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Tzintzun. Revista de estudios históricos

On-line version ISSN 2007-963XPrint version ISSN 1870-719X

Tzintzun. Rev. estud. históricos  n.80 Michoacán Jul./Dec. 2024  Epub June 16, 2025

https://doi.org/10.35830/treh.vi80.1779 

Reseñas

RAMÍREZ HURTADO, Luciano, Urbanidad, buenas costumbres y educación. Entre la moral cristiana, la secularización y las tendencias de uniformización en Aguascalientes, 1865-1914, Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes, El Colegio de San Luis, 2021, 265 pp.

Sara Sofía Calvario Ruiz1 
http://orcid.org/0000-0001-9513-8480

1Universidad Autónoma de Aguascalientes

RAMÍREZ HURTADO, Luciano. Urbanidad, buenas costumbres y educación. Entre la moral cristiana, la secularización y las tendencias de uniformización en Aguascalientes, 1865-1914. 2021. Universidad Autónoma de Aguascalientes, El Colegio de San Luis, Aguascalientes: 265p.


La historia regional de Aguascalientes en los últimos años se ha visto beneficiada con las contribuciones del Dr. Luciano Ramírez Hurtado, profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. El autor ha dedicado su trayectoria académica a reconstruir la historia del arte, la prensa y la historia política del estado en los siglos XIX-XX y, más recientemente, ha dado un giro para incursionar en la historia social y cultural de la educación con la publicación del libro Urbanidad, buenas costumbres y educación. Entre la moral cristiana, la secularización y las tendencias de uniformización en Aguascalientes, 1865-1914. El libro es una revelación de la realidad educativa de Aguascalientes en un periodo en el que se buscó forjar nuevas identidades con la construcción del Estado- Nación caracterizado por retirar la participación de la Iglesia católica en los asuntos del Estado mexicano, por ende, el conjunto de estos procesos históricos orilló a prestar atención a la instrucción pública por ser el medio ideal para transmitir nuevos aprendizajes e ideales a través de soportes y artefactos educativos para generar una sociedad secularizada y laica.

El libro se nutre de abundante evidencia empírica procedente de diversos acervos documentales. El autor reconstruye una parte de la memoria histórica de los procesos políticos, educativos, culturales y sociales vinculados a la historia de la educación entre 1865 y 1914, durante el proceso de secularización a través de la incorporación de los manuales de urbanidad, moral y buenas costumbres en la sociedad hidrocálida. En ese sentido, se discute cómo en la currícula de distintos establecimientos educativos se hizo uso de una serie de textos de moral, urbanidad y buenas costumbres, tal fue el caso del manual de Manuel Antonio Carreño y otros con ideales positivistas y masones entre los que destacan los escritos de Ignacio R. Ibarrola, Manuel Gómez Portugal, Jesús Díaz de León, José Herrán y Bolado y Eduardo J. Correa. El autor explica cómo las materias de moral y urbanidad propiciaron modificaciones a la normatividad y a la reglamentación educativa, generando nuevos roles en las escuelas elementales y superiores con la finalidad de posibilitar la uniformización, modernización y reorganización de la enseñanza.

En el primer capítulo, “Cimientos religiosos para una sociedad laica y primeros intentos de uniformar la enseñanza”, Ramírez Hurtado presenta un análisis del largo proceso de las reformas hechas a la política educativa en Aguascalientes para uniformar la enseñanza, dando cuenta de las tendencias, los cambios y las permanencias entre 1865 y 1871. Los documentos legislativos que se examinan en esta sección son el Reglamento para las Escuelas de Instrucción Primaria del Departamento de Aguascalientes de 1865; el Plan General de Estudios de 1867; la Ley de Educación Primaria del Estado Libre y Soberano de Aguascalientes de 1869, y el Plan General de Estudios del Instituto Científico y Literario de 1871. El análisis de estos documentos se centró en encontrar rasgos en la uniformidad de la enseñanza, así como de elementos secularizadores a partir de la incorporación de principios de urbanidad, moral y buenas costumbres.

El segundo capítulo, “Urbanidad, educación y buenas maneras en el Porfiriato”, rescata ideas y textos difundidos en la ciudad de Aguascalientes centrados en la urbanidad, la moral y en elementos de civilidad entre 1879 y 1897. Los asuntos abordados en esta sección se relacionan con la moral en la Escuela Normal de Varones en 1879; asimismo, se rescatan cuentos escritos desde la masonería y el positivismo en torno a la educación de la mujer, así como algunos textos de moral elaborados por diversas autoridades de la ciudad, y, finalmente, se analiza la visión de la moral pública a partir del texto Apuntes para el estudio de la higiene de Aguascalientes, escrito en 1892 por los médicos higienistas Jesús Díaz de León y Manuel Gómez Portugal.

Esta parte del libro profundiza en la construcción de destellos de convivencias a partir de nuevas pautas de urbanidad y moral en las élites hidrocálidas, lo cual brinda nuevas perspectivas de estudio para la historiografía de Aguascalientes. En palabras del autor, son “ventanas a la vida social de la élite de la época, con sus reglas de cortesía, la etiqueta, las pláticas, la galantería, los discursos, tocar al piano, cantar, recitar poesía, degustar comidas, postres y bebidas” (p. 99). Todo ello son indicios de una sociedad secularizada al impregnarse de nuevos comportamientos, modos y hábitos. En este sentido, la lectura de esta sección refleja que el análisis no queda limitado únicamente a la historia política de la educación, sino que también muestra información tangible acerca de los procesos en la educación moderna a través de la enseñanza de buenas costumbres y formas de urbanidad.

En el tercer capítulo, “¿Pasos firmes hacia la uniformización educativa?”, el autor muestra gran sensibilidad para detectar las huellas que existen en los documentos históricos para brindar voz a aquellos que comulgaron con la idea de uniformar la enseñanza en Aguascalientes. En este sentido, se analiza el caso del inspector de Instrucción Pública, Martín Rivera Calatayud, cuya intervención en la instrucción pública brindó cambios radicales en la interacción dentro de las escuelas de primeras letras, mostrando exigencia, severidad y profundo interés por mejorar la enseñanza de los infantes y por perfeccionar la labor de los preceptores. Esto ocasionó que surgieran nuevos roles y actores para apoyar la urbanidad y la moralidad en las escuelas, como fue el caso de la policía escolar encargada de remediar el ausentismo, atender la embriaguez de preceptores, la resistencia de los padres de familia y los castigos implementados en las escuelas. El capítulo apunta a nuevos estudios relacionados con la cultura e higiene escolar.

Este apartado del libro es inquietante, ya que se aprecia cómo la incorporación de los manuales de moral y urbanidad, además de establecer las normas para convivir y desenvolverse en sociedad, creó nuevos roles, prácticas y hábitos relacionados con el cuidado del cuerpo y para resolver la problemática de embriaguez que se vivió dentro de las escuelas de primeras letras por parte de algunos preceptores, lo cual lleva a cuestionarse hasta qué punto las lecciones de urbanidad, moral y buenas costumbres impactaron en la formación de preceptores. Esto aporta nuevas perspectivas de estudio relacionadas con la inspección en las escuelas y la supervisión escolar en Aguascalientes.

Al existir nuevas prácticas derivadas de la incorporación de los manuales de urbanidad y moral, la figura del preceptor se encontraba en un constante cambio, es decir, se fue configurando como vigilante del buen comportamiento, transmisor de buenas costumbres, fomentador del cuidado personal y de la higiene, interesado por mantener el orden dentro del aula y observador del cuidado de su propio comportamiento. Todo esto lleva consigo elementos de civilidad esperables en un hombre educado: en el preceptor que educaba a la niñez.

No obstante, las revueltas y disputas por el poder seguían en curso en el país entre maderistas, carrancistas y villistas, por lo que, en el cuarto capítulo, “Hacia una nueva moral revolucionaria”, se presenta la vida escolar en un momento de revolución, cambios y caos. A pesar de los momentos inciertos que se vivían en el país, en Aguascalientes las autoridades educativas mostraron interés por mejorar y trascender la educación pública. Esto se ejemplifica con la participación de Ernesto Alconedo, director general de Instrucción Pública, en el III Congreso Nacional de Educación Primaria, o bien, en el caso del teniente coronel y profesor David G. Berlanga, quien elaboró una iniciativa de ley para transformar un sistema educativo hacia una educación nacional, popular, estatizada, homogénea, patriótica y fundamentada en los principios del positivismo. A pesar de que solo fue una iniciativa, pues no se ejecutó la ley, llaman la atención los planteamientos hechos por el profesor Berlanga, ya que sus propuestas giraron en torno al valor de la familia, el hogar, el amor a la patria y el papel de las mujeres en la educación (p. 225). Es interesante la atención que ponía Berlanga en la educación femenina, ya que fue un fenómeno que no en todas las ciudades se difundió, en ese sentido, investigaciones recientes en el campo de la historia de la mujer en Aguascalientes demuestran que existió, desde la segunda mitad del siglo XIX, un fuerte movimiento de preceptoras a cargo de las escuelas y cuando se instauró el Liceo de Niñas este movimiento persistió por un largo tiempo.

En esta sección, Ramírez Hurtado plantea que la civilidad se dio más allá de las escuelas, es decir, trascendió al espacio público, ya que representó una forma de configurar a la sociedad. El autor cita la idea de Magdaleno (1994), quien señala que fue “una especie de plano de historia patria, donde los símbolos, valores, hechos y héroes se convirtieron en nomenclatura”, pues se vivenció un auge de monumentos, calles con nombres de héroes y lugares con la finalidad de inmortalizar a los actores que posibilitaron la independencia; fue una práctica de aculturación cívica para la ciudadanía.

El cuarto capítulo aproxima a la dinámica familiar y socialización del espacio público en un periodo de revuelta, ya que vislumbra cómo los ideales de la Revolución fueron un tema de mesa en el hogar, pero estos mismos ideales y posturas eran discutidos en los espacios de socialización, como la escuela, lo que en algunas ocasiones generó el descontento de la población. El libro da cuenta, asimismo, de que los preceptores Eliseo Trujillo, José Ramírez Palos, Genaro Barbosa y José Trinidad Vela Salas tuvieron un acercamiento con el general Francisco Villa para aclarar y exigir que se les pagara a los preceptores y, aunque Villa tuvo un gesto noble al decirle a Urrutia que interviniera para que se les sufragara de inmediato, el problema radicó en la crisis económica que dejaron las revueltas: no había fondos, ni alimentos debido a los estragos de la guerra.

Las aportaciones del presente libro son varias. En primer lugar, la relevancia para solventar un vacío historiográfico en la Historia de la Educación en Aguascalientes, dando cuenta de los cambios sociales y culturales que tuvieron lugar en la sociedad hidrocálida debido a los procesos históricos que acontecían a nivel nacional. Una segunda aportación es el análisis de la dicotomía que existió en el caso de Aguascalientes entre los aspectos religiosos y seculares, lo que deja ver permanencias y alianzas a favor de la instrucción pública, coincidentes en intereses, pues tanto la parte religiosa como la secular buscaban desde diferentes concepciones formar seres humanos con bondades, virtudes, forjados en la urbanidad y la moralidad. Finalmente, hay que resaltar la solidez teórica con la que Ramírez Hurtado reconstruye la cultura escolar en una temporalidad de larga duración, en la cual incidieron sutilmente tintes de urbanidad y moral, permitiendo la creación de sociabilidades en la élite hidrocálida, las cuales, posiblemente, fueron emergiendo del aprendizaje de los manuales en ámbitos privados.

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