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Región y sociedad

versión On-line ISSN 2448-4849versión impresa ISSN 1870-3925

Región y sociedad vol.37  Hermosillo  2025  Epub 15-Feb-2026

https://doi.org/10.22198/rys2025/37/1991 

Artículos

Empoderando a las ganaderas del norte de Oaxaca, México

Empowering Cattle Women in Northern Oaxaca, Mexico

Angeles Estrada Maus* 
http://orcid.org/0009-0000-0762-3233

Ma. Teresa Kido Cruz** 
http://orcid.org/0000-0003-2306-910X

Isis Arlene Díaz Carrión*** 
http://orcid.org/0000-0002-0131-8163

*Universidad del Papaloapan, Instituto de Agroingeniería. Av. Ferrocarril s. n., C. P. 68400, Loma Bonita, Oaxaca, México. angyemaus@gmail.com

**Universidad del Papaloapan, Instituto de Agroingeniería. Av. Ferrocarril s. n., C. P. 68400, Loma Bonita, Oaxaca, México. terekido@hotmail.com

***Autora para correspondencia. Universidad Autónoma de Baja California, Facultad de Turismo y Mercadotecnia. Calz. Universidad 14418, UABC, Parque Internacional Industrial, Tijuana, C. P. 22390, Tijuana, Baja California, México. diaz.isis@uabc.edu.mx


Resumen

Objetivo: analizar las limitaciones y las áreas de oportunidad para impulsar el empoderamiento de las mujeres en la actividad masculinizada de la ganadería bovina en la región norte de Oaxaca, México. Metodología: cualitativa. Se entrevistaron a dieciséis ganaderas. Resultados: se destacan las restricciones sociales que producen los estereotipos de género, así como la importancia de la educación y la capacitación para hacerles frente. Limitaciones: los hallazgos se circunscriben al municipio analizado, la complejidad de los procesos de empoderamiento y la pluriactividad de las actividades desarrolladas por las mujeres. Valor: se visibiliza la presencia de las mujeres en actividades masculinizadas, se analizan las limitaciones y las fortalezas de la misma y se proponen acciones estratégicas para promover el empoderamiento mediante una perspectiva integradora de la vida cotidiana. Conclusiones: despunta la necesidad de llevar a cabo acciones integrales para fortalecer la agencia de las ganaderas, particularmente en las dimensiones familiar y comunitarias.

Palabras clave: empoderamiento; agencia; mujeres; ganadería; Oaxaca

Abstract

Objective: To analyse the limitations and areas of opportunity to boost women’s empowerment in a male-dominated activity such as cattle ranching in the northern region of Oaxaca, México. Methodology: Qualitative method is used to interview sixteen cattle women. Results: The relevance of societal restrictions produced by gender stereotypes and the importance of education and training to surpass them are highlighted. Limitations: The findings are limited to the municipality under analysis, rural women´s multiple economic activities and its impact on their empowerment processes. Value: Making visible women’s presence in masculinized activities, the analysis of its strengths and limitations, and the proposition of strategic actions to promote women's empowerment through a integrative daily life perspective. Conclusions: Stands out the need to carry out comprehensive actions to strengthen cattle women’s agency, particularly in domestic and community spheres.

Keywords: empowerment; agency; women; cattle raising; Oaxaca

Introducción

Varios estudios han identificado que entre las limitaciones estructurales para los procesos de empoderamiento de las mujeres en el sector primario están el acceso diferenciado a los recursos productivos, los estereotipos de género, las normas sociales, la invisibilización de sus aportaciones, la falta de consideración del enfoque de género en las políticas públicas, la concentración de las actividades de cuidados, la violencia de género y la inseguridad (Chablé, Gurri, Molina y Schmook, 2007; Morcillo, Carro y Madrigal, 2024). Por esa razón el empoderamiento de las mujeres forma parte de las estrategias que buscan atender dichas limitaciones y las inequidades que se producen.

Los estudios de Zepeda-Cancino y Vázquez-García (2023) y de Pérez (2018) han ayudado a las investigadoras y a las tomadoras de decisiones a comprender los procesos de empoderamiento de las mujeres rurales y su participación en la toma de decisiones estratégicas. No obstante, las mujeres rurales trabajadoras del sector primario continúan experimentando fuertes limitaciones en sus procesos de empoderamiento (Cruz-Bautista, Casanova-Pérez, Martínez-Dávila y Cisneros-Saguilán, 2023). Tratándose de las mujeres indígenas o afromexicanas, las barreras que tienen sus procesos de empoderamiento y fortalecimiento de agencia son todavía más acuciadas (Jerez, 2023; Robinson, Díaz-Carrión y Cruz, 2019).

Otros efectos negativos que suelen presentarse en las mujeres rurales son el menor acceso a recursos materiales, tecnológicos y financieros, el condicionamiento de la productividad de sus explotaciones y la sobrecarga de trabajo (Riaño y Okali, 2008; Zepeda-Cancino y Vázquez-García, 2023). La elevada masculinización del sector pecuario (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2023) promueve la invisibilización de las mujeres. La ganadería bovina registra mayor concentración de hombres, y se llegó a niveles de 91% durante el tercer trimestre de 2024 (Secretaría de Economía [SE], 2024a). La comunidad no suele percibir este porcentaje y cuando se piensa en la mujer ganadera se cree que es aquella que se dedica a las pequeñas especies o bien solo a la ordeña. De esta forma se invisibiliza a quienes se dedican al manejo y a la venta de bovinos, cuyos retos y desafíos suelen ser mayores por el grado de masculinización que tiene la actividad. Debido a lo anterior, el objetivo principal de este artículo es analizar los procesos de empoderamiento de las mujeres ganaderas de los municipios ubicados al norte de Oaxaca (México), por medio de la identificación de las barreras y de las áreas de oportunidad que promueven la toma de decisiones significativas. El propósito de este trabajo, que forma parte de una investigación más amplia, es visibilizar la participación de las mujeres en la ganadería y abonar información al debate sobre las acciones clave para fortalecer los procesos de empoderamiento, con lo que se contribuye a cerrar la brecha del conocimiento para potenciar la participación femenina en una actividad masculinizada.

Empoderamiento de las mujeres rurales

Como concepto teórico, el empoderamiento de las mujeres lleva cerca de tres décadas analizándose y planteando nuevas conceptualizaciones en el ejercicio del poder. Las más significativas son identificar prácticas normalizadas que materializan su desempoderamiento (Aguilar-Pinto, Tuñón-Pablos, Zapata-Martelo y Evangelista-García, 2017), el impacto conjunto de dinámicas -a diversos niveles- que mantienen las inequidades (Dohmwirth y Liu, 2020), las negociaciones y el conflicto constante (Kabeer, 1999), y la necesidad de utilizar abordajes interdisciplinarios que contemplen la vida cotidiana de las mujeres para comprender de forma integral su rol de proveedoras y cuidadoras.

Para este estudio, el empoderamiento de las mujeres se entiende como el proceso por medio del cual se obtiene el control sobre su vida, sus grupos domésticos y su comunidad. Esta noción además plantea modificar los roles y los estereotipos de género para promover la igualdad de oportunidades (García, Cruz y Mejía, 2022). De la mano del empoderamiento se encuentra el concepto de agencia, definido por Kabeer (1999) como la toma de decisiones significativas en las esferas personal, doméstica y comunitaria. Esta capacidad para actuar, señala la investigadora, permite a las mujeres definir sus propios objetivos y tomar decisiones importantes para lograrlos. Tratándose de las actividades pecuarias, decidir es una acción que tradicionalmente se ha centrado en los hombres, una situación que se generaliza de manera particular en las explotaciones ganaderas de mayor tamaño (Bain, Ransom y Halimatusa’diyah, 2020; Gumucio, Mora, Twyman y Hernández, 2016; Zepeda-Cancino y Vázquez-García, 2023).

Los modelos de empoderamiento más significativos distinguen distintas dimensiones o esferas de desarrollo de las acciones. De manera general, se habla de un nivel personal de empoderamiento, un segundo nivel se aplica a las relaciones cercanas (grupo doméstico) y el tercero abarca el resto de la comunidad (Rowlands, 1997). Por su parte, Agarwal (1997) contempla la negociación constante de las mujeres -ante el grupo doméstico, la comunidad, el Estado y el mercado- como la acción clave del ejercicio de su empoderamiento. Kabeer (1999) recapitula sobre la importancia que tiene la agencia en el empoderamiento, porque contribuye a instrumentalizarlo.

Más recientemente, Robinson et al. (2019), sin perder de vista la capacidad de decidir significativamente, destacan cuatro dimensiones: personal, económica, familiar y sociocultural, que se centran en la empatía y el entendimiento, que son el núcleo de su propuesta de modelo integrador. Todos los modelos ponen el énfasis en el cambio social a partir de la transformación de los ámbitos individual, familiar y, sobre todo, el colectivo; sin embargo, también Bain et al. (2020) señalan que las características de aislamiento, propias de la actividad ganadera, son una limitación importante para trascender a la esfera comunitaria.

Las investigaciones han destacado tres aspectos que condicionan el empoderamiento de las mujeres en el medio rural: 1) la escasa o ausente sensibilización en materia de género es una de las restricciones fundamentales que coartan el efecto de las acciones que se realizan y que se suman a la tradicional prevalencia del rol de cuidadora de las mujeres (Riaño y Okali, 2008); 2) las consecuencias limitadas de los apoyos económicos a las mujeres: pueden ayudar a reducir la pobreza, pero no logran que se incremente su participación en las decisiones importantes (Chablé et al., 2007); y 3) hay pocos resultados en el empoderamiento colectivo (Dohmwirth y Liu, 2020), por lo que no es posible hablar aún de un empoderamiento pleno, sino solo de avances.

Oportunidades para promover el empoderamiento de las ganaderas

A continuación, se exponen las dinámicas que se relacionan con el incremento de los niveles de empoderamiento en las mujeres ganaderas y se da atención particular a favorecer sus niveles de agencia, como un componente básico de los procesos (Kabeer, 1999). En la Tabla 1 se concentran las acciones principales para que las mujeres se empoderen.

Tabla 1 Acciones de partida para promover el empoderamiento de las mujeres en la ganadería 

Educación y capacitación.
Formalización de la propiedad de los recursos productivos.
Acceso a créditos y otros recursos financieros.
Redes de apoyo sororas y extrafamiliares.
Sensibilización sobre la discriminación de género en el medio rural.
Servicios de cuidado para la familia de la mujer ganadera.

Fuente: elaboración propia a partir de García et al. (2022); Bain et al. (2020); Gumucio et al. (2016) y Zepeda-Cancino y Vázquez-García (2023).

Sin duda los avances son significativos en los niveles educativos de las mujeres rurales en las últimas décadas, pero continúan siendo bajos. Esta dinámica se acentúa cuando, además, se contempla la edad o la pertenencia étnica (López y Rojas, 2017; Robinson et al., 2019). A pesar de eso, las mujeres rurales buscan sobrepasar las limitaciones educativas e insertarse en actividades productivas para satisfacer sus necesidades (Morcillo et al., 2024).

La capacitación en aspectos particulares de la gestión de la explotación agraria aparece también como una necesidad para acrecentar la competitividad del rancho y contribuir al empoderamiento de las ganaderas (Nath, Rahman, Biswas y Juice, 2024). El incremento de educación y de la capacitación se ha relacionado de forma positiva con la mayor posibilidad de gestionar los procesos de empoderamiento, particularmente en cuanto a la generación de ingresos debido a que se han insertado en actividades productivas (Leyva-Trinidad, 2019; Salazar, Casique y Constant, 2022).

La titularidad de los bienes estratégicos en el medio rural ha sido vital para desarrollar y consolidar los procesos de empoderamiento de las mujeres; de ahí la necesidad de desmasculinizar la propiedad de los recursos fundamentales para la gestión ganadera. Los trabajos de Nath et al. (2024), Jerez (2023), Pacheco-Reyes, Gasperín-García, Vilaboa-Arroniz, Zetina-Córdoba y Mota-Aparicio (2022) vinculan los estereotipos de género con la titularidad de los medios de producción, es decir, que la anterior dinámica se retroalimenta de normas sociales que potencian considerar las actividades ganaderas como inapropiadas para las mujeres, lo que centra la toma de decisiones en los varones aun cuando la titularidad de los derechos sea de ellas. El trabajo de Gumucio et al. (2016) da cuenta de los efectos positivos que origina la titularidad de los bienes estratégicos y el fortalecimiento de la agencia de las mujeres. Además, la propiedad de dichos recursos también potencia adoptar soluciones innovadoras y sostenibles, como informan Ghasemi, Badsar, Falahati y Karamidehkordi (2021) y Presta-Novello, Salazar-Camacho, Delgadillo-Mirquez, Hernández-Sarabia y Álvarez-Bustos (2023).

Lagarde (2012) y Pacheco-Reyes et al. (2022) argumentan que la existencia de redes de apoyo sororas y extrafamiliares resulta también vital, porque la socialización de la figura de la mujer ganadera es un proceso de aprendizaje sostenido, a su vez, por procesos generacionales y comunitarios. Tener el apoyo de otras mujeres puede fortalecer todas las dimensiones del empoderamiento y resulta muy valioso en lo relativo a la dimensión sociocultural (Robinson et al., 2019). De manera conjunta, dicha socialización fomenta roles más incluyentes, lo que es un elemento importante para vencer los estereotipos de género tanto para las presentes como para las futuras generaciones de mujeres. Además de dar sentido de pertenencia y de facilitar la cohesión social, los grupos coadyuvan a aminorar el aislacionismo geográfico que suelen padecer las mujeres rurales. Contar con espacios físicos o virtuales donde compartir sus experiencias y donde aprender el ejercicio de un poder que sostenga relaciones de género más equitativas aparece entonces como prioridad (Morcillo et al., 2024).

Otras dos acciones nucleares que fomentan el empoderamiento de las mujeres rurales se relacionan con la necesidad de redistribuir el trabajo de cuidados, actividad que los diferentes modelos de empoderamiento han identificado como la barrera más complicada de superar (Kabeer, 1999; Rowlands, 1997). La concentración de la mayor cantidad de trabajo de cuidados en manos de las mujeres rurales y las asimetrías de poder que ello provoca han sido dos de las críticas constantes en las investigaciones sobre el tema (Zepeda-Cancino y Vázquez-García, 2023). Tratándose del medio rural, el trabajo de cuidados consume más recursos (como tiempo, recursos materiales, económicos o emocionales) debido a las limitaciones de los servicios públicos, lo que condiciona el tiempo y la energía para dedicarse a otras actividades productivas, principalmente si estas se realizan fuera del hogar (Morcillo et al., 2024; Pessolano, 2020).

Pessolano (2020) describe que el cuidado de las personas menores, mayores, enfermas o con discapacidad es una de las actividades que más condiciona el tiempo que las mujeres rurales pueden dedicar a los proyectos productivos, al ocio y al descanso. Por lo regular, las investigaciones coinciden en que hay la necesidad de que los hombres colaboren de forma efectiva en los cuidados para liberar el tiempo de las ganaderas y que ellas puedan trabajar y descansar (Zepeda-Cancino y Vázquez-García, 2023). Zepeda-Cancino y Vázquez-García (2023) también destacan que es menester modificar los roles de género, tanto en la ganadería como en el resto de las actividades de la vida cotidiana de las mujeres.

Contexto de la investigación

La población de estudio se compone de mujeres mayores de edad, propietarias (únicas o en sociedad conyugal) o administradoras de explotaciones ganaderas ubicadas en las localidades de Mixtan, Loma Bonita, San Felipe La Reforma, El Mirador, Jobal Nuevo, La Soledad y El Paraíso Zacatal (municipio de Loma Bonita), al norte del estado de Oaxaca (véase Figura 1). La elección de la zona de estudio se justifica porque es uno de los principales espacios ganaderos del estado (Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera [SIAP], 2024).

Fuente: elaboración de Angeles Estrada Maus a partir de INEGI (2010).

Figura 1 Mapa de ubicación de las localidades de estudio. Municipio Loma Bonita, estado de Oaxaca 

Las principales características de la actividad ganadera en la zona son su doble propósito (Durán, Ruiz y Sánchez, 2018), esto es, el fin productivo de los hatos es carne y leche. La principal fuente de alimento del ganado es el pastoreo y predominan los sistemas extensivos en pequeña escala. El promedio del tamaño de hato, según los registros de 2018, fue de 63 hectáreas (ha) (Asociación Ganadera Local de Loma Bonita, Oaxaca, 2018). De acuerdo con el INEGI (2022), la superficie con vocación agropecuaria en el estado de Oaxaca corresponde a 1.9 millones de ha, de las cuales, un aproximado de 600 000 se dedican a la ganadería. El total de cabezas reportadas en 2022 fue de 917 986 (lo que corresponde al 3.7% del total nacional). La producción en litros de leche del mismo año fue de 398 872 (INEGI, 2022).

Las poblaciones del municipio seleccionado presentan las siguientes características sociodemográficas: poco más del 50% de la población son mujeres, los rangos de edad con mayor población se ubican en los estratos que van de 0 a 14 años, la escolaridad promedio es de 6.2 años cursados, la población ocupada en el sector agropecuario corresponde al 16%, la tasa de analfabetismo es de 10.4% y la tasa de pobreza moderada se encuentra en 47.7% (SE, 2024b). La zona de estudio registra 98.4% de población mestiza (SE, 2024b).

Metodología

La investigación cualitativa busca comprender los fenómenos sociales y humanos con una perspectiva holística e interpretativa, lo que la hace particularmente útil para los estudios de género (Salazar et al., 2022). La entrevista en profundidad semiestructurada se complementa con la observación no participante -realizada durante los recorridos en las unidades de producción y en los domicilios de las encuestadas- y con las notas de campo. Las entrevistas en profundidad se realizaron en los ranchos de las participantes, donde se imponen sesgos, en particular cuando hay familiares presentes; en la mayoría de los casos fue posible agendar otras sesiones, pero en dos casos la presencia familiar fue imposible de evitar y las entrevistas no fueron consideradas.

Para identificar a todas las mujeres sujetas a estudio se realizó un directorio a partir de las entrevistas que se hicieron al personal de la Asociación Ganadera Local de Loma Bonita. Ese documento se complementó con información que se obtuvo a través de personas clave en las dependencias de gobierno1 de la zona de estudio. Como resultado de estas acciones, se hallaron 39 ganaderas autoidentificadas como mestizas; no obstante, en algunos casos los ranchos se encontraban fuera de la zona de estudio, por lo que el número se redujo a 28. Se invitó a esas personas a participar en la investigación. En todos los casos se obtuvo una respuesta favorable. La muestra de estudio se seleccionó usando tanto el método no estadístico de bola de nieve como el de conveniencia (Patton, 2015; Valles, 2002).

La etapa de campo se desarrolló de noviembre de 2023 a marzo de 2024, tiempo durante el cual se hicieron dieciséis entrevistas (cantidad suficiente para alcanzar el punto de saturación), con una duración aproximada de hora y media. Una vez que la información comenzó a repetirse, se dio por alcanzada la saturación teórica (Moser y Korstjens, 2018). Las principales características de las participantes pueden observarse en la Tabla 2. Se modificaron algunos detalles menores y sus nombres se anonimizaron para proteger su identidad (Fernández y López-Zafra, 2019).

Tabla 2 Principales características sociodemográficas de las participantes y sus explotaciones ganaderas 

Características personales Características del rancho
Nombre Edad Estado civil Nivel educativo Grupo doméstico* Figura** Tamaño (cabezas de ganado) Principales actividades
Amparo 59 Viuda Carrera técnica - 1 35 Venta de becerros.
Catalina 42 Casada Secundaria 2 personas: esposo, un hijo. 1 48 Venta de ganado en pie. Cría de gallinas. Siembra de caña y maíz.
Carola 44 Casada Primaria 4 personas: esposo, una hija, dos hijos. 1 35 Venta de leche y ganado en pie. Siembra de caña y maíz.
Karime 68 Casada Primaria 1 persona: esposo. 3 30 Venta de leche. Siembra de chile y maíz.
Rosela 43 Casada Secundaria 3 personas: esposo, hijo, mamá. 1 20 Venta de leche y ganado en pie. Siembra de maíz.
Clara 52 Casada Primaria 2 personas: esposo, una hija. 1 30 Venta de ganado en pie.
Rosa 45 Casada Secundaria 4 personas: esposo, dos hijos, mamá. 3 no contesta Venta de leche y ganado en pie. Siembra de maíz.
Carlota 30 Soltera Universidad 2 personas: mamá y papá. 3 22 Venta de ganado en pie Siembra de maíz.
Estela 49 Separada Preparatoria 2 personas: hijo y mamá. 3 15 Venta de ganado en pie. Siembra de piña.
Mikaela 47 Casada Secundaria 4 personas: esposo, 3 hijos. 2 10 Venta de leche y ganado en pie.
Berenice 54 Casada Secundaria 6 personas: esposo, hija, yerno, tres nietas. 2 21 Venta de leche y ganado en pie. Siembra de maíz.
Julieta 51 Casada Preparatoria 1 persona: esposo. 2 300 Venta de leche y ganado en pie. Siembra de piña.
Fayde 45 Casada Preparatoria 4 personas: esposo, dos hijos, una hija. 2 no contesta Venta de becerros y ganado en pie.
Edith 35 Soltera Universidad 2 personas: dos hijos. 1 25 Venta de ganado en pie.
Hortensia 29 Casada Secundaria 3 personas: esposo, un hijo, una hija. 2 56 Venta de leche y ganado en pie. Siembra de maíz.
Cecilia 23 Soltera Universidad 4 personas: papá, mamá, hermano, hermana. 3 6 Venta de leche.

*= Sin contar a la participante.

**= 1.- Propietaria única, 2.- Propietaria en sociedad conyugal, 3.- Administradoras de explotaciones ganaderas.

Fuente: elaboración propia a partir del trabajo de campo.

Para las herramientas metodológicas, se elaboraron dos guiones. La organización de ambos resultó de las principales dinámicas halladas en la literatura que se revisó. Las secciones del guion para las entrevistas en profundidad fueron: 1) datos generales de la entrevistada y sus explotaciones; 2) características de las ganaderas empoderadas; 3) servicios de cuidado para la familia; 4) redes de apoyo; 5) acceso a créditos y otros recursos; 6) sensibilización sobre la discriminación de género y 7) educación y capacitación. En cuanto al guion para la observación no participante se determinó la realización de: 1) actividades administrativas en el rancho; 2) actividades productivas y de manejo en el rancho; 3) actividades domésticas y de cuidado de la familia y 4) otras actividades remuneradas de las entrevistadas.

Como parte del proceso de validación de contenido de los instrumentos y para revisar su relevancia, representatividad, consistencia con los propósitos y tema de interés, estos se enviaron a tres investigadoras expertas en temas de empoderamiento de las mujeres en el medio rural. Las principales recomendaciones coincidieron en realizar ajustes menores (principalmente para ampliar la información sobre el papel del trabajo de cuidados). Llevadas a cabo las modificaciones, se procedió a validarlas mediante la aplicación a terceras personas: un piloto para la entrevista y otro piloto para la observación no participante. En el pilotaje para la entrevista participaron tres ganaderas entrevistadas y en el pilotaje para la observación hubo cinco personas.

Los audios de las entrevistas, las bitácoras de la observación, así como las notas de campo se transcribieron para analizar el contenido. Se establecieron códigos y subcódigos con base en la revisión de la literatura. Los principales subtemas fueron: barreras que limitan la participación de las mujeres en la ganadería (categorías: estereotipos de género, recursos para ser ganadera y falta de redes de apoyo) y áreas de oportunidad para promover su empoderamiento (categorías: educación y capacitación, acceso a créditos y recursos, discriminación en el medio rural ganadero y servicios de cuidado para el grupo doméstico de la ganadera). Además, siguiendo las recomendaciones de Fernández y López-Zafra (2019) y Graneheim, Lindgren y Lundman (2017), el equipo investigador realizó validaciones de forma frecuente y solicitó retroalimentación de pares externos para minimizar sesgos.

Hallazgos

A continuación, se muestran los principales resultados de la investigación.

Educación y capacitación

Para las ganaderas, aumentar los niveles educativos es vital para sostener sus procesos de empoderamiento: “Pues que ya no vivimos en la ignorancia. Hay derecho a estudiar. Todos somos iguales. Deben asistir, porque así no somos ignorantes, tenemos que salir adelante” (Hortensia). La educación les es básica para mejorar su calidad de vida: “Un mejor futuro. Yo solo estudié el bachillerato y vivo muy bien. Ahora, imagínate si hubiese ido a una universidad” (Julieta).

Además de los niveles de educación formal, se identificó que la capacitación para el manejo y la gestión de la ganadería es otro tema estratégico: “Yo digo que es importante, pero nunca he recibido una capacitación. Me gustaría recibir algo [de información] de manejo de ganado, de engorda. Me dejaría más rendimientos” (Catalina), principalmente por la posibilidad de sostener procesos competitivos: “Yo creo que es importante que tengan conocimiento […] para que no te quedes obsoleta a no hacer nada y nada más a que te mande a lo que quieran hacer unas terceras personas” (Amparo).

Para las participantes, una ganadera con formación y actualizada puede tomar mejores decisiones importantes en la vida del rancho (Maricela, Natalia, Cecilia y Amparo); además da seguridad a nivel personal: “Debe tener conocimientos para no tener miedo […] y ser capaz de resolver los problemas del rancho” (Fayde), y motivación: “Si a esa mujer le gusta lo relacionado con el rancho, pues incitarla a que haga lo que le gusta” (Estela).

En menor medida, algunas de las participantes señalan la necesidad de considerar la perspectiva de género en el momento de recibir capacitación: “Una mujer bien preparada es una mujer a la que difícilmente pueden agarrar de tonta” (Mikaela); opinión que también comparte Cecilia: “Sí. Sí es importante, porque a lo mejor nosotras, como mujeres, no sabemos ciertas cosas”.

Formalización de la propiedad de los recursos productivos

No ser titular de la propiedad del rancho es una situación que todavía experimentan algunas de las entrevistadas, a pesar de estar muy involucradas en la explotación ganadera, lo que les supone una limitante considerable para tener acceso a recursos económicos estratégicos: “No. Nunca he sido beneficiaria. Pues lo principal es que no está el rancho a mi nombre. Desde ahí ya está todo mal” (Berenice). Cecilia también comparte esta opinión:

Es importante tener títulos de propiedad a tu nombre. Aparte de que te empoderan, […] no tienes el [...] aquello, de que el día de mañana alguien te vaya a estar diciendo “No. Eso es mío; entonces necesito que te vayas o que lo desocupes” o algo así.

Los principales obstáculos se reflejan en los procesos de empoderamiento, tanto personal: “Pues, porque, bueno, siempre es importante tener algo tuyo, una garantía de algo. Yo me sentiría realizada si tuviese un título de propiedad a mi nombre” (Mikaela), como en lo colectivo: “Con un título ya no te dicen tan fácilmente que no eres ganadera” (Cecilia). Los esposos, el padre, el suegro y en menor medida la madre son los propietarios de la explotación en los casos de las participantes que no tienen título. De esta forma se les recorta la oportunidad de participar como beneficiarias de los diversos programas gubernamentales, privados y de agencias internacionales y se les reduce la posibilidad de tomar decisiones importantes para “Que tenga decisión, que tenga voz” (Rosa).

Acceso a créditos y otros recursos

El acceso al financiamiento es una de las barreras importantes que identifican las entrevistadas. Señalan como las principales fuentes de financiamiento el crédito y los apoyos gubernamentales: “Sí. Conozco fuentes de financiamiento, en este caso, FIRA, y, en su tiempo, lo que fue BanRural. Incluso ahorita hay algunas cajas y todo eso que también otorgan algunos créditos para financiamiento” (Amparo).

Respecto del acceso al crédito, las ganaderas del estudio declaran tener poco interés en tramitarlo:

Nunca he intentado pedir un préstamo. No sé. No creo que deba endeudarme con algo que ni sé si voy a poder pagar […] Cobran muchos intereses, eso es lo que te mata; a veces hasta son impagables. (Fayde)

En general coinciden en desestimar esta opción por las altas tasas de interés (Estela, Amparo, Berenice, Clara), pero no menos importante es la ausencia de títulos de propiedad (Mikaela). Además, hablan de los riesgos, como la volatilidad del mercado, que puede afectar la capacidad de pago, las amenazas del clima y las enfermedades. Estos factores externos y de los que no se tiene control pueden también ser un riesgo que comprometa su capacidad de pago (Rosa, Carlota, Carola). En este caso, si bien los hombres también experimentan las amenazas señaladas, ellos suelen llegar mejor preparados debido a la validación social de su rol de ganaderos.

Diferentes participantes coinciden en que, tanto hombres como mujeres experimentan la carencia de recursos para que sus ranchos sean competitivos; sin embargo, debido a los estereotipos, las mujeres ganaderas tienen mayor desventaja, puesto que se mantiene la idea de que el rancho y los animales mayores son solo para los hombres: “Te miran raro cuando ven que eres mujer” (Estela), y por eso aparecen las condicionantes para los créditos y para otros apoyos. Algunas de las mujeres perciben la inequidad de género: “Sí. Yo considero que sí es discriminada [la mujer], porque siento que a veces hay más apoyos y más oportunidades para un varón que para una mujer” (Edith).

Por otro lado, las mujeres han recibido apoyos gubernamentales o las asociaciones locales los han gestionado para comprar implementos (Rosela), pagar el mantenimiento y las mejoras de la infraestructura (Amparo), el equipo (Edith) y los animales (Amparo). Ellas reconocen el valor de los apoyos recibidos: “Sirve también; te sacan de algún apuro” (Amparo). En general consideran que son puntuales. Pero en años recientes han sido nulos, lo que significa un obstáculo importante, sobre todo entre las ganaderas catalogadas de pequeñas productoras (Carlota, Edith).

Las consecuencias de la poca consideración de la perspectiva de género en los programas crediticios y de apoyo gubernamental hace que sus principales fuentes de financiamiento para las actividades ganaderas sean préstamos familiares (Estela, Berenice) y la reinversión: “De los mismos animales y todo. Ahí nomás va dando vuelta el dinero” (Hortensia).

Redes de apoyo sororas y extrafamiliares

Otra de las restricciones es el aislamiento que viven las ganaderas, porque complica la socialización de la actividad: “No participo y no conozco grupos de mujeres ganaderas” (Rosela). Fayde y Cecilia comparten la opinión de Rosela y también se refleja en las palabras de Carlota: “Pues aquí no, no conozco ningún grupo. Desconozco si los hombres tienen algún grupo”.

Estar apartada condiciona el empoderamiento de las mujeres, sobre todo en quienes desarrollan su actividad en mundos masculinizados, porque no tienen roles alternativos ni espacios donde aprender a ser ganaderas. Para los hombres, los espacios ganaderos son históricamente accesibles y son fundamentales para la socialización de la actividad, para el intercambio de información y para construir redes extrafamiliares: “Vas a las reuniones y lo que ves [son] hombres, casi todos son hombres” (Clara).

Por lo regular, las entrevistadas hacen uso de sus redes familiares para resolver los problemas y los imprevistos de la explotación ganadera: “Siempre que surge algún inconveniente, recurro a mi marido o a mi yerno para que me echen la mano” (Berenice). También recurren al apoyo especializado de los tutoriales que están disponibles a través de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y de las redes sociales:

No. No participo en ningún grupo, pero en el internet, seguro que encuentras de todo […] Me gusta mucho ver en el Tik Tok a las mujeres con su ganado. Incluso en el Face [Facebook] hay algo de eso. Yo lo veo de vez en cuando, cuando hay tiempo. (Mikaela)

Consideran que la envidia es una de las razones por las cuales las ganaderas no se relacionan entre sí: “No. No hay apoyo, desafortunadamente. Y esto se debe a la envidia, desafortunadamente. Eso impide que podamos ayudarnos entre nosotras” (Julieta). A pesar de eso, las participantes manifiestan que hay redes de apoyo habilitadas para otras actividades productivas de la región, como una para la crianza de porcinos y otra para la fabricación de quesos (Estela, Clara, Catalina, Karime) y admiten su valor: “Sí. Es positivo. Siempre hay alguien que te orienta o te dice qué hacer” (Rosa).

Sensibilización sobre la discriminación de género en el mundo ganadero

Algunas de las entrevistadas declararon no sentirse discriminadas por dedicarse a la actividad: “No lo creo. De ser así, ya me habrían discriminado a mí también y [...] nunca me ha pasado” (Berenice). Carlota comenta: “Pues aquí hay varias señoras que son dueñas de las parcelas, pero así, de que las discriminen, no”. No obstante, para otras participantes la ganadería continúa siendo una actividad que promueve la discriminación, pues: “[...] no todos ven bien que las mujeres trabajen con las vacas” (Estela); también Mikaela comparte esta opinión:

[...] siempre se ha creído que el rancho es solo trabajo de hombres […] No sé si en toda la comunidad, pero una vez, una señora me dijo que me ocupara de mi casa y le dejara el rancho a mi esposo.

Es posible apreciar en las palabras de Estela y de Mikaela que los estereotipos de género fomentan que se mantenga la validación social de la actividad productiva como una propia de los hombres, a pesar de que las mujeres participan ordeñando, pastoreando, limpiando, marcando, descornando, bañando con garrapaticidas y administrando, por mencionar algunas de las tareas que realizan como propietarias o administradoras de los ranchos: “Todavía hay alguno que otro machista y mezquino que cree que las mujeres solo somos para el hogar” (Estela). Por su parte, Rosa acepta que incluso ser dueña del rancho no significa que: “La mujer tome decisiones importantes” que influyan en su operación.

Las mujeres de la muestra también hablan de los cambios que ha habido. Por ejemplo, Hortensia dice: “Pos no, ya no me han discriminado”, pero otras de mayor edad, como Rosa, cuentan que: “Pues aquí me criticaron mucho por ir al potrero. Y yo no soy la única que va al campo aquí”. De igual forma, Julieta dice que la han criticado y enfatiza que la discriminación aún existe, solo que ahora es menos evidente: “No. Eso ya no se ve, al menos no públicamente. Debe haber quien lo piensa, pero no lo dice”.

Para superar la discriminación y para enfrentar los estereotipos, Rosa adopta la siguiente estrategia: “No me he sentido discriminada, pero sí criticada y, la verdad, no me importa”. Esta estrategia aparece extendida entre otras entrevistadas, como declara Mikaela:

No es como si me hubiera afectado. A mí no me importa lo que los demás crean […] Si yo no confío en mí misma, no puedo esperar que los demás lo hagan […] No es solo para hombres. Que se haya manejado así durante muchos años, no quiere decir que las mujeres no tengamos derecho a involucrarnos.

También Edith recurre a la misma técnica:

Pues en el momento me sentí mal, me afectó, pero con la misma, creo que soy suficiente como para verle el lado positivo a las cosas y decir: “Yo también puedo, y esta experiencia me debe de servir para superarme y para poder decir aquí estoy”.

Servicios de cuidado para la familia de la mujer ganadera

El rol de la mujer como cuidadora de su grupo doméstico está generalizado en México (INEGI, 2019) y subordina que las mujeres se involucren en la ganadería. Todas las entrevistadas se definen como la principal responsable de realizar o supervisar los cuidados en su grupo doméstico: “Yo me encargo de todo, no tengo quien me ayude” (Fayde).

Entre mi hermana y yo nos ocupamos de mi mamá, ya que mis otras hermanas se encuentran fuera. También me hago cargo de mi suegra. Mi marido me ayuda, pero es bastante difícil […] cuidar de mi suegra; demanda mucho tiempo. (Mikaela)

Estas actividades en el medio rural suponen una inversión significativa de tiempo y otros recursos debido a la poca oferta de servicios de cuidado, de equipamiento o de infraestructura: “La limpieza, porque siento que es lo más pesado. Hay que dedicarle bastante tiempo” (Catalina). “El tiempo de trabajo se triplica cuando hay que cuidar de los niños” (Estela). También hay que cuidar de la población mayor: “Tuve el cuidado de mi mamá y de mi papá. Yo vi, yo los cuidé” (Karime), o cuando se enferma algún integrante del grupo doméstico nuclear o extendido: “De por sí el trabajo en el rancho es cansado, y todavía tener que llegar a cocinar y atender a mis enfermos hace que mi día sea muy agitado” (Mikaela).

Para las ganaderas del estudio, el trabajo de cuidados coarta sus tiempos cotidianos: “Pues sí, porque, pues no es el mismo tiempo y no es la misma dedicación; o sea, quisiéramos poder hacer ambas cosas a la vez y, pues, no se puede” (Cecilia). Restricción que, consideran, no se presenta en el caso de los hombres:

Pues, en comparación con un varón, siento que sí, porque, pues un varón sale a trabajar y no dice a qué hora voy a llegar, a qué hora voy a pasar por mis niños, a qué hora voy a hacer tarea, voy a lavar uniformes, voy a hacer comida. (Edith)

Oportunidades para el empoderamiento de las mujeres ganaderas

Como ya se comentó brevemente en los apartados anteriores, algunas de las entrevistadas destacan la necesidad de sensibilizar a los demás sobre las restricciones que se derivan de los estereotipos de género: “Sería muy bueno que alguien viniera y les dé una plática. Saber un poquito más sería lo ideal” (Clara). También consideran que la capacitación es una vía para promover una actividad ganadera menos masculinizada: “Pues, que nada, que la mujer vea que tiene las mismas capacidades [que los hombres] para hacer las cosas” (Carlota). El incremento de mujeres en la actividad se ve como un elemento disruptor necesario: “Entre más mujeres haya, ese podría ser un factor para que más mujeres se animen a querer ser ganaderas” (Julieta).

Tener conciencia de su capacidad para ser ganaderas constituye una acción importante en los procesos de empoderamiento. Así, a escala personal, en cuanto a la seguridad, Mikaela dice: “Hay que ser fuertes, hay que ser valientes y pues, no lo sé […] estar dispuestas a siempre seguir aprendiendo”. En relación con la confianza personal Cecilia comenta: “Estar segura conmigo misma, sentirme, pues, sentirme que valgo. No dejarme pisotear por nadie”. Estas afirmaciones aparecen como dos elementos significativos más para sus procesos de empoderamiento personal y económico en la actividad. Ellas admiten su capacidad para tomar decisiones importantes: “En mi caso, me gusta tener el control y mandar sobre mi vida” (Julieta). Además, crean espacios de aprendizaje y socialización de su rol de ganaderas cuando invitan a otras:

que tomen la iniciativa, a enseñarles, a decirles: “Mira, esto también lo puedes hacer [ser ganadera]. No por el hecho de que seas mujer no lo vas a poder hacer”. Hay que incluirlas en ciertas actividades [en las que], a veces, nada más los hombres […] como que [están] reservadas para los hombres. (Edith)

En este sentido, las participantes destacan el apoyo que han tenido de sus grupos domésticos en los procesos de socialización de su rol de ganaderas: “Mi mamá me apoya, pues, tal vez yendo a ver el problema que existe en el rancho y, pues, si se puede, entre las dos resolverlo” (Cecilia). También lo tienen de las redes informales para aprender y mejorar su desempeño: “Otras personas que sepan de ganado […] Yo siempre estoy tratando de ‘¿qué hacer?’ Me dicen cómo poder mejorar” (Clara).

Por último, a pesar de no conseguir un reparto equitativo de facto del trabajo de cuidados, las ganaderas, mediante acciones, avanzan hacia ese balance; por ejemplo, se cuestionan la normalización del rol que tradicionalmente considera a las mujeres como las únicas responsables: “Debería hacerse más equitativo, repartirse las tareas para que sea menos pesado” (Julieta). Algunas de ellas comienzan a transitar en pro de los acuerdos para que los hombres participen más en el trabajo de cuidados: “Sí, alguien me ayuda: el papá de ellos. Tenemos una custodia compartida [...] Cuando tiene algún problema, yo los cuido. A veces él me apoya en ese sentido” (Edith). Sin embargo, como comenta Amparo, más que un apoyo, se necesita la corresponsabilidad: “Yo considero que debe ser un cincuenta y cincuenta; o sea, el hecho de […] de que el hombre participe en las tareas domésticas”.

Discusión

Durante las últimas tres décadas, varios países han promovido empoderar a las mujeres para cerrar las brechas de género (Bain et al., 2020; Chablé et al., 2007). Partiendo de los aspectos estructurales que reproducen las inequidades, es indiscutible reconocer que el empoderamiento de las mujeres rurales ha avanzado y se han logrado algunos cambios en los roles tradicionales (López y Rojas, 2017; Pacheco-Reyes et al., 2022). Tratándose del sector agropecuario nacional, las acciones buscan visibilizar la participación de ellas cuando se toma conciencia de sus aportaciones y se eliminan las barreras que mantienen masculinizadas dichas actividades productivas. También es necesario repartir equitativamente el trabajo de cuidados (Pacheco-Reyes et al., 2022; Zepeda-Cancino y Vázquez-García, 2023).

La presente investigación encuentra que a) el rol de los estereotipos de género y sus consecuencias en la propiedad y en el acceso a los recursos para el negocio, b) el bajo grado educativo y la escasa capacitación, c) la carencia de redes de socialización y d) el desbalance para llevar a cabo el trabajo de cuidados son las limitantes más significativas. Por otro lado, las dinámicas que promueven acrecentar el empoderamiento de las participantes son a) elevar la educación y las facilidades de formación y b) reconocer su trabajo y su capacidad para tomar decisiones. A pesar de los obstáculos, las mujeres ganaderas están abriendo camino para romper con el mundo masculinizado de la actividad. Su presencia contribuye a fomentar la diversidad y la inclusión en las comunidades agropecuarias.

Los hallazgos constatan que las normas sociales del mundo de la ganadería producen diversas interacciones, que los estereotipos de género dan cuenta de la misoginia que han introyectado y expresado algunas de las participantes, y que también hay mujeres ganaderas que cuestionan esos estereotipos y reclaman su lugar. Las ganaderas que tienen un nivel de escolaridad más alto y cuyas explotaciones son de mayor tamaño son quienes aparecen como más empoderadas. Estos hallazgos coinciden con las investigaciones de Pacheco-Reyes et al. (2022) y de Nath et al. (2024). Respecto de los grupos etarios, lo que el estudio ha develado es que la misoginia introyectada o expresada no parece concentrarse en el grupo de mujeres mayores de cincuenta años, lo que puede deberse a que, como se comentó en páginas anteriores, se han llevado a cabo acciones, con mayor o menor éxito, que favorecen el empoderamiento de las mujeres rurales en las últimas dos décadas.

En relación con la dimensión económica del empoderamiento (Robinson et al., 2019), en algunos casos, la diversificación del sector agropecuario se evidencia en la participación de las mujeres en negocios de diversos rubros. Las investigaciones han constatado que las mujeres rurales son también agricultoras, productoras, comerciantes y artesanas (Pérez, 2018; Zepeda-Cancino y Vázquez-García, 2023). En el caso de las participantes de esta investigación, es posible afirmar que los ranchos también registran otras actividades productivas además de la cría de ganado.

En cuanto a la participación en las actividades agropecuarias, la masculinización se mantiene, lo que complejiza aún más el desempeño de las mujeres y su proceso de empoderamiento. No obstante, esta circunstancia corrobora que es importante desarrollar acciones que faciliten y mantengan el acceso de las mujeres al sector y que, además, impulsen su capacidad para tomar decisiones importantes y establecer acuerdos equitativos sobre el trabajo de cuidados.

Los hallazgos, además, informan de la importancia que tiene el empoderamiento personal para ejecutar acciones en las demás esferas (Robinson et al., 2019). A pesar de que no es posible hablar de un empoderamiento de facto, las participantes se autodefinen como ganaderas, lo que constituye la reafirmación de los principales componentes de la dimensión de empoderamiento (Rowlands, 1997); es decir, en especial dan evidencia de la confianza en sí mismas.

Sobre las demás dimensiones de empoderamiento, se constata que, a escala familiar (Robinson et al., 2019), las participantes reportan algunos avances en el reparto del trabajo de cuidados, pero aún no se alcanza el justo medio del que habla Amparo en la entrevista. Acerca de la dimensión sociocultural, resulta escaso el desarrollo de acciones colectivas que fomenten el empoderamiento en el resto de las mujeres de la comunidad. Las dos dimensiones resultan ser las más comprometidas.

Buscando contribuir con los procesos de empoderamiento de las mujeres en la ganadería, se presenta la Figura 2. En ella se señalan los principales nodos de partida que tienen la capacidad de influir de forma positiva en la participación activa de las ganaderas.

Fuente: elaboración propia a partir del trabajo de campo.

Figura 2 Acciones estratégicas para promover el empoderamiento y la agencia de las mujeres ganaderas 

Por un lado, se destaca el papel que tienen los niveles de gobierno a través de las políticas públicas que promueven la participación de las ganaderas en las actividades productivas en el campo. La promoción se realiza mediante acciones relativas a la educación, la capacitación, el fomento al acceso y a la gestión de los recursos estratégicos del rancho y la producción de sociedades equitativas respecto al trabajo de cuidados. Evitar los estereotipos y los roles de género en los programas públicos, lo que requiere que las acciones de otros agentes del ecosistema ganadero den el sostén correspondiente, porque esa es la estrategia central para todas las dimensiones de empoderamiento. Socializar la figura de una mujer ganadera empoderada requiere, además de la producción de espacios de aprendizaje e intercambio, vencer el antagonismo entre las mujeres que el patriarcado ha promovido históricamente y crear espacios sororos para la identidad colectiva (Pacheco-Reyes et al., 2022). En esta tarea, las asociaciones ganaderas y las empresas proveedoras pueden desempeñar un papel importante para apuntalar las acciones de gobierno.

Más que actividades desarticuladas, se requiere un plan de acción con perspectiva de género que considere que la mujer ganadera dispone de tiempos y espacios diferentes, que se reconozcan sus capacidades de liderazgo y de decisión y que, más que demostrar que puede sobrevivir en una actividad masculinizada, se le dé apoyo para desarrollar sus fortalezas y se tenga consciencia de la validez de sus estrategias, de sus acciones de manejo y resoluciones, particularmente cuando son innovadoras.

Aun cuando la toma de decisiones y el liderazgo presentan avances parciales, se constata la necesidad de desarrollar propuestas entre todos los agentes del ecosistema ganadero que fortalezcan el empoderamiento y las decisiones de las ganaderas, puesto que los efectos de las barreras se retroalimentan y esas interacciones limitan los resultados positivos del empoderamiento de las ganaderas, principalmente en las dimensiones personal y económica del empoderamiento. Lo que se ha señalado en el párrafo anterior afecta la acción colectiva y también puede mermar los procesos de empoderamiento de las mujeres a escala personal, lo que las hace vulnerables a las distintas violencias de género. Además, a lo anterior se suma la gran tarea pendiente de repartir equitativamente el trabajo de cuidados. Razones por las cuales se valoran las aportaciones que dan sus procesos de empoderamiento, y por las que se enfatiza la necesidad de seguir avanzando para que las mujeres ganaderas puedan ejercer plenamente sus derechos de participación en la actividad y promover roles equitativos para ellas y el resto de las mujeres.

Conclusiones

A pesar de la importancia que tiene la participación de las mujeres en las actividades primarias, los estereotipos y los roles de género continúan siendo elementos nucleares de las inequidades que ellas viven (Cruz-Bautista et al., 2023; Dohmwirth y Liu, 2020). La combinación de estos con la ausencia de titularidad de los recursos productivos, el nivel educativo, la poca capacitación en la gestión y en el manejo de las explotaciones ganaderas, las limitaciones crediticias, la carencia de programas de apoyo con perspectiva de género, la falta de espacios para la socialización y la adjudicación del trabajo de cuidados a las mujeres constituyen los problemas estructurales que enfrentan las ganaderas y se materializan en barreras enormes para que sus procesos de empoderamiento y de fortalecimiento de su agencia lleguen a buen fin.

La solución a dicha problemática requiere un plan de acción en el que participen todos los agentes del ecosistema ganadero. Si bien los hechos aislados han incrementado los niveles de empoderamiento personal o económico y han hecho crecer la legitimización de la mujer ganadera, no han sido suficientes para apoyar que las mujeres tomen las decisiones significativas del negocio o al interior de sus grupos domésticos. Es relevante admitir el esfuerzo de las ganaderas, visibilizarlas y apoyar su rol.

Los principales obstáculos para realizar esta investigación son la complejidad del empoderamiento y la diversidad que hay en las explotaciones agrarias en las que participan las mujeres. Por esa razón, las futuras investigaciones pueden abordar las interacciones que hay entre los conceptos cercanos al empoderamiento, como la resiliencia o la gobernanza, y al interior del mismo, como las que hay entre los procesos y los resultados. De igual forma, el trabajo múltiple que desempeñan las mujeres en los espacios rurales hace necesario usar enfoques integrales de la vida cotidiana, para comprender mejor las dinámicas de trabajo remunerado, de cuidados y comunitario. Destaca la necesidad de hacer estudios longitudinales para entender con mayor profundidad los procesos de empoderamiento, como la negociación y el conflicto, de las ganaderas a lo largo de sus ciclos de vida personales y de sus ranchos.

Las implicaciones prácticas identificadas por la investigación sugieren la participación de la totalidad de agentes del ecosistema ganadero. En primer lugar, las políticas públicas deben integrar el enfoque de género en sus programas para asegurar el ejercicio igualitario de los derechos de las ganaderas. Lo que puede comenzar con la generación y el análisis de la estadística nacional, estatal y municipal incorporando la perspectiva de género, pasando por el diseño de estrategias de largo plazo para favorecer el acceso de las ganaderas a los recursos. Es fundamental centrarse en la educación y en la capacitación técnica y de género, así como dar todo tipo de apoyo a la comercialización y a la innovación de sus productos. Las asociaciones ganaderas y las empresas del sector pueden también crear esquemas de apoyo financiero, técnico, de mercado y de reconocimiento a las aportaciones de las ganaderas para coadyuvar a cerrar las brechas de género. Por su parte, la academia puede fomentar la creación de espacios de socialización y de capacitación para ellas; mientras que las propias ganaderas pueden vencer la desconfianza entre ellas y transitar hacia relaciones sororas para derrocar la masculinización del mundo agropecuario.

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1Para mantener el anonimato de las personas, se omiten los nombres de las instituciones.

Citar como: Estrada Maus, A., Kido Cruz, M. T., y Díaz Carrión, I. A. (2025). Empoderando a las ganaderas del norte de Oaxaca, México. región y sociedad, 37, 1991. https://doi.org/10.22198/rys2025/37/1991

Recibido: 12 de Febrero de 2025; Aprobado: 26 de Mayo de 2025; Publicado: 22 de Agosto de 2025

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