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Debate feminista

versión On-line ISSN 2594-066Xversión impresa ISSN 0188-9478

Debate fem. vol.68  Ciudad de México  2024  Epub 13-Mayo-2025

https://doi.org/10.22201/cieg.2594066xe.2024.68.2441 

Artículos

Feminismo y redes en el exilio. María Jesús Alvarado Rivera en Argentina (1925-1936)

Feminism and networks in exile. María Jesús Alvarado Rivera in Argentina (1925-1936)

Feminismo e redes no exílio. María Jesús Alvarado Rivera na Argentina (1925-1936)

Tania Sánchez Rodríguez1 
http://orcid.org/0009-0005-9041-0453

1 Doctorado en Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, México. Correo electrónico: ta.sanch.ro@gmail.com.


Resumen

Muchas de las redes creadas entre mujeres en América Latina a principios del siglo XX fueron significativas para el desarrollo de los feminismos en los países de la región. En este artículo se busca examinar los vínculos entre la peruana María Jesús Alvarado Rivera y mujeres argentinas involucradas en luchas emancipatorias femeninas, y sus efectos durante el exilio de la peruana en Argentina (1925-1936). Desde un punto de vista teórico-metodológico, se parte del concepto de red social, que abarca diversas formas de conexión entre actores sociales. Se analiza cómo los vínculos construidos bajo el interés común en la lucha feminista impactaron en la trayectoria personal de María Jesús Alvarado. Este trabajo es también una oportunidad para dar a conocer material del archivo personal de María Jesús Alvarado Rivera, de acceso restringido y limitado, custodiado por el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, en la ciudad de Lima.

Palabras Clave: Feminismo latinoamericano; Redes; María Jesús Alvarado Rivera; Exilio

Abstract

Many of the networks created among women in Latin America in the early 20th century were significant for the development of feminisms in countries in the region. This article examines the links between the Peruvian María Jesús Alvarado Rivera and Argentinean women involved in female emancipation struggles, and their effects during Alvarado’s exile in Argentina (1925-1936). From a theoretical-methodological point of view, we begin with the concept of social network, encompassing various forms of connection between social actors. The study analyzes how links forged through a common interest in the feminist struggle impacted the personal trajectory of María Jesús Alvarado. This study also provides an opportunity to view material from the personal archives of María Jesús Alvarado Rivera, with restricted, limited access, held by the Flora Tristán Peruvian Women’s Center in Lima.

Keywords: Latin American Feminism; Networks; María Jesús Alvarado Rivera; Exile

Resumo

Muitas das redes criadas entre as mulheres na América Latina no início do século XX foram significativas para o desenvolvimento dos feminismos nos países da região. Este artigo busca examinar os vínculos entre a peruana María Jesús Alvarado Rivera e as mulheres argentinas envolvidas nas lutas de emancipação feminina e seus efeitos durante o exílio da peruana na Argentina (1925-1936). Do ponto de vista teórico-metodológico, partimos do conceito de rede social, que engloba diversas formas de conexão entre atores sociais, para analisar o impacto na trajetória pessoal de María Jesús Alvarado dos vínculos construídos sob o interesse comum na luta feminista. O trabalho é também uma oportunidade para divulgar material do arquivo pessoal de María Jesús Alvarado Rivera, de acesso restrito e limitado, resguardado pelo Centro de Mulheres Peruanas Flora Tristán, na cidade de Lima.

Palavras-Chave: Feminismo Latino-americano; Redes; María Jesús Alvarado Rivera; Exílio

Introducción

María Jesús Alvarado Rivera inició comunicaciones con personajes del movimiento feminista argentino a partir de su participación, en 1910, en el Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina. Estas comunicaciones se transformaron en intercambios intelectuales, participaciones conjuntas en asociaciones y publicaciones periódicas y la conformación de redes personales de apoyo que contribuyeron al sostenimiento de sus luchas.

Las redes creadas previamente permitieron que, a su llegada como exiliada a Buenos Aires en 1925, María Jesús Alvarado se estableciera, desarrollara proyectos, expandiera sus vínculos y explorara espacios creativos. En este trabajo se intenta retratar lo significativo de esos lazos para la trayectoria de la feminista peruana, tanto en su paso por Argentina como a su regreso a su país de origen.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el feminismo en Perú ganaba presencia, y una de sus figuras más representativas fue la activista María Jesús Alvarado Rivera. Su trabajo articuló el feminismo con el indigenismo y la lucha obrera, tal como se manifestó en su labor intelectual, periodística y literaria. Durante la dictadura de Augusto Leguía (1919-1930) se vio forzada al exilio y eligió Argentina como destino, un país faro de actividad feminista en Latinoamérica y con el que tenía vínculos gracias a su actividad política e intelectual. Este artículo busca examinar esos vínculos en Argentina a partir de varias preguntas fundamentales: ¿qué papel jugaron esas redes y qué consecuencias tuvieron en el itinerario de Alvarado?

Se entiende por red social la conjunción de relaciones interpersonales y heterogéneas, construidas a partir de intereses compartidos, participación en instituciones, asociaciones, congresos y demás, que se reflejan tanto en intercambios intelectuales como en relaciones amicales (Iglesias 2017).

Este artículo busca hacer una aportación al estudio de la amplia trayectoria de María Jesús Alvarado, así como contribuir al trazado de redes y genealogías feministas latinoamericanas, todo lo cual nos refiere a una resignificación de los lazos que unen a las mujeres, habilita la transmisión de saberes y conocimientos, y abona a la construcción y el fortalecimiento de trayectorias que, además, permiten sostenerse en lo cotidiano (Ciriza 2012, 2020; Restrepo 2016).

Este trabajo conforma un esfuerzo por dar a conocer material del archivo personal de María Jesús Alvarado Rivera, de acceso restringido y limitado, custodiado por el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, que se encuentra ubicado en el centro de la ciudad de Lima. Considero que de esta manera se contribuye a la necesaria reconstrucción de la historia del feminismo en Latinoamérica.

Feminismo en Perú y la figura de María Jesús Alvarado

Feminismo peruano

Las últimas décadas del siglo XIX son fundacionales para el feminismo peruano. Por un lado, destacó la presencia de mujeres escritoras que desde la década de 1870 lograron insertarse en la vida del país con sus trabajos y se hicieron de una voz pública tanto con la propagación de sus escritos como con su participación en publicaciones periódicas que poco a poco las introdujeron en las discusiones de temas que afectaban a la sociedad. Nombres como los de Mercedes Cabello de Carbonera, Carolina Freyre, Teresa González de Fanning, Clorinda Matto o Juana Manuela Gorriti1 figuraron dentro del campo literario y marcaron un parteaguas en la inserción femenina en la vida pública. Las dos últimas, a través de sus famosas veladas literarias, formaron e impulsaron trayectorias de mujeres que en los siguientes años representaron un feminismo letrado.

Además, hay que considerar los importantes cambios sociales y económicos que se suscitaron tras el conflicto armado y la derrota ante Chile en la Guerra del Pacífico. En este periodo de reconstrucción tuvo lugar una creciente participación de las mujeres en los ámbitos laboral, educativo y cultural que les ofreció nuevas perspectivas. Las condiciones exacerbadas por la posguerra estimularon su necesidad de participar y de cuestionar el papel social que hasta entonces habían tenido. Este contexto las obligó a buscar maneras de ganarse el sustento y, de paso, mostró los inconvenientes de una educación limitada debido a su sexo. La expansión del feminismo en Lima comenzó a principios del siglo XX con personajes como Dora Mayer, Leonor Espinoza, Zoila Aurora Cáceres, Miguelina Acosta2 y María Jesús Alvarado Rivera.

María Jesús Alvarado Rivera

Reconocida como una de las pioneras del feminismo peruano durante las primeras décadas del siglo XX (Chaney 1988, Rojas 2009, Ysla 2019, Zegarra 2011). A partir de la presentación de su ponencia “El Feminismo” ante la Sociedad Geográfica de Lima en 1911, se situó como una de las figuras más importantes de la lucha feminista. Se pronunció a favor de la educación femenina, el reconocimiento de los derechos civiles y políticos de las mujeres, su acceso a trabajos remunerados y la igualdad entre mujeres y varones.

Reconocía la importancia de la acción colectiva para lograr los objetivos planteados en su agenda, por lo que en febrero de 1914 fundó Evolución Femenina, la primera organización de corte feminista en el país que logró congregar a un número importante de mujeres con diversas tendencias ideológicas, y también a algunos hombres empáticos con la causa. Se trabajaba en torno a una agenda centrada en el mejoramiento de las condiciones de existencia de las mujeres para que ellas, a su vez, lucharan por la educación femenina y el bien social en el país.

Desde Evolución Femenina buscaba incentivar la labor social de las mujeres, y las involucraba en temas que consideraba vitales en la sociedad de su momento, como la educación y los derechos de mujeres, indígenas, clase obrera, niñas y niños. Sin separarse de la narrativa tradicional del papel de las mujeres como responsables exclusivas de los cuidados en el espacio doméstico, la hizo extensiva a los integrantes de la sociedad, sobre todo a aquellos vinculados con grupos vulnerables.

María Alvarado llevó su discurso a la práctica. Destaca su participación en la Asociación Pro-Indígena que fundó en 1909, junto con Dora Mayer y Pedro Zulen (Iida 2019). Una colaboración que le permitió un acercamiento a grupos y organizaciones indígenas e indigenistas, al igual que la posibilidad de expresarse por medio del órgano difusor de la asociación, El Deber Pro-Indígena, desde donde se denunciaban abusos contra la población indígena de Perú cometidos por compañías mineras, los conocidos gamonales3 y autoridades gubernamentales.

Realizó denuncias de crímenes cometidos en contra del sector obrero, como la matanza de mujeres en Huacho (1917), para la que reconocía la condición femenina como elemento de mayor desventaja. También es importante resaltar su labor en las pláticas de autoeducación a grupos obreros femeniles. Su principal esfuerzo se desarrolló en la fundación de la Escuela Moral y Trabajo, en 1915, un proyecto de educación femenina dirigido a la población obrera y a mujeres insertas en la prostitución con la finalidad de instruirlas para la “vida práctica” y mejorar sus condiciones cotidianas. Para los fines de este artículo, resalta el apoyo brindado desde esta institución a grupos estudiantiles y obreros, acciones que derivaron en el proceso de encarcelamiento y exilio que viviría a partir de 1925.

María Jesús Alvarado ha sido caracterizada como intelectual, feminista, periodista, indigenista, educadora, escritora y demás. Su versatilidad, que puede atribuirse a su interés por ensanchar el movimiento feminista en su país, le permitió dialogar con mujeres adscritas al feminismo en sus diferentes tendencias, desde las abiertamente anarquistas, como la de su compatriota Miguelina Acosta o la argentina Juana Rouco Buela, hasta las liberales, como la de la estadounidense Carrie Chapman Catt.

Sus redes fueron alimentadas por su trabajo en múltiples publicaciones periódicas, instituciones de diversa índole, proyectos educativos y culturales, gubernamentales y populares, y por su participación en reuniones regionales, como el Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina (1910) y el Primer Congreso Americano del Niño (1916), ambos celebrados en Buenos Aires. Este artículo pretende señalar aquellas vinculaciones con mujeres argentinas que tuvieron alguna repercusión en la etapa de exilio de María Jesús Alvarado.

Lazos con Argentina

Antes de su llegada a Buenos Aires, Alvarado había logrado establecer relaciones con personajes del movimiento feminista argentino. El acontecimiento que marcó el inicio de la construcción de su red social fue la organización y celebración del Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, en mayo de 1910.

Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina (PCFIRA)

En Argentina, el feminismo encontró gran recepción entre mujeres de distintos estratos sociales. Su expansión fue incentivada principalmente por el ingreso masivo de las mujeres al trabajo asalariado y por la migración intensiva de personas e ideas en la segunda mitad del siglo XIX que estimuló la expansión de tendencias políticas como el anarquismo, el socialismo o el librepensamiento. El feminismo local adquirió sus rasgos de acuerdo con estas tendencias.

Desde el Partido Socialista, las feministas crearon espacios de socialización y discusión para las obreras, como el Centro Socialista Femenino (1902). Editaron publicaciones periódicas, como Unión y Labor, que, al tiempo que trataban temas de interés para las obreras, promovían el beneficio de las ideas socialistas para la causa de las mujeres. Esta publicación se convirtió en el órgano difusor del PCFIRA.

En Argentina y en otros países latinoamericanos, como Uruguay y Chile, iba en aumento la cantidad de mujeres que tenían acceso a la educación universitaria.4 Fue precisamente desde las filas de la Asociación Universitarias Argentinas5 que, en 1908, se inició la organización del que sería el primer congreso feminista de América Latina.

El Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina fue importante para la relación entre María Jesús Alvarado Rivera y las feministas de aquel país. Este espacio logró reunir a mujeres europeas y latinoamericanas. Estableció como uno de sus objetivos principales incentivar el movimiento feminista en la región. Estuvo inspirado en los congresos internacionales realizados en Europa, los cuales buscaban el reconocimiento de los derechos civiles y políticos de las mujeres.

Se celebró en mayo de 1910 en Buenos Aires, pero su organización inició en 1908, momento en que fueron nombradas las distintas comisiones para la realización del congreso. Una de ellas fue la Comisión de Propaganda en América. Para la labor en Perú se nombró como representantes a Dora Mayer y a Christian Dam.6 Como tenían cercanía con María Jesús Alvarado, fueron la conexión entre ella y la Asociación Universitarias Argentinas lo cual propició su participación en el evento y el inicio de una red de intercambios intelectuales y de amistad con algunas de las integrantes de esta asociación.

María Jesús Alvarado presentó la ponencia “Feminismo”, en la cual planteó que el desarrollo del feminismo tenía fuertes raíces en mujeres que, a través de la historia y mediante diversas acciones, habían demostrado que la idea de la incapacidad femenina para participar en casi todos los ámbitos de la vida pública era infundada.

Podemos decir que su acercamiento a estas feministas y a los trabajos presentados en el congreso, que fueron publicados finalmente, tuvieron repercusiones en su propio proyecto, como puede advertirse en un par de acciones en su país natal: la ya mencionada conferencia en la Sociedad Geográfica de Lima (1911), basada en su ponencia en el congreso argentino, y la creación de la asociación, también referida con anterioridad, Evolución Femenina, en 1914 (Sánchez 2021).

En el trabajo presentado frente a la Sociedad Geográfica en 1911 hay un cambio importante en su concepción de reconocimiento de derechos políticos femeninos a favor del sufragio femenino sin restricciones. Podemos especular que este cambio tiene que ver, precisamente, con su participación en el PCFIRA.

Respecto a la fundación de Evolución Femenina, Alvarado hace referencia a los trabajos del PCFIRA para ayudar a fundamentar el establecimiento de la primera asociación feminista en Perú. Las redes creadas entre feministas argentinas y María Jesús Alvarado se ampliaron al pasar el tiempo y tuvieron como ancla principal la labor de Evolución Femenina.

Evolución Femenina

En 1914, Alvarado inició uno de los proyectos más sobresalientes dentro de su trayectoria y para el feminismo peruano: la asociación feminista Evolución Femenina. Esta congregación de mujeres, y algunos varones simpatizantes con la lucha feminista en el país latinoamericano, fue significativa por la variedad etaria, así como de tendencias políticas y sociales de sus integrantes.

Desde esta organización se planteó la expansión de la actividad emancipatoria con una invitación a unirse a su campaña a quienes tuvieran interés en el mejoramiento de las condiciones de las mujeres. Hubo un fuerte compromiso con la creación de lazos para lograr sus objetivos, tanto a nivel nacional como fuera de Perú.7 Evolución Femenina estableció comunicación con personajes y organizaciones femeninas y feministas de Colombia, Chile, España, Uruguay, Brasil, Ecuador, México y Argentina (APMJAR 1914).

En el caso específico de Argentina, interés de este texto, los intercambios iniciados durante la organización del PCFIRA se fortalecieron y expandieron. Puede verse una continuidad en la comunicación entre estas mujeres en colaboraciones posteriores: en publicaciones periódicas, en la adhesión de algunas de ellas a Evolución Femenina, en la participación en eventos internacionales -como el Primer Congreso Americano del Niño (Buenos Aires)- e, incluso, en la correspondencia personal.

El discurso presentado en la ceremonia de creación de Evolución Femenina fue publicado en la revista argentina Unión y Labor,8 que, como órgano difusor del PCFIRA, registró el desarrollo del evento. La disertación pronunciada por Alvarado en 1911 remite a algunos de los trabajos presentados en el primer congreso. Las redactoras de Unión y Labor formaron parte del comité organizador del PCFIRA y desde entonces construyeron redes tanto intelectuales como amicales a partir de su acción en favor del feminismo.

En las listas de Evolución Femenina se perfilan los nombres de Julieta Lanteri, Elvira Rawson de Dellepiane, Alicia Moreau, Juana Rouco y Francisco Gicca, como socias (APMJAR 1914); sus contribuciones económicas al proyecto y sus direcciones quedaron registradas para comunicar cualquier acción importante.

Destaca en estas redes Francisco Gicca,9 un abierto defensor de la causa feminista, quien entabló una relación epistolar con María Jesús Alvarado y publicó varios de sus escritos en el periódico argentino El Progreso, del que era director, entre ellos “Una mujer moderna” y la conferencia “La mujer”. Él respondía enviando publicaciones propias y las de la Liga Nacional de Libre Pensamiento argentina, de la que formaba parte. Uno de estos intercambios fue el del ii Álbum biográfico de los Libre Pensadores (1916), en cuya elaboración participó Gicca y donde aparecieron las figuras de las peruanas María Jesús Alvarado, Dora Mayer y Miguelina Acosta, quienes habrían mandado sus datos y fotografías a través de esta conexión.

En las líneas de las cartas de Francisco Gicca dirigidas a María Jesús Alvarado puede leerse una admiración a las labores realizadas por la feminista peruana. Ella, por su parte, aprovechó la amistad entablada para hacer solicitudes de libros sobre temas de su interés, como la puericultura, la enseñanza de cocina, etcétera. Para Alvarado, esta relación significó el acceso a fuentes que difícilmente podría haber consultado en su país sobre temas que resultaban imprescindibles para continuar con el funcionamiento de la escuela Moral y Trabajo.

Además del intercambio de materiales impresos relacionados con actividades intelectuales, a través de esas cartas se forjó una relación de amistad y un sentimiento de admiración. Gicca sentía un profundo entusiasmo por el trabajo de la peruana, en un medio tan hostil para las mujeres como el que prevalecía en aquel país durante la segunda década del siglo XX; llegó a llamarla una “varona del feminismo” por la forma en la que había logrado desenvolverse.

Otro de los vínculos que resalta es el que Alvarado estableció con Julieta Lanteri,10 una de las figuras más sobresalientes del movimiento feminista argentino por la lucha que emprendió en favor del sufragio femenino. Fue una de las fundadoras de la Asociación Universitarias Argentinas, desde la cual estableció contacto con la peruana. En la correspondencia entre estas figuras del feminismo latinoamericano se revela un vivo interés por la ampliación de los esfuerzos para lograr la mejora de las condiciones de las mujeres en sus países y en la región. Julieta Lanteri fue socia activa de Evolución Femenina, según puede verse en el índice de socias de esta organización (APMJAR 1914).

Lanteri fue, con Juana Rouco, el principal vínculo entre las compatriotas argentinas y la peruana. Por medio de Lanteri se hicieron envíos de las cuotas de cooperación para el desarrollo de Evolución Femenina, así como la entrega de tarjetas de adherencia a cada una de las participantes. Alvarado compartió trabajos, noticias e incluso su biografía y su fotografía para ser incluida en una exposición relacionada con el Primer Congreso Americano del Niño. A través de los años, se forjó una red de apoyo entre estas mujeres, quienes se comunicaban por cartas para reafirmar su compromiso con el feminismo y la expansión de este. Lograron intercambios como cabezas del activismo social que representaban en sus contextos y también lograron crear vínculos amicales y de apoyo emocional durante sus labores. En mayo de 1917, Lanteri le señalaba a Alvarado un alejamiento temporal de sus labores como activista debido a “grandes trastornos” en su vida que habían afectado su esperanza y fe en la humanidad, inclusive sus expectativas sobre la lucha feminista. Confesaba a Alvarado: “Lucho con la soledad y el abandono y sobre todo con el anonadamiento del estar completamente sola […] Su carta me ha sacado de un letargo” (APMJAR 1917). Esto ocurrió tras una ruptura con su pareja sentimental y tras experimentar la soledad que acompañaba las luchas emancipatorias en las que participaba. Sin embargo, esa misma lucha y el acompañamiento que sintió de sus compañeras se convertirían, para Lanteri, en sostén de vida y fuerza para continuar con lo emprendido.

La red de apoyo incluía a otras mujeres, por ejemplo, a las peruanas Elvira García y Dora Mayer, quienes intercambiaban sentires y consejos y compartían los estragos que la lucha emancipatoria feminista causaba en sus estados emocionales. Mayer fue protagonista de un episodio de fuerte violencia mediática y social por la relación que sostuvo con Pedro Zulen. Al respecto, Lanteri pedía a Alvarado intervenir y aconsejarle a Mayer que reconsiderara la forma en que estaba haciendo pública la naturaleza de su relación a través de un par de publicaciones en Lima, sobre todo porque el personaje en cuestión, en opinión de Lanteri, no valía la pena.

Primer Congreso Americano del Niño

Como antes se había mencionado, la asociación Evolución Femenina fue la principal articulación entre Alvarado y sus pares argentinas. Parte importante de los objetivos de la fundación fue la impartición de educación a las niñas, razón por la cual Alvarado inició el proyecto educativo racionalista, denominado Moral y Trabajo, en 1915. La actividad dentro de esta institución, aunada a su interés por el respeto a los derechos de los niños, la colocó como candidata ideal para presidir el Primer Congreso Americano del Niño, llevado a cabo en Buenos Aires en 1916. Invitada por Julieta Lanteri, quien entonces presidía la Liga para los Derechos de las Mujeres y del Niño argentina, Alvarado fue nombrada presidenta de la comisión peruana que participó en este congreso. Sin embargo, la falta de recursos para cubrir el viaje hacia la ciudad sede imposibilitó su asistencia.

Con todo, sus trabajos sobre el tema fueron enviados y expuestos en el marco de este Congreso. El Primer Congreso Americano del Niño resultó importante para la acción femenina de la región. Si bien no tenía una impronta feminista, al situar a las mujeres como principales responsables de la educación y los cuidados de la población infantil, el evento fue un espacio de expresión femenina.

Una anarquista argentina: Juana Rouco

En la red constituida con Argentina, además de las feministas ligadas al socialismo y al librepensamiento, se encuentra un personaje ligado al anarquismo que resalta por su postura incisiva. Dora Mayer parece haber sido el contacto entre Alvarado y Juana Rouco Buela (1889-1969), inmigrante española radicada en Argentina, escritora, una de las fundadoras del Centro Femenino Anarquista (1906) y de los periódicos anarco-feministas La Nueva Senda (Montevideo) y Nuestra Tribuna (Necochea y Buenos Aires).

Nuestra Tribuna fue un quincenario femenino publicado entre 1922 y 1925 que contó con la participación de personas de América Latina que eran afines al anarquismo. En este periódico colaboraron mujeres argentinas, chilenas, mexicanas y peruanas, entre las que encontramos a María Jesús Alvarado. Ella participó en septiembre de 1923 con una conferencia dirigida a mujeres proletarias titulada “Auto-educación, amor y maternidad” (Alvarado 1923: 4), en la que buscaba inspirarlas para adquirir habilidades y conocimientos que las dignificaran y combatieran el predominio de un sexo sobre el otro.11

De igual forma, en abril de 1925, Juana Rouco escribió en el espacio destinado en Nuestra Tribuna para dar a conocer noticias de interés acerca de las acciones represoras que Augusto Leguía ejercía contra críticos de su gobierno en Perú. En unas líneas informó sobre el encarcelamiento de la “educacionista” María Jesús Alvarado y, ante la posibilidad de que fuera exiliada, cuestionaba lo siguiente: “¿Se deportará también a M. Alvarado Rivera igual que a Haya de la Torre? Creemos que el caudillo de ceño adusto y de mirar salvaje es capaz de cometer fechorías de más grueso calibre que esta” (Alvarado 1925: 4). A pesar de no coincidir con algunas de las ideas expresadas por la peruana en sus escritos, Rouco denunciaba la injusticia de la detención y posterior expulsión de Alvarado por razones políticas, como lo había hecho en varias ocasiones con casos similares. En mayo de 1925 inició el exilio de Alvarado en territorio argentino.

Redes feministas en el exilio

El exilio

La década peruana de 1920 estuvo caracterizada por un ambiente represivo generado desde la presidencia de Augusto B. Leguía, entre 1919 y 1930, ante cualquier manifestación crítica acerca de su gestión. La apertura económica a inversiones extranjeras y las políticas que la acompañaban fueron, por lo general, contrarias al beneficio de la mayoría de la población y tuvieron como resultado expresiones de protesta de todo tipo frente al gobierno en turno.

El exilio, un “acto represivo que constituye la expulsión de ciudadanos de sus naciones de origen” (Hernández 2021: 25), fue una práctica recurrente en la región en contextos de políticas de Estado autoritarias e injustas. El exilio de María Jesús Alvarado fue parte de un importante número de expulsiones de compatriotas que por sus ideas o acciones políticas tuvieron que partir hacia distintos países de Latinoamérica, entre las que se encuentran las de aquellos vinculados a la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) como Víctor Raúl Haya de la Torre, Magda Portal o Manuel Seoane.

El proceso de exilio de Alvarado -que se inició por su negativa a delatar a un par de obreros que solicitaron su apoyo en las instalaciones de Moral y Trabajo para que “ayudase a salvar al compañero Terreros”, quien se había manifestado contra los humos de La Oroya,12 había sido encarcelado y se había declarado en huelga de hambre durante su detención- abarcó de diciembre de 1924, con su encarcelamiento en la prisión de Santo Tomás, hasta su regreso a Lima en 1936.

Los residuos de las actividades industriales de la fábrica ubicada en La Oroya afectaban la salud de la población, asunto del cual tenían conocimiento tanto las autoridades gubernamentales -pero no hacían nada al respecto- como el sector legislativo, que había desechado un proyecto para regular sus instalaciones y evitar las afectaciones. Los obreros solicitaron el apoyo a Moral y Trabajo para la impresión de un volante que daba a conocer los hechos ocurridos y la represión de la que habían sido objeto, un material que por orden expresa de la policía estaba prohibido, junto con toda la propaganda crítica al gobierno de Augusto Leguía.

La escuela contaba con una imprenta instalada para dar a conocer las labores de Evolución Femenina, introducir a las niñas en la actividad y apoyar otros movimientos que buscaran justicia social. “Yo acepté el volante, simple i llanamente en cumplimiento de un deber de humanidad, i de sinceridad de mi propaganda, realizando en la vida privada la doctrina preconizada en la prensa i la tribuna” (Alvarado 1930).

En 1930, tras la salida de Augusto Leguía del gobierno peruano y animada por sus “nobles amigas argentinas”, Alvarado relató las razones de su salida obligada de Perú en un texto titulado “Prosiguiendo mi deber. Mi actuación ante la tiranía” (Alvarado 1930). Este tipo de actividades políticas en contra de las injusticias la habían marcado como una persona de interés para el gobierno, en sus propias palabras, a lo largo de su trayectoria:

Combatí el ridículo proyecto de la consagración de la república al corazón de Jesús, i condené el ataque de la fuerza armada a los estudiantes i obreros en el mitin que realizaron en contra del mismo proyecto […] Denuncié siempre las extorsiones i matanzas perpetradas en la raza indígena, clamando por su liberación, i cuando el gobierno amordazó la prensa toda, abrí mi imprenta a la juventud universitaria i a los obreros, para la defensa de las libertades i derechos vulnerados; para la defensa de los presos políticos torturados en los calabozos, para la protesta contra los desmanes que la policía -la mazorca del tirano- realizaba diariamente en el pueblo inerme…

I por esta colaboración a una causa de humanidad i justicia, sufrí también la venganza de la tiranía (APMJAR 1930).

Meses después de su detención, en 1925, Alvarado emprendió el viaje a Buenos Aires.

A su llegada a Buenos Aires

A la llegada de la peruana a territorio argentino, las redes construidas desde años antes gracias a su labor feminista le ayudaron a instalarse en la que sería su nueva vida por los siguientes once años. Las primeras expresiones fueron de apoyo a su trayectoria; se realizó una celebración en modo homenaje en el Teatro Liceo, que fue organizada por parte del Centro Hispano Americano y la asociación cultural “Clorinda Matto de Turner” a cargo de Adelia Di Carlo.13 El discurso presentado lo pronunció Alicia Moreau,14 destacada figura dentro de la tendencia socialista del feminismo argentino y, como ya se ha mencionado, socia de Evolución Femenina.

Allí donde orgullosos hombres habían inclinado la cerviz ante el despotismo, una mujer de fina femineidad había tenido el valor de rehusar halagos, honrosos puestos bien rentados, y oportunidades de consolidar una holgada posición económica, prefiriendo la ruina, la cárcel, y el destierro; pero que esta mujer llevaba la frente bien alta, la dignidad impoluta y su integridad inquebrantable, avanzando con la mirada luminosa fija en un futuro de redención humana (cit. en Castorino 1969: 58).

Se realizaron algunos eventos más en su honor, entre ellos el “Concierto y conferencia a beneficio de María J. Alvarado Rivera”, que llevó a cabo la asociación Unión y Labor en diciembre de 1925 (APMJAR 1925), agrupación ya mencionada por su papel dentro de la organización del PCFIRA.

La asistencia a ese tipo de eventos permitió la ampliación de sus redes sociales en Argentina, e incluso facilitó su ocupación de un puesto en el ámbito educativo, gracias a su relación con el ministro de Educación, Antonio Sagarna, a quien presentó una propuesta para crear el Profesorado de Economía Doméstica (Castorino 1969). Según algunas fuentes, durante los primeros años, Alvarado consiguió emplearse como profesora en la Escuela Normal núm. 6, donde ejerció el cargo de regente, aunque estaba contratada como secretaria por su condición de extranjera (Ysla 2019, Chaney 1988). Trabajó en la Normal hasta que en 1930, por una resolución superior, fue recortada la nómina docente y se restringió la presencia de personas extranjeras dentro del profesorado debido a las medidas tomadas por Uriburu ante la situación económica argentina.15

En el archivo de la peruana hay escasos registros sobre lo acontecido durante los años de exilio, aunque podemos saber cuestiones puntuales sobre los rumbos que tomaron las vinculaciones con feministas en Argentina establecidas desde Perú antes de su arribo. Podemos suponer por los manuscritos de Alvarado que esas redes poco pudieron contrarrestar la condición y el sentimiento de extranjería de la feminista, pues en algunas líneas devela información al respecto. Por ejemplo, permite saber que, en el ámbito laboral, esta condición tuvo un gran peso: “Reanudo mi labor en la escuela, repitiéndose los sufrimientos derivados de la modestia del puesto i la estupidez de los que se creen en condición superior” (Alvarado 1929). La frustración de no encontrar en la labor docente un medio de subsistencia en los términos que hubiera deseado no impidió que estableciera nuevas relaciones sororas. Su paso por la docencia le permitió conocer a una de las personas con quien tuvo mayor cercanía hasta el final de su existencia: María Sara Leibovich, con quien intercambió correspondencia personal y acrecentó su red social de apoyo, y con quien extendió su propia genealogía, como veremos más adelante.

Nuevas vinculaciones

Durante los años siguientes a su llegada, entabló amistad con una escritora de nombre María Josefa Varela,16 conocida con el pseudónimo de Miriam Miguens. En sus manuscritos, María Jesús Alvarado denota la cercana relación que tuvo con ella. La describe como la única amiga confiable con la que contó en Buenos Aires.

La amistad de Miguens fue uno de los pilares que la sostuvieron en su nueva vida; en palabras de Alvarado, había encontrado consuelo “en la noble amistad de esta mujer tan humana i comprensiva que atenúa mi soledad” (Alvarado 1929). Por parte de Miguens se refleja una gran admiración hacia María Jesús Alvarado, a quien le dedicó algunos escritos:

Eres vaso de amor (lampadario de prístina luz auroral) para el hermano combatido, vejado, escarnecido, hundido de miseria, en su claro amanecer; prístina luz auroral que rompiendo la densa cortina de las sombreas creadas por el egoísmo, la ambición, el prejuicio, la hipocresía y todas las formas de la maldad […] Me pareciste la límpida conjunción de todos los amores: madre, hermana, amiga, apóstol, peregrina de un enorme ensueño, quintaesenciado en lo más secreto de tu corazón (Miguens 1927).

Entre los documentos que componen el archivo de la feminista peruana se encuentran algunos poemas escritos por Miriam Miguens y dedicados a Alvarado, en los que brinda un panorama del grado de proximidad personal entre estas mujeres. Ejemplo de ello se encuentra en los versos titulados ¡Matecito de mi tierra!

¡Matecito de mi tierra,

con bombillita de plata…

eres un vínculo nuevo

entre su alma y mi alma!...

[…]

¡Matecito de mi tierra,

que embelleces nuestra estancia,

haz más fuerte cada día

el nudo de las dos almas! (Miguens 1926).

Hay también otra composición sin título que, si bien no está dedicada explícitamente a Alvarado, parece referirse a ella en razón de su contenido:

I llegaste hasta aquí, serenamente,

como por fuerza incontrastable guiada;

mi alma que es gemela de la tuya

del fondo de los tiempos te buscaba.

[…]

Al presentirte incomprendida, errante,

tan solo tuve un vocativo: ¡hermana!,

floreció mi ternura como un lirio

para ofrecerlo a la extranjera pálida…

I hermanas somos; en la negra noche

aunque rujan el odio i la ignorancia,

mi mano, siempre buscará tu mano,

tu mano, siempre sostendrá mi alma (Miguens s/f).

La cercanía con este personaje tuvo repercusiones para ambas. Por un lado, Miguens expresaba un gran agradecimiento al ánimo proporcionado por Alvarado para continuar con su escritura y dar a conocer su obra a la sociedad de su contexto. Alvarado expresa en uno de sus escritos lo que Miguens mencionaba en sus conversaciones: “Si tú no hubieras venido del Perú -me dice- mis versos habrían muerto conmigo […] Siento luz en el alma i estoi contenta […] Tú eres el único ser que me ha estimulado en la vida” (Alvarado 1929).

La amistad de la peruana sirvió de motivación para que Miguens se aventurara a dar a conocer sus producciones líricas: Alvarado fue su lectora y apoyo moral en la búsqueda de espacios de difusión del trabajo de ambas, como expresa Alvarado en sus manuscritos.

A la peruana esta amistad la llevó a intensificar su trabajo poético. La que antes expresaba la necesidad de “¡Callad vuestros dolores!”, en Buenos Aires ejercitó la actividad para exponer sus sentimientos por medio de la lírica. Según Alvarado: “Absorbidas mis energías por la cruzada de liberación femenina, i de la plenitud de los derechos humanos, me expresé siempre en prosa, rebelde además mi espíritu a las limitaciones de la versificación clásica. […] i lo vertí al papel en líneas cortas, sin preocuparme de la técnica poética” (Alvarado 1955). Y en efecto, en la lírica producida a su regreso al país de origen, los versos revelan mucho de su vida y de sus sentires sobre su trayectoria y dejan entrever aspectos personales que había sido muy cuidadosa de mantener al margen de su imagen pública.

Por su parte, María Sara Leibovich (después, María Sara de Castorino) se convirtió en una de las personas más cercanas a Alvarado hasta el final de sus días. Como ya se expuso, se conocieron en la Escuela Normal núm. 6, donde la peruana trabajó durante los primeros años de su estancia en Buenos Aires, y desde ese momento hasta su muerte forjaron una red de apoyo durante los años de su permanencia en el territorio argentino y a su partida mediante el intercambio de correspondencia institucional y personal.

Dentro de la correspondencia encontrada en el archivo personal de la peruana, las cartas intercambiadas con María Sara de Castorino resaltan por la cantidad, la extensión y, sobre todo, por la forma cariñosa e íntima en que fueron escritas. Abarcan un periodo amplio, desde los últimos años de la década de 1920 hasta la muerte de Alvarado en 1971. Ñañita17 fue la forma en la que se nombraban una a la otra, al igual que madrecita espiritual, hermanita o amiguita. Su intercambio epistolar fue nutrido, ininterrumpido y se mueve entre lo personal y lo político.

La admiración recíproca expresada en el papel por el trabajo que realizaba cada una se tradujo en el seguimiento de sus labores a través de la prensa. Alvarado recopiló recortes de periódico que reportaban la actividad cultural de Castorino en la ciudad de Mendoza, lugar en el que ella residía.

En cuanto a las muestras de admiración de Castorino por Alvarado, encontramos que en febrero de 1968 fue fundado el Centro Argentino-Peruano “María Jesús Alvarado Rivera” en la ciudad de Mendoza, como iniciativa de la Mesa Redonda Panamericana, para reconocer el trabajo de la peruana como “escritora, socióloga y defensora infatigable de la fraternidad, unidad y solidaridad Continental” (APMJAR 1968). Un proceso en el que mucho tuvo que ver la acción impulsora de María Sara de Castorino.

Fue Castorino la que realizó el primer esfuerzo por registrar el itinerario de María Jesús Alvarado al escribir su biografía, con la venia de la feminista en 1969, Una mujer extraordinaria. Junto con Dora Córdova, Castorino participó en el proceso de restitución a la feminista peruana por los daños ocasionados a su persona y patrimonio tras su arresto en 1924 y posterior salida obligada del país en 1925. La búsqueda de “estricta justicia”, que en principio pretendía una indemnización por el desmantelamiento de la Escuela Moral y Trabajo, y ulteriormente la asignación de una pensión acorde a las importantes aportaciones que Alvarado había hecho a la cultura del país sudamericano, estuvo apoyada por diversas personalidades dentro de la sociedad de su momento. Sin embargo, los esfuerzos no lograron el cometido; la peruana vivió sus últimos días sin ser reconocida y no tuvo ni la pensión ni la restitución solicitadas.

A manera de conclusión: trascendencia de las redes

María Jesús Alvarado logró regresar a Perú en 1936, seis años después de la salida del gobierno de Augusto Leguía. La demora se debió a la falta de recursos y la precariedad en que vivió durante gran parte de su estancia en Buenos Aires. Si bien este periodo fue unos de los más difíciles y solitarios dentro de su trayectoria, también es cierto que lo vivido en esos años le brindó nuevas perspectivas sobre el feminismo, además de material para el desarrollo de nuevos proyectos intelectuales, culturales y sociales.

Por ejemplo, la redacción de un cuaderno de viaje en el que describía su travesía de Buenos Aires a Cusco (Alvarado 1937). Este texto nos recuerda a algunas escritoras del siglo XIX que fueron inspiración para Alvarado, como Flora Tristán o Juana Manuela Gorriti, que también narraron sus experiencias durante largos viajes.

La trascendencia de lo vivido en Argentina en el itinerario de la peruana permite resaltar espacios creativos poco explorados. Por un lado, el desarrollo de su producción poética gracias a la cercanía con la escritora Miriam Miguens. En la década de 1950, Alvarado trabajó en un proyecto de libro bajo el título de Plenitud, el cual comprendía una selección de poemas de su propia autoría que presumiblemente retrata distintos momentos de su vida.

Por otro lado, encontramos también la explosión creativa de su escritura dramática. Es importante recalcar que muchos de los guiones que realizó fueron escritos o iniciados durante su estancia en Argentina. Su producción estuvo pensada tanto para el teatro como para la radio. En Buenos Aires, acompañada de Miguens y ayudada por sus contactos, buscó la manera de presentar sus obras en formato radiofónico, y tuvo suerte en algunos casos, aunque no con tan buenos resultados como sí los tuvo con las participaciones en ese medio con sus conferencias.

Su obra La Perricholi, escrita y publicada en Argentina, le brindó notoriedad tras su transmisión en la radio peruana a su regreso; esto la hizo ser reconocida como escritora más que como activista o educacionista. La experiencia dentro del ámbito radiofónico argentino le permitió desarrollar este proyecto de radionovela en su país natal. La obra llegó a tener tal difusión que fue plagiada en Paraguay y varias personas le notificaron de ello. Además, hubo un proyecto en México de llevarla al cine, aunque no cristalizó.

Pero La Perricholi no fue su única obra de radio o teatro. Alvarado presentó varias a su regreso a Lima a través de la Escuela de Arte Dramático Ollantay, que ella misma fundó en 1937. Este proyecto buscaba impulsar el teatro dentro de la sociedad peruana con el proyecto de “Teatro del pueblo”; e incluso la animó a pensar en la creación de una industria cinematográfica peruana. El adjetivo de “peruana” no se lo atribuía con la única intención de subrayar el lugar de instauración, sino de dotarla de una originalidad propia del contexto.

Se puede concluir que las redes creadas por María Jesús Alvarado, a partir de su labor intelectual y de activismo feminista con personajes argentinos, le permitieron establecerse, desarrollar proyectos, expandir y crear vínculos, al igual que explorar espacios creativos desconocidos o poco transitados. Cuando en 1945, tras su elección como parte de la Junta Transitoria de la Municipalidad de Lima, le preguntaron sobre su experiencia en Argentina, respondió: “En tierras hermanas como Argentina me vinculé con personalidades femeninas que participaban de mis ideas; y encontré la acogida de diversas organizaciones, que me abrieron sus puertas para dictar conferencias” (APMJAR 1945). Ella misma resalta la importancia de esas vinculaciones durante esa etapa de su trayectoria.

Aunque estas redes sociales y de apoyo emocional no lograron eliminar los sentimientos de extranjería y soledad, sirvieron de paliativos ante la imposibilidad de regreso al país de origen. El acercamiento al estudio de las redes, tanto en la trayectoria de Alvarado como en el estudio de los feminismos, permite examinar los itinerarios individuales como parte de un entramado colectivo en ocasiones omitido en los relatos históricos hegemónicos. De igual forma, es importante y útil en la comprensión más amplia de los feminismos al entenderlos como movimientos internacionalistas y trasnacionales que se alimentan del constante flujo de intercambios que surgen entre sus representantes. En el caso de los feminismos latinoamericanos, rastrear y estudiar esas redes entre mujeres con luchas y pensamientos afines se enmarca en un esfuerzo de reconstrucción de genealogías feministas de este lado del mundo, que permite reconocerlas como diversas, complejas, originales y originarias.

Referencias

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Otros materiales de Alvarado no incluidos en APMJAR

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Alvarado, María Jesús. 1925. “El tirano Leguía”, Nuestra Tribuna, núm. 38, pág. 4, 1 de abril. [ Links ]

1Mercedes Cabello de Carbonera (1842-1909) fue autora de un significativo número de artículos periodísticos, ensayos y novelas en los que argumentaba la necesidad de una educación femenina más vasta. Participante de las veladas literarias organizadas por Juana Manuela Gorriti y Clorinda Matto en el último cuarto del siglo XIX. Carolina Freyre de Jaimes (1844-1916) fue una escritora que tuvo cercanía a las letras por la imprenta de su padre y por su matrimonio con Julio Lucas Jaimes, y fundadora del periódico literario El Álbum, junto con Juana Manuela Gorriti. Teresa González de Fanning (1836-1918), fue educadora y escritora; fundó el Liceo Fanning dirigido a niñas con la intención de ofrecerles una educación más completa que la brindada por el sector público. Clorinda Matto de Turner (1952-1909) o Grimanesa Martina Mato fue una prolífica escritora, organizadora de veladas literarias entre 1887 y 1891; estas tertulias buscaban incentivar la intelectualidad femenina y tuvieron grandes repercusiones en el trabajo de varias de las escritoras contemporáneas. Juana Manuela Gorriti (1819-1892) fue una reconocida escritora argentina radicada en Lima a partir de 1843 y en Buenos Aires a partir de 1884. Inició en 1876 la organización de célebres veladas literarias en Lima hasta que estalló la Guerra del Pacífico en 1877. Influyó a la llamada generación del 70, un grupo de mujeres letradas entre las que se encontraban Mercedes Cabello, Clorinda Matto, Carolina Freyre y Teresa González.

2Dora Mayer (1868-1959) fue una escritora, filósofa y periodista de origen alemán, residente en Perú desde 1873. Destaca su labor indigenista con la fundación en 1909, junto con Pedro Zulen, de la Asociación Pro-Indígena. Fue autora de The Conduct of the Cerro de Pasco Mining Company (1913) y de numerosos artículos en la prensa de la época, entre los cuales se cuentan publicaciones de su creación: El Deber Pro-Indígena y La Crítica, esta última junto a Miguelina Acosta. Leonor Espinoza (1876-¿?) fue escritora y feminista arequipeña, autora de Zarela: novela feminista (1915), y fundadora de la revista Ideal, en la que retrató e impulsó el movimiento feminista en su ciudad. Zoila Aurora Cáceres (1877-1958), reconocida escritora de obras como La rosa muerta, Mi vida con Enrique Gómez Carrillo y Mujeres de ayer y de hoy, durante las décadas de 1920 y 1930 encabezó el movimiento sufragista peruano y participó en organizaciones obreras femeninas. Miguelina Acosta Cárdenas (1887-1933) fue indigenista, feminista, anarquista y una de las primeras peruanas graduadas en Derecho con las tesis “Nuestra institución del matrimonio rebaja la condición jurídica y social de la mujer” y “Reformas necesarias del Código Civil común peruano tendientes a hacer efectiva la igualdad civil y jurídica del hombre y la mujer”. Fue cofundadora del periódico La Crítica.

3Capataces o caciques.

4En 1901 se presentó, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, la primera tesis sobre feminismo: “El movimiento feminista”, de Elvira López, la cual consiste en un recorrido histórico de la presencia de las mujeres en el mundo.

5Organización bonaerense, fundada en 1904, que logró congregar a mujeres egresadas de la educación superior con la finalidad de impulsar el acceso femenino a las universidades y, al mismo tiempo, generar representatividad dentro de su contexto social. Entre sus integrantes se encontraban Julieta Lanteri, Petrona Eyle y Elvira López.

6De origen danés nacionalizado peruano, Christian Dam (1852-1920) tuvo una fuerte participación en la prensa radical de la región. Fue una figura clave para que María Jesús Alvarado entrara en contacto con librepensadores radicales y anarquistas, tanto en Perú como en Argentina.

7En el interior del Perú, Evolución Femenina logró tener algunas secciones fuera de Lima, la ciudad de origen del proyecto: en Arequipa, a cargo de Leonor Espinoza de Menéndez; en Paita, con Delia Colmenares; y en Tarma, a cargo de Dolores Sampértegui.

8Revista publicada por el grupo femenino y socialista del mismo nombre, entre 1909 y 1915. Su lema es “Órgano del progreso femenino y protección al niño”. Unión y Labor se mantuvo cercana al partido socialista argentino y a la Asociación Universitarias Argentinas.

9Francisco Gicca (1872-1935) fue periodista y aliado de la causa feminista de origen italiano. En Argentina tuvo una importante actuación como secretario general dentro de la Liga Nacional de Librepensamiento.

10Julieta Lanteri (1873-1932), médica y feminista sufragista, nacida en Italia, pero radicada en Argentina desde niña. Fundadora del Partido Feminista Nacional en 1919.

11Una de las características de esta publicación era la intervención de la editora ante algunas participaciones que en su opinión podían cuestionarse. El grado de crítica que poseía el quincenario se revelaba en réplicas a las colaboradoras que quedaron registradas en sus páginas. En la aportación de Alvarado ponía en duda la decisión de tomar como ejemplo la figura de Juana de Arco como libertadora de su patria pues, para la editora, “cuando se citan personajes históricos, se ha de tener siempre el cuidado de seleccionar lo bueno de lo malo […] Juana de Arco, y permítanos nuestra herejía, no libertó a ‘su patria’; al contrario, empuñó las armas para dejarla a merced de piratas más redomados que sus antecesores” (Nuestra Tribuna 1923: 5).

12En 1922, Cerro de Pasco Mining Company estableció el complejo metalúrgico de La Oroya, una empresa que había sido denunciada en varias ocasiones por los abusos cometidos en contra de sus trabajadores y las relaciones poco transparentes con autoridades gubernamentales y legislativas.

13Adelia Di Carlo (1886-1965) fue una escritora, cronista y feminista argentina. Fundó la Asociación Cultural “Clorinda Matto de Turner”, desde donde realizó activismo feminista.

14Alicia Moreau (1885-1986), médica, periodista, socialista, autora del libro La mujer en la democracia (1945) fue fundadora de la Unión Feminista Nacional y colaboradora de la revista socialista Humanidad Nueva.

15José Félix Uriburu asumió la presidencia argentina mediante un golpe de Estado desde septiembre de 1930 hasta febrero de 1932. Durante ese periodo, instauró un régimen represivo en contra de cualquier expresión contraria a su política, incluyendo la alta vigilancia a personas extranjeras y su expulsión si estaban relacionadas con asuntos políticos.

16Existe escasa información sobre este personaje. Se sabe que participó en el PCFIRA por los registros de asistentes; además, publicó en algunas revistas literarias argentinas y fue parte de la Liga Nacional de Templanza de aquel país. Alvarado menciona algunos datos en una semblanza: fue profesora, fundadora de bibliotecas y centros culturales, y directora de las revistas Horizontes e Irupé (Miguens 1927).

17Forma cariñosa utilizada de manera popular en Sudamérica, hace referencia a relaciones sororas.

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Sánchez Rodríguez, Tania. 2024. “Feminismo y redes en el exilio. María Jesús Alvarado Rivera en Argentina (1925-1936)”, Debate Feminista, año 34, vol. 68, pp. 223-251, e2441, https://doi.org/10.22201/cieg.2594066xe.2024.68.2441

Recibido: 18 de Agosto de 2023; Aprobado: 23 de Septiembre de 2023

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