¿En qué se parece el futbol a Dios?
En la devoción que le tienen muchos creyentes
y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.
(Galeano, 1995)
En varias ocasiones se ha asociado el futbol con las relaciones internacionales, pero la manera didáctica en que Tamir Bar-On lo hace merece una mención peculiar. En esta reseña me permito presentar un interesante libro que encuentra en el futbol una herramienta para explicar las teorías de las relaciones internacionales o, tal vez, que encuentra en las teorías de las relaciones internacionales una herramienta para explicar el futbol.
Beyond Soccer: International Relations and Politics as Seen Through the Beautiful Game, abarca 319 páginas en las cuales el autor nos guía del capítulo primero al sexto hacia una interpretación de las teorías de las relaciones internacionales, y del capítulo séptimo al noveno hacia un encuentro con conceptos fundamentales de la ciencia política. En todo el recorrido nos acompaña con preguntas, invitaciones a profundizar sobre los más relevantes temas tratados, recordatorios y, sobre todo, una serie de ejercicios de reflexión y debate que dan dinamismo a la lectura.
Con una recopilación de artículos, Bar-On nos ofrece la garantía de un contenido científico y de una revisión rigurosa enriquecida por esquemas muy ilustrativos que resumen las características más relevantes de las diferentes teorías de las relaciones internacionales. Las tres obras que inspiraron el connubio entre las relaciones internacionales y el futbol fueron, a decir del autor, las siguientes: la colección Harry Potter and International Relations (2006), editada por Iver B. Neumann y Daniel H. Nexon; International Relations Theory: A Critical Introduction (2005) de Cynthia Weber; y Poli Sci Fi: An Introduction to Political Science through Science Fiction (2016) de Michael A. Allen y Justin S. Vaughn.
Abogando al trabajo del filósofo mexicano Mauricio Beuchot, entre quienes sienten devoción para el futbol y aquellos que lo aborrecen, la clave para la lectura del libro de Bar-On es la hermenéutica analógica, esa virtud de evitar los extremos de una hermenéutica univocista y de una hermenéutica equivocista para dejarse abrazar por las interpretaciones que conjugan lo sintagmático con lo paradigmático, la interpretación estricta con el excesivo relativismo interpretativo.
Bar-On eligió al juego más popular del mundo para simular un ejercicio didáctico que refleja cómo la implementación de los partidos, llamados encuentros, pero también duelos entre rivales, influyen en ciertas tomas de decisiones, en la cultura, la economía, la política y la sociedad. Los peones que apoyan al autor en este reto son futbolistas, organizaciones como la FIFA (Fédération Internationale de Football Association), líderes políticos, aficionados, equipos, selecciones. Con un peloteo entre realismo, liberalismo y marxismo, se construyen identidades desde lo local, hasta el ámbito nacional e, incluso, el global. El poscolonialismo abordado a través del futbol, la FIFA entre realismo y emancipación, la resistencia social o salvaguardia del statu quo, la geopolítica, la soberanía y el Estado de excepción, conforman algunas de las cuestiones que Bar-On aborda a lo largo de nueve capítulos.
En el capítulo 1, titulado “Theory and International Relations Theories in Brief”, encontramos una introducción al significado del término teoría, seguido de la presentación de las teorías clásicas de las relaciones internacionales. Acompañando esta explicación, se incluye una simpática invitación a ver un video de antiguos filósofos griegos enfrentándose al equipo de los filósofos alemanes modernos, quienes intentan jugar en la cancha de futbol durante las Olimpiadas de Múnich de 1972, con Confucio, silbante designado. Acerca de la teoría, se sugieren tres significados: empírico, que mira a los hechos; normativo, que se refiere a la elaboración de estándares éticos de conducta; y constitutivo, basado en marcos analíticos distintos. Con el fin de entender mejor las dinámicas en el mundo, el enfoque establecido es la diversidad teórica de Stephen Waltz con “un mundo, muchas teorías” (p. 7). Para cerrar este capítulo, se presenta el caso de George Weah, famoso futbolista y ahora presidente de la República de Liberia.
En el capítulo 2, “Realism, Liberalism and Marxism”, una tabla comparativa del realismo, liberalismo y marxismo describe sabiamente las características de cada teoría a través de variables como las propuestas más relevantes, unidades de análisis, principales instrumentos, modernos exponentes, límites y visión que se tiene de las instituciones internacionales. Después de analizar desde diferentes perspectivas la guerra del futbol entre El Salvador y Honduras, donde este deporte se convierte en un distractor para evitar que la población se enfoque en los problemas domésticos (p. 48), se hace referencia a tres ejemplos dignos de representar cada una de las tres teorías mencionadas. Roberto Rivas apodado La Burra, se vuelve símbolo del realismo por ser la estrella del futbol de El Salvador durante la guerra del futbol de julio de 1969. Como icono del marxismo, aparece el jugador italiano Cristiano Lucarelli, cercano a los ideales comunistas, estrella del equipo de Livorno; y, finalmente, el equipo nacional de futbol de EE.UU. se eleva a símbolo del liberalismo que va más allá de la política estadunidense (p. 49).
En el capítulo 3, “Constructing Identities: Straddling the Local, National and Global”, Bar-On invita a reflexionar sobre la construcción de la identidad detrás de los equipos conformados solo por jugadores autóctonos, como Celtic, Bilbao o Chivas, o de aquellos jugadores bandera de un mismo equipo como Francesco Totti. Encuentra lugar aquí la Queretáneidad estimulada por el dirigente de la Resistencia Albiazul para indicar la importancia de la construcción de la identidad local. El constructivismo se convierte ahora en puente entre neorrealismo y neoliberalismo soportado por conceptos como el mundo de nuestra fabricación de Onuf o el cuestionamiento del significado de poder de Guzzini y el concepto de construcción del mundo social, de la influencia del conocimiento y el poder de cambiar el statu quo.
En el capítulo 4, “Learning about Postcolonialism through Soccer”, se aclara el acercamiento del poscolonialismo al mundo del futbol con ejemplos como Argelia, donde se exportan futbolistas que alimentan la otra Francia, o casos como Thuram, quien se propone como promotor de la lucha contra el racismo y defensor de los derechos de las minorías. A raíz de esto, surge la pregunta: ¿qué implica ver el futbol desde el poscolonialismo? Es cuestionar el eurocentrismo, proponer la política de los pueblos contra los países opresores, reconocer que no ha terminado por completo la colonización; es ver las identidades como híbridos, es ver al sur del mundo en desventaja competitiva.
El capítulo 5, “You Just Don’t Understand!: a Feminist Reading of the Beautiful Game”, se resalta la respuesta feminista de Tickner (You Just Don’t Understand!) a los seis principios del realismo de Morgenthau, criticando que la objetividad del realismo se vincula implícitamente con la visión masculina; que el interés nacional no puede definirse solo en relación con el poder; que el concepto realista de poder ignora la posibilidad de un empoderamiento colectivo o que el control moral del orden no puede separarse de lo político.
Abby Wambach se elige en este apartado por ser un ejemplo tanto en su prolífica carrera como jugadora de futbol, como en su desempeño en calidad de activista por la igualdad de género. Se cuestiona además la práctica discriminatoria de la FIFA, la predominancia masculina en la estructura organizativa y el diferente trato en la organización del mundial femenino y masculino.
En el capítulo 6, “FIFA, Realism and Emancipatory IR Theory”, se contrasta la visión realista con la Emancipatory International Relations Theory. Aquí, la importancia que asumen nuevos actores internacionales es incompatible con algunos puntos adoptados por el realismo clásico. El papel que hoy juegan las ONG’s y la misma FIFA para garantizar principios de igualdad y libertad, es una tarea retadora si consideramos el crecimiento de movimientos ultranacionalistas, racistas y, sobre todo, si tomamos en cuenta la peligrosidad de ciertos aficionados. No obstante, la FIFA está irrumpiendo en una nueva fase que prevé más transparencia y un buen gobierno, subrayando la eficacia del futbol como vector de integración, inclusión en la sociedad, promotor de bienestar e instrumento para fomentar la protección de los derechos humanos.
En el capítulo 7, “Three Competing Soccer Discourses”, se proyecta un análisis del discurso que describe tres alegatos del futbol:
el potencial para la integración social y la amistad internacional que cancela fronteras e ideologías en un equipo y el nombramiento del futbol al premio Nobel por la paz en 2001.
el servicio al poder, en un discurso gramsciano (p. 198) que ve el futbol como elemento capaz de empoderar populismos o dictaduras, luchas de clase o protestas como en Brasil, por ejemplo. El futbol puede servir al colonialismo y cambiarlo, puede promocionar pequeñas entidades y desarrollar variantes inclusivas de nacionalismo, apoyar protestas populares o favorecer poderes autoritarios, promover el sexismo y la homofobia, o bien luchar contra esas tendencias, favorecer la implementación de ideologías hegemónicas y desafiar al poder de turno y al sentido común.
en una visión realista de salvaguarda de la soberanía estatal, engendra nacionalismo extremo, violencia, sexismo, racismo, exclusión, xenofobia o inclusive la Guerra del Futbol, aunque ajena al futbol en sí mismo, para preservar el poder de las elites (p. 284). Una guerra donde 6 000 personas perdieron la vida y 50 000 sus casas. Una “guerra de distracción”, un instrumento utilizado para aumentar las tensiones nacionalistas ya existentes entre dos países pobres con gobiernos autoritarios, en un escenario que engloba cuestiones sobre la reforma agraria, inmigración y problemas demográficos.
En el capítulo 8, “The Geopolitics of Soccer”, se analiza la geopolítica del futbol para mencionar varios encuentros emblemáticos dignos de ejemplificar la magnitud de este deporte que representa un lenguaje universal, una alta prioridad doméstica (Futbol para Todos en Argentina), al igual que una manera para dar visibilidad a una nación en el escenario mundial. Por lo mismo, en la Copa del Mundo el hecho de que una potencia débil pueda ganarle a una poderosa hace de la victoria en la cancha un momento de orgullo nacional. Políticos dueños de clubes utilizan este deporte para tener más apoyos, mientras las fuerzas políticas se identifican con las principales barras de aficionados. Así, el encuentro entre Argentina e Inglaterra en 1986 o el de Francia y Senegal en 2002 son algo más que deporte. En este contexto cabe mencionar algunos casos de estudio que aquí aparecen, como el escándalo de corrupción de la FIFA de 2015 o el partido Serbia contra Albania para la calificación a la fase final de la Eurocopa 2016 el día 14 octubre de 2014, interrumpido cuando un dron que llevaba la bandera de la gran Albania sobrevoló la cancha causando enfrentamientos entre aficionados y los mismos jugadores.
Caso emblemático en este capítulo es Boban, jugador del equipo de la Dinamo Zagreb. Era el 13 de mayo de 1990 y enfrentaba a sus rivales del Estrella Roja de Belgrado, durante unos disturbios en el estadio, Boban se convirtió en un héroe para los croatas nacionalistas al patear a un policía yugoslavo que estaba agrediendo a un fan de su equipo. Ese fue uno de los partidos que cambiaron al mundo, presagio de la guerra que se acercaba. En este capítulo se hace también hincapié en el soft power. La elección de la sede de la FIFA en Suiza como país neutral, es decir, un ejemplo de convivencia, o el Reino Unido quien, sin ser parte de la FIFA, desde su inicio gana a través del equipo de Uruguay.
El capítulo 9, “Soccer, Sovereignty and the State of Exception”, recuerda al lector que se trata de un libro muy didáctico, pues se trabajan conceptos básicos de la ciencia política entre soberanía y Estado de excepción, estudiando el caso chileno desde Allende a Pinochet con los estadios de Chile tristemente utilizados como campos de tortura. Por otro lado, se habla de la FIFA y el reconocimiento de entidades que de facto ejercen soberanía y se aceptan como miembros-entidades que no son Estados; este organismo puede expulsar Estados miembros, razón por la que el organismo crea a propósito leyes de seguridad durante los mundiales, las cuales sustituyen incluso las leyes nacionales. Ejemplo de esto es el futbolista político de Brasil, Romário, quien acusó a la FIFA de no respetar la soberanía de Brasil durante el mundial de 2014 por no pagar impuestos y obligar a gobiernos nacionales a gastar miles de millones de dólares en estadios en vez de gastarlos en viviendas sociales. Es decir, el dilema de la soberanía se vuelve problema de múltiples soberanías y de contextos distintos. Por otra parte, se pasa de la definición de Grocio, a la de Hobbes, a Bodin y a Weber para llegar a la de Foucault. Cuando la FIFA acepta a Estados no soberanos o a miembros no estatales, revoluciona los cuatro criterios que identifican a un Estado soberano. Cuando los gobiernos deciden acerca del estado de excepción durante los partidos, afectan a aficionados y jugadores; y es finalmente el soberano quien decide cuándo se trata de un caso de excepción y qué se hace en esa circunstancia.
Concluyendo esta reseña, es importante remarcar cómo el autor logra involucrar al lector al tejer una red de teorías. En cada capítulo, Bar-On agrega a los tres ejes tradicionales nuevas tendencias y perspectivas, encontrando una relación entre realidad y teorías con casos ejemplificativos destinados a dejar huella en el mundo del futbol. Escrita principalmente para estudiantes, esta obra representa una manera diferente de concebir libros de texto universitarios, utiliza la lógica del futbol para dar vigor y acercar al lector a las teorías de las relaciones internacionales. Su gran aliado es la FIFA, criticada por interpretar una ideología dirigida al capitalismo, al neocolonialismo, al nacionalismo oportunista, al antiliberalismo liberal y al sexismo.
Representación metajurídica legítima de los pueblos, que administra la antropología urbana donde impera la necesidad de entrar en la vida privada de los jugadores, ahora la FIFA tiene la encomienda de incluir en la cultura institucional el respeto a los derechos humanos, mejorar la seguridad en el trabajo, la dignidad salarial y cuidar el trabajo de los menores de edad. Esto representaría una dignificación del futbol, imagen simbólica de la nación, así como encarnación del soft power, donde las victorias de la selección son victorias del Estado y de toda la nación, además de un medio de afirmación ante la comunidad universal.










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