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Análisis económico

On-line version ISSN 2448-6655Print version ISSN 0185-3937

Anál. econ. vol.40 n.105 Ciudad de México Sep./Dec. 2025  Epub Nov 11, 2025

https://doi.org/10.24275/uam/azc/dcsh/ae/2025v40n105/salas 

Artículos

Migrantes de retorno y desuso de conocimientos en el Estado de México

Return migrants and non-use of knowledge in the Estado de México

* Universidad Autónoma del Estado de México. Correo electrónico: rsalasa@uaemex.mx.


Resumen

Este trabajo analiza los conocimientos laborales que los migrantes adquieren en el extranjero, y se enfoca en aquellos actores que, al retorno, por su voluntad no los ejercen. Es un estudio cualitativo, basado en entrevistas con migrantes mexiquenses. Los resultados muestran que la gran mayoría de ellos acumulan ahorros, pequeñas inversiones, conocimientos laborales y otros recursos personales. Pero al retorno, algunos no quieren vivir de lo que realizaban en el exterior, no buscan ejercer los conocimientos laborales que aprendieron, en parte porque sus localidades no ofrecen condiciones y no encuentran dónde hacerlo, pero especialmente porque traen recursos más valiosos, pueden realizar tareas de mayor ingreso y estatus, ser su propio patrón, dedicarse a lo que les gusta.

Palabras clave: Migración internacional; Migración de retorno; Aprendizajes laborales

Clasificación JEL: F22; D13; D14

Abstract

This work analyzes the labor knowledge that migrants learn abroad, focuses on those actors who, upon return, voluntarily do not use them. The study is qualitative, based on interviews with migrants. The results show that most of them accumulate savings, small investments, some labor knowledge and other personal resources. But upon return, some of them do not want to make the same as they were living abroad, they do not seek to use the labor knowledge they learned, partly because their communities do not offer conditions and they do not find where to do it, but especially because they bring more valuable resources, they can perform tasks with higher income and status, they can be their own boss or dedicate themselves to what they like.

Keywords: International migration; Return migration; Labour learnings

JEL Classification: F22; D13; D14

Introducción

Más de noventa y cinco por ciento de los migrantes internacionales mexicanos residen en Estados Unidos, especialmente en la franja fronteriza (California, Texas, Illinois, Arizona), donde residen siete de cada diez. Es una emigración centenaria, que al año 2021 incluye unos 37 millones de individuos con origen mexicano, unos 10.7 millones nacidos en México y otros 26 millones nacidos allá, pero de padres mexicanos (Rosenbloom y Batalova, 2022).

La emigración, especialmente la indocumentada, es una cadena de riesgos en el traslado, al cruzar la frontera, para establecerse y evitar la deportación, hay problemas para obtener empleo y sobre todo mucha discriminación. El traslado y cruce de fronteras es peligroso en todas partes; las evidencias revelan que anualmente en el mundo mueren hasta cinco mil migrantes indocumentados (OIM, 2020). También ocurren separaciones familiares, los hijos de los migrantes resienten efectos (deserción escolar, adicciones), la propia migración atrae más migrantes, hay quienes nunca retornan o lo hacen en peores condiciones. En sí, los riesgos y gastos que implica desaniman la migración, pero la necesidad económica y otros motivos son más fuertes y la empujan. Además, es visible que por esta vía pueden mejorar las condiciones de vida y acumular algunos bienes materiales e inmateriales; en algunos casos ocurren desastres naturales o actos de violencia y la gente se ve forzada a marcharse.

Lo que podemos ver, es que ahora están migrando actores con mayor preparación escolar, incluida la educación superior (Rosenbloom y Batalova, 2022; MEXA, 2019); mujeres y hombres que en mayoría provienen de entornos urbanos, con experiencia laboral no-rural, que si bien los empuja la necesidad económica, también tienen razones no-económicas y otros anhelos: aprender otro idioma, adquirir cultura, estudiar, ahorrar para iniciar un negocio, madurar en lo personal, mejorar la experiencia laboral, tienen desempleo temporal, algunas ensoñaciones y porque disponen de apoyos para marcharse. Entre los profesionistas, destacan razones de querer mejorar la situación laboral, adquirir experiencia internacional que les permita mejorar a futuro, buscar un mejor contexto para su vida personal (seguridad, oportunidades) y familiar (Vázquez y Domínguez, 2023).

La migración es difícil, pero buena parte de los migrantes logran superar los obstáculos y arriban al extranjero. En este sentido, igual se sabe que, cuando las personas superan desafíos, se sobreponen a sus adversidades, ellos mismos mejoran algunos aspectos, y que entre más preparadas (escolaridad, edad, experiencia), o motivadas están, mejor aprenden y se adecúan a las nuevas condiciones. Como señala Domjan (2010), los seres vivos tienen capacidad para desarrollar actitudes según el ambiente que los rodea, pueden hacerlo no-conscientes, lo que es común en la conducta humana (saciar el hambre, la sed), pero en general aprenden cómo hacerlo, transforman (mejoran, depuran) sus habilidades, y eso les permite mantenerse en el nuevo ambiente. Similar cosa plantea Piaget (1978), tomando como referencia a los niños, quienes al afrontar nuevas situaciones (algo que no conocen, no dominan), se contrarían inicialmente, pero lo superan y se elevan a un nuevo equilibrio (lo dominan), porque en la propia interacción ellos aprenden, ajustan ideas, creencias, retoman conocimientos previos, reorientan acciones y logran adecuarse y manejar la nueva situación, pero en mejor nivel.

Para los migrantes, esto sugiere, y en sí, es la hipótesis en este trabajo, que, en el trasiego migratorio, al interactuar en nuevos entornos, con otras gentes, afrontar otras presiones, laborales, culturales, otras leyes e instituciones, tienen que lidiar con distintas contrariedades, que, a la vez, pueden ser aprendizajes para ellos. Como advierte Mojica (2023), los migrantes llegan al exterior y afrontan la presión de aquella sociedad, la denuncia de que ellos amenazan aquella nación y que no quieren asimilarse, en respuesta se les enfrenta con políticas que los criminalizan, sobre todo, a partir del año 2000. Sin duda, señala López (2023), se produce un gran sufrimiento, social y personal, es inmanente a la migración, son experiencias que tienen efectos psicosociales en las personas. Por ejemplo, respetar otras leyes, cuidar su seguridad, valerse por sí mismos, adecuarse a otra rutina, otro idioma, manejar la presión de la soledad o mantener vigentes sus compromisos familiares, como enviar dinero a casa. Lo laboral incluye buscar empleo, aprender otros procesos y conocimientos, manejar otras herramientas, conocer otras normas y regulaciones. En este caso, unos reciben capacitaciones, asisten a la escuela; otros aprenden en la experiencia e imitando a los compañeros. Unos tienen intención de aprender y eso facilita las cosas, pero igual pueden incidir los elementos no-conscientes (imitar modales, actitudes, palabras, acciones, valores), así como ciertos imprevistos (escapar de la migra, aprender otro idioma). Las motivaciones que llevan consigo también intervienen para adecuarse y aprender lo nuevo; querer ayudar a su familia, estar con el cónyuge o alejarse de él, hacer una casa en su pueblo, adquirir bienes materiales, estudiar una carrera, ahorrar. También es importante el apoyo de paisanos que les aportan ideas de cómo vivir allá, enseñanzas de cómo o dónde trabajar, hábitos y rutinas que les comparten. Además, ahora los migrantes tienen en promedio mayor calificación escolar y experiencia laboral más diversa que lo rural, eso les permite acceder a mejores empleos.

Es decir, hay evidencia de que los migrantes, aprenden cosas nuevas, quieran o no, sea que emigran por aventura, con intención de ahorrar, por necesidad, tengan o no documentos, o que laboren en unas áreas o en otras (Montoya, et al., 2015). No obstante, también es conocido que, al retornar a su país, pocos logran aplicar productivamente lo que aprendieron y vivir de eso. Un estudio sugiere que esto es así porque los migrantes retornan a la fuerza, por desempleo y otros, y que no tienen la idea de hacer diferencia en sus localidades; sobre todo porque allá trabajaron en cosas diferentes (Contreras, 2018). Otras razones que se han encontrado son que, les restringe la falta de infraestructura y oportunidades en sus localidades, que no hay actividades afines a lo que saben hacer, les faltan apoyos para iniciar emprendimientos, no se sienten bienvenidos, la tecnología y costumbres son distintas en sus localidades, los salarios y condiciones laborales no les agradan, unos tienen edad avanzada, enfermedades, o fueron poco tiempo y no aprendieron mucho (Salas, 2016). Otras investigaciones consideran que lo que ellos aprenden actúa junto con sus rasgos personales, la presión del entorno y otras condiciones, costumbres y demás, y que al retorno, emplean alguna parte, ya que en los últimos años, entre los retornados mexicanos, se advierte un rasgo de no querer ser empleado y más bien ser su propio jefe, y que en la realización de sus actividades tienden a utilizar mejor tecnología, sistemas de riego, sembrar nuevos productos, contratar a otros lugareños, abrir negocios e invertir con un sentido más comercial (Rosendo et al., 2019; Tapia et al., 2018; Jiménez, 2014; Aguilar, 2010; Fernández y del Carpio, 2003).

En este sentido, este trabajo analiza, ¿cuáles conocimientos laborales adquieren los migrantes en el extranjero?, en especial se discuten las razones de quienes no buscan ejercerlos al retorno, los que no buscan dedicarse a lo mismo que aprendieron en el extranjero. Este es un tema relevante porque usualmente se da por sentado que los migrantes no los emplean porque no quieren, no encuentran dónde o en qué, o que sus comunidades son pequeñas y no les dan cabida, que sus conocimientos son muy diferentes a lo que se requiere localmente; pero no se revisan las razones de los actores. Con tal fin, se toman como referencia los testimonios que aportan un grupo de migrantes entrevistados en el Estado de México, que específicamente no buscan ni desean vivir de lo que aprendieron en el norte.

I. Método

Se emplea un enfoque cualitativo y se sostiene en los testimonios que aportan un grupo de 60 migrantes; 53 hombres y 7 mujeres, que al volver no quieren emplear sus conocimientos, ni vivir de lo que aprendieron en Estados Unidos. Todos fueron entrevistados a profundidad en la entidad mexiquense. La guía de entrevista incluyó una sección de datos generales (edad, sexo, escolaridad), y una enfocada en la emigración (razones, causas, situación previa). Otra sección se orientó a indagar los conocimientos laborales y los rasgos intangibles que aprendieron y desarrollaron (madurez, visión de la vida, hábitos). En otra se inquirió la vida al retorno, y las razones de por qué no ejercen sus conocimientos. Este proceso incluyó preguntas abiertas que fueron el eje, como: ¿Cómo fue que se dio su regreso a México?, ¿Después de su último retorno en qué ha trabajado en México?, De lo aprendido en EU, ¿qué es lo que más le sirve para trabajar acá?, ¿Hay algo que usted sabe hacer y no aplica?, ¿Qué es lo que le impide aprovechar ese conocimiento?, entre otras que se fueron derivando en la plática.

El procedimiento de ubicación fue por bola de nieve, con apoyo de las oficinas municipales de atención al migrante, después los mismos entrevistados daban referencias de otros migrantes. La entrevista se orientó a individuos, hombres y mujeres, mayores de edad, con al menos un año continuo de experiencia laboral en el norte. No es una muestra aleatoria, ni representativa de la entidad, ni municipal, pero aporta evidencia de los aprendizajes que obtienen los migrantes, las capacidades y habilidades que desarrollan, las causas del retorno, y en este caso, permite discutir por qué cuando vuelven, algunos de ellos no quieren emplear lo que aprendieron allá y vivir de eso.

II. Resultados

Los resultados se desglosan en tres secciones. La primera incluye la emigración, sus causas, tiempos y formas. En la segunda se discuten los conocimientos y otros intangibles que traen del extranjero, la forma en que los desarrollaron y las áreas. En la tercera se aborda la vida que llevan al retorno, en particular de aquellos actores que no quieren ejercer sus conocimientos laborales, así como sus razones.

La emigración de los entrevistados

En la entidad mexiquense, los migrantes parten al extranjero desde el Programa Bracero e incluso antes (Jardón, 2017), sobre todo en la zona rural del sur, donde durante muchos años se marcharon los hombres y las mujeres iniciaron en los años 1990´s. Los entrevistados emigran desde los años 1980`s, pero como puede apreciarse en la Gráfica 1, la mayoría se marchó después de los años 1990´s; siete de cada diez, partieron después de 1995. Según narran, en estos años ya era difícil y costoso cruzar la frontera, pero en México las cosas estaban peor, aunque no estaban desempleados y más bien la mayoría tenía empleo. En cambio, unos se quejan del sueldo, las prestaciones, que tenían empleo temporal, buscaban vivir mejor; otros querían pagar deudas, cubrir gastos de enfermedades, vivir la aventura, seguir y alejarse del cónyuge, resolver problemas de salud o legales.

Fuente: elaboración propia, con base en trabajo de campo.

Gráfica 1 Primeros viajes al extranjero y el retorno 

Son en mayoría migrantes urbanos, su experiencia laboral incluye: obreros, prestadores de servicios, secretarias, pequeños comerciantes, microempresarios, técnicos, profesionistas, empleados de gobierno. Y se marcharon con una edad media de 23.5 años, y una escolaridad de 10.6 grados (mujeres 8.9, hombres 10.8), que era mayor a sus localidades de residencia (8.1 grados). Ninguno carece de escolaridad, pero uno tiene apenas tres grados y otros nueve tienen seis grados cursados (16.6 por ciento), los otros 50 migrantes (83 por ciento) tienen entre 8 y 19 grados escolares cursados; es decir, con estudios de universidad. De la zona de Toluca, el Oro, Atlacomulco y Tianguistenco son los de mayor escolaridad, los que tienen primaria o menos, son del Sur (Zacazonapan), y Villa del Carbón, Otzoloapan, Tecámac, Axapusco.

Es decir, se marcharon por alguna forma de necesidad económica, falta de satisfactores (educación, salud, urbanización), desaliento de las opciones locales, pero también por razones no-económicas, ni de pobreza, como la aventura, querer aprender inglés y otra cultura, ser de familia migrante, mejorar la calificación laboral, probar otras experiencias, madurar en lo personal, imitar a otros migrantes. En el fondo, son motivos similares a los migrantes de otros entornos, que incluso tienen mayor posesión de recursos y medios para marcharse (Gaspar y Chávez, 2015). Pero, de cualquier modo, esta situación revela una entidad, un país, instituciones y programas, un modelo de desarrollo, que no cumple sus funciones de proveer condiciones de vida dignas, no generan desarrollo, para sus habitantes (Canales, 2022; Fernández, 2024).

Como narra un entrevistado, él se marchó por la desesperanza de los salarios, tenía poca preparación y no encontraba empleo estable, también influyó no tener casa, y que le ofrecieron apoyo para partir. Él mismo comenta:

…llevaba tiempo desempleado, había trabajado en el ejército, en seguridad de negocios... no me sentía a gusto porque vivía con mis padres, económicamente dependía de ellos, mi hijo, mi esposa… en el campo ganaba cien pesos… me nació la idea de ir, mejorar, hacer una casita… compañeros que habían estado allá, habían llegado al pueblo, me platicaban la forma de vivir y de ganar dinero, se me pegó la espinita y decidí irme… (José G., 40 años, Acambay).

En otro caso, un actor de 33 años se marchó para apoyar a sus padres, hacer una casa, y por imitar a sus hermanos, por los sueños del norte. Al retorno, estudia preparatoria y se arrepiente que no estudió antes. Como él relata:

…yo vivía con mis papás, trabajé de cerillo en el D.F., …quería estudiar, pero no podía, éramos diez hermanos... La meta era trabajar, hacer algo, un carro, una casa. Lo que soñaba desde pequeño era arreglar la casa, no teníamos sanitario, nos bañábamos al aire libre… mi temor era no regresar, no volver a ver a mis papás… ellos [padres] ya lo habían pasado, seis hermanos estaban allá, sabían que quien iba tenía una casa, dinero en el banco… dejé de estudiar, de haber sabido lo que me estaría pasando, hubiera estudiado… (Juan Manuel, 33 años, Acambay).

El retorno a la entidad

Como muestra la Gráfica 1, el retorno de los entrevistados se alinea con la emigración, aunque en menor volumen en los primeros años y aumentan después del año 2000; más de ocho en cada diez entrevistados retornaron después de este año. Como ellos narran, con los ataques a las torres gemelas y después la crisis financiera, aumentaron las dificultades sociales y económicas para llegar, cruzar la frontera, buscar empleo, vivir allá. Aunque esto fue para todos los indocumentados porque había poco empleo, menor salario, campañas antiinmigrantes, restricciones en servicios públicos, deportaciones (Golash-Boza, 2016).

Los entrevistados retornaron para reunirse con su familia, es la mención mayor, aunque lo ligan con otras razones, como: escasez de empleo, atender una enfermedad en México (propia, familia), soledad, tener metas cumplidas, casarse, criar sus hijos en México, arreglar documentos, deportación, miedo a la policía, iniciar un negocio, diversos problemas (policía, cónyuge). En forma colateral señalan: venir a casarse, estudiar, ver a la novia, conocer a sus hijos. Estas razones son similares a las que narran otros migrantes que retornaron a otras partes del país o la misma entidad (BBVA, 2021; Aguilar, 2010; Rosendo, et al, 2019; Tapia et al., 2018). Aunque en este caso que nos ocupa, especialmente traían la idea de dedicarse a algo distinto de lo que efectuaban en el extranjero, incluso de lo que hacían antes de emigrar.

Un migrante, soltero que pasó tres años en EU, narra la mezcla de razones para volver y resalta la añoranza de reunirse con su familia. Él señala que aprovechó una baja en el empleo, pero estaba conforme con lo que había logrado (ahorros, maduración personal). Como él apunta:

… las condiciones económicas habían disminuido, trabajaba pocas horas, tenía un auto y decidí venderlo y regresar, ya tenía dinero en México, sentía la necesidad de visitar mi familia, mis papás, hermanos, desde que me fui tenía el objetivo de regresar… ya no estaba ahorrando, no me quedaba dinero, apenas para los gastos, auto, casa, agua, energía… eso determinó que regresara… (Alberto, 27 años, Temascalcingo, Retorno: 2008).

Otro actor, de 57 años, casado y que pasó muchos años en el norte, señala que retornó porque no le gustaba la rutina laboral, ni social, quería estar con su familia, pero ya había pagado sus deudas, había invertido en su negocio (palanquetas). De eso vive y como él relata:

…me regresé porque se enfermó mi mamá y la operaron, me ayudaba en el comercio [dulces y palanquetas], iba y venía… allá esta bonito, pero está esclavizado, si quieres dinero hay que trabajar diario, pagar renta… me echaba mis copas y tuve problemas con la policía, pero regresé por mi voluntad… pagué mis deudas y le metí al negocio, aquí vivo más tranquilo... esto es mío, le metí como 50 mil, nadie me carrerea, cierro y abro a la hora que quiero, si estoy cansado, si cierro a las diez o las once, que vendí 50 pesos o 500, no hay problema… (Pablo, 57 años, Tonatico, Retorno: 1997).

Los entrevistados señalan que retornaron para quedarse, y porque tienen idea de hacer cosas que desde antes querían hacer y por falta de recursos no las hicieron. Pero igual que reportan otros estudios, es probable que algunos de ellos decidan volver al norte. Cierto que algunos se desilusionaron del norte, tuvieron problemas y no desean volver para allá, otros hicieron ahorros y tienen de que vivir, pusieron algún negocio o taller; pero hay otros que dejaron hijos en Estados Unidos (se quedaron, nacieron), quieren arreglar papeles, dudan que puedan adecuarse a su localidad, añoran las oportunidades del norte. Además, en sus entornos falta ingreso, los salarios son bajos, el trabajo es más duro. No obstante, los desanima la lejanía familiar y la soledad, lo rutinario y material de aquella vida. Estos juicios de irse o quedarse, los hacen dudar de marcharse y valoran estar cerca de la familia.

La vida al retorno. - En general, los entrevistados evalúan que viven mejor. Es una percepción positiva, sustentada en la ampliación del patrimonio. Por decir, 55 de ellos (92%) enviaron remesas (50 en forma regular y 5 irregularmente); solo 5 no enviaron casi nunca. Haber cubierto los gastos del hogar (salud, alimentación, escolaridad), les da cierto sentido de que viven mejor; pero también siete de cada diez lograron tener casa o mejorar la que tenían, casi la mitad compró muebles y otros enseres, otros (23%) compraron un auto, también compraron herramienta de trabajo (12%). Casi la mitad (48%) invirtió en un negocio, otros (20%) compraron tierras (huerta, parcela); ningún entrevistado considera que no acumuló nada. Lo que es visible, es que el gasto en bienes de consumo (casas, autos, muebles) es casi el doble de lo que gastaron en sus pequeñas inversiones (animales, negocios, ahorro); 65 vs 35 por ciento de las remesas. El gasto primario no genera ingresos a largo plazo, y es lo que se critica a la migración, sobre todo, que los migrantes deberían gastar menos en satisfactores básicos y más remesas en la inversión productiva.

Uso de conocimientos. - El Cuadro 1 consigna los conocimientos laborales que aprendieron los entrevistados. Unos son de mayor calificación, lo que indica que dominan el proceso productivo, saben operar herramientas y máquinas, conocen normas (sanitarias, ambiental, químicos, ingredientes), unos tienen certificaciones y hablan en inglés. Pueden verse conocimientos nuevos, como la cocina, manejar otra maquinaria y normas, pero igual pulieron otros que dominaban desde antes, la construcción, soldadura, carpintería. En general, la mayoría es conocimiento diferente a lo que antes hacían.

Cuadro 1 Conocimiento laboral en Estados Unidos 

Cocinero, comida rápida, dirigir cocina Almacenista, manejar torno
Lavar platos, mesero, ayudante cocina Costura, diseño de ropa
Techos de madera, roofing, casas de madera Niñera, empleada de tienda, cajera
Albañil, detallar casas, tabla roca, alfombra Hacer muebles, tapizarlos
Mecánica, arreglar carros Soldadura de naves, herrería, plomería
Soldadura automotriz, pintura, laminería Ventas de calle, paletas, ropa, tenis
Labores de rancho, pizca, campo, invernadero, flores Chofer de camión pesado, volteo, demolición
Jardinería (yarda, pintar, cuidar plantas) Limpieza de casas, hoteles, doméstica
Manager, jefe de grupo Electricidad, cantante

Fuente: elaboración propia, con base en trabajo de campo.

Vale destacar que 21 entrevistados (35%) obtuvieron ascensos laborales en Estados Unidos, lo que indica que poseen conocimiento laboral de mayor calificación, en: labores de construcción, cocina en restaurant, obreros y empleados especializados (soldador, fierrero). La proporción de quienes obtuvieron ascensos (y ganaban más), es similar entre quienes tienen secundaria o menos y los que tienen preparatoria o más (31 vs 29 por ciento). Dado que allá casi no estudiaron, podemos decir que la escolaridad previa no influyó en este rasgo. Pero la edad sí, ya que la mayoría de ascensos los obtuvieron los actores que partieron con menos de 24 años de edad; ellos captaron 8/10 de los ascensos.

En este subgrupo, narran, que una vez que arribaron al extranjero, tuvieron que establecerse, buscar empleo, socializar con otra gente, cuidarse de la migra, aprender los procesos productivos, las normas y leyes, regulaciones ambientales, desarrollar otras conductas laborales, entender el idioma, mejorar sus actitudes, aguantar humillaciones y explotación. O sea, tuvieron que superar varias barreras formales de allá, así como algunas personales que llevaban consigo (timidez, poco sociables, no hablar inglés) y como indican otros estudios (Piaget, 1978; Domjan, 2010), tal vez fue la respuesta normal que hace cualquier organismo que busca mantenerse en un nuevo ambiente. Pero los entrevistados coinciden que fueron importantes las motivaciones y compromisos familiares que llevaban (trabajar, enviar dinero, cuidarse de la migra, hacer una casa, ayudar a su familia, aprender algo). También creen que les ayudó, que se marcharon muy jóvenes y casi la mitad tenía estudios de preparatoria y universidad, que, si bien allá no se les tomaba en cuenta, a ellos les sirvió para desenvolverse mejor en lo laboral y personal. Igual reconocen que les ayudó su experiencia laboral previa (urbana y rural), algunos ya sabían algo de inglés. Estos rasgos no son únicos en los entrevistados, otros estudios también los han encontrado en otros migrantes, y la utilidad que tienen en el aprendizaje que ellos desarrollan (González, 2014).

Una vía de aprendizaje la describe un entrevistado que fue llevado por sus padres a los once años, allá cursó una carrera (Ingeniería Automotriz), e inició a trabajar como ayudante. En su decir, fue difícil ascender, pero tuvo iniciativa para aprender, capacitarse, desarrollar hábitos, madurar, hablar y escribir en inglés. Como él narra:

…batallé un poco para agarrar trabajo, entré como chalan en una compañía que modificaba autos… hacia limpieza, barría, limpiaba piezas, arrimar material, después fui al área de suspensiones, luego a motores, electrónica, después a modificación de la computadora, ascendí rápido, porque me capacitaba y aprendía los procedimientos, tengo varios certificados… trabajo en una compañía americana [Toluca], de la rama agrícola, industrial y minera… no aplico todo, las modificaciones en las computadoras de los autos porque la ley no lo permite, pero aplico los instrumentos de medición, herramientas electrónicas, soldaduras, inspección de máquinas, de equipos y me ayuda el inglés… (Héctor, 25 años, Acambay, Retorno: 2008).

Algunos tuvieron que aguantar abusos y discriminación laboral, aunque igual influía su propia actitud, falta de costumbre a las normas laborales. Como narra un migrante:

…me fue bien, pero por mi temperamento había broncas… yo hacía mi trabajo como creía que estaba bien, pero allá, los latinos son los que cuando haces bien tu trabajo te cargan calor, te exigen más y yo pensaba ¿por qué voy a soportar si vine a trabajar y no a que me humillen?, muchas veces dejé mi trabajo… me sabía competente, era hábil para aprender y conseguía trabajo rápido. Casi siempre fui líder, pero desgraciadamente siempre tienes arriba de ti un latino, el manager y como yo subía rápido tenían celos por sentirse desplazados, me echaban tierra, me hacían la vida imposible… (Juan, 35 años, Morelos, retorno: 2007).

En general, son entrevistados (60 actores) que al retorno no buscaron ejercer los conocimientos laborales que trajeron consigo, ni dedicarse a lo mismo que en el extranjero. Pero reconocen que aplican los rasgos intangibles (actitudes, mentalidad, madurez, idioma inglés, hábitos, trabajo en equipo), que igual reajustaron durante la migración, incluso algunos destinaron remesas a su formación escolar, sea para cursar una carrera al retorno, completar la que ya habían cursado o hacer un posgrado. La mayoría, cuatro de cada cinco, trajeron la idea de dedicarse a otra cosa, concuerdan en que, desde antes de retornar, pensaban en que no querían trabajar en lo mismo, no querían ser obreros, ni empleados. Los demás tampoco quieren emplear lo que saben, pero es porque aprendieron poco, cosas básicas (meseros, lavar platos, limpieza, ayudantes de construcción, labores agrícolas). Todos señalan que buena parte de lo que aprendieron en el extranjero, en México tiene poco estatus, pagan poco y no les agradan las condiciones laborales. Creen que los oficios y conocimientos que traen del extranjero les reportan menos beneficio económico, social, personal. Es decir, no quieren vivir de lo que aprendieron allá, porque al retorno poseen recursos más valiosos y pueden realizar actividades más rentables, de mayor reconocimiento, que les agradan más.

Por ejemplo, unos entrevistados ejercen una carrera profesional (la tenían, cursaron al volver), otros regresaron al empleo que tenían antes o consiguieron uno al retorno, otros equiparon su taller y retomaron el oficio que antes ejercían; casi la mitad pudo invertir en un negocio. Sus ocupaciones incluyen: docencia, empleados en sector público y privado (fábricas), profesionistas independientes, atender negocio propio (ciber, maquinitas, tienda, papelería…), desempeñar oficios que ya dominaban y con mejor equipo (mecánica y pintura de autos, cantante, chófer, costurero, zapatero, soldadura, labores agrícolas comerciales, electricidad, vulcanizadora, carpintería).

Como narra un entrevistado que pasó dos años en el norte y al retorno estudió una maestría. Él no quiere vivir de lo que aprendió allá (cocinero), no le ve futuro en México, prefiere su profesión, invirtió en la maestría y obtuvo un empleo estable como docente. Pero emplea otros rasgos que trajo: idioma inglés, actitud de sobresalir, trabajar en equipo, mayor experiencia y visión. Como él señala:

…aplico el inglés, soy profesor, también me he metido en la política. Me ha servido la capacidad de sobresalir… allá si no eres hábil no puedes, tienes que adquirir habilidad y destreza en lo que haces, la comunicación con las personas, trabajar en equipo… no trabajo la cocina, veo difícil vivir de un restaurant... aposté por la docencia, prepararme más y me ha ido bien… tengo un familiar que se dedica a los bienes raíces, le ayudo a vender terrenos y casas… (Homero, 31 años, Luvianos, Retorno: 2004).

Una entrevistada que tenía licenciatura en informática, pasó cuatro años en el norte, trabajó en limpieza y aprendió inglés. Al retorno no busca trabajar en eso, pero con su profesión, su experiencia y dominio de inglés, encontró empleo de profesora y despliega otros rasgos. Su esposo [retornado] también es profesor. Entre ambos hicieron su casa, compraron terreno, auto, muebles y viven bien. Como ella narra:

…afortunadamente llegué y encontré trabajo en una escuela… me ayuda el inglés, la disciplina, la maduración personal, la responsabilidad de madre… mi esposo [retornado] también da clases de inglés, mi interés en Estados Unidos fue aprender cosas que me sirvieran, por eso aprendí el idioma... me gustaría recibir un sueldo mayor para tener una vida más estable, pero los sueldos no son muy buenos en México… (Graciela, 32 años, Tejupilco, Retorno: 2004).

Hay otros entrevistados que, por decisión y desaliento, retomaron los oficios que antes conocían, como la mecánica, la costura, las labores agrícolas. Ellos mencionan que no quieren y no buscan vivir de lo que desempeñaron en el norte (cocina, lavar platos, construcción, labores del campo, jardinería, ventas de calle, limpieza), sobre todo, porque invirtieron remesas, equiparon sus talleres y sus oficios les reditúan más ingreso, y porque tienen la sensación de autodeterminación, les gusta ser sus propios jefes.

Un entrevistado de 38 años, que pasó cinco en el norte, aprendió construcción, pintar casas, el idioma inglés. Al retorno volvió al oficio de mecánico, compró herramienta, le gusta ser su propio jefe y no quiere trabajar en construcción, porque es pesado y pagan poco, no emplea su inglés, pero utiliza los rasgos personales, la maduración personal, la nueva visión de la vida. Él relata:

…me dedicaba a la mecánica... no tenía casa, vivía con mis papás, acababa de nacer mi hijo, se dificultó todo, gastos, responsabilidades, por eso dije, tengo que ir, buscarle, no querían que me fuera... Un primo en Estados Unidos me prestó… caminamos, había esqueletos, da temor, pero dices, ya estoy aquí y hay que ser fuertes, tienes algo en mente, una meta… allá, te sientes solo, temor de no regresar con tu familia… logré una casa, terrenos para un negocio, construir casas, traje herramienta para mi taller… me dedico a la mecánica, la idea es generar bolsa de trabajo… trabajé la construcción, no uso lo de pintar casas, construir, pero me sirve lo de fijarte metas, las ideas de ser tú mismo, independizarme, mejoras, ves la vida diferente, valoras lo que logras, soy más responsable, enfocado… (Carlos, 38 años, Acambay, Retorno: 2003).

Otros entrevistados, que son más de la mitad, no emplean sus conocimientos laborales del norte, porque pudieron hacer una inversión y les va mejor. No buscan ser cocineros, trabajar en limpieza, ser obreros u empleados, como en el norte. Lograron ahorrar e invertir en aquello que conocían o les gustaba y ahora son su propio jefe. Eso les brinda una ocupación e ingreso, pero también estatus, satisfacción personal y sensación de logro. Algunos invirtieron para cumplir un desafío, en otros fue el egoísmo de decir quiero lograr esto y hacerlo, otros mencionan que la familia decidió la inversión. Son negocios pequeños y medianos (minisúper, negocio de computadoras, compra de camión, combi o taxi de pasaje y camiones de construcción, volteos, retro).1 Como exhiben las evidencias para otros entornos donde los pequeños negocios de los migrantes no duran mucho, ni aportan mucho ingreso o nunca crecen (Gil, 2016; Tapia et al., 2018; Fernández y del Carpio, 2003; Rosendo, et al, 2019). La gran mayoría de entrevistados tampoco tienen una visión capitalista, ni empresarial, buscan obtener ganancias para vivir y no para expandirse, casi siempre es la familia quien atiende la inversión y suelen mezclar el fondo del hogar con el del negocio y en algunos casos terminan consumiendo ambos; pero también hay una parte pequeña de migrantes que sí busca hacer crecer sus inversiones y piensa como empresario, aplica procedimientos que aprendió o refinó en el extranjero (planear, trabajar en equipo, administrar, reinvertir), entre otras.

Un ejemplo de inversión familiar, lo brinda un entrevistado de 43 años, electromecánico. Él pasó cinco años en el norte, aprendió a trabajar el mármol, estuvo en cocina, aprendió inglés y manejar otras herramientas. Al retorno buscó trabajo en el mármol, pero se desanimó por los bajos salarios. Eso lo llevó a invertir en dos negocios pequeños, uno que conocía (combi de pasaje) y otro que aprendió en el norte (ventas). Comenta que también impulsó la educación de sus hijos y su esposa [enfermera]. Como él narra, de eso vive:

…tenía trabajo en una fábrica y era chofer… fui porque tengo un hermano allá... Estuve en Atlanta, un taller de mármol, sabía algo de inglés, usaba herramientas y aprendí otras… me regresé porque mi esposa tuvo depresión, bajó de peso, problemas de riñón… soy propietario de la combi [pasajera] y tengo Herbalife, allá aprendí a vender… el granito y mármol lo quise trabajar, pero está mal pagado… mi inglés, es arriba del 60 por ciento, puedo hablar y escribir… tengo mi casa gracias a Dios, la mejor inversión fue en mis hijos, primero Dios en noviembre termina uno de Ingeniero en Sistemas en el Politécnico, al otro le falta un año… (Víctor, 43 años, San Juan Teotihuacan, Retorno: 2011).

Comentarios finales

Los entrevistados exhiben una emigración de actores jóvenes, en su mayoría urbanos, con más escolaridad que los rurales tradicionales, experiencia laboral diversa (comercio, servicios, profesionistas), rasgos que la asemejan con las migraciones actuales en México y otras partes del mundo. Si bien, hoy como ayer, la fuerza que los empuja a marcharse es la necesidad económica, resolver necesidades básicas en sus hogares (alimentación, vestido), hay quienes se marchan exprofeso para ahorrar y realizar una inversión (tiendas, parcelas, talleres, casas de renta), otros quieren vivir la aventura, probar otra experiencia laboral, estudiar, aprender la cultura, incluso porque buscan curar una enfermedad, casarse o tener un bebé.

En el retorno, la familia es el imán central, aunque influyen otros eventos, como la graduación de un hijo, episodios de estrés, soledad, violencia, desempleo, deportación; pocos quienes retornan por una sola causa (incluida la deportación). Los entrevistados corroboran que buena parte de los migrantes siempre tienen la idea del retorno, sin saber cuándo, ni cómo, pero lo piensan y ligan con ciertos propósitos, aunque muy pocos realizan un retorno planeado, con previsiones y recursos para dedicarse a algo específico en sus localidades.

Algo evidente es que, en el extranjero, casi todos adquieren conocimientos laborales, manejan maquinaria, conocen otras normas y regulaciones, algunos aprenden a dirigir gente en equipos de trabajo, administrar negocios, hablan inglés. Además, desarrollan algunos recursos personales, asociados a sus empleos y la vida en otros entornos: hábitos de trabajo, ideas de negocio, madurez, responsabilidad, mentalidad, actitudes de planeación, visión de la vida. Estos elementos se conjuntan con los logros materiales y son la base para su reinserción cuando vuelven; sin embargo, al retorno, la mayoría no logra ejercer esos conocimientos laborales y oficios que aprendieron, ni vivir de ellos, los emplean en sus hogares (preparar comida, ajustar sus autos, construir sus casas). Es un resultado congruente con la evidencia que presentan otros estudios, y que muestra lo difícil que es para los migrantes volver a su localidad y poder vivir de lo que aprendieron en el extranjero; en general no hay dónde, les pagan poco, no demandan sus servicios, no tienen herramienta, los discriminan (edad, preñez, falta de certificados) (Tapia, et al., 2018; Fernández y del Carpio, 2003; Rosendo, et al., 2019; Contreras, 2018).

Sin embargo, los entrevistados también muestran que hay migrantes que retornan y por su voluntad no buscan aplicar dichos conocimientos laborales y oficios que traen consigo, no quieren hacer lo mismo que en el extranjero. En especial, aquellos que traen recursos más valiosos y pueden dedicarse a actividades más rentables en lo económico o social, y muchas veces desarrollan estas ideas en la propia migración. Es decir, no todos dejan en desuso sus conocimientos porque no encuentren dónde aplicarlos, o les paguen poco, ni porque sus comunidades no presenten oportunidades, quizás eso influye y es una gran limitante, pero no es lo determinante en estos casos. Los entrevistados dejan de lado sus conocimientos laborales, porque los recursos y capacidades que tienen son más rentables (productivos y personales), que lo que aprendieron en el norte. Y parte de esto, es la idea de no querer ser empleados, ni jornaleros, más bien pensar en ser su propio jefe, tener un empleo más firme, ejercer su profesión u otros oficios previos. En todos los casos, lo que mencionan que más ejercen, son los rasgos personales (respeto, idioma inglés, habilidades de planeación, madurez personal, responsabilidad, nueva visión de la vida, otra actitud), y lo hacen junto con sus recursos materiales. Eso les permite dedicarse a lo que planearon, que les gusta, que les aporta estatus, que les permite desarrollarse.

En especial, este rasgo de no querer ser empleado, ser su propio jefe e invertir en pequeños negocios, sea porque no hay más opciones o les gusta, así lo tenían planeado o migraron con ese fin, es predominante en los últimos años entre los migrantes mexicanos que retornan al país (Salas, 2016; Aguilar, 2010; Rosendo, et al., 2019; Tapia, et al., 2018; Jiménez, 2014).

Otro aspecto por resaltar y que es parte del argumento, es que quienes no buscan aplicar sus conocimientos laborales, pero se dedican a lo que les gusta, que invirtieron en un negocio, estudiaron una carrera profesional; tienen la percepción de que viven mejor, no se quejan de que no emplean lo que saben hacer. Es una valoración subjetiva, pero sugiere que algunos migrantes pueden encauzar y utilizar sus recursos productivos y personales para transformar su manera de vivir cuando retornan. Esto es, si más migrantes pudieran lograr algo similar, más podrían sentir que viven mejor en sus localidades, tendrían más elementos tangibles de qué vivir, eso podría arraigarlos en las localidades, no tendrían queja de que no emplean lo que aprendieron, porque podrían hacer cosas más valiosas. En otra perspectiva, más migrantes participarían con sus recursos y capacidades en su propio mejoramiento, presionarían menos al mercado laboral local, incluso demandarían menos dotación de servicios porque ellos mismos se proveerían (agua, luz, calles), aunque no fuera su responsabilidad estricta. Y, como cita un estudio, esa dinámica, ayuda a agilizar la economía local, el intercambio de bienes y servicios, y, sobre todo, que, al movilizar recursos en vez de atesorarlos, se incide en la pobreza local con más fuerza, que las políticas públicas externas.

Esto no es simple, existen factores estructurales que restringen y que son los que reiteran otros estudios (tamaño de la localidad, falta de comunicaciones y carreteras, carencia de servicios, poca demanda de sus conocimientos, costumbres, bajos salarios); también involucra cuestiones personales (les desagradan los sueldos, condiciones laborales, no quieren hacer lo mismo, estatus de los empleos); institucionales (corrupción, palancas, falta de certificados, poco apoyo para emprender); aspectos legales (cortar árboles, modificar autos, extraer minerales); y económicos (falta maquinaria, faltan recursos para emprender, tecnología). Pero se requiere, por un lado, aligerar las restricciones y que los migrantes que desean vivir de lo que aprendieron, puedan hacerlo en mayor número; por otro, es importante no pensar en los migrantes que retornan solamente como actores que vienen a buscar empleo de lo que sea, porque, como hemos visto, hay algunos que traen recursos más valiosos. De cualquier forma, la parte estructural es una gran barrera y es válido tenerla como argumento, pero también considerar que no todo depende de ella.

Referencias

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1La inversión en negocios incluye un máximo de 70 mil dólares, y una media de 11,379 dólares. Pero los gastos de remesas en activos productivos (tierra, camionetas, animales, negocio, herramienta, taller), tienen una media de 15,124 dólares. En ambos casos, dos tercios de entrevistados invierten remesas por debajo de la media y un tercio gastó por encima (28,000 dólares de media).

Recibido: 25 de Noviembre de 2024; Aprobado: 18 de Febrero de 2025; Publicado: 01 de Septiembre de 2025

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