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Sociológica (México)

On-line version ISSN 2007-8358Print version ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.38 n.108 Ciudad de México Jul./Dec. 2023  Epub Apr 12, 2024

 

Artículos de investigación

Impacto del Programa Centros de Impulso Social en la cohesión social en zonas marginadas de Guanajuato, México

The Impact of the Centers for Social Advancement Program on Social Cohesion in Guanajuato, Mexico Marginalized Areas

*Universidad de Guanajuato. Correo electrónico: <e.mosquedat@ugto.mx>.


RESUMEN

El objetivo del trabajo es conocer la influencia que tuvo el Programa Centros de Impulso Social del gobierno de Guanajuato en 2017 para aumentar la cohesión social de la población usuaria, implementado en zonas de alta marginación y pobreza. El estudio concluye que no existe una relación significativa entre la participación en el programa y poseer un nivel alto de cohesión social en comparación con los no usuarios, lo cual se explica en parte por la lógica del programa social. Se considera que la principal contribución del trabajo es que presenta una herramienta, el índice de cohesión social, para la evaluación de este tipo de programas que buscan incidir en este importante tema mundial.

PALABRAS CLAVE: política social; cohesión social; pobreza; índice

ABSTRACT

The aim of this article is to delve into the influence the Guanajuato government 2017 Centers for Social Advancement Program had on increasing social cohesion in the poor, highly marginalized areas it was implemented in. The study concludes that no significant relation can be drawn between participation and the existence of greater social cohesion compared to the places where it was not implemented. This can be explained in part by the dynamic of the social program itself. The author considers that the article’s main contribution is that it offers a tool, the social cohesion index, to evaluate these kinds of programs that aim to influence this topic of worldwide importance.

KEY WORDS: social policy; social cohesion; poverty; index

Introducción

El concepto de cohesión social tuvo una enorme atención en la discusión académica y en la esfera política en las últimas décadas (Schiefer y Van der Noll, 2017: 579; Chan, To y Chan, 2006: 273), debido a que en parte el concepto se convirtió en el discurso político en un eslogan mediante el cual se encaraba casi cualquier tema social de relevancia política (Schiefer y Van der Noll, 2017: 579), como el desempleo, la pobreza, la discriminación, la exclusión y la desigualdad (Chan, To y Chan, 2006: 288). Esto tuvo consecuencias para una definición científica del concepto de cohesión social, puesto que recibió la influencia de los posicionamientos políticos e ideológicos desde donde se le enuncia y se utiliza en la política pública (Dubet, 2013: 143).

Esta situación provocó que no exista una definición clara del concepto de cohesión social, variando enormemente entre autores (Aruqaj, 2023: 228; Schiefer y Van der Noll, 2017: 581; Dubet, 2013: 141; Mora, 2015: 59; Díaz, 2012: 40; Chan, To y Chan, 2006: 274; Friedkin, 2004: 410), sin que se pueda llegar a un consenso que permita la estandarización del concepto con fines de medición de los resultados de las políticas públicas implementadas para fortalecer la cohesión social desde fines del siglo XX (Chan, To y Chan, 2006: 273).

En opinión de Bottoni (2018: 835), en la literatura especializada existe poca atención por proveer de una definición de cohesión social rigurosa y empíricamente útil para la medición de este fenómeno. Sin embargo, podemos identificar algunas propuestas para precisar de manera clara y operativa la cohesión social (Schiefer y Van der Noll, 2017; Chan, To y Chan, 2006; Friedkin, 2004), así como para contar con instrumentos de medición científicos (Aruqaj, 2023; Bottoni, 2018; Muhuri y Basu, 2018).

Consideramos que la atención que ha recibido la cohesión social tiene su origen en dos fuentes: por una parte, la transformación que ha sufrido la política social a nivel mundial y en la región latinoamericana (Díaz, 2012) a partir de la profunda crisis económica de los años setenta (Cordera, 2008) y, por otra, a partir de lo que Dubet señala como una profunda transformación de los mecanismos mediante los cuales las sociedades contemporáneas se mantienen unidas, lo que él llamó la transición del paradigma de la integración social hacia el paradigma de la cohesión social (Dubet, 2013: 141).

La política social da un giro importante a finales del siglo XX, cuando la desigualdad social se profundizó con la grave crisis del capitalismo a nivel mundial en la década de los setenta coyuntura que cambió el modelo de acumulación capitalista. Las fuerzas del mercado deben ser libres para que se desarrollen y con ello se estimule el crecimiento económico, lo cual favorecería teóricamente, mediante el empleo y salarios, a todos los sectores de la sociedad. Esto significó el fin del Estado de bienestar en Europa, y para América Latina el fin de una economía mixta y del modelo de sustitución de importaciones. Se inauguró un nuevo orden social, que algunos denominaron como neoliberal (Escalante, 2022: 13, 99).

El resultado fue, para Cordera, claramente acorde a la lógica del capitalismo: “un empobrecimiento masivo y una mayor concentración del ingreso y la riqueza”. Este modelo de acumulación capitalista “provoca que los retos planteados a la cohesión social y nacional” no disminuyeran, sino que aumentaran (Cordera, 2000: 22). El Estado había sido debilitado en el nuevo modelo; en nombre del libre mercado se abandonó a su suerte a enormes masas de obreros y campesinos, condenándolos a la pobreza urbanizada, al desempleo, a la informalidad y a la migración forzada (Cordera, 2008: 214-215).

En este nuevo contexto se transforma el modelo de la política social en Europa y en América Latina. En el caso de Europa emerge la preocupación por aminorar la desigualdad económica y afrontar la creciente diversidad étnica y cultural producto de las migraciones globales (Schiefer y Van der Noll, 2017: 580). La atención sobre la cohesión social se extendería a América Latina a través de la cooperación internacional europea y organismos como el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)1 y la Unión Europea.2

La política social en sí se transformó por la redefinición del modelo de Estado y el régimen de bienestar (Díaz, 2012: 8); de esto da cuenta la emergencia de los programas de transferencias con corresponsabilidad focalizados durante los años noventa. El Estado dejó de ser el garante de la seguridad social como un derecho universal, aunque para el caso de México en los hechos la seguridad social fuera más bien de carácter estratificada, concentrando el acceso en la población urbana y formalmente empleada. Se pasa entonces de una protección social relativamente amplia del sector formal a través del subsidio de servicios públicos y prestaciones laborales, hacia una de tipo asistencialista focalizada dirigida principalmente a los sectores informales más desprotegidos y marginados, subsidiando el consumo, bajo la idea de que las transferencias monetarias condicionadas fomentarán la acumulación de capacidades que les permitirá salir de la pobreza (Díaz, 2012).

El impulso de los organismos internacionales al concepto de cohesión social como un elemento clave de la política social planetaria reside en que lo consideran fundamental para garantizar la estabilidad social (Landázuri, 2008:167-168; Mora, 2015: 22-26; CEPAL, 2007:14), porque reconocen que las fuerzas del mercado no solucionan los problemas sociales que provocan: la creciente desigualdad social y la marginación de amplios sectores de la población. Estas entidades recomendaron reforzar la política social para propiciar el desarrollo social, no sólo económico, que permita la continuidad del orden y evite la irrupción de movimientos contestatarios.3A partir de lo anterior, la importancia de este trabajo4 estriba en contribuir en el esfuerzo por avanzar en la operatividad del concepto de cohesión social a través de la construcción de un instrumento de medición, al tiempo de presentar un estudio sobre un programa que ejemplifica la vigente política social focalizada, esto en el estado de Guanajuato, denominado Centros de Impulso Social (CIS) para el desarrollo comunitario integral dirigido a zonas de atención prioritaria caracterizadas por una gran pobreza y marginación.

El objetivo es analizar si este programa CIS influyó o no en los niveles de cohesión social de los usuarios durante el año 2017. El principal aporte del documento radica en desarrollar una herramienta: el índice de cohesión social (ICS), útil no sólo en México sino en otras partes del mundo. El ICS está construido conceptualmente desde una perspectiva sociológica.

El trabajo responde a la siguiente pregunta de investigación: ¿Existe una relación significativa entre las acciones del Programa Centros de Impulso Social para el Desarrollo Comunitario Integral, implementado por el gobierno del estado de Guanajuato, y los niveles de cohesión social que presentó una muestra de los beneficiarios de dicho programa en el año 2017?

Nuestra hipótesis fue que el programa incidió positivamente en el nivel de cohesión social de la población beneficiaria, presentando una diferencia estadísticamente significativa respecto a la muestra de no beneficiarios, a pesar de que ambos grupos poseen una posición social similar. Lo anterior se sustenta en que el programa desplegó acciones para involucrar a sus usuarios en organizaciones para abordar los problemas sociales que les afectan y desarrollar una serie de actividades incrementando su cohesión social. Además, el programa se convirtió en una parte del espacio público; al igual que las organizaciones religiosas y deportivas brindan un escenario donde se refuerzan los vínculos sociales comunitarios y los lazos de solidaridad. El programa permite trascender el repliegue de los individuos sobre sí mismos en la esfera privada, ante los procesos desintegradores de la marginalidad del mercado laboral, la pobreza estructural y la violencia generada por el crimen organizado.

La construcción del ICS si hizo mediante el análisis factorial exploratorio por componentes principales. En este sentido la propuesta se realizó mediante un grupo de indicadores identificados teóricamente, medidos por una encuesta que fue aplicada a una muestra de la población beneficiaria y no beneficiaria de siete de los cuarenta y seis centros de impulso social que tenía el programa en operación en 2017. Con el ICS se analizó la relación entre la participación en el programa respecto al nivel de cohesión comparando los dos grupos, a través de la prueba t de "Student" para muestras independientes. La variable ICS se consideró como continua, con una distribución normal, y con la igualdad de varianza de medias, por tanto, aplica la utilización de esta prueba paramétrica (Knapp, 2017; Field, 2009).

En el primer apartado de este trabajo se presenta el contexto social que caracteriza al estado de Guanajuato, seguido de una breve presentación del programa social en cuestión; en el segundo se aborda cómo se construyó la propuesta del ICS, junto con la exposición de los elementos teóricos que lo conforman, y en el tercero se presentan los resultados de los análisis estadísticos con la prueba ya mencionada, los cuales se explican utilizando otros elementos del trabajo de campo. Se concluye con algunas reflexiones.

El contexto

Guanajuato es una de las entidades federativas con mayor generación de riqueza en el país debido a la actividad económica manufacturera, al turismo y las remesas, que en los últimos años lo ubican entre el séptimo y el sexto lugar en cuanto a su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) nacional (Araiza, 2020; Castañeda, 2017; Inegi, 2016). Su posición geográfica privilegiada en el país, además de un sindicalismo débil, la hacen un polo de atracción de inversiones millonarias,5 principalmente de compañías automotrices que también aprovechan las ventajas del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. Empresas de la talla de Ford, General Motors, Mazda, Honda y Michelin invirtieron en el estado, algunas con décadas de presencia, contribuyendo a un gran crecimiento económico de la entidad, incluso superior al promedio nacional en el periodo de 2004 a 2021: el crecimiento promedio anual del PIB nacional fue de 1.8 por ciento frente a un crecimiento promedio anual del PIB para Guanajuato de 2.6 por ciento (Inegi, 2022).

En contraste con esta enorme riqueza, las condiciones de la población guanajuatense no son las mejores. Uno de los problemas más importantes de la población es la inseguridad pública debido a la violencia ejercida principalmente por el crimen organizado, que se disputa el control del mercado de drogas ilegales y el robo de combustible, principalmente (Lorusso, 2019). Como indicador de la gravedad de la situación, el estado de Guanajuato encabezó a las entidades con mayor número de homicidios de todo el país durante tres años consecutivos: 2018, 2019 y 2020 (Infobae, 2021), en este último la cifra de homicidios (4964) fue 28 por ciento mayor a la del año anterior (3875), representando el 14 por ciento de los homicidios a nivel nacional (Sánchez y Osorio, 2021: 47).

Desafortunadamente, este fenómeno no es algo reciente en el estado, más bien es la consolidación de una tendencia creciente de este delito que tomó relevancia desde el año 2008 (301 homicidios), pero que comienza su tendencia alcista a partir de 2016 (con 1233 casos), desde entonces los homicidios no dejan de contarse por millares (Sánchez y Osorio, 2021: 47), ocupando siempre los primeros lugares de incidencia a nivel nacional.

El crimen organizado no sólo ha desatado un grado de violencia nunca visto en el estado por los homicidios entre bandas rivales, sino también mediante la desaparición de cientos de personas. Según cifras publicadas por el Colectivo Proyecto de Búsqueda, al corte de septiembre de 2022, en Guanajuato se encontraban desaparecidas más de tres mil quinientas personas, una cifra enorme en comparación con 2018, en el que sólo se habían reportado seiscientos veintiún casos (Medina, 2022). Los gobiernos no han reducido el problema, al contrario, sigue creciendo, es ya un fenómeno permanente en la vida cotidiana de los guanajuatenses.

Lo anterior obligó a que la sociedad civil se haya organizado en diferentes grupos de búsqueda del familiar desaparecido. Las madres encabezan el trabajo de búsqueda, y se han encontrado cientos de fosas clandestinas con los restos de desaparecidos. Según datos del medio digital PopLab, entre enero de 2009 y diciembre de 2020 se registraron doscientas treinta y cinco fosas clandestinas en el estado de Guanajuato, y se exhumaron cuatrocientos treinta y cuatro cuerpos en veintinueve municipios (PopLab, 2020).

Guanajuato también destaca por el nivel de pobreza y desigualdad social que sufre una gran parte de su población. Tiene un nivel de vida extremadamente bajo; por señalar un dato, la pobreza apenas ha variado desde el 2008, con el 44.1 por ciento de la población, respecto al 2020, con el 42.7 por ciento de la población en esa condición (Coneval, 2020). Es decir, para 2020 poco más de 2.6 millones de personas en el estado, de los seis millones que lo habitan, estaban imposibilitados para acceder a los bienes y servicios mínimos para una vida digna. Casi la mitad de la población se encuentra sumida en una pobreza estructural, dado que los esfuerzos gubernamentales con la enorme inversión social, y por otra parte los capitales extranjeros, no han bajado ese indicador de manera significativa.

Ante esta situación, no sorprende que los salarios en el estado sean extremadamente bajos; el salario promedio mensual en Guanajuato es de 4540 pesos (primer trimestre de 2023). El salario promedio es mucho más bajo si el trabajador está en el sector informal, con tan sólo 3,890 pesos mensuales (Secretaría de Economía, 2023). Esto es grave, porque el primero apenas sobrepasa la línea de pobreza urbana para junio de 2023, establecido en 4277 pesos mensuales (Coneval, 2023). Hay que subrayar que durante el primer trimestre de 2023 el 56% de los trabajadores en el estado está en la informalidad (Inegi, 2023), una estadística que no ha variado mucho, pues en el año 2000 se colocaba en 63 por ciento (Iplaneg, 2016). Es decir, la mayoría de la población económicamente activa se enfrenta a una situación laboral muy precaria y con salarios extremadamente bajos que no superan la línea de pobreza. La marginación y la pobreza es una característica estructural de una gran masa trabajadora en un estado posicionado en los primeros lugares de producción a nivel nacional.

El Programa de Centros de Impulso Social (CIS)

Los gobiernos de Guanajuato han buscado aliviar la situación de quienes tienen pocas posibilidades de acceder a una vida digna. El programa objeto de este estudio forma parte de esa respuesta, de ese intento de dar condiciones mínimas de vida a sus ciudadanos, además de garantizar cierta gobernabilidad. Si bien los registros oficiales del programa CIS ubican su inicio en el año 2012, su origen está en 1994, tras una década de crisis económicas en México. El predecesor del programa CIS se llamaba Fideicomiso para el Desarrollo Popular en Zonas Urbano Marginadas (Fidepo Zumar), que buscaba no sólo atender la pobreza, sino se definía como “un esfuerzo por constituir un modelo que permita atender efectivamente y a fondo tal problemática, […] que trascienda el concepto de crecimiento económico, que vaya más allá, hasta el hombre mismo, […] logrando su transformación interior y un cambio social que permita vivir con justicia” (Fidepo Zumar, en Landázuri, 2008: 170).

Es decir, no buscaba simplemente paliar la pobreza con apoyos o subsidios, sino constituirse en un mecanismo de desarrollo social local autogestivo de los habitantes de zonas marginadas, a través de “procesos permanentes de educación en la acción y organización, con la metodología de educación popular” (Programa ZUMAR FIDEPO, 2006). Este proceso de reeducación no formal se realizaría con el trabajo colectivo en organizaciones apropiadas por los ciudadanos, donde reconocieran las problemáticas colectivas e implementaran soluciones a través de proyectos, con la orientación de los profesionales del programa. El objetivo era fortalecer la cohesión social y la identidad, de tal manera que contribuyera al desarrollo social (Landázuri, 2008: 170-171).

El programa operaba en pocas colonias marginadas de las zonas urbanas en el estado. Surgió bajo el impulso del gobierno estatal, pero también estuvo integrado en su dirección e implementación por organizaciones civiles y académicas. En la práctica tenía la lógica de trabajo propia de una organización civil más que de un programa gubernamental, utilizando como instalaciones algunas casas particulares que rentaban para celebrar las reuniones, en las mismas colonias de intervención. El programa se caracterizó principalmente por el trabajo en campo, es decir, por la estrecha cercanía de los promotores con la dinámica de las colonias; algunos trabajos se realizaban en espacios de las mismas colonias (parques, iglesias, escuelas, etc.), contribuyendo a la formación de organizaciones propias (entrevista con funcionario del programa, 22 de julio de 2017, Silao).

A pesar de todo el esfuerzo, los resultados no fueron los esperados; en palabras de Landázuri los procesos de formación-organización de entidades autogestivas entre los beneficiarios del programa no lograron consolidarse. Los proyectos que intentaban revertir las condiciones de marginación y pobreza tuvieron un alcance muy limitado. Además, la autora identificó como una amenaza para el programa que éste fuera utilizado para satisfacer intereses electorales y se rigiera por una lógica paternalista (Landázuri, 2008: 190-191). A pesar de esto, desde entonces comenzó un proceso de institucionalización de la política social del estado.

El establecimiento de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano (Sedeshu), el 5 de diciembre de 2000, marcaría un paso importante en esa institucionalización (Gobierno del Estado de Guanajuato, 2022: 4). La política social del estado, en su construcción y evolución, recibió cierta influencia de la agenda internacional respecto a la cohesión social, pues bajo el gobierno de Miguel Márquez (2012-2018) se anunció la implementación desde la Sedeshu de la política social denominada Impulso Social, cuyos objetivos fueron: “Construir con los ciudadanos un tejido social sano, equitativo e incluyente, especialmente en las zonas con alto rezago social”, además, “incrementar los factores del desarrollo humano y social, y reducir la marginación” (Gobierno del Estado de Guanajuato, 2013: 57, 59). Ya se alude a la cohesión social, que desde entonces estará presente en el discurso y programas oficiales del estado. Se destaca la asociación entre la cohesión social y el desarrollo. Bajo esta política social apareció el CIS.6

En concreto, el programa CIS realiza las siguientes actividades: 1) Recreativas y de esparcimiento, como zumba, aeróbics, baile, artes marciales, etcétera. 2) Capacitación para el trabajo, a través de cursos y talleres dirigidos a amas de casa y desempleados. 3) Servicios de atención de salud, mental y odontológica, en determinados centros. 4) Celebraciones cívicas y religiosas: día del niño, día de la madre, día de muertos, posadas, entre otras. 5) Fomento de organizaciones y redes vecinales con miras a la atención de los problemas que aquejan a la colonia. 6) Finalmente, es una ventanilla para diversos trámites, como la gestión de becas, materiales de construcción, créditos productivos, apoyos a la tercera edad, despensas, cobijas, por mencionar algunos. Con este conjunto de actividades, el programa CIS combate lo que llama el “desmembramiento del tejido social” (Sedeshu, 2015: 21).

Metodología

En 2017, el programa CIS carecía de los insumos necesarios para realizar una evaluación, debido a que desde su conformación en 2012 no se construyó una línea basal, tampoco se estableció un grupo de intervención y otro de control que fueran similares, a través de un proceso aleatorio, ni se realizó seguimiento bajo estos supuestos. Todo ello son condiciones señaladas por Cortés, Escobar y González (2008) como mínimas de un análisis para conocer el impacto de un programa, mediante un estudio de carácter cuasiexperimental, pero no estaban presentes.

Fue necesario ajustarse a esta situación, siempre procurando seguir la lógica de investigación marcada por Cortés, Escobar y González (2008). El trabajo de campo se estructuró en dos etapas: 1) la aplicación de una encuesta a una muestra amplia de la población objetivo, y 2) la aplicación de ciento nueve entrevistas semiestructuradas a ésta y a miembros de la administración del programa además de doce grupos de discusión, durante los meses de febrero a octubre de 2017. Se establecieron dos grupos de estudio, uno de usuarios del programa para compararlo con uno de no usuarios. Los grupos se integraron bajo la condición de que vivieran en las mismas zonas de influencia donde se desplegó el programa, con la intención de que tuvieran similitudes estructurales. Todo ello esto con el apoyo del padrón de usuarios del programa. La observación y comparación de estos grupos nos permitió subsanar, parcialmente, las carencias para realizar el estudio.

La selección de la muestra fue de tipo intencional y en etapas; el tamaño se calculó estadísticamente. La primera etapa de selección fue por conglomerados, considerando todas las instalaciones municipales de los CIS en el estado. El cálculo arrojó veintidós establecimientos municipales CIS, de los cuarenta y seis estaban en funcionamiento en 2017; sin embargo, decidimos trabajar con sólo siete centros ubicados en el mismo número de municipios debido a limitaciones de recursos. Estos centros fueron elegidos con la mayor variedad posible de contextos sociales, geográficos y económicos, utilizando indicadores de pobreza y el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

En la segunda etapa de selección de la muestra se identificaron las unidades de análisis, tomando como referencia los hogares. El criterio de selección fue que las unidades de análisis estarían conformadas por al menos un beneficiario o no beneficiario del programa, cuyas características estructurales fueran lo más parecidas posible. En el cuadro 1 se presenta la muestra.

Cuadro 1 Tamaño de la muestra 

Municipio CIS Número de beneficiados directos Sexo Tamaño de la muestra* Tamaño de la muestra ajustada** Tamaño total de la muestra beneficiarios y no beneficiarios por CIS
H M
León Presitas 1008 203 805 39 39 78
Silao Los Espárragos 770 75 695 30 30 60
Dolores Hidalgo Lindavista 1520 282 1238 59 59 118
Celaya Monte Blanco 271 95 176 11 30 60
Cortázar CIS Cortázar 500 128 372 19 30 60
San Felipe San Felipe 313 117 372 19 30 60
Uriangato Uriangato 1236 454 782 48 48 96
Totales 5618 1354 4264 219 266 532

Fuente: Elaboración propia con datos del padrón de beneficiarios CIS 2016.

* Porcentaje de error del 6.5 por ciento, nivel de confianza del 95 por ciento, distribución de respuestas al 0.5. El tamaño de la muestra se calculó considerando como población al total de la suma de las poblaciones de los centros seleccionados.

** Se incrementó el número de casos para los CIS Monte Blanco, Cortázar y San Felipe.

En el cuadro 2 se muestran las encuestas levantadas en el trabajo de campo. Cabe señalar que se detectaron dos grupos no previstos: gente que fue beneficiaria del programa anteriormente y quienes tienen un familiar como usuario. Para efectos del análisis se consideraron ambos casos como parte del grupo de beneficiarios.

Cuadro 2 Encuestas por grupo de comparación levantadas 2017 

Cuestionarios levantados por tipo de relación con los CIS
Municipio CIS Beneficiarios encuestados No beneficiarios encuestados Exbeneficiarios encuestados Beneficiarios indirectos Total de encuestas levantadas
León Presitas 34 30 12 1 77
Silao de la Victoria Los Espárragos 60 36 19 2 117
Uriangato La Huerta 52 36 17 3 108
Dolores Hidalgo Lindavista 67 71 25 0 163
San Felipe El Fraile 31 34 11 2 78
Celaya Monte Blanco 75 39 23 8 145
Cortázar El Pípila 52 41 8 1 102
Totales 371 287 115 17 790

Fuente: Elaboración propia

El concepto de cohesión social

Anteriormente señalamos que el concepto de cohesión social, aunque no es nuevo, no está claramente definido en parte debido a su uso indiscriminado en el discurso político.7 Aunque podemos remontar su origen en la discusión teórica a Durkheim, quien definió la cohesión social como el conjunto de lazos que vinculan a los integrantes de una sociedad, éstos los obligan a depender unos de otros, convirtiéndolos en parte de una entidad con una naturaleza suigéneris de tipo colectiva (Durkheim, 2002: 417). Su definición parte de los vínculos sociales compartidos relacionados con sentimientos de afecto y cercanía sustentados por un conjunto de valores sociales, es decir, en una moral.

Sin embargo, el concepto de cohesión social ha sido retomado y trabajado en las últimas décadas con fuerza en la literatura académica. Hay esfuerzos de síntesis importantes como la realizada por Schiefer y Van der Noll (2017), quienes en una revisión considerable de fuentes especializadas detectan la presencia de seis dimensiones de la cohesión social: la calidad de las relaciones sociales, la identificación con la entidad social, la orientación hacia el bien común (sentido de responsabilidad, solidaridad, conformidad al orden social), compartir valores, calidad de vida, y la equidad/inequidad social. Estos autores sostienen que es imprescindible identificar los componentes que constituyen la parte efectiva de la cohesión social, a partir de un modelo causal, distinguiendo de aquellos que pueden ser catalogados como antecedentes o resultados de ésta. En tal sentido, identifican como parte del núcleo esencial de la cohesión social sólo a las primeras tres dimensiones, además, el concepto debe ser entendido como descriptivo, multifacético y gradual, atribuido a la colectividad (Schiefer y Van der Noll, 2017: 595).

Friedkin comparte la necesidad de desestructurar el concepto de cohesión social tratando de pensar las variables que lo constituyen a partir de su posición teórica identificando las variables antecedentes, las intervinientes y las que son más bien el producto de este fenómeno. Sólo a partir de este análisis es posible la construcción de un concepto operacional capaz de medir el fenómeno orientando la toma de decisiones gubernamentales (Friedkin, 2004: 421). Este autor considera que la cohesión social aparece cuando “las condiciones a nivel grupal producen actitudes y conductas positivas hacia la pertenencia grupal, y cuando las interacciones operan a favor del mantenimiento de esas condiciones grupales de posibilidad” (Friedkin, 2004: 410).

Minar Mora (2015) también sostiene la existencia de un núcleo duro de la cohesión social en el cual la gran mayoría de los autores convergen, conformado por cuatro factores, de los cuales sólo retomamos tres:8 en primer lugar, los vínculos sociales, entendidos como estructuras de relaciones sociales formadas a partir de la interacción cotidiana entre individuos; segundo, la confianza es la expectativa de que los otros miembros del grupo social se conducirán respecto a uno, orientados por un conjunto de valores y obligaciones compartidos. Se constituye una expectativa de comportamiento y sentimientos de protección; y tercero, el sentido de pertenencia, entendido como el reconocimiento que hacen los individuos como miembros de un grupo social, quienes a su vez buscan el reconocimiento del mismo y de las instituciones sociales (Mora, 2015: 60-61). Podemos apreciar una gran coincidencia entre esta propuesta y la de Schiefer y Van der Noll (2017), aunque la confianza es ubicada por estos autores como parte de las relaciones sociales (muy relacionada al concepto del capital social), Mora la ubica como una dimensión aparte.

El índice de cohesión social

El índice incluye las dimensiones del núcleo conceptual ya señaladas, y fueron operacionalizadas en otros indicadores tal como se detallan en el cuadro 3.

Cuadro 3 Variables para la construcción del Índice de Cohesión Social 

Dimensión Nivel de la Dimensión Indicadores
Vínculos Sociales Familiar 1. Tipo de relación familiar.
Sociabilidad 2. Nivel de amistades.
9. Platica con los vecinos.
Confianza Sociabilidad 3. Apoyo ante problema económico.
4. Apoyo para el cuidado de casa.
5. Apoyo para el cuidado de niños.
6. Préstamo de una herramienta.
Organización 16. Organización de los vecinos ante la inseguridad.
18. En su comunidad existe junta de vecinos.
Solidaridad 7. La gente de la colonia se organiza para resolver problemas en común.
Sentido de Pertenencia Convivencia 10. Celebración de fiestas religiosas en el barrio o colonia donde participen la mayoría de los vecinos.
18. En su comunidad existe junta de vecinos.

Fuente: Elaboración propia.

Para elaborar el índice se utilizó la técnica de análisis factorial exploratorio por componentes principales, la cual utiliza la estructura de correlaciones de un conjunto dado de variables para detectar aquellas que tienen una relación más estrecha entre sí y que resultan significativas para la medición, en este caso, de la cohesión social. Además, permite agruparlas en un número reducido de dimensiones o factores que subyacen a dicho conjunto, lo que resulta importante porque da cuenta de cómo está constituida la cohesión social. Con ello fue posible descartar aquellas variables que esta técnica mostró que no aportaban mucho a la explicación de la varianza total de la cohesión social, para la construcción final del índice. Por último, esta técnica también permitió conocer el peso relativo que tiene cada dimensión o factor, de esta manera se le puede incorporar otorgándole a cada grupo de variables una ponderación adecuada (Finch, 2020; Field, 2009).

El análisis factorial exploratorio mostró que ocho variables, consideradas inicialmente, no aportaban significativamente a la explicación de la varianza total.9 En el cuadro 4 se muestran los resultados del análisis.

Cuadro 4 Método de componentes: principales variables de cohesión social 

Componente Autovalores (Eigenvalue) % de varianza % acumulado
1 3.305 30.048 30.048
2 1.593 14.479 44.527
3 1.052 9.561 54.088
4 .933 8.481 62.570
5 .823 7.486 70.055
6 .707 6.426 76.481
7 .671 6.100 82.581
8 .572 5.201 87.782
9 .526 4.785 92.567
10 .452 4.109 96.676
11 .366 3.324 100

Fuente: Elaboración propia.

Para el índice se eligieron sólo los primeros tres componentes, que combinados alcanzan a explicar 54% de la varianza. En el cuadro 5 se presenta la matriz de componentes con la que identificamos las variables que conforman cada uno de los factores seleccionados para el índice.

Cuadro 5 Matriz de componentes 

Dimensiones Indicadores Componentes
1 2 3
Confianza 5. Cuidado de niños. .777
3. Apoyo ante problema económico. .672
4. Cuidado de casa. .637
6. Préstamo de una herramienta. .612
Organización 7. Organización del barrio o colonia. -.823
18. En su comunidad existe junta de vecinos. -.811
16. Organización de los vecinos ante la inseguridad. -.737
Sentido de pertenencia 10. Fiestas comunitarias. -.768
9. Convivencia entre vecinos. -.653
1. Relación familiar. -.588
2. Amistades. -.561

Fuente: Elaboración propia. Método de extracción: análisis de componentes principales. Método de rotación: Oblimin con normalización Kaiser. La rotación convergió en ocho iteraciones.

Un hallazgo de este análisis es el orden de importancia que poseen los tres factores que conforman el fenómeno de la cohesión social. En el primero (30 por ciento de la varianza explicada) hay variables que expresan la confianza entre miembros de la colonia o barrio, es la solidaridad extrafamiliar. En el segundo factor (14 por ciento de la varianza explicada) se ubicaron variables agrupadas en la dimensión de organización y solidaridad comunitaria, es decir, representan la situación en que los individuos se articulan en un sujeto colectivo para responder a los desafíos de la vida. El tercer factor (9.5 por ciento de la varianza explicada) refiere al sentido de pertenencia y a los vínculos sociales, ambos elementos centrales en la cohesión social, pues la sociedad revitaliza sus lazos de solidaridad a través de las celebraciones, en donde el individuo experimenta la integración en una colectividad con un fuerte contenido emocional.

Una vez identificados los factores y las variables, era necesario ponderarlas para incluirlas correctamente en el ICS, lo cual se realizó utilizando la varianza explicada por cada factor para estimar el coeficiente de ponderación calculado10 que fue aplicado a todas las variables agrupadas bajo un mismo factor, repitiendo el proceso con los tres factores. El cuadro 6 presenta la ponderación.

Como se puede apreciar, existen variables que poseían tres respuestas posibles, por ejemplo, la variable “3. Apoyo ante problema económico”, que fue recodificada para reagrupar las respuestas sólo en tres opciones: Nadie (0), Ámbito familiar (1) y Comunidad o amigos (2). Esto presentó el problema de homogenizar la inclusión en el índice de este tipo de variables con aquellas que sólo contemplan dos respuestas (0 y 1). Por tanto, se decidió realizar el cálculo de un factor de equivalencia. Para el caso de la misma variable 3, es de 50. A continuación se presenta la fórmula para el cálculo:

Factor de equivalencia=100número de divisiones de escala-1Factor de equivalencia de la variable 3=1003-1=1002=50

Cuadro 6 Ponderación de variables para el cálculo del Índice de Cohesión Social 

1. Relación familiar 2. Amistades 3. Apoyo ante problema económico 4. Cuidado de casa 5. Cuidado de niños Préstamo de una herramienta 7. Organización del barrio o colonia 9. Convivencia entre vecinos 10. Fiestas comunitarias 16. Organización de los vecinos ante la inseguridad 18. En su Comunidad existe junta de vecinos
Valores equivalentes 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0 0
1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1
2 2 2 2 2 2 - 2 - - -
Coeficiente de ponderación 17.677 17.677 55.554 55.554 55.554 55.554 26.769 17.677 17.677 26.769 26.769
Factor de equivalencia 50 50 50 50 50 50 100 50 100 100 100

Fuente: Elaboración propia con datos propios.

Con todos los elementos anteriores se realizó el cálculo del ICS con la siguiente fórmula:

ICS=Σ (Variable*coeficiente de ponderación*factor de equivalencia)Σ coeficiente de ponderación

El índice fue expresado en una escala de 0 a 100, donde 0 significa que no hay cohesión y 100 representa la cohesión plena. La fórmula con todas las variables quedó de la siguiente manera:

ICS = ((xl * 50) + (x2 * 17.677 * 50) + (x3 * 55.554 * 50) + (x4 * 55.554 * 50) + (x5 * 55.554 * 50) * (x6 * 55.554 * 50) + (x7 * 26.769 * 100) + (x8 * 17.677 * 50) + (x9 * 17.677 * 100) + (x10 * 26.769 * 100) + (x11 * 26.769 * 100)) / (17.677 + 17.677 + 55.554 + 55.554 +55.554 + 55.554 + 26.769 + 17.677 + 17.677 + 26.769 + 26.769).

donde:

X1 representa cómo es la relación del encuestado con su familia actualmente (0= regular o mala, 1 = muy buena).

X2 representa si el encuestado tiene (1) amistades íntimas o no (0).

X3representa si el encuestado tiene apoyo ante un problema económico en el ámbito familiar (1) o comunitario y amistades (2) o no (0).

X4 representa si el encuestado tiene apoyo para el cuidado de su casa en caso de estar ausente por un tiempo prolongado en el ámbito familiar (1) o comunitario y amistades (2) o no (0).

X5 representa si el encuestado tiene apoyo para el cuidado de niños pequeños en caso de tener que dejarlos en casa, en el ámbito familiar (1) o comunitario y amistades (2) o no (0).

X6 representa si el encuestado tiene apoyo para el présta mo de una herramienta en el ámbito familiar (1) o comunitario y amistades (2) o no (0).

X7 representa si el encuestado suele participar en una organización del barrio o colonia (1) o no (0).

X8 representa si el encuestado platica con sus vecinos (1) o no (0).

X9 representa si el encuestado participa en las fiestas comunitarias religiosas o cívicas (1) o no (0).

X10 representa si el encuestado participa en alguna organización de los vecinos ante la inseguridad (1) o no (0).

X11 representa si en la comunidad del encuestado existe junta de vecinos (1) o no (0).

El cálculo del índice se realizó por cada caso encuestado, beneficiario o no del programa. Con los valores obtenidos se procedió a analizar el impacto del programa en la cohesión social.

Resultados

El ICS se midió con una escala continua de 0 a 100. Para la muestra total de la población encuestada en los siete municipios de estudio de Guanajuato, sin importar su relación con el programa ICS, se ubica a la mitad de la escala con un valor de 49.94 puntos. Sin embargo, dicha situación no es homogénea para toda la población encuestada. Pese a compartir rasgos sociales, la población presenta una heterogeneidad respecto de la cohesión social. Esto coincide con la propuesta de considerar a la cohesión social como gradual (Schiefer y Van der Noll, 2017), es decir, distribuida de forma diferenciada entre los miembros de la comunidad. Así, como se observa en la gráfica 1, 10% de todos los encuestados ubicados en la parte más baja de los valores del ICS apenas alcanzan veinticinco puntos o menos. Es decir, uno de cada diez presenta un índice de cohesión social extremadamente bajo. Mientras que 7.7 por ciento de los encuestados ubicados en la parte más alta del ICS presentan un valor muy alto situándose por encima de setenta y cinco puntos. Entre estos dos polos se queda 82.3 por ciento de la población estudiada.

Fuente: Elaboración propia.

Gráfica 1 Nivel del Índice de cohesión social (ICS) del Total de la muestra 

Al comparar el ICS entre beneficiarios y no beneficiarios, los resultados muestran que existe muy poca diferencia entre estos grupos. En ambas situaciones el valor promedio del índice es casi idéntico; para los beneficiarios del programa es de 50.1 puntos (véase gráfica 2), muy parecido al índice promedio de los no beneficiarios, de 49.62 puntos (véase gráfica 3).

Fuente: Elaboración propia.

Gráfica 2 nivel de ICS de beneficiarios 

Fuente: Elaboración propia.

Gráfica 3 Nivel de ICS de no beneficiarios 

Las distribuciones de la población a lo largo de la escala del ICS son similares, aunque destacan dos rasgos: primero, la alta proporción de población no beneficiaria que tiene un ICS muy bajo, y segundo es que parece que no existe diferencia en la distribución de la cohesión entre ambos grupos de comparación, y que la distribución en ambos casos parece normal. Durante el trabajo de campo se observó la gran similitud entre estos segmentos de la muestra en términos demográficos, en las condiciones objetivas de vida (ingresos, tipo de vivienda, estructura familiar, educación) y en las dimensiones subjetivas (participación social, redes sociales, confianza, sociabilidad, sentido de pertenencia).

¿Existe relación?

Para contestar nuestra pregunta, se utilizó la prueba t de "Student" para muestras independientes, que permite comparar dos medias para contrastar la hipótesis nula (h0) que asume que no hay diferencias entre los dos grupos, por tanto, da igual si se someten o no a la variable de tratamiento (participar en el programa), ésta no modifica en promedio la variable dependiente (el índice de cohesión social), de tipo continua. Los grupos se diferenciaron entre los beneficiarios y no beneficiarios, como una variable de tipo categórica.

La prueba t de "Student" para muestras independientes reportó un nivel de significancia de .787 (p > .05). El nivel de significancia sugiere que debemos conservar la hipótesis nula y rechazar la hipótesis alternativa (ha). En pocas palabras, los resultados señalan que participar o no en el programa no tiene relación significativa con el nivel de cohesión social de las personas encuestadas.

A pesar de este resultado tampoco puede desconocerse la importancia del programa para los usuarios. Su valoración subjetiva sobre el programa CIS es muy positiva, porque afirman que éste mejoró el clima social en sus entornos barriales, en términos de participación y de seguridad. Aunque también facilitó, principalmente a mujeres, no sólo a acceder a espacios de esparcimiento (en algunos casos los únicos a su alcance), sino a tener acceso a información que las vincule a apoyos de gobierno y elevó su autoestima al perder la timidez de hablar en público y estar más atentas a las problemáticas de la colonia.

Ahora bien, es necesario explicar en los resultados por qué nos arroja tal similitud en el nivel de la cohesión social entre quienes participan en el CIS y quienes no. Una primera explicación es que ambos grupos comparten condiciones materiales y estilos de vida; en otras palabras, la posición que ocupan en la estructura social varía muy poco. Los niveles de existencia son similares en cuanto a ingreso, tipo de empleo, nivel educativo, acceso a los servicios de salud, la inseguridad pública, el débil apoyo de las autoridades, la violencia intrafamiliar, las pocas amistades, la familia, las celebraciones, los referentes religiosos, etcétera. Por tanto, se explica que el grueso de la población tenga niveles de cohesión social similares.

Sin embargo, hay que pensar más el fenómeno como el resultado de un proceso, no es un hecho estático, nos enfrentamos con posiciones sociales donde el proceso de integración social está condicionado por fuertes carencias en todo tipo. Situación que tiende a provocar procesos de individualización negativa y fragmentación social, pues las personas centran la mayor parte de sus esfuerzos y tiempo en proveerse de recursos para garantizar la reproducción de la vida de su hogar; así como se esfuerzan en mantener los lazos de cooperación al nivel del entorno familiar, como principal soporte de solidaridad.

Cuando estos lazos de cooperación trascienden lo familiar tienden a centrarse en el contexto social más inmediato, entre vecinos de la misma calle donde se habita, limitándose a situaciones que representen los menores costes posibles en tiempo y recursos, pero que les reditúe un mínimo de participación social e integración. Se involucran en algunas prácticas culturales y religiosas, como las fiestas patronales del barrio. También se involucran en momentos en los que una familia del barrio es incapaz de enfrentar los gastos derivados de la muerte o la enfermedad grave de alguno de sus miembros. Además, realizan algunas actividades relacionadas con la escuela, como la limpieza de ésta, participan en festivales escolares o competencias deportivas, etcétera. Todas estas celebraciones y actividades grupales constituyen espacios de la reproducción del colectivo, del sentido de pertenencia a la comunidad; aunque es en un proceso debilitado y fragmentado, posee un carácter más o menos permanente y cíclico.

También hay que discutir que ambos grupos comparten un bajo nivel de cohesión social en promedio, hecho que se explica porque la mayoría de la población estudiada se encuentra sometida a presiones derivadas de dos lógicas sociales. Si bien se cuenta con espacios de reproducción de la cohesión social variados y regidos por una temporalidad cíclica, tanto a nivel familiar como comunitario, al mismo tiempo la población está presionada por conseguir los recursos materiales necesarios para alcanzar las condiciones mínimas de bienestar, pero como apreciamos, lamentablemente no todos lo consiguen.

Estas dos fuerzas se disputan el tiempo y los esfuerzos de la población, con mayor fuerza la segunda. La lógica social de la fiesta, la del apoyo al vecino en desgracia, la de los regalos y el intercambio, frente a la lucha que libran en el mercado laboral por ocupar una posición (empleo formal o informal) y luego por mantenerla, sometiéndose a excesos de explotación, la cual reclama tiempo y fuerzas, aislando y concentrando la atención en el trabajo.

Frente a estos factores debilitadores de la cohesión social, el programa CIS proporciona instalaciones y una estructura de actividades para canalizar parte de esas prácticas sociales que apoyan en la reproducción de las relaciones de solidaridad social. No obstante, lejos de lo que se pretende, el programa es un espacio menor entre otros más, no logró consolidarse. Un síntoma de este hecho es que el programa CIS es visto, por una parte de la población no usuaria, como una ventanilla de gobierno donde realizar trámites para obtener apoyos de diversa índole; también como una escuelita donde las amas de casa van a distraerse y, en el mejor de los casos, donde aprenden algo para apoyar la economía doméstica. Lejos está de funcionar como un centro comunitario que le pertenezca a la gente local, desde donde se impulse la emergencia de organizaciones ciudadanas para ocuparse de los problemas que les aquejan de manera autogestiva y participativa, potenciando sus posibilidades mediante la cooperación.

En conclusión, la posición social desventajosa en la estructura social de sus usuarias impide que este tipo de programas cumpla con los objetivos establecidos. Para la mayoría de las usuarias simplemente no hay tiempo o interés, no hay recursos para participar más allá. Por tanto, no hay mucha diferencia en los niveles de cohesión social respecto a las no usuarias.

Hay que considerar otro elemento en la explicación, contrario a los objetivos del programa CIS, que puede funcionar más como un mecanismo de distinción social, de individualización y como amplificador de conflictos. El programa juega en favor de aquellas personas que poseen un poco más de recursos económicos y de tiempo, pero poco como un catalizador del desarrollo y de la reducción de las desigualdades.

Lo anterior porque casi todos los cursos y talleres que brinda el programa tienen un costo, repartido en dos rubros: una cuota para el pago del instructor y otro para la compra de materiales y herramientas que se utilizan en tales actividades; además, requieren contar con tiempo para asistir. Esto establece una distancia entre quienes pueden costear su participación frente a quienes no pueden. El resultado es que los beneficios se concentran en una pequeña parte de la población objetivo, anulando su influencia sobre la cohesión social.

Buena parte de los beneficiarios deben su participación en el programa, tal como se pudo constatar en las entrevistas, a la red de amistades que tienen en sus colonias, en la que se incluye al personal de la institución.11 Algunos de los beneficiarios cuentan con una importante experiencia de participación en las organizaciones vecinales no vinculadas a los CIS, y por ello es que fueron invitados para que se incorporaran al programa como una forma para atraer a la gente. Las líderes vecinales fueron el puente de comunicación entre la institución y la gente de las colonias aledañas.

Ahora bien, tal estrategia resultó contraproducente porque trasladaron al programa las pugnas entre líderes vecinales, quienes respondían a filiaciones diversas, incluyendo las partidistas, además de que algunos veían al programa como parte de esa lucha. El personal del programa12 no tomó en cuenta las disputas internas en cada colonia, invitando a líderes que respondían a uno u otro grupo vecinal o político, lo que generó consecuencias no deseadas para las metas del programa.

Un efecto similar tuvo la dinámica del programa que, al servir como intermediario de actividades de asistencialismo de otros programas estatales, provocó una competencia entre líderes y vecinas por captar la mayor cantidad de recursos estatales posibles, lo cual también incidió negativamente sobre la cohesión social, potenciando los conflictos entre vecinos. El segmento menos favorecido percibió como injusta la repartición de los apoyos y servicios que el gobierno suministra a través del CIS. Con ello, incrementa la tendencia a la fragmentación y el aislamiento de las personas que atiende el programa, afectando directamente el nivel de cohesión social. Este fenómeno fue comentado en algunas entrevistas realizadas durante la investigación. De manera cíclica, con mayor fuerza durante las elecciones locales o nacionales, cada vez que llegan los apoyos públicos se rememora la exclusión que sufren algunas familias frente a “las preferidas” del programa. Este clientelismo velado reproduce la desconfianza entre las vecinas y la fractura de las ya débiles organizaciones vecinales.

Esta lógica de trabajo del programa refuerza el proceso de diferenciación social. Entre quienes pueden asistir se ejerce una dinámica fragmentadora a través de los procesos de competencia individualista o de grupo por el acceso a los apoyos y servicios gubernamentales. El programa termina reproduciendo algunas dinámicas de distinción y exclusión que también se dan en la vida cotidiana de esas personas en el contexto social más amplio.

Conclusiones

Por los datos expuestos se concluye que no hay evidencia estadística que apoye la idea de que la participación en el programa CIS tenga una relación positiva con el nivel de cohesión social de la población atendida. Sin embargo, como se discutió anteriormente, tampoco hay que descartar la importancia que éste tiene. Los testimonios recabados entre la población atendida aseguran que el espacio social que posibilita el programa es importante en su vida y de la comunidad. Si bien puede no modificar el nivel de cohesión social, no por ello debe descartarse como un espacio social que colabora en la reproducción de los lazos de solidaridad sociales. Además, debe tomarse en cuenta que el programa tenía sólo cinco años operando cuando se hizo el estudio en 2017.

Sólo queda subrayar que un hallazgo relevante de este trabajo es que muestra que la lógica con la cual el programa opera debilita la cohesión social reproduciendo la diferenciación y la exclusión social de algunas familias que deberían ser parte de la población objetivo, reproduciendo la fragmentación y la competencia que viven en otros espacios sociales más amplios. Por otra parte, las observaciones coinciden con lo que Dubet señala, la cohesión surge cuando los mecanismos sociales fallan (la férrea competencia laboral por alcanzar los mínimos de subsistencia) transfiriendo la responsabilidad a los individuos en sus interacciones (Dubet, 2013: 144), a través de celebraciones cívicas o religiosas de carácter permanente y cíclico, o con apoyos extraordinarios a vecinos en desgracia.

El trabajo coincide con las observaciones que Landázuri (2008) realizó al predecesor del programa aquí analizado; el programa CIS tampoco logró consolidar organizaciones autónomas de los usuarios. Sin embargo, consideramos que brinda un escenario importante para las beneficiarias, que se suma a otros y tal vez no como el más importante, pero no por ello irrelevante. Nos permite pensar la cohesión social como un fenómeno que trasciende la teoría de Durkheim, quien afirmaba que era producto fundamentalmente de la coerción social desde arriba, y nos acercamos más a comprenderla como un proceso de construcción permanente a través de las interacciones y actitudes desplegadas por la gente que aun en situación de marginación y pobreza contribuyen desde “abajo” a mantener eso llamado sociedad.

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1 La CEPAL arrancó la discusión sobre la cohesión social en la región en la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Chile en 2007, titulada: “Cohesión social y políticas sociales para alcanzar sociedades más inclusivas en Iberoamérica” (CEPAL, 2007: 13).

2En el Tratado de Maastricht en el año de 1993, la cohesión social fue señalada como una de las tres prioridades de la Unión Europea. Más adelante, en el Tratado de Lisboa (2007) destaca entre los objetivos la cohesión económica, social y territorial (Mora, 2015: 21).

3En una reunión con el titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Humano (Sedeshu) del Estado de Guanajuato, José Eduardo Morales comentó que el gobierno estatal estaba muy interesado en el desarrollo y la cohesión sociales porque sin ellos “el estado se les podría ir de las manos” (Comunicación personal, Guanajuato, 30 noviembre de 2017).

4Este trabajo es producto de una evaluación del programa CIS realizada con un equipo de investigadores de la Universidad de Guanajuato, a petición de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Educación Superior del Estado de Guanajuato.

5La Secretaría de Economía (2023) señaló que de enero de 1999 a diciembre de 2022 el estado de Guanajuato recibió más de 26 mil millones de dólares de inversión extranjera directa, que representó el 3.9 por ciento del total de inversión en México en el mismo periodo. Guanajuato ocupó el séptimo lugar en la recepción de esta inversión.

6El programa tiene otro nombre desde mayo de 2021: Centros Guanajuato Contigo Sí (Gobierno del Estado de Guanajuato, 2022: 5).

7El gobierno de Guanajuato no contaba con una definición clara de cohesión social en 2017 (Gobierno del Estado de Guanajuato, 2013: 31). La cohesión social aparece como un medio para alcanzar el bienestar social, mitigando la desigualdad social.

8Se dejó fuera la dimensión de los valores compartidos, en gran medida por la complejidad para establecer un conjunto de valores que por una parte pudiera ser lo suficientemente amplio como para medir su presencia entre la población estudiada y, por otra, lo suficientemente reducido como para ser manejable en una encuesta. En esta decisión seguimos a Schiefer y van der Noll, quienes también colocan la dimensión valorativa fuera del núcleo conceptual, debido a la imposibilidad de definir qué valores son necesarios par mantener unida a una sociedad más allá del contexto histórico cultural específico (2017: 590-591).

9Descartamos las siguientes: participación individual; en 8. las reuniones comunitarias; en 11. fiestas comunitarias; en 12. junta de colonos; en 13. algún grupo religioso; en 14. algún grupo deportivo; en 15. alguna asociación civil; también, en 17. recibe algún apoyo o beneficio del gobierno; y en 19. existen organizaciones religiosas en su colonia.

10El coeficiente de ponderación se calculó a partir del total de varianza explicada por los tres factores seleccionados (54.008 por ciento), la cual dividió el porcentaje de varianza explicado por el factor específico (en el caso del primer factor fue de 30.048 por ciento) y éste a su vez multiplicado por 100, para obtener un porcentaje, que al sumarse con el resto de los factores diera el total (100 por ciento). Para el caso del primer factor, cada variable se pondera por el resultado de la operación: (30.008*100) / 54.008 = 55.554 por ciento.

11Se preguntó a los administradores del programa en los siete municipios estudiados sobre cómo atraían a la población al programa; entre las respuestas, la principal fue que a través de la difusión que se realizaba entre personas que conocían.

12Hay que señalar que éstos tienen una posición laboral extremadamente precaria, cuentan con muy escasos recursos para ejercer dentro del programa, existe una escasez crónica de personal, y trabajan sin contratos permanentes ni perspectivas de crecimiento o de estímulos.

Recibido: 01 de Agosto de 2023; Aprobado: 23 de Noviembre de 2023

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