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Economía, sociedad y territorio

On-line version ISSN 2448-6183Print version ISSN 1405-8421

Econ. soc. territ vol.24 n.75 Toluca Jun. 2024  Epub Feb 18, 2025

https://doi.org/10.22136/est20242311 

Reseñas

Exceso de muerte. De la peste de Atenas a la covid-19

Excess death. From the plague of Athens to covid-19

Mariana Miramontes Rubio1  +

1Docente en el TecNM campus Tepic. Maestrante en Ciencias para el Desarrollo, Sustentabilidad y Turismo de la Universidad Autónoma de Nayarit mmiramontes@ittepic.edu.mx

Bartra, Armando. 2022. Exceso de muerte. De la peste de Atenas a la covid-19. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 136p. ISBN: 978-607-16-7409-8.


Además de decenas de libros, sobre la reciente pandemia se han escrito centenas de miles de estudios considerados serios. Según Díaz (2021), esto bastaría para conformar la tentación de querer escribir, sin otras motivaciones que el miedo y el asombro, incluso acerca de lo que se ignora. Soto van der Plas (2021) critica esta incontinencia académica y denomina oportunistas tanto a la literatura que se produce desde esta perspectiva como a sus escritores; además, cuestiona la generación de reflexiones que se reducen a términos y modelos de autoconfirmación de lo ya conocido (del yo), sin esperar que la realidad retome su curso para pensar -algo que Johnson (2020) había advertido previamente-. En tiempos de incertidumbre, sobre todo los textos, incluso los considerados serios o científicos, suelen inundarse de propuestas mágicas y panfletarias. El manuscrito de Bartra corre ese riesgo.

El libro Exceso de muerte. De la peste de Atenas a la covid-19, de Armando Bartra, está integrado por 13 ensayos que abordan de manera profunda y perspicaz momentos reales y complejos de diferentes pestes que han asolado a la humanidad, así como la forma de desafiarlas. En contraste con su brevedad, la escritura logra ilustrar y analizar los desafíos sociales, políticos y culturales derivados de estas crisis sanitarias. Además, cada uno de los ensayos que integra esta obra incluye epígrafes de autores citados a lo largo del texto, lo que enriquece los temas abordados en él; su distribución permite que la lectura se lleve a cabo en orden aleatorio.

Bartra emprende un recorrido histórico en el que presenta disímiles contingencias provocadas por enfermedades que han impactado a la humanidad, hasta llegar a la reciente pandemia ocasionada por el covid-19. Si bien detalla la cronología de diferentes brotes epidémicos en ciudades específicas, y destacada la manera en que éstas enfrentaron la catástrofe, también alerta sobre la frecuencia y gravedad de las enfermedades infecciosas emergentes que continúan afectando a los seres humanos. Su narrativa, de índole ontológica y sociológica, ahonda en la crisis global generada por el SARS-CoV-2 y, como si de etnografía se tratara, emplea la mirada vivencial y testimonial de escritores destacados que sobrevivieron a contagios, como Virginia Woolf -que narra su lucha contra la enfermedad- y Katherine Ann Porter, que mediante una descripción de su experiencia confrontando a la muerte, brinda un retrato sobre la fragilidad de la vida y la resiliencia del espíritu humano. A través de estos testimonios, y al vincular hechos históricos con las vivencias individuales y colectivas de estos redivivos literarios, Bartra logra captar la atención de quien lo lee.

Gracias a la exploración del cruce entre la escritura y la vivencia personal, el lector se sumerge en un viaje emocional que trasciende la simple narración de eventos, lo que lo lleva a conectar con la esencia de la existencia y la capacidad humana de enfrentar la adversidad.

En Exceso de muerte. De la peste de Atenas a la covid-19, Bartra deja al descubierto dos temas fundamentales: la enfermedad y la muerte. Asimismo, la ciudad deja de ser un mero contenedor. Tanto desde la Geografía Humana, en específico con Doreen Massey (2001), como desde la literatura, con el citado Johnson, coinciden que lo que sucede en la ciudad, sucede porque así es la ciudad. Así, desde la lingüística de la primera, el entorno puede condicionar el comportamiento social, y, desde la segunda, lo que sucede en la ciudad, sucede porque ésta es así. Por lo mismo, y desde ambos, la ciudad no es testigo, es actor, la ciudad no es contenedor, es contenido. También recuerda, asiduamente, la fragilidad de la especie humana, por eso enfatiza el dolor y la incertidumbre, presentes durante estos acontecimientos.

“Umbral: la Gran Crisis” es preludio del libro y en él Bartra aborda, de forma general, el reciente fenómeno social derivado de una infección contagiosa. La pandemia es considerada un fenómeno social debido a su impacto en las dinámicas sociales de millones de personas. Este acontecimiento generó cambios significativos tanto a nivel individual como colectivo, trastocando y vulnerando las estructuras sociales, culturales, económicas y políticas de las ciudades, planteando nuevos desafíos en la reconfiguración y el fortalecimiento de estrategias para futuras contingencias sanitarias. Este apartado, además alude a “Tiempos turbulentos”, otro texto de su autoría que se presentó en 2009. En dicho artículo, profundiza en el síndrome sistémico y mediante la exploración de las facetas ambientales, alimentarias, económicas y políticas, entre otras, que se entrelazaron, acuña el término “Gran Crisis” para describir la Gran Peste de Londres, la Gran Guerra y la Gran Depresión.

Titulado “Una epidemia canónica”, el capítulo 1 se centra en la peste bubónica que azotó la antigua y poderosa Atenas, una metrópolis caracterizada por su intensa movilidad. Habla también del historiador Tucídides, quien experimentó personalmente el embate de dicha enfermedad y sobrevivir. A partir de un texto de Tucídides, Bartra desprende que serían catorce los componentes de una crisis epidémica. Entre ellos destaco dos: a) “Sorpresa: súbita irrupción de eventos malignos de origen natural cuyos agentes son invisibles [...]” y b) “Impotencia médica: desconocimiento de una patología nueva [...]”. Además, relaciona la epidemia con dos eventos: la guerra y el hambre, sin embargo, no escruta las implicaciones del quebranto metafísico. Por último, destaca que los sufrimientos del cuerpo no tienen un origen social específico; asimismo, señala la necesidad de asumir una responsabilidad social en relación con la persistencia y la forma en que estos malestares impactan en la humanidad. En consecuencia, resulta crucial comprender cómo abordar y tratar adecuadamente estas dolencias.

“El mal social” es el título del capítulo 2, dedicado a una enfermedad infecciosa de carácter pandémico: el virus del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida). Esta afección, conocida en su tiempo como la “peste rosa” o “peste gay”, pues al principio las víctimas eran personas homosexuales, se identificó en los años setenta y hasta 1982 se reconoció como una nueva enfermedad. Al respecto, Susan Sontag -referida en el texto reseñado-¬ afirma que “la llegada del sida ha evidenciado que estamos lejos de superar las enfermedades infecciosas”. En el ensayo, Bartra señala la voracidad de las compañías farmacéuticas y cita a Mankel para decir que “la muerte se ha convertido en una cuestión económica”; además, al enfatizar el complejo vínculo entre las condiciones de salud, la economía y la responsabilidad colectiva en la sociedad contemporánea, subraya que una enfermedad o plaga siempre representará un mal social.

Las epidemias y pandemias que asolan y cobran la vida de millones de personas en tiempos críticos, generando desequilibrio social, son tratadas por Bartra en el capítulo 3, llamado “Desafío ético”. En él, el autor plantea que la atención a las personas enfermas no debe pasar por los juicios sociales. También se refiere a La peste, de Albert Camus, para hablar de la necesidad de cultivar “sentimientos útiles”, como la solidaridad para resistir a la peste y enfatiza la importancia de una “solidaridad práctica, activa y curativa”. Además, echa mano de otro libro: Estar enfermo, de Virginia Woolf, quien expresa: “si miramos algo muy pequeño, próximo y conocido tendríamos compasión”. Este enfoque invita a la empatía y a observar las realidades individuales para despertar compasión entre la sociedad. Aunado a esta idea, se plantea la necesidad de abordar las enfermedades desde un enfoque ético, en el que la fraternidad se convierte en instrumento fundamental para afrontar los desafíos que traen consigo las epidemias.

“Morirse” es el cuarto capítulo. En este ensayo el autor recurre nuevamente a la literatura para abordar la enfermedad: se vale de La peste para tratar el dolor y la muerte ajena; menciona otra vez a Woolf y Katherine Ann Porter. Por un lado, Woolf reflexiona sobre la enfermedad física desde su propio quebranto. Por otro, Porter emerge como una especie de “cantor” que comparte su experiencia con el malestar durante nueve días; también subraya que lo crucial no es el impacto de la pandemia en el entorno, sino la vivencia íntima de la enfermedad. Porter se sumerge en la práctica personal (autobiografía) para transformar su agonía en un relato poderoso que, a su juicio, debe ser contado.

En el capítulo 5, “Ciudad en vilo”, Bartra vuelve a Woolf y a Porter para expresar que la muerte de un ser querido no sólo conduce a sentir el dolor, la agonía y la muerte: también da cuenta de que se pierde un modo de vida en una ciudad. En este apartado, introduce a Daniel Defoe, escritor que reconoce el sufrimiento colectivo en una sociedad afectada por una epidemia. Defoe, conocido como el “cantor de la peste de Londres”, recalca en Diario del año de la peste la congoja que involucra a individuos y grupos; además, al igual que Porter, refiere que el relato escrito sirve como una herramienta para testificar y reconstruir la tribulación de un evento con el objetivo de “despertar el alma”. De ahí que este enfoque resalte la importancia de la narrativa como medio para transmitir y comprender el impacto colectivo de una tragedia, permitiendo que las experiencias individuales encuentren eco en la conciencia social.

En “Tácticas de evasión” (capítulo 6), el autor plantea que la sociología de la enfermedad tiende a enfocarse en una dimensión objetiva en lugar de la subjetiva, es decir, en el contexto del paciente en lugar del paciente mismo. De ahí que se pregunte: ¿morimos debido al sistema o morimos porque somos mortales? A lo que él responde que, con certeza, ambas premisas son innegables y que mientras la primera resulta vergonzosa, la segunda resulta inquietante. Alude además al control del malestar y explora estrategias para mitigar el sufrimiento. Finalmente, cavila sobre cómo las pandemias infecciosas se atribuyen, a menudo, a la sociedad industrial que ha irrumpido y avasallado a la naturaleza, recibiendo como respuesta el desagravio de ella. Un punto notable en el capítulo se observa cuando Bartra señala las enfermedades que se transmiten de animales a humanos (zoonosis), pues esto evidencia dicha invasión y sus consecuencias.

Precisamente, el capítulo 7 lleva por nombre “Zoonosis”, ya que se trata de una continuación de la sección anterior. La zoonosis, causante de infecciones por virus cambiantes que han aumentado y afectan a los seres humanos, ya desempeñan un papel predominante en la condición biológica. En este apartado, Bartra reflexiona sobre las diversas enfermedades contagiosas originadas por animales y hace un listado de virus como el ébola (1976), la gripe aviar (1997), hasta llegar el SARS-CoV-2 (2019). A este conjunto de males el autor los denomina “tsunami de enfermedades infecciosas”, que se han presentado de manera frecuente en un periodo corto. Los escritores Mike Davis y Burnet, citados en este capítulo, resaltan la velocidad y la capacidad de mutación de los virus que se convierten en una amenaza constante; también señalan que las diversas actividades humanas impiden que exista una armonía entre el virus y el portador. Finalmente, Bartra alude a la idea de Jon Epstein quien sostiene que “los virus no vienen por nosotros, sino que nosotros vamos por ellos”.

Ya en el capítulo 8, “Vivir con la muerte”, Bartra habla de la persistencia de enfermedades infecciosas a lo largo del tiempo; se enfoca en la influencia de las prácticas humanas atrevidas con el ecosistema. Asimismo, sostiene que las interacciones humanas con otros seres vivos propician la propagación de enfermedades y, consecuentemente, el surgimiento de las epidemias de las últimas décadas. El autor reconoce que, si bien la humanidad busca protegerse contra estas amenazas, también se esfuerza por aliviarlas y erradicarlas, generando así una lucha constante contra la muerte, y matiza la inevitabilidad de que todos los seres vivos nazcan y mueran. En otras palabras, aunque no se puede evitar la muerte, sí se puede una sortear una caída indigna y tormentosa.

Después, alude a la ingeniería genética manipulada y advierte sobre la sospecha de que el virus del SARS-CoV-2 podría haber sido diseñado. Al respecto, Nicholson Baker indica que el covid-19 “fue un accidente”, por lo que no se le debe considerar como un arma biológica. El texto subraya la complejidad de abordar la relación entre la ciencia, la manipulación genética y las amenazas virales, e invita a una reflexión acerca de cómo enfrentar de manera ética y responsable estos retos en el futuro.

El capítulo 9, “Crisis biosocial”, trata la enfermedad como un desafío multidimensional desde cinco dimensiones: a) médica; b) ética; c) social; d) ecológica y e) ontológica. El autor señala que, aunque existe una preocupación social, la pandemia nos confronta con nuestra finitud biológica traducida a una fragilidad ontológica en la que el cuerpo se convierte en el lugar donde conviven la vida y la muerte.

Bartra también destaca el vínculo entre la sociedad y el entorno biofísico; además, sostiene que la crisis biosocial actual se ha propagado a través del orden civilizatorio establecido, pues muchas de las dimensiones sociales que generan sufrimiento son a veces ajenas al origen de un virus que penetra y causa estragos. Con base en ideas de Tito Lucrecio Caro, enfatiza que la causa de la pandemia está arraigada en la naturaleza y añade que la naturaleza está “cansada”, debido a la relación disonante que la humanidad tiene con ella. Para respaldar esta perspectiva, Bartra cita al filósofo a Edgar Morín quien en su libro Introducción a una política del hombre expresa que “hay que maravillarse ante la organización espontánea de la naturaleza, pero es preciso no idealizarla [...] La madre naturaleza es al mismo tiempo una madrastra”. Al término del ensayo, insiste en la necesidad de enfrentar los desafíos tanto naturales (sobrenaturales) como artificiales y sociales, tomando en cuenta la complejidad de la relación entre la humanidad y su entorno.

Uno de los aportes del capítulo 10, es la introducción del concepto “Recuperar la totalidad”, que da título al ensayo en el que Bartra se aproxima a diversas crisis vinculadas a un mal sistémico, que implica la salud, la economía, el clima, lo social y la moral, entre otras. En este apartado, el autor menciona problemáticas como la pobreza, la hambruna, el deterioro ambiental, la violencia de género y las guerras; a la vez que explora las impactantes experiencias derivadas de la actual pandemia, que ha generado secuelas en la sociedad.

Bartra menciona que, si bien la ciencia puede definir, acotar y evocar, hay que recurrir al discurso del arte que convoca al “ser” que no puede limitarse a descomponer o recomponer -al puro estilo positivista-, o a buscar la verdad en el proceso y su conclusión, como dicta la fenomenología. Contradiciendo a Heidegger (1997), la alternativa para acceder al “ser de las cosas” será por la vía ontológica, es decir, a través de la experiencia inmediata que se manifiesta en un contexto específico. Aunado a esto, el autor señala que esta comprensión no se encuentra en un procedimiento o método, sino que se manifiesta únicamente a través de las vivencias.

En el capítulo 11, “Incertidumbre”, se ahonda en la idea de que “el tiempo sucesivo es el tiempo de la incertidumbre” en medio de la crisis ontológica y se pone énfasis en la limitación de la capacidad humana de previsión frente a lo finito. Bartra hace hincapié en que es la constante mutación y peligrosidad de los virus lo que genera una inquietud ante la amenaza de la muerte, muestra de ello se encuentra en la irrupción de la del covid-19. David Quammen, citado en este apartado, sostiene que no existe la menor posibilidad de predecir la amenaza, pero sí que habrá una y será zoonótica; mientras, Bartra insiste en la importancia de la “sorpresa” que asaltó a la sociedad, en lo inesperado que “rompe corazones” durante una pandemia, ya que los virus son intrínsecamente impredecibles y que, por eso, como expresó Comte, se debe “ver para prever”. En este contexto, el autor románticamente sugiere que para sobrevivir a la incertidumbre y reducir contagios, hay adoptar un enfoque “bricoleur”, similar al de los pueblos tradicionales que enfrentan mejor las enfermedades en comparación con los habitantes de ciudades densas, abiertas y con gran movilidad.

Hacia el final del libro, el autor habla de la importancia de las organizaciones estatales a nivel nacional e internacional en la lucha contra las pandemias. En el penúltimo capítulo, “¿El regreso del leviatán?”, vuelve a Mike Davis, quien reflexiona sobre el poder significativo de tales estructuras, para subrayar que, sin la participación de las organizaciones, las emergencias de salud no podrían manejarse. En relación con el apartado anterior, Bartra destaca la relevancia de la previsión para sobrevivir a catástrofes, y expresa lo imperativo que resulta contar con Estados democráticos fuertes y responsables.

Entre los autores citados a lo largo del capítulo, menciona a Carlos Monsiváis quien aboga por el reconocimiento de las responsabilidades vitales del “Leviatán”, y sugiere que es éste el momento para que las ONG y los activistas se reconcilien con la sociedad. Al respecto, Bartra se refiere a la pandemia como una “experiencia planetaria” y que éstas, a menudo, surgen de prácticas sociales novedosas. Además, habla del desajuste social que se evidenció con las negociaciones en torno a las vacunas durante la pandemia, y de este hecho destaca las ganancias exorbitantes de las grandes farmacéuticas. Finalmente, expresa que esta crisis ha puesto de manifiesto la falta de instituciones públicas robustas que intervengan en las emergencias sanitarias, un problema de se debe superar para resolver situaciones críticas originadas por una pandemia.

En el capítulo 13, “Hacia una política pura”, Bartra se centra en las diversas implicaciones y prácticas sociales que surgieron durante la pandemia. Él suscribe la “trascendencia” de la experiencia vivida en la actual emergencia sanitaria, de la que destaca su profundidad e ímpetu. Sostiene además que su trascendencia dependerá de la capacidad humana para narrar de manera significativa (la experiencia desnuda). Además, reflexiona sobre la noción de la política pura, aquella que es radical, catártica y apasionada, una política orientada a la eficacia, destinada a mitigar los daños causados por la pandemia; diferente a la política instrumental que sólo busca reformar una constitución o ganar una elección. No obstante, la política pura machaca, no excluye la dimensión instrumental. En última instancia, el autor subraya la necesidad de una política pura para hacer frente a los problemas existenciales, una que restaure el equilibrio en el aquí y ahora.

“Posdata: el aquelarre” es el epílogo de este libro. Sin embargo, ya que los capítulos precedentes han explorado de manera cautivadora las consecuencias de una pandemia, este segmento no tendría sentido de no ser porque en él se realza a aquellos que demuestran solidaridad frente al sufrimiento. Bartra destaca las reuniones que surgen para celebrar la vida y que se manifiestan a través del baile como una forma de desafiar a la muerte. En este contexto, se hace alusión a Jules Michelet y su obra La bruja, en la que las danzas nocturnas clandestinas constituyen una respuesta del pueblo ante la peste negra.

En resumen, con este texto y su análisis minucioso Bartra logra transmitir de manera contundente la urgencia y la complejidad de los desafíos que se enfrentan con una pandemia. Invita a reflexionar acerca de la enfermedad, la muerte y la fragilidad humana, al exponer la condición natural del ser, la denominada “Gran crisis” o “experiencia desnuda planetaria”. Esta obra debe ser considerada como una lectura obligada para aquellos interesados en comprender este tema, y para quienes deseen reflexionar en torno a la forma en que la humanidad vive en el mundo y la manera en que se enfrenta a la muerte en tanto condición infranqueable. Exceso de muerte. De la peste de Atenas a la covid-19 es una invitación para relatar la historia expuesta desde la calamidad que, aunque parece ajena, es propia.

Fuentes consultadas

Bartra, Armando (2022). Exceso de muerte. De la peste de Atenas a la covid-19. Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Díaz, Socorro (2021). La pandemia en una crónica. Siglo XXI. [ Links ]

Heidegger, Martin (1997). Ser y tiempo. Editorial Universitaria. [ Links ]

Johnson, Steven (2020). El Mapa Fantasma. La epidemia que cambió la ciencia, las ciudades y el mundo moderno. Capitán Swing. [ Links ]

Massey, Doreen (2001). Un sentido global del lugar, en Abel Albert y Núria Benach (comp.), Massey Doreen. Un sentido global del lugar (pp. 112-129). Icaria. [ Links ]

Soto van der Plas, Christina (2021). El oportunismo del pensamiento crítico: sobre Sopa de Wuhan (reseña). Covid-19. Narrativa mexicana joven sobre, desde y contra la pandemia (pp. 80- 86). Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

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Mariana Miramontes Rubio. Maestra en Ciencias para el Desarrollo, Sustentabilidad y Turismo por la Universidad Autónoma de Nayarit y Arquitecta por el TecNM campus Tepic. Colaboradora externa del Cuerpo Académico “Ciudad, Arte y Patrimonio”. Docente de la licenciatura en Arquitectura del TecNM campus Tepic, adscrita al Área de Ciencias de la Tierra en la misma institución en la que además ha coordinado la carrera de Arquitectura y en la que se ha desempeñado como Jefa de Departamento, además de que ha participado en el diseño curricular del módulo de especialidad “Patrimonio, Paisaje y Ciudad”. Su línea de investigación tiene que ver con temáticas sobre el paisaje y el hábitat, así como el simbolismo y significado del espacio público.

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