Introducción
Son varios los factores relevantes en la determinación de la situación presente del mundo y de sus perspectivas próximas. El profundo receso mundial de 2008-2009 no se ha curado del todo. Los ritmos de crecimiento entre 2009 y 2020 de los países industrializados y hasta en desarrollo no regresan a la normalidad anterior, especialmente los primeros, a pesar de algún repunte solitario de Estados Unidos (véase Tabla 1). Sin haberse resuelto agudos problemas conjuntos, la economía mundial se adentra en una etapa difícil por los acomodos favorables a unos y desfavorables a otros que habrán de resolverse antes de alcanzar una etapa con menores sobresaltos y conflictos. Estamos en medio de un contexto pleno de desequilibrios comerciales, financieros y una tendencia al declive del crecimiento internacional. La epidemia del coronavirus probablemente precipitará estas tendencias en una crisis de empleo de proporciones mayúsculas.
Tabla 1 Crecimiento, Consumo Público e Inversión.
Países desarrollados.
(Tasa
de crecimiento)
1986-1995 | 1996-2005 | 2001-2010 | 2011-2019 | |
Producto | 3.0 | 2.9 | 1.7 | 1.8 |
Consumo público | 2.2 | 2.1 | 2.2 | 1.0 |
Inversión | 3.3 | 3.5 | 0.5 | 2.8 |
Fuente: Fondo Monetario Internacional.
Como primera cuestión a examinar está la evolución del intercambio y de los fenómenos financieros que influyen en la ulterior integración o desintegración de los mercados mundiales.
Comercio y orden económico del mundo
Por más que se precisen antecedentes, la crisis 2008-2009 parece constituir un parteaguas en el comportamiento económico global y de muchos países.1 Antes, la integración y las estrategias de desarrollo exportador parecían imprimir prosperidad que se difundía con mayor o menor intensidad a lo largo y ancho del mundo. En el largo periodo 1986-2005 el volumen de comercio exterior de bienes y servicios creció a la notable tasa de 6.2% anual, mientras el producto mundial lo hacía a 3.5%, recibiendo claramente el impulso de la integración de mercados (véase Tabla 2). Entonces, la expansión de las zonas industrializadas avanzó con firmeza y la del Tercer Mundo a mayor velocidad. El lapso del mayor auge e incluso de gestación de los primeros desacuerdos se abrió entre 1999 y 2008 cuando el producto mundial subió a razón de 4.2%, con 2.5% en el Primer Mundo y 6.2% en el grupo de países emergentes o en desarrollo (véase Tabla 3).
Tabla 2 Producto y comercio Internacionales.
(Tasas de creciente)
Año | Producto | Comercio |
1986-2005 | 3.6 | 6.2 |
2008 | 3.0 | 2.9 |
2009 | -0.1 | -10.5 |
2010 | 5.4 | 12.5 |
2011 | 4.3 | 7.0 |
2012 | 3.5 | 3.1 |
2013 | 3.5 | 3.6 |
2014 | 3.6 | 3.9 |
2015 | 3.5 | 2.8 |
2016 | 3.4 | 2.3 |
2017 | 3.8 | 5.7 |
2018 | 3.6 | 3.6 |
2019 | 3.0 | 1.1 |
Promedio 2008-2019 | 3.4 | 3.1 |
Fuente: Census.Usgov.
Tabla 3 Crecimiento del producto mundial
Año | mundo | industrializados | En desarrollo |
1980-1995 | 3.3 | 3.0 | 3.7 |
1996-2005 | 3.8 | 2.8 | 5.0 |
1999-2008 | 4.2 | 2.5 | 6.2 |
2001-2010 | 3.9 | 1.7 | 6.2 |
2011-2020 | 3.6 | 1.9 | 4.8 |
Fuente: Fondo Monetario Internacional.
Después afloran desajustes larvados tiempo atrás por la distribución desigual de costos y beneficios o dificultades nuevas que subrayan el agotamiento de la apertura de mercados, del prestigio de las políticas neoliberales, tanto como de la pérdida de la unidad de propósitos de los liderazgos internacionales. 2
Una prueba sintomática se observa en la inestabilidad de las corrientes comerciales vinculada desde luego a su menor dinamismo intrínseco. Así entre 2008 y 2019 el intercambio de bienes y servicios apenas crece a 3.1% anual -a la mitad del periodo anterior-, mientras la producción se recupera y lo hace a razón de 3.4%, invirtiendo la relación anterior entre comercio internacional y producto (véase de nuevo Tabla 2).3 Poco a poco cobran intensidad y relevancia política los desequilibrios entre países mientras -a contrapelo-, esfuerzos nacionales rezagados intentan ganar superávit o reducir los déficit de sus balanzas de pagos, multiplicando las tensiones entre naciones (véanse Tablas 4 y 5).
Tabla 4 Algunas Balanzas de Pagos Deficitarias.
(Miles de millones de dólares)
Año | Estados Unidos | Reino Unido | Canadá | América Latina | México |
2008 | -690.8 | -101.2 | 1.5 | -42.3 | -20.7 |
2009 | -384.0 | -70.1 | -40.4 | -30.7 | -8.7 |
2010 | -442.0 | -66.6 | -58.2 | -96.6 | -5.2 |
2011 | -445.7 | -51.6 | -49.6 | -111.0 | -12.5 |
2012 | -426.8 | -100.9 | -65.7 | -146.4 | -18.7 |
2013 | -348.8 | -141.9 | -59.3 | -169.2 | -31.8 |
2014 | -365.2 | -149.6 | -43.2 | -183.0 | -24.8 |
2015 | -407.8 | -142.4 | -55.2 | -169.1 | -30.5 |
2016 | -428.3 | -139.3 | -48.9 | -98.5 | -24.3 |
2017 | -439.6 | -88.1 | -46.3 | -79.0 | -19.4 |
2018 | -491.0 | -109.1 | -45.2 | -100.2 | -22.2 |
2019 | -539.5 | -94.7 | -32.5 | -103.6 | -21.1 |
2008-2019 | -5,409.5 | -1,255.5 | -546.0 | -1329.6 | -239.9 |
Fuente: Fondo Monetario Internacional.
Tabla 5 Balanza de Pagos de los principales países superavitarios.
(Miles de millones
de dólares)
Año | Euro-área | Medio Oriente y África del norte | Alemania | China | Japón | México-Estados Unidos |
2008 | -192.8 | 347.9 | 210.9 | 420.6 | 142.6 | 82.2 |
2009 | 19.0 | 40.3 | 196.7 | 243.3 | 145.3 | 72.7 |
2010 | 31.1 | 169.9 | 192.3 | 237.8 | 221.0 | 93.7 |
2011 | -12.4 | 405.2 | 232.9 | 136.1 | 129.8 | 100.1 |
2012 | 173.5 | 413.0 | 251.6 | 215.4 | 59.7 | 102.8 |
2013 | 300.7 | 333.5 | 244.7 | 148.2 | 45.9 | 112.2 |
2014 | 340.4 | 193.7 | 280.0 | 236.0 | 36.8 | 123.1 |
2015 | 313.1 | -120.3 | 288.4 | 304.2 | 136.4 | 122.1 |
2016 | 370.3 | -116.9 | 293.8 | 202.2 | 197.9 | 123.1 |
2017 | 409.7 | -4.4 | 295.8 | 164.9 | 202.0 | 132.3 |
2018 | 396.6 | 118.3 | 289.5 | 49.2 | 175.3 | 142.4 |
2019 | 376.6 | 2.8 | 269.1 | 59.6 | 172.1 | 101.7 |
2008-2019 | 2,525.8 | 1,783.0 | 3,045.7 | 2,417.5 | 1,664.8 | 1,308.4 |
Fuentes: Fondo Monetario Internacional y Banco de México.
El mayor desajuste estructural corresponde a Estados Unidos con una balanza deficitaria de pagos de 5,404.5 miles de millones de dólares -alrededor de 350 a 500 miles de millones anuales- acumulado entre 2008 y 2019 que lo transforma en el país más endeudado del mundo.4 Al parecer Estados Unidos comienzan a verse imposibilitados a cubrir uno de los precios de su hegemonía mundial -la de abrir accesos a su mercado a los países- que tendrá serias implicaciones en la división internacional de bloques comerciales y producción.
En ese mismo lapso, los déficit norteamericanos estuvieron acompañados de desequilibrios análogos en otros países: Inglaterra (1,255 miles de millones de déficit), Canadá (546 miles de millones) y América Latina (1,330 miles de millones) (véase Tabla 4). Del lado contrario, China, Japón, Alemania y los países petroleros del Medio Oriente; acumulan conjuntamente alrededor de 8 billones de dólares de superávit (Tabla 5). Esos excedentes o deficientes poco a poco originan las cifras insostenibles de la actualidad.
Más allá de los intentos de largo término de los países por igualar sus eficiencias y productividades o alcanzar especialidades estables en las cadenas productivas, arreglar los enormes desajustes del intercambio exigiría de ajustes que lleven a los países superavitarios a revaluar sus monedas y a devaluar las suyas los países deficitarios. Antes, dado el poder hegemónico de Estados Unidos, resultaba factible llegar a ese tipo de arreglos. Recuérdese el acuerdo del Hotel Plaza de Nueva York, durante la presidencia de Nixon, donde se convino la revaluación del yen japonés y del marco alemán en alivio de la balanza norteamericana de pagos sin forzar la devaluación del dólar.
Dada su magnitud acumulativa, los desacomodos comienzan a manifestarse en desacuerdos graves, entre los que destacan el conflicto sino-estadounidense, la revisión exigida del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y las tensiones entre Europa y Norteamérica. Tal situación llevó al uso o a la amenaza del uso de tarifas y medidas de estilo proteccionista que no sólo pusieron en entredicho el meollo del orden económico internacional, sino conllevan la necesidad de concertar complejos acuerdos jurídico-económicos a fin de abrir cauces a prosperidades realmente compartidas. Como resultado de esos embrollos, ya las principales naciones con estrategias exportadoras enfrentan entorpecimiento como se infiere del menor crecimiento reciente de China, Alemania, Japón y de países con políticas semejantes.
A mayor abundamiento, hay turbulencias nacionales y hasta electorales, vinculadas de algún modo a consecuencias indeseadas del orden económico internacional al traducirse en las estrategias nacionales. Son perceptibles esos nexos de inestabilidad en el Brexit, en las protestas populares en Francia, Chile, Argentina y Medio Oriente. Esos hechos afloran y tipifican desequilibrios nacionales o derivados de la integración universal de mercados, sea en materia distributiva de ingresos o del propio poder político.
La incorporación de China o la India como miembros activos de la economía capitalista global con 37% de la población mundial y con tasas de crecimiento que exceden con mucho a los de los países avanzados -a la corta o a la larga- demandará ajustes en los viejos centros universales del poder económico, financiero y político. Ello ya se manifestaba en la distribución de las reservas monetarias internacionales. Desde 2014, donde China, contaba con 32.3% de las mismas que sumadas a las de la India alcanzaban 36.8%, mientras todas las naciones desarrolladas acumulaban apenas 34.4%. Así se anuncia el preludio a la evolución previsible de los puntales del sistema financiero mundial y a una época de tensiones competitivas.5
De otro lado, la apertura de mercados, la competencia internacional, tienen efectos distributivos de significación. En los países industrializados, sobre todo en los superavitarios, la intensa concurrencia en costos y precios es un freno a las alzas en las remuneraciones al trabajo que, si bien encogen el crecimiento de la demanda interna, lo sustituyen con los ingresos exportadores. En las naciones emergentes ocurre otro tanto, por cuanto los gobiernos y empresas centran prioridades en fortalecer ahorro y formación privada de capitales para crecer y salir del atraso.
Los hechos referidos norman el comportamiento de mediano y largo plazos de la economía mundial y de sus desplazamientos. Junto a ello se producen fenómenos de corto plazo o de carácter nacional que también cuentan en la evolución de los países. Sea como sea, sin haber superado del todo las crisis de 2008, ya en 2019 el crecimiento global se desaceleró por la menor actividad económica en Europa, Estados Unidos, China, India, Rusia y otros países. Eso mismo quizás es presagio de otra crisis de alcance global. En ello no sólo pesan los desequilibrios anotados o el renacimiento de tentaciones proteccionistas, sino el impacto de problemas que amenazan a los encadenamientos productivos internacionales de los que depende en última estancia la producción conjunta.6 En términos más generales, la atonía del crecimiento industrial en muchos países o el menor comercio se combinan -sin que se dé primacía a uno o a otro- para configurar un panorama mundial incierto que abate sus perspectivas generales (véase otra vez Tabla 4). No acaba ahí la historia, cualquiera que sea el origen del menor crecimiento, ello impacta desfavorablemente en los alicientes a la inversión y en la armonía financiera mundiales (véanse Tablas 8, 9 y 10).
Tabla 6 Estados Unidos.
Millones de dólares
Año | Producto Total | Producto Manufacturero | Porcentaje |
1970 | 5,184,812.30 | 781,901.50 | 15.0 |
1980 | 7,078,010.68 | 923,048.86 | 13.0 |
1990 | 9,807,263.12 | 1,181,844.13 | 12.0 |
2000 | 13,750,373.94 | 1,752,131.63 | 12.7 |
2010 | 16,334,544.14 | 2,017,017.86 | 12.4 |
2018 | 19,517,323.76 | 2,255,707.70 | 11.6 |
Fuente: División de Estadísticas ONU. Precios constantes de 2015.
Tabla 7 Producto y Producto Industrial.
(millones de dólares) precios constantes de
2015
País | Producto Total | Producto Industrial | Porcentaje | |||||||||
2000 | 2008 | 2014 | 2018 | 2000 | 2008 | 2014 | 2018 | 2000 | 2008 | 2014 | 2018 | |
Francia | 1,837,674.63 | 2,092,490.33 | 2,162,529.02 | 2,290,370.00 | 228,599.36 | 248,889.85 | 252,707.82 | 260,004.17 | 12.44 | 11.89 | 11.69 | 11.35 |
Alemania | 2,569,588.89 | 2,848,609.02 | 2,978,269.23 | 3,216,739.34 | 541,596.87 | 632,262.47 | 678,348.54 | 746,848.69 | 21.08 | 22.20 | 22.78 | 23.22 |
Italia | 1,642,881.25 | 1,764,266.61 | 1,636,082.45 | 1,719,325.45 | 287,857.28 | 299,537.09 | 257,736.47 | 289,160.10 | 17.52 | 16.98 | 15.75 | 16.82 |
Japón | 3,991,811.19 | 4,274,546.93 | 4,303,884.07 | 4,525,579.85 | 750,698.73 | 893,586.27 | 877,195.97 | 959,243.19 | 18.81 | 20.90 | 20.38 | 21.20 |
España | 887,901.77 | 1,127,287.64 | 1,051,321.00 | 1,175,483.24 | 145,070.37 | 156,301.89 | 129,104.25 | 145,895.52 | 16.34 | 13.87 | 12.28 | 12.41 |
Reino Unido | 2,005,655.12 | 2,414,086.22 | 2,556,195.00 | 2,752,577.66 | 283,836.00 | 277,204.60 | 272,653.44 | 279,298.20 | 14.15 | 11.48 | 10.67 | 10.15 |
Estados Unidos | 14,177,824.42 | 16,533,595.06 | 17,706,551.19 | 19,536,090.20 | 1,752,131.63 | 2,107,296.27 | 2,108,444.32 | 2,255,707.71 | 12.36 | 12.75 | 11.91 | 11.55 |
Fuente: División de Estadística de la Organización de las Naciones Unidas.
Tabla 8 Formación Bruta de Capital
Crecimiento anual
1982 - 1991 | 1982 - 1991 | 2001 - 2010 | 2011 - 2019 | |
Economías Avanzadas | 3.6 | 4.6 | 0.5 | 2.7 |
Estados Unidos | 2.6 | 7.7 | 0.0 | 3.6 |
Alemania | 2.7 | 1.6 | -0.3 | 2.3 |
Francia | 2.9 | 2.2 | 1.2 | 1.5 |
Italia | 2.1 | 1.5 | 0.1 | -0.4 |
España | nd | nd | 1.2 | 0.8 |
Japón | 5.3 | 0.3 | -2.2 | 2.0 |
Inglaterra | 4.3 | 3.9 | 0.3 | 2.4 |
Canada | 2.4 | 5.2 | 3.8 | 0.7 |
Fuente: Fondo Monetario Internacional.
Tabla 9 Formación Bruta de Capital. Países Emergentes.
Crecimiento anual
1980 | 1985 | 1990 | 1995 | 2000 | 2010 | 2015 | 2018 | |
Brasil | 9.2 | 8.8 | -8.1 | 7.3 | 4.8 | 17.9 | -13.9 | 4.1 |
China | nd | nd | nd | nd | 7.3 | 16.5 | 6.3 | 4.8 |
República de Corea | -16.1 | 7.6 | 15.6 | 10.7 | 14.5 | 17.8 | 7.3 | -1.9 |
India | 8.6 | 8.0 | 18.7 | 7.8 | -5.5 | 14.1 | 4.7 | 9.0 |
México | 12.7 | 11.1 | 11.1 | -31.3 | 9.7 | 6.8 | 4.3 | 0.3 |
Fuente: Banco Mundial
Tabla 10 Varios países y grupos de países. Ahorro e Inversión.
Porcentaje del
PIB
2001-2010 | 2005-2012 | 2013-2019 | |
Países avanzados | |||
Ahorro | 21.7 | 21.5 | 22.5 |
Inversión | 22.4 | 22.1 | 21.6 |
Estados Unidos | |||
Ahorro | 17.3 | 16.8 | 19.1 |
Inversión | 21.5 | 20.8 | 20.7 |
Euro Área | |||
Ahorro | 22.9 | 22.8 | 24.1 |
Inversión | 22.5 | 22.2 | 20.9 |
Asia en Desarrollo | |||
Ahorro | 39.8 | 43.1 | 41.6 |
Inversión | 36.4 | 39.6 | 40.7 |
América Latina | |||
Ahorro | 20.4 | 21.1 | 17.5 |
Inversión | 20.6 | 21.6 | 20.1 |
El acomodo industrial
Desacomodos especialmente intensos, ocurren en materia industrial. En buena parte de los países avanzados el sector industrial reduce o estanca sus aportes al producto al crecer con ritmos menores no mayores a éste como era lo usual con anterioridad (véase Tabla 6). El abrir espacios a los grandes países emergentes sea en la producción o en el intercambio, implica desplazamientos acusados dentro del sector manufacturero por más que la integración de mercado global amplíe oferta y demanda conjuntas.
A escala universal, la industria nueva, la más moderna de Asia, toma la iniciativa en términos dinámicos, de eficiencia y de crecimiento sobre las zonas antes avanzadas y determina hasta excesos mundiales de oferta. Tal fenómeno es particularmente notorio en Estados Unidos, donde la contribución manufacturera se ha reducido del 15% del producto (1970) a una cifra que oscila alrededor de 10 a 11% (2018). En el Primer Mundo, la migración de la industria al sector de servicios seguramente guarda relación con el mermado ritmo de ascenso de la productividad que le aqueja, que luego deteriora la suerte de los salarios y facilita la concentración del ingreso.
Así decae el peso y el ritmo de industrialización de Estados Unidos, Francia, Italia, Reino Unido y comienza a extenderse a países de desarrollo intermedio como Brasil y México. Sólo en economías -Japón y Alemania- con la combinación excepcional de fuertes estrategias exportadoras y decididas políticas industriales se ha sostenido, no sin dificultades, el aporte de las manufacturas a la generación de valor agregado (véase Tabla 7).
En tal perspectiva, la suerte de la industrialización de los países atrasados pasa a defender de su modo de inserción en las cadenas internacionales de valor agregado, del comportamiento de las empresas transnacionales y, sobre todo, de las directrices, a veces encontradas, de los centros mundiales del poder.
Cuando las ventajas comparativas de un país residen en la baratura de la mano de obra, el proceso de industrialización suele quedar restringido o congelado. Además, la estabilidad de los encadenamientos transnacionales es vulnerable a alteraciones de política de los gobiernos centrales, de los consorcios multinacionales y aun de circunstancias eventuales, como ha demostrado la reciente pandemia del coronavirus. En última instancia, la interdependencia económica planetaria plantea cuestiones delicadas que lo mismo inducen a la prosperidad en los países que a concitar males contraccionistas de carácter más o menos general.
El acomodo financiero
La extraordinaria expansión del sector financiero mundial desde la década de 1990 y aún antes, recibió un fuerte golpe con la crisis económica de 2008-2009. A partir de ahí, las tensiones comerciales y la inquietud sobre la estabilidad económica global agravan riesgos e intensifican la variabilidad de las corrientes de capital entre fronteras. En la banca, la dependencia del fondeo volátil de corto plazo en dólares está en el centro de los temores, sobre todo en instituciones distintas de las norteamericanas.7 En tales circunstancias, factores de seguridad inducen la concentración de los flujos internacionales de capitales hacia Estados Unidos agravando sus desequilibrios comerciales. En el otro extremo, las bajas tasas de interés operan en sentido contrario, en la búsqueda ardua de mejores rendimientos, con la aceptación de riesgos incrementados sobre todo de los inversionistas institucionales.
Incertidumbre y contracciones tienen raíces en las políticas contracíclicas implantadas hace tiempo, aunque otras nazcan de disturbios recientes. La manifestación más ostensible de ese fenómeno se registra en el espectacular acrecentamiento de las deudas gubernamentales de los países desarrollados. A raíz de las crisis de 2008-2009, los pasivos de los gobiernos suben a un nivel de 100% del producto en Estados Unidos y al mismo promedio en las naciones europeas, mientras Japón duplica esa cifra.
Ello debió acompañarse con mayúsculas reducciones de las tasas de interés no sólo en razón de políticas antiinflacionarias y de recuperación económica, sino para hacer sostenibles a las endeudadas finanzas públicas de los países.8 Cabe notar aquí un factor de complicación nacido de la desatada competencia impositiva que multiplica los paraísos fiscales y fuerza la reducción de los tributos a la renta del grueso de los países. En Estados Unidos, la reforma impositiva de hace un par de años, comprimió la tasa máxima de tributación de las empresas de 35 a 21% hasta hacerla causa primordial del acrecentamiento del déficit público.
La deuda, el “monetary easing” -compra masiva de títulos de deuda pública o privada- y en especial la reducción de las tasas de interés de los principales bancos centrales a la par de justificarse en combatir recesos, no dejan de tener efectos que adquieren luego perfiles estructurales. El nivel de tasa de interés se traduce en una ventaja competitiva de los países que más puedan reducirlo. En contrapartida, la inundación deliberada de liquidez barata, por fuerza incide en desalentar la formación de ahorro del Mundo Occidental sobre todo si se les compara con los altos estándares de las naciones asiáticas.
Esas circunstancias debilitan los sustentos nacionales o regionales de la formación de capital y de las capacidades futuras de financiamiento (véase Tabla 8). No es trivial, entonces, que las tasas de inversión y ahorro en los países asiáticos casi dupliquen los coeficientes de los países desarrollados y de los latinoamericanos, anunciando futuras alteraciones inevitables en los centros financieros del mundo. (Véanse Tablas 9, 10 y 11).
Tabla 11 Cotizaciones de algunas Bolsas internacionales de valores
Dic. 2013 | Dic.2014 | Dic. 2015 | Dic. 2016 | Dic. 2017 | Dic. 2018 | Dic. 2019 | Ene. 2020 | Tasa Media de Crecimiento | |
Dow Jones | 16,576.7 | 17,823.1 | 17,672.6 | 19,762.6 | 24,719.2 | 23,327.5 | 28,538.4 | 29,196.0 | 8.4 |
Precio utilidades (P/U) | 16.0 | 15.5 | 15.9 | 18.3 | 20.8 | 15.4 | 19.7 | 19.9 | |
Nasdaq | 4,176.6 | 4,736.1 | 4,757.9 | 5,383.1 | 6,903.4 | 6,635.3 | 8,972.6 | 9,370.8 | 12.2 |
Precio utilidades (P/U) | 30.4 | 36.3 | 35.6 | 30.3 | 34.9 | 40.1 | 33.8 | 35.4 | |
S&P 500 | 1,848.4 | 2,058.9 | 2,051.8 | 2,238.8 | 2,673.6 | 2,506.9 | 3,230.8 | 3,320.8 | 8.7 |
Precio utilidades (P/U) | 17.4 | 18.3 | 18.2 | 20.6 | 22.5 | 17.0 | 21.7 | 22.1 | |
Financial Times | 11,180.5 | 10,230.6 | 10,261.5 | 8,817.8 | 10,396.9 | 8,575.7 | 10,003.5 | 9,928.9 | -13.0 |
Precio utilidades (P/U) | 16.6 | 18.8 | 19.6 | 37.7 | 14.7 | 15.5 | 18.5 | 18.4 | |
Bovespa | 21,820.4 | 18,887.1 | 18,885.4 | 18,530.9 | 23,108.7 | 22,694.1 | 28,801.2 | 27,881.3 | 3.6 |
Precio utilidades (P/U) | 18.8 | 16.3 | 15.4 | 32.3 | 18.9 | 19.4 | 18.2 | 18.6 | |
IPYC (pesos) | 42,958.82 | 43,018.75 | 42,977.50 | 45,642.90 | 49,354.42 | 41,640.27 | 43,541.02 | 45,637.32 | 0.9 |
IPYC (dólares) | 3,289.34 | 2,920.48 | 2,494.57 | 2,211.00 | 2,506.60 | 2,118.97 | 2,308.13 | 2,440.41 | -5.6 |
Precio utilidades (P/U) | 27.73 | 22.47 | 19.29 | 20.29 | 16.22 | 16.98 |
Fuente: Bolsa Mexicana de Valores.
De otro lado, las reducidas tasas de interés alientan el endeudamiento de los países y de las empresas singularmente de las pequeñas, de tamaño medio o de creación reciente que usualmente tropiezan con dificultades para acceder a capital de riesgo.9 En términos generales, la deuda conjunta de las empresas norteamericanas viene subiendo con rapidez -quizás demasiado- en los últimos veinte años hasta superar a la de las familias.10 Según Bloomberg, la deuda corporativa ha crecido casi 50% entre 2008 y fines de 2019. Aún más se ha expandido la emisión y colocación (65% de incremento) de bonos de alto rendimiento con mayores márgenes de riesgo.11
En el caso norteamericano, el sobreendeudamiento empresarial ya constituye un obstáculo (no cíclico) a la normalización (alza) gubernamental de las tasas de interés. En otras palabras, la prevalencia por años de condiciones excepcionales, deteriora los estándares prudenciales bancarios y dificulta la vuelta a la vieja normalidad en tanto ésta pudiera provocar el impago de créditos o lesionar negocios con efectos depresivos generalizados. Así, los barruntos de un derrumbe económico, está prolongando el periodo de bajas o bajísimas tasas de interés. En razón de esas preocupaciones, la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco Europeo de Integración han vuelto a reducir tasas de interés y reanudado las cuantiosas compras de valores privados y gubernamentales.
Financiamiento y Desarrollo
La década reciente de crecimiento más intenso fue la de 1999-2008, en la que la economía del mundo se expandió a razón de 4.2%, los países en desarrollo a 6.2% y los industrializados a 2.5%. Fue el periodo en que el financiamiento al desarrollo se desbordó generosamente a 7.7% anual, tanto en su componente de deuda (15.5%), como el aporte de la inversión directa (4%).
Después, la situación cambió, entre 2011 y 2018, la economía mundial sólo pudo recuperarse parcialmente y crecer a 3.6%, con las naciones industrializadas moviéndose a 1.9% y el resto del mundo a 4%. Esto es, el conjunto de los países cedió 42% de su dinamismo anterior, 36% los países en desarrollo y 24% los del Primer Mundo.
Por supuesto, en esas condiciones el financiamiento al desarrollo pierde terreno y sufre fluctuaciones apreciables. Entre 2010 y 2018, los apoyos bajan de 1,373 a 1,032 miles de millones de dólares, esto es, de 6.9 a 3.4% del ingreso nacional de los países distintos al Primer Mundo. El volumen de inversiones y préstamos destinados a esas naciones decrece a -3.6% anual, con -3.9% para la inversión y -3.3% en materia de deuda (Tabla 12). Dado el peso global de los países no industrializados, el fenómeno enunciado es otra manifestación de que la economía internacional no alcanzó desde 2011 un periodo de recuperación completa.
Tabla 12 Flujos Financieros a los Países en Desarrollo.
(Miles de millones de
dólares)
Año | Flujos de deuda | Flujos de inversión | Total |
2010 | 719.8 | 653.5 | 1373.3 |
2011 | 715.2 | 608.1 | 1323.4 |
2012 | 580.0 | 623.7 | 1212.7 |
2013 | 804.6 | 641.4 | 1476.0 |
2014 | 523.3 | 592.3 | 1115.6 |
2015 | -318.2 | 527.6 | 209.4 |
2016 | 210.6 | 514.9 | 725.5 |
2017 | 734.4 | 540.4 | 1274.9 |
2018 | 528.7 | 503.5 | 1032.2 |
Tasa media de crecimiento | -3.9 | -3.3 | -3.6 |
Fuente: Banco Mundial, Debtor Reporting System.
Escudriñando un poco más a fondo se encuentran reacciones de rostro político ya subrayados en estas páginas: el debilitamiento de la formación de capital sobre todo en el Primer Mundo (Tablas 8 y 9), el reacomodo de la geografía industrial; los desajustes comerciales y el renacimiento de posturas proteccionistas.
Pero junto a esos hechos innegables, ocurren cambios estructurales en el contexto global. De un lado, el mundo pierde unipolaridad y, por tanto, los problemas toman carices distintos a los característicos de buena parte del siglo XX. De otra parte, el papel de China como receptor principalísimo del financiamiento al desarrollo va extinguiéndose, al punto de convertirse en fuente emisora de recursos al mundo. Ya entre 2014 y 2018, ese país fue un modesto captador de fondos externos que crecieron apenas a 1.7% anual, con cifras negativas en materia de inversión extranjera directa (8.1% anual). Comienzan a verse lejanos los días en que China absorbía casi 50% de los flujos de deuda y casi otro tanto de la inversión foránea.12
Sin abordar las manifiestas desigualdades en la distribución de financiamientos al desarrollo, cabe observar que hasta ahora la India sólo ha sustituido parcialmente a China, en tanto receptor dominante de la ayuda inversora foránea. Los flujos destinados a ese país ascendieron a poco más de 560 millones de dólares en 2018, correspondiendo en su mayor parte a deuda más que a inversión fresca (Tabla 13), cifra un poco mayor a 26% de lo que captó China en el mismo año. Sin embargo, la India con una balanza de pagos estructuralmente deficitaria y tasas de crecimiento elevadas (más de 6% anual) y una población de más de 1,350 millones en los próximos años será el baluarte del crecimiento del sector financiero internacional como demandante del apoyo al desarrollo.
Tabla 13 Flujos de deuda e inversión.
(millones de dólares)
China | India | |||||
Año | Deuda | Inversión | Total | Deuda | Inversión | Total |
2014 | 1770.5 | 210.8 | 1981.3 | 457.5 | 32.4 | 489.9 |
2015 | 1325.9 | 211.8 | 1537.7 | 478.8 | 39.7 | 518.5 |
2016 | 1415.8 | 164.9 | 1580.7 | 455.5 | 42.0 | 497.5 |
2017 | 1709.9 | 140.7 | 1850.6 | 511.4 | 37.1 | 548.5 |
2018 | 1962.3 | 154.4 | 2116.5 | 521.4 | 39.4 | 560.8 |
Tasa Crecimiento | 2.6 | -8.1 | 1.7 | 3.3 | 5.0 | 3.4 |
Fuente: Banco Mundial.
Así las cosas, para el endeudado Tercer Mundo, el riesgo de la regularización de las tasas de interés en los países desarrollados planteó y plantea un panorama desfavorable, que hoy ha sido sustituido por otro igualmente adverso, el receso mundial con aportes financieros debilitados y remuneración al alza de préstamos e inversiones tomados del exterior.
Otras cuestiones financieras
Sin pretender extenderse demasiado en el campo financiero, sólo mencionaremos otras dos cuestiones de importancia. La primera se refiere al impacto de la política de tasas de interés sobre el prolongado auge del mercado de valores que favorecen la sobrevaloración de sus cotizaciones. Como se observa (Tabla 14), las ganancias accionarias han subido casi sin descanso desde 2013, acrecentando su volatilidad y la probabilidad a un ajuste inevitable, como los que anuncian los desplomes recientes (marzo 9, 13 y 16 de 2020) de los valores bursátiles. En el periodo 2013-2020 (enero) las bolsas norteamericanas (Dow Jones, Nasdaq, S & P) vieron crecer sus cotizaciones a tasas anuales entre 12 y 8%, esto es, dando lugar a revalorizaciones de 76 a 124% de compararse los años extremos de ese periodo o que exceden con mucho al ritmo de ascenso del producto13 (véase Tabla 11).
Tabla 14 Caídas de Algunas Bolsas de Valores.
Diciembre de 2019, Marzo de 2020.
Porcientos
País | % |
Estados Unidos (S&P) | -15.1 |
China (Shanghai) | -2.7 |
Japón (Nikkei) | -17.9 |
Inglaterrra (FTSE) | -22.1 |
Canadá (TSX) | -16.4 |
Euro Área | -22.4 |
Francia (CAC) | -22.9 |
Alemania (DAX) | -21.2 |
Italia (Mib) | -23.7 |
Rusia (RTS) | -29.9 |
Singapur (STI) | -13.6 |
Corea (KOSP) | -13.2 |
Argentina (MERV) | -24.6 |
Brasil (BSP) | -26.4 |
México (IPC) | -11.2 |
Fuente: The Economist (Marzo 14-20, 2020)
Como es fácil observar (Tabla 11), el auge de más de diez años de las bolsas parece haber terminado en 2020 a menos que se adopten cambios estructurales o políticas masiva de corto plazo. La caída de este año es tan general que difícilmente podría atribuirse a fenómenos como la epidemia del coronavirus por más que contribuya a profundizar el fenómeno. En realidad, hay factores recesivos que abaten el desarrollo general de los países e inducen a usar la pandemia como telón distractor de descuidos, incapacidades o errores.
La combinación de volatilidad y sobreprecios accionarios, los desacuerdos petroleros y trastornos no originan, pero acentúan las espectaculares variaciones en los precios de los títulos de muchas empresas (véase Tabla 14). Eso mismo y la búsqueda de seguridad, acrecienta la demanda por bonos de renta fija abatiendo sus rendimientos y acentuando la falta de oportunidades de colocación de fondos líquidos.14 Por último, los impulsos a la inversión empresarial son también desalentadores por la recompra de acciones de las propias empresas mediante el uso de utilidades reinvertibles o, incluso, mediante financiarlo con créditos, todo con ventajas fiscales evidentes.
El segundo fenómeno a subrayar se refiere al ascenso inusitado de las remuneraciones -salarios, sobresueldos, bonos, opciones- a los directivos de las corporaciones principalmente estadounidenses. Entre 1970 y 2015, esos pagos a los directores de empresas, parece haberse multiplicado por cinco a precios constantes, hasta exceder los 9 millones de dólares per cápita.15 Ese fenómeno, unido a la recompra empresarial de acciones, tiene efectos depresores en la inversión empresarial que contribuye a la concentración del poder del mercado y, luego, del ingreso. Así, los mercados tienden a la oligopolización, se tornan menos competitivos, acompañados de desequilibrios en el reparto del ingreso y de riesgosas oscilaciones en las bolsas de valores.16
La epidemia del coronavirus
Una pandemia es un enemigo político casi perfecto por cuanto no nace fundamentalmente de controversias ideológicas o de críticas a la conducta macroeconómica gubernamental; además, a futuro siempre se tiene la certeza de derrotarla tan pronto se disponga de vacunas, de medicamentos eficaces o del tiempo para que la población se autoinmunice.
Sea como sea, a las posibles dificultades económicas se suman ahora los riesgos a la salud con efectos depresivos sobre las economías nacionales. La pandemia pone de manifiesto descuidos persistentes en la cobertura de la seguridad social17 y ahora, retos enormes a los sistemas hospitalarios y de salud, sin contar efectos económicos nada desdeñables.
En realidad, toda pandemia es un problema universal que demanda soluciones a escala también universal. Por supuesto no constituye la única cuestión que exigiría ese tipo de tratamiento. Aun así, las respuestas colectivas a esa crisis quizás abran brecha a esfuerzos aplicables a otras cuestiones pendientes, como del endeudamiento de los gobiernos, las desigualdades distributivas y, singularmente, las del calentamiento global.
Desde luego, el tratamiento epidemiológico se complica por la incorporación de países densamente habitados, en un sistema económico y de salud interdependiente. En lo económico causa rupturas, interrupciones, desviaciones en las cadenas productivas donde se sustenta la división mundial del trabajo. Lo anterior conlleva trastornos, altos costos, distribuidos en función de los alcances de las medidas de contención y combate epidemiológicos. Las redes hospitalarias, las empresas de aviación, el turismo, los restaurantes, el transporte, algunas manufacturas, los hoteles, cines y teatros; son candidatos a sufrir trastornos importantes.
Desafortunadamente se trata un shock inicial del lado de la oferta que afecta actividades que suelen usar abundante mano de obra, entre lo cual no siempre se encuentra la mejor remunerada o la mejor protegida. Ahí se sitúan multitud de empresas medianas y pequeñas, a veces endeudadas, que pudieran verse forzadas a reducir desde operaciones y empleos hasta dejar de operar y perder clientela.18 Por igual, ahí se sitúa la masa de los trabajadores informales que no sólo son los menos protegidos, sino los más difíciles de proteger.
Reducir los contagios lleva y llevará a las autoridades nacionales a limitar el funcionamiento normal de mercados, empresas y eventos que requieran de la aglomeración de personas. Esos hechos, por más que contravengan o desvirtúen las ventajas de mercados integrados han debido implantarse en más y más países: China, Italia, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y comienza a hacerse en toda América Latina. En consecuencia, son de esperar impactos temporales severos que hacen de la política de defensa del empleo formal e informal prioridad inescapable. Más aún, la distribución geográfica de la epidemia no es pareja, afecta con intensidad a los focos de mayor densidad de población, frecuentemente los más avanzados de los países.
En el caso de México, el énfasis debiera estar en el cuidado a la ocupación y en la defensa de la planta productiva nacional. Recuérdese, además que el tratamiento y las consecuencias de la epidemia complicará el entramado de políticas orientadas al alivio de la pobreza y a la mejora de la distribución nacional del ingreso. Pese a compromisos y ofrecimientos gubernamentales, deberán alterarse los presupuestos públicos -en nivel y composición- donde el gasto es un componente importante en el combate a una enfermedad que se difunde con excepcional rapidez, afecta con distinta intensidad en las esferas productivas por más que su tasa de mortalidad sea reducida. Del mismo modo, el esfuerzo público debiera estar acompañado, como afortunadamente ocurre, con acciones concurrentes de la solidaridad privada y empresarial.19
No terminan ahí las demandas ni las posibles respuestas de los gobiernos en torno al problema epidemiológico mencionado. Algunos países usan la política monetaria, al abatir las tasas de interés y extender los plazos para aliviar endeudamientos de empresas y familias. Sin descartar por entero esa política, hay el riesgo de confundir una crisis de salud y empleo con una crisis de liquidez o de carácter bancario, esto es, de complicar la selección de los sujetos a quienes se desea proteger o beneficiar. En contraste, las acciones fiscales prontamente implantadas son eficaces al dirigir el gasto público a transferencias a desocupados, pobres u ofreciendo suministros de equipos e insumos a precios accesibles. De la misma manera, convendrá prestar apoyo a empresas o actividades que resulten dañadas seriamente para atenuar también de ese lado las presiones sobre la ocupación.
Sea como sea, la respuesta al coronavirus obliga u obligará a absorber cuantiosas pérdidas económicas, a reforzar los programas sociales y a lograr la recuperación pronta de la inversión pública y privada. Obsérvese, además, que remediar sus impactos en el empleo, tomarán tiempo y que difícilmente podrá frenarse la informalidad acumulada sin la reanimación general de la economía.
Hasta ahora, las principales medidas encaminadas al control de la pandemia han sido de orden nacional. Urge complementarlas con acciones ambiciosas de cooperación internacional. Al menos, es urgente compensar la reducción secular en el financiamiento al desarrollo frente a las necesidades que provoca la asociacion del receso mundial y de pandemia del coronavirus. El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los bancos regionales de desarrollo podrían acrecentar sustantivamente los préstamos a los países atrasados e instrumentar una moratoria temporal de los pagos por deudas contraídas con anterioridad, medida también aplicable a los créditos privados. Tampoco podría descartarse la aprobación de la emisión de “derechos especiales de giro” a distribuir si es posible, entre los países en desarrollo y celebrar acuerdos de apoyo entre los bancos centrales de los países avanzados con instituciones semejantes en naciones en desarrollo.
Conclusiones
Sin haber agotado el tratamiento de los problemas de la economía internacional, se incurrieron en vacíos que conviene puntualizar. Prácticamente no se ha hecho referencia a los dilemas que plantean el envejecimiento demográfico, las migraciones, las desigualdades generales o de género. Tampoco se ahonda en la interrogante de si las disparidades distributivas y si el descenso en los ritmos mundiales de desarrollo son atribuibles a factores tecnológicos -incluido el impacto de la inteligencia artificial- o simplemente reflejan la reducción de las tasas de formación de capital privado y público.20 Por último, se dejan casi de lado los efectos de la competencia internacional expresada en rebajas impositivas que comprimen la capacidad de los estados, tanto en la atención a desajustes económicos como distributivos.
Con todo, cabe reconocer explícitamente los síntomas de otra grave crisis global, tanto como la insuficiencia de las políticas monetarias o de la automaticidad de los mercados, como en inhibidores de recesos y crisis.21 Resaltan entonces las ventajas de contar con estados fuertes, capaces de acordar entre sí y de combinar en lo interno políticas fiscales y monetarias que regulen, suplan, corrijan debilidades mercantiles, expresadas en inestabilidades, desigualdades, errores en la orientación del cambio tecnológico y del combate a emergencias.
Por primera vez, el avance de la ciencia abre horizontes que liberarían al hombre de parte de su carga del trabajo y le brindarían resguardo con servicios universales de protección. En contraste, lo que se observa es distinto, es la multiplicación de crisis, de escollos al empleo, al disfrute parejo del bienestar. Se difiere o no se emprende la creación de instituciones y el diseño de políticas conjuntas de cooperación universal que, junto a su acción contracíclica, atiendan problemas comunes relevantes: el entramado distributivo entre y al interior de los países, el deterioro climático y el logro de prosperidades compartidas.
En el caso concreto de México el triple o cuádruple origen de la emergencia que nos aqueja -desplome de los precios petroleros, desaceleración económica universal, polarización política interna, falta de inversión y el coronavirus-, exige emprender acciones poco usuales por complejas y atrevidas en un clima plagado de incertidumbre. Abundan las predicciones pesimistas que pronostican de la caída del producto hasta de -7% mientras los optimistas la sitúan a -2%. Los cálculos provienen, de bancos, calificadoras de riesgo, organismos internacionales y de otras instituciones de adentro o de afuera.22
Ante problemas convergentes, imperfectamente anticipados y quizás fuera de nuestra capacidad nacional de resolverlos, las estrategias gubernamentales debieran ser flexibles y abordar unos cuantos objetivos: proteger a las personas, al empleo y a la planta productiva nacional, reducir hasta donde se pueda la acción de nuevos y viejos factores contraccionistas y cuidar de las premisas redistributivas implantadas. Casi con certeza se requerirá de crédito y de transferencias gubernamentales ampliadas, sea en fortalecer los sistemas de protección social, sea en compensar la reducción del empleo o los efectos provocados por la abstinencia inversionista pública y privada.
En principio, frente a condiciones excepcionales, habrá que responder con iniciativas del mismo género. Con todo, la crisis podría abrir la puerta a iniciativas progresivas inobjetables, sea en ampliar los derechos de acceso a los servicios de salud, sea en explorar las ventajas de la renta básica, sea en la implantación parcial del seguro de desempleo, acotado por lo pronto a empresas modernas afectadas por la epidemia -compañías de aviación, centros hoteleros o cadenas de restaurantes- o en alcanzar un nuevo acuerdo social entre empresarios trabajadores y gobierno.
De inmediato se requiere unificar voluntades, propósitos, se justifica modificar el celoso equilibrio presupuestario comprometido. Sin duda, por efecto del receso, los ingresos públicos van camino de contraerse, mientras las necesidades tenderán a crecer exponencialmente. De la misma manera, el Banco Central debiera moderar su obsesión por resguardar inflación y tipo de cambio -a costa del ritmo de desarrollo- cuando el receso mundial recrudecerá inevitablemente nuestros desequilibrios de pagos. Asimismo, conviene incrementar el aporte de la banca de desarrollo en multiplicar los créditos a las actividades deprimidas y a la formación de capital. En esos términos, el Banco de México en vez de restar liquidez con la emisión de bonos de regulación monetaria, podría facilitar la reactivación económica ofreciendo redescuentos, por ejemplo, a la banca de desarrollo.23
Permanecer impasibles ante la probable explosión del desempleo, de la informalidad, negar apoyos a empresas o familias equivaldría al abandono de responsabilidades sociales acaso indeclinables. Por fortuna, ya proliferan compromisos, iniciativas de ayuda de empresas y particulares internas o del exterior que sólo falta organizar y jerarquizar en un esfuerzo de alcance nacional.24
Aquí conviene tomar nota de los cambios de la política de Estados Unidos. Ese país registra un déficit gubernamental enorme de más de un millón de millones de dólares, unido a otro déficit grave y crónico de balanza de pagos (2.5% del producto). Precisamente esos son los dos problemas que ven con mayor detenimiento las calificadoras internacionales de riesgos al evaluar la capacidad de los países para servir su deuda.25 Aun así, ante la contracción económica internacional y los efectos del coronavirus, el Senado y el Poder Ejecutivo de ese país aprobaron una ley que les compromete a erogar miles de millones de dólares adicionales -2 trillones anglosajones- en ayudas relacionadas al combate de los daños de la emergencia económica y sanitaria entre su población y empresas. Se considera primordial transferir ingresos a los grupos más pobres, ampliar los beneficios del seguro al desempleo, rehabilitar empresas, hospitales, respaldar a gobiernos de ciudades mediante recursos, créditos y estímulos tributarios.
Hay un adiós -no se sabe de qué duración- a las políticas de austeridad y a las monetarias que no parecen aptas para resolver y pueden complicar la solución de depresiones y emergencias críticas. En año de elecciones, a escala nacional, las medidas buscan evitar la posibilidad de ahondar un receso que podría regresar el coeficiente de desempleo a 10%, así como causar daños a la oferta económica por el cierre sorpresivo de empresas y transacciones en un mundo en contracción.
El abandono de frenos ideológicos innecesarios a la economía pública está llevando al renacimiento de la política fiscal como instrumento básico de la acción desarrollista y contracíclica de los gobiernos. Por segunda vez, el gobierno de Trump ha recurrido al auxilio en gran escala de la política hacendaria. La primera vez con la reforma impositiva de 2017 que a través de la masiva desgravación de tributos y el acrecentamiento del déficit fiscal, se creó un medio revitalizador -exitoso a medias- de la inversión privada. Ahora, se echa mano de un gasto público incrementado sin precedente, con propósitos anticíclicos y, de paso, con el de combatir la epidemia del coronavirus.26
Así, gana terreno un nuevo estilo de hacer las cosas, un posible cambio paradigmático en el orden internacional y de los países. En 2008-2009, los alivios de los fiscos nacionales a la crisis quizá no excedieron sumados a 2% del producto mundial. Hoy, los compromisos ya adquiridos de los gobiernos parecen multiplicar con creces esas sumas. También hoy, los cambios en las políticas nacionales parecen cuidar más de las demandas internas y menos de sus impactos globales al tiempo que se complican y hasta contradicen los liderazgos del mundo.
Sin proceder a corregir a fondo las distorsiones estructurales, los centros mundiales emprenden un nuevo intento de romper el estancamiento económico previsible por la vía de inundar a los países y al mundo con liquidez y luego con un gasto publico de proporciones antes desconocidas. Quizás la magnitud de preocupaciones y ayudas está asociada al riesgo no del todo resuelto de caer en una crisis irreparable en nuestro presente modo de vida. Al parecer se ahondan las perspectivas de una profunda depresión mundial, anunciada por una sucesión de hechos interrelacionados: economías endeudadas en lo público y en lo privado, débil formación de capital, retrocesos y conflictos en la integración global, recesos en las principales economías exportadoras -Alemania, China, Japón-, bandazos en las políticas nacionales, conflictos insertos en la incipiente lucha por la supremacía monetaria mundial.