Introducción
La migración es uno de los procesos más investigados en México por su relevancia económica y social. Con la transformación de los patrones migratorios se ha puesto mayor atención en la migración de niñas, niños y adolescentes, en especial en sus procesos educativos. Se han analizado las dificultades administrativas para acceder al sistema educativo de los retornados a este país, los problemas que surgen para la generación 1.5 y posteriores al afrontar una cultura parcialmente desconocida para ellas, la educación para migrantes en tránsito por México y otros asuntos relacionados con las temáticas de educación y migración (Valdez y García, 2017; Zúñiga y Saucedo, 2019; Rentería et al., 2017).
Este trabajo, de carácter exploratorio, forma parte de estos estudios al abordar la relación existente entre la continuidad educativa, los procesos familiar-migratorios que viven los jóvenes que cursan la educación media superior y los potenciales efectos de los roles de género en estas dinámicas. En este sentido, se examina la conexión entre las dinámicas transnacionales de las familias a las que pertenecen los jóvenes y cómo, a partir de ellas, el panorama educativo y laboral de ellos cambia dando lugar a expectativas de vida en Estados Unidos. Para estos individuos, las fronteras, además de ser espacios donde mercancías, trabajadores, actividades formales e informales transitan o acontecen de un lado y otro, son un recurso que puede traducirse en oportunidades (Cruz, 2019; Rodríguez y Durán, 2021).
Estas temáticas se presentan en cinco apartados. En el primero se discuten las perspectivas teóricas de las cuales partimos para explicar las dinámicas transnacionales y sus efectos sobre las expectativas de los jóvenes. En el segundo se expone la metodología utilizada y cómo se desarrolló su aplicación durante el trabajo de campo. En el tercero se analizan y discuten los hallazgos a nivel general y se retoman tres casos para ilustrar los tres grados de intensidad trasnacional que explicaremos adelante. El cuarto apartado contempla unas breves conclusiones y el quinto agrupa la bibliografía usada en el texto.
De la teoría utilizada
El transnacionalismo en las dinámicas de los jóvenes
En términos generales, hablar de transnacionalismo en su forma más amplia es referirnos a las “ocupaciones y actividades que requieren contactos sociales periódicos y sostenidos a lo largo del tiempo y a través de fronteras nacionales para su implantación” (Portes, 1999, p. 219). El transnacionalismo explora múltiples procesos, entre los cuales podemos encontrar las relaciones gubernamentales, los vínculos económicos, las actividades de organizaciones civiles, religiosas, organizaciones criminales, etcétera. Sin embargo, al hablar de migración y procesos de movilidad humana estamos haciendo referencia a un tipo de transnacionalismo desde abajo (Portes, 1997; Guarnizo y Smith, 1998), que se constituye por el contacto constante de las personas a través de las fronteras, superando las barreras gubernamentales restrictivas de la movilidad humana, estableciendo lazos, identidades y espacios transnacionales (Sinatti, 2008).
Desde esta perspectiva teórica, los vínculos entre emigrantes y aquellos que permanecen en el país de origen no se rompen, al contrario, permanecen y continúan moldeando las prácticas de las personas en ambos lados de la frontera. El transnacionalismo, como el establecimiento de vínculos de distinta naturaleza entre el lugar de origen y de destino, siempre ha estado presente en los movimientos migratorios, sin embargo, los avances tecnológicos le han dado mayor poder explicativo. La accesibilidad de las tecnologías de comunicación implica que lo novedoso en las relaciones transnacionales sea “la intensidad de las conexiones, las nuevas formas de transacción surgidas, así como la multiplicación de actividades que requieren contactos allende las fronteras” (Solé et al., 2008, p. 14).
En esta investigación partimos de un enfoque transnacional desde abajo para explicar la relación entre las prácticas familiares transnacionales e imaginar el futuro en el extranjero. Las continuadas interacciones a través de la frontera, los trabajadores documentados e indocumentados y los cruces que estos realizan dan lugar eventualmente a las familias transnacionales, entendidas como aquellas que se desenvuelven cotidianamente entre dos diferentes espacios territoriales, económicos, emotivos y sociales (Ojeda y López, 1993).
En el interior de estas familias se desarrollan prácticas que fluyen a través de los vínculos transnacionales creados: llamarse por teléfono celular o comunicarse por redes sociales, enviar dinero o regalos constituyen hechos sociales ejemplos de estos vínculos. Estas prácticas familiares son la base no solo para transferir recursos económicos en las redes (remesas), sino también para toda una serie de decisiones y acuerdos acerca de las posibilidades y la viabilidad sobre quién puede migrar a Estados Unidos. Estas prácticas, a su vez, son reconfiguradas por las relaciones transnacionales, de tal manera que hábitos de consumo, decisiones laborales y educativas, distribución de tareas en el hogar, etcétera, se ven modificados ante estas relaciones (Parella, 2007).
Además, las relaciones transnacionales significan un vehículo de información relevante acerca de Estados Unidos. Esta información que llega a los lugares de origen constituye el saber migratorio, conjunto de saberes que posibilitan que los jóvenes piensen su futuro en el extranjero aún sin haber vivido en Estados Unidos, es decir, les permite concretar su percepción transnacional (Rodríguez y Durán, 2021). En específico, las relaciones transnacionales en el interior de las familias, que modifican las prácticas en ambos lados de la frontera y son vehículo de información sobre el trabajo y las posibilidades educativas en el extranjero, son la base para la construcción de la percepción transnacional o, dicho de otra forma, les permiten pensarse a futuro en Estados Unidos.
Las relaciones transnacionales familiares no necesariamente involucran a todos sus miembros de la misma forma ni se reparten los recursos de modo igualitario. En el interior de estas “convergen distintos grados de empoderamiento y participación de sus miembros” (Rodríguez y Durán, 2021, p. 315), ya que existen mecanismos que excluyen algunos de los saberes migratorios u oportunidades de emigrar. Aunque la familia pueda actuar como unidad, existen diferencias internas y relaciones de poder que generan conflictos de interés y relaciones jerarquizadas, sobre todo por razones de género y edad (Parella, 2007, p. 158).
Al pensar en los jóvenes en edad de preparatoria es necesario reflexionar en que se encuentran en una edad de transición a la adultez. La familia no es un ente estático; se reconfigura con el paso del tiempo ante los cambios que se sufren en su interior. El crecimiento y la madurez de los jóvenes son situaciones que impactan la forma en que se desarrollan las relaciones entre padre e hijo transitando de una estructura jerárquica a otra con mayor igualdad y equilibro de autoridad (Oliva, 2006).
En estos procesos destaca también una disminución temporal en la cercanía emocional, expresiones de afecto y cantidad de tiempo entre padres e hijos. La comunicación sufre un deterioro en la pubertad, ya que los/as jóvenes hablan menos de sus asuntos espontáneamente. Además, parte de estos procesos clave para el crecimiento del joven es la transición de la escuela al trabajo, transición en la que confluyen “incertidumbres respecto a continuar o no estudiando, la combinación de distintas actividades o el reinicio de otras abandonadas, hasta la posible sucesión de una serie de empleos durante los primeros años de la trayectoria laboral” (Saraví, 2009, p. 88).
En este sentido, en esta investigación partimos de la noción de que en las familias acontecen prácticas de distinta índole que pueden fluir en las relaciones transnacionales establecidas por quienes emigran y los que permanecen en el lugar de origen. Estas relaciones y la información y recursos que circulan por ellas se encuentran condicionados por la posición familiar; y, en el caso de los jóvenes en edad de preparatoria, también los condiciona su etapa de madurez y nuevos roles laborales. Ambos sucesos impactan en la forma en que se relacionan con sus padres y las decisiones que se toman en el hogar, lo que genera tensiones en cuanto a las expectativas transnacionales y la independencia de los jóvenes para pensar y decidir sobre su futuro.
Asimismo, la percepción transnacional se debe no solo a la comunicación entre los lugares de forma categórica, sino también a la intensidad o grados en que esta comunicación ocurre y los recursos que transitan en ella. De ahí, proponemos que las relaciones transnacionales se sustentan en tres tipos de vínculos que operan en tres niveles distintos de intensidad. Los vínculos son:
Vínculo comunicacional. Supone que los jóvenes establecen pláticas por medio de llamadas o servicios de mensajería con sus familiares en Estados Unidos. En este vínculo trascienden conversaciones acerca de la vida americana y el desempeño escolar de los jóvenes.
Vínculo económico. Supone la existencia de remesas de parte del familiar en Estados Unidos, ya sea en especie o dinero, tanto al adulto a cargo de la familia como directamente al joven.
Vínculo emocional. Es el vínculo más complejo; implica la existencia de apoyo emocional a través de la frontera, que se objetiviza en la expresión de sentimientos, la compartición de experiencias personales o íntimas y consejos de vida con los familiares en Estados Unidos.
Estos tres tipos de vínculos definen, a su vez, lo que llamaremos intensidad de las relaciones transnacionales, de la que distinguimos tres tipos:
Alta intensidad. Se define por un vínculo comunicacional sólido, donde varios miembros de la familia participan en la comunicación transnacional; el joven, en particular, interacciona a diario con su familiar en Estados Unidos. Esta cercanía le permite al joven una perspectiva detallada de las implicaciones de vivir y trabajar en el país del norte. En lo relativo al vínculo económico, la alta intensidad implica remesas frecuentes (semanales, quincenales o mensuales) que son parte importante de la manutención del hogar y ocasionalmente se le envían también de manera directa al joven. Los vínculos de alta intensidad vienen asimismo acompañados de una cercanía emocional con el familiar en Estados Unidos; incluso es posible observar que las relaciones entre quien se quedó y quien partió se ven reforzadas en lo tocante a la disminución de conflictos entre joven y familiar emigrante.
Media intensidad. Se caracteriza por un vínculo comunicacional estable, donde los jóvenes se comunican con su familiar en Estados Unidos por medio de redes sociales, servicios de mensajería y llamadas ocasionalmente, pero la comunicación central es con el jefe del núcleo familiar (abuelo, mamá, papá, tío). Existe una vinculación económica frecuente, aunque los recursos no son el sustento básico o único en el hogar. El vínculo emocional es mínimo o inexistente.
Baja intensidad. Aunque cuantitativamente el vínculo comunicacional parezca ser frecuente (2-3 veces a la semana), la duración y el contenido de las conversaciones no permiten al joven conocer aspectos de Estados Unidos que le harían posible tener expectativas trasnacionales; el vínculo económico es esporádico y no se rige por lógicas de necesidades primarias en el hogar. El vínculo emocional es inexistente en estos casos.
El género como elemento en la expectativa transnacional
En la actualidad, se considera que las preferencias, ocupaciones e intereses no son dados biológicamente, sino que se encuentran construidos a partir del condicionamiento de los padres, de la sociedad y la educación. Es en esta concepción donde se da la división sexual del trabajo, en la que a la mujer se le asocia con el hogar y el cuidado de hijos y al hombre se le concibe como proveedor y protector del hogar (Lamas, 2002; Aguilar et al., 2013). En esta estructura nacen los estereotipos, considerados como creencias sobre las características que son apropiadas para hombres (masculinidad) y mujeres (feminidad) (Aguilar et al., 2013). Y sobre los estereotipos se articulan los roles de género, considerados la materialización observable en la manera en que los sujetos se comportan y realizan sus vidas, acorde con lo apropiado para ellos (Magally, 2011).
El género ha pasado a ser una categoría central en el campo de estudios migratorios; sin embargo, la percepción del género y la participación de la mujer eran tradicionalmente pensadas bajo el estereotipo de dependencia hacia el hombre y el rol de esposa o madre (Woo, 2007). En algunos casos como la migración México-Estados Unidos se empezó a observar mujeres que argumentaban que su movilidad se debía a problemas domésticos, dificultades relacionadas con aspectos generacionales y replanteaban códigos sociales preestablecidos (por ejemplo, la noción de reunificación familiar) para introducir sus intereses sobre emigrar o retornar (Woo, 2001).
A nivel global, la participación de la mujer en la migración comenzó a cambiar con las políticas neoliberales que impactaron en la economía de los países latinoamericanos, lo que forzó un desempleo masivo y afectó la expectativa del hombre como proveedor principal en el hogar (Guizardi et al., 2017; Mora, 2008). En los países desarrollados se acentuaron las asimetrías económicas, lo que ocasionó una demanda de mano de obra para realizar las labores domésticas que anteriormente eran llevadas a cabo por mujeres locales (Tijoux, 2007). Ambas dinámicas resultaban en la contratación de mujeres migrantes que ahora se encargaban de los hogares en los lugares de destino. En este contexto, la mujer migrante se convirtió, en algunas ocasiones, en la principal proveedora del hogar, lo cual reestructuraba las dinámicas en el interior de sus familias que habían ocurrido de forma similar en las últimas décadas (Hondagneu-Sotelo, 2000).
En esta coyuntura, se inició el estudio de la relación entre género y migración transnacional. En la perspectiva transnacional, se reconoce como unidad de análisis principal el núcleo familiar (Parella, 2007; Parella y Cavalcanti, 2007); sin embargo, la familia no es vista como un espacio armónico, ya que pueden existir conflictos por las relaciones de autoridad (Woo, 2008, p. 209), el género y/o edad de los integrantes. En este sentido, la exploración de las relaciones entre cónyuges y entre padres e hijos es un campo en constante construcción (Parella, 2007).
Entre los temas que se han estudiado y son de interés para este artículo se encuentran la vinculación emocional en el interior de las familias transnacionales y los cambios en los roles de género derivados de las relaciones transnacionales. En cuanto al primero, la emigración supone una separación física de sus integrantes, pero, gracias a las tecnologías, el impacto emocional se ha reducido, lo que ha producido una resignificación y adaptación de las estrategias para mantener vínculos emocionales a través de las fronteras (Parella, 2007).
Respecto al cambio de roles, los hallazgos apuntan a que hay múltiples factores y particularidades de las poblaciones estudiadas que inciden en esta potencial correlación. Destacan, entre los hallazgos: el replanteamiento de la masculinidad ante la mujer como figura proveedora del hogar, frente a la incapacidad del hombre para cumplir con este rol (Oso, 2012); que un mayor poder económico de las mujeres no necesariamente significa una articulación diferente en las relaciones de género, incluso pueden reafirmarse en el momento en que otras mujeres se encargan del cuidado de las/os hijas/os mientras ellas se desempeñan laboralmente en el extranjero (Oso, 2012; Parreñas, 2005); la forma en que se construyen redes sociales, ya que las mujeres son proclives a establecerlas en la sociedad huésped, mientras los hombres lo hacen más construyendo redes transnacionales con el lugar de origen (Giorguli e Itzigsohn, 2006); que las mujeres latinas que se dedicaban al trabajo doméstico resignificaban la maternidad realizándola aún sin encontrarse en el mismo espacio por medio de estrategias de comunicación y envío de recursos (Hondagnu-Sotelo, 2000). Finalmente, en algunos casos se encontró que sí hubo cambios en las relaciones de género, sin embargo, no fueron consistentes en todas las poblaciones de distintas nacionalidades (Itzigsohn y Giourguli-Saucedo, 2006). En estos trabajos destaca que la relación entre las redes transnacionales establecidas y el cambio en los roles de género no está dada, sino que múltiples factores operan para que ocurra tal cambio. Nosotros consideramos que las condiciones propias de ser un joven en edad de bachillerato pueden fungir como catalizador para que se puedan observar estos cambios al encontrarse en una etapa formativa de vida.
Métodos y desarrollo
Se utilizó un enfoque cualitativo y se aplicó una entrevista semiestructurada para investigar la percepción transnacional de los adolescentes en edad de bachillerato. La entrevista contó con tres apartados en los que se cuestionó sobre la experiencia migratoria suya o la de un familiar (tiempo de estancia, experiencia laboral, experiencia educativa, dominio del idioma inglés, frecuencia de retornos y ubicación geográfica); las relaciones transnacionales con familiares en Estados Unidos (interacción económica, emocional y comunicativa); sobre lo que conocen de ese país, y, finalmente, su percepción de oportunidades y expectativas acerca de su vida educativa y laboral y los roles de género en relación con los procesos migratorios.
Para la selección de la muestra teórica se siguieron múltiples pasos. Primero, nos aproximamos a distintas instituciones educativas donde potencialmente localizáramos perfiles de jóvenes que permitieran explorar las relaciones transfamiliares, de género y percepción de oportunidades. Escogimos la institución educativa Colegio de Educación Profesional Técnica del Estado de Sonora número II (CONALEP II), en Hermosillo, Sonora, México, por las razones que se señalarán en el siguiente apartado.
El segundo paso fue hacer un estudio exploratorio en el que, utilizando una breve encuesta de cinco preguntas, pudimos recabar información que nos permitió establecer una muestra teórica a partir de los criterios: tener un familiar viviendo en Estados Unidos o que haya vivido en Estados Unidos; que dicho familiar sea padre, madre o hermanos; que ese familiar tuviera al menos un año de residencia en el exterior. La selección de estos criterios respondió a la necesidad de buscar perfiles en los que existan relaciones transnacionales con alta intensidad y, en este sentido, supusimos que si es una persona del núcleo familiar, mayor probabilidad habría de establecer una relación transnacional que llevara a generar expectativas de trabajo o educación en el extranjero.
Se aplicaron cerca de 300 encuestas rápidas a una población de 1 100 estudiantes aproximadamente; de ahí se seleccionaron 20 casos concretos (ocho mujeres y 12 hombres) cuya información preliminar nos indicaba potenciales relaciones familiares transnacionales. El trabajo de campo se realizó entre enero y junio de 2023 y se presentaron varias dificultades para acceder a las instituciones y para entrevistar a los jóvenes que mostraban dinámicas trasnacionales. El primer reto que afrontamos fue conseguir el permiso para ingresar y entrevistar dentro de la institución. Originalmente, el permiso había sido solicitado bajo una administración y una coordinación académica, pero ha habido varios cambios en la coordinación académica del CONALEP Sonora, lo que retrasó el acceso a los planteles por la necesidad de solicitarlo a las nuevas autoridades.
El segundo obstáculo se presentó al implementar por primera vez el instrumento de recolección de datos. La entrevista semiestructurada estaba planteada originalmente con reactivos que invitaran a una discusión profunda acerca de las relaciones transnacionales que se establecen en el interior de las familias de los jóvenes; no obstante, los jóvenes respondían de la forma más concreta posible, sin oportunidad de establecer un diálogo más extenso en el que se revelaran dinámicas que a simple vista no aparecerían. Esto llevó a un rediseño general de la estrategia y el instrumento; en cuanto a la primera, encontramos que es de suma importancia establecer un tema de interés con el joven antes de iniciar con los reactivos de la entrevista.
Así, en algunos casos, el tema de interés para algunos jóvenes era la música que prefieren, sus películas favoritas o, incluso, el deporte que practican. Esto abría la puerta a una discusión amena y menos tensa que llegar y preguntar directamente sobre sus relaciones familiares. Aunque esta estrategia no fue exitosa en todas las entrevistas, sí resultaba más propia para abordar temáticas personales.
En lo concerniente al instrumento, se optó por preguntar más y de forma más concreta. Los reactivos que dieron lugar a respuestas más profundas sobre los temas fueron aquellos en los que se les cuestionaba a los jóvenes, en una escala del 1-10, cuán probable es que estuvieran en Estados Unidos en los próximos tres, cinco y diez años. Al responder un número concreto se les preguntaba por qué, y este ejercicio rindió frutos importantes frente al primer diseño de instrumento.
Por último, respecto a las condiciones de aplicación de la entrevista, el espacio resultaba muy importante para establecer un ambiente de confianza en los estudiantes. Se observó que ellos preferían compartir sus historias lejos de sus otros compañeros por temor a las bromas que pudieran surgir. En este sentido, se les preguntaba dónde deseaban ser entrevistados y la mayoría sugería un lugar en el exterior lejos del resto de personas.
Por otra parte, es importante reconocer que, aun con esta estrategia, los espacios escolares probablemente tuvieron un efecto en el contenido de las entrevistas, de tal manera que la relación investigador-estudiante se estableció en un contexto de jerarquías que pudieron condicionar la información compartida, e incluso la voluntariedad de la participación de los jóvenes. En este entendido, se reconoce que realizar la investigación afuera de los planteles educativos y sin las condiciones de jerarquía podría arrojar resultados y dinámicas distintos a los que aquí se presentarán más adelante.
En estas condiciones, se entrevistaron a 20 jóvenes de entre 15 y 19 años, todos cursaban activamente materias en el CONALEP Sonora Plantel II. Para el análisis de las entrevistas se utilizó el programa Maxqda 2022, en el que se organizó y sistematizó la información a partir de las categorías principales basadas en el marco teórico planteado anteriormente y otras más derivadas de modo inductivo durante la codificación. Las categorías son: experiencia migratoria propia, experiencia migratoria familiar, transnacionalismo (expectativas, conocimientos sobre Estados Unidos, vínculos emocionales, vínculos comunicacionales, vínculos económicos), roles de género (tradicionales/modernos), dinámicas (escolares, familiares y laborales). Los resultados se presentan en el siguiente apartado.
Análisis y discusión
El Colegio de Educación Profesional Técnica del Estado de Sonora (CONALEP Sonora) como espacio de investigación
Realizar un estudio que contemple a población de educación media superior en relación con los procesos migratorios adquiere sentido si observamos este grupo poblacional y sus procesos educativos. En la esfera nacional, la Secretaría de Educación Pública (SEP) reportaba que el nueve por ciento de los estudiantes había abandonado la educación media superior entre 2021 y 2022, frente al .4 por ciento de la educación primaria y 2.4 por ciento de la educación secundaria. La educación media es un eslabón clave en la vida de las personas, cuya conclusión puede abrir oportunidades para cursar licenciatura, con lo que la media salarial crece de forma considerable al hacerse más fácil el acceso al mercado laboral formal (IMCO, 2021).
Existen múltiples factores por los que los/as jóvenes en edad de bachillerato abandonan los estudios. En los hombres, las principales causas oscilan en reprobar materias (49 por ciento), cuestiones económicas (37 por ciento), falta de interés (11 por ciento), dinámicas familiares y ubicación geográfica de la escuela. En las mujeres, las cuestiones económicas son las primeras (49 por ciento), a las que le siguen reprobar materias (25 por ciento), falta de interés (20 por ciento), factores familiares (cuatro por ciento) y lejanía de la escuela (dos por ciento) (Abril et al., 2008). Asimismo, el abandono ocurre principalmente durante los primeros semestres de la preparatoria, mientras que en los últimos baja considerablemente.
Respecto a las cuestiones económicas, es necesario considerar que la edad de preparatoria también es una en la que a los/as jóvenes se les prepara para ingresar a las actividades de adulto. Entre estas actividades está trabajar. En el caso de Sonora, más del 70 por ciento de los jóvenes señaló haber trabajado al menos una vez en su vida, aunque esto no necesariamente implica dejar de estudiar; todo lo contrario, ya que los jóvenes que trabajaban presentaban menos materias reprobadas y señalaban que trabajar les ayudaba a continuar estudiando. Abril et al. (2008) observaron que la deserción escolar está relacionada no solo con los motivos económicos, sino también con la percepción de los estudiantes de su desempeño como regular, la falta de compromiso o planes para continuar su educación.
Asimismo, los problemas familiares se relacionan con la falta de interés por continuar estudiando debido a la valoración que los padres hacen de la educación. Para Abril et al. (2008), el joven se encuentra en desventaja al momento de integrarse a la sociedad y los mercados laborales dada su falta de preparación, lo que hace aún más difícil el círculo de la pobreza y ausencia de movilidad social. Sin embargo, para una población en la que existe una cultura migratoria profundamente naturalizada y reproducida, la falta de continuidad escolar del nivel bachillerato no necesariamente tiene las mismas implicaciones.
Primero habría que considerar que no todas las instituciones de educación media superior preparan a los estudiantes para los mismos retos laborales y futuros educativos. El CONALEP fue creado por un decreto presidencial en 1978 con la finalidad de introducir la educación técnica terminal y la figura de técnico profesional, además de incluir a personas de la iniciativa privada para elaborar planes de estudio (Bernal, 2020). La institución ha pasado por múltiples reformas desde entonces. En 1999 se dividió en dos secciones; una bajo el control del gobierno federal, que abarcaba 30 planteles de la Ciudad de México y seis de Oaxaca, y los colegios estatales, conformados por 30 organismos descentralizados a cargo de los gobiernos estatales. Aunque en los estados se deciden las contrataciones y se establecen acuerdos localmente, el programa curricular sigue a cargo del gobierno federal.
En 2005 se reformó toda la institución, de tal manera que se instauró la figura de profesional técnico bachiller, con lo que ahora a los estudiantes se les ofrece, llevando una serie de cursos, un bachillerato ambivalente, es decir, pueden optar por cursar el plan de estudios para ser profesional técnico o bien por el correspondiente a profesional técnico bachiller (Bernal, 2020). La mayoría de los estudiantes ha optado por el segundo. En términos de tiempo, ambos se concluyen en seis semestres. A la par de estos cambios en el CONALEP, en 2005 se creó la Subsecretaría de Educación Media Superior (SEMS), que impulsó la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS), la cual intentaba desde 2008 establecer un plan de estudios coherente entre instituciones de educación media superior (Bernal, 2020).
Esto se tradujo en que los estudiantes debían alcanzar cuatro competencias: genéricas, disciplinares básicas, disciplinares extendidas y profesionales. Las dos primeras son obligatorias para todos los estudiantes, independientemente de la institución educativa, y las otras son establecidas según las necesidades de cada institución. Para el CONALEP, que tenía un avance en el modelo de competencias, la inclusión de este modelo ocasionó tensiones respecto al propósito con el que se había creado originalmente la institución (Bernal, 2020). En la actualidad ofrece 30 carreras y cuenta con aproximadamente 310 000 estudiantes en todo el país; la mayoría de ellos, de un bajo nivel socioeconómico. En Sonora, el CONALEP Sonora atiende a cerca de 13 000 estudiantes en 10 carreras (informática, electromecánica industrial, administración, asistente directivo, mecatrónica, contabilidad, mantenimiento de sistemas electrónicos, seguridad e higiene y protección civil, enfermería general y procesamiento industrial de alimentos).
El CONALEP seleccionado para realizar la exploración es el Plantel Hermosillo II, de Hermosillo, Sonora. Cuenta con 1 185 estudiante repartidos en tres carreras: contabilidad, informática y soporte y mantenimiento de equipo de cómputo. A diferencia de los otros dos planteles ubicados en la misma ciudad, el Hermosillo II presenta un nivel de abandono escolar1 alto, con 23 por ciento; mientras los planteles I y III, 17 y 12 por ciento, respectivamente. Asimismo, se advirtió que la eficiencia terminal en el plantel II es de 36 por ciento, mientras en el resto es de 56 y 39 por ciento. Entonces, en términos de eficiencia terminal y abandono escolar, el plantel II de Hermosillo tiene una tendencia más alta a la no continuidad de los estudios; de ahí que sea un espacio interesante para investigar acerca de las dinámicas transnacionales y abandono escolar.
Ahora bien, como se indicó en el apartado metodológico, se realizó un breve estudio exploratorio para preseleccionar la muestra teórica para la entrevista semiestructurada. Los datos recolectados en este ejercicio también nos permiten dimensionar, en términos generales, la población de este CONALEP en particular. De los cerca de 300 estudiantes, 58 por ciento son hombres y 42 por ciento mujeres; la edad promedio fue de 16 años, con un rango de edades entre 15 y 19 años. En materia migratoria, encontramos que 66 por ciento de los estudiantes tuvieron o tienen un familiar viviendo en Estados Unidos (véase la Gráfica 1).

Fuente: elaboración propia con base en los datos recopilados en la investigación.
Gráfica 1 Estudiantes con familiares que viven o vivieron en Estados Unidos.
De ese 66 por ciento de estudiantes con familiares en Estados Unidos, 68 por ciento reportó que son los tíos quienes residían allá; 12 por ciento, su padre y nueve por ciento, sus abuelos (véase la Gráfica 2). Estos datos ilustran las dinámicas migratorias en el interior de las familias de los estudiantes. ¿En qué medida que familiares vivan en Estados Unidos se relaciona con sus procesos formativos, familiares y decisiones acerca de continuar trabajando? En el siguiente apartado revisaremos algunas de estas nociones.
De las expectativas transnacionales y la continuidad educativa2
El primer hallazgo que es pertinente mencionar es la heterogeneidad y las potenciales dinámicas transnacionales que se articulan en las familias de algunos jóvenes. Si bien, la estrategia de recolección de información se diseñó pensando en que padre, madre o hermanos tienen mayor cercanía y, por esta condición, se establecen redes transnacionales de mayor intensidad, encontramos múltiples casos en los que, aunque existía comunicación entre padre e hijo, no necesariamente había suficiente intensidad para probar la existencia de una relación transnacional.
Así, en el caso de Isabel destaca que, pese a que su padre se encontraba en Estados Unidos por ser ciudadano de este país, su relación se limitaba a llamadas ocasionales y transferencias económicas de 600 pesos mensuales. Al preguntarle qué conocía acerca de Estados Unidos, si tenía expectativas de vivir allá o estudiar, respondió no conocer nada y no tener intenciones de vivir allá en algún punto inmediato de su vida.
Caso contrario al de Javier, cuyo vínculo transnacional es la pareja de su madre, quien no pertenecía al núcleo familiar ni había estado en la niñez de Javier. Sin embargo, se observa con claridad el establecimiento de una relación transnacional constituida de comunicación continua, apoyo económico, e incluso vinculación emocional entre el joven y la pareja de su madre. Ahora bien, la existencia de estos casos no significa que todas las relaciones transnacionales son de esta forma, ya que se observó consistentemente que las relaciones con los padres sí implicaban mayor intensidad en los vínculos transnacionales; sin embargo, nos hace reflexionar en la diversidad de familias, dinámicas y potenciales vínculos establecidos por fuera de la familia nuclear. Si vemos la Gráfica 2, 68 por ciento de quienes viven en Estados Unidos son los tíos de los jóvenes preparatorianos; aunque no formen parte de la familia nuclear, es posible que puedan establecer vínculos transnacionales de la misma intensidad o con suficiente flujo de información que permitan a los jóvenes visualizar un futuro laboral o educativo en el extranjero. Estos hallazgos son consistentes con la literatura en lo relativo al reconocimiento de que la articulación de las familias transnacionales puede incluir tanto a la familia nuclear como a la familia extendida (cuñados, tíos, sobrinos, primos y otros), ya que los apoyos económicos y el cuidado familiar no se limitan a padres e hijos y tienen que concebirse desde un enfoque de reproducción social, y no propiamente desde la familia en su definición estricta (Parella, 2007).
La familia transnacional ofrece ventajas como unidad de análisis, pero los procesos migratorios van más allá de las familias, y no es claro hasta dónde alcanzan los nexos de parentesco y empiezan los vínculos sociales y comunitarios (Ribas, 2001). En la medida que la estructura migratoria se mueve a nivel social y comunitario, los contextos históricos y socioculturales que rodean a las familias tienen mayor peso en la decisión de emigrar (Parella, 2007; Guarnizo, 2004).
El segundo hallazgo es una narrativa consistente en torno a aquello que conocían de Estados Unidos. En el vínculo comunicacional establecido por los jóvenes con su familiar, los temas centrales versaban acerca de su propio desempeño escolar, algunos aspectos puntuales de la vida en Estados Unidos como la mejor infraestructura y, sobre todo, las condiciones laborales y de vida en ese país. A pesar de que solo uno de los jóvenes entrevistados tenía experiencia migratoria propia, la mayoría de ellos relacionaba la experiencia laboral en Estados Unidos bajo dos ideas: es sumamente demandante, al grado de que en ese país solo se trabajaba y dormía, pero había más oportunidades laborales y, sobre todo, mejor pagadas.
El discurso acerca de trabajar en Estados Unidos ha sido consistente en adultos que retornaron a México después de la crisis de 2008 (Lutz, 2022). La premisa de que en Estados Unidos el trabajo es demandante pero mejor pagado en comparación con México es predominante en este grupo poblacional. En este sentido, aunque de una forma menos específica, los jóvenes reproducen esta misma noción que los adultos retornados a México aún sin contar con la misma experiencia migratoria.
El vínculo transnacional sí construye un saber migratorio sobre trabajar en el extranjero; sin embargo, este mismo saber migratorio no se observa en los temas educativos, ya que en muy pocos casos fue posible percibir una narrativa tan consistente o específica acerca de estudiar en ese país, cuestión razonable considerando que la comunicación versa principalmente sobre el desempeño del estudiante en México y las experiencias de sus familiares en Estados Unidos, que mayoritariamente emigraron por cuestiones de trabajo y mejor calidad de vida. Es importante resaltar también que solo en el caso de una joven entrevistada había antecedente de experiencia familiar universitaria, que, aunque no fue una ocurrida en Estados Unidos, sí parece incidir en los propios planes de la joven de continuar estudiando hasta ese nivel.
En el mismo sentido, los jóvenes señalaban como barrera principal para continuar sus estudios en el extranjero la falta de dominio del idioma inglés; sin embargo, no lo consideraban como problema para trabajar en Estados Unidos. Creemos que esto se debe a que sus familiares en ese país tampoco tenían dominio del inglés, pero, dado el tipo de trabajos manuales que desempeñaban, no resultó indispensable. Así, la visión respecto a Estados Unidos se relaciona más con la idea de trabajar y rara vez con cuestiones educativas, como indicó uno de los entrevistados: “Estados Unidos es para trabajar”. Aquellas personas que también concebían Estados Unidos desde la educación lo hacían por experiencias directas de otros familiares que son ciudadanos y estudiaron la educación básica en ese país. Esto resulta interesante, ya que emigrar a Estados Unidos, en algunos casos, no significa discontinuidad educativa, aunque en esta investigación fueron solo dos casos del total entrevistados.
Por otra parte, las nociones de continuar estudiando o trabajar no son necesariamente excluyentes entre sí. En algunos casos, es justo la inclusión al mercado laboral lo que permite a los jóvenes continuar sus estudios y apoyar en sus hogares. También se observó que, en algunos casos, trabajar cuando se cumplen 16 años o más es parte de las expectativas familiares, por considerar que la experiencia laboral es tan importante como el estudio mismo.
En investigaciones de corte cuantitativo se han discutido los efectos de la migración internacional y la asistencia escolar de jóvenes menores de edad. Se ha encontrado que incluso la participación escolar parece extenderse más tiempo cuando se cuenta con un familiar en Estados Unidos, como resultado de la recepción de remesas en el hogar de origen (Giorguli y Serratos, 2009). Estos hallazgos se pueden interpretar también a la luz de los estudios cuantitativos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que señalan que 13 por ciento de los migrantes internacionales mexicanos inició su trayecto migratorio entre los 0 y 17 años de edad, mientras 48 por ciento lo hizo entre los 18 y 29 años (INEGI, 2020); es decir, la edad en la que se cursa el bachillerato no es la más representativa en el inicio del trayecto migratorio. Estos datos parecen complementar los hallazgos en cuanto a continuar estudiando y no optar por emigrar.
En este sentido, la relación entre trabajo y continuidad laboral se complejiza al observarse que el abandono escolar está matizado por las expectativas del joven, pero también por la cantidad y dependencia del hogar de las remesas provenientes del extranjero, en tanto estas últimas permiten que no se abandonen los estudios para trabajar o trabajar y estudiar al mismo tiempo.
El tercer hallazgo relevante se relaciona con la construcción del género en el interior de las familias. Se planteaba, como parte de las interrogantes de la investigación inicial, cuál es la relación entre la perspectiva transnacional y que los jóvenes pudieran visualizarse en Estados Unidos y el género. En las entrevistas recabadas se observa que los jóvenes presentan una mezcla de roles tradicionales y modernos en la distribución de las tareas en el hogar, el tipo de trabajos, la manutención del hogar y las responsabilidades de pareja; no obstante, fue posible advertir una alteración sufrida en el interior de la familia cuando ocurrió la migración y se redistribuyeron las tareas del hogar.
En este orden de ideas, existen indicios de cambios en las actividades que pueden llegar a ser formativas en el hogar. En algunos casos, los procesos familiares que empujaron la salida de la mujer/hombre en el hogar implicaron una distribución diferente de las tareas domésticas y cuidados que cada miembro de la familia tenía que realizar. Si bien dicha alteración en el hogar no necesariamente lleva a manifestaciones particulares de género, al menos sí altera la percepción de los jóvenes respecto a qué le toca a cada miembro en el hogar.
Por otro lado, las dinámicas migratorias en las familias parecen apoyar la idea de que las dinámicas transnacionales no necesariamente alteran las relaciones de género y pueden llegar a reproducirlas en casos concretos (Itzigsohn y Giorguli, 2006). Aquí se observó que la mayoría de los viajes migratorios fueron realizados por hombres y para mantener el hogar en México, mientras la mujer debía quedarse en casa, cuidar a los miembros de la familia y gestionar las remesas recibidas.
Un cuarto hallazgo se relaciona con lo mencionado en el apartado teórico acerca de la adolescencia y la preparatoria como etapa transitoria hacia la adultez. Fue posible observar más tensión e independencia en las reflexiones sobre la perspectiva transnacional y la posibilidad de emigrar a Estados Unidos en los jóvenes que se encontraban en los últimos semestres y cuya edad estaba cercana a la mayoría de edad. En cambio, aquellos jóvenes de primeros semestres señalaban el peso que tenía la opinión de sus familiares, al grado que una posibilidad de emigrar solo funcionaba bajo la noción de una migración familiar, y no individual, o como una estrategia propiamente ideada por los padres, aun cuando ellos no tenían expectativas transnacionales. En este sentido, la lucha de poderes y jerarquías derivadas de la edad parecen ser más patentes en edades más cercanas a la adultez, proceso que se ve acelerado por la inclusión al mercado laboral y la generación de recursos económicos propios.
Un quinto hallazgo se encuentra en la relación entre las perspectivas transnacionales y la intensidad de las relaciones: una mayor intensidad implica un conocimiento más preciso de las condiciones laborales y educativas en Estados Unidos. Es justo esta precisión la que permite a los jóvenes tener claridad de hacia dónde pueden encaminarse; sin embargo, tener esta claridad no implica necesariamente un deseo de emigrar. Algunos jóvenes tenían una perspectiva precisa de trabajar en Estados Unidos construida a partir de las experiencias de sus familiares; pero es esta precisión la que los hacía cuestionarse si debían llevar un modelo de vida rutinaria y centrada en el trabajo y la acumulación de recursos. Las expectativas transnacionales para estos jóvenes implicaban trabajar en algún punto de su vida en Estados Unidos, pero con la intención de regresar por las dinámicas sociales que existen en México.
Por último, es importante señalar que la constante comunicación y vinculación emocional transnacional de algunos padres aparece como un factor importante a la hora de establecer expectativas transnacionales. Esta cercanía emocional permite a los jóvenes dialogar con su familiar sobre temas más íntimos relativos a sus planes y añoranzas. En este sentido, encontramos evidencia que apunta a la vinculación emocional como un requisito indispensable y mínimo en la construcción de la perspectiva transnacional de los jóvenes, ya que esta cercanía les permite pensarse y dimensionar su estancia en Estados Unidos de forma efectiva. Una mayor vinculación emocional parece construir confianza entre ambas personas.
A continuación, revisaremos tres casos que ilustran algunas conclusiones que aquí expondremos, así como los grados de intensidad transnacional en relación con los vínculos teóricamente establecidos.
El caso de Elena (alta intensidad transnacional)
El caso de Elena representa con claridad una serie de constantes en la creación de una perspectiva transnacional a partir de las relaciones transnacionales establecidas con un familiar en el extranjero. Primero, es importante señalar que tanto ella como su familia cuentan con experiencia migratoria previa, incluso dos de sus hermanos nacieron y estudiaron algunos grados de educación básica en aquel país.
Elena era muy pequeña para recordar su experiencia en Estados Unidos. Nació en México, pero vivió sus primeros años en aquel país. La naturaleza de sus primeros procesos migratorios era familiar, ya que todos, en algún punto, llegaron a estar juntos en Estados Unidos. Derivado de estos viajes se generó en su familia un patrón de circularidad México-Estados Unidos. Al momento de la entrevista, su papá residía en el extranjero, sumaba más de 10 años de experiencia migratoria y llevaba dos años viviendo en ese país. Es un caso considerado de alta intensidad transnacional debido a las constantes comunicaciones entre la joven y su padre, las remesas económicas y, sobre todo, la existencia de un vínculo emocional:
Yo le digo que se venga [a su papá], pero no quiere… Siempre he sido muy cercana a mi papá. De repente llegan los pensamientos, así ¡ah! extraño a mi papá… Eso pasa unas tres veces al mes, porque hablo con él [su papá] todos los días… pues todos los días hablo con él y todos los días le digo pa, te extraño. (Elena, entrevista, mayo 30, 2023)
Si bien, se considera que la separación física en las dinámicas transnacionales puede afectar los vínculos personales, en este caso en particular observamos lo contrario, pues ocurre un afianzamiento de las relaciones entre ambos:
Yo siento que nos llevamos más bien. Estamos más bien en el sentido de que hablamos todos los días. Y pues cuando estaba aquí eran puras peleas y así, y ahora ya no porque no está […]. Yo siento que se hizo para bien [emigrar]. (Elena, entrevista, mayo, 30, 2023)
Asimismo, es posible observar indicios de paternidad transnacional que se manifiestan en la continua preocupación del padre por los hábitos de Elena: “dice que salgo y tomo mucho y pues ni cómo decirle que no; si salgo cada fin y tomo mucho, dice que me voy a enfermar, que estoy chiquita todavía”. Esta paternidad transnacional es interesante porque permite observar cómo las actividades de los miembros de la familia se ven afectadas o modificadas por los lazos transnacionales construidos. Un ejemplo de ello es que Elena dejó de trabajar por presión de su padre, quien le decía: “no, pues ya salte; que estudie, para que no ande como él”.
Como se indicaba en el apartado teórico, las relaciones transnacionales pueden llegar a modificar las dinámicas en el interior del hogar en el lugar de origen. En este caso, dejar de trabajar es un ejemplo tanto de hechos transnacionales como de paternidad transnacional (Parella, 2007). Se advierte la manera en que se desarrollan estrategias para compensar la ausencia física del familiar y que tienen profunda relación con los procesos emocionales, laborales y educativos de la joven.
Por otra parte, en cuanto a las remesas económicas, observamos que es el sustento principal del hogar en México:
Unos siete mil pesos semanales, a veces que más, a veces menos, depende mucho. Se utiliza para la comida, ropa, salir. También mandar cosas, pero no muy frecuente, pues está lejos, pero sí se manda. Acaba de mandar un carro, nos mandó tres pantallas, juguetes para los niños, así de repente. Nos tienen chorro de cosas allá, dice. (Elena, entrevista, mayo 30, 2023)
Al cuestionarle a Elena sobre estos ingresos y las dinámicas en su hogar, señaló que, al no trabajar su mamá, lo que envía el padre representa el sustento principal en el hogar. Su padre se dedica a la construcción en Estados Unidos y gana aproximadamente 30 dólares la hora. Estos vínculos económicos y emocionales le han permitido a Elena configurar su visión acerca de Estados Unidos y sus posibilidades laborando allá. Los conocimientos que posee del extranjero versan principalmente sobre cuestiones laborales. Primero, concibe la vida estadounidense como rutinaria y centrada en el trabajo, sobre todo: “No, me dice que no hay muchos amigos. O sea, no haces ni fiestas ni nada allá, con los que trabajas y no más. No sale la gente ni nada de eso”. Lo segundo, en relación con los salarios: “Pues lo que conozco es que es muy bien pagado. Porque te pagan por horas allá, entonces, es muy bien pagado el trabajo allá”.
Asimismo, destacan las condiciones y exigencias al momento de desempeñarse en Estados Unidos: “Por ejemplo, lo que trabaja él tiene que tener limpio siempre. No puede haber mezcla en el piso ni nada de eso porque no les gusta. Entonces, es muy limpio trabajar allá”. Además, indica el acceso diferenciado a recursos para trabajar: “No hay tanta herramienta ni nada. Y allá hay herramienta hasta para clavar los clavos pues. Allá no es tan pesado; sí es pesado, pero no tanto como aquí”.
Ahora bien, ¿cómo estas conexiones moldean el deseo de Elena de emigrar? ¿Qué significa esta experiencia transnacional para la continuidad educativa? ¿Cuáles son las expectativas transnacionales originadas de estas interacciones diarias con su padre?
Lo que se observa en el caso de Elena es un deseo de emigrar a Estados Unidos para trabajar y estudiar: “Sí, ya me vi yo trabajando allá. Le dije a mi mamá que voy a trabajar en un restaurante de mesera o algo así, cuidando niños o algo, lo que sea. Ya me quiero irme yo”. Estas expectativas transnacionales se alimentan de las mismas dinámicas migratorias de su familia y de la información que comparte con su padre. Su plan es acabar el cuarto semestre en CONALEP y esperar que los trámites para la visa estén listos.
El caso de Elena se distingue de otros con intensidad transnacional alta porque se percibe estudiando en Estados Unidos, y no solo trabajando. En este sentido, su emigración no necesariamente significaría un abandono escolar, sino una continuación de su proceso educativo en otras condiciones. Consideramos que esta perspectiva educativa se debe a todas las dinámicas familiares, en particular a las experiencias educativas de sus hermanas:
Mi hermana acaba de ir. Mi hermana sí es nacida allá y fue a graduarse de la secundaria y es más chica que yo. O sea, ahorita debería estar junto conmigo aquí en la prepa… Cuando me vaya el otro año, voy a ir a graduarme allá. (Elena, entrevista, mayo 30, 2023)
Entonces, en este caso de alta intensidad transnacional se advierte una mayor precisión en cuanto al conocimiento que se tiene de Estados Unidos; es decir, el saber migratorio de Elena es amplio y preciso y es justo este conocimiento lo que permite visualizarse efectivamente en ese país. Cabe señalar también que es la experiencia familiar en su conjunto la que sustenta todo el proceso.
Por otro lado, la emigración no se percibe como una discontinuidad en sus estudios, ya que las estrategias desplegadas por la familia parecen contemplar un futuro educativo para todos sus hijos. Si bien la joven ya puede visualizarse en distintos tipos de trabajo, no percibe que sea una dificultad para sus estudios; de hecho, en México ya había trabajado en atención al cliente y ventas a la par que cursaba sus estudios. En cuanto a la expectativa transnacional, si bien estamos abordando la perspectiva de Elena, se percibe con claridad que existe una dimensión familiar: “Mi mamá quiere que nos vayamos todos. Porque pues allá está mi papá y como mi papá ya no va a venir, pues es algo mejor para todos”.
El caso de Javier (intensidad transnacional media)
Javier es el mayor de tres hijos, todos viven junto a su mamá y abuela. Su padrastro es ciudadano estadounidense y emigró de Guadalajara, Jalisco, a los 18 años. Hoy en día vive en Phoenix, Arizona y se dedica a dar mantenimiento a casas y a la jardinería. A diferencia de los jóvenes cuya transnacionalidad es intensa, Javier habla con su padrastro cada vez que los visita en su hogar, pero cuando no está presente solo mantiene comunicación a través de su madre:
Casi no, pero cuando iba a mi casa sí platicaba mucho. Él hasta usaba el inglés, hablaba y decía una frase en inglés. Mi mamá nomás le marca, habla de los gastos y lo que hace en la casa. Me pregunta que si cómo [va] en la escuela, pues yo le digo bien, o sea, lo normal pues, y de… si yo quiero seguir estudiando o quiero cruzar al otro lado. (Javier, entrevista, mayo 28, 2023)
En lo referente al vínculo económico, destacan remesas mensuales de cantidades aproximadamente entre 2 000 y 3 000 pesos, que se destinan para los gastos del hogar. En este sentido, las remesas significan una parte de los gastos, pero no el sustento principal del hogar. Por otro lado, es notoria la vinculación emocional entre Javier y su padrastro, con quien conversaba la mayor parte del tiempo cuando venía a México. Destaca que cuando se iba:
La verdad sí, es que sí lo extrañaba. Me acordaba y la verdad pues me agüitaba porque estaba solo, ¿me entiendes? Y pues siempre nos paseábamos aquí, siempre estaba feliz con nosotros. En familia salíamos a comer, salíamos al parque para pasear el niño, todo en familia. (Javier, entrevista, mayo 28, 2023).
Ahora bien, estas interacciones que nos arrojan una transnacionalidad media se traducen en discusiones acerca de la pertinencia de emigrar hacia Estados Unidos, en las que hay tensión entre las distintas personas involucradas:
Es que él me quería llevar a trabajar con él allá. Y pues él sí quería, pero mi mamá le dijo que no, que mejor estudiara y ya viera yo, si puedo sacar los papeles yo mismo […]. La verdad, yo sí tenía la fe de quererme cruzar para poder trabajar y darle una mejor vida a mi madre; pero, pues estudiar, prefiero muchas veces estudiar. (Javier, entrevista, mayo 28, 2023)
Para Javier y su mamá, estudiar es la prioridad. Solo trabajará una vez concluida la preparatoria y haya cumplido 18 años; solo entonces considerará emigrar a Estados Unidos. Se percibe laborando en el área de construcción, ya que, a pesar de las condiciones difíciles, son trabajos bien pagados que permiten a las personas salir adelante. Al preguntarle sobre las condiciones de trabajar en ese país, refiere que su padrastro le cuenta que “se levanta muy temprano, a las cuatro de la mañana. Y que hace mucho recorrido para llegar a su jale, que sí está cansado. A veces nos manda videos así, todo sudado […]”.
Una de las cuestiones que llaman la atención del caso de Javier y que se mencionan en el análisis general, es el papel del idioma inglés en la visualización de oportunidades. Mientras él se imagina trabajando en Estados Unidos, no se ha cuestionado o ha hablado con su padrastro o su mamá de la posibilidad de estudiar en ese país. Consideramos que esto se debe, en parte, a las experiencias previas de su padrastro, quien se “fue al otro lado a trabajar directamente”; en función de estas experiencias transnacionales, él señala “Estados Unidos es para trabajar”. En este sentido, en el imaginario de los jóvenes, el idioma es solo una barrera para los potenciales procesos escolares en Estados Unidos; sin embargo, dicha barrera no es mencionada para trabajar.
Al cuestionar a Javier sobre sus expectativas y si se visualiza en los próximos cinco años en Estados Unidos, respondió que no; él prefiere terminar sus estudios en México y continuar estudiando. Pero, en caso de que no resultara, buscaría cruzar la frontera. Por otro lado, al seguir conversando con él, dijo que su situación familiar era delicada, pues su abuela se encontraba enferma y él era el apoyo principal de su mamá. A diferencia del caso anterior, cuando se señala la posibilidad de emigrar a Estados Unidos, se asume como una ruptura con el sistema educativo y un ingreso al mercado laboral en condiciones en las que probablemente el inglés no sea un problema. La perspectiva de Javier resulta similar a la de aquellos que emigran por cuestiones económicas, en tanto conciben ese país solo para generar suficientes ingresos para retornar a México.
El caso de Isabel (baja intensidad)
En el caso de Isabel se observa un vínculo comunicacional y uno económico, pero ambos son débiles y no permiten la construcción de expectativas transnacionales:
Hablo como 1 o 2 veces a la semana, platicamos de cómo estoy, nomás de cómo estoy y así […]. Mi papá nomás habla conmigo, con mi hermana no porque solo es papá mío. Habla como diez minutos cuando hablamos. (Isabel, entrevista)
Su papá es ciudadano estadounidense. Solían verse en la frontera de Nogales, Sonora. Esta comunicación pasó a ser por teléfono cuando ella, sus hermanos y mamá se mudaron a Hermosillo, Sonora: “antes me llevaba mucho con él, ya no porque estaba allá [Nogales] y íbamos a comer, y pura risa y así, a las hamburguesas. Tenía unos 10 años. Nos vinimos para Hermosillo porque mi mamá se juntó”.
Respecto al vínculo económico, destaca que su papá le envía “como una vez al mes, como 600 pesos, y lo uso para comprarme tenis o esas cosas, lo que necesite”. Al preguntarle acerca de sus expectativas en Estados Unidos, qué conocía de ese país y de la posibilidad de trabajar o estudiar y dejar sus estudios en el CONALEP, señaló que no conocía mucho de ese país, que no platicaba de eso con su padre y que no tenía planes o había pensado en emigrar a Estados Unidos. Así, en el caso de Isabel, aunque existe el vínculo de paternidad y comunicación, no se observa que existan vínculos transnacionales en los cuales fluya información suficiente o recursos para que ella considere vivir en Estados Unidos o abandonar sus estudios para emigrar.
Conclusiones
Los alumnos del CONALEP son preparados principalmente para desempeñarse técnicamente, aunque su formación incluye potencialmente continuar estudios en el nivel licenciatura. Contar con familiares en Estados Unidos les permite moldear una idea de ese país. En la medida que las relaciones transnacionales son intensas, esa noción es mucho más específica y rica en detalles; sin embargo, no necesariamente implica que los jóvenes abandonarán la escuela para emigrar, ya que existen múltiples factores que valoran para la toma de esta decisión: la opinión de los padres, la falta de edad para trabajar, el dominio del idioma inglés y la falta de visa.
La idea de emigrar está latente. En algunos casos en que la emigración es un plan familiar se observa un potencial abandono escolar. No obstante, también en aquellas familias en las que existe experiencias migratorias consolidadas y otros familiares lograron estudiar en Estados Unidos, la emigración tampoco implica directamente dejar la escuela, ya que se plantean estrategias para continuar estudiando en Estados Unidos. De esta forma, en algunos jóvenes se percibe una expectativa transnacional educativa, pero para la mayoría Estados Unidos es un lugar solo para trabajar, lo que resalta la importancia de la experiencia educativa familiar en el planteamiento que hacen de su propio futuro.
Los discursos de los jóvenes acerca de Estados Unidos se relacionan, sobre todo, con la noción de empleo y salario. En cuanto al trabajo, perciben que es demandante y no deja mucho tiempo para la recreación, pero estos inconvenientes son compensados por los altos sueldos; los trabajos que consideran que podrían desempeñar en Estados Unidos siguen siendo trabajos manuales y que no requieren algún grado de estudio formal. En este sentido, los jóvenes reproducen discursos de migrantes que han vivido y trabajado por varios años en el extranjero.
La relación entre continuidad educativa, migración y género no resulta ser clara en este acercamiento a campo. En todo caso, en la mayoría de las dinámicas transnacionales se advierte la reproducción de estereotipos de género en cuanto a la figura del hombre como proveedor y la mujer encargada del hogar y los cuidados. Incluso, algunos jóvenes, aunque partían de posturas consideradas más modernas en lo relativo a los roles, sus expectativas familiares y de pareja seguían siendo tradicionales.
Esta investigación arroja, además, otras vetas de análisis, entre las que destaca la necesidad de investigar en profundidad la construcción de relaciones de género realizando un análisis familiar, y no solo entrevistando al estudiante; así como un análisis del contexto migratorio hermosillense que conduzca a comprender el aspecto social de la migración, y no solo el familiar. En adición, es importante señalar que este estudio se constituye a partir de experiencia de jóvenes pertenecientes al CONALEP; investigar otros espacios educativos podría arrojar mayor comprensión de los fenómenos aquí descritos.










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