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Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos

On-line version ISSN 2448-6914Print version ISSN 1665-8574

Latinoamérica  n.82 Ciudad de México Jan./Jun. 2026  Epub Mar 23, 2026

https://doi.org/10.22201/cialc.24486914e.2026.82.57814 

Artículos

“Los pobres de la tierra” de Martí y “El hombre reformador” de Emerson

“The Poor of the Earth” by Martí and “The Reforming Man” by Emerson

José Ballón Aguirre* 
http://orcid.org/0009-0006-2089-439X

*Ohio Wesleyan University, Estados Unidos. jcballon@gmail.com


RESUMEN

RESUMEN: en este artículo se describe la fuente textual emersoniana de los célebres versos de Martí: “Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar” (Versos sencillos, 1891). Martí poetizó en español “the whole interest of history lies in the fortunes of the poor” del ensayo Man the Reformer (1841) de Ralph Waldo Emerson. La intertextualidad bilingüe propuesta por Martí se comprende mejor por su amistad con Charles A. Dana, periodista de Nueva York, discípulo de Emerson y miembro fundador del experimento agrario utópico de “The Brook Farm”. Se analiza directamente la fuente inglesa que inspiró a Martí y se traducen parágrafos representativos de El hombre reformador. Al instaurarse la Modernidad en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX, Emerson propugnó una institución agraria contraria a la esclavista del Sur, valoró el trabajo manual y denunció la corrupción y el tráfico de esclavos en Cuba.

PALABRAS CLAVE: Martí; Emerson; Estudios Hemisféricos; Intertextualidad; Bilingüismo cultural; Esclavitud; Modernidad

ABSTRACT

ABSTRACT: This article describes the Emersonian textual source of Martí's famous verses: “Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar” (Versos sencillos, 1891). Martí poetically rendered in Spanish “the whole interest of history lies in the fortunes of the poor” from Ralph Waldo Emerson's essay Man the Reformer (1841). The bilingual intertextuality proposed by Martí is better understood through his friendship with Charles A. Dana, a New York journalist, disciple of Emerson, and founding member of the utopian agricultural experiment “The Brook Farm.” The English source that inspired Martí is analyzed directly, and representative paragraphs from Man the Reformer are translated. As Modernity established itself in the United States in the first half of the 19th century, Emerson advocated an agricultural institution opposed to the slaveholding South, valued manual labor, and denounced the corruption and slave trade in Cuba.

KEYWORDS: Martí; Emerson; Hemispheric Studies; Intertextuality; Cultural bilingualism; Slavery; Modernity

INTRODUCCIÓN

En estudios anteriores he procurado documentar cómo Martí para homenajear a Emerson retoma frecuentemente sus palabras al comienzo de varios de sus escritos más conocidos: a) lo hace en Ismaelillo incluyendo literalmente en su carta introductoria el concepto de “el mejoramiento humano”, tomado del ensayo “El Joven Americano”; b) lo hace en “La Edad de Oro” título adoptado, entre otras obras, del ensayo “Historia”, donde el hombre encuentra “in his childhood the Age of Gold”; c) lo hace al inicio de Versos sencillos como “el hombre sincero, de donde crece la palma”, respondiendo al poema “Día de Mayo”, donde Emerson menciona la bandadas de aves sureñas que llegan a Concord, Massachusetts, “Fresh from palms and Cuba’s canes”; y d) lo hace también al iniciar “Nuestra América” al referirse al “aldeano vanidoso”, figura tomada del ensayo “La Vida Doméstica”, donde se critica que los ciudadanos sean todavía aldeanos, “still villagers”, creídos que todo en su pequeño pueblo “is a little superior” a lo de cualquier otra parte. Continuando con el cotejo textual bilingüe realizado, el objeto del presente ensayo es describir la fuente emersoniana que motivó a Martí a escribir las memorables líneas 5 y 6 del poema III de Versos sencillos (1891), solidarizándose con una específica clase social: “Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar” (Martí 1975: XVI, 67).1 En efecto, estas líneas reformulan poéticamente las palabras del ensayo “El hombre reformador” (“Man the Reformer”, 1841), donde Emerson había señalado ad litteram que “todo el interés de la historia reside en la suerte de los pobres” (“the whole interest of history lies in the fortunes of the poor” (Emerson 1903-1904: I, 240).2 El mencionado ensayo es relevante, además, porque en pleno advenimiento de la Modernidad, no solo plantea una teoría del trabajo a mediados del siglo XIX (con sus cruciales fenómenos: industrialización, inmigración, expansión hacia el Oeste), sino que hace referencia directa a la “abominable” esclavitud en Cuba:

En la Isla de Cuba, además de las abominaciones propias de la esclavitud, parece que allí se compran hombres únicamente para trabajar en las plantaciones, y de esos pobres jóvenes muere uno de cada diez para proveernos de azúcar (I, 232).

Asimismo, Martí dejó una huella de haber leído el referido ensayo “con ojos encendidos” al regresar a Nueva York después de su viaje a Venezuela, porque, en plena Guerra del Pacífico, siguiendo a Emerson, elevó líricamente la figura infantil del “desnudo guerrero de alas de ave” (“Tábanos fieros”, Ismaelillo,1882),3 personaje ético invencible en su debilidad que el autor norteamericano había invocado previamente para potenciar simbólicamente su texto:

El amor dotará de un nuevo rostro a este agotado y viejo mundo en el que moramos como paganos y enemigos por tanto tiempo y confortará el corazón ver cuán rápido la vana diplomacia de los hombres de estado, la impotencia de ejércitos, marinas y líneas defensa serán derrotados por el niño desarmado (I, 241-242).4

Con el propósito de ofrecerle al lector acceso directo a la fuente que lo inspiró, en la última parte del presente ensayo se incluyen traducidos y anotados párrafos representativos de “El hombre reformador”. Pero, para contextualizar la lectura efectuada por Martí del texto inglés y su trasposición poética en Versos sencillos, hemos de concentrarnos en su llegada a Estados Unidos en 1880 y su amistad con el prominente periodista norteamericano Charles A. Dana, discípulo de Emerson y director del periódico neoyorquino The Sun. Dana intensificó el interés de Martí por la obra del pensador norteamericano, que ya había sido despertado inicialmente en Cuba por su maestro Rafael María de Mendive. En este sentido, para terminar de poner en perspectiva la amistad entre Martí y Dana y la de Dana con Emerson, es conveniente considerar la evolución de la llamada “Brook Farm”, un notable experimento agrario educacional del socialismo utópico inaugurado en 1841en las afueras de Boston por otro amigo de Emerson, el ex pastor George Ripley. Para ese entonces, Emerson ya se había ocupado del valor del trabajo manual,5 pero ese mismo año de 1841en que Ripley puso en marcha el experimento laboral, creyó oportuno disertar de lleno sobre los propósitos de la “Doctrine of the Farm” o “Doctrina de la Granja” precisamente en el “El hombre reformador” que da pie a los celebrados versos de Martí.

LA “BROOK FARM”, UN EXPERIMENTO SOCIAL

George Ripley (1802-1880), exministro unitario, reformador social y periodista, determinó poner en práctica la “Doctrina de la Granja” de raíz filosófica trascendentalista en la costa Este de Estados Unidos, en una institución agraria que resultaba totalmente opuesta al sistema laboral esclavista del Sur. Y, en octubre de 1840, anunció en el Club Trascendental de Concord, encabezado por Emerson, que quería formar esa comunidad utópica, la “Brook Farm”, en un terreno adquirido en West Roxbury (Massachusetts).

De este modo, se inició la cooperativa con quince miembros en abril de 1841, entre los que se encontraba Charles A. Dana (1819-1897), joven antiesclavista que en el futuro fungiría como liaison entre Lincoln y Grant durante la Guerra Civil, y, como se dijo, sería un periodista amigo de Martí en Nueva York.

Es de notar, que en enero de 1842 Elizabeth Palmer Peabody (1804-1894) presentó una reseña sobre los inicios de la “Brook Farm” en la publicación más importante de los Trascendentalistas, The Dial (1842: Vol. II, No. 3, January, 361-372).6 En su ilustrativo texto, dice que la meta fundamental de la agrupación es combinar el trabajo manual agrario al aire libre con el intelectual; que la crítica social de sus miembros nace del rechazo ético cristiano (protestante) al automatismo de la competencia comercial; y que, de modo especial, toma distancia de la ciudad como madre de todas las instituciones, por excluir de su campo visual la anchura de la Naturaleza. Aunque de cierta extensión, incluyo los párrafos referidos por su extraordinaria pertinencia:

Con el objeto de vivir una vida religiosa y moral merecedora de ese nombre, [los miembros de la Brook Farm] creen necesario recluirse en cierto grado del mundo y vivir en una propiedad comunal que excluya la competencia y las reglas establecidas del mercado. A la vez, resguardan una propiedad privada suficiente, o el medio de obtenerla, con el propósito de preservar con plena discreción su independencia y soledad. Han adquirido una granja para hacer de la agricultura la base de su vida, pues ésta es la más simple y directa relación con la naturaleza (361). Una verdadera vida, aunque apunta más allá de la estrella más alta, es fragancia de la tierra lozana.7 El perfume del trébol la sobrevuela. El mugido del ganado es el bajo natural de la melodía de las voces humanas.

Y se refiere específicamente al epicentro social institucional anómalo de la ciudad moderna de la siguiente manera:

Por otra parte, ¿qué absurdo más grande puede imaginarse que la institución de las ciudades? No las originó el amor sino la guerra. Fue la guerra que empujó a los hombres a agruparse en multitud, los forzó a mantenerse muy apretados y a erigir murallas a su alrededor. Esta situación de aglomeración produce necesidades de un carácter no natural, las cuales tienen como resultado ocupaciones que regeneran el mal, pues crean necesidades artificiales. (Énfasis añadido del autor) (361).

Esta “barrera” artificial, dice Peabody, produce un estado de deshumanización que impide “la restauración de la Vida y del Gozo espontáneos”. Alude a una verdadera “alienación”, pues se trata de la llegada de “una época, donde la experiencia sensorial de la Creación -el gran símbolo de Dios- les ha sido negada a sus desafortunados hijos”. La ciudad moderna es un impersonal conglomerado donde pareciera que hombres y mujeres,

hubieran quedado amontonados de tal manera que se les impidiera respirar al aire libre y ver el Domo Universal del Cielo, y que algunos de ellos hubieran de abrir los ojos en las oscuras cavernas de calles estrechas y aglomeradas dentro de amuralladas ciudades. ¡Cómo hubieran ellos [nuestros padres] podido imaginar una conspiración tal contra el espíritu que le niega el sol y el cielo y el glorioso ropaje de la Tierra! ?La expansión de las ciudades, las cuales fueron el embrión de naciones hostiles unas a otras, merece ser objeto de la investigación y de la pluma del filósofo de la historia. Tal vez no haya nada que estimule más el valor de buscar y el deseo de lograr el bien de la sociedad, como una historia profunda del origen, en la enrevesada naturaleza humana y en la exasperación de la sociedad, de los diferentes Males sistemáticos bajo los cuales gime la humanidad. ¿Existe algo en la vida social y política contrario al Ideal del espíritu? Cosa tal no es eterna sino finita, lo dice la Razón Pura, pues posee un comienzo y también una historia. Lo que el hombre ha hecho puede ser también deshecho. “Por el hombre entró la muerte y por el hombre también viene la resurrección de los muertos”(362).8

Josiah Wolcott

“La Brook Farm con arcoiris”, 1845 

El régimen comunitario agrícola se propone reorganizar las relaciones económico-sociales prevalentes en Estados Unidos. En breve, con su “deshacer” rebelde pretende boicotear las normas del mercado, poniéndolas al servicio del desarrollo físico y espiritual del individuo:

El plan de la Comunidad, en cuanto Economía, es en breve el siguiente. Que todos los que fuesen propietarios obtendrán una acción y de ahí en adelante recibirán un interés fijo por ella. Tendrán habitación y alimentación en común, como individualmente lo escojan, al costo de las provisiones adquiridas al por mayor o cultivadas en la granja; que todos harán trabajo en común y recibirán paga por hora a un valor determinado, escogiendo cada quien el número de horas y el tipo de trabajo. Con el fruto del trabajo y de su interés, pagarán su alimentación y también comprarán cualquier otra cosa que se necesite a precio de costo, ya que los depósitos han de ser suplidos por la Comunidad como tal. Para perfeccionar su economía, con el transcurso del tiempo sus miembros cubrirán todos los oficios, y todas las transacciones comerciales se efectuarán entre ellos, desde la ocupación mecánica más baja, la cual contribuye a la salud y comodidad de la vida, hasta el más elevado arte que engalane con alimento y atuendo a la mente (362).

Por consiguiente, el papel docente más radical de la comunidad es redefinir el trabajo individual abriéndolo a su dimensión social. A través de ella el ser humano alcanza su plenitud, se sacraliza porque el trabajo orientado hacia el bien común es sagrado. El esforzado trabajador manual es, en ese sentido, insigne maestro de juventudes:

Todo trabajo, ya sea corporal o intelectual, será remunerado con una misma cantidad de pago, bajo el principio que en cuanto éste se hace más corporal, supone más sacrificio para el trabajador dedicado a ello, puesto que para el cultivo de la mente se requiere de tiempo en exacta proporción con la falta de instrucción. Además, el trabajo intelectual transmite placeres más elevados y recompensa más en sí mismo que el trabajo corporal. Otra razón para asignar el mismo valor pecuniario a toda clase de trabajo es otorgar una expresión visible a la gran verdad de que todo trabajo es sagrado cuando se hace por un interés común. Los santos y los filósofos ya sabían esto, pero este aniñado mundo no; y se debe tomar la firme decisión de igualar ambos trabajos ante los ojos de los jóvenes de la comunidad, los cuales no son inmunes a las influencias morales de un mundo carente de ellas. (…) En consecuencia, ya que la Educación Universal requerirá todo tipo de operaciones necesarias para la comodidad y finuras de la vida, cada asociado, aunque el excavar zanjas sea su logro mayor, será un maestro para los miembros jóvenes. (Énfasis añadido del autor) (362-363).

Entonces, esta ideal “sociedad sin clases” fusiona todos los estratos sociales, pues incluso los representantes más desventajados y rudos por su naturaleza y capacidad laboral poseen una vocación docente ejemplar. Dentro del ambiente espiritual que reina en la “Brook Farm”, en sentido literal y metafórico, la pala es una pluma en potencia:

Tampoco esta elevación del trabajo corporal será acusada de ser responsable de rebajar el tono de las costumbres y refinamiento en la comunidad. Los “hijos de la luz” de esta generación no han dejado de tener tino. Poseen una invisible pero todopoderosa defensa de principios. La asociación no será capaz de atraer mentes reacias al pulimento. Por ser una comunidad Ideal, apelará a aquellos postores inclinados idealmente; pero ellos han de provenir de todos los estratos de la vida, cualquiera sea su ensombrecida circunstancia. Incluso entre los excavadores de zanjas se han de encontrar quienes, por medio del cultivo religioso, pueden encumbrarse, en superioridad apacible, sobre individuos presuntuosamente refinados y leídos (363).

La reorientación humana nunca deja de apuntar hacia su norte espiritual, pues el “mejoramiento humano” atempera el imperio del mercado e impulsa a todo ser hacia la excelencia:

Además, después de hacerse miembros de la comunidad, nadie se dedicará solamente al trabajo manual. Las horas de trabajo para la Asociación será limitada por una norma general, y podrá ser reducida a voluntad del individuo todavía más; y a todos se les proveerá de los medios para el adelanto intelectual y para la interacción social con el propósito de que se refine y se acreciente. El fruto de las horas de trabajo no será reaplicado a la adquisición de riqueza sino a la producción de bienes intelectuales. La comunidad aspira a ser rica no en dinero metálico, símbolo de riqueza, sino en la riqueza en sí misma, a la cual el dinero debería representar; es decir, A LA EXPANSION DE LA VIDA EN TODAS LAS FACULTADES DEL ESPIRITU (Énfasis añadido de la autora) (363-364).

Josiah Wolcott

Brook Farm 

La comunidad agrícola es un cuerpo social donde el intercambio de bienes sigue actuando. El egoísmo no ha desaparecido, pero ha quedado inoculado contra el virus de la desbocada acumulación personal, la cual, en contraste, decora a la distancia todos los escaparates de la ciudad moderna.

Este esfuerzo comunitario campestre de alguna manera lograría hacer presente la utópica Ciudad Celestial:

En cuanto a los productos del trabajo Agrícola, la comunidad intercambiará con todo el mundo. Recibirá ingresos brindando educación a todos aquellos jóvenes que puedan ser alojados en las familias y participarán de la vida en común con sus propios hijos. Al final, espera ser capaz de proveer no solamente todo lo necesario sino todas las facilidades deseables para la salud corporal y espiritual: libros, aparatos, colecciones para las ciencias, obras de arte, bellos medios de esparcimiento. Todas estas cosas serán comunes para todos. Así, el incentivo que tan solo dora y refina la pasión por la acumulación personal no existirá más como apetencia, y cuandoquiera esa sórdida pasión reaparezca, se verá retratada en su desnudo egoísmo. El mayor éxito de la comunidad será realizar todos los fines que el mero egoísmo persigue, pero investidos de bendiciones espirituales, a las cuales solo la grandeza de alma puede aspirar (364).

The Brook Farm 

CHARLES DANA, AMIGO DE EMERSON Y MARTÍ

Martí llegó a Nueva York en 1880 y de inmediato trabajó periodísticamente para Charles A. Dana, director de The Sun, en ese entonces, por mucho, el periódico con más tiraje en Nueva York.9 Fue el único norteamericano que pudo darle al cubano “recién llegado” un testimonio personal de Emerson cuando éste aún vivía en Concord, pues, como se verá, había interactuado con él en el experimento social comunitarista de la “Brook Farm”. Al iniciar Martí sus colaboraciones en The Hour (febrero, 1880) y The Sun (junio, 1880) dirigidos por Dana, con seguridad recibió por boca suya un recuento de primera mano de la persona de Emerson, del carácter y significado de su obra y de la constitución de dicha “Hacienda”. Indudablemente en sus conversaciones con Dana, Martí encontró un excelente aliciente para internarse con gran entusiasmo en la obra del poeta-filósofo de Nueva Inglaterra, como quedó reflejado en su glorioso homenaje “Emerson” escrito a la muerte de éste en 1882.

Charles A. Dana se había radicalizado de joven en Harvard bajo la influencia de Emerson, George Ripley y Theodore Parker, quienes habían estremecido el “establishment” religioso de Nueva Inglaterra. Como se señaló, George Ripley después de haber renunciado a su ministerio unitario protestante, compró la “Brook Farm” en 1840 e invitó a Dana a ser parte de “el experimento social más atrevido de su tiempo” (Steele 1993: 12). Según le escribió Ripley a Emerson, esta comunidad “aseguraría una conjunción más natural entre el trabajo intelectual y el trabajo manual […] combinaría al pensador y al trabajador [y] garantizaría la más alta libertad mental proveyendo a todos de un trabajo afín a sus necesidades y talento, asegurándoles los frutos de su trabajo” (Steele 1993: 12). Dana fue nada menos que lugarteniente de Ripley, pues manejaba las operaciones diarias de todo el proyecto e impartía allí clases de griego y alemán. En 1845, junto con Ripley empezó a publicar el diario de la “Brook Farm” llamado el Harbinger (Premonitor) y recibió contribuciones del introductor del fourierismo en los Estados Unidos, Albert Brisbane. Los miembros de la comunidad estaban, asimismo, interesados en la emancipación de la mujer. Además de Emerson, Margaret Fuller era una de las visitas frecuentes. El 6 de marzo de 1847 la Brook Farm se incendió, desastre del que la comunidad no pudo recuperarse.

Junto con el testimonio de Elizabeth Peabody, resulta relevante el recuento personal que ofrece Dana del Trascendentalismo, Emerson, Margaret Fuller y, especialmente, de la “Brook Farm” por ser uno de los más íntimos protagonistas de los hechos descritos. Éste fue pronunciado en la Universidad de Michigan el 21 de enero de 1895 (Wilson 1907: 520-527), unas semanas antes de la muerte de Martí. El texto de Dana acrecienta su valor porque, como se dijo, Emerson precisamente formuló “El hombre reformador” un año después de iniciado este experimento social, teniéndolo vivamente presente:

Hubo otro movimiento de real y profunda importancia que advino en ese tiempo, especialmente en Boston, y que se conoció como el surgimiento de la escuela Trascendentalista. Era una escuela filosófica que se desarrolló en contraposición de la filosofía que suponía que no existía nada en el intelecto que no hubiera pasado antes por los sentidos [John Locke]. Los Trascendentalistas sostenían la doctrina de las intuiciones originales de la mente, que el espíritu comulga con regiones más allá de los sentidos y accede a intimidades de la verdad divina que éstos no pueden revelar. Fue un movimiento bastante fuerte, compuesto por miembros de gran importancia, cuyos nombres se destacan en nuestra literatura. Estaba Emerson, quien con su famoso discurso sobre la naturaleza tal vez fue la primera persona en hacer la declaración más contundente de la doctrina Trascendentalista en el país (520-521).

Dana, en consonancia con los comentarios anteriores de Peabody, señala que fue el predicador George Ripley, quien se propuso restaurar los genuinos principios democráticos heredados de la fe fundadora de los “pilgrims”, los cuales habían sido relegados por la convulsiva dinámica mecánico mercantil urbana del mercado moderno. El gran problema social de los Estados Unidos consistía, además, en que la democracia se estaba convirtiendo en un conglomerado burocrático. Al llegar con toda fuerza la Modernidad, era urgente que las verdades sublimes de la democracia se materializaran en verdades sociales prácticas. Como diría posteriormente Martí en “Nuestra América” era imperativo un cambio de espíritu:10

George Ripley, ministro Unitario de Boston, fue otro de sus propulsores. Fue una persona de alta educación, de inmenso conocimiento y de un coraje sin igual. En este grupo de filósofos trascendentalistas desde muy temprano floreció la idea, inicialmente propuesta por George Bancroft, (historiador que simpatizaba completamente con los trascendentalistas), que no era suficiente que la democracia existiera en la Constitución de los Estados Unidos, que hubiese triunfado políticamente como partido bajo el liderazgo de Jefferson, que desde entonces prevaleciera en la mayoría de los gobiernos estatales y, que ocasionalmente prevaleciera en el mismo gobierno central. Ello no constituía una realización perfecta de la democracia (521).

Tal como la visualizaba Ripley, la validez de la propuesta de igualdad democrática antimonárquica instaurada en América frente a Europa, suponía una misión ideal radical:

Si la democracia era la verdad sublime que se suponía ser, debería sobrepasar la esfera de la política, de la esfera de la ley y de las constituciones; debería compenetrarse con la vida y volverse social. El mismo principio de igualdad que otorgaba la igualdad universal del sufragio, debería extenderse y aplicarse a toda la sociedad y en todas las instancias de la vida social (521).

Charles A. Dana (1819-1897) 

El empeño de Ripley era efectivamente una transformación social revolucionaria porque se hacía presente en Estados Unidos como una asociación comunitaria histórica y geográfica concreta; dejaba de ser una propuesta de gabinete y permeaba efectivamente el campo de las relaciones humanas, cambiándolas a contrapelo del patrón vigente. Implicaba un compromiso personal total:

Una de las cosas que estos filósofos democráticos objetaban era que mientras que el amo se sentaba en el salón arriba, el sirviente se sentaba en la cocina abajo. Ambos, más bien, deberían situarse en el mismo nivel: la igualdad y la democracia debería ser la característica de nuestras relaciones sociales. Cualquier persona, enseñaban, debe tener acceso a la educación, de modo que pueda cultivar y desarrollar todas sus facultades, y que todos los carriles del conocimiento debieran estar abiertos para todos. Los trascendentalistas concluyeron que ello sólo podría lograrse mediante la transformación de la sociedad y, tras profundo análisis y largas consideraciones, decidieron que era su deber consagrarse a ella. Eso fue lo que inspiró el movimiento socialista que empezó hacia 1835 y 1838 (521-522).

Los miembros de esta pequeña granja-hacienda se aglutinaban férreamente alrededor de la idea de una educación continua, para establecer durante el quehacer diario una dialéctica solidaria entre el trabajo manual y el intelectual:

Fue en la primavera de 1841 que Ripley y sus amigos determinaron comprar la granja de más de doscientos acres en West Roxbury, a unas ocho millas de Boston. Era un lugar muy bello, excelentemente situado, con abundancia de agua y tierra fértil; poseía una ubicación agraria excelente. Allí organizaron una sociedad llamada el Instituto Agrícola y Educativo de la Brook Farm. Fue concebido dentro del Trascendentalismo, y diseñado para llevar a cabo una vida social de acuerdo con doctrinas democráticas cristianas (525).

Puesto que quienes concibieron el experimento se habían educado en Harvard, su crítica se dirigía al enclaustramiento autista del estilo de vida universitaria y, dado que se cuestionaba la orientación de la cabeza intelectual del país, Nueva Inglaterra, su llamado repercutiría en el conjunto del sistema universitario nacional. Su objetivo final no era otro que “regenerar el mundo”. Por tanto, era imperativa una vuelta a la Naturaleza:

Se había dado ya una enorme discusión acerca del poco saludable estilo de vida del sistema universitario, de los estudiantes dedicados a la literatura y al conocimiento. Divorciados de la naturaleza, se apoltronaban en sus sillones sin exponerse al ejercicio físico; no salían al aire libre ni se ganaban la vida con el sudor de su frente. El principio era que mientras uno se dedicara a la filosofía, a la literatura, a la filología, a las matemáticas, debería trabajar en el campo, cultivar la tierra, y que la actividad campesina dotara de excelente salud. Ese era el planteamiento. Así que, para reformar la sociedad, para regenerar el mundo, para realizar la democracia en las relaciones sociales, esos amigos comunitarios decidieron que deberían dedicarse primeramente a la agricultura que los expondría al trabajo al aire libre, y, a la vez, les daría la oportunidad de estudiar, instruirse y profundizar en la literatura y el conocimiento (525).

Aunque Emerson nunca fue un residente de la hacienda, apoyó con entusiasmo la formación de sus miembros e interactuó con ellos. Así lo hizo también Margaret Fuller:

Así se dio comienzo al Instituto Agrícola y Educativo de la Brook Farm. Emerson venía una o dos veces al año. Nos reuníamos en la sala, donde nos impartía una conferencia, le hacíamos preguntas y entablábamos una conversación sobre un tema literario o filosófico. Todos seguíamos con gran placer las cuestiones que debatíamos. Lo mismo ocurría con Margaret Fuller cuando ocasionalmente venía. Era realmente exquisito y le confería al lugar una profundidad y reputación que no hubiera tenido con los simples ajetreos agrícolas que nos ocupaban el día. Así, la oportunidad de educarse estaba abierta a todos los miembros de la comunidad (525, 527).

“La Doctrina de la Granja/Hacienda”, “The Doctrine of the Farm” o “Doctrina del Trabajo” que constituye el núcleo de “El hombre reformador” de Emerson, enaltece el esfuerzo manual propio del agricultor. Filosóficamente hablando, proyecta una reflexión restauradora del valor universal del trabajo hecho con las propias manos, substrato primario soporte del trabajo intelectual, por el cual el individuo se reintegra a la silente vitalidad creadora de la Naturaleza. Martí con su multifacética labor (manual/intelectual/conspirativa) desde adolescente y, posteriormente mediante su trabajo de escritor revolucionario centrado en Nueva York, ratifica motu proprio esta solidaria “doctrina del trabajo” y finalmente, entendida como servicio, la glorifica con su muerte en el campo de batalla de Dos Ríos en 1895.

Por consiguiente, los antecedentes descritos ayudan a echar luz al trasfondo significativo de la voluntad martiana de “echar la suerte con los pobres de la tierra” consignada poéticamente en Versos sencillos, eco de las palabras de Emerson. Y aunque el experimento de la “Brook Farm” hubiera quedado trunco, históricamente dejaba un rastro lúcido y tangible de los enormes repositorios espirituales de la joven nación. Así, el hablante martiano de fines de siglo XIX obviamente expresa la solidaridad con “los pobres” de modo universal (la clase obrera), pero en su sentido más abarcador se refiere no solo a los obreros industriales sino a “los pobres que trabajan la tierra”, los campesinos. O sea, incorpora en gran parte la numerosa clase inmigrante que, según escribe posteriormente en sus crónicas, llegaba a Estados Unidos “a barcadas”, y cuya meta principal para salir de su indigencia era, dejar de ser asalariada, adquirir una parcela de terreno y hacerla producir. Estos desposeídos de patria, riqueza y del conocimiento más mínimo del país, solo contaban inicialmente con su determinación y la fuerza de sus brazos. De ahí que Emerson en “El hombre reformador”, en contraposición a la situación esclavista imperante en el Sur de su país, celebrara esa fuerza exponiendo la “Doctrina de la Granja”, la cual, éticamente entendida, no es otra cosa que un reconocimiento del trabajo manual como fuente de adelanto y “mejoramiento humano”.

A un nivel más profundo, el trabajo de las propias manos simboliza el enorme valor formativo del esfuerzo tanto físico como mental, que, en la era moderna, por su carácter multitudinario, llega a caracterizar al individuo como “ser-en-el mundo”. Es decir, en términos fenomenológicos, su estado laborioso, su “estar-en-el mundo” como obrero, caracteriza ontológicamente su “ser-en-el-mundo”. Por ello, es siguiendo esta misma línea de pensamiento que Martí en 1882, a raíz de la muerte de Emerson, incluyera en su homenaje las palabras exactas de su céntrico ensayo Nature, “What is a farm but a mute gospel” (I, 42), y las traspusiera concisamente en castellano “una hacienda es un evangelio” (XIII, 22).

Para Martí, testigo de su tiempo en la urbe más cosmopolita del mundo, Nueva York, el agricultor, “el hombre del campo”, representa en plena Modernidad el arduo desgaste del individuo común quien, a pesar de provenir de una sociedad autoritaria burocrática feudal europea, tiene la oportunidad de partir de cero, crear y hacerse a sí mismo no en una monarquía estática europea sino en una democracia perfectible americana. El “pobre”, de “los pobres de la tierra” denota, entonces, no solo una clase en estado social de carencia, sino que, por estar inserto ahora en una dinámica civil democrática, representa la posibilidad de realizarse como hombre. El paupérrimo inmigrante, el campesino, el obrero industrial, en una democracia aspira al “decoro” mediante “el mejoramiento humano”, reflejo de la marcha ascendente del “mejoramiento en la Naturaleza”. Por ello, en su sentido más pleno, la “Doctrina de la Labranza” simboliza mediante el trabajo manual del agricultor (y su contraparte citadina, el obrero) el reencuentro del hombre moderno con la Naturaleza. Tanto el trabajo manual como el trabajo intelectual, por provenir de una misma determinación y un mismo esfuerzo, son coadyuvantes. Y el intelectual, mediante el empedernido, sobrio y callado “sudor” mental, análogo al trabajo manual, queda reintegrado como el agricultor y el obrero al flujo de la armonía cósmica. De ahí que además de complacerse del “arroyo de la sierra” en otro lugar Martí confesara:

Ya no me importa que la frase ardiente

Muera en silencio, o ande en casa oscura,

Amo y trabajo: así calladamente

Nutre el río a la selva en la espesura. (XVI, 249, énfasis mío).

Junto a los antecedentes de la “Brook Farm” y la amistad de Martí con Charles A. Dana, la siguiente consideración de pasajes representativos del ensayo de Emerson permite calibrar en concreto el caudal ideológico que acarrean las palabras del poema III de sus Versos sencillos, por los que el autor cubano confiesa la determinación de “echar su suerte con los pobres de la tierra”.

A MODO DE CONCLUSIÓN: MARTÍ, TRADUCTOR CULTURAL

La recuperación de la fuente emersoniana de los célebres versos sobre “los pobres de la tierra” permite visualizar mejor el poder crítico de la pupila de Martí al observar la cultura norteamericana. Entonces, el cotejo textual bilingüe expuesto posee implícito un nivel que lo trasciende. El indispensable punto de partida filológico fáctico que engarza dos hilos discursivos y describe el modo como ellos se entretejen, deja traslucir el empeño de Martí por poner en juego simultáneamente la inmensidad de dos culturas dispares y, a partir de ese encuentro entre ambas, destilar la savia más provechosa para “Nuestra América”. Es decir, en plena Era Moderna “el hombre sincero echa sus versos del alma” para enaltecer el valor democrático del trabajo físico y mental del habitante del Nuevo Mundo. Paradójicamente, el indómito revolucionario para realizarse con plenitud afinca su praxis en una cosmovisión ético-filosófica. Quedan así confirmadas, una vez más, sus palabras de homenaje a Emerson:

Como desdeñoso de andar por la tierra, y malquerido por los hombres juiciosos, andaba por la tierra el idealismo. Emerson lo ha hecho humano: no aguarda a la ciencia, porque el ave no necesita de zancos para subir a las alturas, ni el águila de rieles” (XIII, 29).

BIBLIOGRAFÍA

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1En adelante se citará esta edición: José Martí, Obras Completas, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1975. La voluntad martiana de “Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar” desborda el contexto citadino cosificado de la urbe moderna. Se abre y resuena en el más abarcador espacio fluido de la naturaleza: “el arroyo de la sierra / me complace más que el mar” (XVI, 77). Dada la centralidad del tema del trabajo manual asociado al obrero y el campesino, ver las notas 30, 36-41 y 48.

2En adelante se citará esta edición: Ralph Waldo Emerson, Complete Works, Boston, Houghton, Mifflin and Company, Centenary Edition, 1903-1904. El presente artículo formará parte de mi libro en preparación titulado Martí y Darío: la literatura y lo social, que trata de la antropología del trabajo de ambos escritores.

3El personaje martiano concebido en fuero íntimo está abierto a la circunstancia social. Ver “La poética heroica de Ismaelillo: el campo de batalla como espacio literario”, capítulo IV, de mi estudio véase (Ballón 2003: 163-189).

4Es conveniente mencionar que “el niño desarmado” emersoniano posee una identidad árabe. Esta figura infantil (el amor alado), reaparece en la poesía de Martí como “Jacob mariposa” e “Ismaelillo árabe”. De la génesis de Ismaelillo véase (Ballón 1986, 1995, 2003).

5En “El intelectual americano” (1837), Emerson ya había sostenido que al verdadero poeta americano le correspondía dar voz a “La literatura del pobre” (I, 111), y en “La ética literaria” (1838) manifestó la necesidad de poner las manos laboriosas del intelectual en contacto directo con la tierra: “El verdadero intelectual no rehusará ceñirse ese yugo durante su juventud para conocer, si pudiera, el más completo secreto del esfuerzo y la perseverancia; para hacer sus manos familiares con el suelo que le da de comer y con el sudor que antecede a la comodidad y al lujo” (I, 181-182).

6Elizabeth Peabody (1804-1894) era colaboradora y gerente financiera de The Dial. Fue la fundadora de los primeros “Kindergarten” en Estados Unidos y también la primera traductora de la literatura budista en ese país, el “Sutra del loto”.

7La dialéctica hombre-naturaleza es un tema céntrico del trascendentalismo. Curiosamente, Martí en 1882, ya inmerso en la urbe más prototípica de la Modernidad, alegoriza su “lozana” vuelta al Edén en el poema “Mi labriego” de Ismaellillo: “Dígame mi labriego / ¿Cómo es que ha andado / En esta noche lóbrega / Este hondo campo? / Dígame ¿de qué flores / Untó el arado, / Que la tierra olorosa / Trasciende a nardos? / Dígame ¿de qué ríos / Regó ese prado, / Que era un valle muy negro / Y ora es lozano?” (XVI, 51). Sobre el hombre de campo o labriego, véanse las notas 38, 47 y 52.

8El subrayado del término deshecho es de Peabody. La referencia evangélica procede de Corintios I, 15. 21.

9The Sun era el diario más destacado de Nueva York. Ese año su tirada era de 147,444 ejemplares. Le seguían el Herald,100,000; la Tribune, 38,000; el Times, 34,000 y el World, 18,000.

10“El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu” (VI, 19). Puesto que en el fondo se trata de una revalorización de los poderes del espíritu humano, el tema permea el ensayo de Emerson. Véanse las notas 19, 20, 28 y 53.

11The Mechanics’ Apprentices’ Library Association (1820-1892), era una agrupación de jóvenes aprendices “de mecánica y manufactura” cuyo objetivo era mejorar moral, social y culturalmente. Tenía unos doscientos miembros y su biblioteca contenía alrededor de dos mil volúmenes. Además de poseer las mejores publicaciones de diarios y revistas, regularmente hacía invitaciones a ponentes destacados sobre los temas más diversos.

12El título del ensayo es gramaticalmente singular, “Man the Reformer” (no “Men the Reformers”), pues implica que la sociedad cambia si el individuo cambia. Tampoco es un título constrictivo y por ello carece de adjetivo. No es un reformador religioso o literario o político o social, etc., es, más bien, un reformador total porque la libertad de pensamiento compenetra todo el ámbito civil. Por otra parte, siendo Emerson amigo íntimo de Margaret Fuller, su título no es patriarcal ni misógino; no connota un cuerpo masculino opuesto a otro femenino (hombre↔mujer). “Hombre” designa ontológicamente “el espíritu humano” en dicotomía con “el cuerpo humano-animal” (metafóricamente, el “hombre-boca” u “hombre-fiera”). Es decir, recupera la inseparable bipolaridad clásica cuerpo-físico y alma-metafísica, utilizando como telón de fondo la metamorfosis del “gusano que asciende” hacia la hominización por “las espiras de la forma”. El término “Hombre” proviene de una antropología inclusiva, no excluyente, que “representa” a toda la sociedad, del mismo modo como “Nature” no designa “un árbol” sino a todo el cosmos. Dada la herencia disidente de los peregrinos puritanos de los que descendía la familia de Emerson, habría que tener en cuenta que ese grupo de inmigrantes llega a la costa este de Estos Unidos respondiendo a un llamado interior radical. El núcleo energético de su peregrinar era la creencia irrenunciable que la esencia del cristianismo es la libertad. Por tanto, la inviolabilidad de la conciencia del individuo es el derecho más sagrado y, de acuerdo con ello, lo que moviliza su espíritu es su carácter ético. Radicalmente contraria al espíritu autoritario patriarcal dictatorial despótico del sistema monárquico europeo, la libertad religiosa del Este de Estados Unidos, modeladora de su Constitución, busca impedir que una mayoría hegemónica o una casta minoritaria use el poder para imponer sus creencias e ideología sobre los demás. Eso protege a los ciudadanos, sean religiosos o no, para que el gobierno no se torne tan poderoso que les imponga cómo pensar y actuar. Socialmente hablando, la libertad es el corazón de la justicia y del deber. Aunque no es perfecta, ella se traduce públicamente en un contrato social que reconoce el carácter sagrado de la conciencia y de los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad. “El hombre reformador”, escrito a mediados de siglo XIX, interpreta este espíritu libertario puritano en el contexto de una Norteamérica que transita de la era agraria a la industrial. Por ello se enfoca en la “alienación” que produce el trabajo del individuo, especialmente de los jóvenes, inmersos en las ocupaciones del comercio prevalentes en el mercado moderno.

13Es precisamente en esta asociación de “aprendices de mecánica y comercio”, donde ofrece su ponencia cuyo mensaje final no es otro, según Dana, que “regenerar el mundo”. Pero, además, Emerson es un iconoclasta porque incita a cambiar la sociedad ahora. Considera que la idea de democracia fundadora de Estados Unidos se ha quedado en los libros como verdad abstracta. Hay que hacerla práctica y actuante en la vida diaria. “El amo y el sirviente deben sentarse en la misma mesa”. Los intelectuales cubanos en la segunda mitad del siglo XIX estaban bastante familiarizados con la obra de Emerson. Enrique José Varona (1849-1933), el gran amigo de Martí (que se hizo cargo del periódico Patria después de su muerte en 1895) resumió la idea de democracia de la siguiente manera: “Esta es la filosofía duradera en las obras de Emerson; ésta la que conviene a un pueblo, donde no existen, o existen poderosamente mitigadas, las causas que entretienen y vigorizan el pesimismo en otros países, en el mayor número de las naciones coetáneas. A su medio social ha debido Emerson los más de los caracteres a que debe su valor eximio: su poderosa originalidad, que inmortalizará sus obras y que le presta una personalidad tan eminente entre los escritores sus contemporáneos; la seguridad de su crítica, que jamás se ladea según el viento de la opinión o del interés; la libertad de acción con que escoge sus asuntos, con que lo penetra todo y lo dice todo. Y estas cualidades, a la vez morales y literarias, son las que han de florecer en toda democracia, las que han de dar tono y color a sus producciones, las que han de hacer que sobresalgan sobre el nivel convencional en que se ha supuesto, que se estancarían. Ni puede ser de otra suerte: la democracia es la fórmula más perfecta en que se encarna, para el régimen interno de los pueblos, la libertad; y la libertad, que ennoblece el trabajo, hace de todos los asociados obreros; y la libertad, que asegura la equitativa distribución de lo obtenido por el propio esfuerzo, estimula a todo perfeccionamiento y hace posible toda honrosa competencia. Del concurso eficaz e incesante de tantas actividades resulta un progreso general e incesante, cuya última y más hermosa florescencia hade ser la moralidad superior y la plena cultura. (…) ¡Libertad! ¡Dichosos los pueblos que la aman y la poseen, que saben obtenerla y conservarla! ¡Mil veces infortunados los que sólo teóricamente la conocen y estiman! Por ella deben ser todos sus votos; hacia ella deben tender todos sus esfuerzos” (Varona 1917: 67). El subrayado es mío. Ver los juicios de Varona sobre en relación con la revuelta puritana en su artículo “Diez de octubre” (nota 20).

14A diferencia de Marx, Emerson no habla de segmentos sociales en pugna o clases; habla de toda la sociedad humana. Apela al estrato subyacente unificador de toda la sociedad como organismo social: la sustancia intrínseca que distingue la especie humana.

15Clara referencia a la “alienación”.

16Literalmente “beautiful”, “bellos”, “hermosos”, términos que como la “decencia”, denotan armonía: hombres armónicos en sintonía cabal con la Naturaleza. Habría que entender la “belleza” en su sentido filosófico pleno, esencialmente inseparable de las categorías clásicas de “verdad” y “bondad” (justicia). Emerson unas líneas más adelante en el ensayo dirá: “todo individuo debiera ser, más bien, un hombre libre y servicial” (nota 20). En noviembre de 1890 Martí agradeció a Emilio de Losada, propietario y director de La Revista Ilustrada de Nueva York, que le pidiera escribir un artículo para su revista. Como sabemos esas “cuartillas” aparecieron el 1 de enero del año siguiente con el título de “Nuestra América”. La carta de Martí a Losada literalmente decía: “Para mí, escribir, es servir: —y mi paga verdadera, aparte del gusto de residir cartas como la de Vd., está en ver á los hombres, decorosos y libres, que es la obra que lleva Vd. adelante en La Revista”, véase (Ballón 2022: 471, énfasis añadido del autor).

17En la metáfora central de Nature, “la pupila desnuda” abierta en el entorno de “los bosques”, el hombre recupera su máxima dimensión existencial: “A la hora del crepúsculo, al cruzar un común vado desolado entre los charcos de la nieve, bajo un cielo nublado, sin haber previsto ningún indicio de buen augurio, he experimentado una alegría perfecta. Me siento tan feliz que casi me estremezco con estupor. (…) En los bosques retornamos a la razón y a la fe. Allí advierto que nada me podría suceder en la vida, ninguna desgracia ni calamidad, siempre que mantenga los ojos, que la naturaleza no pueda reparar. De pie sobre la tierra desnuda, —mi cabeza bañada por la suave brisa y arrebatado hacia el espacio infinito, —todo mezquino egoísmo se desvanece. Me convierto en un transparente globo ocular; nada soy; lo veo todo; las corrientes del Ser Universal circulan a través mío; yo soy una parcela o partícula de Dios” (I, 9-10). Martí parafrasea profusamente estas líneas para referirse a la totalizadora presencia de lo sublime en la naturaleza: “El [Emerson] veía detrás de sí al espíritu creador que a través de él hablaba a la naturaleza. El se veía como pupila transparente que lo reflejaba todo, y solo era pupila” (XIII, 19). Y más literalmente: “Los astros son mensajeros de hermosuras, y lo sublime perpetuo. El bosque vuelve al hombre a la razón y a la fe, y es la juventud perpetua. El bosque alegra, como una buena acción. La naturaleza inspira, cura, consuela, fortalece y prepara para la virtud al hombre. Y el hombre no se halla completo, ni se revela a sí mismo, ni ve lo invisible, sino en su íntima relación con la naturaleza” (XIII, 25-26, énfasis mío). Asimismo, en “The American Scholar” Emerson explica la plenitud humana de “el hombre completo”: “existe un Único Hombre, éste solo está presente de modo parcial o a través de una sola de sus facultades en cada hombre concreto y es preciso abarcar a la entera humanidad para recomponer al hombre completo. El hombre no es solo un granjero ni un profesor ni un ingeniero, sino que es todos ellos. El hombre es sacerdote, es intelectual, es estadista y es productor y es, también, soldado. En nuestra dividida [énfasis de Emerson] situación social actual, dichas funciones han quedado dispersas entre muchos individuos y cada uno procura efectuar una fracción de la obra total, mientras en el resto del grupo cada quien labora en la suya propia” (I, 82-83). La orgánica urdimbre social humana original, “ramificada”, “rizomática”, se desmiembra corroída por la transacción del mercado moderno. Emerson sostendrá posteriormente en “The Poet” que el “hombre de la Belleza” es un ser “representativo” de toda su generación: “Sobresale entre hombres fragmentarios por ser hombre completo, y no nos da a conocer su propia valía sino nuestra riqueza común” (III, 5).

18El hombre citadino de la época moderna ha quedado adormecido y aletargado por la actividad comercial. Como en el mito de la caverna de Platón el individuo ha de salir de la cueva oscura de reflejos automáticos del mercado en la que se encuentra y salir hacia la luz, o sea, despertar.

19Frente al “comercio material” Emerson contrapone el “comercio espiritual”. Este pasaje introductorio del ensayo es fundamental porque expone su nervio espiritualizador, y es necesario contextualizarlo dentro de la época en que fue escrito. A mediados del siglo XIX irrumpe la Modernidad con toda su fuerza en Norteamérica. El país está asentado sobre grandes extensiones agrarias pero la mecanización de la revolución industrial empieza reconfigurar el país. El ferrocarril, los caminos y canales acortan las vastas distancias. El grueso de las masas desocupadas europeas que llegan imparables a la costa Este, empiezan a desbordarse hacia el Oeste. Además, la economía esclavista del Sur exacerba y tensa sus grandes contradicciones productivas con el Norte. Muy significativamente, Emerson basa gran parte de su análisis en el comercio entre Cuba y Estados Unidos, destacando sus intrínsecas implicaciones ético-económicas. Asimismo, “el Reformador” no puede entenderse fuera de la tradición cristiano-protestante que ha moldeado las colonias de Nueva Inglaterra desde su llegada en el siglo XVII. Se trata de corregir la marcha del país, empezando por su base ética, la cual ha de tonificar constantemente las relaciones sociales y económicas. Por otro lado, el ensayo es también un discurso cultural sincrético Oriente/Occidente, pues la frugalidad árabe y su visión del mundo permean el texto. Sin embargo, el ensayo queda orquestado esencialmente por la premisa mayor del encuentro del sujeto con la colosal Naturaleza americana. Así, el “comercio con la vida espiritual” y la “iluminación divina” se despiertan en el hombre al ser tocado por la “iluminación del crepúsculo”. Allí la orilla de la humanidad y el mar de la divinidad, según Emerson, se tocan. En consonancia con este llamado ético-espiritual corrector de las aristas más agudas del capitalismo norteamericano da pie a que Martí tempranamente diga que “aquella gran tierra está vacía de espíritu” (“Coney Island”, diciembre, 1881).Y más detenidamente, en 1884, evocará “la enfermedad” que “se le ha entrado por todas las entrañas” al país en los siguientes términos: “Pero en estas naciones [como Estados Unidos] donde del acumulamiento mismo de hombres vienen soledad y abandono espantosos, donde sólo una porción escasa de los que nacen en el país se sienten prendidos de él por sus padres y abuelos, y por esa interpenetración misteriosa del espíritu del hombre y el del pueblo en que viene a la vida; donde los mismos hijos del país son desterrados, y más que a una patria accidental que no puede tener para ellos ternuras maternales, aman acaso la de sus padres extranjeros que vieron siempre venerada en el hogar [inmigrante], como a una muerta adorada; o caen en el horror de no amar a patria alguna; en este pueblo de niños educados en la regata funesta por la riqueza, en que sin sueño y sin día de fiesta forcejea la nación; y de hombres desvalidos cuya existencia entera, acerba como la duda e inquieta como la náusea, pasa en el combate por asegurarse el bienestar, que para luego en el constante susto de perderlo, o en el vicio censurable de acrecentarlo,—en este pueblo revuelto, suntuoso y enorme, la vida no es más que la conquista de la fortuna: ésta es la enfermedad de su grandeza. La lleva sobre el hígado: se le ha entrado por todas las entrañas: lo está trastornando, afeando y deformando todo. Los que imiten a este pueblo grandioso, cuiden de no caer en ella. Sin razonable prosperidad, la vida, para el común de las gentes, es amarga; pero es un cáncer sin los goces del espíritu. Tal sería la gran tarea de los hombres previsores de este pueblo; y tal fue, como si le hubiese vivido una estrella en el pecho, la tarea de Emerson: espiritualizarlo. En la naturaleza espiritual, como en la física, como en la histórica, lo grande amenaza lo esencial: se ve en los poetas verbosos, en cuyo hojerío lo ideal se diluye, afloja y evapora; se ve en la rosa centifoglia, monumental, mas sin aroma; y en este pueblo arrebatado: que ofrece tal vez el espectáculo más admirable que hayan presentado jamás los hombres sobre la tierra: en este pueblo rebosante se está viendo.” La Nación, 7 junio, 1884 (X, 62-63, los subrayados son míos). La lectura ética que Emerson efectúa de su país deja huella permanente en Martí. En efecto, siguiendo su propia constatación de quince años de vida en Estados Unidos (que “ofrece tal vez el espectáculo más admirable que hayan presentado los hombres jamás sobre la tierra”), dirá refiriéndose a este lado negativo “monstruoso” de su sociedad en la famosa carta a Manuel Mercado (mayo 18, 1895): “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas” (XX, 61). Aunque las lecturas ideologizadas triunfalistas nos quieran hacer creer monosémicamente en una fácil condena a Estados Unidos, este no es un juicio absoluto final, en redondo, sobre la naturaleza esencial de un país al que Martí obviamente admira sino, como se ve, una lectura crítica sobre “su enfermedad”, su “cáncer” “monstruoso”, ya diagnosticado y cabalmente enfrentado sin disimulos por Emerson. Toda nación debe liberarse, entrando “en comercio con el mundo espiritual”, del “monstruo” materialista irreflexivo del “hombre-boca/hombre-fiera” que lleva prendido “en las entrañas”. Entonces, los Estados Unidos poseen entrañas monstruosas y aladas emersonianas, ambas en pugna. Si se hace un recuento total, en la conflagración ética universal quien se terminó engullendo a Martí en Dos Ríos no fue el monstruo de Estados Unidos, donde preparó la revolución, sino las monstruosas fauces armadas del imperialismo español. Por mi profesión he vivido temporadas largas en México, Chile, Cuba, España, Estados Unidos y el Perú. Admiro profundamente y me identifico con su luminosa y alada cultura. Tengo queridísimos amigos en todos ellos. Pero como Martí también puedo decir: “Viví en los monstruos y conozco sus entrañas”.

20La idea cristiana primigenia y la de los Pilgrims que escaparon de la jerarquía eclesiástica europea, es que los hombres son libres y serviciales. Puesto que la libertad es la base de la justicia y el deber, la Democracia es en esencia la suma de hombres libres. A la revolución política que logró la libertad nacional en 1776 debería suceder la revolución individual; alcanzar la talla de hombre libre constituye la segunda independencia. Todo en Emerson retorna hacia ese punto de partida. Martí, en pos de su propio mejoramiento humano, lucha por la libertad propia y por liberar Cuba de España. Su anhelo logrará culmen expresivo en sus Versos libres. Vio que la libertad del protestantismo original es la que regenera a la verdadera Democracia. Así lo atestiguó durante las elecciones más importantes de su estadía en Nueva York: “Se levantaron los votantes ultrajados contra el “boss”, el cabecilla, el gamonal. Se levantó primero Brooklyn, hogar de la Iglesia Protestante, que guarda a pesar de sus estrecheces—¿por qué no decirlo? —la semilla de la libertad humana. —¡Ah, Holanda! —¡Ah, Guillermo de Orange! ¡Ah, sembradores! vuestra mano, penetrante como una consagración—se ve aún sobre el hombro de estos reivindicadores de la limpieza del sufragio. Sacasteis a la mejilla, mejor que nadie en Inglaterra y en Francia, la dignidad humana, que ya no se irá jamás del rostro. Fue Brooklyn la primera en rebelarse contra el “boss”, que en Tammany Hall tenía su representación más acabada. Y eligió a su mayor, un joven honrado y rico, contra la oposición de los capataces del voto en Brooklyn. Y como el mal era nacional, por la Nación se esparció el contento, y por los electores el crecimiento de fuerza que da la victoria. Y luego, por sobre el “boss” eligió el Estado a su gobernador. Y al fin, sobre el “boss”, tipificado en Blaine, eligió la Nación su presidente” (X, 204-205). Enrique José Varona reflexionó sobre el significado del “Diez de octubre” cubano contra España, relacionándolo con dos travesías anteriores, la de los exploradores del Nuevo Mundo y la de los pilgrims de la revuelta puritana que dio origen a la independencia de Estados Unidos: “El diez de octubre de 1868 marca en la historia de América uno de esos altos puntos, que sirven de limite á dos épocas. El núcleo de hombres resueltos que, á la luz incierta de una madrugada tropical, se reunió en la Demajagua, para declarar que había llegado la de hora de la independencia de Cuba, y para afirmar su resolución defenderla á costa de todos los sacrificios, incluso el de su vida, aparecerá un día, a los ojos del historiador, tan extraordinario, como el de las ideas aquellos aventureros del mar que, al posar la planta en la misteriosa isla de Guanahani, abrieron una nueva ruta al comercio de y productos de Europa, ó como el de esos peregrinos, que al llegar a la playa glacial del Plymouth, consagraron un continente a la libertad de conciencia. (…) España estaba en el corazón de América, en las últimas décadas del siglo diecinueve, viviendo con su sangre y su cerebro de los siglos ya muertos, de los siglos de la conquista y colonización. En torno suyo, enfrente, había crecido, se había agigantado otro pueblo con un espíritu totalmente diverso; flexible, apto á todo cambio, dispuesto á todo progreso, capaz de la más rápida adaptación; su antítesis, en todo lo que determina el buen éxito en las épocas transformación, como la actual. El choque de esos dos pueblos, que encarnaban dos tendencias tan radicalmente diversas, era inevitable; y ese choque tenía que determinar una nueva orientación de los sucesos, que constituyen la vida de las sociedades; por lo menos en este continente, que había de ser, como fué, su escenario. La lucha entre España y la Unión Americana estaba iniciada, casi desde los albores del siglo. Cada girón del imperio español, que desgarraba el viento de las revoluciones, entraba en la órbita de influencia de la gran nación que se consolidaba en el Norte, y contribuía á que se aproximara más el momento del conflicto final. Cuando Céspedes sacó la espada para cortar el último eslabón de la cadena que unió á España y América, ese golpe sonó como la primera campanada de la hora decisiva. En el reloj del tiempo los años son segundos. A nosotros nos ha tocado oír la última vibración. Nosotros hemos presenciado el choque fulminante. Pero el golpe inicial, que ha hecho posible el magno suceso, se dio en la Demajagua aquel diez de octubre. (…) La revolución cubana, iniciada en 1868 y terminada treinta años después, además de su significación capital para el pueblo que la ha realizado, tiene la que le imprime ser un suceso de la más alta importancia en la historia de América; en la pugna y contienda de las razas que han traído á este continente la civilización occidental; en el conflicto de ideas trasplantado á nuestro hemisferio á bordo de la Santa María y en el puente de la Flor de Mayo” (Varona 1949: 102, 103-104). Sobre los poderes del espíritu ver las notas 10, 19, 28 y 53.

21Proyectadas hacia el futuro, las últimas líneas de este párrafo podrían ser en semilla una cabal biografía de José Martí.

22Los procesos comerciales no son intrínsecamente anti-éticos. Estos son necesarios para que en la sociedad sus miembros interactúen libremente. Son sus excesos y la corrupción los que los torna perversos.

23Es notable el hecho que Emerson empiece a motivar el cambio haciendo un llamado ético al individuo. Adecúa el silencio al contubernio social y lo denuncia para extinguirlo. Se trata de “despertar” socialmente. Martí en 1891 iniciará “Nuestra América” haciendo el mismo llamado: “Lo que quede de aldea en América ha de despertar” (VI, 15).

24Referencia directa a Cuba y Puerto Rico.

25El tráfico de esclavos fue prohibido en Estados Unidos el 1 de enero de 1808. La cultura católica española toleraba el tráfico en el Caribe y muchos inversores norteamericanos continuaron participando en él después de esa fecha.

26Denuncia abolicionista contra la esclavitud. Con seguridad Emerson recordaba su visita a San Agustín, al norte de la Florida, donde escuchó la predicación en un templo evangélico mientras por una de sus ventanas se filtraban las voces altas de una subasta de esclavos en la plaza: “a la una, a las dos… ¡vendido!”.

27Mención directa a la participación de agentes norteamericanos en Cuba, tanto en el tráfico ilegal de esclavos como en la esclavitud. En plena revolución haitiana (agosto 21, 1791- enero 1, 1804), además de seguir permitiendo el tráfico de esclavos, el gobierno español flexibilizó las leyes de su importación (1797). Esto facilitó legalmente que la fuerza de producción azucarera pasara de Haití a Cuba. Muchos inversores y mercaderes norteamericanos aprovecharon para comprar ingenios en Cuba, importar tecnología agraria y servirse del trabajo esclavo. La situación no solo continuó, sino se incrementó cuando el gobierno de los Estados Unidos prohibió el tráfico de esclavos en 1808. Contrario a lo que se piensa, estos primeros inversores no eran sureños sino norteños y no eran anexionistas. Operaban su sistema esclavista precisamente bajo el amparo de la bandera española, la cual protegía su directa participación en el tráfico de esclavos. En todo el sistema naviero y aduanero prevalecía un sistema de coimas en el que colaboraban en gran medida tanto las autoridades españolas como las norteamericanas. William Gray, nacido en Massachusetts, el mismo estado de Emerson, se valió en gran parte de este sistema comercial esclavista cubano-español-norteamericano y llegó a ser el comerciante internacional más rico de Estados Unidos. Además, “Después de 1830, la productividad del trabajo esclavo en Cuba continuó en aumento. Sobrepasó la competencia de otras plantaciones caribeñas y a la manufactura norteamericana y a la británica. Para 1830 Cuba se convirtió el mayor productor de azúcar del mundo, con 104,971 toneladas métricas; para 1840, la producción cubana de azúcar alcanzó 161, 248 toneladas métricas; en 1850 llegó a 294,952 toneladas métricas. Como Dale Tomich sostiene, ‘Para 1860, Matanzas tenía cuarenta y cuatro de los sesenta y cuatro ingenios cañeros completamente mecanizados’ y dominaba ‘la cosecha de azúcar de la isla,’ pasando ‘de 25 por ciento en 1827 a 55 por ciento para la mitad de siglo’. En 1850, los Estados Unidos captaba 39 por ciento del comercio cubano y España el 27 por ciento; para 1859, la cantidad estadounidense había subido a 48 por ciento, y para1865, ‘la isla exportaba 65 por ciento de su azúcar a los Estados Unidos y 3 por ciento a España.’ Al mismo tiempo el crecimiento de la población africana esclava y libre se estancó entre los años de 1830 y 1840, durante un período de intensa importación de esclavos, cuando eran obligados a trabajar “productivamente” hasta morir en ese ‘cementerio agroindustrial’” (Chambers 2013: 247-248). Ese estudio concluye comentando sobre James D’Wolf, quien antes de 1808 ya había transportado de África a Estados Unidos más de 11,000 esclavos: “El relato del anticuario George Howe sobre la muerte de James D’Wolf en 1837 es muy revelador. Aunque Howe era un descendiente de D’Wolf, no podía ignorar fácilmente sus obvias y firmes conexiones con el tráfico de esclavos. James D’Wolf había sido unos de los primeros inversionistas norteamericanos en desembarcar en Cuba, y permaneció como uno de los más agresivos y desvergonzados defensores del régimen esclavista, mientras ascendía de capitán de barco negrero a senador de los Estados Unidos. Cuando James D’Wolf murió, dejó un patrimonio -que incluía plantaciones con esclavos en Cuba; tierras y destilerías en Rhode Island, Maryland, Kentucky y Ohio; fábricas de algodón; inversiones financieras y numerosos barcos- evaluado en más de 5 millones de dólares, convirtiéndolo en segundo hombre más rico de Estados Unidos. A la muerte de D’Wolf en 1837, el comercio entre Cuba y Estados Unidos era el fundamental componente nodal de un sistema global de inversión crédito y comercio que continuó basado en la trata ilegal de esclavos. El ascenso del comercio entre Cuba y los Estados Unidos durante la vida D’Wolf no fue inexorable. Más bien fue el resultado de la incorporación del aparato estatal de la política exterior de la Naciente República ―incluyendo nombramientos diplomáticos, la movilización y la expansión de la Armada de los Estados Unidos― al servicio de las redes privadas de comercio de las élites norteamericanas. Gran parte del régimen de las plantaciones cubanas operaban como un gulag caribeño en el siglo XIX: un sistema altamente militarizado de campos esclavistas que dependía del flujo constante de esclavos africanos. Que la política exterior proesclavista antibritánica defendiera ‘el comercio libre’ en las Américas, mientras fomentaba la expansión del régimen esclavista en Cuba y el tráfico ilegal de esclavos, no constituía una contradicción. Más bien, representaba un componente central de los circuitos del comercio de productos y especies que conectaba los Estados Unidos con Europa, África, las Américas y Asia. Aunque las reales ambiciones anexionistas de los Estados Unidos surgieran años más tarde, en las primeras ٞdécadas del siglo XIX, el crecimiento de un Imperio Norteamericano informal en Cuba dependió del ‘statu quo’ del dominio español. La Doctrina Monroe [antibritánica y protectora del tráfico de esclavos] representó una de las más decisivas declaraciones de esta política exterior. De 1797 a 1825, Cuba se transformó de ser un puerto comercial de segunda categoría sin mayor desarrollo en un motor fundamental del comercio global y el mayor productor de azúcar del mundo. Los norteamericanos, antes impedidos o apenas tolerados en Cuba se convirtieron en hacendados repatriados e inversionistas, los cuales dominaron el comercio con la isla. Una corte específica de élites norteamericanas hizo eso posible, cubanizando con éxito en este proceso tanto su ejercicio de poder como sus fortunas. Los descendientes de estas élites, genealogistas e incluso historiadores profesionales, han a menudo explicado las vastas fortunas de estos ‘emprendedores’ con una serie de convenciones, presentando como ‘ingeniosidad’ y ‘comercio’ las verdaderas maquinaciones de poder público y privado. En esa narrativa, la sobresaliente importancia de Cuba invariablemente se oculta tras las complejidades del ‘Comercio con la Indias Occidentales’, y la defensa de las élites norteamericanas del comercio de esclavos se reemplaza con las supuestas perpetuas (pero inexplicablemente fáciles) tendencias anexionistas de los Estados Unidos. Para finales de la década de 1820, los éxitos de los norteamericanos en Cuba ya habían logrado borrar en gran medida la supuesta, cuestionable, realidad de violencia, poder estatal y esclavitud ilegal que hizo posible el estado norteamericano de Cuba” (Chambers 2013: 249-251).

28Párrafo central del ensayo. Siguiendo esta evaluación del comercio, Martí dirá en “Coney Island” que “aquella gran tierra está vacía de espíritu” y poéticamente, como Emerson, escribirá críticamente “Adiós mundo”. Sobre los poderes del espíritu véanse las notas 10, 19, 20 y 53.

29Alusión directa a la “Brook Farm” iniciada por el pastor unitario George Ripley y, entre otros, por Charles Dana. Ese experimento agrícola comunitario es un referente constante del ensayo.

30El trabajo manual es docente por ser el recurso primario para ganar el pan. Se conoce mejor el mundo a través de la experiencia del trabajo manual. Emerson reconoce esta praxis respetuosa del esfuerzo físico en la severa disciplina espartana. El trabajo manual es análogo al trabajo “natural” del mundo. Respecto del trabajo manual véanse las notas 36-41 y 48.

31Evidentemente, Emerson no aboga por paralizar la economía de Estados Unidos. En su ensayo no propone un desmantelamiento de la libre empresa instaurada en Estados Unidos sino “reformar” sus excesos materialistas. Al decir de Martí, Emerson, altruista poseído de un enorme sentido común, hace “humano” al idealismo.

32Literalmente “virtuous revolution”.

33Nuevamente es necesario enfatizar que Emerson promueve no una destrucción de las relaciones económicas sino un cambio radical positivo. Más estrictamente “una reforma”, pues, como sostendrá más adelante, el “Reformador” es un “Rehacedor”.

34Este ideal lo ponen en práctica los miembros de la Brook Farm y, posteriormente, Henry David Thoreau a orillas del Walden Pond.

35Otra vez se refiere a la “Brook Farm” y a ejemplos individuales como el de Thoreau, pero valorándolos como actos de desplante y rechazo a las instituciones sociales vigentes, incluso al Estado mismo. Véanse las notas 38 y 52.

36Aquí empiezan las frases céntricas del ensayo sobre el trabajo manual. Puesto que la meta es la autosuficiencia, todos deben tener acceso al trabajo manual. Contra los estereotipos establecidos, el trabajo manual enriquece al intelectual, no lo disminuye. Véanse las notas 30, 37- 41 y 48.

37Ya se indicaron las menciones al trabajo manual hechas con anterioridad por Emerson (nota 5). Martí en “Nuestra América” hace similar referencia a “las manos” para referirse al esfuerzo propio, motor de la prosperidad social: “Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear” (VI, 20, énfasis añadido del autor).

38El espacio del jardín rompe el orden del espacio impersonal urbano. En el ensayo “La labranza” Emerson menciona el incrementar la temperatura solar en un huerto rodeándolo de abedules y pinos. Martí debió de gozar al leer las siguientes líneas: “Pero este refugio [de abedules y pinos] crea un nuevo clima. La muralla que previene de los fuertes vientos protege del frío. Las altas vallas verdes reflejan el calor sobre ese acre y le dan el cuádruple de luz solar: ‘Alojan en el perímetro del jardín / una quieta y tranquila poza de aire / y se crea allí una pequeña Cuba, / cuando todo fuera de él es Labrador-’” (VII, 148). Por su parte, Martí en “Hombre del campo” sostiene que la religión natural antecede a la institucional (XIX, 381-383). En ese mismo texto se refiere al gran poder enaltecedor del trabajo agrícola: “El que más trabaja es el que es menos vicioso, el que vive amorosamente con su mujer y sus hijos. Porque un hombre no es una bestia hecha para gozar, como el toro y el cerdo; sino una criatura de naturaleza superior, que, si no cultiva la tierra, ama a su esposa, y educa a sus hijuelos, volverá a vivir indudablemente como el cerdo y como el toro” (XIX, 382). Sobre el tema anti institucional ver las notas 35 y 52. Trato de la relación entre el “hombre del campo” y la figura infantil en Ballón 1986: 90. Véanse notas 7, 47 y 52.

39El “tomar la pala”, contraparte de “tomar la pluma”, simboliza el encuentro personal con la naturaleza. Se alude sutilmente al mal de la esclavitud donde es a otro a quien se le obliga a tomar la pala.

40Nueva referencia a “las manos” como metonimia del Hombre del Campo.

41El trabajo de manual es creativo y otorga autonomía a quien lo realiza a conciencia. Las propias manos y pies son los más altos símbolos de autonomía y libertad. El final del párrafo lo reitera.

42Énfasis añadido del autor. Como se mencionó al inicio del presente artículo, el texto en inglés dice literalmente: “Hence it happens that the whole interest of history lies in the fortunes of the poor”. Es decir, en la suerte de los pobres que para vivir se valen de las fuerzas de las propias manos. Martí poetiza estas líneas en el poema III de Versos sencillos contraponiendo al paisaje marino al campestre montuno de la corriente vocinglera: “Con los pobres de la tierra / Quiero yo mi suerte echar: / El arroyo de la sierra / Me complace más que el mar”. Se mencionó, asimismo, que en otro lugar adjunta la acción del trabajo al flujo de la naturaleza: “Ya no me importa que la frase ardiente / Muera en silencio, o ande en casa oscura, / Amo y trabajo: así calladamente / Nutre el río a la selva en la espesura” (XVI, 249).

43Conocimiento, Virtud y Poder, victorias del hombre sobre sus necesidades, se suceden en ese orden.

44Martí en el poema más largo de Ismaelillo, “Musa traviesa”, llamará poéticamente “árabe” a su hijo José: “¡Oh, Jacob, mariposa, / Ismaelillo, árabe!” (XVI, 30).

45Celebra a los trabajadores por haberse hecho a sí mismos al enfrentarse a la naturaleza circundante con la fortaleza de su propia naturaleza personal. Similar ánimo genera el “himno unánime al trabajo” de “Nuestra América” (VI, 23).

46Aquí vemos que “The Doctrine of the Farm” simboliza de un modo universal “La doctrina del trabajo”, pero evidentemente, el trabajar la tierra no es una disposición universal.

47Literalmente, “The Doctrine of the Farm”, la doctrina de la “Finca” o de la “Labranza”. En “Emerson”, como se indicó, Martí cita de Nature: “Una hacienda es un evangelio”. Asimismo, en “Valle lozano” de Ismaelillo, Martí llamará a su hijo “Mi labriego” (XVI, 51). Véanse notas 7, 38 y 52.

48Toda persona está llamada a examinar si son reales sus relaciones con el mundo. El trabajo manual es análogo al trabajo “natural” del mundo. Véanse notas 30 y 36-41.

49Como se sabe, Martí dirá al iniciar Versos sencillos: “Yo soy un hombre sincero / De donde crece la palma” (XVI, 63). Asimismo, enfatiza su carácter de discípulo de la Naturaleza en el poema XXV: “Yo pienso, cuando me alegro / como un escolar sencillo, / En el canario amarillo, ― / ¡Que tiene el ojo tan negro!” (XVI, 100).

50Aquí Emerson podría parecer más marxista que Marx en su alabanza al trabajador. Por otra parte, en Ismaelillo el niño gobierna al padre; el niño-rey es esencialmente un demiurgo laborioso. En contraposición al “Rey amarillo”, carcomido por la acumulación de riqueza, “Mi reyecillo” encumbra su realeza como pureza activa: “Mas yo vasallo / De otro rey vivo. — / Un rey desnudo, / Blanco y rollizo” (XVI, 33).

51Otra frase céntrica del ensayo ratificando la función social del trabajo.

52Nuevamente la radical voz anti institucional de Emerson cuestiona todo el orden social. El hombre es un perenne Reformador de las instituciones establecidas. En otro lugar del ensayo Emerson sostiene que la economía debe ser “sagrada”, un “sacramento” de comunión humana cuyo poder reformador no solo recompone “la institución de la propiedad” sino el Estado mismo, pues éste depende y existe en función del individuo, no al revés. El Estado en su último análisis debe ser la concreción legal o la radiografía del espíritu de una comunidad. Véanse notas 35 y 38.

53La “sociedad natural” es un espejo del “hombre natural”. A su vez el “hombre natural” y la “sociedad natural” reflejan la belleza de la Naturaleza cuyo comercio con ella produce la difusión del “sentimiento moral”. Sobre el cambio de espíritu también aludido por Martí, véanse notas 10, 19, 20 y 28.

54El reposo final glorioso en el lecho vegetal de la naturaleza queda poetizado en el poema XXIII de Versos sencillos: “Yo quiero salir del mundo / Por la puerta natural / en un carro de hojas verdes / a morir me han de llevar” (XVI, 98).

ANEXO

“EL HOMBRE REFORMADOR”: PARÁGRAFOS REPRESENTATIVOS

Conferencia pronunciada por Emerson ante la Asociación de la Biblioteca de Aprendices de Mecánica de Boston,11 el 25 de enero de 1841 (I, 225-256).

[El joven reformador confronta la alienación del mercado moderno]

Señores,

Quisiera poner a su consideración algunas ideas generales y particulares sobre el hombre como reformador.12 Estoy convencido que todo joven en esta asociación tiene como objetivo lo más elevado a lo que una mente racional pueda aspirar.13 Habremos de admitir, entonces, que nuestra vida,14 tal como la vivimos, es ordinaria y mezquina; que algunos de los oficios y funciones para los que fuimos principalmente creados se han vuelto tan ajenos a la sociedad15 que su recuerdo languidece apenas en vetustos libros y oscuras tradiciones; que no somos profetas ni poetas, que hoy no somos hombres decorosos16 ni perfectos,17 ni han llegado a verse tales seres así jamás; que entre nosotros algunas fuentes de formación humana casi ni se mencionan o se ignoran por completo; que la comunidad en la que vivimos muy difícilmente puede soportar se le diga que toda persona debiera estar abierta al éxtasis o a la iluminación divina,18 y que su trajín diario debiera mantenerse orientado hacia el comercio con el mundo espiritual.19 Reconocido todo ello, como nos corresponde por deber, presupongo, sin embargo, que ninguno de mis oyentes negará que debemos ejercitarnos en aquellas disciplinas y actitudes que nos conduzcan a una más clara comunicación con la naturaleza espiritual. Y, además, no renuncio a la esperanza que toda persona a la cual me dirijo haya sentido el propio impulso a desechar toda mala costumbre, timidez u obstáculo; que todo individuo debiera ser, más bien, un hombre libre y servicial,20 un reformador, un benefactor, no un lacayo o espía dispuesto a escabullirse de todos los posibles golpes de la vida con ágiles maniobras y disculpas, sino un hombre valeroso, erguido, dispuesto a divisar o a abrir una vía directa hacia todo lo que hay de excelente en esta tierra; y no solo avanzar por esa senda con hidalguía sino hacerla más fácil de recorrer con pundonor y provecho para todos aquellos que lo hayan de seguir.21

[El comercio marítimo con el Caribe perpetúa un sistema corrupto]

[…] Las ocupaciones comerciales no son intrínsecamente ajenas al hombre o poco acordes con sus facultades,22 pero ellas están ahora por lo general tan plagadas de negligencias y abusos, los cuales todos nosotros encubrimos, que cualquier joven al desenvolverse en ellas queda atado de pies y manos, pues para poder proceder con rectitud se le exige una fortaleza e integridad superiores a las esperadas. Así, el joven honesto dotado de talento se siente completamente inhabilitado para progresar o triunfar; ha de sacrificar todos los brillantes sueños de su niñez y de su juventud como si fueran meros sueños; ha de olvidar las plegarias de su infancia y ceñirse las bridas de lo acostumbrado y complaciente. De no proceder así, no le quedará otra salida que volver a empezar el mundo desde cero, como quien cava la tierra con el azadón para extraer el sustento. Evidentemente, esta imputación nos implica a todos;23 basta hacer unas cuantas preguntas sobre el tráfico de los artículos de comercio desde los campos de donde provienen hasta nuestros hogares, para darnos cuenta de que comemos, bebemos y nos valemos del perjurio y el fraude en un centenar de esas mercancías. ¿Cuántos productos de consumo diario nos llegan de ese modo de las Indias Occidentales? Aún se dice que en las islas españolas24 la venalidad de los representantes del gobierno se ha vuelto algo tan común que ningún producto asciende a nuestros barcos que no haya sido abaratado a base de coimas. En las islas españolas, todo agente o gestor norteamericano, a menos que sea cónsul, presta juramento de ser católico o hace que un sacerdote lo certifique como tal.25 El abolicionista nos ha forzado a reconocer nuestra horrorosa deuda con el negro del Sur.26

El traficante de esclavos James D’ Wolfe (1764-1837) 

[El azúcar consumida en Estados Unidos es fruto del tráfico negrero en Cuba]

En la Isla de Cuba, además de las abominaciones propias de la esclavitud, parece que allí se compran hombres únicamente para trabajar en las plantaciones, y de esos pobres jóvenes muere uno de cada diez para proveernos de azúcar.27 Dejo para los que están al tanto acerca de los fraudes en las declaraciones juradas en nuestras aduanas; no inquiriré sobre la opresión de los marineros; no me entrometeré en las prácticas de nuestro comercio minorista. Yo reconozco el hecho de que el sistema general de nuestro comercio (aparte de los aspectos más deplorables que, espero, sean excepciones denunciadas y no compartidas por ningún hombre respetable) es un sistema de egoísmo; no está dictado por los más altos sentimientos de la naturaleza humana; no está medido por la exacta ley de reciprocidad, mucho menos por sentimientos de amor y heroísmo, sino que es un sistema de desconfianza, de encubrimiento, de superior astucia, no de dar sino de aprovecharse.28

[Las fuerzas curativas contra institucionales: la naturaleza y el trabajo manual]

[…] Dada esta situación, muchas personas altruistas poseídas de conciencia social han propuesto la necesidad del trabajo manual como parte de la educación de todo joven.29 Si la acumulada riqueza de las generaciones pasadas nos llega ya tan corrupta, debemos comenzar a considerar si no sería más noble renunciar a ella sin importar qué se nos ofrezca y, de este modo, recuperar por nosotros mismos las relaciones primarias con la tierra y la naturaleza; o sea, rechazar todo lo que se haya obtenido de modo deshonesto y sucio, y que, valientemente, cada uno tome parte con las propias manos en el trabajo manual del mundo.30

[…] Sin embargo, alguien pudiera objetar: “¡cómo! ¿abandonar las inmensas ventajas de la división del trabajo y poner a cada hombre a que saque de la nada sus propios zapatos, su escritorio, su cuchillo, su carreta, sus velas y su aguja? Eso sería retroceder con plena conciencia a la barbarie”.31 No veo ninguna perspectiva inmediata de una revolución virtuosa,32 sin embargo, lo confieso, no vería mal un cambio33 que nos incentivara a optar por la vida agrícola, movidos por la convicción de que en ese tipo de vida se cumplirán mejor nuestros deberes como hombres, aunque ello supusiera perder algunos lujos o comodidades de la sociedad.34 ¿Quién podría lamentarse de ver a los jóvenes llevados de una conciencia ardiente y un gusto más depurado, optar firmemente por una ocupación que redujera las filas de quienes compiten por las ocupaciones del comercio, de la ley y del estado? Sería fácil darse cuenta de que es una inconveniencia que no duraría mucho, pues se trataría de un gran movimiento que les abriría los ojos a los hombres. Cuando muchas personas lograran hacer eso, cuando la mayoría haya reconocido la necesidad de reformar todas las instituciones,35 se corregirán los abusos, se harán presentes de nuevo las ventajas que surgen de la división del trabajo, y un individuo, sin merma alguna, podrá escoger la ocupación que mejor corresponda a su propio talento.

[El efecto ético del desgaste de nuestras manos]

Pero, muy aparte de la importancia que el momento presente concede a la idea que el trabajo manual de la sociedad debe ser compartido por todos sus miembros,36 hay razonas puntuales por las que ningún individuo debiera eximirse de él. La utilidad del trabajo manual nunca se hace obsoleta y redunda en beneficio de todos. El hombre ha de tener una finca o un oficio mecánico con el cual cultivarse. La base que sostiene nuestros logros más elevados, nuestros delicados pasatiempos de la poesía y filosofía, ha de ser el desgaste de nuestras manos.37 Debemos establecer un roce con el áspero mundo para que nuestras facultades espirituales florezcan. El trabajo manual es análisis del mundo exterior. El fruto de las riquezas queda con el que las ha logrado no con el que las hereda. Cuando acudo a mi jardín38 con una pala39 y preparo el terreno, me lleno de contento y salud, y descubro que me he estado engañando a mí mismo por dejar que otros hagan en mi lugar lo que yo he debido hacer con mis propias manos.40 El trabajo es no solo saludable sino formador. ¿Yo con simplemente firmar un cheque cada tres meses a nombre de los mercaderes John Smith y Co. para conseguir una indefinida cantidad de azúcar, maíz molido, algodón, baldes, vajillas y papel de escribir, sería capaz de recuperar esa efectuada cantidad de ejercicio de mis facultades que la naturaleza me había designado al hacer que todas esas cosas artificiales me sean necesarias para mi comodidad? Es más bien el propio Smith, sus mensajeros, negociantes y manufactureros; son el marinero, el barquero, el carnicero, el negro, el cazador y el sembrador quienes han extraído el azúcar del azúcar y el algodón del algodón quienes han quedado educados; todos ellos lo han sido y yo tan solo he resultado un simple receptor del uso de la cosa. Todo lo cual estaría muy bien si yo estuviera obligadamente apartado por hallarme consumido en otro trabajo propio igual al suyo, valiéndome de mi propia capacidad; estaría así seguro de mis manos y mis pies.41 Sin embargo, ahora me encuentro un tanto azorado ante mi leñador, mi labriego, mi cocinero, porque son ellos los que se han hecho de una cierta autosuficiencia; ellos pueden valerse sin mí para arrostrar los días y los años. Yo, en cambio, dependo de esas personas y he perdido el derecho a mis propios brazos y pies por no emplearlos.

[Todo el objeto de la historia es ocuparse de la suerte de los pobres]

[…] De aquí resulta que todo el interés de la historia reside en la suerte de los pobres.42 El Conocimiento, la Virtud, el Poder43 son las victorias del hombre sobre sus necesidades, son su marcha hacia su dominio del mundo. Cada persona debe tener la oportunidad de conquistar el mundo por sí misma. Solamente nos interesan personas así, espartanos, árabes,44 ingleses, americanos, que han arrostrado las fauces de la necesidad; que por su propia sagacidad y capacidad se han librado de ellas y han hecho del hombre un ser triunfante.45

[…] No deseo exagerar esta doctrina del trabajo ni insistir en que todo hombre debiera más que un lexicógrafo ser un labrador.46 En general, se podría decir que la agricultura es la ocupación más antigua, y que siempre que alguien no haya descubierto la ocupación para la cual está hecho, sería ésa la que debiera adoptar. La doctrina de la Hacienda47 es como sigue: todo hombre ha de permanecer en relaciones primarias con el trabajo del mundo;48 que es uno mismo quien debiera efectuarlo; no aceptar el azar de tener una billetera en el bolsillo o el haber estado sometido a un oficio tan bajo o humilde que lo exima de tales deberes. Por esta razón, el trabajo es aprendizaje emanado de Dios; el trabajo hace del hombre un aprendiz sincero,49 porque solo puede llegar a ser Maestro quien aprende los secretos del trabajo y logra, por real talento, arrancarle su cetro a la naturaleza.50

[El Reformador rehace las instituciones de raíz]

[…] No deseo ser absurdo ni pedante en el reformar. No deseo sobreponer mi crítica acerca del estado de las cosas a mi alrededor de un modo tan extravagante que me condujera al suicidio o a una renuncia absoluta de las ventajas de la vida en sociedad. Si repentinamente nos plantamos y decimos, yo nunca comeré ni beberé ni consumiré alimento ni vestido que no constate que es honrado, ni trataré con ninguna persona cuya entera conducta de vida no sea transparente ni racional, quedaríamos paralizados. ¿Quién conduciría una vida así? Ni tú ni yo ni nadie. Pero sí creo que todos debiéramos cuestionarnos si nos hemos ganado el pan hoy mediante una decidida entrega de nuestras energías hacia el bien común.51 Y no debemos cejar en el empeño de tender a corregir esos flagrantes errores, añadiendo cada día una piedra al edificio.

Pero las ideas que ahora empiezan a sacudir a la sociedad van más allá de nuestras ocupaciones diarias, de nuestros hogares y de la institución de la propiedad. Hemos de revisar todo el conjunto de nuestra estructura social, el Estado,52 las escuelas, la religión, el matrimonio, el comercio, la ciencia y explorar sus fundamentos en nuestra propia naturaleza; hemos de ver no solo si el mundo les correspondía a nuestros antecesores sino si se ajusta a nosotros; y a despojarnos de toda costumbre que no tenga raíces en nuestro propio espíritu.53 ¿Para qué ha nacido el hombre sino para ser un Reformador, un Rehacedor de lo que el hombre ya ha realizado; un renunciador de las mentiras; un restaurador de la verdad y del bien por imitación a la Naturaleza que nos está gestando a todos y que no pierde un instante en el agotado tiempo de antaño, sino que en cada instante se rapara a sí misma para brindarnos cada mañana con un nuevo día, y con cada pulsación una nueva vida? Que el hombre renuncie a todo lo que no le resulte verdadero; que su hacer se funde en sus propios principios y que no haga nada de lo que no esté enteramente convencido. Si, estando tan débiles e incapacitados, la adversidad se hace presente y la ruina nos asalta en el camino, el consumirnos en la lucha por adjuntar las acciones de cada día a la sagrada y misteriosa prueba de la vida será, sin embargo, como morir entre azahares.54

Recibido: 05 de Junio de 2025; Aprobado: 08 de Agosto de 2025

JOSÉ BALLÓN AGUIRRE. Ph.D. Stanford University. Profesor emérito de la Ohio Wesleyan University, especializado en los Estudios Hemisféricos, en particular en la relación literaria entre Ralph Waldo Emerson y José Martí.

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