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Alteridades

versão On-line ISSN 2448-850Xversão impressa ISSN 0188-7017

Alteridades vol.35 no.69 Ciudad de México Jan./Jun. 2025  Epub 25-Ago-2025

https://doi.org/10.24275/cmoy4963 

Investigación antropológica

Interacción entre migrantes e indígenas bajo el régimen de control fronterizo en Colchane (Tarapacá, Chile)

Interaction between migrants and indigenous people under the border control regime in Colchane (Tarapacá, Chile)

1Universidad de Tarapacá (UTA). Baquedano 1335, Iquique, Chile <mardones.pablo@gmail.com>.


Resumen.

El objetivo es analizar las interacciones entre migrantes internacionales y comunidades aymaras en la frontera chileno-boliviana a partir de la ejecución de un régimen de control fronterizo. A diferencia de investigaciones que se han concentrado en los sucesos que vinculan a la migración internacional con el papel del Estado en el proceso de control en frontera, el foco de este abordaje -de manera inédita- está puesto en identificar el vínculo entre indígenas y migrantes. La metodología conllevó una etnografía estratégicamente situada entre 2020 y 2021 con observación participante, entrevistas y análisis documental de fuentes. La investigación concluye que las dinámicas de cooperación de indígenas a migrantes fueron mermando con la masividad de los flujos clandestinos. A su vez, da cuenta de que la militarización de la frontera no logró reducir el ingreso humano clandestino, sino, más bien, fue una estrategia para entregar un mensaje de tranquilidad a la opinión pública nacional.

Palabras clave: frontera chileno-boliviana; aymara; migración internacional; etnografía estratégicamente situada; cooperación; clandestinidad

Abstract.

The objective of this research is to analyze the interactions between international migrants and Aymara communities on the Chile-Bolivia border based on the implementation of a border control system. Unlike research that has focused on events linking international migration to the role of the State in border control, the focus of this approach -in an unprecedented way- is on identifying the link between Indigenous peoples and migrants. The methodology involved a strategically situated ethnography between 2020 and 2021 which included participant observation, interviews, and archival research. The research concludes that the dynamics of cooperation between indigenous people and migrants diminished with the massive number of clandestine migrations. Additionally, the research shows that the militarization of the border did not reduce illegal human influx, but rather was a strategy to convey a message of reassurance to the national public.

Keywords: Chile-Bolivia border; Aymara; international migration; strategically situated ethnography; cooperation; secrecy

Introducción

Aunque algunas corrientes teóricas han destacado la importancia social, política y simbólica de la interacción de poblaciones indígenas y flujos migratorios internacionales (Torres y Carrasco 2008; Ordóñez 2008), y otras han analizado la relevancia de espacios fronterizos binacionales, comprendidos como zonas de contacto con desigualdades estructurales (Benedetti 2013; Cimadomo 2015), existe un escaso trabajo y aporte investigativo respecto del punto de vista de fronteras habitadas y configuradas por comunidades indígenas (González 2007) y la interacción de éstas con flujos migratorios recientes (Mardones 2021).

En función de estos antecedentes, la investigación se realizó desde una perspectiva teórica de la frontera, espacio que ha comenzado a tener una particular atención a partir de nuevos desafíos en estudios migratorios que consideran la propia configuración de los Estados-nación (Appadurai 2007; Sassen 2007). La idea de esta investigación es dar cuenta de las dinámicas de cooperación y de rechazo entre las comunidades indígenas locales y los crecientes y recientes flujos migratorios que ingresan a Chile por el altiplano y que son mayoritariamente del norte de Sudamérica y el Caribe, con especial preeminencia de Venezuela.1

El estudio se centró en Colchane, comuna altiplánica de la región de Tarapacá, Norte Grande de Chile,2 en la frontera con Bolivia, la cual tiene la peculiaridad de constituirse como un territorio de trasiego humano ininterrumpido desde la época precolombina, lo que da lugar a una suerte de superposición de capas, cuyos rastros y prácticas sociales se mantienen vigentes (Tapia, Quinteros y Ramos 2021).

Con el fin de exponer este fenómeno, en un primer apartado se detalla la metodología utilizada para, en un segundo, explicitar la perspectiva teórica abordada respecto de la reciente relevancia adquirida por los espacios fronterizos y los incipientes estudios que denotan la relación entre comunidades indígenas y migrantes internacionales. En un tercer apartado, se expone la lucha por el reconocimiento y la soberanía de los pueblos aymaras de Chile, con el fin de comprender, en un cuarto apartado, las interacciones entre migrantes y comunidades indígenas en la comuna de Colchane, poniendo de manifiesto las dinámicas de cooperación y de rechazo, teniendo como base las coyunturas y la masividad que con el tiempo adquirió la migración internacional, así como cuál fue su tratamiento mediático. Por último, se sintetizan las ideas centrales.

Etnografía estratégicamente situada en un territorio fronterizo de asentamiento indígena

La presente investigación tiene un corte cualitativo antropológico mediante la puesta en marcha de una etnografía estratégicamente situada (Marcus 1995). Se trata de un enfoque metodológico, aunque también teórico, que conlleva un método de investigación social de características globales (Hammersley y Atkinson 1994), lo que significa que ha sido utilizado en territorios muy diferentes. En este caso, se presenta como idóneo para comprender la interacción entre actores sociales y comunidades determinadas (indígenas y migrantes internacionales), registrando información sobre su vinculación.

El trabajo de campo se realizó en la Comuna de Colchane (región de Tarapacá), considerando el Complejo Fronterizo Colchane, entre octubre de 2020 y marzo de 2021. Los sujetos de investigación fueron personas de comunidades aymara de esta comuna y migrantes internacionales del norte de Sudamérica y el Caribe: Colombia, Cuba, Ecuador, Haití y Venezuela. La metodología se sustentó en observación participante, entrevistas y análisis documental de fuentes.

Se optó por la etnografía estratégicamente situada por su capacidad para superar los límites locales y por su idoneidad para comprender dinámicas transfronterizas, a partir de una posición escalar que afrontara el nivel comunal, regional, nacional e internacional. La etnografía se enfocó en indagar las interrelaciones entre migrantes internacionales del norte de Sudamérica y el Caribe con indígenas, y puso de manifiesto acciones de cuidado y resguardo por parte de las comunidades aymaras locales, así como otras de rechazo ante la ocupación de sus casas y haciendas y la sobredemanda de servicios sanitarios.

La observación participante, principal estrategia metodológica de esta etnografía, permitió acompañar por periodos extendidos a personas aymaras de varias comunidades, lo que dio pie a conocer sus experiencias en cuanto al ingreso clandestino de migrantes, y a conocer sus condiciones y necesidades.

Por su parte, la realización de entrevistas posibilitó informar de las especificidades de dichas interacciones y de detalles sobre percepciones mutuas entre migrantes e indígenas. Éstas se llevaron a cabo de forma paralela a la observación participante y buscaron indagar, de manera retrospectiva, tanto en el pasado cercano como en el presente. De tal forma, se entrevistó a aymaras habitantes de este territorio que informaron del impacto de la llegada de migrantes, y también a personas de reciente ingreso al país por pasos no habilitados y que tuvieron contacto con personas aymaras y/o utilizaron sus inmuebles.

Por último, se utilizó la estrategia metodológica del análisis documental, la cual sirvió para tener acceso a información relevante sobre el territorio, conocer en concreto cómo se aplicó el régimen de control fronterizo y obtener datos precisos del ingreso irregular de migrantes y sus consecuencias en las comunidades aymara. El análisis documental se realizó con diversas fuentes: a) jurídicas (revisión de marco legal y legislación de frontera y migración); b) de bases de datos de instituciones de control en la región de Tarapacá (Gendarmería, Aduana, Fiscalía, Policía de Investigaciones) y c) fuentes documentales de archivo (etnohistóricas e históricas).

La irrupción de la frontera y el vínculo entre migrantes e indígenas en el análisis de los estudios migratorios

Algunas corrientes teóricas (Torres y Carrasco 2008; Ordóñez 2008) han comenzado a destacar las interacciones entre flujos migratorios internacionales y poblaciones indígenas. Estos estudios se han vuelto muy relevantes en casos de migraciones masivas que se transportan por vía terrestres y que, de modo indefectible, se han visto en la necesidad de atravesar territorios indígenas compuestos por comunidades rurales, con una consecuente interacción que ha tenido diversas implicaciones. En síntesis, aluden a flujos que han contribuido a nuevos desafíos teóricos y metodológicos capaces de comprender los procesos migratorios desde la perspectiva de la configuración contemporánea de los Estados-nación (Appadurai 2007; Sassen 2007).

En esta interacción entre migrantes y comunidades indígenas se ha dado, además, una confluencia específica en lo que respecta a espacios fronterizos, pues, en varios casos, son espacios habitados por naciones indígenas que, en América Latina, suelen estar divididos entre países (Albó 2008), habitando, justamente, de manera mayoritaria, los espacios fronterizos rurales. Esto ocurre con la etnia aymara, la cual, junto con otros pueblos de los Andes centrales, como quechuas, chipayas, kollas, atacameños, se constituyen en los habitantes preponderantes del altiplano andino.

La conformación de la frontera entre Chile y Bolivia, al igual que todas las demás, no contó con el beneplácito ni el punto de vista de las comunidades indígenas (Albó 2008). Dicha segmentación republicana mantuvo e incluso reprodujo el racismo y la discriminación hacia estos pueblos. En ambos países, pero sobre todo en Chile, fueron marginados de la construcción identitaria de la nación y, en múltiples ocasiones, considerados desde siempre como extranjeros (González 2009).

Desde esta perspectiva, interesa la comprensión del modo en que indígenas, víctimas históricos de racismo, pudieron, en ciertas circunstancias, cobijar, y en otras rechazar, a personas extrañas, en extremo vulnerables, pobres y, con gran frecuencia, afrodescendientes o afromestizos (Arre et al. 2020). El énfasis apunta a la incidencia en lo relacional y a cómo se for jan situaciones de cooperación y de rechazo a partir de dichas interacciones.

En este sentido, es importante documentar que los estudios de fronteras han tomado especial relevancia en Chile por dos aspectos, el primero por el espectacular aumento inmigratorio experimentado en la última década (INE 2018b). El segundo, por la trascendencia -histórica y presente- de sus fronteras terrestres en el Norte Grande chileno. Primero, Chacalluta y luego Colchane, que en la última década han comprobado un aumento vertiginoso de circulación humana, al convertirse en los dos principales puntos de ingreso terrestre al país.

El territorio del Norte Grande de Chile constituye un espacio central de significación y de reproducción de fronteras interiores del Estado-nación desde su anexión en 1993, cuando se conformó una sociedad con personas de Bolivia y Perú, muchas de ellas indígenas (Tapia, Mardones y Palma 2021). Así, en este territorio pueden observarse dinámicas de securitización, criminalización, control fronterizo y violencia institucional, además de tensiones e intercambios entre comunidades locales indígenas con poblaciones transfronterizas (Bolivia y Perú), de ultramar (Asia y Europa) y, en años recientes, del norte de Sudamérica y el Caribe, en un escenario estimulado por la crisis migratoria venezolana y las consecuencias generadas por la pandemia.

Sumado a lo anterior, la región de Tarapacá, donde se centra la investigación, representa un territorio de histórica circulación y movilidad fronteriza. En él han sido continuas tanto las negociaciones de sentidos de pertenencia como de relaciones interétnicas y transfronterizas, conformándose desde su constitución en una región históricamente plurinacional (González 2007).

De 2010 en adelante, las cifras que evidencian un aumento migratorio en el país y sobre todo en el Norte Grande se utilizan como argumento para aplicar un control cada vez más estricto en espacios fronterizos. Es por ello que se implementaron el Plan Frontera Norte (PFN) y el Plan Frontera Segura (PFS) entre 2010 y 2018. Estos instrumentos aseguran mayores rangos de control de acceso a fronteras. Tales planes y políticas públicas elaboraron una securitización de las migraciones (Domenech 2013) que impone dispositivos que vulneran la integridad de la población que habita esta frontera. Lo anterior debido a que conllevan la instalación de militares e infraestructura castrense en zonas de pastoreo y humedales, áreas que para las comunidades son sagradas. La presencia militar ocasiona contaminación acústica y visual, en virtud de los ensayos e intervenciones, además de pérdida de privacidad y la coexistencia de abusos por parte de algunos soldados.

Gracias a importantes investigaciones sobre el rol actual de los espacios fronterizos (Benedetti 2013, 2014; Dilla 2016; Ovando y Ramos 2016) y a trabajos que se han centrado en los fenómenos acontecidos recientemente en Colchane (Tapia y Quinteros 2023) ha sido posible enfocarse, de forma específica, en las interacciones que han tenido las comunidades indígenas locales con la masiva migración internacional.

La lucha por el reconocimiento y la soberanía de los pueblos aymara del Norte Grande de Chile

Las comunidades aymaras que habitan entre Bolivia, Chile y Perú han luchado desde la Colonia por mantener sus usos y costumbres culturales (Gundermann y González 2008). Dichas demandas alcanzaron relevancia oficial en Chile apenas en 1993 con la creación de la ley indígena (N 19.253), la cual supuso la ejecución de políticas y subsidios cuyo propósito era disminuir la pobreza y forjar mecanismos de discriminación positiva. El impacto de esta ley, a su vez, impulsó lógicas de concientización étnica frente a una posición hegemónica de subordinación comandada desde el Estado de Chile (Gavilán y Lagos Candia 2014). En consecuencia, esta ley redujo la pobreza y los niveles de discriminación hacia las y los indígenas, y además reforzó la resignificación y valorización de su identidad (Mardones y Díaz 2020).

La presencia del Estado implicó que dicha resignificación y valorización identitaria fuera plausible mediante dinámicas de etnogénesis, las cuales se refieren a cómo un grupo reflexiona y se define identitariamente (Boccara 1999) en oposición a otros grupos hegemónicos, por lo general intermediados por el Estado. Los procesos de etnogénesis, con diferentes niveles y ritmos, han sido, en particular, comunes en toda América Latina desde 1990, década reconocida como el periodo cuando comienzan a adquirir envergadura las visibilizaciones étnico-locales (Bengoa 2000).

La etnogénesis entraña que los grupos que la experimentan forjen mecanismos de etnificación. Con la etnificación, los sujetos o las colectividades se adhieren a formas y prácticas culturales que se entienden, simbólica y políticamente, como enunciadoras de identidades étnicas (Segato 2007). Esto quiere decir que las personas, en este caso aymaras, no sólo, de manera paulatina, comienzan a dejar de invisibilizar su adscripción étnica, sino que conciben situaciones y discursos de apreciación de sus identidades, en muchas ocasiones inéditas. La invisibilización identitaria fue práctica habitual en épocas pasadas debido a procesos de discriminación y racialización de la cual históricamente fueron víctimas (Margulis y Urresti et al. 1998).

La atención a la etnogénesis, centrada en mecanismos de etnificación, permite comprender cómo elementos externos y renovadas capacidades de adaptación influyen en formas novedosas de constituirse como indígenas. En estos procesos de etnogénesis, la relación de las comunidades aymaras de Chile con aquellas de Bolivia ha jugado un rol preponderante, pues en Bolivia los usos y costumbres culturales mantienen una práctica continúa arraigada en dinámicas locales, algunas de las cuales se han perdido en las comunidades indígenas de Chile. Asimismo, el Estado boliviano se ha ocupado de forma prioritaria de las necesidades, demandas y requerimientos de los pueblos indígenas, sobre todo desde los gobiernos de Evo Morales Ayma (2006-2019) en adelante.

En este contexto, la interrupción de las relaciones diplomáticas entre Chile y Bolivia (1978), la permanencia de conflictos por las demandas marítimas de Bolivia y otras controversias, como las del sistema hídrico Silala, así como la sistemática militarización de los lindes fronterizos, han provocado un daño permanente a estas vinculaciones panaymara (Albó 2008). A estas circunstancias se han sumado las repercusiones de la aplicación del régimen de control fronterizo implementado desde 2010 y la actual crisis migratoria.

Ingreso clandestino a Chile por Colchane e implementación de un régimen de control fronterizo

Colchane es una comuna altiplánica de la región de Tarapacá en la frontera con Bolivia a corta distancia del poblado de Pisiga Bolívar en el vecino país. Tiene la peculiaridad de constituirse como un territorio de trasiego ancestral de comunidades aymara y de otros pueblos, como el quechua y el chipaya (Gavilán 2005), y es el único lugar de Chile donde existe una estrecha proximidad entre la población nacional con la de otro país (foto 1). Esta condición no tiene precedentes en otras fronteras chilenas, donde los trayectos entre asentamientos urbanos chilenos con argentinos, bolivianos o peruanos son extensos.

En la parte superior Pisiga Bolívar (Bolivia), en la inferior Colchane (Chile), 2020. Fotografía del autor.

Foto 1 

La comuna de Colchane está compuesta por 30 localidades y alcanza una población de 1 728 habitantes, de los cuales 80 por ciento se autoadscribió como parte del pueblo/etnia aymara en el último censo de 2017 (INE 2018a). Su capital comunal es la localidad de Colchane, que cuenta con una población aproximada de 300 personas. A escaso trayecto del poblado se sitúa el Complejo Fronterizo Colchane (foto 2), con un flujo constante de camiones que ingresan productos a Chile y llevan mercancías, en especial de origen chino, hacia Bolivia, Paraguay, Brasil y otros países, desde la Zona Franca de Iquique (Zofri) (Tapia y Chacón 2016). Se trata de un lugar sumamente seco, cuyas temperaturas, durante gran parte del año, descienden hasta los -10 ºC en la noche y superan los 30 ºC en el día. En dichas condiciones extremas, muchas personas, no habituadas a este territorio, ni preparadas para sus inclemencias, cruzan y se refugian con lo que tienen a su alcance.

Vista aérea del Complejo Fronterizo Colchane, 2021. Fotografía del autor.

Foto 2 

El ingreso de migrantes por Colchane ha tenido un aumento paulatino y exponencial desde la segunda década del siglo XXI cuando Chile comenzó a convertir se en un destino migratorio predilecto en Sudamérica, cuatriplicando su población migrante entre el censo de 2002 y el de 2017. En la actualidad, Chile es el país sudamericano con mayor porcentaje de migrantes según su población total, 8.4 por ciento según cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (GMDAC-IOM 2023: párr. 3)3 con una gran diversificación de sus flujos (Martínez Pizarro y Orrego Rivera 2016), con importantes contingentes de personas del norte de Sudamérica y el Caribe, de manera señalada de Colombia, Haití y Venezuela.

Históricamente, la mayoría de los migrantes ingresaban por el paso fronterizo Chacalluta, principal entrada terrestre del país, desde Tacna (Perú) hacia Arica (Chile). Pero las normativas de ingreso, avaladas en la figura del falso turista (Alvites 2020),4 se hicieron cada vez más difíciles de cumplir, lo que llevó a un rechazo sistemático a migrantes norsudamericanos y caribeños. Esto conllevó que las y los migrantes buscasen el ingreso por espacios no habilitados, lo que generó importantes episodios de conflicto (El Mostrador 2019). El trabajo mancomunado entre las policías de Chile y Perú redujo de forma drástica las posibilidades de ingreso por Chacalluta y los pasos clandestinos circundantes, lo cual llevó a estas personas a buscar alternativas. Así, en 2019, el paso de Colchane y Pisiga Bolívar, pese a las difíciles condiciones de acceso, superó al de Chacalluta en ingresos permitidos, pero, sobre todo, en aquellos clandestinos. En este paso, la tensa relación bilateral entre Bolivia y Chile (Risør 2020) ha significado un problema de orden geopolítico que acarrea faltas de coordinación entre las policías bolivianas y chilenas (Castro 2021). Dicha situación permite el acceso a rutas alternativas menos controladas y acrecienta el coyotaje y el tráfico de personas. Todo esto he generado una crisis migratoria fronteriza sin precedentes.

Ya sabíamos que por Chacalluta no estaban dejando pasar, así [que] nos fuimos por el altiplano, que es mucho más jodido, pero que al menos sabemos que hay opción. Nos costó mucho tiempo llegar, además de tener que conseguir ropa, porque ahí es muy frío, pero muy. Finalmente llegamos y entramos por una trocha5 que nos llevó a Chile [entrevista con Jacinta Jaramillo, noviembre de 2020 en Colchane] 6.

Intentamos entrar por Perú, pero fue imposible [...] tratamos tres veces. Así que nos fuimos a Puno y de ahí entramos a Bolivia por Desaguadero. Luego de todo, caminar, buses, al final taxi [...] Todo pa’ llegar a la frontera con Chile [entrevista con Naudí Flores, febrero de 2021 en Colchane].7

No no, si por Perú para Chile ya no se puede pasar, imposible. Ahora hay que ir por Bolivia. Mucho más duro. Más largo, más caro y más frío [entrevista con Evens Blanchard, febrero de 2021 en Colchane] 8.

Hasta hace algunos años, el paso fronterizo de Colchane era protagonizado casi exclusivamente por población indígena, que atraviesa de forma circular su territorio ancestral entre Bolivia y Chile, sostenidos en históricas redes y rutas migratorias (Gundermann y González 2008; Tapia 2015; Mardones y Díaz 2020). En muchos casos, estas personas se asientan en la región de Tarapacá para trabajar y comerciar (Tapia y Chacón 2016), atraídos en especial por las posibilidades que ofrece la Zofri.

A lo largo de la década de 2010, la condición transfronteriza de Colchane comenzó a complejizarse por dos nuevos flujos. El primero, de personas no fronterizas de Bolivia y en general tampoco indígenas, que se desplazan al centro y sur de Chile como temporeros en la agroindustria. El segundo, por un creciente flujo de migrantes provenientes del norte de Sudamérica y del Caribe, los cuales, en su mayoría, llegan al país en situaciones de extrema vulnerabilidad con casos de desnutrición, hipotermia e incluso fallecimientos (Mardones 2020).

Fue este segundo flujo, el que -en el marco de las nuevas “amenazas transnacionales” (Leyton 2011; García Pinzón 2016; Ovando y Ramos 2016)- llevó al gobierno de aquel entonces a implementar un régimen de control fronterizo en el Norte Grande de Chile. Esta decisión impulsó una “nueva” militarización de los lindes con Bolivia y Perú con la presencia permanente de militares y armamento de guerra. Entre 2010 y 2014 se ejecutó el Plan Frontera Norte, seguido del Plan Frontera Segura en 2018, y luego del Plan Colchane (PC), desde 2021, acompañado de un estado de excepción constitucional el primer semestre de 2022 y, por último, de la aprobación de la ley Nº 21.542 de Protección de Infraestructura Crítica por parte de las Fuerzas Armadas (2023).

Para cruzar por el costado del complejo fronterizo hay que atravesar una zanja de alrededor de 1.50 metros de ancho y de profundidad, que tiene 300 metros de largo (foto 4). Esta zanja fue hecha durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet (2013-2017) en el marco del Plan Frontera Nacional, al costado del Complejo Fronterizo Colchane, junto a otros 31 pasos no habilitados del Norte Grande chileno. En dicha ocasión, el entonces fiscal regional, Raúl Arancibia, planteaba que “Las zanjas van a impedir el tráfico de mercadería, de personas, de drogas, esta es una acción que va a dificultar ese paso y va a obstaculizar al máximo los ingresos ilegales” (Ministerio del Interior y Seguridad Pública-Gobierno de Chile 2017).9

Mujer cruzando hacia Chile por el costado del Complejo Fronterizo Colchane para traer mercancías desde la Zofri. 2021. Fotografía del autor.

Foto 3 

Zanja en el límite fronterizo entre Bolivia y Chile. 2021. Fotografía del autor.

Foto 4 

Como se observa en la parte inferior de la foto 4, esta zanja sirve como paso de personas de Bolivia que trasladan artículos de la Zofri desde Iquique a Pisiga Bolívar y luego a Oruro. Asimismo, es cruzada por cientos de migrantes de Venezuela y en menor medida de Colombia, Ecuador y países del Caribe, a través de coyotes que se aprovechan de su vulnerabilidad. A pocos kilómetros termina la zanja, y se simplifica el cruce.

Ya nos habían hablado que la zanja era cortica [...] por lo que sabíamos que tocaba caminar algunos kilómetros por Bolivia y luego no sería difícil cruzar. Igual había miedo. Nos habían hablado de las bombas antipersonales10 [entrevista con Aravinda Gómez, enero de 2021 en Colchane].11

Durante algunos momentos del día, un tanque se acerca a la zanja para evitar el paso de migrantes hacia Chile. En otros, mientras el tanque está detenido, los migrantes atraviesan la zanja e ingresan por el costado del Complejo Fronterizo Colchane. Lo absurdo de esta medida se evidencia al comprender que el altiplano es inconmensurable. Las zanjas, o similares, sólo aumentan la vulnerabilidad de las y los migrantes, quienes cruzan cuando disminuye el control de funcionarios de frontera y militares y, si éste se acrecienta, se alejan hasta que desaparecen las zanjas u otros dispositivos que traban su ingreso a pie.

El régimen de control fronterizo y la consecuente implementación de estos planes y el estado de excepción constitucional no han sido efectivos. Lejos de disminuir el ingreso de migrantes, su aplicación ha estimulado la irregularidad y diversificado las formas de ingreso, aumentando con ello el riesgo humano asociado, así como la estimulación de nichos para que operen grupos criminales organizados.

En 2020, de forma particular desde octubre en adelante, el ingreso de migrantes norsudamericanos y caribeños aumentó radicalmente para los niveles de la región, alcanzando las 200 personas diarias, según cifras otorgadas por la Policía de Investigaciones (pdi). Este vertiginoso incremento coincidió con el inicio de la pandemia de Covid-19 y fue, a su vez, producto de los devastadores impactos económico-sanitarios que ésta generó en varios países.

Ante la identificación del nuevo itinerario migratorio vía la frontera de Desaguadero entre Perú y Bolivia y luego de Bolivia a Chile se creó una mayor oferta de buses, camiones y taxis que trasladan a estas personas directamente hasta Pisiga Bolívar, quienes luego ingresan a pie y de forma irregular a Colchane, atravesando la zanja fronteriza y eludiendo los controles policiales y militares. A veces, los transportistas abandonan a los migrantes en pleno desierto, lo que los obliga a caminar en condiciones extremas durante horas y hasta días (Stefoni et al. 2021).

A fines de enero de 2021, a partir de cifras de la misma PDI cotejadas con las de Aduana y Gendarmería, se registraron alrededor de 2 031 casos de ingreso irregular por el paso Colchane y, a principios de febrero, la situación llegó a su nivel más crítico, cuando durante una jornada pernoctaron cerca de 1 500 personas en Colchane, lo que hizo colapsar la capacidad de vivienda, sanitaria y alimenticia (McGowan 2021). A lo largo de 2021 el flujo se mantuvo constante, aunque luego del invierno tuvo un nuevo incremento.

Migramos porque no nos queda otra. Nosotros estábamos bien en Perú, pero con la pandemia la situación se puso muy muy mala. No se podía trabajar, porque nosotros nos dedicamos al comercio ambulante y la policía nos botaba. Ahí la cosa se puso extrema porque no había como comer [...] Nosotros vivimos del día a día. Y ahí ya dijimos:

-vámonos pa’ Chile, que era algo que queríamos hacer y que sabíamos que, al menos, un poquito mejor estaba la cosa por allá [entrevista con Diomedes Reyes, octubre de 2020, en Colchane] 12.

Partimos hace años de Venezuela donde la situación se ha ido haciendo cada vez más difícil. A Chile [...] llegamos este año sabiendo que hay más trabajo que en otros países. Estuve unos tres años en Perú y antes había estado en Colombia de donde son mis abuelos [...] Hay mucha discriminación, piensan que todos los venezolanos venimos a robar, eso es triste porque yo, junto a mi familia, sólo queremos surgir y salir adelante [entrevista con Elizabeth Salinas, enero de 2021, en Colchane].13

Estuvimos varios meses en Pisiga [Bolívar]. No nos atrevíamos a cruzar, porque cuando lo intentamos había muchos militares [...] Un día vimos un poco menos de control y, Dios de por medio, pudimos cruzar sin contratiempos, aunque con muchísimo miedo [entrevista con Raúl Piemonte, febrero de 2021, en Colchane].14

Migrantes ingresando a Chile desde el pueblo fronterizo de Pisiga Bolívar (Bolivia). 2021. Fotografía del autor.

Foto 5 

Ya, vino la pandemia y no quedó otra que moverse, si q’ íbamos a hacer, no había trabajo. Estábamos pasando hambre [...] Yo no me arrepiento de lo que hicimos, aunque reconozco que no sabía que iba a ser tan duro todo lo que estamos viviendo [entrevista con Saúl Roviria, febrero de 2021, en Colchane].15

En este apartado se han explicitado las razones y circunstancias de una crisis multidimensional sin precedentes en esta frontera. Esta crisis, lejos de ser evitada por la implementación de un régimen de control fronterizo en el contexto de amenazas trasnacionales a partir de flujos migratorios masivos, fue estimulada por ese control. La preeminencia de una frontera caracterizada por la convivencia de comunidades indígenas a ambos lados de la línea divisoria generó interacciones entre estas comunidades y la migración internacional, las cuales se han distinguido por situaciones de cooperación, aunque también de rechazo.

Interacción entre migrantes norsudamericanos y caribeños con comunidades aymaras de Colchane bajo una crisis migratoria multidimensional

Las medidas implementadas conforme al proyecto político de control sobre y de la frontera ejercido desde 2010, y con antecedentes históricos, permite entender que el control en torno a las fronteras se ha diseñado para clausurar lo que se considera una población migrante “no deseada” (Stang 2016). Dicha decisión ha supuesto que la enorme mayoría de las personas que han ingresado en los últimos años lo haga de forma clandestina, modus operandi que se institucionalizó durante la pandemia al estar cerradas las fronteras para el paso legal.

A su vez, las decisiones políticas de Estado -históricas y presentes- no han puesto el acento en darle mayores garantías a la población aymara local, sino, más bien, en frenar la migración clandestina y entregar un mensaje de tranquilidad y seguridad a la opinión pública nacional. Esto ha conllevado que no se tengan en cuenta las condiciones y perspectivas de las comunidades indígenas del altiplano respecto a la presencia de militares y migrantes internacionales.

La llegada masiva de migrantes generó percepciones y reacciones contrapuestas por parte de la población local aymara. Por un lado, provocó rechazo, lo que causó diversos conflictos, aunque, a su vez, trajo aparejadas dinámicas de cooperación, al comprender que se trataba de personas que ingresan con múltiples dificultades.

Los principales focos de conflicto se dieron por la ocupación forzosa de inmuebles por parte de migrantes, así como por la sobresaturación de los servicios sanitarios locales (McGowan 2021), en especial en el pueblo de Colchane y, en menor medida, en el de Cariquima.

Las familias aymaras del altiplano tienen un estilo de residencia móvil o traslocal. Gran parte del año residen en otros lugares, principalmente en la ciudades de Alto Hospicio o Iquique, así como también en la de Pozo el Monte o en pueblo de Pica. De tal forma, se establecen en sus territorios del altiplano en momentos específicos, determinados por los ciclos agrícolas y ganaderos (Carrasco y González 2014), y durante las festividades de gran simbolismo para ellos (Mardones 2022).

En particular durante el invierno, esta situación produce una apariencia de inhabitación (Tapia y Quinteros 2023) que ha sido aprovechada por grupos de migrantes, para cobijarse de las bajísimas temperaturas, llegando incluso a destinar muebles para hacer fogatas con el fin de calentarse y cocinar.

No veíamos a nadie, parecía todo abandonado. Así que entramos. Nos tapamos. Había cobijas y cosas para calentar agua. Ahí pudimos recuperar fuerzas [entrevista con Yasomir Acosta, octubre de 2020, en Colchane]. 16

Llegamos y vimos una casa vacía. No entramos, luego caminamos y vimos otra también vacía, y así otra y otra. Pensamos, aquí no vive nadie, así que entramos y nos quedamos varios días. Luego el frío era tan terrible que decidimos quemar una mesa que estaba rota, con lo cual aprovechamos de preparar un paquete de fideos que aún nos quedaba. No pensamos que estábamos haciendo daño. De verdad eso parecía estar abandonado [entrevista con Saúl Roviria, febrero de 2021, en Colchane].

Las comunidades aymaras no han protagonizado situaciones de xenofobia, aunque sus percepciones y su forma de actuar se han visto influenciadas por una tendencia generalizada de rechazo a migrantes en Chile, así como en el resto de Sudamérica, sobre todo respecto a la migración venezolana. Los medios de comunicación han estimulado el miedo y la desinformación al vincular la migración con la delincuencia. Las acciones de grupos de crimen organizado trasnacional han reproducido un imaginario social que relaciona directamente con la migración con la delincuencia.17 De tal forma, se han dado graves actos de xenofobia, con agresiones, incluso a ancianos o niños, quienes muchas veces se han visto obligados a permanecer ocultos (Osorio y Phélan 2020). Como contraparte, han encontrado apoyo y solidaridad de poblaciones y autoridades indígenas, quienes han brindado hospedaje, alimentos y transporte, entre otros.

Provocados por la hostilidad del medioambiente (altiplano seco y frío, con suelos duros y empinadas montañas), los distintos pueblos de los Andes centrales18 forjaron un complejo mundo valórico e institucional creado con base en la ayuda mutua (Rivera Cusicanqui 1984). O sea, su propia organización social se sustenta en redes ancestrales de cooperación fundamentadas en la lógica de la reciprocidad entre los pueblos (Montes Ruiz 1999).

De forma paulatina, durante la década de 2010, y sobre todo a partir de 2020, las familias aymaras del altiplano fueron presenciando cómo personas desconocidas se desplazaban por sus territorios sin contar con los elementos mínimos para movilizarse por el altiplano. Comenzaron a evidenciar que desconocían el lugar, ignoraban dónde refugiarse del sol durante el día y del inclemente frío durante la noche, no conocían la vegetación ni sabían de dónde extraer agua. Así, un sinfín de veces, los proveyeron de alimentos y líquido, ya que en muchas ocasiones se encontraban deshidratados y desnutridos. Asimismo, les permitieron hospedarse en sus recintos y, por último, les ofrecieron apoyo para trasladarse hacia las ciudades de Alto Hospicio e Iquique, a veces en sus propias camionetas, otras otorgándoles información para tomar transporte y, en innumerables casos, evitar el control policial. Con el tiempo, dada la masividad que adquirió esta migración, las medidas de cooperación y acogida tendieron a disminuir.

Esto no es de ahora, esto pasa hace un montón de tiempo, yo me acuerdo la primera vez que vi a estas personas, tiene que haber sido por 2011, 2012, por ahí. En general son bien pobres. El pueblo aymara siempre los ha ayudado [entrevista con Serafín Mamani, adulto mayor aymara, noviembre de 2020, comunidad de Caico, comuna de Colchane].

Antes eran poquitos, pero ahora son demasiados. Son sucios, peleadores. Ya no los queremos por aquí [entrevista con Rosa Larama, adulta mayor aymara, noviembre de 2020, pueblo de Colchane, comuna de Colchane].

Yo no recuerdo cuando fue esto, pero hace rato. Empezaron a cruzar desde Bolivia, y casi al mismo tiempo llegaron los militares. Mi familia ayudó mucho en su momento. Con hospedaje, comida. Yo incluso llevé a varios de ellos a Iquique. Al principio pasaba de vez en cuando no más. Y claro, nosotros les brindábamos ayuda, pero luego la cosa se volvió pan de cada día. Si eran familias enteras que llegaban todos los días. Ya se volvió insostenible. Ahora hay harto rechazo [entrevista con Sucinto Flores, aymara adulto, enero de 2021, Comuna de Cariquima, comuna de Colchane].

Imagínese que ni podemos atendernos en el hospital. Además, se meten a las casas. Han robado cosas, han quemado también pa’ hacer fogatas. Ojalá el gobierno haga algo [entrevista con Roberta Mamani, adulta mayor aymara, enero de 2021, pueblo de Colchane, comuna de Colchane].

La etnografía y entrevistas dan cuenta de contraposiciones entre las mismas personas y familias, en las que se alternan actitudes y discursos de amenaza y empatía hacia esta migración. La masividad del fenómeno está vinculada a un cambio de percepción y de modo de actuar desde las comunidades, pasando de medidas permanentes de cooperación a otras de rechazo sostenidos.

Al revisar noticias de prensa en línea y en televisión19 se corrobora que las acciones de rechazo han sido ampliamente difundidas mientras que, en las de cooperación, su cobertura ha tendido a la invisibilización. Esto puede deberse a varios motivos, en primer lugar la temporalidad de las notas revisadas, periodo en que el rechazo se volvió preponderante, justamente, debido a su masividad. De todas maneras, procuré buscar noticias entre 2010 y 2020 y no encontré ninguna que diera cuenta de dinámicas de cooperación. Por otro lado, este abordaje responde a un tratamiento xenófobo generalizado. En éste, las posturas de oposición, amenaza o resistencia desde las personas que viven en estos espacios de frontera es funcional al mensaje que los medios de comunicación buscan trasmitir, el cual, además, es de utilidad para el discurso que perseguía dar el gobierno.20

En ambos casos -dinámicas de rechazo y cooperación- se alude a situaciones y circunstancias poco estudiadas y, a veces, difundidas sin profundidad, restando relevancia a las perspectivas, acciones y opiniones de las propias comunidades locales.

Apostillas de cierre

A través de una etnografía estratégicamente situada, este artículo revela que en la frontera entre Chile y Bolivia, territorio ancestral y contemporáneo indígena, el régimen de control fronterizo instituido por el Estado chileno desde 2010, debido al ingreso masivo de migrantes norsudamericanos y caribeños, ha otorgado una relevancia excepcional a la fronteriza comuna aymara de Colchane. La anexión de este territorio, la marginación de los indígenas de la construcción identitaria de la nación, la ausencia de relaciones diplomáticas entre Chile y Bolivia, la militarización del territorio y la situación política y económica de Venezuela -a lo que se sumó la pandemia del Covid-19 y sus consecuencias- generaron una crisis multidimensional sin precedentes en esta frontera, que se extendió en la región de Tarapacá y gran parte del Norte Grande de Chile.

En este contexto, el análisis dio cuenta, de forma exploratoria, de las interacciones entre indígenas aymaras habitantes del altiplano andino con migrantes internacionales, en gran porcentaje afrodescendientes o afromestizos, que desde aproximadamente 2010 cruzan la frontera de forma clandestina. A partir de dichas interacciones se identificaron dinámicas de cooperación y de rechazo, las cuales están determinadas por la masividad que adquirió este tipo de flujos, en particular desde 2020 con el inicio de la pandemia y el consecuente cierre de fronteras. Asimismo, se examinó el tratamiento mediático y cómo éste tiende a invisibilizar las dinámicas de cooperación y resaltar aquellas conflictivas.

La investigación evidenció que el control migratorio en frontera no sólo es estéril, sino que es contraproducente, ya que se ha orientado a reproducir y multiplicar las tensiones entre las comunidades aymara locales y quienes ingresan a Chile con la intención de establecerse. Se confirmó que el impedimento de ingreso de migrantes en zonas fronterizas sólo tiene un efecto temporal. Su aplicación, lejos de generar la disminución de entrada de personas -desde 2010 hasta la actualidad, la migración se ha más que triplicado en el Norte Grande y el país-, estimuló la irregularidad y diversificó las formas de ingreso y, con ello, aumentó el riesgo humano asociado.

Asimismo, se llama la atención sobre la falta de un trabajo etnográfico sistemático y situado estratégicamente vinculado a estas temáticas recientes en el territorio. Conocer las perspectivas, acciones y opiniones de las comunidades y actores que viven, trabajan y/o interactúan en estos espacios fronterizos implica periodos extensos de investigación, los cuales permitan establecer vínculos de confianza mayores por medio de observación participante. Se trata de temas delicados y difíciles de desarrollar en periodos acotados.

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1 La crisis económica y política en Venezuela ha conllevado una de las mayores diásporas migratorias de la historia de América Latina, y ha provocado un desplazamiento de más de cinco millones de personas, sobre todo a Colombia, Perú y Chile (Tapia, Quinteros y Ramos 2021).

2 Definición implementada para denominar el territorio formado por las actuales regiones de Arica y Parinacota (XV), Tarapacá (I) y Antofagasta (II) y la mitad de la Atacama (III). Las tres regiones principales, Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, tienen una extensión de 185 148.2 km2, equivalente a 9.2 por ciento del territorio nacional y una población de 1 150 000 personas aproximadamente. En términos geográficos, estas regiones se encuentran en el desierto de Atacama, el más árido del mundo.

3 El Portal de Datos sobre Migración contabiliza 1 645 015 migrantes en una población total de 19 493 184 según cifras del INE (2023).

4 La anterior normativa chilena de migraciones, basada en el decreto N 1.094 (1975-2022), consideraba que una de las categorías de ingreso a Chile era en condición de turistas, pero su reglamentación e implementación permitía a los funcionarios migratorios establecer quién era y quién no era turista. Dado el aumento migratorio, sistemáticamente, se comenzó a denegar el ingreso a personas que no entraban a Chile por motivos de turismo.

5 Nombre dado en varios países a los pasos no habilitados.

6 Migrante colombiana, quien al momento de la entrevista apenas había ingresado a Chile por Colchane, desde Bolivia, clandestinamente.

7 Migrante venezolano, quien al momento de la entrevista tenía poco de haber ingresado a Chile por Colchane, desde Bolivia, de forma clandestina.

8 Migrante haitiano, en dicho momento establecido temporalmente en Colchane e ingresado a Chile desde Bolivia clandestinamente tres semanas antes de la entrevista.

9 Argumento similar utilizó José Antonio Kast en 2021, candidato de ultraderecha que ganó la primera vuelta presidencial y luego perdió el balotaje contra el actual presidente Gabriel Boric.

10 Instaladas en esta frontera en 1978 por el gobierno dictatorial de Pinochet, debido a tensiones político-militares con Bolivia.

11 Migrante venezolana, recientemente ingresada a Chile por Colchane desde Bolivia.

12 Migrante colombiano, recientemente ingresado a Chile por Colchane desde Bolivia.

13 Migrante venezolana, recientemente ingresada a Chile por Colchane desde Bolivia.

14 Migrante venezolano, establecido temporalmente en Colchane e ingresado a Chile de manera clandestina tres semanas antes de la entrevista.

15 Migrante venezolano, establecido temporalmente en Colchane quien ingresó a Chile de manera clandestina dos semanas previas a la entrevista.

16 Migrante venezolano, a punto de viajar a Iquique, entró a Chile de manera clandestina cinco semanas antes de la entrevista.

17 Uno de los principales grupos de crimen organizado que envuelve a personas de Venezuela es el Tren de Aragua, el cual surge en el estado de Aragua (Venezuela) y se extiende a varios lugares de Sudamérica desde 2020, en la actualidad tiene mucha presencia en Chile.

18 Me refiero a Andes centrales como la macrozona intermedia de la cordillera de los Andes sudamericana, que abarca principalmente el altiplano andino, así como los diversos pisos ecológicos que lo envuelven.

19 Contabilicé 79 artículos de prensa y 28 videos difundidos en tv entre octubre de 2020 y febrero de 2021.

20 En ese entonces, se produjo una enorme exposición mediática junto con la presencia de una gran cantidad de autoridades políticas en la comuna de Colchane, lo que contribuyó a provocar estigmatización y miedo sobre los migrantes.

Recibido: 01 de Junio de 2024; Aprobado: 04 de Diciembre de 2024

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