27 Enero 2025
Jan-May 2018
El Mercosur tiene más de un cuarto de siglo de funcionamiento, por lo que resulta apropiado analizar sus alcances. El presente artículo evalúa algunas de las principales características económicas, ligadas a asimetrías, intercambio comercial y flujos de inversión, utilizando datos estadísticos del periodo 1991-2015. Se argumenta que el Mercosur no ha alterado la condición de dependencia de los países asociados, limitante central de sus posibilidades de desarrollo, permitiendo consolidar, en cambio, el carácter subimperialista de Brasil.
Palabras clave::
Mercosur, dependencia, subimperialismo
El Mercado Común del Sur (Mercosur), proceso de integración de mayor alcance en Sudamérica, ha cumplido ya más de un cuarto de siglo, atravesando diversas etapas. Este artículo se propone analizar sus principales rasgos en materia económica, mostrando datos de estadística descriptiva para el periodo 1991-2015. Estos datos sirven de apoyo para sustentar el argumento central. Sería de esperar que un proceso de integración de este alcance sirviera de base para el desarrollo de sus integrantes. Sin embargo, al indagar su derrotero, encontramos que el Mercosur no ha logrado alterar la condición de dependencia de los países que lo componen, motivo que limita sus posibilidades concretas de desarrollo, consolidando más bien el carácter subimperialista de Brasil en las relaciones intrabloque. No debe entenderse este estudio como un análisis exhaustivo del Mercosur, sino más bien como una evaluación general, guiada desde la perspectiva de la Teoría Marxista de la Dependencia (TMD).
En el primer aparatado se presentan los principales proyectos de integración en la región, incorporando los marcos básicos de interpretación en cada caso. El segundo apartado distingue los cambios en el Mercosur durante los primeros años del siglo XXI donde, acorde con el pulso político de sus países miembro, se modificó parcialmente la agenda hacia preocupaciones que englobamos como neodesarrollistas. En el tercer apartado se analizan los rasgos centrales de los intercambios comerciales de los socios del Mercosur, entre sí y con el resto del mundo. El cuarto apartado discute los perfiles sectoriales de este comercio. El apartado cinco incorpora otros elementos del intercambio con el mundo, a través de la cuenta corriente de la balanza de pagos. El apartado que le sigue comenta los rasgos centrales de la inversión entre estas economías. Por último, los comentarios finales recuperan el panorama general del conjunto.
Las teorías liberales suponen que todos los países ganan del comercio internacional. Esta visión fue discutida ya a fines del siglo XIX utilizando el concepto de imperialismo -planteado por Hobson, Hilferding, Luxemburgo y, por supuesto, Lenin-. Desde esta perspectiva, las economías menos desarrolladas cumplen un rol subordinado a las necesidades de las potencias industrializadas, sea fungir como mercado para sus productos o como abastecedor de materias primas y bienes salario. Desde estas latitudes, se destacaron las ideas del estructuralismo latinoamericano, base teórica de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Según este planteo, la región solo podría desarrollarse si lograba industrializarse, complejizando su estructura productiva. Para ello, era necesaria una activa intervención del Estado que coordinara el proceso, ofreciera protección de la competencia externa a las nacientes actividades, incluso tomara por su propia cuenta la producción de ciertos bienes y el desarrollo tecnológico. Para todo ello era central ampliar los mercados de los países latinoamericanos, que resultaba insuficiente para permitir alcanzar escalas eficientes en ciertos procesos.
Bajo estos auspicios, se constituyó en 1960 la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), buscando complementariedades entre los procesos nacionales -en particular, las economías de mayor escala-. Los sectores clave en las negociaciones eran los que requerían de mercados más amplios y economías de escala, actividades que eran motorizadas por los Estados nacionales o por las empresas trasnacionales. Con veinte años a cuestas, las necesidades y proyectos de estas habían cambiado y era necesario avanzar por otro camino. En 1980 se lanzó en Montevideo la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), aún buscando complementariedades entre los países de la región. Estos proyectos buscaban sinergias y acuerdos de profundo alcance, otorgando un trato diferencial para los países más atrasados (Cimadamore y Rodríguez, 2013).
Estos proyectos de desarrollo autocentrado, fueron ya por entonces cuestionados por la TMD.1 Entre otras objeciones, se cuestionaba la falta de historicidad de la CEPAL al pretender repetir procesos de industrialización con un siglo de retraso, ignorando los cambios ocurridos a escala global. La especialización original de Latinoamérica fomentó formas de compensar la fuga de valor para obtener tasas de ganancia normales. La forma principal de esa compensación fue la superexplotación de la fuerza de trabajo, es decir, el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor (Marini, 1973, 1978; Martins, 2013). Este mecanismo resultaba en una traba a cualquier proyecto de desarrollo ligado al mercado interno. La TMD también criticaba la ilusoria separación que el estructuralismo hacía entre economía y política, ¿por qué motivo los Estados capitalistas actuarían contra los intereses de los capitalistas actuantes en esas sociedades? Resulta misteriosa la idea de sustituir a los agentes del desarrollo sin que esto generase conflictos (Marini, 1980).
Lentamente comenzó a ser evidente que la estructuración jerárquica del mundo que permite hablar de dependencia ya no se restringía al esquema centro-periferia desarrollado por la “vieja” CEPAL y su clave hermenéutica: la especialización del centro en bienes industriales y, como contracara, la periferia abocada a la producción y exportación de bienes primarios. De manera incipiente, la periferia comenzaba a exportar bienes industriales. Aunque algunos autores ligados a esta escuela (en especial, Celso Furtado) hicieron esfuerzos por captar fenómenos más complejos, la CEPAL viró a partir de los 80 en un neoestructuralismo que aceptó la orientación libremercadista como eje de la reflexión, pasando a ponderar a las exportaciones como vía al desarrollo.
En los años finales de la industrialización guiada por el Estado se iniciaron acercamientos entre Argentina y Brasil. Con el desplazamiento de las hipótesis de conflicto, se comenzaron a construir vías de comunicación y proyectos de infraestructura entre estos países, lo que animó a sus respectivos empresariados. Los presidentes Alfonsín y Sarney negociaron acuerdos en ramas estratégicas, expresados en el Acta de Integración Argentino-Brasileña de 1986 y el Programa de Integración y Cooperación Económica de 1988. La lógica ya no era la de una ampliación general del mercado sino el desarrollo de ciertos sectores sensibles (Musacchio, 2007). Esta relación bilateral sería el eje de las negociaciones en la siguiente década. Paraguay y Uruguay se sumarían presionados por las pérdidas potenciales de quedar fuera (Granja Hernández, 2013).
Una de las ideas planteadas por Marini (1977) que ha suscitado diversas polémicas, es la de subimperialismo (Dias Carcanholo y Saludjian, 2013; García Ferreira, 2016). Su planteo sostenía que algunos países ocupaban un rol contradictorio en la estructuración global del mercado. Si bien les cabía la categoría de dependientes, cuando por su escala lograban captar suficientes inversiones de capital -en parte de las propias potencias, en parte de capitales locales-, podían alcanzar composiciones orgánicas medias que los colocaba en algunas ramas en capacidad de competir internacionalmente. Al preservar una estructura desequilibrada y tener que sostener la superexplotación de la fuerza de trabajo asentada en su territorio, estos países podían -aun siendo objeto de inversión por parte de las potencias- exportar capitales hacia territorios de otros países dependientes, erigiéndose así en lo que otros planteos llamarían potencias intermedias. La reproducción de relaciones de asimetría con sus zonas de influencia, al mismo tiempo que eran objeto de subordinación por parte de las potencias centrales, es lo que define al subimperialismo.
El caso histórico le cabía a Brasil, en especial cuando se produjo su despegue a fines de los 60. Los capitales que operan en la economía brasileña buscaron proteger sus intereses mediante acuerdos que garantizaran sus posibilidades de reproducción. Para ello, no solo volcaban exportaciones industriales a países vecinos -que dificultosamente podían vender a las potencias centrales- sino que también se vincularon mediante otras formas de capital: préstamos e inversiones directas en otros territorios (Marini, 1994).
A partir de esos años se afianzó a escala mundial un proceso de reformas que modificó los rasgos del mercado mundial. De la mano de la mundialización del capital productivo (Astarita, 2006), se produjo una rearticulación de las cadenas globales de valor, de la mano de una auténtica revolución tecnológica en el transporte y las comunicaciones. La posibilidad de desconcentrar las actividades manteniendo el control unificado del proceso de producción permitió que este se fragmentara en el mundo, desterritorializándose y reterritorializándose con mayor fluidez a través de las fronteras (Pascual y Ghiotto, 2010; Treacy, 2016). Se trataba de la respuesta global a la crisis bajo la forma de un programa que podemos llamar neoliberalismo (Harvey, 2007), y que cobró mayor ímpetu con la caída de la Unión Soviética (Ghiotto, 2005; Nazzi, 2016).
Las potencias centrales presionaron, particularmente a través de los organismos internacionales de crédito, con un programa de reformas estructurales que incluía -pero no se restringía- la quita de regulaciones a los movimientos internacionales de capitales, tanto comerciales como financieros, la retracción del Estado de la producción y de funciones de regulación y protección social, las reformas hacia formas más flexibles de las relaciones laborales. Las empresas trasnacionales (incluyendo las de propiedad latinoamericana) requerían de estos cambios, reforzando la idea de falta de alternativas. La liberalización comercial y la desregulación financiera se volvieron la regla.
Las iniciativas de integración desplazaron entonces su motivación de una necesidad de acumulación autocentrada -no autónoma- a un requerimiento defensivo, forzado por la presión de la mundialización (Botto, 2015). En este marco, se firmaron el Tratado de Asunción en 1991 y luego el Protocolo de Ouro Preto en 1994, que darían inicio al Mercosur, cuya pretensión -como el nombre indica- era constituir un mercado común, que apenas alcanzó a una unión aduanera (Malamud, 2013). Se redujeron drásticamente los impuestos internos -sin desaparecer- y se avanzó hacia un arancel externo común. No se tuvieron en cuenta las asimetrías de origen de los países socios ni se constituyeron organismos de decisión supranacionales con capacidad de aplicación, elementos que distinguen claramente a este proyecto de integración de la Unión Europea (De Sousa Silva y Ferreira, 2014). Aceptando la plataforma del Consenso de Washington, el regionalismo abierto apuntaba a los mismos objetivos, a saber, la libre circulación de capitales (Bizzozero, 2012; Granato, 2014; Kan, 2010b; Musacchio, 2007).
Como señalan Ghiotto (2005) y Treacy (2016), la reorganización global de la acumulación a partir de los 70 incluyó la competencia de los territorios por localización de los capitales. Los Estados compiten entre sí en una “carrera hacia el fondo” (Ghiotto, 2015) por quitar regulaciones nacionales, para atraer potenciales inversiones en su territorio. Este fenómeno se expresa de múltiples formas, entre las que destacan el menor control socioambiental, la desprotección laboral y la baja fiscalidad. Si bien esta búsqueda de mayores ventajas para el capital -en detrimento de la vida de las clases populares- produce una minimización de los potenciales beneficios de la inversión, la alternativa ofrece no pocas dificultades. El Mercosur se inscribió en esta lógica, que no impidió a los países firmantes avanzar en múltiples negociaciones de Tratados Bilaterales de Inversión, otorgando privilegios a capitales provenientes de otros países.
La iniciativa más relevante de la etapa, en particular para la región, fue la de Estados Unidos de América (EE. UU), el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), una expansión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte firmado con Canadá y México (Ghiotto, 2005; Katz, 2006). Se trataba de un acuerdo para quitar trabas al comercio sin otorgar ningún derecho particular a los pueblos, ni desarrollar instituciones más allá de acuerdos intergubernamentales. En los hechos, buscaba garantizar el control privilegiado de EE.UU sobre la región. Dentro de los esquemas conceptuales de los dirigentes -y no pocos analistas- se trataba de apenas un paso lógico más en una cadena de medidas para abrir los mercados. La iniciativa negociada por los gobiernos suscitó una fuerte resistencia social, que organizada a través de la Alianza Social Continental logró mostrar el carácter regresivo de este proyecto. Ante el estancamiento de la negociación multilateral, EE.UU rápidamente viró a acuerdos bilaterales de libre comercio, donde su predominio se expresaba con mayor definición. Entre otros países, firmaron acuerdos Chile (2003), Colombia (2004), Costa Rica (2004) y Perú (2004). La crisis del neoliberalismo arrastraba a la región en una deriva sinuosa.
Mientras tanto, Argentina y Brasil salían de sus respectivas crisis, que habían arrastrado a sus socios menores. Como anverso, llegaban al gobierno de líderes o fuerzas políticas populares que cambiarían los tintes del acuerdo. La nueva afinidad política coincidía en su carácter no neoliberal, sin por ello tener un rumbo común más definido ni tampoco revisar a fondo las reformas neoliberales de los años previos (Katz, 2006). Pero esto fue suficiente para promover una revisión de la orientación del Mercosur, que comenzó a cobrar nuevos bríos, plasmados en el Consenso de Buenos Aires (2003) y en el Programa de Trabajo del Mercosur 2004-2006 (Granato, 2014)2.
El caso de referencia en este sentido es la UE, que desplegó un conjunto de mecanismos direccionados a reducir las asimetrías entre socios. Sin embargo, como señala Botto (2015), el TLCAN fue el proceso de referencia durante los 90, y este no se enfocó en resolver las asimetrías tanto como en explotarlas. Las asimetrías estructurales no fueron consideradas durante la primera década del Mercosur (Berretoni, 2013). El carácter enfáticamente comercial y librecambista de ese primer decenio hizo que la única referencia al tema fueran las excepciones transitorias en los tiempos de convergencia de Paraguay y Uruguay a las estructuras arancelarias comunes (Granato, 2014; Granja Hernández, 2013). El principio de reciprocidad heredado de la Ronda Uruguay no favorecía un tratamiento explícito del problema.
El relanzamiento de la agenda en la Cumbre de Montevideo en 2003 incluyó el tratamiento de las asimetrías como un problema a resolver, buscando dotar al proceso de integración de un carácter más sustantivo que la mera circulación de mercancías. Los estudios requeridos por la Decisión CMC N° 27/03 permitieron avanzar en este sentido. A partir de ellos, Granja Hernández (2013) refiere la creación de Fondo del Mercosur de Garantías para Micro, Medianas y Pequeñas Empresas (Decisión CMC N° 41 y 42/08), el Fondo de Agricultura Familiar del Mercosur (Decisión CMC N° 45/08), el Instituto Social del Mercosur (Decisión CMC N° 03/07), siguiendo el antecedente del Fondo de Convergencia Estructural (FOCEM, Decisión CMC N° 45/04).
La integración de capital del FOCEM (Decisión CMC N° 18/05) indica que el 97 % de los recursos son aportados por Argentina y Brasil, mientras que el 80 % de los mismos fueron asignados a Paraguay y Uruguay. El propósito redistributivo, pues, parece en el centro de la escena (Granato, 2014). Sin embargo, los alcances del mismo no parecen ser tantos. La falta de criterios y diseño institucional para resolver las disparidades, así como la palmaria insuficiencia de los fondos aportados son escollos relevantes (Berretoni, 2013; Cimadamore y Rodríguez, 2013). Incluso autores que ponderan la innovación institucional de la nueva fase del Mercosur, como Ramos (2015), señalan la insuficiente implementación de los acuerdos establecidos. De Sousa Silva y Ferreira (2014) hablan del FOCEM como un “amanecer simbólico” de una integración atenta a estas diferencias.
Por ello, no debe exagerarse el ímpetu de estos cambios, ubicados más bien en una zona intermedia de indefiniciones. Por un lado, buscaban modificar el carácter meramente comercial del bloque, para lo cual lo dotaron de diversas innovaciones institucionales, creando nuevos organismos, sistemas de compensación y temas de trabajo específicos (Botto, 2015; Ramos, 2015). Por otro lado, los países no abandonaron las negociaciones del ALCA, sino que presionaban porque EE.UU pusiera en discusión los subsidios al agro, permitiendo exportar a su mercado en esos bienes; una suerte de ALCA light (Ghiotto, 2005; Kan, 2010b; Simonoff, 2009). Las negativas de EE.UU a discutir esto y la creciente resistencia social hicieron caer al proyecto en la reunión de Mar del Plata de 2005 (Echaide, 2005; Kan y Socoloff, 2012). Finalmente, los países del Mercosur se negaban a entrar en negociaciones con la más radical propuesta de integración de Venezuela, la Alianza Bolivariana para América (ALBA), basada en el intercambio según necesidades y posibilidades en lugar de ganancia (Katz, 2006). Para los gobiernos del Mercosur esta no era una opción, por ello se encargaron de bloquearla sistemáticamente.
En un lugar intermedio, el Mercosur cambió su impronta arrastrando sus propias inercias estructurales, por lo que se puede hablar de un nuevo Mercosur (Granja Hernández, 2013; Musacchio, 2015). Hemos elegido denominar a esta etapa del Mercosur como neodesarrollista debido a que expresa con bastante claridad las aspiraciones que guiaron la política económica en Argentina, Brasil y Uruguay durante esos años. De ser la plataforma de apertura global pasó a ser considerado un bastión de la integración autónoma, obteniendo en los discursos oficiales un tinte casi antimperialista, muy alejado de los cambios reales.3 La superposición de proyectos y relanzamientos no guardó nunca completa coherencia (Botto, 2015). El Mercosur inició así otra etapa, con contrastes e indefiniciones.
La proyección a escala global de Brasil como potencia intermedia requería revisar su influencia en la región (Dias Carcanholo y Saludjian, 2013; Kan, 2010), por lo que el país intensificó sus estrategias de proyección. Además de relanzar el Mercosur, la diplomacia brasilera fue muy activa en iniciativas de integración de diverso orden, entre las que se destacan la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en 2008 y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2010 (Bizzozero, 2013; Kan, 2010b). Ambas iniciativas han jugado un rol preponderante en términos de geopolítica, pronunciándose contra golpes de Estado en la región y a favor de políticas de descolonización, haciendo a un lado a EUA como “guardián” del continente (está excluido de ambas iniciativas), proponiendo incluso la creación de un sistema de defensa regional. Otras iniciativas como el Banco del Sur o el Sucre como moneda común quedaron relegadas.
El peso de Brasil en el bloque es muy superior al resto de los socios, por territorio, población y PBI. Además, desde que el Mercosur entró en vigencia, se incrementó la distancia de los PBI de Argentina y Uruguay respecto de Brasil. Aunque las cuatro economías incrementaron el peso del comercio exterior, constatando la tendencia a mundializarse, el rol que ocupó en cada caso el intercambio con el resto del mundo no fue el mismo: mientras para Paraguay y Uruguay es clave (y se acercan a los valores de las economías centrales), Argentina y más aún Brasil dependen de sus mercados internos. Este último país no solo tuvo iniciativas en la región, sino que articuló a nivel global con otras potencias intermedias, en el agrupamiento BRICS: Rusia, India, China y Sudáfrica.
Al interior de este grupo sobresale, claro, la República Popular de China, cuya escala supera con creces a sus socios y compite su lugar con las primeras potencias centrales. De hecho, dentro de la región latinoamericana, China ha tenido una creciente relación, basada principalmente en el intercambio comercial para satisfacer sus necesidades de acumulación. En este sentido, ha reeditado la división internacional del trabajo decimonónica, poniendo a América Latina como destino de sus exportaciones y fuente de materias primas (Dias Carcanholo y Saludjian, 2013; Slipak, 2014). Al consolidado vínculo comercial, ha añadido en los últimos años flujos de inversión y de préstamos.
EE.UU, por su parte, ha lanzado una serie de iniciativas para contener el avance chino en el mundo: el Tratado Trans Pacífico (TPP), el Tratado Transatlántico (TTIP) y el Acuerdo sobre Servicios (TISA). Se trata de acuerdos megarregionales, que enlazan economías muy diferentes, orientándose por la defensa del derecho corporativo, esto es, garantizar todos los derechos para los inversores, incluso por encima de los Estados (Echaide, 2016; Ghiotto, 2016). Se avanza sobre nuevos temas comerciales (servicios y derechos de propiedad intelectual a la cabeza), evitando cualquier posibilidad de alterar las condiciones macroeconómicas que afecten las ganancias de las trasnacionales. En la región, la Alianza para el Pacífico es la representante cabal de este proyecto, sostenida por Chile, Colombia, Perú, Panamá y México, todos atados por tratados de libre comercio con EE.UU.
En este marco, el Mercosur quedó en una zona intermedia entre su origen comercialista y un nuevo rol que compartía con otras iniciativas, sin definiciones rotundas sobre el rumbo y aún menos claridad en torno al cumplimiento de esas definiciones.
Según la concepción original del Mercosur, este era una plataforma de una apertura generalizada que integraría a los países a los flujos globales. El gráfico 1 nos permite notar que el comercio entre los socios mostraba una tendencia creciente desde los 70, dando un salto de importancia con la entrada en vigencia del Mercosur. Con diversos ritmos y alcances, los países socios incrementaron su comercio, aunque mostrando una caída a fines de los 90. Durante el nuevo siglo, el nivel se estabilizó por encima de sus niveles históricos, aunque por debajo de su peso en la década inicial del acuerdo. Dado que el comercio total de estos países se incrementó, esto significa que la concepción original del Mercosur fue efectiva, pues funcionó como una plataforma para su expansión aperturista.
Debemos señalar dos fenómenos más. El primero es que, en la etapa neodesarrollista del Mercosur, mientras para Argentina y Brasil la tendencia del intercambio intrarregional fue levemente creciente, para Paraguay y Uruguay fue de declive. En este sentido, estos últimos habrían aprovechado más la ventaja de apertura por etapas. El segundo elemento a resaltar es que para los dos primeros países, el mercado común ha sido una parte menos relevante del comercio exterior total. Ambos países tienen una apertura relativamente menor y en su vínculo de comercio privilegian el intercambio con el mundo, por fuera del Mercosur. Esta somera descripción señala límites concretos a las posibilidades de integración: las cuatro economías son dependientes, con mercados insuficientes para impulsar la acumulación autocentrada, vinculadas en cambio a las potencias centrales.
Observando la etapa neodesarrollista, el gráfico 2 muestra que el Mercosur perdió relevancia en el comercio total para los cuatro socios. Mientras que se trató de una tendencia para Paraguay, para los otros tres socios parece un efecto posterior al estallido de la crisis internacional de 2008. Entre 2002 y 2015, el Mercosur como destino del comercio perdió un 15 % de importancia para Paraguay y un 13.5 % para Uruguay. Estos datos son muy significativos, pues se trata de la década en la cual el relanzamiento del acuerdo de integración debía fortalecer los lazos e intensificar los intercambios.
¿Qué destinos desplazaron en importancia al Mercosur? La UE es un socio de histórica importancia, con intereses estratégicos en la región. El único país que incrementó sus intercambios con la UE fue Paraguay, que partía de los niveles más bajos del bloque. Para los otros tres socios, la UE perdió importancia de manera sostenida. EE.UU es el otro socio histórico en la región y también su relevancia en los intercambios totales cayó para Argentina y Brasil. Para Paraguay y Uruguay, tras una caída hasta el estallido de la crisis, vuelve a recobrar importancia. El socio que más creció en relevancia, en los cuatro casos y de manera tendencial, fue China. Nuevamente, el caso paraguayo difiere, no en el sentido pero sí en la intensidad. Ocurre que este país mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán, lo que bloquea que las relaciones con China sean más fluidas.
La tabla 1 muestra el peso que tienen los primeros cinco socios, particularmente elevado para el caso de Paraguay, que lo pone en un lugar de vulnerabilidad ante cualquier cambio económico o político de esos socios. Brasil y Argentina, socios del Mercosur, ocupan el primer y tercer lugar. Por su parte, Brasil muestra los menores niveles de concentración entre los socios y aún así encuentra casi la mitad de su comercio total con apenas cinco países. Los cuatro países tienen mayores niveles de concentración en sus importaciones que en sus exportaciones, lo que indicaría mayores dificultades para encontrar proveedores de ciertos bienes que para volcar su producción al mundo.
| EXPORTACIONES | |||||
| Reportante | Argentina | Brasil | Paraguay | Uruguay | |
| Socio 1 | País | Brasil | China | Brasil | Brasil |
| Monto | 10.081.115 | 35.607.524 | 2.641.834 | 1.134.192 | |
| Socio 2 | País | China | EE.UU | Rusia | China |
| Monto | 5.174.432 | 24.215.974 | 757.755 | 1.067.856 | |
| Socio 3 | País | EE.UU | Argentina | Argentina | EE.UU |
| Monto | 3.422.832 | 12.800.015 | 675.955 | 527.167 | |
| Socio 4 | País | Chile | Países Bajos | Chile | Argentina |
| Monto | 2.398.278 | 10.044.466 | 582.367 | 380.340 | |
| Socio 5 | País | India | Alemania | Italia | Alemania |
| Monto | 2.003.132 | 5.171.571 | 289.710 | 260.190 | |
| 5 Socios/Total | 41 % | 46 % | 59 % | 44 % | |
| IMPORTACIONES | |||||
| Reportante | Argentina | Brasil | Paraguay | Uruguay | |
| Socio 1 | País | Brasil | China | Brasil | China |
| Monto | 13.005.591 | 30.719.405 | 2.576.662 | 1.747.406 | |
| Socio 2 | País | China | EE.UU | China | Brasil |
| Monto | 11.749.039 | 26.761.654 | 2.417.034 | 1.626.113 | |
| Socio 3 | País | EE.UU | Alemania | Argentina | Argentina |
| Monto | 7.705.939 | 10.376.725 | 1.535.166 | 1.234.977 | |
| Socio 4 | País | Alemania | Argentina | EE.UU | EE.UU |
| Monto | 3.127.228 | 10.284.589 | 811.988 | 852.348 | |
| Socio 5 | País | México | Corea del Sur | Corea del Sur | Nigeria |
| Monto | 1.822.055 | 5.420.622 | 277.978 | 424.962 | |
| 5 Socios/Total | 63 % | 49 % | 74 % | 62 % | |
Uruguay no figura como principal socio de ninguno de los otros países del bloque. Para Argentina y Paraguay, Brasil es el principal socio comercial -tanto por ventas como por compras- pero para Brasil, igual que para Uruguay, el principal socio es China. Para Uruguay, Brasil es el segundo socio. En cambio, Argentina, representa el tercer o cuarto socio comercial de los otros tres integrantes del Mercosur. Es decir, hay aquí una asimetría importante, por la cual Brasil ocupa un lugar privilegiado en las cuentas externas del resto del Mercosur, que no es simétrico en las cuentas del gigante del Sur. Los dos países más pequeños no figuran entre los principales socios. Todo este panorama habla de un relevante déficit de integración en el periodo analizado (que cubre 25 años), o un sesgo claro en torno a los intereses subimperialistas de los capitales brasileros.
¿Quiénes son los principales socios por fuera del bloque? China y EE.UU ocupan los principales puestos para los cuatro países del Mercosur, lo que no debería extrañar, tratándose de las potencias en disputa por el orden global.4 Algo por detrás, Alemania también ocupa un lugar destacado, en especial para Brasil. Resulta interesante que el orden de importancia es el recién señalado en todos los casos, lo que indica que el país asiático desplazó a los socios históricos de la región. El intercambio con estos tres países tiene además otra característica: se trata de un patrón de comercio deficitario. Salvo por la relación de Brasil-China y la de Paraguay-Alemania, todos los demás resultados bilaterales arrojan significativos saldos negativos en 2015. Es decir, este lazo comercial produce una persistente fuga de recursos desde el Mercosur hacia las potencias centrales.5
Esta tendencia a transferir excedentes comerciales es marcada a partir del estallido de la crisis. En el período 2002-2007, Argentina, Brasil y Uruguay obtenían superávit del intercambio combinado con las tres potencias (el primero gracias al saldo con China, el segundo por el saldo con China y EE.UU, y el tercero por el saldo con Alemania). No puede dejar de enfatizarse que se trata de una fase de ascenso de los precios internacionales de los productos primarios. A partir de la crisis, Brasil obtiene superávit persistente con China, mientras que Paraguay y Uruguay obtienen saldos positivos con Alemania, pero con cierta volatilidad. El resultado agregado del comercio con las potencias centrales es, sin embargo, sistemáticamente deficitario desde 2008. Es decir, hay una fase de saldos superavitarios entre 2002 y 2007 (en rigor, este último año solo Brasil logra un balance positivo) y otra deficitaria entre 2008 y 2015, no trivialmente enmarcada en la crisis global (Musacchio, 2015). El comercio agregado del Mercosur durante la primera década y media del siglo XXI arroja transferencias con las tres potencias por un total de 114.992 mdd (millones de dólares), un promedio de 7.666 mdd anuales.
Debe notarse que durante ese mismo periodo, el saldo global del intercambio de los países del Mercosur con el mundo fue fuertemente superavitario, por un total de 429.114 mdd. Este saldo respondió de manera exclusiva a Argentina y Brasil, pues los otros dos socios obtuvieron pérdidas sistemáticas del comercio global. Puesto de otra manera, los países del Mercosur -en una coyuntura de precios muy favorable- obtuvieron excedentes del comercio que transfirieron parcialmente -un 20 %- hacia estas tres potencias. Debe resaltarse que el comercio no es la única vía de remisión de excedentes.
Finalmente, es importante remarcar que este patrón de intercambio comercial se repite al interior del Mercosur. De manera sistemática, Argentina, Paraguay y Uruguay obtuvieron saldos negativos de su relación con Brasil. Las transferencias totales del periodo suman 44.945 mdd. Este resultado es una expresión clara del rol de Brasil como potencia subimperialista, que mantiene lazos de subordinación con los países centrales, pero es capaz de reproducir las relaciones asimétricas en su región de influencia. Como señalamos, Brasil se asoció con otras potencias intermedias en el grupo BRICS; con ellos, Brasil tuvo un saldo positivo con Rusia y Sudáfrica, mientras que con India el saldo es más variable.
En vistas del intercambio negativo con las potencias centrales, y al interior del Mercosur con Brasil, es lógico que los países busquen diversificar los destinos de sus exportaciones, que les permitan obtener superávits. La tabla 2 permite notar la evolución en el tiempo de la integración comercial de los países del Mercosur mediante dos indicadores sobre las exportaciones. En primer lugar, se puede evaluar la creciente penetración de mercados, a través de ventas en una mayor cantidad de países. Solo en el caso uruguayo se percibe una retracción en la cantidad de socios posterior a la crisis que estalló en 2008. En segundo lugar, se muestra la evolución del conocido índice Hirschman-Herfindahl sobre concentración. Lo que se puede notar allí es que los cuatro socios tuvieron un aumento en la importancia de ciertos socios en la primera mitad de los 90: a pesar de aumentar la cantidad de socios, algunos ganaban más en relevancia. Este es el efecto de la primera etapa del Mercosur comercial. Luego del pico en 1998, los cuatro socios muestran una tendencia decreciente, es decir, la apertura de mercados diversifica efectivamente los destinos de las exportaciones. Vale resaltar dos casos simétricamente opuestos. Tras el estallido de la crisis internacional, Brasil amplió la cantidad de mercados a los que exporta, pero aun así aumentó la concentración de sus ventas; y al revés, Uruguay perdió destinos, pero mejoró la distribución de sus ventas entre los mercados remanentes.
| Indicador | País | 1992 | 1998 | 2002 | 2008 | 2015 |
| Cantidad de socios | Argentina | 141 | 156 | 164 | 179 | 184 |
| Brasil | 165 | 176 | 207 | 213 | 218 | |
| Paraguay | 73 | 68 | 86 | 123 | 133 | |
| Uruguay | 104 | 120 | 139 | 169 | 154 | |
| HH socios | Argentina | 0.057 | 0.112 | 0.073 | 0.064 | 0.056 |
| Brasil | 0.067 | 1.000 | 0.084 | 0.048 | 0.065 | |
| Paraguay | 0.136 | 0.208 | 0.185 | 0.171 | 0.125 | |
| Uruguay | 0.106 | 0.160 | 0.082 | 0.060 | 0.092 |
Vimos que los países del Mercosur intensificaron sus intercambios comerciales desde la década los 70, mostrando una pérdida relativa de importancia en el siglo XXI. En este último periodo, además, el comercio del bloque con el mundo fue superavitario, aunque deficitario con las potencias centrales. Ambos fenómenos se explican por la sostenida búsqueda de incorporar nuevos mercados para exportar. Resta identificar los sesgos sectoriales del patrón de especialización en la división internacional del trabajo.
Para ello, la tabla 3 distingue por categorías de la CUCI rev. 3, la intensidad relativa de las exportaciones al Mercosur respecto de las realizadas al resto del mundo (Zelicovich, 2015a). El índice muestra la proporción entre la participación de la categoría elegida respecto del total de exportaciones al Mercosur y la participación de la misma categoría en las exportaciones totales. En tal caso, cuando el índice resulta menor a 1, la proporción de exportaciones de esa categoría al Mercosur es menor que su peso en el total de ventas al mundo; y viceversa cuando resulta mayor a 1. Incrementos en el índice implican aumentos en el tiempo en la intensidad de las exportaciones de esa categoría al Mercosur.
| Categorías (CUCI 3) | Argentina | Brasil | Paraguay | Uruguay | |||||
| 1992 | 2015 | 1992 | 2015 | 1992 | 2015 | 1993 | 2015 | ||
| 1. Productos alimenticios y animales vivos | 0.8 | 0.5 | 0.4 | 0.2 | 0.5 | 0.3 | 0.9 | 0.7 | |
| 2. Bebidas y tabacos | 0.6 | 0.5 | 0.7 | 0.8 | 0.1 | 0.5 | 15.8 | 9.2 | |
| 3. Materiales crudos no comestibles, excepto los combustibles | 0.4 | 0.2 | 0.3 | 0.1 | 1.0 | 0.2 | 0.1 | 0.0 | |
| 4. Combustibles y lubricantes minerales y productos conexos | 1.5 | 1.8 | 0.8 | 1.1 | 302.5 | 253.7 | 0.0 | ||
| 5. Aceites, grasas y ceras de origen animal y vegetal | 0.2 | 0.1 | 0.1 | 0.2 | 5.0 | 0.3 | 9.7 | 0.8 | |
| 6. Productos químicos y productos conexos | 2.5 | 2.5 | 2.0 | 2.5 | 1.0 | 1.1 | 9.1 | 5.5 | |
| 7. Artículos manufacturados, clasificados según el material | 1.0 | 1.4 | 0.9 | 1.4 | 0.8 | 1.3 | 0.9 | 2.5 | |
| 8. Maquinaria y equipo de transporte | 3.4 | 7.5 | 2.4 | 3.5 | 8.2 | 3.6 | 20.3 | 5.5 | |
| 9. Artículos manufacturados diversos | 1.3 | 3.4 | 0.7 | 2.4 | 0.7 | 9.0 | 0.9 | 6.9 | |
En términos generales, el intercambio intra-Mercosur tiene mayor intensidad en las manufacturas (6, 7, 8 y 9) y la energía (4), y tiende además a incrementarse en el tiempo. Como inversa, las categorías ligadas a productos primarios (1, 2, 3 y 5) tienen menor relevancia, y esta decrece en el tiempo. Dicho de otro modo, el patrón de especialización indica que los países del Mercosur tienden a exportar al mundo productos primarios, mientras que al interior del bloque los bienes manufacturados tienen mayor relevancia. No resulta extraño señalar entonces que la integración regional ha sido la clave para que los cuatro socios no se desindustrialicen de manera más acelerada (ver Un Mercosur neodesarrollista).
Los casos de Productos alimenticios y animales vivos, Materiales crudos y Aceites y grasas son muy claros al respecto, con valores bajos del índice con tendencia a caer (en el caso de la categoría 3, la tendencia es a cero). El caso de Uruguay muestra la caída más significativa. Bebidas y tabaco es levemente diferente, pues en Brasil y en Paraguay su importancia en el Mercosur crece, aunque permanece como menos relevante que su rol en las ventas al mundo. En Argentina y Uruguay esta categoría pierde importancia en el tiempo, aunque este último país es el único para el que mantiene una importancia relativa superior que respecto del resto del mundo. De conjunto, la región se especializa en vender al mundo bienes primarios o su transformación básica.
En el caso de la energía, las exportaciones ganan en importancia, especialmente para Paraguay (en 2002 el índice acusaba un valor de 2,4). El caso de Uruguay es el inverso, pues sus exportaciones de energía al Mercosur caen sistemáticamente en importancia.
Los Bienes manufacturados (7 y 9) se presentan como la contracara, pues los cuatro socios incrementan sus ventas entre sí, excediendo con creces la importancia que esta categoría tiene en sus ventas al mundo. No ocurre lo mismo con Maquinaria y equipo de transporte, donde solo Argentina y Brasil muestran una tendencia creciente -aunque para los cuatro socios la intensidad al Mercosur es muy superior a lo que ocurre con el resto del mundo-. Esto no es extraño, dado que el eje de la integración industrial del bloque proviene de la cadena automotriz (Musacchio, 2015; Zelicovich, 2015a).
Los datos de ALADI de los primeros 50 productos exportados al Mercosur en 2015 certifican este sesgo. Para el caso brasilero, 17 de ellos eran parte de la cadena automotriz, representando el 24 % de sus exportaciones a la región, mientras que para el caso argentino 10 de ellos pertenecían a esta cadena, representando el 29 % de las exportaciones regionales. En el caso uruguayo, solo 5 productos pertenecían a la rama, un 7 % de sus exportaciones al Mercosur. Finalmente, Paraguay no mostraba ningún producto de la rama entre los principales. En cambio, el 61 % de sus ventas regionales se concentran en combustibles. Estos perfiles indican claros sesgos de especialización sectorial.
Accesoriamente, vale remarcar que las exportaciones dentro de la región tienen diversos grados de diversificación. Los 50 primeros productos son el 94 % de las exportaciones paraguayas, el 76 % de las uruguayas, 66 % de las ventas argentinas y el 52 % de las ventas brasileras. Es decir, el grado de diversificación está directamente asociado al tamaño de la economía, lo que parece indicar que las ganancias de escala mediante la integración y sus posibilidades de diversificar la producción a partir de ello no modifican los sesgos originales de las escalas nacionales: las economías nacionales más grandes sostienen su mayor grado de diversificación al integrarse.
La tabla 4 recupera sintéticamente lo referido. Respecto de las exportaciones, el espejo es completo. Mientras las manufacturas representan el 62 % de las ventas al Mercosur, son solo un 27 % de las ventas al resto del mundo; y al revés, las ventas de bienes primarios representan el 70 % de las ventas al mundo, y un magro 38 % de lo vendido al Mercosur. En las importaciones, un 78 % de las compras al resto del mundo son bienes manufacturados, mientras que solo un 22 % de bienes primarios, centralmente ligados a minerales y combustibles. El Mercosur juega así un rol significativo para sus socios, en un sentido inverso al patrón de especialización comercial que les corresponde en el mundo. Esto es particularmente cierto para los casos de Argentina y de Brasil.
| RUBRO | EXPORTACIONES | IMPORTACIONES | ||
| Mercosur | Resto del mundo | Mercosur | Resto del mundo | |
| Agricultura | 18 % | 33 % | 20 % | 5 % |
| Minerales y combustibles | 20 % | 37 % | 14 % | 17 % |
| Manufacturas | 62 % | 27 % | 66 % | 78 % |
Esta presentación se puede reforzar con los perfiles sectoriales del intercambio con algunos socios relevantes (ver Los socios comerciales). Los cuatro países del Mercosur muestran déficit en el saldo de su comercio con los países centrales -aquí expresados por EE.UU y la UE- e incluso con la potencia intermedia China, para acusar un déficit total en el intercambio. Solo en el caso de Brasil, el Mercosur aporta un resultado positivo para compensar.
En cuanto a los perfiles sectoriales, sobresalen los importantes superávits en Alimentos y bebidas que obtienen todos los socios, saldo que obtienen de su intercambio con los países centrales -Brasil y Uruguay son deficitarios en esta categoría al interior del Mercosur-. Argentina y Brasil son también superavitarias en el intercambio global de Minerales y metales, saldo obtenido centralmente por su intercambio con los países centrales -para los otros dos socios esta categoría no es muy significativa-. En rigor, Brasil muestra superávit en esta categoría con todos sus socios.
El saldo en el rubro energético (Combustibles, lubricantes minerales y productos conexos) ofrece un panorama contrapuesto. Excepto por Paraguay, los socios muestran déficit en esta categoría. Argentina, a pesar de este saldo global negativo, muestra igual que Brasil un superávit del intercambio con China y en el Mercosur. En el caso de Paraguay, en cambio, todo su saldo se explica por las ventas al bloque regional. Esta categoría, al igual que Materias primas de origen Agrícola, son transformaciones industriales de bienes primarios. Para esta última, solo Argentina muestra un leve déficit; los otros tres socios tienen en cambio saldos positivos, particularmente relevante en el caso de Brasil, que lo obtiene gracias a sus ventas a los países centrales y China.
Por último, en lo referido a manufacturas -los bienes estrictamente industriales- los cuatro socios muestran saldos negativos, y en todos los casos estos son significativos, tanto como para explicar el resultado global; se trata, pues, de un sesgo sostenido en el tiempo. Además, su déficit se observa no solo con los países centrales y China, sino también dentro del Mercosur. El reverso de esto es el saldo positivo de Brasil dentro del bloque.
Se trata de una diferencia no solo cuantitativa, sino cualitativa: la capacidad de exportar bienes industriales ha sido históricamente uno de los signos más sencillos de identificar en las potencias. Con el tiempo, algunos países dependientes lograron mostrar exportación de estos productos, basados en un esquema de maquila, como los casos de México, Centroamérica y el Caribe (Osorio, 2016). Brasil no es una potencia industrial ni una maquila, como atestigua su déficit comercial no solo con EE.UU y la UE, sino incluso con su socio en ascenso, China. Brasil, como país subimperialista, logra superávit industrial solo en su intercambio con otras economías dependientes (como las de la UAAA6),incluyendo las de su área de influencia. E incluso en esta área se puede ver en los respectivos saldos de la tabla 5 que enfrenta la competencia de las potencias.
| Categoría | China | EE.UU | UE | Mercosur | UAAA | Total |
| Argentina | ||||||
| Alimentos, Bebidas y Tabaco | 4.584 | 1.225 | 6.184 | 3.575 | 491 | 32.428 |
| Materias Primas Agrícolas | 51 | -52 | 22 | 23 | -2 | -42 |
| Combustibles, Lubricantes Minerales y Conexos | 162 | -914 | -403 | 174 | -14 | -5.125 |
| Minerales y Metales | -151 | 254 | 453 | -650 | -23 | 2.175 |
| Manufacturas | -11.214 | -4.771 | -8.064 | -3.236 | 48 | -32.814 |
| Total | -6.569 | -4.258 | -1.804 | -112 | 500 | -3.373 |
| Brasil | ||||||
| Alimentos, Bebidas y Tabaco | 15.730 | 1.759 | 8.886 | -1.896 | 251 | 45.157 |
| Materias Primas Agrícolas | 1.349 | 719 | 1.491 | -42 | 10 | 4.405 |
| Combustibles, Lubricantes Minerales y Conexos | 2.913 | -2.577 | -1.122 | 140 | -78 | -15.481 |
| Minerales y Metales | 5.332 | 478 | 3.322 | 424 | 44 | 13.177 |
| Manufacturas | -28.442 | -10.045 | -25.116 | 3.782 | 138 | -83.979 |
| Total | -3.118 | -9.660 | -12.534 | 2.407 | 364 | -36.710 |
| Paraguay | ||||||
| Alimentos, Bebidas y Tabaco | -3 | 39 | 1.166 | 167 | 38 | 4.372 |
| Materias Primas Agrícolas | -7 | 5 | 32 | -16 | 0 | 44 |
| Combustibles, Lubricantes Minerales y Conexos | 0 | -168 | -60 | 1.422 | -3 | 807 |
| Minerales y Metales | 4 | 23 | 22 | -38 | 0 | 0 |
| Manufacturas | -2.197 | -490 | -544 | -2.005 | -6 | -6.354 |
| Total | -2.202 | -591 | 615 | -469 | 29 | -1.131 |
| Uruguay | ||||||
| Alimentos, Bebidas y Tabaco | 861 | 341 | 388 | -76 | 10 | 3.468 |
| Materias Primas Agrícolas | 153 | 5 | 132 | -46 | 9 | 835 |
| Combustibles, Lubricantes Minerales y Conexos | -2 | -173 | -119 | -355 | 0 | -1.093 |
| Minerales y Metales | -7 | -3 | -15 | -26 | 0 | -27 |
| Manufacturas | -1.684 | -498 | -1.110 | -755 | -11 | -4.994 |
| Total | -680 | -328 | -724 | -1.257 | 8 | -1.811 |
De conjunto, los países del bloque se especializan en la exportación de bienes primarios o sus transformaciones básicas, categorías en las cuales logran obtener resultados positivos globales. En cambio, en las categorías ligadas a bienes industriales, el comercio resulta deficitario; y dado que las potencias centrales se especializan en estos bienes, el resultado del intercambio no solo erige un patrón de especialización sino que este resulta deficitario. Este comportamiento se repite con China. Brasil hace otro tanto con las economías de menor desarrollo, dentro del bloque del Mercosur.
La forma más aceptada de observar la relación de una economía con el resto del mundo es analizar el comportamiento de su balanza de pagos. En este sentido, hemos elegido algunas de las cuentas más significativas de la cuenta corriente para mostrar su comportamiento en el tiempo. A esta presentación sería necesario agregarle los movimientos de capitales -anotados en la cuenta financiera de la balanza de pagos-, cuya volatilidad e importancia ha crecido en las últimas décadas. Aunque su importancia es indiscutible, sus tendencias -y mucha de su volatilidad- suelen tener determinadas fuera de estas economías receptoras, por lo que su consideración no hace sino reforzar la condición dependiente del bloque. Concretamente, mostramos el saldo del intercambio de bienes primarios y el de bienes manufacturados, el saldo de los servicios de transporte y el de servicios financieros y seguros, y los pagos en concepto de patentes, utilidades e intereses. Todas las cuentas se muestran como proporción del PBI.
Las cuentas de bienes están asociadas a la vieja dicotomía de especialización en bienes primarios de los países de la periferia. Contabilizamos por tales aquí -sujeto a la disponibilidad de datos de la fuente- el comercio de metales y minerales, alimentos, y combustibles, es decir, considerando también las transformaciones industriales básicas de los bienes primarios. Esta adaptación debiera captar parte de los cambios de las últimas décadas. Como se ve en el gráfico 3, la tendencia de los cuatro socios es clara, y simétrica: todos muestran superávit en el comercio de bienes primarios y sus transformaciones básicas, y déficit en las manufacturas. Es decir, la tendencia del intercambio de bienes certifica incluso la forma más básica de especialización internacional, y la apertura generalizada reforzó el rol primario de las economías dependientes.
No solo eso, en todos los casos tanto el saldo positivo de bienes primarios como el déficit de manufacturas se magnifican a partir de los 90, con la vigencia del Mercosur y la apertura general. Para poder notarlo como un fenómeno sistemático, se puede ver en la siguiente tabla, que en los cuatro casos esta es la tendencia, que la etapa neodesarrollista del Mercosur no modificó. En Paraguay y Uruguay la tendencia en el saldo de manufacturas parece acrecentarse, mientras que en Argentina y Brasil parece haberse estabilizado. Es probable que esta diferencia sea atribuible al Mercosur, pues como vimos en el apartado anterior, estos últimos son los dos socios que han logrado tomar provecho de esta especialización al interior del bloque. Llamamos la atención que Brasil mostraba un saldo industrial positivo en los 80, es decir, mostraba incipientes cambios en su inserción externa.
| País | Tipo de bien | 1980-1990 | 1991-2002 | 2003-2015 |
| Argentina | Bienes primarios | 5 % | 5 % | 9 % |
| Bienes manufacturados | -3 % | -4 % | -6 % | |
| Brasil | Bienes primarios | 1 % | 1 % | 3 % |
| Bienes manufacturados | 2 % | -1 % | -2 % | |
| Paraguay | Bienes primarios | 0 % | 1 % | 18 % |
| Bienes manufacturados | -9 % | -17 % | -29 % | |
| Uruguay | Bienes primarios | 1 % | 2 % | 4 % |
| Bienes manufacturados | -3 % | -7 % | -9 % |
Volviendo a los gráficos, la transferencia de excedentes al exterior no solo se basa en la especialización en bienes. Las cuentas de servicios tomadas aquí en cuenta permiten captar parte de las novedades en la conformación de cadenas globales de valor, donde los países centrales controlan el diseño, marketing, financiamiento, seguro y logística de los productos, abandonando en términos relativos la propia fabricación de los artículos en países dependientes (Caetano, 2015; Treacy, 2016; Zelicovich, 2016). En tal sentido, las cuentas consideradas incluyen intercambios ligados a los pagos de patentes, de servicios financieros y seguros, y los ligados a la logística. De acuerdo a lo esperado, estas cuentas son sistemáticamente negativas. Vale señalar que de conjunto transfieren al exterior un máximo de 1.5 % del PBI -el caso de Paraguay-. Aunque representa una exacción sistemática, palidece frente a la fuga antes comentada del intercambio de bienes.
Las patentes promediaron un déficit de 0.15 % para todo el bloque durante la etapa neodesarrollista. La explicación de este bajo monto está en los problemas de definición y cumplimiento de derechos de propiedad intelectual, atascados en las negociaciones de la Ronda Uruguay (Ghiotto, 2016). En el caso uruguayo, los servicios financieros y de seguro muestran un leve superávit, ligado a las operaciones que se realizan desde este país hacia el resto del bloque, gracias a su legislación más laxa en la materia y la baja tributación asociada, que lo ha hecho figurar como paraíso fiscal en algunos listados. Finalmente, respecto de los servicios de logística Brasil y Paraguay han hecho esfuerzos por reducir su peso negativo.
Las cuentas remanentes están ligadas a pagos al capital monetario, se trata de pagos por deuda e IED. Nuevamente, el saldo es negativo, como era esperado. En este respecto, sin embargo, hay comportamientos opuestos entre ambas cuentas; mientras que los pagos de intereses pierden peso en el tiempo, la remisión de utilidades lo ganan. La explicación en ambos casos debe encontrarse en la coyuntura regional de los primeros años del nuevo siglo, por la cual el superávit comercial alimentó de recursos externos a los países, permitiéndole procesos de desendeudamiento. Al pagar el capital de la deuda, esto redujo el peso de los intereses. Pero, como anverso, la expansión de la actividad -y en particular, las actividades ligadas a la exportación- benefició a las empresas transnacionales que operan en la región, que aprovecharon la coyuntura para remitir ganancias hacia sus casas matrices.
De conjunto, el comportamiento observado indica una creciente presión por maximizar el perfil exportador primario (incluyendo aquí la transformación básica de esos bienes) para poder compensar salidas sistemáticas de recursos externos por las diversas cuentas. Esta presión no se percibió como restricción durante años de altos precios internacionales, pues la abundancia de recursos permitió incluso encarar iniciativas novedosas en materia de política social, pero mostró sus limitaciones cuando se modificaron las tendencias de precios. Por los usos novedosos de los recursos excedentes asociados a una presión creciente -e insostenible en el mediano plazo- sobre el medioambiente, se ha acuñado la idea de neoextractivismo (Gudynas, 2013; Svampa, 2016).
No analizamos la volatilidad del capital financiero, expresado aquí en inversiones de cartera y crédito. En cambio, nos centramos en las inversiones asociadas al capital productivo. Como referimos, la mundialización del capital no se restringe a los intercambios de mercancías -comercio- sino que implica una creciente interpenetración de los capitales a nivel de la producción. La forma contable que esto adopta es la IED, por la cual capitales de un país se invierten en otros territorios, enlazando ambas economías en un nivel más profundo. Veamos cómo se comportó la IED para la región.
La tabla 7 nos permite constatar que la IED a la región se incrementó de manera sostenida en las últimas décadas. Para 2015, la IED en AL era 21 veces mayor que en 1980, excediendo con creces la expansión del PBI en la región (alrededor de 7 veces).7 El Mercosur captó una parte creciente de este total en ascenso, mostrándose particularmente atractivo para los inversores externos. La tabla 8 muestra que los principales destinos fueron Argentina y Brasil, aunque con comportamientos dispares: mientras que Argentina captó una parte mayor de los fondos durante los 90 -merced de su acelerado programa privatizador- y cayó fuertemente en el siglo XXI, es en este último periodo cuando Brasil cobró mayor relevancia. Veamos un balance comparado de la situación a 2011, que nos permite observar algunos elementos de interés.8
| Destino | 1980-1990 | 1991-2002 | 2003-2015 |
| Argentina | 11.4 % | 14.2 % | 6.5 % |
| Brasil | 24.0 % | 23.9 % | 33.7 % |
| Paraguay | 0.3 % | 0.4 % | 0.2 % |
| Uruguay | 0.8 % | 0.4 % | 1.8 % |
| MERCOSUR | 36.4 % | 38.8 % | 42.1 % |
| Total AL (en mdd) | 5.892 | 43.946 | 99.038 |
| País | Hacia el país | Desde el país | ||
| Flujo | Stock | Flujo | Stock | |
| Argentina | 11.455 | 96.089 | 1.488 | 31.891 |
| Brasil | 66.660 | 696.408 | 23.462 | 206.187 |
| Paraguay | 383 | 3.865 | -34 | 250 |
| Uruguay | 2.504 | 15.147 | -7 | 354 |
Primero, siguiendo la línea de la tabla 7, Brasil se lleva la mayor parte de la IED que llega al Mercosur, en una proporción que para el año 2011 era de cuatro veces y media más que las otras tres economías combinadas. Se trata de la misma relación existente entre los PBI de estos países, lo que induce a suponer que se trata solo de un efecto de tamaño del mercado. Sin embargo, la proporción se amplía a seis veces considerando los stocks. Es decir, el tamaño de la economía genera sinergias para la IED más allá de la diferencia con sus vecinos, lo cual lleva a incrementar la composición orgánica del capital que allí opera, habilitándolo a exportar capitales hacia otras economías.
En segundo lugar, la tabla 8 nos muestra el otro lado del balance, la IED realizada por los países del Mercosur. Se puede notar que son básicamente las dos economías más grandes las que invierten en el exterior. Y en esta dirección, las asimetrías se magnifican, pues la IED brasilera supera en casi 16 veces la argentina. Considerando los stocks, nuevamente Brasil supera en más de seis veces a sus tres socios combinados. De conjunto, Brasil es el destino privilegiado de las inversiones en la región, y es además el actor más dinámico de la región como inversor: otra expresión del carácter subimperialista.
La tabla 9 permite comparar a las dos economías más grandes como destinos de inversiones durante la década que va de 2006 a 2015. Comparando los resultados totales, las diferencias antes comentadas se magnifican, alcanzando una relación de 20 a 1. La asimetría se sostiene observando los montos destinados a cada país por los 10 principales inversores.9 Este listado nos añade otra información. Seis de estos países se repiten, no extrañamente, y se trata de EE.UU y países europeos. Pero mientras en Brasil ningún país latinoamericano aparece en esta elite inversora, en Argentina aparecen Brasil, Chile (que, en rigor, es el onceavo en el ranking brasilero), Uruguay y México. Como se puede notar, no se trata solo de un problema de tamaños, porque Chile y Uruguay son economías más pequeñas que Argentina.10 Los menores montos ingresados a este país hacen más accesible la competencia de inversores más pequeños, sin desestimar cierto abandono relativo de Argentina en las estrategias de geolocalización de los capitales de los países centrales.
| Argentina | Brasil | ||
| Socio | Valor (en mdd) | Socio | Valor (en mdd) |
| Total | 23.232 | Total | 479.247 |
| EE.UU | 9.788 | Países Bajos | 90.161 |
| Países Bajos | 4.401 | EE.UU | 74.159 |
| Brasil | 3.550 | Luxemburgo | 45.054 |
| Suiza | 2.499 | España | 38.458 |
| Chile | 1.976 | Japón | 27.615 |
| Uruguay | 1.614 | Francia | 23.011 |
| Canadá | 1.254 | Suiza | 21.151 |
| México | 963 | Alemania | 14.755 |
| Reino Unido | 691 | Reino Unido | 13.539 |
| Alemania | 670 | Canadá | 12.515 |
Brasil es el tercer inversor en la economía vecina, y esto no debería ser llamativo. Como señalan Dias Carcanholo y Saludjian (2013), como receptor privilegiado de inversiones, Brasil muestra una composición orgánica del capital elevada respecto de la región, que le permite desarrollar una estrategia de expansión de sus capitales de tipo subimperialista.
Volviendo a la tabla 8, Brasil invirtió en el exterior el equivalente al 35 % de los fondos que ingresaron en su economía como IED, mientras que Argentina solo logró invertir en otras economías el 13 % de lo que ingresaba en la suya. Este elemento ilustra diferentes roles en la jerarquía global, donde Paraguay, Uruguay y Argentina expresan una dependencia más clara, mientras que Brasil ocupa un lugar intermedio, por el que es capaz de exportar no solo mercancías sino también capitales.11 De esta manera, Brasil disputa territorios de influencia. Como se ve en la tabla 10, Brasil vuelca cuantiosos recursos en inversiones productivas fuera de su territorio -equivalentes al 40 % de los montos ingresados por IED en la misma década-. El listado de los 10 principales destinos permite señalar que Brasil:
Fue capaz de invertir en los países centrales que invirtieron en su país, pues EE.UU, Países Bajos y Canadá son parte de ambos listados de principales socios. Esto no pone en cuestión la asimetría entre estos socios: la inversión brasileña en estos países fue el 34 % de lo que invierten en Brasil.
Adoptó las mismas estrategias de internacionalización que los países centrales, orientando sus inversiones a través de paraísos fiscales -que reducen la tributación y eluden regulaciones de diversa índole-. Las Islas Caimán, Bahamas, Islas Vírgenes Británicas y Panamá cumplen este rol.
Tuvo por principal destino de sus inversiones en la región a la Argentina, país con el que tiene gran intercambio comercial y cierto nivel de integración productiva. En el mismo período, Argentina invirtió en Brasil un monto equivalente al 19 % de lo que su vecino volcó en su economía (1.060 mdd), reproduciendo la asimetría que Brasil tiene con los países centrales.12
| Destino | Valor (en mdd) |
| Total | 193.046 |
| Islas Caimán | 44.821 |
| EE.UU | 26.566 |
| Países Bajos | 18.046 |
| Canadá | 16.264 |
| Bahamas | 9.893 |
| Islas Vírgenes Británicas | 9.405 |
| Austria | 8.747 |
| Portugal | 6.179 |
| Argentina | 5.680 |
| Panamá | 5.489 |
Respecto de la orientación sectorial de los fondos invertidos por Brasil en el exterior en esa década, el 44 % se destinó al sector de servicios financieros. El registro del Banco Central distingue entre servicios financieros propiamente dichos (26 %) y los que se invierten en holdings no financieros (18 %). Respecto de estos últimos, las empresas requieren de crecientes recursos de liquidez para satisfacer no solo inversiones en su actividad principal, sino también para el circulante que una escala de negocios global implica, pues ampliar la participación accionaria no siempre es la opción adecuada. Entre los primeros no se puede desestimar la importancia ya referida de los paraísos fiscales, pues al menos una parte de la inversión financiera en esos países tiene por objetivo final aplicaciones productivas en terceros territorios, fenómeno que las cuentas nacionales no logran captar. Ambas formas expresan con claridad la asociación entre capital productivo y bancario que Lenin describiera como capital financiero. Otros sectores en los que Brasil invirtió en el exterior son Extracción de minerales metálicos (10 %), Industria metalúrgica (7 %), Productos alimenticios (5 %), Productos minerales no metálicos (3 %), Industria petrolera (3 %) y telecomunicaciones (3 %), entre los más relevantes.
Esta expansión del capital de origen brasilero en la región no es azaroso. Cuenta para ello, del mismo modo que los capitales con asiento en países centrales, con el apoyo del Estado de Brasil. Franco (2016) muestra que el Estado no solo ofreció recursos financieros -principal, pero no únicamente, a través del BNDES-, sino que tuvo un rol activo en la identificación de las oportunidades de inversión en el extranjero a través de estudios hechos por técnicos de la administración pública y por representaciones diplomáticas.13 Más aún, analizando las inversiones brasileñas en Bolivia y Uruguay, la autora encuentra que se reforzó el rol de estas economías como proveedoras de materias primas.
Pocas dudas caben de la importancia del Mercosur para sus países miembros en su más de un cuarto de siglo de existencia. El presente artículo evaluó sus principales rasgos en materia económica, haciendo uso de datos estadísticos, para tratar de analizar sus impactos en términos del desarrollo de los países que lo integran. El argumento central que hemos defendido es que, a pesar de profundizarse la integración, el Mercosur no logró modificar la condición de dependencia de los países que lo componen, permitiendo en todo caso consolidar la lógica subimperialista de Brasil.
A diferencia de sus antecedentes, este proceso de integración nació sesgado por una presión externa, hacia una relación menos regulada con el mundo. En la etapa de mundialización del capital, el Mercosur fue estructurado como una plataforma de apertura global. Este sesgo entró en crisis a fines de los 90, siendo relanzado en el siglo XXI como un proceso con una nueva orientación hacia una integración más compleja. Sin embargo, los logros de Mercosur “neodesarrollista” son magros. Las cuatro economías reforzaron su inserción subordinada, con marcada especialización en bienes primarios, sosteniendo un déficit sistemático con las potencias que les venden productos manufacturados. Al mismo tiempo, remitieron al exterior excedentes en forma de pagos de intereses, utilidades, patentes y servicios.
A su vez, encontramos que el Mercosur fue de uno de los espacios de integración -no el único- que los gobiernos brasileros promovieron como plataforma de valorización para sus capitales. El carácter subimperialista de Brasil se puede notar en diversos aspectos, que incluyen su menor dependencia del mercado externo -incluyendo el generado en el bloque-, su mayor capacidad de exportar bienes manufacturados y de invertir en las economías asociadas. Esto no quita su rol subordinado en el mercado global, pero sí sus capacidades diferenciales como potencia intermedia.
Dados estos magros logros, no resulta de extrañar que el Mercosur haya sido puesto en cuestión en los años recientes. A partir de la llegada de Mauricio Macri a la presidencia de Argentina en 2015, y del golpe institucional que puso a Michel Temer en el mismo cargo en Brasil, el bloque ha perdido relevancia como eje de la política externa. Existe un deliberado intento por retraer sus alcances a un área de libre comercio, sin las agendas incorporadas durante el siglo XXI, pero incluso poniendo en riesgo la cláusula que impone la negociación en bloque para acuerdos extra-regionales (como se ha notado en la negociación con la Unión Europea). Por supuesto, esto enfrenta las inercias del proceso, no solo burocráticas, sino institucionales, políticas y económicas, por lo que el desenlace no es claro. De cualquier modo, en este nuevo contexto, los escasos logros parecen estar disolviéndose en retrocesos.