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Debate feminista

versión On-line ISSN 2594-066Xversión impresa ISSN 0188-9478

Debate fem. vol.68  Ciudad de México  2024  Epub 13-Mayo-2025

https://doi.org/10.22201/cieg.2594066xe.2024.68.2463 

Reseñas

Edipo gay: heteronormatividad y psicoanálisis

Rubén Darío Martínez Ramírez1 
http://orcid.org/0000-0003-3461-8450

José Ignacio Gallo López Santibáñez2 
http://orcid.org/0009-0006-3631-1531

1 Posgrado en Estudios de Género, UNAM. Correo electrónico: rudymraz@gmail.com.

2 Posgrado en Estudios de Género, UNAM. Correo electrónico: jigallo@up.edu.mx.

Reitter, Jorge N.. 2022. Edipo gay. Heteronormatividad y psicoanálisis. Ciudad de México: Ediciones Navarra,


La apuesta y el señalamiento que nos hace Jorge Reitter en su libro Edipo gay. Heteronormatividad y psicoanálisis concierne a la necesidad de que el psicoanálisis reforme su mirada -agregaríamos cis- heterosexual, normativa tanto de su teoría como de su clínica/praxis. Como lo afirma Elena Bravo en el prólogo a la edición mexicana del libro, el autor nos habla desde dentro del psicoanálisis, como alguien que ha llevado por mucho tiempo una práctica del mismo (Bravo 2022: 9). De ahí lo interesante del texto: su carácter denunciatorio se establece y construye en el interior del dispositivo que cualifica como regulador de la sexualidad. El llamado de atención se dirige hacia el mismo gremio y, por lo tanto, la amonestación realizada se da desde un analista hacia sus colegas.

Edipo gay -desde el título hasta sus últimas palabras- deja claro, aunque entre líneas, que el psicoanálisis (o, por lo menos, que cierto tipo de psicoanálisis) se encuentra estancado, que se ha vuelto -o quizá siempre lo ha sido- parte de la heterocisnormatividad y contribuye a generar alteridades abominables solo por ser diferentes. Dicho psicoanálisis está en falta: tiene un hueco en su capacidad de explicar y de vislumbrar mecanismos psíquicos referentes a subjetividades periféricas que en su momento -y que sea leído siempre así: en su momento…- no fueron tomadas en cuenta, o únicamente dentro del proyecto de su patologización. Pero el problema no está en Freud o Lacan, o en los textos clásicos, sino en la actitud acrítica con la que estos autores continúan siendo leídos hoy en día por parte del mismo gremio.

Como lo indican -en otro contexto, pero no por eso menos aplicable- María Fernanda Crespo Arriola y Leonardo Ruíz Gómez (2021: 133):

La universidad [léase, en este caso, el psicoanálisis] ha sido enmarcada en una maquinaria que, mediante una exacerbada repetición, se legitima e impide el paso a una verdadera crítica. Su crisis es, pues, la falta de crisis.

El hueco del psicoanálisis no es teórico o sustancial, sino temporal y espacial: su falta es el dinamismo de la crisis, el empuje a la revisión y renovación. Así, su crisis es “schroëdingana” -por decirlo de alguna forma-: viene cuando no existe, cuando se vuelve acrítico y por tanto carece de lo que Foucault (1995: 8) llamó “el arte de la inservidumbre voluntaria, el de la indocilidad reflexiva”.

Dicha posición acrítica tiene consecuencias materiales en algo que tiene muy claro Jorge Reitter: el psicoanálisis ha contribuido a la patologización de expresiones sexuales como la homosexualidad y la transexualidad,1 y a la instauración de un ideal tanto de la familia como de la educación que refuerza estereotipos de género y sexuales, e impide nuevas construcciones sociopolíticas de las relaciones humanas (Roudinesco 2010). La patologización de las disidencias sexuales, intra-teoría, ha permitido justificar el mantenimiento de aproximaciones cuyo objetivo terapéutico es “curar” aquella heterosexualidad frustrada que señaló Freud, generada por la percepción ominosa e insoportable de la diferencia sexual y la ausencia de pene. A partir ello, el varón reprimiría su amor por la madre y se pondría a sí mismo en su lugar para identificarse, así, con ella, y tomarse a sí mismo como

modelo a semejanza del cual escoge sus nuevos objetos de amor. Así se ha vuelto homosexual; en realidad, se ha deslizado hacia atrás, hacia el autoerotismo, pues los muchachos a quienes ama ahora, ya crecido, no son sino personas sustitutivas y nuevas versiones de su propia persona infantil, y los ama como la madre lo amó a él de niño (Freud 1993: 93).

Dicho temor a la diferencia sexual como origen de la homosexualidad (en la ilusión de que tal explicación es exhaustiva, cuando ni siquiera toca el contorno de las complejidades y particularidades de tal subjetivación) es criticado en primera instancia por abrir la puerta al “espejismo de que, entonces, análisis mediante, se podría vencer esos supuestos temores” (Reitter 2022: 43), porque pierde de vista algo que Reitter afirma con total claridad: “Que alguien sea gay es el punto de partida, no lo que hay que explicar” (50).

Con eso en mente, podemos cuestionarnos si debemos deshacernos de ese diván, si debemos destruirlo, en un sentido, para volver a construir a partir de lo que sobra ahí. En la obra de Reitter existe un interés tanto por evidenciar como por reformar algunos de los lugares en que el psicoanálisis da cabida al fortalecimiento de la heterocisnorma y de la consolidación de un dispositivo de sexualidad. De esta manera, admite que dentro de las escuelas existen relaciones de poder entre analistas y analizantes y así se crean relaciones de subordinación. Desde ahí, se constituye el complejo de Edipo como factor regulador de la subjetivación de los individuos por medio de la familia, lo cual impide modificaciones a tal esquema por parte de les analizades: el Edipo no se reduce a un núcleo consanguíneo, sino que se encuentra interferido por otros dispositivos como el barrio, las escuelas, el trabajo, entre otros. Partiendo de esta crítica, repara en la importancia de escuchar a les pacientes cuando interpelan cualquier acto de normalización de les analistas y de la necesidad de involucrar a más personas no heterosexuales dentro de la práctica psicoanalista.

De esta manera, una de las líneas conectivas y críticas prevalentes dentro del libro y a lo largo de los diversos artículos ahí contenidos es la de hacer evidente que el psicoanálisis hegemónico -que se ha abandonado a sí mismo como teoría subversiva de la sexualidad- quedó prendado “del lado de los dispositivos normalizadores y no de los que habilitan la diferencia” (Reitter 2022: 89), particularmente en la conceptualización de la perversión2 como cualquier sexualidad que no sea heterosexual, genital y reproductiva, y en la paradójica naturalización de la heterosexualidad (y patologización del resto del espectro), específicamente en cierta construcción conceptual del complejo de Edipo. Reitter afirma de manera contundente: “Tal vez el problema no sea que el complejo de Edipo produzca heterosexualidad, sino que la imponga” (2022: 91). Pero dicha imposición no está en las relaciones en sí, sino en las lecturas de las mismas: de alguna forma, el complejo de Edipo tiene la posibilidad de constreñir las interpretaciones que hacemos de la subjetividad y de la subjetivación, y aparentemente se vuelve un obstáculo de sí mismo.

Sería muy reduccionista de nuestra parte considerar como perfecto cualquier aparato teórico y juzgarlo categóricamente por sus construcciones conceptuales e históricas; no obstante, parece también obstinado no atender a señalamientos que buscan mejorar las condiciones de vida de las personas, sobre todo si se toma en cuenta que dichos señalamientos tienen repercusiones socioculturales. Así, el llamado de atención que realiza el autor hacia adentro del psicoanálisis busca evitar que lancemos el diván por la ventana y más bien propone emprender nuevos caminos para llevar la clínica hacia un mejoramiento de la calidad de vida de las personas analizadas, entendidas aquí en su sentido más amplio, múltiple y diverso.

Por tanto, a pesar de que los señalamientos realizados en torno a la miopía freudiana son sucintas y claras (desde el apuntalamiento del papel del psicoanálisis como dispositivo regulador de la sexualidad, generador de normalidad y patologías, hasta su limitada forma de conceptualizar para producir sobre, al respecto de, y desde la cultura), una de las críticas más relevantes se centra no en los textos de Freud o los seminarios de Lacan, sino en el quehacer psicoanalítico contemporáneo: “La pregunta que generalmente ha orientado los desarrollos teóricos del psicoanálisis respecto de la homosexualidad ha sido ¿cómo se origina la homosexualidad?, y no ¿qué podemos aprender, clínica y teóricamente, de las personas LGBTIQ+?” (Reitter 2022: 53). Dicha problematización descentra el punto de inflexión de la teoría y catapulta la responsabilidad de reelaboración, cambio y resistencia en les psicoanalistas, esfuerzo que solo puede ser emprendido si se toma en cuenta la meta final del proceso psicoanalítico. El autor alude a la eficacia del psicoanálisis al final del libro, en una entrevista con Manuel Murillo; dicha eficacia consiste en que “algo en la vida de la persona que viene a analizarse cambie, y que cambie para mejor. Que viva, que disfrute más de la vida, que no pierda tiempo, que no postergue, que sea todo lo creativo que pueda ser, que tenga la vida que quiera tener” (Reitter 2022: 184). Pero ¿cómo se puede llegar a modos de vida menos restrictivos y a que no se ponga en duda tu sexualidad? ¿Cómo lograr que uno de los distintos dispositivos de la sexualidad se fortalezca en este sentido?

En Las tres ecologías, Felix Guattari llama a la autocrítica de lo que él denomina el pueblo psy, que se debería ver obligado

a deshacerse de sus batas blancas, empezando por aquellas, invisibles, que lleva en su cabeza, en su lenguaje y en sus formas de ser (el ideal de un pintor no es repetir indefinidamente la misma obra […]). De la misma manera, cada institución de tratamiento, de asistencia, de educación, cada cura individual debería tener como preocupación permanente hacer evolucionar tanto su práctica como sus andamiajes teóricos (Guattari 1996: 29).

Dicho pensador, de quien Jorge Reitter hace eco en Edipo gay, llama al cambio y a la apertura, al desdibujamiento de las jerarquías y de la exaltación del entramado de poder(es) que inevitablemente está en juego en procesos terapéuticos.

Y más tarde, en el mismo texto, apunta hacia el cambio:

Se tratará más bien de un movimiento de múltiples facetas que instaura instancias y dispositivos a la vez analíticos y productores de subjetividad. Subjetividad tanto individual como colectiva, que desborda por todas palies (sic) las circunscripciones individuales, “acunadas”, cerradas sobre identificaciones y que se abre en todas direcciones hacia el socius […] hacia nuevas aprehensiones “prepersonales” del tiempo, del cuerpo, del sexo… (Guattari 1996: 77).

Tal movimiento, bien ejemplificado en Edipo gay, debe ser entonces tanto hacia afuera como hacia adentro: hacia el encuentro con lo Otro y lo abominable en la teoría misma, pero también hacia los confines más profundos y abstractos de la subjetividad, con una concepción que sea más arbórea, más relativa a nuestras diferencias, y no solo en lo que se refiere a disidencias sexuales, sino también al dar cuenta de una estructura social y cultural en la que somos penetrades por nuestra raza, nuestra historia de colonización (pasada y presente, literal y figurada), nuestra lengua y nuestro(s) deseo(s). Nos parece que la crítica al psicoanálisis como dispositivo heterocisnormativo seguirá estando presente mientras no se estimen estos aspectos. Con ello no queremos decir que todo esté perdido; están los trabajos de Patricia Gherovici (2017) y Norman Monroy (2022), en el Valle del Mezquital, que han buscado modificar su clínica a la hora de tratar con personas fugitivas de la heterocisnorma. Estos esfuerzos por tomar en cuenta las subjetividades periféricas y ampliar la teoría psicoanalítica para volverla más afín con nuestra realidad actual es lo que, en este libro, Jorge Reitter nos ha invitado a seguir discutiendo.

Referencias

Bravo, Elena. 2022. “Prólogo a la edición mexicana”, en Jorge N. Reitter, Edipo gay. Heteronormatividad y psicoanálisis, Ciudad de México, Ediciones Navarra, pp. 9-13. [ Links ]

Céspedes, Leonardo. 2021. “El tránsito de un homosexual por el diván: trazos deconstructivos de un objeto epistémico”, en Rosaura Martínez (coord.), Psicoanálisis, deconstrucción y crítica de lo psicopolítico, Ciudad de México, Akal/Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 401-434. [ Links ]

Crespo Arriola, María Fernanda y Leonardo Ruíz Gómez. 2021. “La Universidad en estado (a)crítico. Entre la tecnocracia y la burocracia”, Estudios: Filosofía, Historia, Letras, núm. 138, pp. 131-146. [ Links ]

Foucault, Michel. 1995. “¿Qué es la crítica?”, Daimon Revista Internacional de Filosofía, núm. 11, pp. 5-26. [ Links ]

Freud, Sigmund. 1992. “Tres ensayos de teoría sexual”, en Obras completas, vol. VII, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 109-224. [ Links ]

Freud, Sigmund. 1993. “Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci”, en Obras Completas, vol. XI, Buenos Aires, Amorrortu, pp. 89-90. [ Links ]

Gherovici, Patricia. 2017. Transgender Psychoanalysis. A Lacanian Perspective on Sexual Difference, Nueva York, Routledge. [ Links ]

Guattari, Felix. 1996. Las tres ecologías, Valencia, Pre-Textos. [ Links ]

Guerrero, Siobhan y Leah Muñoz. 2018. “Ontopolíticas del cuerpo trans: controversia, historia e identidad”, en Lucía de la Madrid y Antonio Gómez (coords.), Diálogos diversos para más mundos posibles, Ciudad de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 71-94. [ Links ]

Monroy, Norman. 2022. “Colonialidad, género y sexualidad como productoras de subjetividad”. Ponencia presentada en el Seminario internacional “Disidentes en el psicoanálisis. Hacia una clínica postheteronormativa”, Encuentros Psicoanáliticos, Querétaro, 30 de octubre de 2022. [ Links ]

Reitter, Jorge N. 2022. Edipo gay. Heteronormatividad y psicoanálisis , Ciudad de México, Ediciones Navarra. [ Links ]

Roudinesco, Élisabeth. 2010. La familia en desorden, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

1 Véase, por ejemplo, Céspedes 2021, y Guerrero y Muñoz 2018.

2Realizada por Freud [1992] en el mismo texto —Tres ensayos de teoría sexual— en donde indica que la pulsión sexual no tiene un objeto por necesidad, sino que dicha relación es contingente.

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