05 Mayo 2025
Aug-Dec 2024
¿Por qué un libro que fue publicado en 1941 se vuelve a publicar en 2022? La respuesta a esta pregunta está en la cancha de Isabel Wilkerson, autora de dos libros multipremiados aclamados por la crítica: The Warmth of Other Suns: The Epic Story of America’s Great Migration (2010) y Caste: The Origins of Our Discontents (2020). Wilkerson, además, es la primera mujer afroamericana en ganar el prestigiado premio Pulitzer.
Sucedió lo que tenía que suceder. Wilkerson empezaba a imaginar su libro sobre el funcionamiento del sistema de castas en pleno siglo XXI en Estados Unidos cuando descubre la joya: el libro escrito por Allison Davis y colegas. Tal fue su admiración que Wilkerson inicia los trámites para que se publique el libro nuevamente persuadiendo a los directivos de la Universidad de Chicago y hablando con uno de los hijos de Davis.
Antes de presentar mis argumentos por los que sostengo que el trabajo de Davis y los Gardner es una joya de la etnografía, me detengo en un punto clave que permite comprender la importancia de las contribuciones de Davis entre 1930 y 1941, y de Wilkerson entre 2010 y 2020: la sociedad del Sur profundo de Estados Unidos1 fue -y de cierta manera lo sigue siendo- una sociedad de castas. ¡Pero cómo, alzaría la voz más de algún lector!, porque, según esto, las castas existen en la India, jamás en Estados Unidos. Wilkinson lo demuestra: el sistema de castas aparece en la India, en la Alemania Nazi y en el Sur profundo de Estados Unidos, reiterando lo que Davis descubrió en 1935.
De hecho, después de la publicación de libro de Allison Davis, Burleight Gardnet y Mary Gardner llovieron las críticas. Así, por ejemplo, el prestigiado sociólogo Oliver Cromwell Cox atacó con beligerancia, en su libro publicado en 1948, los hallazgos de Davis en Misisipi, afirmando que la idea de casta no tiene ninguna relevancia para la historia de la sociedad estadounidense. Davis le respondió a Cox: “Under its pretentious, pedantic front, it is the Alice in Wonderland of sociology #&91;el libro de Cox#&93;”, y complementa: “Dr. Cox has made no recognized first hand studies of society, done no sustained empirical research on human communities, completed no scientific studies behavior as #&91;many researchers#&93; of Negro society, each of whom has defined the nature of either social class or color caste in American communities”.
¿Qué es un sistema de castas? Davis y colegas lo explican muy claramente en el primer párrafo del capítulo II: “Fundamental division in the social organization… between the Negroes and the ‘white folks’. This social cleavage is such that all privileges and opportunities, as well as duties and obligations, are unequally distributed between the two groups… Furthermore, each of the groups is endogamous;2 that is, marriage between them is absolutely forbidden, and any children of extralegal sex relations are automatically relegated to the subordinate Negro group.” (p.12)
Ahora sí, después de seis párrafos introductorios (indispensables), presentaré los argumentos por los que catalogo el estudio de Davis como una joya de la etnografía.
Primero: el estudio exigió un trabajo de campo que, en sí mismo, fue una proeza. Cuatro jóvenes antropólogos, bajo la supervisión de su profesor W. Lloyd Warner, aceptan llevar a cabo un estudio etnográfico en una pequeña ciudad de Misisipi (con 10 000 habitantes, la mitad afroamericanos) y en el condado rural circundante lleno de plantaciones de algodón (80 % afroamericanos). Empezaron en 1933 y terminaron en 1935. Dos de ellos, los Davis, eran un matrimonio de afroamericanos y los otros dos, los Gardner, de euroamericanos.3 Llegan a Misisipi y no pueden declarar que son antropólogos que van a estudiar el sistema de castas ni tampoco que se conocen entre sí. Los cuatro sabían los riesgos que corrían insertándose en una comunidad en la que el linchamiento no era algo excepcional. Arriesgaron sus vidas. Para poder operar el trabajo de campo, cada pareja se desenvolvía dentro la casta que les correspondía.
Segundo: los cuatro llevaron a cabo entrevistas y observaciones espléndidas, en las escuelas, en los salones de baile, en las ceremonias religiosas, en los paseos dominicales, en las plantaciones de algodón, en las tiendas, en las calles y en las oficinas del gobierno de la ciudad. ¿Cómo hicieron todo eso, a pesar de las limitaciones? Es algo que no explican a detalle, pero el resultado es admirable.
Tercero: el estudio explica cómo el sistema de castas se entrelaza con el sistema de clases. No todos los afroamericanos son pobres, algunos son miembros de la clase media alta (médicos, maestros o ingenieros), pero siguen siendo afroamericanos. Aquí los autores observan que el sistema de clase no coincide con el de castas, pero ambos terminan por reforzarse: un afroamericano puede pertenecer a la clase media, pero nunca será parte de la clase dominante.
Cuarto: los autores permanentemente cotejan sus fuentes; es decir, no quieren aceptar por buena una fuente sin comparar con otras. En este sentido, sus hallazgos son confiables. Por ejemplo, si un capataz euroamericano les ofrecía una explicación sobre las deudas de sus trabajadores en el campo de algodón, cotejaban con las versiones de los campesinos afroamericanos. ¿Cómo celebraban sus reuniones de trabajo? Organizaban juntas clandestinas en lugares apartados en las noches. Allison siempre llevaba una pistola en la cajuela de guantes de su auto porque sabía de los riesgos que corría al reunirse con los Gardner.
Quinto: el estudio detecta la piedra angular del sistema de castas que es “the common assertion that Negroes are ‘unclean’… a strong feeling that the color of the Negroes is abhorrent and that contact with them may be contaminating.” (p. 13) Por ese motivo los euroamericanos evitaban sistemáticamente comer en los mismos platos que usaban los afroamericanos o beber de los mismos vasos. Nada diferente a lo que sucede en la India.
Sexto: los autores descubren las intrincadas maneras en que el criterio basado en el color de la piel se infiltra en los grupos subordinados de afroamericanos, generando distinciones que llegan a los detalles: los que son más cafés, los más amarillos, los trigueños, etc. Y demuestran cómo estas distinciones se vinculan con el sistema de clases sociales, de modo que el acceso a la clase media entre los afroamericanos exige tener una piel “más clarita”. Si una pareja de afroamericanos de clase media tenía un hijo de piel muy oscura, lo enviaban a vivir con parientes pobres a otra ciudad o región del país. Cada una de estas distinciones de color terminaba siendo considerada como una “subraza”. Racializan todo pues.
Séptima y última: entre los miembros de la casta “superior” (los euroamericanos), las distinciones de clase son drásticas. Las distinciones que descubrieron son: los de la upper-upper class (los herederos de la vieja aristocracia), los de la lower-upper class (ricos, pero no miembros de las familias aristócratas), los de la upper-middle class (profesionistas y dueños de negocios, pero sin apellido), los de la lower-middle class (pequeños comerciantes con cierta reputación), los de la upper-lower class (obreros, sirvientes) y, mero abajo, los de la lower-lower class (tenderos, policías o artesanos). Cuando los miembros de las diferentes clases sociales, todos euroamericanos, entran en contacto, despliegan símbolos que expresan las distinciones entre ellos.
Colofón: a) la esposa de Allison Davis (Elizabeth) participó plenamente como investigadora en el proyecto, pero no aparece como autora. En esa época, poner a una mujer afroamericana como autora resultaba inadmisible. Mucho hizo la editorial de la Universidad de Chicago aceptando que Allison Davis fuese el primer autor y la pareja Gardner aparecieran en segundo y tercer lugar; b) Allison Davis fue el primer tenured profesor afroamericano en la Universidad de Chicago, una universidad predominantemente euroamericana, aun así, muchos colegas pidieron que no le autorizaran dar clases a alumnos euroamericanos. Y para rematar, nunca lo dejaron entrar al restaurante de profesores de la universidad. O sea, también se cocían habas en Chicago, no solo en Misisipi.