el segundo.
Mansilla expone sus conocimientos profundos de la Biblia, especialmente del Antiguo Testamento, con numerosísimos ejemplos de muertes bíblicas de todo tipo. Desde los personajes más populares, como Sansón o los profetas, hasta personajes secundarios, en la Invectiva se relatan o sugieren muy distintos casos de muertes registradas en la Biblia. Es posible, sin embargo, que Mansilla se sirviera de algún florilegio o miscelánea en donde las formas de muertes bíblicas ya estuvieran organizadas y registradas, pues se trata de muchos ejemplos pertenecientes a muy distintas partes de la Biblia. Podría decirse así que, en gran medida, la Invectiva de Mansilla es un cúmulo de tipos de muertes bíblicas espantosas, terribles y aterradoras que el autor le desea a Lutero. En la edición que sigue suministramos en nota la mayoría de estas referencias bíblicas (en algunos casos, donde las referencias no son evidentes o no hemos podido encontrar la fuente, no anotamos nada).
La edición de la Invectiva que presentamos a continuación constituye la primera edición crítica moderna de la obra. En la anotación damos cuenta de prácticamente todas las referencias bíblicas, mitológicas y léxicas del texto que puedan facilitar su lectura y compresión. Hemos intentado, sobre todo, suministrar notas informativas y útiles para el lector.
La transcripción y edición del texto ha seguido en cierto modo un criterio conservador, aunque modernizamos los siguientes aspectos del texto original: se simplifican todas las consonantes dobles, incluida la doble ese (‘ss’), aunque se mantiene la grafía del resto de sibilantes (‘x’, ‘z’, ‘ç’, ‘g’, ‘j’). Se regulariza el uso de v/u, así como de y/i. Se separan, puntúan y acentúan las palabras según los usos actuales, a excepción de las palabras aglomeradas, que se mantienen (‘d’este’, ‘d’ese’, etc.). Se moderniza el uso de ‘v’ y ‘b’, al igual que el uso de la grafía ‘h’, aunque se mantienen ciertos grupos consonánticos cultos (‘ph’, ‘th’, ‘bd’, etc.). La ausencia de vocablos es completada entre corchetes.
Invectiva contra el heresiarcha Luthero. Compuesta por el muy reverendo padre fray Christóbal Mansilla de la orden de los predicadores. Dirigida al muy ilustre señor don Pedro Fernández de Córdoba, conde de Feria26
M.D.L.II.
[A1v] Prólogo del mismo author al ilustrísimo señor don Pedro Fernández de Córdoba, conde de Feria
Una de las cosas que más blasphemaron los mortales, inclitísimo señor, fue vivir los malos. Y no solo a los profanos philósophos, sino a los grandes sanctos les puso grande escándalo, pues los gentiles, ciegos d’este enojo y de su poco saber, dixeron que no había Dios pues tal consentía. Y los prophetas con gemido lo preguntaban a Dios, diziendo Hieremias: “Quare via impiorum prosperatur?” (¿por qué el camino de los malos pasa adelante?); y Job, “Quare impii vivunt...” (que vivan los buenos, pase, mas los que son perversos, ¿por qué se han de sufrir?), y David: “Zelavi super peccatores pacem illorum videns” (muérome de celos de ver la paz de los pecadores).27 Y, finalmente, él mesmo un psalmo gasta en maldezir aquel de quien dixo Christo que le fuera mejor no haber nascido.28 Y así yo, ilustrísimo señor, provocado de tan justas maldiciones y tocado de la misma yerba, tomé por mi recreación maldezir al más mal hombre que este siglo produxo grandes tiempos ha, que es fray Martín Luthero, cuyas maldades y locuras lloran muchos y sentimos todos. Y como yo muchas vezes quisiese algunas de mis mocedades dedicarlas a servicio de V. S., los tiempos, los caminos, las ocupaciones de V. S., en que nuestros príncipes por muchos años le ocuparon, no han dado lugar a mi deseo. Mas ya que la poca salud ha puesto entredicho en los trabajos de los príncipes de la tierra, y se cumple la voluntad del Príncipe de los Cielos -que es la misma gloria- paresciome sano engañar un tiempo que tan mal trata a V. S.29 con tratar mal, siquiera de palabra, a quien tan mal se quiso de obra, [A2r] y a quien tan justamente meresce ser mal tratado, pues tan mal ha tratado al mundo que muchos pensaron que fuese el verdugo postrero de los justos que la Iglesia llama Antechristo;30 y, finalmente, no estamos muy seguros que algunos de sus hijos o sequazes lo sean. Sepa el mundo sus niñerías y vanidades, por las quales justamente fue perdido, pues porque el mundo supiese que sabía pensó de ser cobrado. Y para que estas cosas vengan hasta las manos de los niños, quise poner este estilo y lenguaje castellano, para que doctos e indoctos gusten lo que pudieren, y aun lo que quisieren. Y Vuestra Señoría resciba mi voluntad y perdone las flacas fuerças de mi servicio.31 [A2v]
Comiençan las maldiciones contra el heresiarcha fray Martín Luthero [A3v]