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Península

Print version ISSN 1870-5766

Península vol.20 n.1 Mérida Jan./Jun. 2025  Epub Apr 08, 2025

https://doi.org/10.22201/cephcis.25942743e.2025.20.1.90480 

Sección Conmemorativa

Veinte años de Península

Los primeros veinte años de la revista Península

Ricardo López Santillán1 

1Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales


A la memoria de Daniela Maldonado Cano

Quiero comenzar estas líneas haciendo un sentido homenaje a nuestra querida Daniela Maldonado Cano, antropóloga de formación, editora, correctora de estilo y, en secreto, escritora. Tristemente se nos adelantó, pero alegremente podemos decir que la revista Península lleva, en buena medida, su sello personal y, estoy cierto, lo seguirá llevando.

Ella estuvo siempre ahí, desde el inicio, cuando Mario Humberto Ruz Sosa lanzó la convocatoria para echar a andar ese proyecto que ya va a cumplir dos décadas. La revista ha visto cambios en la dirección del CEPHCIS, en la jefatura de Publicaciones, en las personas que se han encargado de su edición científica y, desde luego, también entre los, quizás, cientos de colaboradores que han visto publicados ahí sus textos. Dani, en esos casi veinte años que colaboró con Península, vivió los tiempos aciagos y los días de gloria.

Estoy seguro de que Dani formó gente, al menos lo digo por mí. Puedo expresar, con todo agradecimiento, que muchos de los primeros consejos para detectar vicios de redacción de los colaboradores, ella me los dio. De hecho, fue la primera persona que me puso en contacto con un manual de corrección de estilo: me fotocopió (sí, en aquel entonces, tiempo prehistórico, eran más populares las copias en papel que los pdf ) un manual para que entre ambos puliéramos los textos que se iban a publicar en la revista.

En ese espíritu formativo, debo también agradecer a Dani que haya sido muy didáctica con respecto a la redacción de mis propios textos. Yo conocía el manual de estilo de la revista Proceso; era mi única referencia para “escribir bien”. Sin embargo, después de vivir cinco años fuera de México y habiendo escrito una tesis en una lengua extranjera, llegué con varios vicios al momento de redactar en castellano. Ella, por su parte, traía la escuela de la buena pluma de Ruz Sosa. De forma amable, Dani me alertó, en mis primeros escritos profesionales, de mis frases largas y tautológicas, así como de mi uso excesivo de galicismos, de gerundios y de adverbios terminados en mente. Todos sabemos que Dani le hará falta a Península y al CEPHCIS.

Volviendo al trajín de lo que nos ocupa, otro personaje clave para la revista ha sido Salvador Tovar. Creo que nunca le hemos dado el crédito o el reconocimiento que se merece al jefe de Publicaciones de nuestro Centro. Si acaso yo lo he hecho, ha sido sotto voce, pero ahora, a propósito de esta celebración de dos décadas de Península, quisiera hacerlo con mayor apertura. Cuando llegué como editor a la revista (una llegada algo atropellada porque tuve que suspender el disfrute de mi año sabático), su apoyo y su paciencia fueron definitorios. De no haber sido por él, mi trabajo no habría rendido frutos.

Era mi primer trabajo editorial. La inexperiencia total es una forma amable de referir a la impericia del novato. Yo era un auténtico aprendiz y el camino no era fácil. Empezamos por modificar las normas editoriales: él sugirió el Manual de estilo de Chicago de la University of Chicago Press. No tuvo que convencerme, el estilo simple y elegante era motivo suficiente para adoptarlo, aunque de forma simplificada. Las normas de Península se convirtieron en las normas del programa editorial de nuestro Centro; eso da la dimensión del acierto. De hecho, ahora con la hegemonía del monótono manual de la apa en el mundo editorial, me convenzo más de que su sugerencia fue atinada.

Él estaba recién llegado al cargo, no había archivos ni físicos ni electrónicos de la revista y, hasta entonces, se había hecho de forma muy, digamos, artesanal. Además de las primeras enseñanzas, a Salvador le debo un muy buen consejo: que me fuera a tomar cursos a Ciudad Universitaria para ver cómo podíamos modernizar los procesos de la revista, desde la recepción de artículos hasta su visibilización en catálogos de la propia unam y en los motores de búsqueda (en primera instancia, los de carácter iberoamericano, donde se publica en español y portugués). Para el mundo de la academia y sus productos, la modernización también implica asumir el diktat de la digitalización, de los rankings y de los procesos de evaluación. Había que poner a Península en ese tenor y tuve la suerte de iniciar ese camino. No exagero al decir que ser editor de la revista en aquel momento de cambio ha sido una de las experiencias profesionales que más me han enseñado y en menos tiempo. Fueron sólo dos años, ¡pero a todo vapor!

Suena raro felicitar a una revista en su cumpleaños. Eso de “felicidades a Península por su veinte aniversario”, parece retórica de funcionario. Creo que, más bien, los miembros de la comunidad académica del CEPHCIS debemos felicitarnos por tener esa insignia. Con mención especial para las personas que han colaborado con sus textos, por quienes se han hecho cargo de la edición académica, de la corrección de estilo, de la maquetación, de la publicación en papel y en medios electrónicos, por mantenerla indexada y por diseñar portadas. Por cierto, agradezco a Fernanda y Rodrigo, quienes recién encabezan la edición científica de la revista, que me hayan invitado a escribir este texto para un número conmemorativo.

Y para concluir, hay que decir a todo pulmón que hace veinte años era muy complicado lanzar y mantener una revista académica en el sureste de México. Nos precedieron dos intentos serios, pero poco exitosos. La Revista Mexicana del Caribe, editada por el Instituto Mora y la Universidad de Quintana Roo, no logró mantenerse viva. De la revista Sur de México, copatrocinada por comecso, sólo fueron publicados tres números. De ese tamaño era el desafío y de ese tamaño ha sido el logro colectivo.

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