Introducción
A nivel internacional, se suele encontrar que hay un vínculo entre la religiosidad y la confianza política (Vaughn, 2022; Poppe, 2004), esta relación generalmente se piensa a través de un mecanismo de capital social. Para el caso de México, este es un asunto mucho menos explorado, por lo que este artículo investiga si hay relación entre el grado de religiosidad de los mexicanos y su confianza política, revisando particularmente si el mecanismo de capital social propuesto funciona localmente. Para esto se utiliza la Encuesta Nacional de Cultura Cívica (ENCUCI) 2020, se evalúa primero si hay relación entre las variables de confianza y el grado de religiosidad y luego, a través de regresiones, se confirma que tal relación no es espuria. Curiosamente, se encontraron pocas evidencias del mecanismo de capital social. La religiosidad sí parece causar confianza política, aunque no es completamente claro cuál sería el mecanismo causal.
El texto comienza exponiendo por qué importa estudiar la confianza política, luego se revisan brevemente las principales teorías causales que la explicarían; de entre estas, el trabajo se concentra en el posible rol de la religiosidad y luego se revisa a detalle los antecedentes sobre confianza-religión. Dado que se trata de una relación que deja dudas y que para el caso mexicano escasamente se la ha analizado, se propone estudiar el asunto. En la metodología se habla de la aproximación general del trabajo y la base a utilizar. Ya en los resultados se describen las principales variables, así como las relaciones matemáticas que tienen, comenzando con solo las relaciones entre confianza política y religiosidad, luego se verifican tales relaciones a través de regresiones. Finalmente, en las conclusiones se retoman los resultados, se les contrasta con los antecedentes teóricos del trabajo y se proponen algunas líneas futuras de investigación.
Confianza política… y religiosidad
La confianza generalmente es entendida como la creencia en que un actor no hará cosas que nos perjudiquen y que, por el contrario, haga acciones que abonen al bienestar propio (Segovia et al., 2008; Offe, 1999). Se ha llegado a sugerir que la confianza únicamente puede existir entre conocidos, pero generalmente se acepta que también puede haber confianza en instituciones, siendo esta quizá menos intensa (Hardin, 2000).
Cabe señalar que la confianza generalmente se entiende como un fenómeno más difuso que específico (Price y Romantan, 2004). Esto significa que la confianza es más que una efímera evaluación de un funcionario público concreto o de una política particular; es una actitud relativamente estable en el tiempo, lo que la vuelve estratégicamente importante para el funcionamiento del sistema político.
Partiendo de lo anterior, se ha investigado qué tanto la ciudadanía confía en diversas instituciones (iglesia, universidades, ONG, etc.), así como las posibles causas de tal confianza. Como con casi cualquier tema de investigación, los antecedentes son amplios y este pequeño texto no alcanza para detallar todas las teorías relevantes sobre el origen de la confianza institucional. Se presentará entonces una idea general del tema, con miras a enfocarlo en el caso mexicano y al rol que la religiosidad tiene en la confianza. Además, el trabajo se limitará a la confianza en instituciones políticas, misma que para facilidad de redacción llamaremos confianza política. Se trabajará aquí principalmente con las instituciones plenamente políticas como partidos políticos, cámaras de diputados y senadores, así como la presidencia. Es decir, estaremos trabajando con polítical trust, más que con confianza en las instituciones.
Ahora bien, la confianza política es importante por varias razones. Se suele argumentar que un gobierno autoritario puede recurrir a la coerción para mantener la estabilidad, mientras que las democracias dependen de la confianza ciudadana para funcionar. De este modo, la confianza funciona como fuente de poder político (Bianco, 1994). Además, la confianza hace más propensa a la ciudadanía a obedecer la ley y a cooperar (Zmerli et al., 2007). Esto permite que los gobiernos destinen más recursos a la atención de los problemas sociales y así se promueve una sociedad más funcional y un sistema político más estable (Putnam et al., 1993).
La confianza suele verse como el fundamento del gobierno democrático, por lo que una baja confianza política pone en riesgo a la autoridad democrática (Vaughn, 2022). Recordemos que la democracia representativa implica encomendarse a instituciones que habrán de tomar decisiones que nos afectarán. Además, para el caso mexicano la confianza política se ha relacionado con la participación electoral (Salazar y Temkin, 2007), lo que también se presenta en otros países latinoamericanos (Rivera, 2019). Todo esto es aún más importante si consideramos que la confianza se encuentra en declive en México y en casi todos los países, con la posible excepción de las democracias bien consolidadas, lo que en América solo incluiría a Canadá y Estados Unidos (Catterberg y Moreno, 2006). El declive en la confianza ha sido objeto de discusión y se le ve con preocupación (Hetherington, 1998; Citrin y Stoker, 2018).
Pocas veces se ha sugerido que una confianza alta sea inconveniente. Cuando se propone tal cosa, se piensa que una baja confianza puede servir como incentivo para que las instituciones mejoren su trabajo o podría ser evidencia de una ciudadanía más sofisticada y exigente (Moreno, 2010; Catterberg y Moreno, 2006). También se ha sugerido que es peligroso que la población confíe ciegamente en sus instituciones, pues la falta completa de vigilancia ciudadana podría permitir violaciones de parte del Estado (Ackerman 2010). Pero incluso en esta opinión minoritaria, la confianza política sigue siendo un fenómeno importante, solo que por otros efectos que también podría tener.
Entendiendo la importancia de la confianza política, pasemos ahora a discutir qué la determina. Considerando la necesidad de sintetizar y ser breve, se podría pensar en tres grandes explicaciones. La primera es cercana a enfoques racionales y supone que la confianza política es resultado del desempeño de los gobiernos. La segunda propone que valores sociales nuevos de la sociedad post-material causan la desconfianza, y la tercera habla de cómo el capital social de las personas causaría la confianza política.
Estas explicaciones suelen estar presentes en casi todo estudio sobre confianza política, aunque con matices particulares en cada trabajo. Por ejemplo, Del Tronco (2012) propone una explicación “racional-culturalista” en la que la confianza se explica por el pobre desempeño de las instituciones (la parte racional), así como por elementos culturales asociados al cambio en los valores sociales dominantes y al capital social. Vaughn (2022) habla de explicaciones top-down centradas en el desempeño del gobierno y de las bottom-up enfocadas en una sociedad civil robusta y mucho capital social. González de la Vega et al. (2010), dividen las explicaciones de la confianza política en dos; a corto y a largo plazo, dentro de las primeras estarían problemas económicos o la mala imagen de los líderes políticos (explicación más racional). Las explicaciones de más largo plazo incluyen el tema de los valores culturales materialistas/postmaterialistas, la idea “socio-psicológica” y el “modelo sociocultural” que convergen en “capital social”.
Conviene señalar que el presente trabajo no dialogará mucho con la explicación racional. Esto porque el mecanismo de tal explicación no parece relacionarse mucho con lo que aquí interesa: Como se verá más adelante, la relación entre religiosidad y confianza se explica generalmente por la teoría del capital social, por ende, es cercana a las explicaciones culturales. Contrario a ello, los mecanismos de la explicación por “desempeño” no parecen relacionarse con el tema de la religiosidad.
Aunado a esto, la encuesta aquí analizada no contiene reactivos adecuados para discutir con la explicación racional: La ENCUCI no incluye variables adecuadas sobre el desempeño gubernamental. Enríquez (2010), por ejemplo, utiliza la variable desempeño económico para intentar explicar la confianza en el Congreso de la Unión, Del Tronco (2012) usa el reactivo de si la economía está mejor o peor que el año pasado, se ha usado también la satisfacción financiera para estos fines (Catterberg y Moreno, 2006). La variable más cercana con la que cuenta la ENCUCI es un indicador de nivel socioeconómico, mismo que se agrega en los controles, pero no es adecuado como evaluación del desempeño gubernamental.
Como un punto adicional, hay dudas sobre la explicación racional, pues sí hay vínculos entre confianza y percepción de desempeño (López Robles, 2023), pero no parece haber relación entre la confianza política de los mexicanos y el desempeño objetivo de su gobierno (Gutiérrez Sánchez, 2018).
El presente trabajo tiene una mejor relación con la teoría del cambio en los valores materiales/posmateriales. Esta idea parte de una división entre la sociedad materialista y post-materialista (Inglehart, 1977, 1990, 1997), se piensa aquí que las sociedades posteriores a la segunda guerra mundial han logrado satisfacer las necesidades materiales más inmediatas de sus ciudadanos, lo que ha dado lugar a nuevas generaciones cuyas preocupaciones más inmediatas están cubiertas. Estos ciudadanos de cultura pos-materialista estarían más interesados en valores como expresiones identitarias o libertades individuales y serían más exigentes con el estado, lo que explicaría la baja en la confianza política.
Este segundo mecanismo explicativo tampoco se relaciona mucho con una posible relación entre religiosidad y confianza. Aún así, la ENCUCI contiene reactivos suficientemente cercanos a esta teoría como para incluirlos en regresiones a manera de variables de control, lo que se mostrará en la sección de resultados.
Para los intereses de este estudio, la explicación más importante es la del capital social, pues parece posible que la religiosidad importe porque vincula -al igual que otras identidades o intereses comunes- a la persona con un grupo social y tales vínculos podrían ser causa de confianza. Putnam (2000) define al capital social como un conjunto de redes sociales, normas y confianza que hacen posible que las personas participen de manera colectiva para conseguir objetivos comunes. La idea aquí es que cuando las personas interactúan en grupos con objetivos compartidos, generan lazos entre ellos y esto los haría más propensos a confiar unos en los otros. Tales interacciones habrían de aumentar la confianza hacia diversas instituciones (Inglehart, 1990; Putnam et al., 1993; Fukuyama, 1995; Putnam, 2000), lo que incluiría a las de carácter político.
Esta es la razón por la que recurrentemente se incluyen variables como la confianza en otros o la participación en asociaciones/grupos en los estudios sobre confianza política. Esto es especialmente común en las investigaciones que específicamente analizan la religiosidad y la confianza, aunque conviene señalar que muchos de estos estudios indagan el efecto de la religión en la confianza en general (no solo política), encontrando generalmente relaciones positivas entre ambos fenómenos (Brañas-Garza, et al., 2009; Welch et al., 2004; Dingemans y Ingen, 2015; Mencken et al., 2009).
No se encontró ningún trabajo que específicamente analice la relación entre religiosidad y confianza política para el caso mexicano, pero a nivel internacional sí es un tema estudiado. Por ejemplo, Vaughn (2022) parte de las ideas de Tocqueville para señalar cómo una fuerte sociedad civil puede ser favorable políticamente (nótese el acento en temas de organizaciones y capital social) y la religiosidad podría jugar un rol en ello. El trabajo señala la relevancia de la confianza y los bajos niveles que ahora parece tener, luego pasa a las explicaciones generales que ya se mostraron previamente y al llegar a religiosidad se presenta principalmente la idea de un mecanismo causal a través de vínculos comunitarios y capital social. El estudio analiza datos de 8 países (México no se incluyó) y encuentra que pertenecer a una organización religiosa y ser activo en ella se relaciona positivamente con la confianza. Además, ciertas adscripciones religiosas mostraron más confianza política que otras.
El estudio de Vaughn (2022) sigue las tendencias más regulares; vincula positivamente la religiosidad con la confianza y supone un mecanismo de organización o capital social. Pese a lo anterior, el trabajo sí señala la posibilidad de que la religión tenga un vínculo negativo con la confianza. La idea ahí es que quizá la religiosidad sí vincula a las personas con otros miembros de su iglesia, pero al hacerlo de manera intensa, podría generar una lógica de nosotros contra ellos y fomentar así desconfianza hacia miembros de la sociedad externos a la iglesia de la persona.
Otro estudio enfocado a religiosidad y confianza política es el de Poppe (2004), mismo que también arranca señalando la baja confianza política y revisa el papel de la religión en ello. Trabajando con datos estadounidenses de varios años, encuentra nuevamente que ciertos elementos de la religiosidad, como rezar, se relacionan positivamente con la confianza en algunos de los años analizados, sin embargo, otras conductas -como ir a la iglesia y ver a la religión como algo importante- llegaron a mostrar relaciones negativas con la confianza en otros años estudiados. Este estudio también considera el mecanismo causal del capital social, aunque destaca por poner particular atención a la posibilidad de efectos negativos de la religiosidad en la confianza.
Finalmente, otro trabajo encontrado (Niu et al., 2016) vincula religiosidad con confianza específicamente política y analiza datos de China, encontrando una relación negativa entre religiosidad y confianza política (especialmente entre clases de menor educación). Esto, obviamente, debe leerse a la luz de la particular relación que históricamente ha tenido el partido comunista chino con la religión.
No hay muchos otros trabajos que analicen confianza política y religiosidad, situación que es aún más escasa si nos concentramos únicamente en México. Para el caso nacional, generalmente la religiosidad solo se incluye como una variable más a considerar como parte de la teoría de confianza vía capital social, o como mero control sociodemográfico.
Por ejemplo, Moreno (2010) al hacer un ejemplo de regresión sobre confianza política incluye a la religiosidad (siguiendo la lógica de capital social la mide con el dato de si el informante asiste a servicios religiosos), la variable resulta significativa para algunas instituciones políticas como gobierno federal, partidos, cámara de diputados y otras, aunque no se explora más sobre el tema. En el mismo libro, Enríquez (2010) no encuentra relación entre religiosidad y confianza en el congreso para 2005, 2007 ni 2008; nuevamente se piensa la religión desde el capital social al usarse la pregunta de si la persona pertenece a una iglesia, parroquia o grupo religioso. Algo similar sucedió en otro capítulo del mismo libro dedicado a la confianza en el INE y los partidos políticos (Mendizábal y Moreno, 2010); ahí la relación con religión sí aparece al usar la encuesta mundial de valores mundial de valores para México 2005-2007, así como para Argentina, pero no en los casos de España, Estados Unidos o Suecia. En otro trabajo, Catterberg y Moreno (2006) encuentran un resultado similar al detectar relación entre religiosidad y confianza en 6 democracias consolidadas, pero no en 6 repúblicas exsoviéticas, ni en 8 nuevas democracias de Europa del Este ni en 4 naciones latinoamericanas.
Como se puede ver, la relación entre religiosidad y confianza política dista de ser clara; típicamente es positiva, pero a veces no se presenta e incluso puede llegar a ser negativa. A esta incertidumbre hay que agregar que para el caso de México escasamente se ha investigado el asunto. Todo esto apunta a la necesidad de analizar con más detalle la relación entre la religión y la confianza política, especialmente en México.
La importancia general de la religiosidad para el caso mexicano se puede comenzar a dimensionar con datos censales que muestran cómo más de 9 de cada 10 mexicanos reconocen tener alguna religiosidad (INEGI, 2023). Además, hay antecedentes variados sobre la importancia que tiene lo espiritual-religioso en la vida política, por ejemplo, hay estudios sobre el impacto de la religiosidad en la participación electoral mexicana (Vilchis, 2020) o sobre cómo grupos religiosos concretos se posiciona frente a la política (Inclán, 2020). Hay también trabajos muy recientes que son resultado de encuestas específicamente religiosas de gran valor para el tema (Hawley, 2025).
La religiosidad muestra también su importancia en México si ampliamos la mirada más allá de lo político y revisamos, por ejemplo, trabajos sobre cómo las comunidades la practican (religiosidad popular) (Salles y Valenzuela, 1997; Suárez, 2015). Se ha propuesto también un enfoque bisagra que parte de cómo el sujeto experimenta la religiosidad en un nivel mucho más individual (religiosidad vivida), pero agregando la relación del actor con la normas sociales (Juárez Huet et al., 2023). Esta perspectiva de la religiosidad más allá de la institución será importante después, dado que el vínculo entre religión y confianza se suele imaginar a través de capital social y debido a ello, se suele pensar casi automáticamente en la iglesia católica. Trabajos como los de De la Torre (2012; 2021) dan cuenta de cómo mucha de la religiosidad mexicana parece suceder con relativa autonomía de las instituciones religiosas más formales.
Así, la religiosidad es importante en México, pero no se tiene suficiente información sobre si se vincula, o cómo lo hace, con la confianza política, por lo que vale la pena revisar con mayor detalle el tema. Además, el vínculo religiosidad-confianza se suele pensar a través de capital social, por lo que se le canaliza a través de la pertenencia a grupos e instituciones, pero la presencia de religiosidad mexicana que desborda a las instituciones nos conmina a mantenernos alerta ante un posible efecto religioso que no pase por pertenencia a organizaciones. Frente todo esto, ¿hay relación entre la religiosidad y la confianza política en México? Y asumiendo que la haya, ¿la religiosidad solo tiene efectos a través del capital social vinculado a pertenencia a organizaciones?
Metodología
Se desea saber si la religiosidad causa confianza política. En ciencias sociales, generalmente al intentar probar una causalidad se recurre a encuestas y se buscan relaciones entre variables, tratando de verificar tales relaciones con todos los controles posibles. La lógica refutacionista detrás de esto, es que de haber una causalidad, deberíamos ver una relación matemática entre la posible causa y el posible efecto. Además, dicha relación no sería espuria, por lo que debería mantenerse aún en presencia de otras variables de control.
Para lograr los objetivos de este trabajo, se necesita una encuesta que tenga tanto reactivos de religión como de política, además, se necesita un tamaño de muestra suficiente y una buena cantidad de reactivos de control para hacer regresiones. En función de esto, se optó por la ENCUCI. Dicha encuesta tiene preguntas muy básicas sobre religión, pero tiene muchas otras variables de índole político-social que serán necesarias como control. Además, los datos son relativamente recientes y, sobre todo, cuenta con un tamaño de muestra muy grande, así como una buena variedad de reactivos políticos, lo que permitió una buena cantidad de controles de variables y revisiones en subpoblaciones. La ENCUCI cuenta con cerca de 21,500 casos, mientras que el Latinobarómetro, por ejemplo, solo tiene 1,200.
La selección de la encuesta responde principalmente al interés de verificar lo más exhaustivamente el vinculo religión-confianza a través de todos los controles que fueran posibles, pero no es la única aproximación posible. Por ejemplo, se podría intentar también conocer qué de la religiosidad se vincula más con la confianza, esto entendiendo que la experiencia religiosa se compone de diferentes elementos como creencias, prácticas, identidad, etcétera (Koenig et al., 2015). En ese caso, se necesitaría de una encuesta con muchos reactivos sobre religión (que la ENCUCI no posee), pero que también tenga datos sobre confianza.
La ENCUCI cuenta tanto con un buen tamaño de muestra como con una batería robusta de variables para usarse de control, lo que la hace ideal para este estudio. Tiene como población objetivo a los habitantes de 15 años y más en el territorio nacional, cuenta con representatividad federal, así como en 6 regiones del país. Su muestra fue probabilística, trietápica y estratificada. El trabajo de campo sucedió entre agosto y septiembre del 2020. La muestra contiene un total de 10,159 varones y 11,360 mujeres, la edad promedio fue de 42.63 años.
Sobre confianza política, la encuesta contiene la forma “clásica” (Moreno, 2010) de los reactivos al respecto, con la pregunta “Por favor dígame, ¿cuánta confianza tiene en las siguientes instituciones?”. Dicha pregunta iba seguida por una serie de instituciones o actores, dejando las opciones de “mucha confianza”, “algo de confianza” “poca confianza” y “nada de confianza”.
Para la religiosidad se utiliza la pregunta “¿Me podría decir cuál es su religión?”, con las respuestas “católica”, “otra” “no tiene religión” y “no sabe/No contesta”. Cuando la persona respondía con alguna de las dos primeras opciones, se le preguntaba después “¿cómo considera su grado de religiosidad?”, lo que tenía las posibles respuestas de “muy religioso”, “algo religioso”, “poco religioso” y “nada religioso”. Esta medición de religiosidad es sencilla, pues como se dijo antes, la religiosidad es un fenómeno polifacético, se complementará también con variable de si la persona “alguna vez en su vida” ha participado en una “organización religiosa”, misma que servirá de control.
Para llevar a cabo controles, se utilizarán también muchas otras variables tanto socioeconómicas como políticas. Adicional, pero brevemente, se usarán también datos del Latinobarómetro y de la encuesta mundial de valores, pero esto solo para puntuales comparaciones con lo aquí encontrado.
Resultados; religiosidad y confianza política
Esta sección comienza con los descriptivos de las principales variables a estudiar; tanto de religión como de confianza. Después se habla de cómo tales variables se relacionan y finalmente se revisa si tal relación no es espuria a través de regresiones con varios controles.
Sobre la confianza política, se midió principalmente con la confianza en actores “plenamente políticos”, que incluyen partidos políticos, presidencia de la república, diputados y senadores federales, diputados locales, Instituto Nacional Electoral, gobierno estatal y gobierno municipal. Se revisó también la confianza en “otros actores del estado” donde se incluyeron jueces, policía, ejército/marina, guardia nacional y servidores públicos. Ocasionalmente también se revisó la confianza en actores no-políticos, como empresarios, sacerdotes, sindicatos, grupos vecinales, universidades, Organizaciones no-gubernamentales y medios de comunicación. Coincidiendo con los antecedentes, la confianza en instituciones políticas es baja, como se muestra en la gráfica uno:

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENCUCI 2020.
Gráfica 1 Confianza en instituciones plenamente políticas y otros actores del estado
La confianza política es generalmente baja, aunque hay diferencias importantes; los diputados y partidos reciben muy poca confianza, mientras que el INE y el presidente (Andrés Manuel López Obrador en dicho año) parecen mejor evaluados. Entre las demás instituciones del estado, destaca la alta confianza en fuerzas armadas.
Sobre la religiosidad se usaron dos preguntas que se combinaron. En la primera variable se encontraron 15,893 (74.3%) católicos, 3,082 (14.4%) de “otra” religión y 2,427 (11.3%) que dicen no tener religión (la encuesta no dividió entre ateos, agnósticos o no-adscritos). Para los primeros dos grupos, se preguntó cómo consideraban su religión entre “muy religioso” y “nada religioso”. Al combinar las dos variables, tenemos que 2,427 (11.4%) informantes dicen no tener religión, 501 (2.3%) se dicen “nada religiosos” (aunque sí dijeron tener una religión en la primera pregunta) 5,573 (26.1%) son “poco religiosos”, 9,392 (44%) serían “algo religiosos” y 3,461 (16.2%) “muy religiosos”.
Pasando ahora a las relaciones entre variables, se revisó primero la relación entre la confianza en cada una de las 19 instituciones o figuras mencionadas en el segundo párrafo de los resultados (plenamente políticas, otros actores del estado y no-políticos) y la variable de religiosidad descrita en el párrafo anterior. En las 19 pruebas de chi² se obtuvo un P menor a .001. Gracias al tamaño de muestra no hubo celdas con frecuencias esperadas menores a cinco, lo que valida los resultados; la frecuencia esperada menor fue de 14.05. En todos los casos, los más religiosos mostraban mayor confianza.
Si bien todas las relaciones fueron significativas y positivas, no todas tuvieron la misma intensidad. La tabla uno muestra cómo la religiosidad parece impactar más en la confianza de los actores políticos. Para hacer la tabla, todas las variables antes descritas se volvieron dicotómicas: Se dividieron a los poco religiosos (quienes dijeron no tener religión o ser “poco” o “nada” religiosos) y a los muy religiosos (quienes dijeron ser “muy” o “algo” religiosos); el punto de corte respondió a intentar dejar dos grupos de tamaño similar. Por otro lado, se dividieron también los grados de confianza en poca confianza (respuestas “poca y “nada”) y mucha confianza (respuestas “mucha” y “algo”). Las celdas de la siguiente tabla muestran el porcentaje de personas que tienen mucha confianza, dividiendo los casos según sean poco o muy religiosos:
Tabla 1 Porcentajes de personas con alta confianza en instituciones políticas según su grado de religiosidad Porcentaje de alta confianza en figuras plenamente políticas
| % de personas con alta confianza en: | poco religiosos | muy religiosos | diferencia |
|---|---|---|---|
| Partidos políticos | 18.3% | 26.4% | +8.1 |
| Presidente de la República | 51.4% | 59.4% | +8 |
| Diputados y senadores federales | 19.1% | 28.3% | +9.2 |
| Diputados locales | 19.3% | 27.7% | +8.4 |
| Instituto Nacional Electoral | 55.5% | 63.9% | +8.4 |
| Gobierno estatal | 35.8% | 46.8% | +11 |
| Gobierno municipal | 33.7% | 43.2% | +9.5 |
Fuente: Elaboración propia con datos de la ENCUCI 2020
El grupo de los más religiosos siempre tuvo mayor porcentaje de personas con mucha confianza, de ahí que las diferencias en la columna de la derecha siempre sean positivas. En el caso de los actores plenamente políticos, estas diferencias fueron de entre 8 y 11 puntos, pero al analizar otros actores se encontraron valores menores. Revisando a los otros actores del estado, encontramos una diferencia de +7 para servidores públicos, +7.2 para jueces, +8.3 para policías, +7.1 para ejército y marina y +8.1 para guardia nacional. Las diferencias vistas en este segundo grupo de entidades aún son altas, pero no como en los actores plenamente políticos de la tabla uno.
Cuando se revisó a los actores no políticos, las diferencias fueron aún menores. Para universidades fue de +4.4, empresarios +5.3, ONGs +6.4, grupos vecinales +8.2, sindicatos +8.4, medios de comunicación +11.6 y sacerdotes +29.6. Predeciblemente la religiosidad se vincula fuertemente con la confianza en sacerdotes, pero curiosamente se relaciona más con figuras plenamente políticas cuyo promedio de diferencias fue de 8.9 que con “otros actores del estado” cuyo promedio de diferencias fue de 7.54, dejando hasta el final a los actores no-políticos con un promedio de 7.3 (excluyendo sacerdotes).
Podemos entonces afirmar que hay una relación entre religiosidad y confianza y que es más intensa con las figuras plenamente políticas. Sin embargo, la relación podría ser espuria. Siguiendo los antecedentes del tema, es posible que la religiosidad solo importe porque une al sujeto a un grupo y dicha unión (con independencia del tema o interés común del grupo) es lo que realmente causa la confianza política. Si este fuera el caso, al hacer una regresión que incluya tanto al nivel de religiosidad como a la pertenencia a una organización religiosa, deberíamos ver que la primera deja de ser relevante, pues sería la pertenencia y no el grado de religiosidad lo que finalmente importa. Sin embargo, se encontró lo opuesto:
Tabla 2 Regresiones logísticas entre confianza en instituciones políticas, religiosidad y variables de capital social
| Regresiones sobre determinantes de la confianza política | |||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Variable independiente | Institución política | ||||||
| Partidos políticos | Presidente de la república | Diputados y senadores federales | Diputados locales | Instituto Nacional Electoral | Gobierno estatal | Gobierno municipal | |
| Religiosidad | .000* .414 | .000* .281 | .000* .514 | .000* .476 | .000* .352 | .000* .478 | .000* .392 |
| Pertenecer a organización religiosa | .894 | .606 | .588 | .599 | .045 | .955 | .660 |
| Pertenecer a alguna organización | .929 | .002* .108 | .835 | .504 | .001* .121 | .000* .155 | .000* .131 |
| Confianza en personas | .000* .675 | .000* .647 | .000* .672 | .000* .695 | .000* .564 | .000* .682 | .000* .779 |
Fuente: Elaboración propia con datos de la ENCUCI 2020. Se presentan solo las 3 primeras cifras de los valores P y coeficientes.
Todas las variables de todas las regresiones de la tabla dos fueron dicotómicas; las variables dependientes fueron la confianza en cada institución política señalada. Las variables independientes incluyeron a la religiosidad como se presentó en la tabla uno; si la persona pertenece o no a alguna organización religiosa; si pertenece o no a cualquier tipo de organización no-religiosa (sindicatos, grupo estudiantil, asociación profesional, partido político, organización deportiva, organización cultural, asociación de padres, asociación de voluntariado, de derechos humanos, ambientalista, de vecinos, o de exigencia de mejores servicios a gobierno) y un índice de confianza en las personas. Este índice se elaboró sumando las variables de confianza en “las personas”, en “las personas que conoce personalmente” y “las personas que viven en su colonia o localidad”, luego se dividió la variable con un punto de corte que dejó dos grupos de tamaño similar. Las últimas dos variables se incluyen como controles comunes a la idea de capital social.
Cabe señalar que 4,206 (19.6%) casos sí han pertenecido a una organización religiosa y 17,249 (80.4%) no. Por otro lado, 6,191 (38.1%) informantes dijeron haber pertenecido a alguna de las organizaciones no-religiosas antes enlistadas. Los modelos de la tabla dos son logísticos dicotómicos, se realizaron también modelos polinómicos y ordenados, encontrándose resultados similares; se muestra el modelo logístico dicotómico por ser el más sencillo de presentar.
Las celdas de la tabla dos contienen primero el valor P de la variable independiente, cuando la variable era significativa con P menor a .01, se le marca con un asterisco y en esos casos se incluye en la misma celda el coeficiente lineal de la regresión (no es la razón de momios). Dado que todas las variables son dicotómicas, ese coeficiente puede interpretarse como el peso de la variable en cuestión. Como se puede ver, el grado de religiosidad siempre fue estadísticamente significativo, pero pertenecer a una organización religiosa nunca lo fue. Pertenecer al algún otro tipo de organización fue significativo en 4 de 7 casos y la confianza en las personas siempre fue significativa con coeficientes incluso mayores que los de la religiosidad. Sobre esta última variable, conviene tener cierto atisbo, pues se trata ya de una medición de confianza, lo que conlleva riesgo de endogeneidad.
Este hallazgo es relevante dado que la religiosidad generalmente se piensa como parte del capital social generado por la pertenencia a grupos. Como era de esperarse, los de religiosidad más intensa pertenecen más frecuentemente a grupos religiosos, la prueba de chi² arrojó un P de <.001 en este análisis. Además, la pertenencia a grupos religiosos se relaciona positivamente con la confianza en todos los actores políticos y con los “otros actores del estado” (salvo INE con P de .105 y diputados/senadores federales con P de .062). Pero las regresiones de la tabla dos muestran que es el grado de religiosidad y no la pertenencia a un grupo religioso lo que realmente se vincula con la confianza política, incluso si la hipótesis del capital social sugeriría lo contrario. Para dar aún más claridad a este hallazgo, las regresiones de la tabla dos incluyen también pertenecer a alguna otra organización y la confianza en las personas: Incluso en presencia de esos controles típicos del capital social, la religiosidad sigue manteniéndose significativa.
Profundizando en este mismo asunto, se hicieron revisiones rápidas con otras bases y se encontró que, por ejemplo, la relación entre religiosidad y confianza política no es significativa en el Latinobarómetro 2023. Sin embargo, dicha encuesta pregunta por ser desde “muy practicante” a “nada practicante”, lo que podría ser indicador de una religiosidad más protocolaria e institucional. Cabe señalar que se hicieron ejercicios con ponderadores y se puede afirmar que la diferencia en los resultados de las encuestas no se debe a los distintos tamaños de muestra. La relación religión-confianza tampoco es muy notoria en la encuesta mundial de valores, cuyos reactivos sobre religión también son bastante institucionales. El hecho de que las variables de religiosidad más institucionales muestren menos relación con la confianza política nos hace cuestionar si la religiosidad afecta a la confianza a través de capital social, pero eso se profundizará en las conclusiones.
De vuelta a los análisis estadísticos, se hicieron regresiones similares a las de la tabla dos con otros actores del estado encontrándose los mismos resultados; la religiosidad siempre fue significativa, pertenecer a una organización religiosa nunca lo fue; la pertenencia a otro tipo de organización a veces fue significativa y la confianza en otros siempre fue significativa. Las regresiones con actores no-políticos arrojaron los mismos resultados salvo que la pertenencia a organización religiosa fue significativa para la confianza en sacerdotes (junto con el grado de religiosidad).
Se ha mostrado ya que el grado de religiosidad sí se relaciona con la confianza política y que dicha relación no parece reducirse al efecto de la pertenencia a organizaciones. Sin embargo, otras variables podrían ser las verdaderas causas de la confianza y controlar a la religiosidad. Por ejemplo, el nacionalismo mexicano está muy vinculado con la religiosidad (De la Torre, 2014) y de hecho, los encuestados más orgullosos de ser mexicanos son los que tienen más confianza política y también son más religiosos (pruebas de chi² con valor P de <.001 en todos los casos), lo último se volverá a mencionar en las conclusiones.
Se pueden pensar argumentos similares para variables sociodemográficas como edad, sexo, nivel socioeconómico o escolaridad. El mismo argumento puede hacerse para variables políticas como simpatizar con algún partido político, cuán interesado se está en la política, si la persona cree tener conocimientos y habilidades para participar en política y el grado de satisfacción con la democracia. Esto nos lleva a la elaboración de regresiones extensas donde se incluyeron muchas variables de control y que solo fueron posibles gracias al tamaño de muestra de la ENCUCI y su amplia batería de preguntas. Se incluirá también un índice de valores materialistas que refleja si la persona cree que entre los principales problemas del país está tanto la pobreza como el desempleo. Tales ejercicios mostraron que -salvo en el caso del presidente- la religiosidad tiene relación con la confianza política independientemente de todos los demás factores considerados.
Tabla 3 Regresiones logísticas entre confianza en instituciones políticas, religiosidad y variables recontrol
| Regresiones sobre determinantes de la confianza política | |||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Variable independiente | Institución política | ||||||
| Partidos políticos | Presidente de la República | Diputados y senadores federales | Diputados locales | Instituto Nacional Electoral | Gobierno estatal | Gobierno municipal | |
| Religiosidad | .000* | .404 | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* |
| Pertenecer a organización religiosa | .489 | .264 | .498 | .605 | .927 | .963 | .227 |
| Pertenecer a alguna organización | .757 | .280 | .606 | .284 | .312 | .001* | .028 |
| Confianza en personas | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* |
| Edad | .587 | .157 | .459 | .090 | .000* | .287 | .478 |
| Sexo | .136 | .000* | .946 | .486 | .834 | .778 | .629 |
| Ingreso | .003* | .000* | .000* | .055 | .018 | .092 | .855 |
| Escolaridad | .000* | .815 | .000* | .000* | .000* | .049 | .879 |
| Nacionalismo | .014 | .000* | .038 | .178 | .000* | .002* | .038 |
| Simpatizar con partido | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* |
| Interés en política | .432 | .305 | .585 | .852 | .283 | .690 | .321 |
| Tener conocimientos y habilidades políticos | .000* | .331 | .001* | .000* | .032 | .002* | .000* |
| Satisfacción con la democracia | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* | .000* |
| Índice valores materialistas | .010* | .148 | .013 | .002* | .141 | .008* | .047* |
Fuente: Elaboración propia con datos de la ENCUCI 2020.
La Tabla 3 tiene un formato similar a la dos, pero ahora solo se muestran los valores P. Como se puede ver, salvo por el caso del presidente, la religiosidad siempre fue significativa, cosa que solo se repite con la confianza en las personas, simpatizar con algún partido y satisfacción con la democracia. Curiosamente y contrario a lo esperado, en estas regresiones, la variable sobre valores materialistas mostró una relación positiva; más valores materialistas implican más confianza. Las regresiones de la Tabla 3 muestran la consistencia en la relación de confianza política y religiosidad, así como la peculiaridad de la confianza en el presidente, misma que podría depender más de simpatías específicamente apuntadas a la persona del mandatario en turno.
Cabe señalar que se hicieron regresiones similares para los “otros actores del estado” y el grado de religiosidad siguió siendo significativo, los valores P fueron menores a .001 salvo en el caso de servidores públicos (.033) y policía (.001). La religiosidad también se mantuvo significativa con otros actores no-políticos.
Discusión y conclusiones
Los resultados presentados dejan claro que la religiosidad sí se relaciona con la confianza política, pero no coinciden mucho con los mecanismos normalmente asociados a dicha relación. Generalmente se pensaría que la religiosidad hace que las personas formen parte de comunidades al integrarlas a alguna forma de organización religiosa. Tales vínculos comunitarios harían más propensa a la gente a confiar y ello impactaría en su confianza política.
Si lo anterior fuera cierto, veríamos que en realidad no importa cuán religiosa diga ser la persona, sino cuánto se vincula con otros. Curiosamente apareció lo opuesto; el grado de religiosidad no solo se vincula con la confianza independientemente de si la persona pertenece a una comunidad religiosa, sino que el vínculo grupal solo tiene una relación espuria con la confianza debido a su relación con la religiosidad. Esto no invalida la teoría más general según la cual la pertenencia a grupos de cualquier tipo genera confianza política; recordemos que la variable de pertenecer a algún grupo sí se relaciona positivamente con la confianza, aunque no siempre. Sin embargo, este hallazgo parece sugerir que hay un mecanismo que vincula religiosidad y confianza que no estamos entendiendo y que podría no incluir capital social.
Para intentar resolver este enigma, será de gran ayuda hacer después un trabajo similar a este, pero con enfoque distinto. Como se dijo en la metodología, aquí se aprovechó una encuesta eminentemente política de buen tamaño de muestra y abundantes reactivos para poder hacer muchos controles políticos y socioeconómicos, logrando así afirmar con gran confianza que la religiosidad efectivamente se relaciona con la confianza política, pero no necesariamente vía capital social. Otra aproximación también válida sería trabajar con encuestas enfocadas a religión pero que tengan aunque sea unas pocas preguntas de confianza política, lo que permitiría indagar qué aspecto de la experiencia religiosa se relaciona más con la confianza política. Quizá, por ejemplo, creer en Dios se relacione más con la confianza que asistir a servicios religiosos u orar diario sea más importante que auto adscribirse a alguna religión. Claro que esta propuesta solo tiene sentido habiendo verificado primero la relación religiosidad-confianza con controles exhaustivos, que es justo lo que aquí recién se realiza.
Aún sin contar con un trabajo como el antes descrito, se pueden hacer varias hipótesis sobre cómo podría ser la relación religiosidad-confianza más allá del capital social. Una de ellas es el credo; quizá la religiosidad importa porque inculca en las personas la obediencia a la autoridad y con ello la confianza en actores políticos. Esto contradice algunos estudios previos (Poppe, 2004), pero hay que reconocer que el credo católico sí podría inculcar el respeto -y quizá con ello la confianza- en la autoridad. De acuerdo a la Biblia, “Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. Por lo tanto, todo el que se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido” (Rom, 13:1-2 Nueva Versión Internacional). Siendo México un país principalmente católico, es posible que la religión cause confianza por el contenido del credo.
Esta hipótesis tendría como contra-argumento la posibilidad de que el credo sea algo muy determinado por la institución formal católica, y como vimos, es la religiosidad y no la adscripción institucional lo que más se vincula a la confianza. Además, como también se mencionó, mucho de la religiosidad mexicana sucede con relativa independencia de lo que dictan las instituciones religiosas formales (De la Torre 2012; 2021). Cabe también agregar que con datos de la misma ENCUCI y solo considerando a los que dicen tener alguna religión, vemos que la confianza en diputados/senadores federales, diputados locales, gobierno estatal y municipal es la misma entre “católicos” y de “otra religión”: solo parece haber diferencias significativas con la confianza en el INE, el presidente y los partidos. Dado que el credo cambia entre denominaciones, se esperaría mayor relación entre la adscripción y la confianza, pero la relación más fuerte parece ser entre el grado de religiosidad (con independencia de denominación) y la confianza política.
Otra posibilidad sería que quizá las personas más religiosas tienden a vincularse de mejor manera con su sociedad en general. Durkheim describió la religión como intrínsicamente vinculada a una “iglesia” que se entiende como la “comunidad moral” construida alrededor de un sistema de creencias y prácticas (Durkheim, 2001). La “iglesia” puede ser interpretada como un grupo concreto de creyentes que se ven recurrentemente en servicios religiosos, pero también podría pensarse en la “comunidad moral” en un sentido más amplio: la sociedad mexicana podría tener un “sistema de creencias y prácticas” que le es propio y que está por encima de idiosincrasias más puntuales de iglesias particulares.
Sobre esta hipótesis, conviene recordar que se encontró una relación positiva entre el orgullo de ser mexicano y la religiosidad. Además, la religiosidad se relacionó más con las instituciones plenamente políticas que con otros actores y son las primeras las que, en su discurso al menos, son las representantes de la sociedad mexicana. Quizá una mayor religiosidad hace que las personas respeten a las figuras políticas como una proyección de su estima por la sociedad general. Aún así, es complicado imaginar una religiosidad que vincule al sujeto con la sociedad general, pero no con su organización religiosa más inmediata.
Finalmente, también debemos considerar la posibilidad de que, pese a lo aquí mostrado, en realidad no haya relación entre el nivel de religiosidad y la confianza política. Una primera posibilidad para ello es que se haya omitido alguna variable relevante. Por ejemplo, la base no incluyó reactivos sobre la evaluación más inmediata del gobierno en turno, mismos que de haberse incluido tienen la posibilidad de finalmente mostrar que el vínculo religiosidad-confianza es espurio: Es difícil visualizar cómo o por qué sucedería tal cosa, pero no es imposible.
No se puede descartar la existencia de alguna variable aquí omitida que pudiera falsear lo presentado, pero tampoco parece un escenario muy probable, dado que se incluyeron ya las variables que tenían mayor potencial. Hay sin embargo, otros escenarios más allá de la variable omitida que también son posibles. Por ejemplo, quizá deberíamos analizar con más cuidado la pregunta “Alguna vez en su vida, ¿usted ha participado en alguno de los siguientes grupos o asociaciones?… Organización Religiosa”. Lo aquí mostrado parece sugerir que es una religiosidad poco institucional la que más se asocia con la confianza política, y en tal sentido, quizá cuando a los encuestados se les pregunta por su participación en “organizaciones religiosas” piensan solo en las oficiales de la iglesia, lo que podría deberse al diseño de la encuesta.
En muchas partes de México hay, por ejemplo,grupos de danzantes (De la Torre y Gutiérrez, 2017) con claras connotaciones religiosas, pero es posible que un participante de tales grupos no se reconozca como parte de una “organización religiosa”. Esto también podría pasar con otros grupos poco instituidos como un grupo barrial de oración. Es posible que, pese a todo, sí sea un mecanismo de capital social lo que vincula la religiosidad con la confianza, pero quizá necesitemos rastrear grupos de carácter religioso que podrían estar lejos de la iglesia formalmente instituida. Esto nuevamente nos lleva a la necesidad de cotejar la confianza política con distintas facetas de la religiosidad y no solo con una medición general de esta.
En conclusión, la religiosidad sí parece determinar la confianza política, lo que es afortunado en un país con baja confianza política y alta religiosidad. Sin embargo, no es claro cómo se da dicha causalidad. Para resolver este misterio, será necesario continuar la línea de investigación revisando ahora qué de la experiencia religiosa se relaciona más con la confianza política. De momento, pareciera que el mecanismo causal no pasa por la pertenencia a organizaciones religiosas y por ende no involucra capital social, pero el tema no estará claro hasta entender suficientemente el mecanismo causal entre religiosidad y confianza.










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