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Frontera norte

On-line version ISSN 2594-0260Print version ISSN 0187-7372

Frontera norte vol.17 n.33 México Jan./Jun. 2005

 

Reseñas bibliográficas

 

Border Oasis: Water and the Political Ecology of the Colorado River Delta, 1940-1975

 

Lawrence Douglas Taylor Hansen*

 

Evan R. Ward, Tucson, Arizona, University of Arizona Press, 2003, 208 pp.

 

*Profesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte. Dirección electrónica: ltaylor@colef.mx.

 

Hasta la fecha, los especialistas han dedicado relativamente poca atención a la investigación de la historia ambiental de la región fronteriza entre México y Estados Unidos. El gran desarrollo que esta región ha experimentado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha acelerado grandemente el proceso de la transformación y, en muchos casos, la destrucción de su ambiente. La disponibilidad y el abastecimiento de agua, en particular, se han convertido en elementos determinantes para el crecimiento de la región. A menos que se apliquen medidas adecuadas para conservar los recursos hidráulicos existentes en la región, sobre todo con respecto a los acuíferos subterráneos, o que se obtengan cantidades adicionales de agua de lugares más distantes por medio de transferencias en gran escala, las posibilidades para el desarrollo en el futuro son muy limitadas.

En la obra reseñada se examina la cuestión en torno a la distribución de agua del río Colorado entre México y Estados Unidos, de 1940 a 1975, que constituyó el período más conflictivo en las relaciones entre los dos países en lo que respecta a este asunto. También se analizan los impactos que tuvieron los proyectos hidráulicos emprendidos por la United States Bureau of Reclamation (USBR) para controlar el flujo del agua de la cuenca del río Colorado —comenzando con la construcción del canal All-American (Todo Americano) y las presas Boulder, Parker e Imperial en la décadas de 1930 y 1940— no sólo con respecto a las fluctuaciones en la cantidad y calidad del agua que México recibió de este sistema, sino también referente a la geografía y al ambiente natural de la región del delta.

En su introducción, Ward describe los límites y características de la zona del delta, a la que define como región binacional o integrada. La vemos a través de los ojos de William E. Smythe, quien, en su artículo titulado "An International Wedding", publicado en la revista Sunset en 1900, expresó sus ideas con respecto a las posibilidades para la transformación de la zona, por medio del riego, en una región agrícola altamente productiva. Este sueño se convirtió en realidad dos años después (1902) con el establecimiento de la Colorado River Land Company (CRLC), encabezada por los empresarios californianos Harrison Gray Otis y su yerno Harry Chandler. Ward describe la relación entre México y Estados Unidos durante este período inicial del desarrollo comercial de la región del delta como "una búsqueda bilateral hacia la independencia económica dentro del contexto de la interdependencia asimétrica". México dependía de la disposición de los estadunidenses —sobre todo a partir de las grandes construcciones hidráulicas de los treinta y cuarenta— para incrementar el volumen del agua que pasaba río abajo. Los granjeros del valle de Mexicali también dependían de Estados Unidos para conseguir el capital y la tecnología para el desarrollo económico de la región del delta en México, así como para protegerse de los daños causados por las inundaciones. Los granjeros del Valle Imperial, en cambio, para la obtención de una fuente de mano de obra barata, dependían de los mexicanos que cruzaban a través de la frontera en busca de trabajo.

Ward destaca el hecho de que, a pesar de las limitaciones en términos de recursos, el gobierno mexicano hizo todo lo posible para promover el desarrollo del valle de Mexicali. Vio esta estrategia como esencial para que el Distrito Norte de la Baja California pudiera alcanzar, con el tiempo, cierto grado de autosuficiencia económica. Esta política dio resultados particularmente durante la presidencia de Cárdenas, cuando el gobierno inició el proceso de expropiar y repartir los terrenos de la CRLC para poder facilitar la colonización del valle de Mexicali por mexicanos. El control sobre el abastecimiento de agua al valle fue resuelto, en gran parte, con la construcción de la presa Morelos (1948-1950), que evitó que los mexicanos tuvieran que pedir que los estadunidenses les dieran más agua en tiempos de sequía. Ward también examina la relación compleja entre los ataques filibusteros, el expansionismo estadunidense, así como las diversas propuestas que surgieron en Estados Unidos, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, en torno a la compra de Baja California. El gobierno de México consideraba que el desarrollo económico de la región, junto con su colonización y poblamiento con mexicanos, era la única manera eficaz para detener estas agresiones contra la soberanía nacional en esta zona.

El autor dedica la mayor parte del libro al problema de la salinidad en el valle de Mexicali. El problema, apunta Ward, se agudizó a principios de la década de 1960 con las obras que la USBR inició en el otoño de 1961 con el fin de sacar el agua de alta concentración salina de los terrenos del valle de Wellton-Mohawk, en el este del condado de Yuma, Arizona. El autor señala que existían diferencias entre las prioridades nacionales y regionales en torno al problema del agua proveniente del río Colorado. Los habitantes del valle de Mexicali, por ejemplo, no lo veían como un asunto internacional en términos de tratar de conseguir suficiente volumen de agua para México sino, más bien, con respecto a los cambios ecológicos provocados por el incremento de la salinidad del agua. El deterioro en la calidad del agua recibida alteró el sabor del agua potable; también repercutió en una disminución en la fertilidad de la tierra, así como en el tamaño y la calidad de la cosecha. Algunos agricultores se vieron obligados a cambiar el tipo de cultivos. Se descubrió, por ejemplo, que ciertos granos, como el trigo y la alfalfa, se mostraron más resistentes que el algodón, el cultivo principal y más rentable del valle de Mexicali.

Ward indica la manera en que los gobiernos de los dos países utilizaron los estudios científicos sobre el agua para apoyar sus posiciones respectivas. La USBR, influida fuertemente por las experiencias con las condiciones de salinidad del valle Wellton-Mohawk, mantuvo que el problema del agua del valle de Mexicali se derivaba del pobre sistema de drenaje en la región. En realidad, desde 1954, el gobierno mexicano había realizado considerable investigación sobre los problemas del drenaje de suelos con un alto grado de salinidad. Los científicos mexicanos, en cambio, opinaban que el incremento de la salinidad provocada por las obras del valle Wellton-Mohawk había sido el factor culminante en el proceso del deterioro de una porción de los suelos. El hecho de que el agua que México recibía ya no fuera adecuada para ciertos cultivos fue una evidencia muy clara de que la pobre calidad de agua influía directamente en la cantidad y calidad de las cosechas. Varios de los científicos estadunidenses que habían estudiado el problema también apoyaban la posición de México.

En agosto de 1973, el ex procurador general Herbert Brownell, designado por Nixon como embajador especial para resolver la crisis, junto con el secretario de Relaciones Exteriores de México, Emilio Rabasa, redactaron el acta 242 del Tratado Internacional de Aguas de 1944. El acta, que fue aprobada por el Congreso estadunidense en junio de 1975, obligó a la USBR a construir una planta desaladora en el condado de Yuma y un canal de drenaje para llevar el agua del valle Wellton-Mohawk al golfo de California directamente, evitando así que contaminara el agua del río Colorado utilizada por México. También prometía el apoyo técnico y financiero de Estados Unidos para restaurar la fecundidad de las propiedades rurales del valle de Mexicali. Ward hace notar que, si bien el acuerdo constituyó un paso sustancial hacia la resolución del problema de la salinidad del agua, la planta desaladora no se terminó de construir hasta 1992; además, el costo total del proyecto, incluyendo los programas de apoyo, fue de casi 1 000 millones de dólares. Hubiera costado mucho menos, el autor señala, si el gobierno federal hubiera tratado de mejorar el manejo del agua del condado de Yuma o, como alternativa, hubiera comprado los terrenos afectados por la salinidad en el valle Wellton-Mohawk. Además, el problema de los elevados índices de salinidad en el agua del río recibida por México ha perdurado hasta la fecha.

Ward hace que el lector se sienta en medio de la controversia y las disputas sobre la cuestión del agua al intercalar, a lo largo del texto, numerosos extractos de los testimonios y documentos de la época. También coloca el tema dentro de un contexto más global al incluir en un epílogo, como ejemplos para propósitos de comparación, la cuenca del río Bravo, el mar de Aral en Rusia y el río Jordan en el Medio Oriente. En breve, los lectores encontrarán en Border Oasis una herramienta muy útil para ampliar su conocimiento sobre la dinámica y la problemática de las regiones fronterizas.

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