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Frontera norte

On-line version ISSN 2594-0260Print version ISSN 0187-7372

Frontera norte vol.37  México Jan./Dec. 2025  Epub Aug 18, 2025

https://doi.org/10.33679/rfn.v1i1.2390 

Artículos

La presentación de la persona en el cruce cotidiano. Commuters y frontera performativa en las Californias

Carlos Armenta Álvarez 1   * 
http://orcid.org/0009-0004-1976-3371

Luis Escala Rabadán 2  
http://orcid.org/0000-0001-6512-7553

Traducción:

Erika Morales

1(Autor de correspondencia) University of Virginia (https://ror.org/0153tk833), eden.armenta91@gmail.com, https://orcid.org/0009-0004-1976-3371

2El Colegio de la Frontera Norte (https://ror.org/04hft8h57), luiser@colef.mx, https://orcid.org/0000-0001-6512-7553


Resumen

El propósito de este artículo es describir y explicar, desde las propuestas de la sociología cultural, cómo la población commuter en la región fronteriza urbana de Baja California articula diversas estrategias de presentación de sí mismos en los cruces hacia Estados Unidos. Este texto se basa en entrevistas a profundidad, que se aplicaron entre 2020 y 2022 a distintas personas transfronterizas activas que utilizan su visa de visitante temporal para trabajar en Estados Unidos y que residen en las ciudades de Tijuana y Mexicali, Baja California. La investigación muestra la importancia de elementos culturales como el performance social para explicar las dinámicas de los cruces transfronterizos de esta población en dicha región.

Palabras clave: commuters; trabajadores transfronterizos; performance social; Tijuana y Mexicali; frontera México-Estados Unidos

Abstract

This article aims to describe and explain, from the perspective of Cultural Sociology, how the commuter population in the urban border region of Baja California employs different strategies for presenting themselves at the ports of entry into the United States. This text is based on in-depth interviews conducted between 2020 and 2022 with different active cross-border people who use their temporary visitor visas to work in the United States and reside in Tijuana and Mexicali, Baja California. The research shows the importance of cultural elements such as social performance to explain this population’s dynamics of cross-bordering in this region.

Keywords: commuters; transborder workers; social performance; Tijuana and Mexicali; United States-Mexico border

INTRODUCCIÓN

Todos los días, miles de personas cruzan la frontera entre México y Estados Unidos por razones familiares, de consumo, educativas, de turismo o de trabajo. Para ello, utilizan diversos tipos de documentos que les permiten realizar dicho cruce. Un número importante de estas personas viven en el lado mexicano, desplazándose con regularidad al lado estadounidense para trabajar en diversas ciudades, ya sea colindantes o más alejadas de esta frontera, lo cual se traduce en un beneficio para todas las partes involucradas: para Estados Unidos, significa la incorporación de trabajadores a nichos laborales que requieren de sus servicios; para las ciudades mexicanas de la frontera norte, significa una inyección de recursos a través de los ingresos en dólares de este sector de la población; y para los trabajadores mexicanos, hay un claro beneficio al poder acceder a empleos mejor pagados.

El estudio de esta población trabajadora en la región fronteriza México-Estados Unidos, particularmente a través de estudios desde la perspectiva de la economía o la sociología, ha permitido conocer con mayor detalle sus dinámicas e impactos, sobre todo en términos económicos y sociales. Sin embargo, es menor la atención que se le ha prestado a los procesos culturales que involucrados en estas dinámicas. Si bien un sector de dichos trabajadores cuenta con la documentación necesaria para insertarse legalmente en el mercado laboral estadounidense (incluyendo a residentes y mexicanos con ciudadanía estadounidense), otros utilizan su visa de visitante temporal para poder emplearse en dicho mercado, contraviniendo la disposición de este documento. Por ello, para este sector, la manera en la que presentan su persona ante los agentes fronterizos de Estados Unidos es fundamental, ya que implica una actuación, o performance, para el logro de su objetivo.

El propósito de este artículo es describir y explicar cómo esta parte específica de la población trabajadora en la región fronteriza urbana de Baja California experimenta y articula estrategias performativas relacionadas con la presentación de sí mismos en los cruces fronterizos internacionales hacia Estados Unidos, ya sea en auto, a pie, o incluso en aeropuertos, y a quienes en la literatura se les conoce como commuters o trabajadores transfronterizos, si bien en este caso no se pondrá especial atención a aquellos que laboran al amparo de su visa de visitante temporal. Por ello, sus acciones se relacionan con el momento en que se enfrentan a los agentes migratorios estadounidenses, como parte de los cada vez mayores sistemas de vigilancia y dinámicas de control y clasificación del flujo transnacional de personas en sus fronteras geopolíticas.

En ciudades como Tijuana, Baja California, al igual que en otras localidades fronterizas mexicanas, existe una fuerte movilidad poblacional en torno del paso internacional entre México y Estados Unidos, sea este con fines familiares, laborales, de estudio, o de consumo (Díaz González y González-König, 2016; Fullerton y Walke, 2019; López Estrada, 2020; Velasco Ortiz, 2016). Por ejemplo, en el puerto de entrada de San Ysidro, en el condado de San Diego y contiguo a Tijuana, cruzan diariamente alrededor de 90 000 personas (Castañeda Pérez y Félix, 2020), si bien durante la primera administración presidencial de Donald Trump (2017-2021) se impusieron diversas restricciones a los cruces en los puntos de entrada a Estados Unidos (Kolas y Oztig, 2021), situación que se vio agravada por las restricciones implementadas por la pandemia de COVID-19.

A pesar de ello, en la franja fronteriza del norte de México emerge una constelación de significados que es parte de la experie ncia vital de esta región (Velasco Ortiz y Contreras Montellanos, 2014; Velasco Ortiz, 2016). Esta experiencia implica entender a los individuos que cruzan cotidianamente esta frontera de sur a norte como actores que desarrollan toda una gama de estrategias de presentación de sí mismos en la interacción con los agentes aduanales estadounidenses en la entrada fronteriza. A partir de lo anterior, este texto busca analizar, desde una óptica culturalista, las estrategias de presentación que desarrollan específicamente los commuters para cruzar a través de los pasos internacionales en la región fronteriza urbana de Baja California, México y California, Estados Unidos. Para ello, este análisis abreva de diversos conceptos centrales de la teoría cultural y del interaccionismo simbólico, en particular la performatividad de la persona y las premisas sobre la teatralidad de la vida social, junto con los principios sobre las fronteras geopolíticas y su vigilancia.

METODOLOGÍA

Este texto, parte de una investigación desarrollada entre 2020 y 2022, se basa en 10 entrevistas a profundidad, aplicadas a distintas personas trasfronterizas activas que utilizan su visa de visitante temporal para trabajar en Estados Unidos y residen las ciudades de Tijuana y Mexicali, Baja California. La entrevista en profundidad de carácter fenomenológico ayuda precisamente a captar las experiencias que interpretan y dan sentido al mundo (Van Manen, 2014).

Esta investigación destacó la necesidad de centrarse en la producción de sentido de estos commuters que habitan en esta región, a partir de las propuestas de la sociología cultural (Alexander y Smith, 2019). Esta vertiente teórica resultó particularmente útil para la detección y el análisis de los sentidos y acciones históricamente identificados en el espacio y el tiempo (Reed, 2011) entre estos sujetos en esta región. Por lo tanto, en esta investigación se precisarán dos maneras de capturar el sentido de las acciones: por un lado, la fenomenología, que supone reflexionar sobre las experiencias vividas de la existencia humana (Van Manen, 2014); por otro, se optará por un análisis semiótico abductivo (Tavory y Timmermans, 2014) para teorizar las experiencias de vida de la existencia commuter.

Esta indagación se realizó con métodos de corte cualitativo, lo que permitió un acercamiento a la producción de sentidos y a las experiencias subjetivas y corporales de las personas, en este caso de los commuters, siendo la labor del investigador conectar los sentidos de esta constelación para descubrir, explicar y nombrar el acontecimiento que se presenta ante los ojos del observante. La interpretación de la conexión de sentidos es expuesta ya por Weber (2014) como vital para la comprensión explicativa de las causas de los sentidos de la acción: las personas enlazan subjetivamente a sus acciones un sentido mentado en referencia a la estructuración del orden de las cosas.

La entrevista se apoyó en un guion semiestructurado compuesto de preguntas cerradas y abiertas, y también de temas que incitasen la conversación. Ello permitió que las personas entrevistadas contestaran de manera concreta ciertas preguntas, profundizando conforme articulaban sus respuestas. En cuanto al análisis de las entrevistas, se realizó de manera manual. Se conceptualizaron las respuestas, estos conceptos se trataron como códigos y posteriormente los códigos fueron agrupados dentro de las principales categorías de análisis.

Esta investigación se desarrolló durante la pandemia del COVID-19, lo que implicó que estas entrevistas se realizaran a distancia a través del uso de plataformas digitales de videoconferencia como Google Meet. Si bien ocho entrevistas se transcribieron íntegramente, el análisis e interpretación se hizo de las 10 realizadas. Para proteger el anonimato de los participantes se asignaron seudónimos y todas las comunicaciones se realizaron exclusivamente a través de canales virtuales.

COMMUTERS Y FRONTERA PERFORMATIVA

Baja California, commuters y la seguridad fronteriza

En principio, es difícil contabilizar la población trabajadora transfronteriza de la región de Baja California. Esto se debe a que existen dos tipos de esta población: documentada e indocumentada. Según algunas estimaciones, en el año 2000 estos commuters constituían un 5.7 por ciento de la población económicamente activa de Tijuana (Escala Rabadán y Vega Briones, 2005). Posteriormente, Vega Briones (2016) utilizó datos de los Censos de Población y Vivienda de 2010 para contabilizar la población activa transfronteriza en el norte de México. De acuerdo con dicha fuente, se estimaba que un total de 11 706 personas vivían en Mexicali y trabajaban en los Estados Unidos, mientras que para la ciudad de Tijuana la cifra era de 29 303 personas en esta condición, es decir, menos del cinco por ciento de la población económicamente activa en ambas ciudades (Vega Briones, 2016).

De acuerdo con estudios más recientes (Coubès, 2008; Rocha Romero y Orraca Romano, 2018; Orraca Romano, 2023), los commuters de ciudades como Tijuana y Mexicali, al igual que los de otras ciudades fronterizas en el norte de México, se suelen insertar en trabajos de baja calificación, como por ejemplo la construcción y el servicio doméstico. Si bien sus salarios son inferiores a los de aquellos migrantes que ya se asentaron en Estados Unidos, son superiores a los ingresos de los trabajadores de dichas ciudades (Orraca Romano, 2015).

Así mismo, la ciudad de Tijuana cuenta con dos garitas, por un lado, la de San Ysidro, el puerto de entrada más transitado del mundo, en el condado de San Diego, ubicado en el costado oeste de la ciudad, cerca del centro, por donde pasan diariamente unas 90,000 personas por este puesto de control con destino a Estados Unidos; y por otro, la de Otay Mesa, al este de la ciudad, destinada principalmente al cruce comercial (Castañeda Pérez y Félix, 2020). Estos individuos que cruzan la frontera son un elemento integral de la actividad transfronteriza, como parte de la relación no solo territorial sino también asimétrica entre México y Estados Unidos (Herzog, 1990; Velasco Ortiz y Contreras Montellanos, 2014; Orraca Romano, 2015).

Por su parte, en Mexicali existen dos garitas, una del lado oeste, dentro de la zona centro, mientras que la segunda se encuentra del lado este. Según la Oficina de Estadísticas del Transporte de Estados Unidos, en el año 2021 se registraron un total de 18 021 132 cruces entre peatones y vehículos por ambas garitas, siendo más transitada la del lado oeste (Bureau of Transportation Statistics [BTS], 2021). Esto implica un promedio de 49 373 cruces diarios entre peatones y vehículos personales.

En esta región se generan y consolidan diversos tipos de vínculos entre las ciudades de ambos lados de la frontera, lo que permite pensar dicha región como una gran metrópolis transfronteriza (Alegría, 2000; Herzog, 1990), caracterizada por el flujo de mercancías, turistas, trabajadores y estudiantes (Alegría, 1990; Herzog, 1990; Orraca Romano, 2023). De esta relación de intercambios emergen sentidos característicos de estos lugares, como los de trabajadores transmigrantes (Alegría, 1990), transfronterizos (Ruiz Marrujo, 1995; Iglesias Prieto, 2014) o commuters. Estos actores pueden definirse como personas que viven de un lado de la frontera, generalmente del lado mexicano, y que trabajan del otro (Alegría, 1990; Orraca Romano, 2023), aunque a veces pueden desplazarse más allá de las localidades contiguas a la línea.

Esta población commuter cruza la garita internacional de forma cotidiana o esporádica por motivos laborales, y como se ha dicho, por lo general habita dentro de la región urbana fronteriza del norte de México. Se pueden identificar dos tipos de visitantes en esta zona: los que cuentan con la documentación necesaria para trabajar en Estados Unidos (ya sea pasaporte estadounidense, green card o permiso de trabajo), y los que cruzan mediante una visa de visitante temporal o Border Crossing Card (en adelante BCC).

Contar con una BCC otorga el derecho de ser elegible para cruzar a través de un puerto de entrada a lo largo de la frontera norte mexicana, como los que se hallan en ciudades como Tijuana o Mexicali, en Baja California. Poseer este documento suele ser un privilegio, debido a que son otorgados a discreción por el gobierno estadounidense, y con este se puede cruzar la frontera estadounidense y permanecer en ese país de manera temporal, lo que permite a sus usuarios acceder al consumo en el lado norte de la frontera, en particular de ropa, víveres, entretenimiento y otras mercancías. Dicho documento, sin embargo, establece claramente la prohibición de trabajar en Estados Unidos.

Este sector de la población ha sabido utilizar la frontera a su favor a lo largo del tiempo, al cruzarla de manera regular y establecer así una vida transfronteriza, especialmente al acceder al mercado laboral en Estados Unidos. Por un lado, se encuentran aquellos que están autorizados para trabajar en dicho país, al contar con la ciudadanía estadounidense o bien con una tarjeta de residente permanente, y por otro quienes, a pesar de no contar con la documentación adecuada, logran obtener un trabajo y asegurar un ingreso en dólares.

Es en este último grupo donde se centrará la atención, en particular en el tipo de estrategias, o, mejor dicho, actuaciones o performances que adoptan para cruzar dicha frontera y pasar desapercibidos ante las autoridades migratorias de Estados Unidos, especialmente a la luz de las políticas de creciente control fronterizo. En la mayoría de los casos se trata de personas que cruzan a pie o en carro para llegar a alguna de las ciudades del sur de California, no obstante, en algunas ocasiones ingresan a Estados Unidos mediante un aeropuerto, ya que su lugar de trabajo puede estar alejado de la región fronteriza del norte de México.

Los estudios sobre la población transfronteriza en la frontera norte de México tuvieron un auge en las últimas décadas del siglo XX y a principios del siglo XXI (Arámburo Vizcarra, 1987; Acuña González, 1988; Alegría, 1989, 1990, 2000; Herzog, 1990; Escala Rabadán y Vega Briones, 2005). En términos generales, estos trabajos se enfocaron en el impacto de los ingresos en dólares de los commuters en la economía de la región fronteriza, destacando las formas en que esta dinámica contribuyó a estimular la actividad laboral en el sur de Estados Unidos y cómo estos trabajadores invirtieran sus ingresos en México.

Posteriormente, estudios más recientes, como los de Orraca Romano (2015 y 2023), Vega Briones (2016), y Rocha Moreno y Orraca Romano (2018), han abundado sobre el análisis de dicha población. Sin embargo, en estos y en las anteriores investigaciones prevalece en buena medida una óptica cuantitativa, sin una reflexión específica acerca de la experiencia vivida de cruzar la frontera, ni sobre cómo se articulan distintas estrategias para cruzarla. No obstante, la obra de Chávez (2016) constituye una contribución singular en esa dirección, al elaborar un análisis cualitativo exhaustivo sobre esta población, enfocado en la región Tijuana-San Diego.

Su indagación, basada en el uso de entrevistas e historias orales, permitió recrear las diversas estrategias empleadas por dichos trabajadores para el cruce fronterizo y su modificación a lo largo del tiempo, lo que hace posible advertir el carácter performativo tanto de esta población trabajadora transfronteriza como de esta frontera en sí. En principio, Chávez (2016) destaca dos momentos centrales en este proceso: en primer lugar, está el período que define como la era de las fronteras abiertas, antes del Operativo Guardián (Operation Gatekeeper) de 1994, y el segundo correspondería a la era de las fronteras cerradas, después de dicho operativo.

De hecho, en el contexto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la frontera del norte de México, particularmente el área de Tijuana y San Diego, había experimentado una mayor actividad comercial (Heyman, 2009). Empero, a pesar de la prosperidad económica de la región, también ha habido programas destinados a reducir los cruces indocumentados (Nevins, 2001). Uno de esos programas fue precisamente el Operativo Guardián, impulsado por el gobierno del entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton (1993-2001). En ese sentido, el significado que buscó impulsar esta operación es el de crisis, al caracterizar a la población migrante sin documentos como «ilegal» (Nevins, 2001).

En un primer momento, Chávez (2016) describe cómo los migrantes se reunían en un lugar llamado «el campo de futbol», en Tijuana, adyacente a la frontera, donde esperaban el momento indicado para cruzarla, o bien recurrían al servicio de polleros para llevar a cabo este cruce. Estos trabajadores hacían uso del ingenio y engañaban de diversas formas a los agentes de la patrulla fronteriza, o bien simplemente les indicaban que iban a trabajar con algún capataz específico en alguno de los campos de trabajo en el condado de San Diego, a quien los agentes conocían, permitiéndoseles el paso inmediatamente.

Empero, para el segundo momento, el de las fronteras cerradas, a partir de mediados de los años noventa, se empezó a hacer uso de las tarjetas de cruce fronterizo (BCC). Cuando tenían que cruzar a pie, los commuters3 procuraban escoger la fila que avanzara más rápido, pero también ubicaban la etnicidad y género de quien estuviera inspeccionando, ya que según los propios commuters entrevistados por Chávez (2016) los agentes de origen latino o asiático y las mujeres tendían a inspeccionar a los solicitantes con mayor detenimiento. En otras ocasiones, se recurría al uso de roles para cruzar la frontera, adoptando personajes como surfistas, o simplemente como empleados buscando comprar hamburguesas para sus compañeros de trabajo del lado mexicano. Uno de los entrevistados relata que incluso algunos agricultores del condado de San Diego realizaban fiestas para los agentes de la patrulla fronteriza con el propósito de que permitieran el cruce a sus trabajadores sin dificultarles el paso (Chávez, 2016).

Posterior a esta estrategia de creciente control fronterizo, el atentado terrorista en Nueva York del 11 de septiembre de 2001 pasaría a ser un factor central para la elaboración de políticas de migración y seguridad todavía más restrictivas en Estados Unidos. A partir de ese acontecimiento, se establecieron medidas que resultarían en un incremento del control, clasificación y vigilancia del flujo transfronterizo de mercancías, personas y sustancias ilícitas (Salter, 2004).

Un evento que agudizó esta situación ocurrió en 2018, cuando llegaron al estado de Baja California, en particular a las ciudades de Tijuana y Mexicali, las caravanas de migrantes de origen centroamericano buscando asilo en Estados Unidos (Contreras Delgado et al., 2021; París-Pombo y Varela-Huerta, 2022). Esto se sumó al intento del presidente estadounidense Donald Trump de promover diversas acciones que llevaron al endurecimiento de los procesos administrativos en materia migratoria, dificultando el acceso a la petición de refugio de quienes lo solicitaban. Así mismo, con la llegada de la pandemia de COVID-19, en el primer trimestre de 2020 se impusieron restricciones adicionales a los cruces fronterizos a través del llamado artículo 42, limitándolos solo a los considerados como esenciales, junto con los residentes permanentes y ciudadanos estadounidenses (Del Monte Madrigal, 2021).

Sentido, acto y cultura en el cruce fronterizo

Para poder apreciar las dimensiones culturales del cruce fronterizo que realizan los commuters de manera cotidiana se deben retomar algunos elementos de la teoría cultural. Si se parte de que la cultura remite al papel del significado en la sociedad (Reed y Adams, 2011), el uso de la cultura se refiere a las estructuras de significado compartidas entre los actores sociales en un tiempo y espacio determinados. Por ello, «el sentido es un sistema de significación desplegado por los actores para entender, describir explicar, evaluar, racionalizar, sacralizar, o de otra manera, capturar y ordenar el mundo a su alrededor» [traducción propia] (Reed y Adams, 2011, p. 250).

A su vez, será de utilidad la noción de performance social, el cual es definido como «el proceso social por el cual los actores, individuales o colectivos, despliegan ante otros el sentido de su situación social» [traducción propia] (Alexander 2011, p. 28). Así mismo, esta misma definición incluye los elementos que lo componen: a) sistemas de representación colectiva; b) actores; c) observadores o audiencia; d) medios de producción simbólica; e) el espacio o puesta en escena (mise-en-scène); y f) el poder social. La articulación exitosa de estos elementos es lo que se conoce como fusión o «el convencimiento de la audiencia» (Alexander, 2011).

A lo anterior hay que agregar que las representaciones colectivas son todas aquellas imágenes preconcebidas sobre la realidad que influyen en las orientaciones y justificaciones de las acciones propias y de los demás. Las personas apuntan a estas representaciones con el propósito de demostrar autenticidad ante otros individuos o colectivos. Sin embargo, la actuación no es únicamente verbal; en ella se hace uso tanto de utilería como de guiones que permiten expresar un sentido auténtico en un determinado espacio, ya sea social o institucional, si bien la interpretación del acto puede ser limitada cuando intervienen actores con mayor grado de poder interpretativo.

Por otro lado, Goffman (1997) explica que el performance social es una «actividad total de un participante dado en una ocasión dada que sirve para influir de algún modo sobre los otros participantes» (Goffman, 1997, p. 27). No obstante, la intención de influir sobre la otra persona hace que esta definición sea meramente utilitaria, es decir, un performance sería únicamente elaborado con un propósito en mente: influir en la percepción de la otra persona sobre uno mismo. Dentro de esta matriz conceptual se pueden encontrar nociones como las de máscara, frontstage y backstage (Goffman, 1997): la máscara remite al uso de roles específicos; el frontstage supone la expresión explícita del acto, lo que se dice y lo que se hace; mientras que el backstage es todo aquello que se oculta intencionalmente al receptor o a un público. De la misma manera, Hochschild (2012) señala que las acciones o actuaciones sociales tienen una parte superficial (el cuerpo y lo visible) y una profunda (la subjetividad emocional presente al momento de la actuación).

En cambio, la concepción de performance de Alexander (2011) pretende ser un concepto cuya matriz sea establecer un vínculo afectivo y auténtico ante una audiencia. Empero, se pueden encontrar líneas afines entre ambos conceptos. Para Goffman (1997), en el performance existe el equipamiento estandarizado, que es aquello que una persona usa para lograr influencia sobre la otra persona. Para Alexander (2011), esto mismo se encuentra en los medios de producción simbólica, pero la finalidad es distinta.

En el caso de los commuters en esta región fronteriza, ambos elementos son necesarios, puesto que la autenticidad es el sentido que estas personas buscan asumir. Presentarse como auténtica permite a la persona que realiza el cruce fronterizo influir sobre el agente migratorio (los agentes del Customs and Border Protection o CBP), con el fin de lograr su cometido: cruzar a Estados Unidos y mantener su empleo en dicho país. El incremento en la seguridad de estos puestos de control migratorio ha producido que el tránsito cotidiano haya experimentado aumentos significativos en el tiempo de espera para cruzar esta frontera, especialmente durante el período de la pandemia de COVID-19. Como resultado, los trabajadores transfronterizos adoptaron diversos repertorios para actuar de determinada forma ante los agentes del CBP, y con ello poder llegar a su lugar de destino (Chávez, 2011).

Esta población transfronteriza interactúa con los agentes migratorios de tal manera que se pueden generar conflictos sobre el significado del acto de cruzar a Estados Unidos. En un sentido analítico, el acto requiere la presentación de documentación e interacción cara a cara, en la que se articula el sentido de la acción (Alexander, 2011; Goffman, 1997). Como consecuencia, la interacción entre agentes del CBP y estos trabajadores transfronterizos se interpreta bajo una codificación binaria de la frontera en términos de inclusión/exclusión, es decir, se evalúa si estos commuters pueden ser admitidos en la sociedad estadounidense o no. Del mismo modo, esta codificación binaria remite en última instancia al dualismo propuesto por Alexander (2006) sobre lo sagrado y lo profano, manifestando diversas representaciones tras bambalinas en esta interacción.

En este sentido, los commuters procuran su acción a partir de una idealización (Goffman, 1997), la cual se refiere a la imagen interiorizada que se tiene sobre el trabajo en Estados Unidos. Por el lado de los commuters, esto significa apostar por lo que los agentes del CBP podrían percibir como un cruce auténtico, y que como resultado produce esta idealización. En términos de Goffman: «A medida que el individuo se presenta a los demás, su actuación tenderá a integrar y ejemplificar los valores aceptados oficialmente por la sociedad, en realidad mucho más que el comportamiento general» (Goffman, 1997, p. 47).

No obstante, el uso de esta idealización supone la existencia de una intención oculta por parte del commuter, cuya documentación le permite cruzar a Estados Unidos, pero no trabajar en ese país. Por ejemplo, en las primeras páginas de Instrucciones para cruzar la frontera, el escritor tijuanense Luis Humberto Crosthwaite (2002) expone, de manera satírica, diversas recomendaciones para el logro de este objetivo, como señalar que se quiere cruzar la frontera para lavar la ropa sucia del otro lado porque el agua de Estados Unidos es más limpia. Esto es un ejemplo que muestra una estructura de significados y que ilustra la idealización que se puede elaborar para poder ingresar a Estados Unidos, algo que también documentó la investigación de Chávez (2016).

Según Alexander (2006), estas ideas sobre los Estados Unidos pueden ser también una representación colectiva basada en códigos sobre la esfera de lo civil, de ahí que, siguiendo lo señalado por Goffman (1997), idealizar Estados Unidos puede ser un recurso creíble, pero debe ir acompañado de artefactos o utilería (en el ejemplo anterior de Crosthwaite, habría que llevar la canasta de ropa sucia para sustentar la versión de la persona que va a cruzar la frontera). En términos de Alexander (2011), un performance necesita medios de producción simbólica para comunicar el significado de la acción, por ejemplo, en ocasiones se puede hacer referencia a la pulcritud, sacralidad e incorruptibilidad del vecino país del norte, para convencer de esta manera a los agentes del CBP.

Como parte de los recursos que utilizan los actores en su interacción durante el cruce fronterizo, los agentes del CBP usan su equipo estandarizado: uniforme, bastón, equipo de protección, armas 10 letales y no letales. Por su parte, los trabajadores transfronterizos portan también sus medios de producción simbólica: ropa de civil, una mochila en la que llevan diversas pertenencias, dinero u otros, pero sobre todo su BCC, junto con otros documentos de identificación, que acrediten que se trata de un visitante auténtico.

La frontera performativa: actores y presentaciones

Con base en lo anterior, es posible decir que la frontera presenta una dimensión performativa. Esto quiere decir que, para legitimar la presencia de una frontera geopolítica, es necesario que esta misma sea dramatizada. Esto implica el uso de relatos, códigos y utilerías que apunten hacia la legitimación del drama como real, natural y necesario. En la concepción performativa, se construye la necesidad de actuar auténticamente el binario adentro y afuera. Para que estas dimensiones sean legítimas, es necesario, primeramente, que se despliegue un performance que brinde sentido a dicha clasificación binaria.

Alexander (2011) examina la necesidad del performance como un acto teatral que legitima las estructuras culturales, que para nuestro caso resulta de utilidad ya que permite ilustrar el cruce fronterizo no solo desde la interacción social, como se vio con Goffman (1997), sino desde las estructuras de significado (Rambo, 1999) que impulsan las acciones sociales. El propósito de esta conceptualización es vincular dialécticamente al individuo con la sociedad, y de esta manera generar una imagen amplia de la acción social.

Esta noción de Alexander (2006 y 2011) es una propiedad emergente de significado que remite a la moral de la sociedad. La estructura de cultura se liga a la acción en términos simbólicos, que es similar a lo planteado por el interaccionismo simbólico, pero esta noción busca ir más allá de la interacción. En ese sentido, «las personas ven el mundo desde una red de intereses interseccionados que se extienden más allá de las circunstancias de su interacción» [traducción propia] (Rambo, 1999, p. 338).

Para Alexander (2011), los elementos que componen un performance se encuentran dispersos en las sociedades modernas, por lo tanto, la eficacia de un performance para comunicar un significado se da cuando es percibido como auténtico. La autenticidad es algo que la audiencia percibe (Alexander 2011), y con ello se logra la fusión entre la audiencia y el acto. Alexander (2011) indica que a la combinación exitosa y auténtica de las partes del performance se le denomina fusión, pero también estos elementos pueden ser des-fusionados al intervenir poderes sociales con mayor legitimidad. Sin embargo, para el caso examinado, la fusión en este contexto es un tanto volátil, puesto que se trata de un espacio fronterizo donde se ejerce el poder de interpretación que pretende imponer, componer o hasta descomponer los actos dramáticos (Alexander, 2011); la fusión se logra al articular de manera efectiva y auténtica cada elemento del performance.

Ahora bien, cuando las personas actúan ante una audiencia en específico, siguen un papel que permite construir eficazmente la autenticidad del significado. Cuando es auténtico, el papel se fusiona con la persona que lo actúa, y a esto se le denomina catexis (Alexander, 2011). Esto es evidente cuando, al momento de querer cruzar la frontera, los commuters necesitan presentarse como creíbles ante la postura, en ocasiones intimidante, de los agentes del CBP. La actuación, al ser interpretada como auténtica, dota de sentido la acción de este cruce fronterizo.

De esta manera, la frontera se performativiza, es decir, se encuentra en constante actuación y en disputa por el sentido. En sí, las representaciones colectivas referentes a la frontera suelen aludir a la posibilidad de acceder a las riquezas de la nación estadounidense,4 idealizando de esta manera (Goffman, 1997) la intención de cruzar. Dicha intención de pasar a Estados Unidos corresponde a la motivación de la acción de cruzar esta frontera, misma que alude a un proyecto que el commuter se ha imaginado y por lo tanto impulsa su acción (Reed, 2011).

Pero también a todo performance corresponde un contra performance, en este caso por parte de un agente fronterizo, cuando hace uso del poder de interpretación (Alexander, 2011) otorgado por la institución a la que sirve. Es decir, el agente puede reaccionar de manera adversa al performance de cruce del commuter, y en consecuencia puede sancionar y descalificar dicho performance. Por ello, señalar el carácter performativo de la frontera permite interpretar el panorama de sentido de este contexto y las acciones de los sujetos que la recorren, en el cual se hacen manifiestas las causas, pero también las consecuencias, que implica cruzar cotidianamente una zona altamente vigilada como lo es la frontera de México con Estados Unidos.

De esta forma, esta dimensión performativa permite examinar precisamente toda acción y experiencia de cruzar la línea divisoria internacional entre México y Estados Unidos, lo cual, a su vez, posibilita comprender la performatividad desde sus componentes microsociales, como la fachada, la idealización, y el equipamiento de signos (Goffman, 1997), al igual que sus componentes macrosociales, como serían las representaciones colectivas de la vida social. De esta manera, se pueden apreciar las complejas redes de sentido y el control sobre los recursos simbólicos (Alexander y Smith, 2019; Rambo, 1999).

Performances de presentación en el cruce fronterizo

Los performances de presentación son principalmente simulaciones de eventos o situaciones importantes, como mantener una relación amorosa ficticia o hacer planes falsos de vacaciones. Para desarrollar exitosamente un performance de este tipo se deben proyectar con anticipación los posibles escenarios de conflicto y sus soluciones, esto es, la agencia práctico-evaluativa (Emirbayer y Mische, 1998). Se trata de una estrategia ante la posible intimidación, es decir, una gestión emocional (Hochschild, 2012) que permita controlar la ansiedad.

Por ejemplo, «Mary»,5 quien cruza hacia Estados Unidos para trabajar en un área rural podando y piscando cogollos de marihuana, se asume como una turista cuando planea cruzar la frontera México-Estados Unidos. Ella cruza una vez al año y permanece en dicho país períodos no menores a cuatro meses. Su acto de simulación como turista le ayuda a relatar que su motivo de visita es vacacional, lo que se sostiene gracias a que parte de su familia vive en Anaheim, California. Ella puede pasar por auténtico dicho motivo, como ella lo comenta:

Porque me voy de vacaciones. Entonces, obviamente, si te vas de vacaciones, vas a traer tus mejores uñas, ¿me entiendes?... Bueno, generalmente uso ropa limpia y me veo muy bien. Me llevo mi maleta. Si te ven cruzando con tus botas de trabajo, te dirán: «oye, ¿a dónde vas?», si te vas de vacaciones, «¿por qué llevas botas?», ¿sabes a lo que me refiero?… Bueno, tengo la mente programada para ir de vacaciones. Me preparo mentalmente y decido en mi cabeza irme de vacaciones. (Mujer commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

«Programarse mentalmente» para ir de vacaciones supone establecer una fuerte gestión emocional que ponga su actuar superficial a la par de su actuar en profundidad, el cual comunica el sentido de un plan vacacional. El concepto goffmaniano de la máscara supone entonces la de un visitante, y moviliza un equipamiento de signos a través de su equipaje y un proyecto vacacional, una simulación que es parte de los performances de presentación. La agencia en este caso es proyectiva, que refiere a imaginarse, en sus acciones, hacia el futuro (Emirbayer y Mische, 1998). Esto también lo ilustra «Rodrigo», commuter que radica en Mexicali, en el siguiente testimonio:

Bueno, obviamente tengo amigos por allá, así que imagina, también tengo amigos acá. Si miran mi historia [los agentes fronterizos], he estado yendo desde que era un niño de seis, siete años, y voy a Seeley [California] de vez en cuando. También tengo amigos allí desde la infancia. Me voy con un amigo por unos días, y aparentemente no se requiere permiso. Está a 15 minutos. Solo hay una cama [en casa de mi amigo], así que traigo un futón. Hay que saber las preguntas y qué decir, ¿sabes? (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

En este testimonio, Rodrigo destaca que señalar sus amistades al otro lado de la frontera cuando va a cruzar a Estados Unidos le da credibilidad a su presentación. Cuando responde que tiene rato de conocer a una persona que vive en una ciudad estadounidense cercana a Mexicali, sumado a que carga con su equipaje, un colchón o futón, y una maleta, le permite ser percibido como auténtico en su performance, en especial porque lleva los medios de producción simbólica (o equipamiento estandarizado) necesarios para proyectar el sentido deseado. Hacer uso de la máscara del visitante, como se menciona anteriormente, permite pasar como un transfronterizo «deseable».

Para otro entrevistado, «Fernando», commuter de Tijuana, los performances también se elaboran con ayuda de la tecnología. Por ejemplo, él siempre se apoya en su teléfono inteligente, al igual que Mary, para desaparecer toda evidencia suya en Estados Unidos.

Elimino cualquier cosa sospechosa, ¡buum!, borro las fotos tomadas aquí [en Estados Unidos] y también borro las publicaciones de las redes sociales. Porque varias veces me pidieron el celular, sí me lo han revisado, sobre todo hay que tener en cuenta lo que me pueden preguntar, y tener en cuenta la respuesta, es el proceso que hago. (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

En estos casos mentalizarse supone mantener la compostura, lo que concuerda con los hallazgos por parte de Chávez (2016). Sin embargo, de lo que se trata es de mantener la compostura en concordancia con la historia contada. Por ejemplo, borrar el rastro digital en Estados Unidos, salvo los momentos en los que se cruzó sin razones de trabajo, ayuda a mantener dicha compostura. El punto es hacer de la performatividad una estrategia que haga creíble el cruce a Estados Unidos, de modo que las emociones se logren manejar y no permitan que el nerviosismo se exprese en los gestos faciales.

El teléfono inteligente forma parte de los medios de producción simbólica (Alexander, 2011) que contribuyen a posicionar el performance más cerca de la fusión, ya que ayuda a persuadir al agente migratorio de la legitimidad de las razones del cruce fronterizo. Rodrigo recuerda una ocasión en la que construyó una relación ficticia con una amiga, a través de mensajes previos:

me quedé un tiempo en Mexicali wey, o sea, yo me quedé como dos semanas. En esas dos semanas que me quedé, pues había mensajes [en mi teléfono] de «hey, ¿qué haces Alex?», «no, pues estoy pisteando con mis compas». Había mensajes de peda y esto, y como había de todo, como no era como noviazgo realmente lo que teníamos, siempre era como que «ah, de nada wey, ¿y tú?», y esto, de compas, ¿sabes cómo?, pero también hacíamos mensajes románticos para que quedara algún registro romántico, por si acaso. (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

Rodrigo también recuerda otra ocasión en la que cruzó por la garita de Tijuana-San Ysidro, unos meses antes de la pandemia, cuando estuvo enviando constantemente mensajes a una muchacha que conoció en Los Ángeles, con la que había establecido previamente esa fachada, en donde presentaba un noviazgo comprometido, de tal manera que pudiese pasar desapercibido en la inspección de las garitas.

Tienes que saber que tienes que planearlo de todas formas, no le tienes que hacer como de «ah, wey, no pasa nada». Está bien, me sirvió porque obviamente cuando llegué a sacar el permiso [de internamiento], y ya enseñé la documentación, mi nómina, así es un poco más fácil. «¿A dónde vas?», «a Los Ángeles», «¿a qué?», «a ver a mi novia y a ver a un amigo», «¿y cómo se llama tu novia?», ¡pum!, «¿cómo se llama tu amigo?», ¡pum!, y ya cotorreando con el migra, y «ah, a huevo, una gringuita, para que me saque papeles» y acá, y ya, ¡pum!, el permiso, y obviamente ya wey, sientes el bajón, ¿no?, uff, ya la hiciste. (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

«El bajón» al que se refiere Rodrigo es la sensación de desprenderse del estrés de presentarse ante un agente migratorio al momento de solicitar su permiso de internamiento. Rodrigo utilizó la fachada descrita y elaboró estrategias que le permitieron evadir ser reconocido como un trabajador transfronterizo indocumentado. Al momento de interactuar con un agente hace referencia a dicha simulación, a algo que no es real, incluyendo las evidencias que presenta.

En ese sentido, para estos trabajadores transfronterizos cruzar la frontera supone un plan, y en estos planes se necesitan guiones que contribuyan a la construcción de una máscara que les permita presentarse como una persona de bajo riesgo. Los guiones son necesarios para elaborar un performance, ya que establecen la relación entre la autenticidad y el reconocimiento, por lo tanto, mantener los guiones adecuados permite llevar a cabo este cruce a Estados Unidos sin problema. Al respecto, Fernando relata su experiencia en el aeropuerto al llegar a ese país:

Entonces haz de cuenta que siempre estuvimos con él [su acompañante] y estuvimos así como que conversando, de que «ok, si [los agentes de migración] nos preguntan esto, pues vamos a contestar esto», así como haciendo respuestas similares, pues para que nadie diga una tontada, y ya que llegamos a migración en el aeropuerto a los dos nos pasan a segunda revisión, y ya después me hablan a mí y me preguntan para dónde voy, bueno, «¿que qué voy a hacer aquí?», porque me dijo: «¿tú a qué vienes?», y yo le dije: «yo vengo de vacaciones», y ya me dijo: «¿cuándo fue la última vez que cruzaste?», me preguntó, entonces yo le dije, porque en ese momento sí recordaba qué fecha era, porque tenía yo un permiso [de internamiento]. (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

Fernando hizo uso de los performances que anteriormente había implementado, como mantener información que muestre que reside en México, al utilizar los datos de un permiso previo de internamiento. Así mismo, el ponerse de acuerdo con su acompañante respecto de las posibles respuestas que pudiesen brindar ante los agentes de migración de Estados Unidos busca asegurar su apego al guion planeado. Cruzar por los aeropuertos fue una estrategia que utilizaron tanto Fernando como Mary, testimonio previamente señalado, debido a que la pandemia por COVID-19 llevó a que el gobierno estadounidense implementara restricciones a los cruces fronterizos terrestres. Este recurso era razonable para aquellos que buscaban quedarse a trabajar por temporadas de varios meses, ya que así se justificaría el gasto de dinero, tiempo y esfuerzo en el uso de los aeropuertos para ingresar y trabajar en Estados Unidos.

Lo anterior es una clara evidencia de la dimensión proyectiva de la agencia, ya que la manera de visualizar y premeditar las preguntas, así como sus posibles respuestas, ayudan a mantener la autenticidad del performance. Sin embargo, es necesario desarrollar una buena gestión emocional para no caer en el nerviosismo y la contradicción, lo que llega a ocurrir cuando se presenta una ansiedad de reconocimiento, llevando al commuter incluso a la confesión de sus motivos.

Ansiedad de reconocimiento en la frontera

De acuerdo con Salter (2006), el miedo es un elemento utilizado por los funcionarios de aduanas e inmigración durante la realización de un registro con el fin de inducir un episodio de ansiedad en los commuters. Reed (2020) también apunta algo similar, lo que denomina ansiedad de autoría, en el momento en que un individuo puede no ser debidamente acreditado por sus acciones o bien puede ser confundido con las acciones de otro.

Este tipo de ansiedad se vuelve evidente cuando se cruza por primera vez una frontera como la de México y Estados Unidos, dada la diferencia y asimetría existentes entre ambos países y los controles fronterizos existentes. Mary recuerda que la primera ocasión que cruzó por un aeropuerto para ir a trabajar en dicho país la invadió una ansiedad que casi hace que la reconozcan como commuter indeseable. Ella menciona que utilizó el aeropuerto de Los Ángeles, puesto que con la pandemia las fronteras terrestres estaban cerradas. Sin embargo, descubrió que podía llegar por avión.

Pues yo desde que me desperté ese día, me desperté ansiosa porque era la primera vez que iba a llegar al aeropuerto de Los Ángeles, y siento que en el aeropuerto como que son más estrictos. Como que en las garitas es tanta gente que pasa, como que no le toman la atención como en el aeropuerto, eso siento. Entonces, bueno, total, desde que me desperté, sí me desperté como un poco ansiosa. Obviamente siempre que me voy pues es el miedo a que me regresen o que me quiten la visa. (Mujer commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

Ella comenta también sobre la sensación de vigilancia que tuvo en ese lugar, que le incomodó bastante y era inevitable no sentir. Sin embargo, cruzó la frontera de forma regular, en fechas similares, debido a que su estrategia se basa en cruzar una vez al año, permanecer por una temporada en Estados Unidos, y regresar al concluir el trabajo que haya realizado.

Porque normalmente siempre me voy en las mismas fechas. Entonces en el registro está que yo voy en esas fechas. Siempre cruzo la última semana de septiembre más o menos, y justo en mi pasaporte pues ahí se ve. De hecho, dos años entré el mismo día, en la misma fecha, pero con un año de diferencia, entré en el mismo día. Entonces, pues no sé, entre más paso más nervio me da el pasar. (Mujer commuter, comunicación personal, marzo de 2022).

Esto contribuye a su ansiedad de reconocimiento, puesto que su percepción es que, a través de los sistemas de vigilancia fronteriza, algún agente migratorio pudiese tener una sospecha razonable sobre su actividad de cruce, y con ello sobre su performance. Si bien esto no ha sucedido anteriormente, para ella es un escenario posible en el cual, entre más veces cruce de la misma manera, mayores serán las probabilidades de ser reconocida.

Esta ansiedad llega a ser disparada por eventos específicos. Por ejemplo, Fernando señala una situación en donde experimentó algunas de las técnicas de intimidación de los oficiales del CBP, lo que le ayudó a conocer su forma de actuar y mantener la compostura ante tal interrogatorio. En el siguiente segmento se ilustran algunas de estas técnicas, junto con la importancia de mantener la compostura requerida:

[El agente] me pidió mis documentos, se los mostré y también me pidió mi celular. Me preguntó cosas que no eran relevantes porque el teléfono no era mío, era de mi hermano. Entonces tenía varios documentos y fotos de documentos de migración en mi celular, bueno, cuando el oficial lo miró vio mis fotos, y de hecho también vio visas vencidas y cosas así. No me creyó por lo que acababa de ver, hasta que sentí que yo estaba aguantando bien y que no me veía súper nervioso, sí, estaba nervioso, obviamente estaba nervioso, pero me controlé, [hasta] que me dijo «ok» cuando supo lo que yo estaba respondiendo, y se nota, pues su mirada no se desvía. Porque siempre lo miré a los ojos, y me convenía, como que estaba en mi cabeza, quiero que deje de hablar, porque bueno, le quiero contestar, porque bueno, lo que le quiero contestar tiene sentido. Y al rato, bueno, como que estaba convencido. (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

Esta intimidación ilustra lo que Salter (2006) señala sobre el uso de la ansiedad para que los transeúntes confiesen su actividad ilegal. Este encuentro le permitió a Fernando conocer más adelante lo que puede y no puede hacer ante el agente del CBP cuando lo están cuestionando. También entiende que su actuación debe brindar continuidad ante el interrogatorio. Otro entrevistado, «Mario», recuerda una ocasión en la que experimentó lo que describe como un ataque de pánico:

yo estaba el día anterior [al cruce], estaba manejando y tuve una especie de ataque de pánico, no sé si fue un ataque de pánico, pero así es como lo describiría, y fue todo ese día. Y después de eso, bueno, hice fila [en el cruce fronterizo], mucho tiempo, y todo el tiempo estaba muy ansioso, muy ansioso, pero desde la primera vez yo he tenido una técnica. Tenía una buena técnica para el cruce, iba bien arregladito, daba excusas tontas y era muy amable, y siempre le sonreía al chico [del CBP]. Entonces, esa fue mi estrategia que probé la primera vez y pruebo cada vez y, y funciona, realmente funciona, pero esa vez sí me dio miedo. (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

De esa manera la ansiedad, una parte inevitable del cruce fronterizo, puede ser minimizada a tal grado que sea casi imperceptible, o bien, reconocerla para mantener la compostura. Esta habilidad que desarrollan los commuters se vuelve fundamental para lograr el manejo de la impresión (impressionmanagement) (Goffman, 1997), que es, a su vez, una gestión emocional (Hochschild, 2012) con la cual los commuters logran presentarse ante los agentes de aduanas de Estados Unidos.

Frontera performativa

Por otro lado, los performances que se producen a nivel macrosocial son necesarios para la construcción de una frontera. Una frontera performativa es, en este caso, una puesta en escena (Alexander, 2011), un material expresivo (Reed, 2020) que se plasma en documentos oficiales, en las formas de habla, o bien en las actitudes; pero también es una manera de hacer evidente la diferencia entre dos naciones. En ese sentido, lo que es necesario para el mantenimiento de una frontera geopolítica es la perpetua ejecución del sentido incorporado entre quienes la atraviesan.

De cierta manera, las acciones presentacionales, como las de los sujetos antes referidos, se derivan de la performatividad de la frontera. Pero esto no es lo único: las motivaciones, las experiencias, la comparación y exposición al vecino país del norte son una manera de crear representaciones colectivas. Así mismo, el gobierno estadounidense hace uso de utilería y otros medios de representación simbólica, como serían los dispositivos de vigilancia, que junto con sus agentes permiten expresar el sentido del performance de la frontera.

Dentro de la tríada de actores que propone Reed (2020) en una cadena de poder (rector, actor y alter), puede decirse que el alter sería aquel que se encuentra del otro lado de una frontera (geopolítica, social o simbólica), y por ello es leído como una posible amenaza a la seguridad nacional de determinado país. Por su parte, el rector es el encargado general del dominio, que logra agregar a otros sujetos a su proyecto, mientras que el actor se convierte en su agente específico de acción. Este último actuante se une al proyecto del rector en un acuerdo de llevarlo a cabo, el cual constituye la visión o fantasía que el rector sustenta como su visión ideal del mundo en el presente y en el futuro, como sería la política migratoria y de seguridad de dicha nación. De esta forma, encontrar alteridades dentro de la fila al cruzar a Estados Unidos es el trabajo del actor, es decir, el oficial de aduanas.

En el marco de su actividad transfronteriza, Mario, quien se dedicaba a la venta de herrería decorativa, recuerda una ocasión en la que le revisaron el carro al cruzar por Tijuana, después de preguntarle en la entrevista realizada si había notado diferencias antes y después de la primera elección de Donald Trump. Para él hubo un cambio evidente, con el incremento de la vigilancia y las medidas de disuasión del CBP, a raíz de la caravana de migrantes centroamericanos de 2018.

Yo antes cruzaba en media hora, 40 minutos, después con Donald Trump empecé a hacer una hora y media, cada vez que cruzaba me hacían más preguntas. Ya no era como eso de «hola, buenos días, dame tu visa y la chingada, ¿a dónde vas?, ¿algo que declarar?», se acabó, ya no era así. Ya me hacían más preguntas o me volvían a preguntar lo mismo que ya había respondido, o se quedaban callados, aplicaban esa técnica de me quedo callado para que tú sigas hablando y a ver si te delatas tú solo. Entonces sí se pusieron más las pilas. Aparte empecé a darme cuenta de que rotaban más constantemente a los empleados […]. Y sí, sí se pusieron más bravos, había muchísimos más perros en la línea, era mucho más común ver a agentes de la frontera, creo que se llama CBP, ¿no?, era muchísimo más común ya verlos armados, o que tú estuvieras en tu carro haciendo fila y que llegaran, no te pedían permiso, no te avisaban, llegaban bien altaneros nomás y le pegaban unos golpecitos a tu carro para ver cómo se escuchaba. Tú solo escuchabas el golpe y ya tenías a todos a tu alrededor, y ya no podías hacer nada, eso sí me parecía súper invasivo. (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

Obedecer a los agentes de la aduana estadounidense implica un ejercicio emocional. Mario relata que, en aquella ocasión, para mantener la calma estuvo escuchando música, ya que sabía que no llevaba nada ilegal en el carro, pero lo que le provocaba cierta molestia era el ser inspeccionado de esa manera; aunque la fuente de su nerviosismo era el hecho de saber que estaba realizando una actividad no permitida –trabajar en Estados Unidos con su visa de visitante temporal–. Este disgusto sitúa a Mario en una disputa de sentido (Reed, 2020) entre un rector (los agentes del CBP en representación y posesión del poder soberano del gobierno estadounidense) y un alter, en este caso, los commuters indocumentados.

Como se señaló anteriormente, al igual que Mario, son miles los commuters que viven en ciudades de Baja California y trabajan en diversas ciudades de California. Desde luego, el conflicto radica en la utilización de una BCC para fines distintos, con lo cual el commuter se convierte en un alter, un extranjero que rompe las reglas; con ello, los agentes fronterizos buscan detectar dichas violaciones. En esta interacción, siguiendo lo planteado por Reed (2020), el presidente estadounidense en turno sería el rector, el agente del CBP su actor, que busca ejecutar las órdenes que se le asignan, y personas como Mario serían un alter al que se busca detectar y remover.

Un ejemplo del acto de enfrentarse a un rector, al ser casi reconocido como commuter indocumentado, es la situación por la que pasó Fernando. Él tuvo un encuentro en donde fue interrogado por cinco agentes del CBP:

me acuerdo de que eran cinco migras. Una era mujer y cuatro hombres. Recuerdo que era en la oficina donde sacaban los permisos […], entonces yo me sentía presionado porque pues toda la gente [mirando] que yo estaba ahí con cinco migras, preguntándome varias cosas, ya después me pidieron los documentos, de hecho me dijeron que dónde trabajaba, yo les dije que en [el call center] Telvista; «¿cuánto tiempo llevas trabajando ahí?», «cinco años»; me dijeron «no, tú no trabajas en ese call center, porque aquí [en la computadora] me aparece que has estado trabajando aquí». «No, yo trabajo en Telvista», me dijeron: «¿tienes algún número de celular donde pueda marcar?», le dije: «sí, ahí están los documentos». […] Ya después fíjate que estuvo muy curioso porque en ese momento cambiaron de turno, porque llegó otro migra, pero este como que sí se veía que era buena onda, y ya les empezó a decir: «a ver, ¿qué está pasando?». (Hombre commuter, comunicación personal, marzo de 2022)

Manteniendo la compostura, agrupando sus documentos, haciéndolos parecer legítimos, recordando un número de teléfono de su antiguo trabajo, Fernando organizó los medios de producción simbólica que le permitieron la continuidad de su performance. Cuando se acompañaban de guiones como los de Fernando, estos documentos le permitían mantener la compostura al presentarse como un commuter auténtico, aunque sospechoso. Cada parte involucrada en este performance tiene la capacidad de creer o desacreditar el relato del otro. Durante la entrevista, Fernando comentaba que para hacerle frente al cuestionamiento de los agentes del CBP, él sabía que podía mencionar en qué tipo de negocio se encontraba trabajando, a pesar de que sabía que se trataba de una aseveración falsa. No obstante, agregaba que ya conocía esta clase de procedimientos, puesto que había experimentado situaciones similares anteriormente, lo cual le permitió mantener su estado emocional.

En este sentido, estos testimonios permiten advertir el carácter performativo de la frontera entre México y Estados Unidos, la cual aparece como un artefacto que utiliza aparatos institucionales –que incluye formas de interrogación, control y dominación por parte de la agencia de protección fronteriza–, con el fin de crear la ilusión de un espacio seguro, dramatizado en un simulacro, y con ello intenta disuadir y captar a los commuters indocumentados a través de percibir una actuación como inauténtica. Por su parte, los commuters buscan navegar este espacio, lo cual supone ajustarse, aunque sea momentáneamente, a las reglas y a las autoridades migratorias, buscando mostrarse como un sujeto auténtico que reconoce y se adhiere a las leyes y la cultura dominante de Estados Unidos.

CONCLUSIONES

En este artículo se presenta un análisis de corte culturalista de una de las dinámicas que prevalecen en la frontera entre México y Estados Unidos: las estrategias performativas que llevan a cabo los commuters indocumentados para cruzar la frontera y poder trabajar en el lado estadounidense. Para ello, la investigación se enfocó en trabajadores transfronterizos que radican en las ciudades de Tijuana y Mexicali, a partir de entrevistas y de la revisión de la bibliografía relativa tanto a dicha frontera como a la teoría cultural. Esta óptica teórica es fundamental para descifrar la complejidad de dichas dinámicas y no reducir las estrategias de estos trabajadores a cuestiones relativas a mercados de trabajo asimétricos.

Así mismo, se examina el carácter performativo de la frontera, que para el caso de la frontera entre las Californias y los commuters que viven y trabajan en la región supone que todo aquel que quiera ingresar a los Estados Unidos debe movilizar una serie de objetos, tanto simbólicos como materiales, que doten de autenticidad a sus acciones y con ello lograr su objetivo: cruzar hacia los Estados Unidos. De igual manera, cabe recordar que el significado de la acción social mantiene una connotación tanto utilitaria como afectiva, ya que la finalidad de dicha acción es influir en otras personas, como es el caso de los commuters que habitan en dicha frontera.

Tal como se señaló en la introducción, los performances de presentación expuestos en este trabajo se basan en diversas fuentes teóricas: los supuestos del interaccionismo simbólico, los axiomas sobre la teatralidad de la vida social, y una consideración de las emociones y la performatividad de la persona. Por su parte, la idea de la frontera performativa engloba los principios teóricos del poder, la cultura y la performatividad, junto con las premisas sobre las fronteras geopolíticas y su respectiva vigilancia.

En este sentido, es posible apreciar que la frontera geopolítica entre México y Estados Unidos es también una puesta en escena que se acompaña de un acto de fuerza simbólica producido por el Estado estadounidense. Para ello hace uso de leyes, dispositivos de vigilancia, agentes de inmigración, armas, chips biométricos y perros detectores de drogas para presentar la seguridad fronteriza como una razón de ser. En otras palabras, estos son los medios de producción simbólica que nos permiten seguir el guion de la crisis de seguridad implementado por el gobierno de Estados Unidos, en la frontera norte de México. Para el caso de los commuters que aquí se examinan, estos serían parte de dicha trama de crisis como resultado de la clasificación binaria resultante, que busca diferenciar a las personas transfronterizas «deseables» o «auténticas» de las «no deseables». El propósito de sus estrategias performativas es presentarse como parte de este primer grupo, como personas que cumplen con las normas migratorias establecidas, aunque saben que no pertenecen a la sociedad estadounidense.

Como se señaló previamente, lo que impulsa estas acciones presentacionales entre la población commuter examinada es el complejo sistema que utilizan los agentes del CBP para detectar a sujetos que estén incumpliendo las condiciones de su visa. Para los commuters indocumentados, cruzar a trabajar a Estados Unidos supone un momento de alta tensión: las estrategias de las personas entrevistadas circulan entre la evasión del reconocimiento y la gestión emocional para controlar la ansiedad, si bien, a pesar de la creación de guiones y simulaciones sobre sus motivos, mantienen una idealización sobre Estados Unidos.

La motivación para este tipo de movilidad es consecuencia de un proyecto que precisamente está dentro de la capacidad proyectiva de la agencia. Las motivaciones económicas sugieren que trabajar en los Estados Unidos siendo un commuter ayuda a la continuación de los planes establecidos subjetivamente, que por lo general se centran en una mejor calidad de vida familiar e individual. Todo proyecto tiene como base la fantasía (por ejemplo: mejor vivienda, mejor educación para los hijos, etcétera), y esa fantasía ayuda a la continuidad de la acción.

Por último, la ansiedad sobresale únicamente cuando estas personas se encuentran ante una situación que los enfrente. Esta ansiedad es la manifestación de la incertidumbre sobre su proyecto y sobre su vida, frente al uso del poder por parte de los agentes del CBP. En suma, este texto busca contribuir a un mayor conocimiento sobre los procesos involucrados en la presentación de la persona commuter en las garitas fronterizas de México y Estados Unidos y sus consecuencias.

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3En adelante, se utilizarán indistintamente los términos commuters y trabajadores transfronterizos para referir solamente a las personas que laboran en el lado estadounidense, pero que utilizan su BCC para el cruce fronterizo y que trabajan sin la documentación requerida.

4Crosthwaite (2002) apunta en su obra la necesidad de tener un motivo específico y creíble, como se mencionó anteriormente, para cruzar la frontera hacia Estados Unidos, como puede ser el lavar ropa porque el agua estadounidense es más limpia, o también el querer visitar «el lugar más feliz sobre la Tierra»: Disneylandia.

5Los nombres de las personas cuyos testimonios son utilizados en el texto son pseudónimos.

Recibido: 21 de Marzo de 2024; Aprobado: 01 de Julio de 2024

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