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Nueva revista de filología hispánica

versión On-line ISSN 2448-6558versión impresa ISSN 0185-0121

Nueva rev. filol. hisp. vol.74 no.2 Ciudad de México jul./dic. 2026  Epub 10-Ago-2026

https://doi.org/10.24201/nrfh.v74i2.4046 

Reseñas

Tomasita Quiala, Cuentos mágicos de la vieja Cuba. Ed. de Sara del Castillo Peinado y José Manuel Pedrosa. Universidad Nacional Autónoma de México-Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia-Laboratorio Nacional de Materiales Orales, Morelia, 2022; 123 pp.

Víctor Manuel Bañuelos Aquino1 
http://orcid.org/0000-0002-0630-0536

1Universidad Nacional Autónoma de México banuelosaquino@gmail.com

Quiala, Tomasita. Cuentos mágicos de la vieja Cuba. Castillo Peinado, Sara del; Pedrosa, José Manuel. Universidad Nacional Autónoma de México, Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia-Laboratorio Nacional de Materiales Orales, Morelia: 2022. 123p.


Cada cierto tiempo* aparece una obra que obliga a folcloristas y etnohistoriadores a repensar sus conocimientos, planteamientos y labores, ya sea por la calidad de la tradición o de la narración que es revelada, ya sea por el efecto inspirador de la metodología utilizada en la investigación, y por lo excepcional de los frutos que ofrece. El libro aquí reseñado sorprende y admira por todas estas razones, y forma parte de ese escogido grupo de producciones.

Estos cuentos que ahora se presentan no están transcritos literalmente de la voz grabada de Tomasita Quiala, en la misma órbita en la que estaban las obras clásicas de la folclorista cubana Lydia Cabrera (1899-1991), quien en sus muy recordados volúmenes de Cuentos negros de Cuba (1940) y El monte (1954) practicó más la exuberante recreación literaria personal que el purismo etnográfico. Estos otros Cuentos mágicos de la vieja Cuba, muy posteriores, grabados y minuciosamente transcritos a partir de una grabación sonora registrada en 1998 por Tomasita Quiala (1962-2025), la llamada “Reina del repentismo”, ante la grabadora de José Manuel Pedrosa, son, por encima de todo, un monumento al arte oral insuperable de quien, aunque conocida sobre todo como poeta-música-improvisadora, fue también una narradora superdotada.

Uno de los méritos de este libro es que, en efecto, nos permite casi “escuchar” la voz de Tomasita, puesto que en estas páginas se recoge la literalidad de los cuentos que comunicó, editados con una precisión que cabría considerar de gran calidad filológica e incluso dialectológica. En los “Criterios de transcripción y edición”, los editores del volumen, Sara del Castillo Peinado y José Manuel Pedrosa, dan cuenta del escrupuloso método utilizado, que no sólo se halla en las antípodas del que utilizó la ya mencionada Lydia Cabrera en sus deslumbrantes recreaciones literarias, sino que es también muy diferente de la que asumieron y siguen asumiendo muchos folcloristas que adaptan, normalizan, regularizan, y con ello acaban muchas veces con la naturalidad y la espontaneidad que tienen los discursos obtenidos directamente del habla oral.

Bajo la guía de estos criterios, nos es presentado un corpus de ocho cuentos grabados en la voz de la gran artista cubana, que destacan, para empezar, por la belleza, creatividad, expresividad de sus versiones. Los títulos son “Blanca Flor y Blanca Rosa, “El pájaro de alas de plata”, “María Cenizosa”, “El niño que se transformó en una mata de higos”, “Las tres toronjas”, “Permita Dios, la Rosa Divina”, “Tírame los brazos de mamá y “Blanca Flor, Blanca Rosa y Blanca Nieves”.

Sobre las versiones de Tomasita Quiala y sobre su vinculación con otros cuentos folclóricos de la tradición oral internacional es relevante leer lo que explica el profesor José Manuel Pedrosa en las pp. 15-16 de su estudio introductorio:

El lector medianamente especializado y conocedor de la dispersión mundial de los cuentos y del catálogo de Aarne-Thompson-Uther se apercibirá enseguida de que el relato que Tomasita tituló Blanca Flor y Blanca Rosa es una versión realmente deslumbrante de uno de los cuentos maravillosos de mejor representación en el mundo entero: el ATU 313C [La muchacha ayudante + La novia olvidada]. El mismo lector quedará maravillado cuando, al leer María Cenizosa, que reelabora con maestría los tipos ATU 480 + 510A [Las muchachas amable y antipática + La Cenicienta], descubra acentos inauditos en un cuento, el famosísimo de Cenicienta, que en labios de Tomasita resurge con potencia inusitada y fachada diferente de la habitual. Apreciará que El niño que se transformó en una mata de higos que aquí se da, es una versión muy hermosa y creativa de ATU 780B [El cabello parlante], un cuento de resonancias antiquísimas, que se dejaron oír, para nuestro asombro, en la Eneida de Virgilio1. Se quedará estupefacto ante la versión de Tomasita de Las tres toronjas, que es una de las versiones más deslumbrantes que conozco del cuento ATU 408 [Las tres naranjas], muy desparramado por todo el mundo, y que fue la fuente de inspiración, por ejemplo, de la opera El amor de las tres naranjas, de Serguei Prokofief. Admirará en Permita Dios, la Rosa Divina, una deslumbrante variación de ATU 675 [El muchacho vago]. Encontrará en Tírame los brazos de mamá un feliz pastiche en que se dan cita, inusualmente contaminados, los no muy raros tipos ATU 706 + ATU 326 [La muchacha sin manos + El velador de la casa hechizada]; y degustará, en fin, en Blanca Flor, Blanca Rosa y Blanca Nieves, una versión muy bien resuelta de ATU 879 [La mata de albahaca]. Aprovecho para 624 VÍCTOR M. BAÑUELOS AQUINO NRFH, LXXIV aclarar que Tomasita es la responsable de cada título impuesto a cada cuento. Los títulos que he añadido después, entre corchetes, son los de aplicación convencional, en la bibliografía y en los catálogos internacionales de cuentos. Con toda intención he dejado para el final la referencia al cuento que Tomasita titula El pájaro de alas de plata, que he catalogado con una sopa de letras y cifras realmente extraña: AT 431C* [La mujer del pez] + ATU 432 [El príncipe pájaro]…

Estas palabras nos ponen sobre aviso de que no estamos sólo ante un libro que recoge una manifestación admirable del arte narrativo personal de una inigualable artista de la palabra, sino que estamos también ante un muestrario puntual de cuentos, representativos de una tradición específicamente cubana, que han circulado, en versiones muy variables, por todo el mundo, en lenguas innumerables. Y aquí está cifrado otro gran mérito de este libro: que no se trata de una simple compilación de relatos orales fielmente transcritos, sino que lleva también un minucioso estudio comparativo que inserta cada texto en su contexto, y nos devuelve un reflejo muy enriquecido de esta tradición a un tiempo personal y comunitaria, cubana y mundial.

Más aún: el libro abre con una muy breve pero emocionante declaración de la inmensa narradora, “Mi nombre es Juana Tomasa Quiala Rojas”, que nos da información (en las pp. 42-43) sobre el otro contexto que no podía faltar: el de la tradición familiar, que ella bebió en su pueblo Arroyón de Flores, “un pueblito de la parte oriental del país que pertenece a la provincia de Holguín y al municipio Banes”. Merece la pena reproducir aquí sus palabras:

Mi infancia transcurrió con muchas limitaciones debido a que era invidente y la mayoría de los juegos no los podía realizar. No obstante, no me quejo. Fui una niña feliz.

Descubrí entre mis mayores la idiosincrasia de contarse cuentos. Mis tíos Blasita, Lelo y Meño eran los que más cuentos me contaban en circunstancias en que, a la luz de una chismosa y después de comer, todo el mundo se juntaba para sentarse en un gran círculo donde se escuchaban los cuentos. Creo que oigo cuentos desde que tenía uso de razón.

De mi lectura personal de los ocho cuentos narrados aquí por Tomasita Quiala deduzco que su estilo, a un tiempo llanamente oral pero también cuidadosamente elaborado, por momentos casi barroco, está conectado con el dominio artístico en que brilló con luz propia y que le hizo famosa: con el arte de la décima cantada improvisada. Tomasita inscribió su nombre, con letras de oro, en el olimpo de ese arte tan arraigado en Cuba (y en toda la América hispana, y en Canarias, y en Portugal), y yo tengo claro que su bellísimo, personalísimo arte de narrar cuentos fue muy enriquecido por su larguísima experiencia como poeta-música.

Todos y cada uno de los ocho cuentos de Tomasita serían merecedores de glosa, pero no quiero dejar de subrayar aquí la “cubanidad” de su originalísima versión de “María Cenizosa”, que es una versión muy singular de la internacional “Cenicienta” que casi todo el mundo conoce gracias a la canónica versión de los hermanos Grimm. Deslumbra esta versión con luz caribeña y con estilo tan majestuoso y tan musical de Tomasita, que no se parece a otras versiones.

Asombrosa y muy emotiva es también la narración de “El niño que se transformó en una mata de higos”: otro tipo narrativo que también ha circulado por todo el mundo a partir de la versión “El huesecillo cantor” de los hermanos Grimm, aunque, por supuesto, sus versiones orales vienen de una raíz antiquísima. La versión de Tomasita tiene, en mi opinión, una sensibilidad y una vibración tan notables que la llevan a sobresalir entre otras que conozco.

Este libro de Tomasita Quiala, editado con pulcritud por Sara del Castillo Peinado y José Manuel Pedrosa, se ve enriquecido con dos dosieres de gran valor, uno fotográfico y otro cartográfico, que aportan otras dimensiones a nuestra percepción de las personas y espacios involucrados en estas narrativas.

Los mapas del pueblo de Arroyón de Flores y de Madruga (este último, el lugar de la provincia de Mayabeque en el que vivió por largos años Tomasita), elaborados por Karen Monserrat Pantoja Pineda, y las fotografías tomadas por Maximiano Trapero, durante los recitales en los que participó Tomasita, en el VI Encuentro-Festival Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado en las Palmas de Gran Canaria, España, en el año 1998 (allí fue obtenida la grabación realizada por José Manuel Pedrosa), aportan mucha información decisiva para entender este libro. El diseño técnico de Quetzal Mata Trejo es sumamente elegante. El libro se inscribe en las prestigiosísimas colecciones que edita el Laboratorio Nacional de Materiales Orales (LANMO) de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia, de la UNAM, que opera bajo la dirección de los profesores Berenice Granados y Santiago Cortés, y que está haciendo una labor trascendental de recuperación y dignificación del patrimonio oral y tradicional del mundo hispano.

1Véase Vicente Cristóbal, “El episodio de Polidoro en la Eneida (III, 19-68): variantes mitográficas, paralelos folclóricos y muestras de su pervivencia literaria”, Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos, 16 (1999), pp. 27-44.

2* Esta reseña forma parte de los productos académicos que se están desarrollando en el contexto de mi estancia de investigación como beneficiario del Programa de Becas Posdoctorales, de la Coordinación de Humanidades del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (Universidad Nacional Autónoma de México), en la que trabajo bajo la dirección de la Dra. Marina Garone Gravier.

Recibido: 14 de Octubre de 2025; Aprobado: 28 de Noviembre de 2025

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