Introducción de Martha Schteingart
Es de particular relevancia dar a conocer los textos que entregaron los egresados de los programas de Desarrollo Urbano, a quienes invitamos para la conmemoración del 60 aniversario de la creación del CEDUA, y que representan distintas generaciones, así como diferentes involucramientos en su quehacer profesional, ya sea tanto en la academia, en el gobierno federal o local y en organizaciones no gubernamentales. Esos egresados fueron seleccionados en su momento por los profesores Boris Graizbord, María Eugenia Negrete y Martha Schteingart, quienes buscaron que hubiera una diversidad de promociones y trayectorias.
Los interesantes textos que a continuación se presentan, ponen en evidencia los diferentes tipos de problemas que han tenido que manejar los egresados en varios momentos de su carrera profesional en México y en otros contextos, y en qué medida los estudios realizados en nuestro centro les han servido para enfrentar los retos de su desarrollo profesional. Ello nos parece particularmente útil para evaluar los resultados de los programas en general y de las materias cursadas por esos exalumnos, y nos dan alguna pauta para su continuación y mejoramiento.
Los diez textos presentados fueron elaborados mayoritariamente por egresados de distintas generaciones de la Maestría en Estudios Urbanos, y algunos por egresadas del doctorado de esa área del CEDUA. Los cinco primeros textos son de autores del sexo masculino y los siguientes cinco pertenecen a mujeres, incluyendo a las tres que egresaron del doctorado. Una de ellas cursó tanto la Maestría como el Doctorado, y dos únicamente el Doctorado del CEDUA. Vale la pena también aclarar que, del grupo seleccionado, sólo un integrante era extranjero y ha trabajado sobre todo en Ecuador, pero también a nivel latinoamericano; mientras que otra participante, aunque mexicana, ha realizado parte de sus estudios y vivido en Estados Unidos, presentando su experiencia en ese país.
Un elemento común en los diferentes textos que hay que destacar es que en todos ellos los egresados ponen énfasis en la importancia que tuvo en su carrera académica o de trabajo el haber cursado los programas del CEDUA, e incluso en varios casos se menciona que estos programas les cambiaron su vida, ya sea al darles una nueva perspectiva para su carrera, diferente a la que tenían a partir de sus estudios de licenciatura, como para enfrentar contextos de acción distintos a los que conocían. Todo esto se acompaña de elogios a la calidad de la enseñanza y a sus profesores, a lo que significa un medio académico donde se cultiva el trabajo serio, exigente, abierto a panoramas internacionales y sobre todo a una visión multidisciplinaria de los estudios urbanos.
Me parece interesante mencionar, por otro lado, que las presentaciones son bastante diferentes en el sentido que ponen énfasis en distintos aspectos, tanto individuales referidos a las trayectorias de vida y a los temas que pudieron aprender de acuerdo con sus intereses, como en algunas propuestas que consideran adecuadas para agregar a los programas del CEDUA.
Los diez egresados que participan en este grupo (por supuesto no totalmente representativo del total de los mismos) provienen de distintas disciplinas en sus licenciaturas, como la ingeniería, la física, la química, la arquitectura, la economía y la sociología, lo cual confirma el carácter multi o interdisciplinario de esta área de estudios, como lo destacan y consideran de manera muy positiva los distintos textos. Varios alaban la situación de tener que convivir con compañeros de otras disciplinas, que para ellos constituía una experiencia nueva y valiosa en su desarrollo profesional.
Entre los conocimientos aportados por los programas docentes, que sirvieron a las personas participantes para su trabajo a lo largo de los años posteriores al egreso de los programas tanto de maestría como de doctorado, se pone énfasis, por ejemplo, en la relación entre región y ciudad, las herramientas estadísticas, la posibilidad de analizar cuestiones como la pobreza, las desigualdades regionales, la segregación físico-espacial, la movilidad urbana, las políticas urbanas y ambientales, el tema hídrico, y el relativo a la seguridad y la violencia. Claro que estos temas han ido variando a lo largo de los años, así como el involucramiento de los egresados en los mismos, pero creo que lo importante, según resalta en los textos que se presentan a continuación, es la forma abierta, interdisciplinaria y rigurosa en la que ellos han sido abordados en los citados programas. Sin duda, como se afirma en uno de los textos, la consulta y el análisis de una amplia bibliografía nacional e internacional les ha servido de base para una formación teórico-empírica sólida.
En cuanto a las trayectorias de los egresados, además de la diversidad de las disciplinas de las licenciaturas de las que provienen, ya señaladas, vale la pena mencionar que existen casos variados: un alumno de la primera generación luego trabajó en otros temas, aunque conectados a cuestiones económicas regionales, en países de Asia; algunos, como el único no mexicano, trabajó tanto en el sector académico dirigiendo la Flacso de Ecuador, como en el sector público de su ciudad y también como político en un cargo de ese tipo en la Alcaldía de Quito; en cambio, una egresada se ha mantenido en el sector público de su ciudad natal en México (Saltillo, Coahuila); y otro en una empresa que cofundó, actuando como consultor y activista en el tema de la movilidad urbana. En una posición intermedia se encuentran las que han trabajado en el sector público mexicano y también han dado clases en algunas universidades, o los/las que están en el sector académico como investigadores/as, pero cambiaron de instituciones o se desempeñaron primero en algunos puestos públicos sobre temas de su especialidad.
También es importante mencionar que la egresada de la Maestría que trabaja en el sector público local ha sugerido la necesidad de que el CEDUA trate de organizar cursos o talleres para funcionarios municipales, ya que tienen poca preparación para actuar en el área de planificación urbana a nivel local, con lo que se crearía un puente entre la academia y la gestión urbana; mientras otra involucrada en el sector público federal expresó que la academia no ha tratado de incorporarse a las necesidades de la gestión gubernamental, por lo que propone promover convenios entre El Colegio y las dependencias gubernamentales; asimismo, una alumna egresada del Doctorado propone también establecer más relaciones entre instituciones de educación superior, e intercambios regionales entre egresados con apoyo del CEDUA.
En cuanto a la egresada del Doctorado que trabaja en Estados Unidos, es importante rescatar su experiencia como mujer de herencia indígena en el norte global, destacando que sus estudios en el CEDUA le han permitido que en el curso que imparte pueda abordar temas referidos a la pobreza, el racismo, la migración y el género, adecuados para la formación e intereses de sus alumnos afroamericanos y latinoamericanos, dado que en aquel país se suele ofrecer más bien una visión hegemónica de la historia y una perspectiva individualista de la acción del Estado. Comenta, sin embargo, que existe un interés creciente de la academia norteamericana hacia América Latina o el sur global, sobre todo después de la pandemia.
Me gustaría resaltar que algunos participantes se han referido a los grandes cambios que han ocurrido dentro de la problemática urbana y regional en los últimos años, mencionando la necesidad de que nuestros programas tomen en cuenta el análisis de los mismos en sus diferentes cursos y seminarios En cambio, justamente el texto del egresado que pertenece a la empresa especializada en movilidad urbana, resalta algo que me ha parecido digno de ser mencionado, como el hecho de que ha existido una permanencia del marco nacional de planeación poco adecuado y que no se ha podido conseguir que los buenos proyectos piloto incidan en buenas prácticas y políticas públicas.
Después de haber presentado una síntesis y comentarios de los puntos más importantes que surgen de la lectura de los diez textos que se presentan a continuación, quisiera expresar, para terminar, que ellos nos conducen a algunas conclusiones que vale la pena tomar en cuenta para el desarrollo de nuestros programas, tanto en lo que tiene que ver con la afirmación de los aspectos positivos de los mismos, como en lo que habría que cuidar para el futuro, considerando asimismo aspectos poco valorados anteriormente.
Un elemento muy importante que todos resaltaron fue el carácter multidisciplinario de nuestros cursos y programas, y ello debe mantenerse, pero avanzando quizás hacia una mayor integración de los distintos saberes en temas como los ambientales, los sociopolíticos y los económicos, evitando dar una visión parcializada y fragmentada de los conocimientos ofrecidos.
Por otra parte, la impartición de materias teóricas pero relacionadas con el análisis de resultados de investigaciones concretas, mediante la vinculación de lo teórico con lo empírico, debe mantenerse para que la posibilidad de trabajar en diferentes ámbitos siga siendo una característica positiva de apoyo a nuestros egresados. Esa relación también tiene que extenderse a la acción pública y al análisis de programas y planes en distintas áreas del quehacer urbano-regional. En estos aspectos habría que cuidar mucho que el análisis de los cambios que se están dando permanentemente tanto a nivel mundial como regional y nacional, esté presente a través de bibliografías actualizadas, sin dejar de considerar los procesos históricos que han conducido a esos cambios.
La solicitud de organizar cursos específicos para actores del sector público, más que una experiencia individual de algunos profesores, debería convertirse en una práctica institucional del Centro, que enriquecería tanto a los que trabajan en los gobiernos, como a los profesores del CEDUA, en un intento por vincular más a la academia con la acción transformadora de la sociedad; a ellos deberían sumarse también esfuerzos por apoyar el intercambio entre egresados a nivel general y regional.
Introducción de Luis Eduardo Lozano Márquez
Tuve el honor de ser invitado a moderar el conversatorio con egresados del área urbano- ambiental celebrado por el 60 aniversario del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA). A manera de introducción, en este escrito presentaré algunos datos sobre los programas académicos de dicha área, que espero den una visión general sobre los alcances de los posgrados del Centro y contextualicen los textos de las y los egresados y egresadas que participaron en la mesa y en este escrito colaborativo.
El inicio de la Maestría en Desarrollo Urbano se remonta a 1976, como continuación de las investigaciones pioneras de Luis Unikel1 sobre los acelerados procesos de urbanización que estaban sucediendo en esa época en México, relacionados, entre otras cosas, con la migración campo-ciudad y la transformación económica de las décadas anteriores. A partir de ello, Unikel identificó la necesidad de formar especialistas en el estudio de las dimensiones territoriales, demográficas y económicas de estos cambios en un programa específicamente pensado para ello.
Años más tarde, en 1995, la maestría cambiaría de nombre a la actual Maestría en Estudios Urbanos, cambio no sólo nominal, sino resultado de la constante adaptación e incorporación de nuevas agendas y preocupaciones de la investigación urbana del momento, tales como la expansión urbana, la política y gestión de asentamientos informales o la relación ciudad - medio ambiente, además de incluir nuevas aproximaciones teóricas y metodológicas al programa. De igual forma, el programa de Doctorado en Estudios Urbanos y Ambientales (DEUA) se creó en 2005 con el objetivo de profundizar en las líneas de la maestría y formar investigadores en esas áreas, además de incorporar explícitamente la dimensión ambiental en relación con fenómenos sociales, territoriales y urbanos.
En estos 48 años de actividad de la Maestría han pasado por sus aulas 24 promociones, más dos de la Maestría en Gobernanza Urbana Comparativa.2 En éstas se han formado 435 maestros y maestras en Desarrollo Urbano o en Estudios Urbanos. Por su parte, a veinte años de su creación, el programa doctoral ha formado, en ocho promociones, a 74 doctores en Estudios Urbanos y Ambientales, a los que se suman las dos promociones actuales con 25 doctorantes. Es de mencionar también que, de los estudiantes activos del programa, 21 cursaron antes el programa de maestría en el CEDUA.
Otro punto de interés para este ejercicio es revisar los sectores de actividad de las y los egresados de los programas del CEDUA.3 Si bien el Doctorado tiene un énfasis en la formación de investigadores y académicos, la diversidad y amplitud de la estructura de los programas -que fomenta el conocimiento no sólo teórico, sino también empírico de los fenómenos y problemas de investigación- hace que los egresados y egresadas en su mayoría se empleen en el sector público, en dependencias diversas, así como en proyectos de consultoría (principalmente relacionados con proyectos, estudios y programas gubernamentales) o en organizaciones de la sociedad civil.
En este sentido, el sector al que se incorpora la mayor parte de los egresados es el académico, con el 36% que trabaja como investigadores, profesores de tiempo completo o medio tiempo, asistentes de investigación o puestos similares en instituciones de educación superior. A éstos habría que sumar también el 18% de estudiantes de doctorado, quienes cursan o están concluyendo sus investigaciones doctorales, ya sea en el DEUA o en otras universidades nacionales y extranjeras. El siguiente sector de inserción laboral es el público, con un poco más de la cuarta parte (26%) de los y las exalumnas trabajando en diversas instituciones gubernamentales en los tres órdenes de gobierno. Asimismo, el 14% de los egresados se desempeña en diversas actividades en el sector privado, pero siendo la principal como consultores en temas especializados de desarrollo urbano, medio ambiente o manejo de información. Por último, cerca de 6% de los egresados desarrollaron sus trayectorias en organizaciones internacionales, no gubernamentales o de la sociedad civil.
Es de señalar que estos datos son algo limitados por ser estáticos, en el sentido de que no muestran las trayectorias paralelas o el cambio de un sector a otro, pues es común que los egresados desarrollen su trayectoria en dos o más sectores, por ejemplo, que primero pasen del sector académico al público, o de éste al privado en proyectos de consultoría; asimismo, es común que haya trayectorias paralelas en dos o más líneas de actividad.
En el conversatorio se habló de un relevo generacional, pero también de un cambio en la participación de las mujeres en los programas del Centro. En este sentido, a lo largo del tiempo ha habido una ligera menor proporción de mujeres que de hombres en los programas del CEDUA, con el 47%. Sin embargo, se puede observar que, en las primeras promociones de la Maestría en Desarrollo Urbano, la proporción de mujeres era de 40%; en cambio, desde 1995 ésta supera el 50%. En el Doctorado, por su parte, el porcentaje de mujeres ha sido ligeramente menor que el de hombres por tres puntos porcentuales, y si bien todavía existe una leve disparidad, es de destacar el esfuerzo activo por promover e incentivar un equilibrio de género en los programas del Centro.
Fui alumno de una promoción reciente, 2019-2021, por lo que, como moderador de la mesa del conversatorio, fue muy grato conocer -desde las experiencias de los y las exalumnos/as que me precedieron- cómo el programa ha ido cambiando, adaptándose para integrar nuevos temas de investigación con distintas aproximaciones teóricas, metodológicas y epistemológicas al estudio de lo urbano. Pero también que, aun con las generaciones tempranas, compartimos la continuidad en la rigurosidad de las investigaciones y debates en numerosas líneas de investigación que se mantienen vigentes y, por supuesto, que a años de distancia recibimos la guía y las clases de notables profesores y profesoras que han formado el pensamiento crítico en sus estudiantes (y muchos siguen activos).
Esta información ofrece un acercamiento general a los alcances y labor docente de los programas urbano-ambientales del CEDUA; sin embargo, no cuenta la historia completa de las experiencias personales, los aprendizajes colectivos, las redes de apoyo y cooperación entre colegas que se desarrollan dentro y fuera de las aulas, por lo que es pertinente presentarlos como entrada a las contribuciones de los egresados y egresadas que participaron en el conversatorio y que accedieron a enviar sus notas por escrito. Como notarán en sus textos, cambian las circunstancias, las motivaciones personales, la estructura curricular de los programas, pero se mantiene constante una de las características que, a mi parecer, distingue la producción intelectual y las discusiones en nuestro centro: la heterogeneidad de sus egresados y la amplitud y diversidad de los temas particulares de estudio, característica que da lugar a ricas discusiones y aproximaciones a un objeto de estudio tan complejo como apasionante: las ciudades, las regiones, las poblaciones que las habitan y la complejidad de sus relaciones.
Intervención de Juan José Ramírez Bonilla
Soy egresado de la carrera de Ingeniero-Arquitecto del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y fui integrante de la primera promoción de la Maestría en Desarrollo Urbano, 1976-1978. Desde hace 32 años soy profesor-investigador del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México.
Quiero comenzar recordando a los profesores de este programa que pronto habrá de cumplir cincuenta años de existencia. Primero, quienes nos han dejado: el profesor Luis Unikel Spector, quien entonces fungía como director del Centro de Estudios Económicos y Demográficos, y Crescencio Ruiz Chiapetto; ambos, más Gustavo Garza Villarreal, formaban la triada de profesores mexicanos que animaban nuestro programa. Sigo con los profesores provenientes de otros países, entre los que figuraban: Martha Schteingart, quien es una de las moderadoras de este panel, Pedro Pírez, Allan Lavell y José Luis Coraggio.
Dos cuestiones que influyeron notoriamente en mi formación personal fueron, primero, la perspectiva con la que el profesor José Luis Coraggio abordaba la relación entre región y ciudad, definiéndola como un todo entendible bajo la lógica de la economía espacial. A eso se debe, sin duda, que me haya dedicado a la economía en su dimensión espacial, territorial o regional.
El segundo aspecto, determinante en mi trayectoria fue el estudio de la economía espacial desde dos vertientes teóricas: la economía neoclásica y la economía política “marxista”, como la llamábamos entonces. Nuestros profesores de economía fueron Carlos Roces Dorronsoro y Héctor Guillén Romo. De la vertiente neoclásica, desarrollé un gusto por el análisis cuantitativo; del análisis marxista, aprendí a rastrear los cambios en las relaciones entre los actores sociales a través de los indicadores cuantitativos.
En este punto, mención especial merecen Roberto Ham y Rosa María Rubalcava; con ellos aprendí a usar las herramientas estadísticas, aprendizaje que me ha sido útil desde entonces.
En todo caso, la síntesis de las dos corrientes económicas me ha permitido desarrollarme en el campo de la economía regional y transitar de la escala interna de México al nivel regional, principalmente referido a Asia del Sureste. Hoy mis investigaciones versan sobre los estudios interregionales en la Cuenca del Pacífico.
Los procesos de integración económica en Asia del Sureste, Asia del Este y América del Norte, o entre países de esas regiones son mi objeto de estudio. La formación adquirida en la Maestría en Desarrollo Urbano fue decisiva para completar mi formación académica y para proyectarme profesionalmente.
Para concluir, quisiera señalar dos aspectos de mi recorrido de aprendizaje previo que incidieron en mi desempeño en la Maestría en Desarrollo Urbano: proveniente de un programa del área de ingeniería del IPN, no tuve dificultades con las materias cuantitativas contenidas en el plan de estudios, cuyo manejo fue complicado para varios compañeros de generación; en contraparte, me di cuenta que tenía debilidades formativas que radicaban más bien en los aspectos cualitativos del programa, ya que no había adquirido habilidades en lectura analítica y redacción durante mi paso por el IPN. Esa constatación me obligó a remediar esas fallas durante los dos primeros semestres de la Maestría, con el fin de presentar trabajos escritos decorosos.
Esos recuerdos vienen al caso, pues hoy el sistema de educación mexicano está en declive, como lo señalan las evaluaciones estandarizadas del tipo PISA respecto de los conocimientos de los alumnos de educación media superior. No tengo una respuesta clara y definitiva para abordar ese problema, pero soy consciente de que debemos poner en práctica soluciones remediales.
Finalmente, deseo agradecer a los profesores y a mis compañeros de promoción por acompañarme en esa etapa decisiva de mi formación.
Intervención de Fernando Carrión Mena
Mi formación en el CEDUA: una experiencia integral
Estudié la Maestría en Desarrollo Urbano ofrecida por el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México (Colmex), dentro de la promoción 1980-1982. Una experiencia académica inigualable, digna de ser resaltada por los impactos positivos que produjo en mi formación académica, en mi posición ante la ciudad y la sociedad, así como frente al conjunto de mis actividades profesionales.
Mi vida laboral ha estado marcada por estos años de estudios en el Colmex. Sin duda, el enfoque pedagógico integral de la Maestría ha sido determinante en el desarrollo de mis múltiples actividades de mi quehacer profesional. Debo indicar que he tenido acciones en: i) la academia, dentro de algunas universidades de América Latina, Estados Unidos y España; ii) el sector público, como secretario de planificación de Quito, director de la descentralización de Ecuador y asesor de alcaldes (Quito, Ecuador) y prefectos (Azuay y Pichincha, Ecuador); y iii) la política, como concejal electo del municipio de Quito.4
Quisiera resaltar mi paso por la dirección de la sede de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales - Ecuador (Flacso-Ecuador), entre los años 1995 y 2004, en donde siempre tuve presente la estructura institucional de El Colegio de México. Me hice cargo de la dirección en un momento de crisis institucional muy aguda, tanto que me llevó a plantear su necesaria refundación. En esta perspectiva, al menos dos fueron las líneas estratégicas de acción:
Lo económico y administrativo fue enfrentado desde la recuperación del sentido de universidad pública, lo cual le dio estabilidad, autonomía y recursos para convertirla en una de las sedes más significativas de su sistema internacional. Hoy su campus universitario, construido en ese período, es moderno, representativo y funcional.
Lo académico fue direccionado con una propuesta que se sustentó en programas docentes que articulan disciplinas (economía, antropología) y campos de conocimiento (medio ambiente, ciudad), similares a los centros del Colmex. Adicionalmente, en cada uno de los programas se impulsaron actividades de investigación, docencia y vinculación con la comunidad. También se consolidó la oferta académica con doce maestrías y tres doctorados, ya que, al inicio de mi gestión como director, no había ninguna.
Posteriormente, cuando salí de la dirección, fundé el programa de Estudios de la Ciudad (2004-2010), con algunos elementos característicos del CEDUA en los que nuevamente estuvieron presentes lo interdisciplinario, la integralidad y la internacionalización.
En la promoción que estudié, desde el inicio hubo una cualidad particular que debe ser destacada: su enfoque internacional, que se sustentó en dos vertientes claves. Por el lado de los alumnos, proveníamos de distintos países de América Latina (México, Brasil, Argentina, Perú, Ecuador, Colombia, Bolivia), gracias a una buena política de becas; y por el lado de los docentes, de la suma de dos academias poderosas: la mexicana y la originada en el sur del continente (Argentina, Chile), gracias a la histórica política de solidaridad de México.
En la actualidad coordino la Alianza Interuniversitaria URBIS.TIC, en la que participan diez universidades de América Latina (UAM-X y UNAM, de México; UNC y UBA, de Argentina; UFRJ, de Brasil; PUCP, de Perú; y Flacso, de Ecuador), Estados Unidos (New School) y de España (UIB). Es una propuesta que se sustenta en la necesidad de contar con profesores y estudiantes de distintos países porque se basa en una experiencia en red, constituida gracias al desarrollo de la tecnología. Esta experiencia nace y se inspira en la oferta académica vivida en el CEDUA de aquella época, esto es, en su carácter internacional.
En esta perspectiva, y dada la inserción de El Colegio de México en el concierto internacional, nuestra formación se vio nutrida con la presencia de la bibliografía y de los autores más significativos del pensamiento sobre la ciudad de aquel momento. Allí se debe resaltar la escuela francesa, con Loikine, Lipietz y Topalov; la española, con Castells, Borja; y la norteamericana, con Wirth, Simmel y Jacobs. El pensamiento latinoamericano de la ciudad también estuvo presente, gracias a pensadores de la talla de Unikel (México), Hardoy y Germani (Argentina), Quijano (Perú), Geisse y Rodríguez (Chile), Cardona (Colombia), Kovarick y Santos (Brasil), entre otros. A muchos de ellos los conocimos a través de sus textos, y también físicamente en clase, seminarios o debates.
Hay que resaltar la calidad de la planta docente de la Maestría, con profesores/as que, además de impartir docencia, desarrollaban investigación de forma permanente. Destaca, por ejemplo, la presencia de Martha Schteingart, Gustavo Garza, José Luis Coraggio, Boris Graizbord, Alfredo Pucharelli, Sergio Puente, Pedro Pírez y María Eugenia Negrete, entre otros/as.
Esta amalgama de academias hizo que nuestra formación tuviera un enfoque fuertemente internacional y latinoamericano, vertientes que marcó nuestra formación bajo un sello integracionista, solidario y de comprensión global de la problemática urbana.
A lo largo de nuestra formación académica, el contenido temático de la Maestría tuvo dos entradas: por un lado, la referente a las disciplinas, por ejemplo, de economía, sociología y demografía, así como a los aspectos teórico metodológicos del conocimiento y la investigación. Y, por otro lado, el enfoque sobre las características propias de la ciudad del momento, sustentado en el peso de la migración del campo a la ciudad (demografía) y la determinación de las características del proceso de urbanización en la región, desigual y combinado (urbanismo). En ese contexto comprendimos las áreas metropolitanas con la fuerte presencia del problema de la vivienda, de los asentamientos humanos (ilegales, informales), de las infraestructuras (acceso, condiciones generales de la producción), de la segregación urbana (estructura urbana), del desarrollo urbano (ordenamiento territorial) y del espacio público.
Hoy la ciudad en la región latinoamericana es muy distinta a la de aquella época. En esta mutación mucho ha tenido que ver la presencia de tres componentes: la reforma del Estado (apertura, descentralización, privatización), el peso de la economía neoliberal (mercado), y la cuarta revolución industrial (tecnología). Con la descentralización, los gobiernos locales se fortalecieron, los territorios adquirieron autonomía y se representaron políticamente. La elección popular de las autoridades locales se generalizó por el continente,5 así como hubo transferencia de competencias y recursos económicos desde los gobiernos nacionales a los locales. La planificación urbana entró en crisis debido a que la capacidad reguladora del Estado se contrajo.
El peso de la soberanía del consumidor se instauró en las ciudades, con lo cual el acceso a servicios, infraestructuras, suelo urbano y vivienda produjo nuevas y más complejas desigualdades urbanas. La tecnología planteó una articulación de los espacios físico-materiales con los virtuales remotos para formar el sentido de la ciudad híbrida. Las infraestructuras urbanas que fueron locales, públicas y físicas, cedieron a las plataformas telemáticas (Google, Uber, Airbnb, criptomonedas), que son todo lo contrario: globales, privadas y virtuales. Se cerró el ciclo de la migración campo-ciudad6 y se abrió el de la migración urbana-urbana de carácter internacional, produciendo cambios estructurales profundos en las urbes.7
Un fenómeno nuevo que tiene un fuerte impacto urbano es el de la modificación de las lógicas de la ilegalidad en las ciudades: en la fase anterior prevaleció la invasión de predios y el irrespeto a las normas de urbanización y construcción nacidas de un urbanismo homogéneo que no reconoció la heterogeneidad; en la etapa actual predomina la violencia (legal e ilegal) y la economía criminal. El miedo y el temor se convirtieron en principios urbanísticos que condujeron al cierre de barrios y espacios públicos (bunkerización urbana), así como a la creación de nuevas fronteras dentro de las ciudades (foraneidad urbana). Los actores urbanos se multiplicaron con la presencia política de las mujeres, de los pueblos y nacionalidades indígenas, de los ambientalistas, que se sumaron a los tradicionales movimientos sociales urbanos.
Hay que resaltar que en estos sesenta años de existencia del CEDUA, su actividad académica se ha realizado con enfoques y temas de punta para cada momento. También ha tenido la buena política de mantener una continua relación con los estudiantes formados en su seno. En mi caso, no sólo he realizado actividades académicas con muchos docentes, sino también interpersonales.
¡Mi enorme y permanente gratitud al CEDUA y al Colmex!
Intervención de Francisco Rodríguez Hernández
Fui parte de primera generación de la Maestría en Desarrollo Urbano, 1984-1986, y esta experiencia formativa fue determinante en mi trayectoria profesional y en mi vida personal. Yo había terminado la licenciatura en Arquitectura en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y en ese momento me atraía profundizar en el tema del urbanismo. La Maestría en Desarrollo Urbano de El Colegio de México parecía coincidir con ese interés, aunque entonces no estaba plenamente consciente de sus contenidos y alcances. Mi hermana, que había cursado la Maestría en Demografía, me impulsó a solicitar el ingreso y me ayudó a preparar el examen de conocimientos. Recuerdo que cuando pisé por primera vez El Colegio, el edificio me impresionó intensamente. El curso previo, que incluyó elementos de sociología, economía y matemáticas, me permitió visualizar un universo de conocimiento más allá de lo que esperaba, y se reafirmó mi interés en cursar la Maestría.
Tuve el privilegio de ser alumno de una institución y un programa de estudios con condiciones ideales para el aprendizaje y el crecimiento personal. Tenía un profesorado de excelencia, una beca, una biblioteca con todo lo necesario, e instalaciones de primer mundo. Recibí clases de Gustavo Garza, Crescencio Ruiz, Martha Schteingart, Boris Graizbord, María Eugenia Negrete, Héctor Salazar, Sergio Puente, José Luis Lezama, Alejandro Mina, Carlos Brambila y otros valiosos profesores, autores de referencia en la temática de los procesos urbanos en México.
La Maestría me introdujo al mundo de la investigación en diferentes facetas de la temática de los procesos urbanos, desde una perspectiva multidisciplinaria que adopté y marcó el camino de mi carrera profesional. Concluidos los cursos, Boris Graizbord, quien coordinaba la Maestría en mi generación, me invitó a ser parte de un pequeño grupo de investigadores en cuestiones de desarrollo urbano en El Colegio Mexiquense, que en ese año, 1986, fue fundado e instalado en el edificio de la Ex-Hacienda de Santa Cruz, en Zinacantepec, Estado de México. Ese fue mi primer empleo como investigador, y en él permanecí por cuatro años. En ese periodo trabajé en una metodología para evaluar las condiciones de vida de la población y sus variaciones territoriales, particularmente la estimación de indicadores municipales de calidad de vida, temática que en ese entonces sólo tenía, en México, el antecedente de los trabajos de la Coplamar (Geografía de la marginación en México) y que más adelante tomaría impulso y se instauraría como uno de los ejercicios constantes del Consejo Nacional de Población.
Para 1990 el grupo original de investigadores se había disuelto por diversas razones, y me quedé sin pares con quienes interactuar en torno a mis avances y resultados. A mediados de ese año busqué, con éxito, la posibilidad de ingresar al Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en Cuernavaca, Morelos. Este centro era entonces de reciente creación y estaba en un proceso de crecimiento y consolidación. En este lugar encontré un ambiente propicio para desarrollar mi trabajo, y ahí permanezco desde entonces.
Importa mencionar que la formación que recibí en la Maestría fue, por muchos años, la base de mi desempeño como investigador, formación a la que se fueron agregando los conocimientos y experiencia que se adquieren al desarrollar los trabajos de investigación. Esto comprueba la solidez de la formación recibida. Adquirí el grado doctoral años después, tanto por interés propio, como por haberse convertido en un requisito necesario para el desarrollo de una carrera académica ascendente.
Las líneas de investigación que he desarrollado en el CRIM giran en torno a las condiciones de vida de la población y su expresión y vínculo con la dimensión espacial: desde la cuantificación de la pobreza, el nivel socioeconómico y sus desigualdades, hasta el diagnóstico e indagación de los factores causales, expresados en las desigualdades regionales, inter e intraurbanas, y el efecto de la estructura económica y la apertura comercial en el nivel y potencial de desarrollo de ciudades y regiones. Así, he desarrollado investigación sobre el acceso y la cobertura de los servicios públicos básicos, la incidencia de la pobreza, la segregación socioespacial, los procesos sociales de construcción de la ciudad, la formación del ingreso y la calidad del empleo, entre otros temas.
Como investigador del CRIM he participado en la docencia y la dirección de tesis en los programas educativos de la UNAM donde este centro es participante, como la Maestría en Trabajo Social (programa de posgrado que ahora está en vías de integrar un doctorado) y el Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales, así como en el posgrado en Urbanismo y Estudios Territoriales de la Facultad de Arquitectura de la UAEM.
En la UNAM, además, he tenido la oportunidad de participar en funciones de coordinación y legislación institucional. Ocupé el cargo de secretario académico del CRIM entre 1995 y 2003, y entre 2004 y 2010 participé en una comisión amplia y representativa destinada a elaborar un proyecto de reforma al Estatuto del Personal Académico, del cual el Consejo Universitario de la UNAM ha retomado algunas de sus propuestas específicas. Me ha tocado también, en diversas ocasiones, participar en órganos colegiados de carácter consultivo, como son el Consejo Interno y la Comisión Dictaminadora del CRIM, así como la Comisión de Ética del Subsistema de Humanidades de la UNAM.
Parte de mi trabajo ha sido colaborar en algunos proyectos de vinculación con el sector público, en la elaboración de diagnósticos destinados al diseño de políticas, así como en la evaluación y diseño de programas públicos, en cuestiones socioambientales, educativas y de ordenamiento territorial.
Como mencioné al principio, la Maestría en Desarrollo Urbano fue determinante en mi trayectoria profesional y, por tanto, ha influido ampliamente en mi vida. No sería lo que soy ahora sin haber cursado esta maestría. Fue una experiencia educativa muy valiosa para mí. Pienso que esto mismo podrían decirlo los compañeros de mi generación, como Jaime Sobrino, Carlos Garrocho, Tito Alegría y Adrián Moreno, que siguieron la senda académica, y seguramente también otros compañeros y compañeras que desarrollaron sus carreras en el servicio público o en la iniciativa privada.
Intervención de Xavier Treviño Theesz
Lo tengo claro, El Colegio de México (Colmex) me permitió desarrollarme profesionalmente en lo que más me gusta: las ciudades. ¿Lo hubiera podido hacer de todos modos? Probablemente sí, pero sin las poderosas armas interdisciplinarias que me dio el Centro de Estudios Demográficos Urbanos y Ambientales (CEDUA), hubiese sido un proceso mucho más difícil y con menor alcance. Si algo son las ciudades es un complejo campo de batalla de muchas disciplinas que se entrelazan, formando un concepto difícil de definir y a la vez muy apasionante para los seres humanos. Incluso en el remoto caso de que inventemos la teletransportación tipo Star Trek, la natural dispersión espacial esperada sería, me parece, compensada por una fuerza contraria alimentada por ese intangible poder de la aglomeración.
Bueno, pues esa fusión de disciplinas que se requiere para entender las ciudades fue precisamente lo que le da al CEDUA su potencia y amplitud, y lo que además me permitió dejar el mundo de la física, donde había cursado la licenciatura. Debo aclarar que creo que nunca he sido injusto con una disciplina tan hermosa y fascinante como la física, y que realmente estaba enamorado de ella (y creo que lo sigo estando de alguna manera). Lo que pasó casi al final de la carrera es que, quizás por la naturaleza propia de las ciencias (en especial su rama teórica), sentí de verdad que esa batalla para entender el universo y empujar la frontera del conocimiento implicaba un compromiso tan individual y solitario, que me pareció un desperdicio no dedicar algo de mi atención a la riqueza y complejidad de la sociedad humana.
En ese momento definí una estrategia: un espacio en el que confluyeran las ciencias exactas, naturales y sociales, además con una relevancia relativa a mi pasión por las ciudades y el medio ambiente. De hecho, mi tesis de licenciatura estaba relacionada con modelos atmosféricos de la contaminación del aire. Pero cuando quise continuar mis estudios en un posgrado en mi alma mater, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ésta me cerró las puertas, no sólo por la falta de opciones multidisciplinarias sino por una prohibición explícita para hacer esta transición. Quien sí me abrió las puertas y entendió el potencial de vincular disciplinas fue el CEDUA, lo cual, como dije, me abrió las puertas profesionales a mi particular enfoque.
Me parece que mi trayectoria hace honor al compromiso del Centro de vincular disciplinas para abordar de manera integral el fenómeno urbano, la colaboración en la investigación y su enfoque en la difusión del conocimiento, en temas emergentes y problemáticas actuales. Mi trabajo se centra en la movilidad urbana, a través de Céntrico (www.centrico.mx), una empresa profesional que cofundé y de la cual soy socio, que tiene una dualidad muy particular: somos consultores y a la vez activistas, agentes de cambio con agenda. Creemos que construir y consolidar políticas públicas tiene más potencial fuera del gobierno que dentro de éste. Trabajamos con evidencia, por lo que nos interesa documentar, pero también (y sobre todo) nos enfocamos en la implementación, la participación y en fortalecer instituciones que puedan consolidar los cambios. Algo, quiero pensar, no muy lejos del espíritu del CEDUA.
Quiero hacer tres reflexiones sobre el CEDUA, la agenda urbana y mi percepción sobre nosotros, los egresados de los posgrados, a sesenta años de la creación del Centro, y terminar con mi visión respecto a su agenda de investigación.
Generaciones
Hace un par de meses se organizó un encuentro de egresados de la Maestría y el Doctorado en Estudios Urbanos del CEDUA. Quienes organizaron el encuentro dividieron a los participantes por año de egreso, por lo que en la primera mesa participaron los que estudiaron hasta más o menos 2001, y en la segunda se concentraron generaciones más recientes. El contraste fue más que claro en perfiles, formas de trabajo y trayectorias. Los primeros contaban en su mayoría con trayectorias académicas consolidadas desde la academia y con posiciones permanentes en universidades. Los segundos, con experiencia mucho más diversa, pero menos permanentes, trabajaban en gobiernos y organizaciones civiles. Las armas que tienen los primeros son mucho más poderosas que la de los segundos en términos de seguridad laboral y recursos para la investigación, algo que aparentemente las siguientes generaciones ya no tuvieron tanto, y tuvieron que (o decidieron) sustituirlas con flexibilidad y diversificación laboral. Evidentemente no es algo que pueda sostener con evidencia, pero se siente una discontinuidad entre ambos grupos de generaciones, que me parece que impide o dificulta la construcción de una narrativa general y el impulso de una agenda común.
Reforma urbana
Desde la Ley de Asentamientos Humanos de 1976, que creó por primera vez un marco nacional de planeación del crecimiento urbano y la regulación del aprovechamiento y propiedad del suelo, se establecieron prácticas de gestión urbana que se han mantenido con pocos cambios radicales hasta el día de hoy. La figura de los programas de desarrollo urbano u ordenamiento territorial, sus características, su concepción para ser instrumento de control del uso e intensidad del suelo, y cómo (al menos teóricamente) debería coordinarse con otros instrumentos regulatorios y de planeación en otras materias como infraestructura, movilidad, agua o seguridad, prácticamente no ha cambiado. Por otro lado, los efectos reales de ese marco de planeación han dejado mucho que desear: ciudades expandidas, inequitativas, ineficientes, que en general no han podido aprovechar sus propias ventajas competitivas y que no han permitido elevar la calidad de vida de sus habitantes. Y el hecho de que, después de cincuenta años, no hayamos podido (como gremio de estudiosos urbanos) generar una nueva reforma, me parece que ha producido una deuda con la sociedad que estamos obligados a compensar lo antes posible.
Desarrollo inmobiliario
Alguna vez platicaba con un desarrollador dedicado a centros comerciales. El tema de la plática era cómo ese modelo de malls suburbanos, sobre todo después de Perisur en 1980, con cientos y hasta miles de cajones de estacionamiento en lugares inaccesibles si no se va en auto y rodeados con una muralla de fachadas ciegas, no había prácticamente cambiado, o había sido modificado muy poco. La postura del desarrollador era que éstos seguían funcionando, no sólo porque maximizaban la inversión, sino también porque cualquier otro modelo para hacerlo masivo requería una demanda diferente, que no existía en el país. Otro desarrollador, esta vez inmobiliario y además con una visión mucho más avanzada en términos de buscar desarrollos centrales, densos y con poco estacionamiento, reforzaba esta misma versión: los proyectos que permiten densificar no terminan de ser financieramente viables y conllevan un riesgo alto tanto de demanda real (por ejemplo, por no incluir cajones de estacionamiento), como de obstáculos por parte de la regulación y el control de los proyectos. Al final, la percepción es que no hemos podido convertir los buenos proyectos piloto en buenas prácticas y políticas públicas.
Me parece que el CEDUA está en un lugar privilegiado para impulsar discusiones como éstas, y para generar también propuestas y agendas regulatorias y de gestión, que permitan actualizar tanto el marco regulatorio e institucional, como las propias prácticas privadas y públicas, hacia la solución de los problemas de las ciudades. Sobre la mesa y a veces en las propias leyes, ha habido instrumentos y mecanismos (como los de recuperación de plusvalías, zonificación de suelo basada en otros factores además del uso o intensidad, por decir dos) que pueden garantizar efectivamente derechos, como el derecho a la ciudad, al agua, a la movilidad. Fortalecer el espíritu del CEDUA respecto a la interdisciplinariedad, la participación pública, la colaboración académica y el enfoque en temas relevantes para la sociedad, es clave para construir esta agenda del futuro.
Intervención de Gabriela De Valle Del Bosque
Participar en el conversatorio por el 60 aniversario del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México fue una experiencia profundamente enriquecedora. Tuve la oportunidad de reflexionar sobre mi trayectoria y expresar mi gratitud hacia el CEDUA, que ha sido fundamental en mi carrera y en mi vida profesional. Soy economista, con un enfoque en temas urbanos y ambientales, y me he dedicado los últimos veinte años a la administración pública en Coahuila, principalmente en el diseño de políticas públicas orientadas al desarrollo sostenible. Actualmente, me desempeño como coordinadora de Sustentabilidad y Cambio Climático en el Instituto Municipal de Planeación de Saltillo, donde lidero iniciativas para enfrentar los efectos del cambio climático y promover prácticas de planificación urbana sostenibles. Esta posición me ha permitido trabajar en colaboración con múltiples sectores, integrando el conocimiento en políticas urbanas y ambientales para mejorar la calidad de vida de la comunidad.
Al recordar mi experiencia en el programa, me siento profundamente agradecida por el impacto que tuvo en mi formación y carrera. Ingresé a la Maestría con una beca de excelencia, lo que me permitió dedicarme completamente a mi aprendizaje en Estudios Urbanos. Migrar de mi ciudad natal, Saltillo, a la Ciudad de México fue un cambio trascendental, lleno de retos y oportunidades. Aquel traslado no sólo significaba dejar mi hogar, sino también adentrarme en un entorno vibrante y diverso, donde cada esquina y cada interacción ampliaban mi visión. En ese momento, la Maestría en el CEDUA se caracterizaba por su enfoque interdisciplinario, lo cual era innovador y desafiante, pues nos enseñaba a mirar los problemas urbanos desde múltiples perspectivas. Estábamos rodeados de profesores de alta calidad académica y humana, quienes no sólo compartieron conocimientos técnicos, sino que también nos inculcaron una visión integral y ética de la planificación urbana. Aprendí de ellos que el análisis urbano no se limita a lo técnico: requiere entender los desafíos sociales, económicos y ambientales, y es una disciplina que debe aspirar a mejorar la calidad de vida de las personas.
La transición de una ciudad más pequeña a la enormidad de la Ciudad de México me hizo comprender, desde el corazón y la experiencia propia, los contrastes urbanos y la importancia de pensar en ciudades que respondan a las necesidades de quienes las habitan.
Egresé en un contexto en el que los temas de sostenibilidad y cambio climático apenas comenzaban a ganar relevancia en la agenda pública. En ese momento, pocos percibían la importancia de estas cuestiones, y aún eran temas emergentes en la investigación y la planificación urbana. Sin embargo, el programa, siempre con una visión adelantada, apostó por incluir estas temáticas, dotándonos de herramientas y conocimientos en áreas que, aunque incipientes, hoy representan los pilares de la política ambiental y urbana en México.
Veinte años después, puedo confirmar con absoluta convicción que el enfoque de El Colegio de México era verdaderamente visionario. Su temprana inclusión de la sostenibilidad y el cambio climático en sus programas me dio una ventaja profesional al entrar en un campo que hoy es crucial para el desarrollo de nuestras ciudades. Lo que en su momento fue una especialización poco común, ahora se ha convertido en una de las áreas más relevantes y urgentes para atender los desafíos urbanos y ambientales actuales.
La formación en el programa fue clave para mi inserción laboral, ya que me preparó para enfrentar estos temas emergentes desde una perspectiva integral. Mi experiencia laboral inicial me permitió aplicar de inmediato el enfoque interdisciplinario que aprendí, trabajando en proyectos de mitigación y adaptación al cambio climático y en políticas para promover ciudades más sostenibles. La preparación que recibí me dio la confianza y las herramientas para colaborar en equipos multidisciplinarios, donde la capacidad de diálogo entre diferentes áreas del conocimiento ha sido esencial.
Durante el conversatorio, pude compartir mi perspectiva sobre algunos de los retos actuales que considero importantes para el programa de estudios del CEDUA. En mi práctica profesional, he identificado la necesidad urgente de fortalecer los vínculos entre la academia y las instituciones gubernamentales responsables de implementar las políticas públicas. Un mayor acercamiento entre el Centro y los gobiernos locales sería de gran valor, ya que los municipios enfrentan problemáticas complejas que demandan una planificación urbana y ambiental sustentada por el conocimiento académico y la investigación. También sugerí que el programa podría integrar más contenidos enfocados en la resiliencia urbana, el cambio climático y las estrategias de adaptación y mitigación, temas cada vez más urgentes en la planeación de nuestras ciudades.
Mi visión para el futuro del CEDUA es que se convierta en un puente cada vez más sólido entre la academia y la gestión urbana, donde la investigación y la práctica se retroalimenten de manera constante. Imagino un programa que no sólo forme a profesionales altamente capacitados en las metodologías más avanzadas, sino que también los prepare para enfrentar las problemáticas reales de nuestras ciudades.
En esta línea, una propuesta concreta sería crear un taller o programa de capacitación dirigido a funcionarios públicos municipales, quienes son los encargados de tomar decisiones sobre la ciudad y, en su mayoría, carecen de las herramientas y los conocimientos técnicos necesarios en planificación urbana y ambiental. Si el CEDUA lograra consolidar un taller básico para desarrollar capacidades en este ámbito, los municipios podrían contar con mejores instrumentos de planificación, lo que generaría un mayor impacto en el desarrollo sostenible.
Esta iniciativa no sólo fortalecería el vínculo entre la academia y el gobierno, sino que también integraría capacitaciones prácticas orientadas a que los servidores públicos adquieran herramientas específicas para la planeación urbana. De esta manera, la formación académica no se limitaría al ámbito teórico, sino que se transformaría en un proceso continuo que aporta capacidades tangibles, mejorando la administración pública local y, por ende, la calidad de vida urbana.
Extiendo una invitación a quienes estén interesados en especializarse en estos temas a acercarse al CEDUA. La institución no sólo brinda una formación académica sólida, sino que también fomenta un sentido de responsabilidad hacia la sociedad y el medio ambiente. Hoy, más que nunca, necesitamos expertos que comprendan la magnitud de los desafíos ambientales y que puedan contribuir al desarrollo de ciudades resilientes y sostenibles. Estoy convencida de que encontrarán un espacio donde el conocimiento se combina con una vocación de servicio, formando profesionales comprometidos con el bienestar de nuestras comunidades.
Reafirmo mi agradecimiento a El Colegio de México y a sus profesores, quienes me dieron las herramientas y la inspiración para construir una carrera en el servicio público y en el desarrollo urbano sostenible. El CEDUA sigue siendo un referente de excelencia en la planeación urbana y ambiental en nuestro país, y tiene la oportunidad y el compromiso de seguir formando a líderes en desarrollo urbano y ambiental que puedan guiar a nuestras ciudades hacia un futuro más sostenible.
Intervención de Esthela Irene Sotelo Núñez
La Maestría en Estudios Urbanos en los albores del siglo XXI: un testimonio de la generación 2001-2003
Desde 2011 soy profesora en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco (UAM-X), donde coordiné la Maestría en Políticas Públicas y fui jefa del Departamento de Política y Cultura. Actualmente soy directora de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. Antes de eso, trabajé en la Dirección de Manejo Integral de Cuencas del Instituto Nacional de Ecología (INE) (hoy Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, INECC) y en la Coordinación de Combate a la Corrupción de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). He sido consultora para diferentes agencias internacionales e instancias públicas nacionales en el ámbito federal, y me especializo en el tema de política hídrica.
Mi experiencia como estudiante del Centro de Estudios Demográficos Urbanos y Ambientales (CEDUA) proviene de dos momentos de mi formación académica: como estudiante de maestría y como estudiante de doctorado, ambos en el área de estudios urbanos y ambientales. Estudié la maestría en 2001; cuando ingresé, recién había cumplido veintidós años, y estaba saliendo de la universidad. En esas épocas comenzaba a vislumbrarse la necesidad de dar al tema del medio ambiente más presencia no sólo dentro del programa, sino dentro de la propia planta académica del Centro.
La generación 2001-2003 de la Maestría en Estudios Urbanos tuvo un tamaño de alrededor de quince estudiantes, con una fuerte presencia internacional. Había en el grupo personas provenientes de Puerto Rico, Costa Rica, El Salvador, Cuba y Japón. También había estudiantes de diferentes partes de México, desde Tabasco y Veracruz, hasta Jalisco, Morelos y Guerrero, pasando por Puebla e Hidalgo. No recuerdo, eso sí, que hubiera alguien del norte del país. La mayoría éramos personas recién egresadas de la licenciatura, sin experiencia laboral. Varios del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México, otros de la UAM-X y el resto de los estudiantes mexicanos provenían de universidades estatales. No recuerdo ahora que hubiera alguien de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), o de alguna otra universidad privada. La conformación disciplinar era variopinta, con énfasis muy claros: en primer lugar, un grupo grande de economistas, seguido por politólogos formados en licenciaturas más cercanas a la administración pública que a la ciencia política. Había también urbanistas y planificadores territoriales, algunas sociólogas y me parece que un ingeniero químico.
La efervescencia por la transición democrática aún dominaba la agenda pública de aquellos años. Esto se reflejaba en el contenido de algunos cursos de la Maestría, principalmente en clases como la de teoría del Estado, con Fernando Escalante, o de administración pública, con José Sosa. En esta última, las discusiones giraban también en torno a las capacidades de los gobiernos locales y las relaciones intergubernamentales, a propósito del renovado espíritu descentralizador del gobierno federal que, sobre todo en asuntos medioambientales, proponía una nueva regionalización para la gestión de los asuntos públicos: por cuencas, para el caso del agua; por Regiones Terrestres Prioritarias, para el caso de la biodiversidad, o por Consejos Estatales y Regionales de Desarrollo Sustentable, para fortalecer la participación de actores locales. Especial atención recibía también el tema de la coordinación metropolitana a través de diferentes comisiones, como la Comisión Ambiental Metropolitana (CAM, hoy CAMe), la Comisión de Aguas del Valle de México (CAVM), o el Consejo para el Desarrollo Metropolitano del Valle de México (que aún existe).
En los seminarios sobre medio ambiente, la base era claramente la ecología política desde sus distintos enfoques. Especial énfasis se ponía en otro de los temas que dominaba la agenda nacional e internacional de aquellos tiempos: la sustentabilidad. Desde una mirada crítica, las discusiones estaban atravesadas por la noción de la construcción social del medio ambiente y la crisis de la sociedad moderna, como elementos estructuradores del análisis.
En los laboratorios de Sistemas de Información Geográfica (SIG), nos llamaba la atención la intensa transformación del sector servicios en las delegaciones del entonces Distrito Federal. Recuerdo, por ejemplo, que descubrimos con sorpresa cómo, debido a la proliferación de nuevos centros comerciales, el buffer (rango de influencia) de lugares como el centro comercial Perisur se había acortado de casi diez kilómetros a menos de cinco en menos de diez años. Toda esta discusión, por cierto, estaba enmarcada en las grandes transformaciones urbanas en América Latina. En el sector transporte, el caso paradigmático que revisábamos era el sistema Transmilenio, en Bogotá, Colombia. Comenzaba a atisbarse además el debate sobre lo que después sería el sistema de transporte Metrobús, en la Ciudad de México.
Mi salida de la maestría al ámbito laboral fue tersa. Tardé menos de un mes para insertarme al mercado de trabajo, como enlace en la Coordinación de Combate a la Corrupción en Semarnat. Duré muy poco ahí, y regresé a trabajar como colaboradora en uno de los proyectos sobre coordinación metropolitana que realizaba el CEDUA (en ese entonces Centro de Estudios Demográficos y Desarrollo Urbano, CEDDU) para una secretaría de Estado. Después de eso, ingresé al Instituto Nacional de Ecología como funcionaria pública de carrera.
Si bien la maestría no tenía líneas de especialización, mi formación en temas relacionados con medio ambiente fue sólida. Un perfil que articulaba la comprensión de asuntos complejos, como suelen ser los asuntos urbanos y medioambientales, con la lógica territorial en el análisis de políticas públicas, me dio una clara ventaja competitiva para ingresar por concurso al INE, e incluso para coordinar proyectos de consultoría para la Organización Meteorológica Mundial (OMM) o The Ecologic Development Fund (Ecologic). Más adelante complementaría mi formación con el Doctorado en Estudios Urbanos y Ambientales, que consolidó mi formación académica y me dio las bases para contender en un concurso de oposición en la universidad.
La agenda que nos ocupaba a principios de siglo como alumnos en el área de estudios urbanos, tenía como unas de sus preguntas centrales qué determinaba las dinámicas económicas, sociales y políticas en las metrópolis, y qué actores, a través de qué mecanismos de coordinación, tomaban las decisiones que estipulaban los modos de gestión de la vida pública en estos espacios en constante transformación. Hoy, más de veinte años después, pienso que la Maestría en Estudios Urbanos tiene el enorme reto de dar cuenta de un cambio de escala sin precedentes en el fenómeno de lo urbano. Hoy en día, fenómenos como las llamadas “ciudades infinitas”, la precarización del empleo, las dificultades para acceder a una vivienda, el incremento en las rentas del suelo en las zonas centrales, así como la transformación de las estructuras productivas alrededor del mundo ante la emergencia de fenómenos como el nearshoring,8 la escasez de agua o las transformaciones derivadas de los impactos del cambio climático, entre otros, determinan la agenda por delante para quienes emprendan este fascinante camino de los estudios urbanos.
Intervención de Martha A. Tepepa Covarrubias
Trayectoria y perfil
Soy egresada de la segunda generación (2008-2012) del Doctorado en Estudios Urbanos y Ambientales del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México. Desde hace más de dos décadas resido en el estado de Nueva York, Estados Unidos, donde soy profesora adjunta de Antropología en la Western Connecticut State University (WestConn), ubicada en Danbury, Connecticut. Las clases que doy a nivel licenciatura tienen un enfoque descolonizador y multidisciplinario, haciendo hincapié en Abya Yala (también conocida como América Latina). Mi investigación se centra en la política social desde una perspectiva que combina el análisis económico y antropológico para abordar temas como la pobreza, el racismo, el bienestar y la cooperación comunitaria.
Para explicar la relación entre mi experiencia en el CEDUA y mi trabajo actual, es importante proporcionar el contexto. Durante muchos años fui inmigrante intermitente, viajando a México mientras colaboraba en investigaciones académicas. En 2008 presenté mi solicitud para ingresar al Doctorado en Estudios Urbanos y Ambientales con una propuesta para analizar una política social en Argentina desde un enfoque multidisciplinario. Once años después de graduarme, reflexiono sobre las transiciones que he experimentado como ciudadana de dos países, especialmente sobre el concepto de “privilegio” tan presente en Estados Unidos. Soy consciente del espacio que ocupo como académica, mujer de color con herencia indígena en el norte global, y como egresada de El Colegio de México -CEDUA-, una institución reconocida y de prestigio internacional.
En la comunidad estudiantil de WestConn hay muchos estudiantes que son la primera generación en asistir a la universidad, como yo; y también muchos que son la primera generación en residir en Estados Unidos, como yo.
En varias de mis clases, estudiantes afroamericanos, haitianos, mexicanos, brasileños, guatemaltecos, ecuatorianos salvadoreños, paraguayos, argentinos y uruguayos, se identifican personalmente con los fenómenos sociales que analizamos. Dada mi formación en el CEDUA, tengo la capacidad de abordar temas como el racismo, la migración, el género y la pobreza, así como las consecuencias sociales de las crisis económicas, sin deshumanizar ni reducir a la población a meros “actores sociales” o “capital humano”.
Enfrento la tendencia de un sistema educativo en Estados Unidos que, por un lado, ofrece una única versión, hegemónica e imperialista de la historia; y, por otro, explica, a través de una visión individualista y desde la focalización absoluta, el análisis de la acción del Estado. En clase, mis estudiantes analizan cómo las políticas sociales pueden ayudar a prevenir problemas sociales; cómo el apoyo digno a las infancias latinas podría ser un factor esencial para evitar su ingreso en pandillas y estimular a las familias latinas a involucrarse en la educación de sus hijos, para romper el ciclo de pobreza y exclusión.
El programa que cursé en el CEDUA fue fundamental en mi formación profesional; su enfoque multidisciplinario complementó mi licenciatura en Economía por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco (UAM-A) y mi Maestría en Antropología Cultural en Columbia University.
Gracias al CEDUA he podido analizar la pobreza y las políticas sociales en Estados Unidos desde una perspectiva amplia y crítica, como aquellas que durante la pandemia excluyeron a las personas indocumentadas, así como las políticas sociales discriminatorias y punitivas como el Public Charge; y recientemente, la plataforma política conservadora del Heritage Foundation, “Project 2025”, del partido republicano.
Ingreso a la fuerza laboral
Mi ingreso al mundo laboral fue un desafío, ya que mi vida cambió durante el Doctorado en el CEDUA. Realicé mi trabajo de campo en comunidades populares de Lomas de Zamora, Argentina, mientras estaba embarazada. Poco después de regresar, nació mi hija. Escribí mi tesis de doctorado con ella en brazos y presenté mi examen profesional cuando mi hija ya había cumplido tres años. Esta experiencia me llevó a reflexionar sobre un tema que han explorado antropólogas como Barbara Tedlock, Tanya Luhrmann, Jill D. Fisher y Martha MacIntyre: los retos de estar embarazada mientras se realiza trabajo de campo. Aunque es parte de la vida cotidiana, para mí fue una dinámica estructural que contribuyó positiva y significativamente a mi investigación, ya que logré establecer un vínculo de empatía y confianza con quienes entrevisté. Por otro lado, también me llevó a reflexionar sobre las lógicas impuestas que definen lo que “debe ser”, en lugar de considerar las circunstancias reales y materiales con las que las madres lidian en su día a día.
Vivir en una ciudad tan costosa como Manhattan, sin una red de apoyo para el cuidado, complicó mi regreso al mercado laboral. Casi cuatro años después de obtener mi doctorado, logré reincorporarme. Sin duda, se necesitan enfoques más democráticos e inclusivos para apoyar a las mujeres que deciden ser madres, promoviendo relaciones laborales más igualitarias y un sistema de cuidados universal que defienda los derechos humanos de las mujeres.
Cómo se posiciona el CEDUA en el ámbito académico de Estados Unidos
Hay un creciente interés en la academia estadounidense por el sur global; desde mi perspectiva, esto ha aumentado desde la pandemia y particularmente debido al fenómeno de las familias en movimiento que buscan refugio. Las investigaciones del CEDUA son reconocidas en el ámbito académico estadounidense; su enfoque multidisciplinario en áreas demográficas, urbanas y ambientales ha sido fundamental.
No hace mucho se desdeñaban las percepciones subjetivas de los “beneficiarios” de los programas sociales y se tenía una posición rígida en la esfera de lo “público”, de lo “científico” (por cierto, todo dominado en su mayoría por hombres). No se consideraba que el enfoque multidisciplinario fuera confiable, y la investigación cualitativa no recibía buena aceptación. Hoy, incluso organizaciones multinacionales reconocen el valioso aporte de este tipo de investigaciones, que el CEDUA, por cierto, ha estado realizando durante sesenta años.
Temas como la construcción social y la discriminación arraigada en las estructuras legales y políticas de los países, y la intersección de las identidades, como raza, género, clase y sexualidad, tan mencionadas hoy en día en Estados Unidos, han sido ampliamente explorados por académicas e investigadoras de El Colegio de México. Las egresadas y los egresados del CEDUA conocemos este enfoque y estoy convencida de que muchas y muchos reconocemos la importancia de promover acciones y políticas que lleven a la justicia social.
Esta manera de ver el mundo y su posible interacción con la academia de Estados Unidos estará definida, pero no limitada, por el contexto político. En noviembre de 2024, con las elecciones presidenciales en Estados Unidos, hay dos opciones: por un lado, un ambiente menos hostil, aún con especialistas con una visión de centro-derecha, y por otro, habrá que intensificar la crítica y preparar a nuestros estudiantes para enfrentar ataques a los derechos humanos [N. del E. Este texto fue escrito antes del triunfo electoral de Trump].
Intervención de María Luisa Ballinas Aquino
Originaria de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, estudié la carrera técnica en Enseñanza Musical en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas. A los 16 años ingresé a la Universidad Veracruzana para estudiar simultáneamente las licenciaturas en Química Farmacéutica Biológica y Música. Sólo un año pude estar en ambos programas, y finalmente decidí continuar formalmente con la química, aunque la música siempre va conmigo.
Al terminar la licenciatura, regresé a Chiapas para realizar el trabajo de campo de mi tesis, proyecto en el que tuve la oportunidad de dialogar y aprender con investigadores en diversas disciplinas (bioquímica, producción ovina y nutrición), quienes acompañaron mi proceso de formación y me enseñaron a observar la complejidad de las realidades vinculadas con mi proyecto, que si bien tenía un enfoque cuantitativo y una centralidad en los análisis químicos, estaba vinculado a la ovinocultura presente en Los Altos de Chiapas. En ese tiempo hice una pausa de dos semanas en mi investigación por el levantamiento armado zapatista, que colocó en primer plano las desigualdades y las injusticias presentes en las comunidades de Chiapas, lo cual encontró eco en otras comunidades del país, y fue motivo de reflexión y lucha a nivel local, nacional e internacional. Esa etapa de mi vida detonó mi pasión por la investigación.
A los 33 años ingresé al posgrado en El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), donde me acerqué de manera formal a las ciencias sociales, con una tesis denominada Agua ¿bendita? Significados de la calidad de vida y religión en la comunidad de El Duraznal, un trabajo con enfoque etnográfico que me permitió valorar la perspectiva cualitativa “emic” en la investigación.
Al egresar de la maestría, ingresé a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), me integré como profesora de asignatura hasta obtener más de veinte horas semana mes, con lo cual me otorgaron el nombramiento correspondiente. Luego de seis años de laborar en el programa educativo de Ingeniería Ambiental, ingresé al Doctorado en Estudios Urbanos y Ambientales en el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México (Colmex).
La biblioteca fue uno de los espacios más importantes durante mi estancia en el Colmex, con un amplio acervo y un personal capacitado, el cual mantiene una actitud de apoyo para todos/as. La amabilidad del personal de servicios escolares, servicios de cómputo y servicios generales, facilitaron la experiencia formativa cotidiana. Por otra parte, el Coro Colmex fue un espacio enriquecedor en términos del desarrollo de habilidades que facilitan el encuentro entre compañeros/as, profesores/as y egresados/as de distintos centros de estudio. Bajo la dirección de la maestra Zaeth Ritter (Q.D.E.P) tuvimos experiencias de aprendizaje y calidez que se combinaban con la alegría y el gozo de la música.
Algunas experiencias académicas relevantes durante la realización del doctorado fueron:
La posibilidad de interactuar con todos los centros que forman parte del Colmex. En este sentido, cada centro de estudios se enriquece con la experiencia y actividad realizada por toda la comunidad. Una de las riquezas de El Colegio es esta posibilidad de diálogo interdisciplinario e intercultural dentro del mismo, así como con otras instituciones locales, nacionales e internacionales, lo cual se hace patente en la agenda de eventos académicos.
El acompañamiento de mi Comité de Tesis -integrado por profesores del CEDUA (Álvaro Hernández, lector) y del Centro de Estudios Sociológicos (Nitzan Shoshan, director)- fue muy importante durante el proceso de elaboración de mi tesis Análisis del proceso discursivo de las políticas de áreas verdes urbanas: el caso de la Ciudad de México (2006-2012) porque podíamos discutir en términos académicos y en un clima de confianza. Me siento muy agradecida con ambos.
El último semestre del doctorado tuve que regresar a Chiapas porque no renovaron mi permiso en la Unicach, por lo que impartí clases. En ese tiempo obtuve la beca mixta para una estancia en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España) con el profesor Teun Van Dijk, de quien había leído varios textos relacionados con mi investigación y a quien consideraba que era importante compartir mi tesis. De ese modo concluí el doctorado, siendo la primera estudiante de mi generación en titularme.
Entre los retos que considero se tienen en el CEDUA se encuentran:
Promover una mayor discusión en la relación y continuidad entre lo urbano y lo rural.
Sería muy favorable establecer canales de colaboración con otras instituciones de educación superior a través de sus egresados/as, impulsando el intercambio y la colaboración, así como el respaldo institucional a esos egresados.
Organizar encuentros regionales de egresados/as para fortalecer la colaboración entre nosotros/as y ampliar la presencia y colaboración del CEDUA y El Colegio en la región sur del país.
Intervención de Beatriz Corina Mingüer Cestelos
Soy doctora en Economía por la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestra en Estudios Urbanos por El Colegio de México y licenciada en Economía por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco (UAM-A). Cuento con una trayectoria en políticas públicas relacionadas con gobernanza, ciudades sustentables, desarrollo comunitario, vivienda, planeación urbana y metropolitana, así como economía política, crisis ambiental, desarrollo de economías sociales y solidarias, organización cooperativa, ecología política y desarrollo sostenible. Mi experiencia en relaciones institucionales abarca los sectores público (tres niveles de gobierno), privado y social (academia, organizaciones de la sociedad civil, empresas, ejidos y cooperativas).
Tengo más de diez años de experiencia en docencia e investigación. Fui becaria del Conacyt dentro del Programa Nacional de Posgrados de Calidad a nivel maestría y doctorado, obteniendo el grado de doctora con mención honorífica y siendo candidata a la Medalla Alfonso Caso de la UNAM. Actualmente soy miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) para el periodo 2023-2026. He colaborado en el Senado de la República como asesora en temas de desarrollo urbano, zonas metropolitanas y bienestar, así como en la Secretaría de Bienestar como consultora externa. Actualmente soy directora de Políticas y Programas de Vivienda en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu).
Como egresada del programa de Maestría en Estudios Urbanos (MEU) 2013-2015, mi formación en el CEDUA ha sido clave para en la definición del rumbo de mi carrera profesional, tanto en la academia como en la administración pública. En el ámbito académico, desde mi egreso de la maestría he impartido cursos en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre estudios urbanos y ambientales, además de participar en conferencias y presentaciones nacionales e internacionales. Durante el doctorado, desarrollé en mi investigación temas iniciados en mi tesis de maestría, lo cual me valió mención honorífica y la postulación a la Medalla Alfonso Caso.
En la administración pública, mi formación en el CEDUA fue fundamental para desempeñarme en el Senado en las comisiones de Zonas Metropolitanas, Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial, y Bienestar; en la Secretaría de Bienestar, como consultora externa; y en Sedatu, en roles como directora de Gobernanza y Vinculación Metropolitana, directora de Seguimiento y Operación de Programas, y actualmente directora de Políticas y Programas de Vivienda. Además de la alta calidad de nuestra formación, pertenecer a un grupo selecto de egresados ha facilitado la creación de redes importantes entre compañeros y profesores, lo que me ha permitido acceder a espacios de toma de decisión en el Poder Legislativo y el Gobierno Federal.
Considero de gran relevancia los temas vinculados al desarrollo urbano, que requieren un alto grado de especialización. Este campo permite que el limitado grupo de especialistas se inserte con relativa facilidad en la administración pública, dada la importancia creciente que el desarrollo urbano adquiere en todos los niveles de gobierno, en el sector privado, en la academia y en el ámbito social. Sin embargo, en mi experiencia, la academia no se ha insertado plenamente en las necesidades del gobierno. Como funcionaria pública, he constatado la falta de involucramiento directo de las universidades en las tareas prioritarias del gobierno, además de su escaso conocimiento de los procesos y problemas propios de la coordinación intergubernamental, intersecretarial e intersectorial, así como de las normativas e iniciativas actuales.
Es fundamental promover convenios para generar programas de posgrado, diplomados y cursos en colaboración entre El Colegio de México y las dependencias gubernamentales en sus distintas escalas. Por un lado, esto permitiría crear programas académicos profesionalizantes en los que los estudiantes colaboren de manera directa en dependencias gubernamentales, contribuyendo a la incidencia social y al acceso universal al conocimiento que incentiva el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conahcyt). Por otro, permitiría que profesores y estudiantes de posgrado fortalezcan las capacidades técnicas de los funcionarios, especialmente en el ámbito local, donde el acompañamiento a las autoridades es crucial en temas como desarrollo urbano, gobernanza municipal y metropolitana, vivienda, equipamiento público, sistemas de información geográfica, problemáticas demográficas, desarrollo sostenible, estrategias hídricas, entre otros.
Finalmente, es indispensable que la academia se acerque a los proyectos prioritarios del gobierno federal y al desarrollo de distintas necesidades teóricas, especialmente aquellas que deben explicarse desde América Latina y, en particular, desde México, con el fin de generar una producción teórica relevante y con pretensión de universalidad, así como examinar estudios de caso que enriquezcan la discusión geopolítica en torno al territorio y su impacto en economías globales. Esto permitirá fomentar líneas de investigación críticas y propositivas que aborden los problemas más urgentes de nuestros territorios, como: gentrificación, especulación del suelo, producción social del hábitat, transformación urbana en un mundo multipolar, autoproducción de vivienda como alternativa a la acumulación capitalista, mercado inmobiliario, debate sobre ciudades compactas, justicia ambiental, derechos humanos en materia urbana, demográfica y ambiental, y democracia participativa en la construcción de ciudades.
Finalmente, es fundamental agradecer y fomentar que estos encuentros se realicen de manera periódica, impulsando así la colaboración, las redes y las alianzas estratégicas que contribuyan al desarrollo de El Colegio y de sus egresados. Todo ello en beneficio de nuestro país, como corresponde a nuestra responsabilidad última al ser producto de una educación pública y gratuita. Ejemplo de lo anterior, y como resultado de este encuentro, se creó un grupo de WhatsApp para egresadas del CEDUA, al cual invitamos a nuestras compañeras con el objetivo de fortalecer redes para la difusión de eventos académicos, consolidar líneas de investigación y brindar apoyo en el ámbito laboral y profesional
Intervención de Dairee Alejandra Ramírez Atilano
Experiencia en Estudios Urbanos
La preocupación por cómo vivir juntas y juntos, así como gestionar los recursos y actividades que permiten sostener la vida, no es una novedad. Sin embargo, con la creciente población concentrándose en zonas urbanas, han surgido problemáticas y retos que exigen poner atención en la organización de los asentamientos humanos y su relación con los ecosistemas.
En 2017 ingresé a la Maestría en Estudios Urbanos con la intención de comprender un poco más Monterrey, mi ciudad natal, y abonar a las discusiones sobre seguridad y violencia urbana. Inicié el proceso en enero de ese año, pensando que ese programa sería una gran oportunidad para fortalecer habilidades en temas cuantitativos, pero sobre todo me interesaba complejizar mi formación de socióloga e incorporar una perspectiva territorial.
Como parte del proceso de selección, cursamos un propedéutico que nos introdujo a diferentes áreas de conocimiento que son parte de la base multidisciplinaria de los estudios urbanos, tales como: sociología, economía, ciencia política, estadística, economía política, entre otros. Desde ese momento, la maestría se convirtió en un reto interesante, pues además de la exigencia y los conocimientos nuevos, era necesario aprender a dialogar con compañeros y compañeras de diferentes formaciones y abrir la mente para incorporar análisis con miradas que no necesariamente nos eran familiares.
Una vez dentro del programa de maestría, el contacto con una diversidad de generaciones de investigación fue fundamental para acercarse a los estudios urbanos y ambientales desde diferentes perspectivas de análisis, pero también a intereses, preocupaciones y métodos de investigación diversos. Con esto quedaba claro que las aproximaciones para entender y analizar los territorios y espacios urbanos son complejas, por lo que se requiere de profesionales con disposición a expandir las fronteras de sus propias especializaciones, y también guardar un compromiso con el mundo y los seres, tanto humanos como no humanos, que habitan en él.
Particularmente la perspectiva territorial es una de las principales aportaciones del programa a sus estudiantes. Esto entendiendo que el territorio es una construcción social pero también constructo de realidades, es decir, reconociendo que el territorio se define históricamente y que es configurado por las relaciones entre los seres humanos; pero, además, el territorio en sí mismo influye en las relaciones sociales. Esta perspectiva conlleva tres principales retos: descentralizar la mirada antropocéntrica que ha prevalecido en las ciencias sociales; distinguir las características de los diferentes elementos y los flujos de relaciones; y explorar e innovar en metodologías.
En mi caso particular, me he dedicado a estudiar problemáticas relacionadas con violencia, seguridad y derechos humanos. Pero, ¿de qué manera una perspectiva territorial abona a comprender estos temas? En primer lugar, esta perspectiva me ha permitido cuestionar la generalidad con la que se habla de estos temas y pensar en diferentes escalas para comprender las dinámicas, tanto de criminalidad como de acción gubernamental, para atenderlas. En segundo lugar, he podido desarrollar una mirada que prioriza el contexto y que pone atención en las características materiales de los espacios en los que se pretende intervenir o realizar análisis. Estos aprendizajes no sólo contribuyen a afinar las herramientas de análisis y observación, sino también a pensar en estrategias que permitan actuar en favor de los grupos en situación de vulnerabilidad. En el tema de derechos humanos, pensar en las características territoriales y la materialidad de los espacios es fundamental para hablar, por ejemplo, de temas como la accesibilidad -pilar para la garantía de derechos-, la cual pasa por características arquitectónicas, de movilidad, comprensión, disposición de espacios y objetos, entre otras.
Por otra parte, el programa de estudios contribuyó en un cambio importante en mi percepción de lo que implica la gestión y la gobernanza, y por ende la concepción del Estado. Esto sin duda ha sido un aprendizaje significativo porque me ha permitido analizar la acción e inacción estatal desde una mirada más analítica, reconociendo que la función pública también tiene dinámicas y sentidos que no corresponden sólo a una falta de voluntad política, sino a capacidades, historia y relaciones entre actores que pueden favorecer una u otra orientación. Con ello espero poder aportar estrategias que favorezcan las causas sociales.
Finalmente, considero que el programa de Estudios Urbanos es un espacio de aprendizaje sumamente importante para formar personas comprometidas con las problemáticas que aquejan los territorios del país, pues ofrece perspectivas interdisciplinarias y comparadas, con una orientación de ciencia aplicada, es decir, que puede ser útil para la política pública o la acción de organizaciones no gubernamentales. Esto no implica que el programa esté libre de retos y áreas de oportunidad, siendo la principal exigencia una constante actualización, puesto que se enfrenta al cambio permanente que se experimenta en las ciudades y a las crisis que aquejan a la sociedad.










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