Introducción
El kumiay es una lengua de la familia cochimí-yumana que se habla en el norte de México, su territorio tradicional abarca el noroeste del estado de Baja California y el suroeste de la colindante California estadounidense en el condado de San Diego. Algunas variantes del kumiay que se hablan en Estados Unidos también se conocen como diegueño, ’iipay o tiipay.1 Igual que otras lenguas de la misma familia, el kumiay está en riesgo inmediato de des aparición (Moseley 2010). La variante de San José de la Zorra es la que, en la actualidad, cuenta con más hablantes fluidos entre todas las variantes en el territorio mexicano: alrededor de 15 personas (Acosta 2020a; Gil y Vinogradov 2023). El kumiay de San José de la Zorra (KSJZ) es una lengua poco descrita, aunque existen varios trabajos documentales y gramaticales de variedades lingüísticas cercanas incluidas en el continuo Diegueño-Iipay-Tiipay-Kumiay, como en La Huerta o Nejí (Sánchez-Fernández 2022; véase Miller 2018 para una clasificación reciente de la familia yumana). Hasta la fecha, sobre San José de la Zorra únicamente se han publicado una descripción del sistema fonológico (Gil 2016), varios estudios preliminares de índole sociolingüística (Leyva 2014; Acosta 2020b), y algunos textos glosados (Gil y Vinogradov 2023). El presente trabajo busca contribuir al conocimiento de la morfología y morfosintaxis de esta lengua; ya que es el primer acercamiento a una descripción gramatical de la lengua, algunos aspectos no tratados directamente en este documento aún continúan bajo análisis minucioso. El material empírico se deriva de los datos primarios obtenidos en varias sesiones de trabajo de campo realizado por los autores de 2021 a 2023, según se detalla en Metodología.2
Uno de los rasgos más llamativos de la gramática verbal del kumiay es la presencia del sufijo -x sin un significado claro en contextos que, a primera vista, no tienen mucho en común, como se puede observar en (1).3
Hablando en términos generales, se puede afirmar que el sufijo -x denota tiempo futuro en (1a), contradicción con la realidad en (1b) y cantidad aproximada en (1c).4 Para explicar esta multifuncionalidad del sufijo -x, proponemos analizar su significado en términos de modalidad irreal con la metodología descrita. Con el propósito de ofrecer una descripción adecuada y no contradictoria, retomamos la noción de irrealis que a veces ha sido criticada en la literatura de corte tipológico (El irrealis como un elemento de descripción gramatical). De este modo, mostramos que la oposición gramatical entre eventos reales e irreales, aunque no sea universal, puede ser relevante para muchas lenguas y, sobre todo, para las que carecen de marcación obligatoria de categorías gramaticales como tiempo y aspecto, como es el kumiay (Introducción a la gramática verbal del kumiay). En Los usos del sufijo -x en KSJZ resumimos los usos del sufijo de irrealis observados en nuestro corpus para argumentar que, en kumiay, la categoría de irrealis abarca dos dominios semánticos particulares: potencialidad y contrafactualidad.
Metodología
Los datos utilizados y presentados para este trabajo se obtuvieron durante 12 estancias de campo desde noviembre de 2021 hasta febrero de 2023. Se trabajó principalmente con dos mujeres hablantes nativas de kumiay para la recolección de datos lingüísticos que fueron grabados o transcritos in situ. Las dos colaboradoras principales son consideradas como hablantes ideales por el resto de la comunidad, al ser hablantes nativas, maestras de lengua kumiay y practicar la lengua en conversaciones habituales. Se obtuvieron tres tipos de datos relevantes para este trabajo: grabaciones de habla espontánea en conversaciones y narraciones de las dos hablantes, traducciones de oraciones del español al kumiay y juicios de gramaticalidad sobre oraciones construidas por los investigadores. En los casos de textos narrativos y conversacionales, fue necesaria siempre la interacción de ambas colaboradoras.
Para el glosado de textos se recurrió a sesiones de traducción de las grabaciones con las dos colaboradoras principales, así como, ocasionalmente, un tercer colaborador varón hablante de la lengua. Algunos de los datos aquí utilizados pertenecen a los textos completos ya publicados por Gil y Vinogradov (2023), en cuyo caso se hace la referencia correspondiente. La transcripción presentada corresponde a la convención fonológica surgida del análisis de Gil (2016).
El irrealis como un elemento de descripción gramatical
El término irrealis empezó a ganar su lugar en la lingüística americana hace más de un siglo. Uno de los primeros autores en utilizarlo fue Edward Sapir para su descripción del paiute del sur en 1917 (Elliott 2000: 55). Desde entonces, la noción de irrealis se ha empleado esporádicamente en las gramáticas de lenguas individuales, pero no había alcanzado un uso constante a nivel tipológico hasta finales del siglo XX, lo que coincide con un avance significativo en el estudio de lenguas originarias de las Américas (Dagostino, Mithun y Rice 2023).
Los marcadores morfológicos que han sido descritos bajo la etiqueta irrealis en diferentes lenguas del mundo no funcionan de manera aislada dentro del sistema gramatical, sino que se oponen a su contraparte semántica que suele ser denominada realis. Este contraste gramatical entre realis e irrealis en algunos trabajos recibe el nombre “estatus de (ir)realidad” (Elliott 2000). Se han planteado varias definiciones para describir el alcance semántico de esta oposición binaria; según Mithun (1995) y Elliott (2000), el realis caracteriza los eventos que suceden o sucedieron en la realidad, mientras que el irrealis señala que el evento es imaginario o hipotético, o sea, se ubica dentro del dominio del pensamiento. Roberts (1990) propone distinguir entre realis e irrealis a través de la idea de diferentes mundos; el realis indica que el evento pertenece al mundo real, mientras que el irrealis adscribe el evento a un mundo imaginario. Esta perspectiva aclara la complejidad semántica del irrealis en comparación con el dominio que le corresponde al realis, ya que el mundo real es único y objetivo, mientras que la cantidad de posibles mundos imaginarios es infinita.
Es evidente que, en muchas ocasiones, el límite entre lo real y lo imaginario no es preciso y puede estar sujeto a interpretaciones subjetivas. Lo que se considera real en una lengua puede ser atribuido al ámbito irreal en otra, y viceversa. Por lo tanto, resulta imposible proponer definiciones de la categoría del estatus de irrealidad y del alcance semántico de sus dos miembros que sean adecuadas a nivel tipológico. Probablemente, por esta razón ningún otro término de la teoría gramatical había causado tanta polémica en la literatura como el irrealis. Algunos autores no dudan de la utilidad de este término y lo emplean en sus descripciones de lenguas particulares o de conjuntos de lenguas vecinas o emparentadas filogenéticamente (Bugenhagen 1993; Chafe 1995; Plungian 2005; van Gijn y Gipper 2009; Estrada 2014). Otros autores en cambio ponen en prueba la validez tipológica de esta noción (Bybee et al. 1994; Mithun 1995; Bybee 1998; Elliott 2000; Palmer 2001; Cristofaro 2012; de Haan 2012). Su escepticismo se debe a ciertas peculiaridades semánticas y estructurales de la categoría de estatus de realidad que la diferencian de otras categorías gramaticales del ámbito verbal, como el tiempo o la evidencialidad. Desde el punto de vista paradigmático, la oposición entre el realis y el irrealis en muchas lenguas es asimétrica. El irrealis tiende a ser el miembro marcado en esta oposición, ya que dispone de sus propios marcadores morfológicos, mientras que el realis a menudo (aunque no necesariamente) carece de morfología específica. El irrealis, siendo el miembro más complejo semánticamente, en muchas lenguas está interconectado con otras categorías gramaticales y con otros dominios semánticos, tales como la negación y el tiempo, lo que no es del todo cierto para el caso del realis. De esta manera el irrealis queda involucrado en oposiciones gramaticales distintas en cada lengua individual. Este rasgo lleva a que el alcance gramatical del irrealis se expanda fuera del dominio verbal; en muchas lenguas los marcadores de irrealis se añaden también a palabras de otras clases, como sustantivos, adjetivos y numerales, por ejemplo.
Otra peculiaridad de la categoría de estatus de realidad tiene que ver con la semántica. Los significados que el irrealis y el realis expresan en una lengua a menudo tienen pocas interconexiones con los significados que las categorías identificadas con las mismas etiquetas expresan en otra lengua. Es decir, la semántica del irrealis es amplia y particular en lenguas individuales. Por ello, algunos investigadores no se limitan a proponer definiciones del irrealis y el realis, sino que optan por elaborar listas de usos de estas dos categorías, desde los más consistentes hasta los opcionales. No obstante, estas listas de contextos morfosintácticos y discursivos que instigan la presencia del marcador de irrealis o realis también resultan muy heterogéneas; compárese, por ejemplo, la generalización translingüística de Elliott (2000) y la lista de contextos irreales en las lenguas austronesias de Bugenhagen (1993). A pesar de tener algunos contextos en común, como eventos potenciales y construcciones condicionales, muchos contextos que aparecen en una lista están ausentes de la otra, como los eventos habituales. Sin embargo, se ha logrado identificar, por lo menos, dos dominios semánticos donde se puede ubicar el núcleo semántico del irrealis en las lenguas del mundo.
Givón (1995) lo formula en términos de las modalidades epistémica y deóntica, mientras que Von Prince y colegas (2022), en un estudio reciente, argumentan que el significado del irrealis puede ubicarse en el dominio de la contrafactualidad o de la potencialidad. Ambos dominios están dentro del alcance de la modalidad irreal (es decir, denotan mundos imaginarios), con una diferencia que reside en la relación con el mundo real. En el caso del significado contrafactual, el mundo imaginario ya no tiene la posibilidad de llegar a ser parte del mundo real, mientras que el significado potencial presupone que la conversión en el mundo real todavía es posible.
Llama la atención que las lenguas yumanas, en general, y el kumiay, en particular, han sido poco exploradas en los estudios tipológicos sobre el irrealis, con la excepción del trabajo de Mithun (1995); por lo que uno de los objetivos de este artículo es contribuir a su estudio. Los verbos en kumiay no se conjugan según el tiempo, aspecto ni evidencialidad, así que la modalidad, representada por el irrealis que entra en oposición con las formas de realis no marcadas, constituye uno de los pocos dominios semánticos que se manifiestan mediante categorías flexivas (ver Introducción a la gramática verbal del kumiay). Como lo exploramos en Los usos del sufijo -x en KSJZ, esta particularidad del sistema gramatical del kumiay, en nuestra opinión, ofrece un argumento sólido para postular la categoría de estatus de (ir)realidad en esta lengua, con la distinción binaria entre el realis (no marcado) y el irrealis. Además, con este argumento se puede defender su relevancia para estudios de corte tipológico, al menos, en las lenguas que carecen de otros instrumentos gramaticales para expresar significados de los dominios semánticos afines en la morfología verbal.
La categoría de estatus de (ir)realidad no debe ser confundida con el modo (ver Elliott 2000 para más detalle). El modo distingue entre diferentes tipos de actos de habla y está representado en KSJZ por la oposición morfológica entre el indicativo (m-) y el imperativo (k-) en la segunda persona (ver Introducción a la gramática verbal del kumiay). En cambio, el estatus de (ir)realidad no caracteriza las actitudes del hablante hacia el evento, sino la relación entre el evento y el mundo real.
Introducción a la gramática verbal del kumiay
Una de las características de la estructura morfológica del verbo en kumiay es la ausencia de la categoría gramatical de tiempo. En otras palabras, las relaciones de secuencia temporal no se expresan en el verbo por medios flexivos, ya que no existe ningún morfema específico, ni operación morfológica para indicar la ubicación del evento en el eje temporal. Tampoco es obligatoria la especificación temporal por medio de otros recursos formales. La oración en (2) puede ser interpretada tanto en presente, como en pasado, dependiendo del contexto.
Para precisar la relación temporal entre el evento a que hace referencia el verbo y el momento de hablar o algún otro punto de referencia, se emplean expresiones léxicas de tipo adverbial5, como en (3).
La palabra tnaaj ‘ayer’ indica explícitamente el tiempo del evento en (3a). En (3b), la secuencia cronológica de los eventos se establece por medio de la palabra ɲaʧaw que tiene origen verbal; a la raíz ʧaw ‘completar’ se le añade el “prefijo sintáctico” ɲa- que en este contexto puede ser traducido como ‘cuando’.
Algunos significados de índole aspectual se expresan en KSJZ por medios perifrásticos utilizando verbos auxiliares que se caracterizan por distintos grados de pérdida de sus propiedades léxicas o morfosintácticas. A continuación, se ilustran dos de este tipo: la construcción completiva incluye el verbo ʧaw ‘hacer, completar’ que carece de flexión personal (4), mientras que la construcción con el verbo auxiliar akwej ‘volver’ denota un evento iterativo (5).
En (4), el verbo ʧaw indica que el evento llegó a su fin. Se completó y ya no puede continuar por la naturaleza léxica del verbo principal. En (5), el verbo akwej indica que la acción sucede de manera repetitiva. La evidente diferencia morfosintáctica entre estas dos construcciones concierne a la posición del verbo auxiliar; ʧaw se coloca después del verbo léxico, mientras que akwej le precede.
El aspecto progresivo, que se refiere a una situación que está en proceso y perdura por cierto tiempo, se expresa en KSJZ por medio de distintos verbos auxiliares que indican la posición del sujeto (‘estar parado’, ‘estar acostado’, entre otros) o sus propiedades físicas (‘estar en movimiento’, ‘ser audible’, entre otros). Las construcciones progresivas son las únicas que permiten la distinción temporal entre el presente y el pasado en el nivel gramatical, ya que los verbos auxiliares que se utilizan en estas construcciones pueden tomar el prefijo sintáctico ta-. Aunque el estatus morfológico y el significado exacto de este morfema todavía queda por aclarar,6 a modo de observación preliminar parece seguro decir que ta- se encuentra con mayor probabilidad en contextos de tiempo pasado que carecen de relevancia actual, y de esta manera permite contrastarlos con las formas en el presente (6).7
El ejemplo (6b) describe un evento que perduró cierto tiempo, pero se acabó y al momento de hablar ya no es actual, lo que se denota por el morfema ta-. En cambio, la oración (6a) describe una situación que se está desarrollando en el presente, y por lo tanto dicho morfema no aparece.
En cuanto al dominio semántico de la modalidad, destaca el prefijo k- que indica el modo imperativo que ampliamente se utiliza para dar órdenes. Es notable que este morfema forma parte del mismo paradigma que los prefijos personales que hacen referencia al sujeto (7).
El ejemplo (7) ilustra dos formas del verbo transitivo tasip ‘apagar’ con el objeto directo en tercera persona. Se puede observar que el prefijo del imperativo k- en (7a) ocupa la misma posición en la palabra verbal que el prefijo de la segunda persona m- en (7b). Estos prefijos son mutuamente excluyentes, lo que apunta a que el KSJZ expresa el modo (indicativo no marcado vs. imperativo) en el marco del mismo paradigma que la persona gramatical.
Es importante mencionar los sufijos de alternancia de referencia (switch reference, en inglés) que se añaden a las formas sintácticamente dependientes de los verbos e indican si su sujeto coincide con el sujeto de la cláusula principal o no. Aunque las reglas de omisión de dichos sufijos todavía quedan por aclarar (Gil y Vinogradov 2022), debe notarse que existen los sufijos de alternancia de referencia específicos tanto para el realis (-t j para el mismo sujeto y -t j um para distinto sujeto) como para el irrealis (-k para el mismo sujeto y -kum para distinto sujeto)8. Los sufijos de alternancia de referencia que corresponden al irrealis se ilustran en (8).
Los dos verbos en (8a) comparten el mismo sujeto; por lo tanto, el verbo ‘cazar’, que es sintácticamente dependiente en este contexto, aparece marcado por el sufijo -k. La situación en (8b) es diferente, ya que las dos cláusulas tienen distintos sujetos, lo que se marca por medio del sufijo -kum. En cambio, el sufijo -x solamente se emplea en cláusulas independientes, lo que también se observa en estos ejemplos donde dicho sufijo se agrega a los verbos ‘ir’ en (8a) y ‘bailar’ en (8b).
En el resto del artículo no se tomarán en cuenta los sufijos -k y -kum ya que, como lo mencionamos anteriormente, existen tendencias a omitirlos en ciertos contextos, lo que complica la elección de material para el análisis. Por la misma razón excluimos de nuestro análisis las bases verbales que terminan en [x] (por ejemplo, aλox ‘roncar’); ya que, en este caso, el sufijo -x se fusiona con la base y, por lo tanto, las formas en irrealis no se contrastan formalmente con las formas en realis.
Los usos del sufijo -x en KSJZ
Esta sección presenta los contextos semánticos y sintácticos que con mayor frecuencia instigan la presencia del sufijo -x en el verbo de la cláusula principal. Se han podido clasificar todos los contextos en dos grupos que tentativamente pueden ser etiquetados como “potencialidad” y “contrafactualidad”. Sin embargo, quedan algunos usos adicionales y algo esporádicos que no se han podido atribuir a ninguno de estos dos grupos, y es allí donde todavía se requiere un estudio más detallado.
El sufijo de irrealis obtiene lectura potencial en los contextos que de alguna forma hacen referencia al tiempo futuro. Este uso del morfema -x es uno de los más comunes, de manera que incluso su función en el trabajo de Langdon (1966) sobre la variante de Mesa Grande se ha interpretado como el tiempo futuro. Algunos ejemplos en que el irrealis denota un evento futuro en KSJZ se presentan en (9).
Los ejemplos (9a-c) provienen de una conversación sobre lo que se está planificando para un día de fiesta comunal. La entrevista se realizó dos días antes, las participantes estaban contando cómo se prepararán y qué cocinarán para llevar a la fiesta. Este marco temporal de futuro instiga la presencia del sufijo -x en estos ejemplos. En (9d), se trata de un evento futuro, pero con cierta interpretación modal, lo que se refleja en la presencia del sufijo obligativo -wet j . Es la respuesta que una de las participantes da a la petición del investigador de contar en kumiay la historia que ellas anteriormente contaron en español, en que explica a la otra participante qué es lo que se supone que ella debe hacer. La gramática del KSJZ no hace distinción entre el futuro modal y el “puramente” temporal, marcando todos los contextos potenciales como irreales.9 Al mismo grupo de contextos, muy cercanos a los del futuro de obligación, pertenecen las construcciones de deseo que todavía está por realizarse. Estas construcciones emplean el verbo map ‘querer’ y se ejemplifican en (10).
El verbo ‘querer’ en (10) está en tercera persona (sin una marca morfológica), lo que indica que no se trata de la actitud del hablante hacia el evento. El contraste entre los ejemplos (10a) y (10b), y (10c), demuestra que el uso del irrealis en contextos optativos no está vinculado a una referencia temporal específica y no se limita a deseos actuales. Los dos primeros ejemplos describen eventos en el presente, mientras que en (10c) se trata de cómo eran las costumbres funerarias del pasado que ya no se mantienen hasta la actualidad.
Como se observa en (10d), el sufijo -x puede no aparecer en algunos contextos potenciales. Aunque los casos de omisión de dicho morfema son poco frecuentes en construcciones de deseo, la opcionalidad del sufijo -x se manifiesta con más claridad en otros tipos de contextos (ver más adelante). Las inconsistencias en el uso de este morfema naturalmente causan dudas acerca de su estatus y hacen sospechar sobre la presencia de ciertos procesos diacrónicos de reestructuración del sistema verbal que todavía quedan por aclarar mediante estudios futuros. Curiosamente, al mismo grupo de contextos potenciales se le puede atribuir los verbos con significado numeral, como ‘ser uno’ o ‘ser dos’, que toman el mismo sufijo -x. En KSJZ las bases numerales tienen todos los rasgos morfosintácticos propios de los verbos. Miller (2001) utiliza el término “enumerativos” para estos verbos en tiipay de Jamul. El ejemplo (11) ilustra el uso del verbo xwak ‘ser dos’ en KSJZ.
En (11), la base xwak ‘ser dos’ exhibe dos propiedades morfosintácticas típicamente verbales. Se le añaden el prefijo ɲa- que se utiliza para formar cláusulas subordinadas y el sufijo de alternancia de sujeto -kum. Con verbos enumerativos que tienen una semántica léxica muy específica, el significado irreal se interpreta como falta de exactitud. El sufijo -x que se añade a una base verbal que indica un número da lectura de una cantidad aproximada (12).
La lectura aproximativa o atenuativa del irrealis se ha registrado en algunas lenguas del mundo, donde la morfología permite a las marcas del irrealis combinarse con expresiones de cantidad. Por ejemplo, el sufijo de irrealis puede ser añadido a las expresiones numerales para señalar que no se está haciendo referencia a una cantidad exacta en tseltal (Polian 2007: 21) y en algunas otras lenguas de la familia maya (Vinogradov 2016: 174-175).
En el otro grupo de contextos que disparan la marcación irrealis en el verbo principal se reúnen las distintas formas de hablar de eventos contrafactuales, es decir, aquellos que no sucedieron en la realidad y se quedaron solamente en el mundo imaginario. A diferencia de los eventos potenciales que todavía pueden llegar a ser parte de la realidad, los eventos contrafactuales ya no tienen esta posibilidad (ver El irrealis como un elemento de descripción gramatical). Algunos ejemplos se presentan en (13).
Como se puede observar en (13), ninguna de las tres situaciones descritas por las formas verbales que llevan el sufijo -x es real, y todas son imaginarias, ya que nunca sucedieron y las condiciones dadas en el mundo cancelan la posibilidad de que sean realidad.
En (14), se presenta una extensión semántica de este empleo del irrealis en KSJZ. Se trata de una situación que tuvo lugar en la realidad, pero que pertenece al pasado lejano y, por lo tanto, no es actual ni relevante al momento de hablar.
En vez de denotar contrafactualidad, el irrealis denota que el evento descrito en (14) no coincide con la realidad actual. Este un ejemplo derivado de una narración sobre la historia de San José de la Zorra, donde viven las mujeres entrevistadas, en la que el contexto aclara que las casas de tierra ya no existen, y es lo que condiciona el empleo del mar cador de irrealis en este contexto particular. Este caso no debe causar sorpresa, ya que se ha corroborado tipológicamente que el alcance semántico del irrealis en algunas lenguas incluye el tiempo pasado remoto (Plungian 2005: 138; de Haan 2012: 119).
La contrafactualidad naturalmente se aproxima a la negación que también alude a algo que no pertenece al mundo real. Aunque sincrónicamente las construcciones negativas en KSJZ no llevan el sufijo de irrealis, como en (15), es notable que el elemento x aparece al inicio de todas las partículas negativas. Ello permite reconstruirlo como el sufijo de irrealis añadido a la palabra verbal que después se fusionó con la palabra posterior y se reanalizó como parte del morfema negativo; véase Miller (2001) para la discusión más detallada del mismo proceso diacrónico en el tiipay de Jamul.
En el caso de predicaciones nominales, la negación se realiza mediante la partícula negativa maw que carece de x inicial (16).
La observación de que las huellas diacrónicas del irrealis se encuentran en las construcciones verbales negativas, es consistente con la hipótesis de que la contrafactualidad queda dentro del dominio semántico de irrealis en KSJZ.
Finalmente, debemos admitir que existen casos dudosos, en los cuales el uso del sufijo de irrealis parece opcional. Esto sucede en construcciones con algunos verbos auxiliares; por ejemplo, el verbo pwar ‘no poder’ (17).
A primera vista, la diferencia semántica entre (17a) y (17b) no está clara. Se necesita un estudio más detallado para entender qué es lo que aporta el sufijo -x al significado del predicado en contraste con las cláusulas sin este sufijo. La misma falta de una tendencia consistente al emplear o no el sufijo de irrealis concierne a las situaciones habituales y genéricas que no tienen un anclaje fijo en el eje temporal. Las interpretaciones de este tipo suceden, por ejemplo, en las descripciones de actividades culturales y en instrucciones; véase el contraste entre (18a) sin la marca de irrealis y (18b), donde el último verbo toma el sufijo -x.
Una de las posibles explicaciones de esta inconsistencia en la marcación de irrealis puede tener algo que ver con el hecho de que el KSJZ, igual que muchas otras lenguas de la familia yumana, destaca por una excepcional variación idiolectal (Winter 1957; Field 2012). Ello implica que muchas oraciones resulten gramaticalmente aceptables para la mayoría de los hablantes, aunque no necesariamente sean las oraciones que los mismos hablantes utilicen.
Conclusiones
Como se muestra en Introducción a la gramática verbal del kumiay, el significado del sufijo -x en KSJZ puede ser des crito en términos de la modalidad irreal. Las formas verbales con este morfema pueden referirse tanto a los eventos potenciales, es decir, los que no pertenecen al mundo real en el momento de la enunciación, pero que pueden llegar a ser parte del mundo real en un futuro, como a los eventos contrafactuales, que únicamente existen en un mundo imaginario. En un trabajo de índole tipológica, von Prince y colegas (2022) han propuesto que los marcadores de la categoría gramatical de irrealis en las lenguas del mundo típicamente abarcan uno de estos dos dominios semánticos o los dos. Esto nos permite postular la existencia de la categoría gramatical de estatus de (ir)realidad en KSJZ, con la oposición binaria entre el realis y el irrealis, y considerar el sufijo -x como la marca morfológica del irrealis para las cláusulas independientes. Este análisis no solamente es válido a nivel descriptivo de esta lengua individual, sino también es adecuado a nivel translingüístico.
El hecho de que el significado del sufijo -x abarque un dominio semántico bastante extenso es coherente con la estructura semántica de la palabra verbal en kumiay. Como se mostró en Introducción a la gramática verbal del kumiay, esta lengua carece de la flexión obligatoria de tiempo y aspecto, mientras que la distinción modal entre el imperativo y el indicativo se marca dentro del paradigma de persona. Algunos significados temporales, aspectuales y modales pueden ser denotados mediante expresiones perifrásticas o morfemas sin un estatus gramatical claro y con alcance restringido, como el prefijo ta- que se agrega solamente a una decena de verbos. La oposición entre realis e irrealis es uno de los pocos con trastes gramaticales que se aplican de manera obligatoria a todos los verbos como una clase de palabras específica.
Se espera que a partir de estudios futuros se acumule más material textual que permita aclarar la aparente opcionalidad en la marcación de irrealis en algunos contextos y, por consiguiente, establecer los factores que impactan en la neutralización de la oposición gramatical entre el realis y el irrealis. De igual manera, todavía queda por comprobar la correspondencia semántica entre el sufijo -x que únicamente se emplea en las cláusulas independientes, y los sufijos -k y -kum descritos en otras variedades como marcas del irrealis, pero para las cláusulas subordinadas (Miller 2001).
Es necesario un estudio de la semántica y la morfosintaxis de los sufijos de irrealis desde una perspectiva comparativa en el marco de la familia yumana. Los cognados del sufijo -x que se observan en KSJZ se encuentran en varias lenguas por toda la familia, por lo que Munro (1974: 56) reconstruye la oposición entre el realis y el irrealis para el proto-yumano. Sin embargo, a pesar de que algunas gramáticas descriptivas ofrecen un panorama general sobre los usos del morfema irrealis en lenguas particulares [por ejemplo, Munro (1974: 52-55) para mojave, Gordon (1986: 109) para maricopa y Miller (2001: 187-189) para tiipay de Jamul], un estudio más sistemático todavía está por llevarse a cabo.










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