¿Qué es lo imperceptible? Pregunté. Lo que no se ve a primera vista. No es lo invisible […] es lo que no se puede pensar. Es el exceso.
INTRODUCCIÓN
Este texto podría haberse también intitulado el “Misionero sexualizado”.1 Pronto se verá por qué. Entre las múltiples denuncias que han surgido desde los años noventa por el ancho mundo respecto al abuso sexual perpetrado por sacerdotes, son muy pocos los casos en los que quien ha cometido actos de pederastia decida dejar por escrito sus abusos antes de haber sido denunciado.2 Presentaré el caso del jesuita Alfonso Pedrajas -conocido como el padre Pica-, fallecido en 2009, que muestra una situación muy singular, pues el citado religioso redactó un diario -que podría calificar de autodenuncia- al que tituló “Historia”, en el que, además de sus hazañas como misionero en Bolivia con los mineros y marginados, narró los abusos sexuales que cometió con jóvenes de esas comunidades. De su lectura, puedo inferir que al escribirlo el jesuita no tuvo la pretensión explícita de que sus delitos sexuales se hicieran públicos, ni tampoco lo hizo con dedicatoria para los violentados por él, pero…
El diario presenta una doble cara: la que contiene una franca autodenuncia de sus actos pedocriminales y la que incluye la denuncia de algunos superiores de su propia orden religiosa a quienes les informó de sus actos y quienes, asegura, decidieron encubrirlo. Autodenuncia-denuncia que por alguna razón determinó conservar en su computadora. Al hacerlo, quizá se puede colegir que pensó de manera tortuosa que este le hubiera valido como una especie de absolución incompleta en el remoto caso de que alguien leyera su escrito, pues se podría constatar que al menos sintió culpa y que la reportó a sus superiores por si llegaba a trascender el muro secreto de la orden jesuita.
No queda claro si Pedrajas lo dijo todo en confesión o en lo que dentro de la Compañía de Jesús denominan como “cuenta de conciencia”. En el caso de la confesión prima el secreto, en la segunda una gran discreción, pero en la medida que lo dejó por escrito existía la posibilidad de que los hechos se hicieran públicos; esto implicaba que su diario se conservara, como ocurrió. Según afirma su novio durante los últimos cuatro años de vida, el padre Pica le encargó el documento que estaba en su computadora con la consigna de que “nadie lo tenga”. Con ello buscó sellar un pacto de silencio con su amante, aunque, al parecer, tampoco le dijo que destruyera los archivos contenidos en su computadora. Digamos que se trata de un tipo de secreto a media voz que, por una parte, circuló entre miembros de su orden que contribuyeron a su encubrimiento y, por la otra, descansaba en la experiencia vivida por los jóvenes violentados por el jesuita. “En el diario, el jesuita relata cómo sus superiores encubrieron sus delitos (hasta siete provinciales jesuitas y una decena de clérigos bolivianos y españoles) y las denuncias de algunas víctimas que llegaron a la orden (Pedrajas escribió, por ejemplo, lo siguiente): ‘Hice daño a mucha gente (p. 85) a demasiados’” (Molina y Núñez, 2023).3
Queda claro, entonces, que sus congéneres de entonces lo protegieron tanto de su autodenuncia como de las acusaciones de algunos jóvenes que fueron abusados por él. Aquí tenemos un caso más de la política estructural implementada desde la Santa Sede para este tipo de situaciones, la que se replicó sin falla aparente hacia el interior de la Compañía de Jesús en Bolivia y, obviamente, en muchos otros lares. Ante todo, proteger al abusador y a la institución por encima de los violentados.
Ahora bien, las vicisitudes que se concatenaron para que finalmente el citado diario fuera del dominio público es digna de una novela de enigma, en la medida que nada aseguraba lo que ocurriría con él. Sólo el sentido ético (¿?) de algunos que recibieron el escrito sin haberlo solicitado permitió que este llegase al lugar para el que no estaba destinado. Digamos que podría ser una variación de La carta robada, de Edgar Allan Poe. En el escrito de Poe la carta siempre llega a su destino. En el caso que me ocupa no necesariamente dicha “carta” tenía que haber arribado a su segundo destino,4 como más adelante se verá.
En el caso del padre Pica hay dos elementos, entre otros posibles, dignos de remarcar: el primero es lo singular de la confesión de un abusador que perteneció a una de las órdenes más prestigiosas de la Iglesia católica; el segundo, es que no cumple con la faceta clásica del personaje del misionero que, por lo general, es la del sujeto que generosamente se desprende de su terruño, renuncia a sus familiares y está dispuesto a afrontar las penalidades de los viajes, climas y persecuciones de los paganos, con tal de llevar la doctrina que contiene la verdad revelada de su dios a otros hombres que la desconocen. Pero, además y, sobre todo, el misionero nunca aparece como un ser sexuado, sino que su cuerpo es más bien un receptáculo de sacrificios, sufrimientos e incluso de muerte,5 que ofrece a su invisible amo celestial.
El caso del padre Pica no es el único en esa red de misioneros españoles que fueron a recalar a Bolivia, pero sí en el que haré énfasis.
En síntesis, estos hechos muestran un tipo singular de secreto muy compartido que tiene la característica -a diferencia de otros- de ser sostenido de manera “solidaria” por los perpetradores y sus encubridores, además de que, dentro de la orden jesuita, al parecer, el secreto estaba compartimentado, o sea, no todos lo sabían. Por otra parte, dicho secreto polivalente está cruzado por una asimetría que conforma el cuarto elemento que lo mantiene por diferentes razones: aquellas de los abusados y sus dificultades para nombrar lo ocurrido. Asimetría que implica una especie de “pacto extorsionado”6 en el que quien no buscó estar en esa situación queda enganchado. Secreto que se diferencia del tipo de clandestinidad más igualitaria y consensuada que opera hasta cierto punto en las sociedades secretas o en los grupos guerrilleros o, incluso, entre los espías.7 Dicho secreto, además, está cubierto por uno más amplio que es el de proteger lo más posible la vida sexual del clero. ¿Y por qué esto último?, porque uno de los pilares de la identidad sacerdotal católica que la diferencia de otros competidores en los “bienes de salvación”8 es presentarse como célibes y castos. Obviamente, las diferentes maneras de vivir las diversas sexualidades no implican el grado de violencia que acarrea la pedocriminalidad.
El texto está dividido en tres partes: la primera da cuenta de algunos elementos contenidos en el diario del padre Pica y de las vicisitudes que este atravesó, así como de las reacciones que suscitó su publicación en el periódico El País; la segunda tratará sobre pedocriminalidad en el Colegio Canisio jesuita de Berlín y la manera como su rector afrontó las denuncias cuando se enteró de ello. Este asunto servirá para hacer ciertas analogías y marcar las diferencias entre ambos sucesos. La tercera aludirá a una secuela del caso alemán en México, porque uno de los sacerdotes alemanes acusados de pedocriminalidad fue recibido un breve tiempo en la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús.
PRIMERA PARTE: EL SECRETO EN EL TRASTERO
Tal es efectivamente el juego de la institución. Ella habita la podredumbre, al mismo tiempo que la designa, le asigna un lugar, pero circunscrito, constituido en secreto interno: entre nos, tú sólo eres mierda, sólo eres un sujeto de un supuesto saber […] Habitando en ella esta podredumbre [le] permite en el exterior otro discurso noble, de la manifestación teórica […] Para el sistema institucional, defecar [en el interior] es la condición para que tenga teoría en el exterior
El secreto y el encubrimiento sistémico en la Iglesia católica
Para dimensionar lo ocurrido en el caso del jesuita Alfonso Pedrajas y en la propia Compañía de Jesús, me parece importante que quede claro el contexto que explica el porqué de la política estructural del secreto y del encubrimiento en la Iglesia católica en relación con la vida sexual de su personal y, más específicamente, de la pedocriminalidad clerical. Para ello, hay que referirse a las directivas implementadas desde muchos años atrás por la Santa Sede. A este respecto, una de las confesiones más honestas y sorprendentes9 realizadas en relación con esta política estructural vaticana la hizo un obispo mexicano, el entonces secretario del Episcopado Mexicano, Abelardo Alvarado, quien -como un lapsus ecclesiasticus- la desplegó sin velos en un programa televisivo en abril de 2002 ante el periodista Joaquín López Dóriga.10 Veamos:
Este asunto de los abusos sexuales es inédito no se tocaba en los medios de comunicación.11 Se tenía una gran reserva y eso tiene su explicación: 1) Hasta ahora el criterio que se seguía en la Iglesia es que estos casos se deberían mantener en una reserva casi absoluta porque se quería proteger, en primer lugar, a las víctimas, la fama, el buen nombre; por otro lado, 2) Se buscaba que no hiciera daño a los fieles por el escándalo; 3) Además, se trataba de cuidar el prestigio digamos de la institución Iglesia y, también, incluso del sacerdote que ha cometido delito. Antes, las medidas que los obispos tomaban era cambiarlos de parroquia. Esto ya se vio que no funciona (Alvarado, 2002).
En su jerarquización de la “gran reserva” llamativamente pone en primer plano a las víctimas y su buen nombre y luego a los fieles para evitar el escándalo; en el tercer y cuarto lugares coloca a la institución y al posible delincuente. No obstante, me parece que más bien los dos últimos son los que han tenido prioridad: se ha tratado más bien de proteger el buen nombre de la Iglesia y del sacerdote y no tanto el de las víctimas, como lo muestra la frase que se lo hacía para “proteger el buen nombre de las víctimas”. Además, se muestra con claridad la visión paternalista acerca de los fieles considerados como menores de edad. No se podía ser más claro en la descripción de la política estructural sistémica emanada de la Santa Sede, que descendía y permeaba a todo el aparato de las arquidiócesis, diócesis y congregaciones religiosas del mundo.
Es de llamar la atención que su declaración en el principal canal de la televisión mexicana no haya provocado comentarios y que en buena medida haya pasado de largo para la mayoría de los periodistas, de las autoridades judiciales y de los televidentes. Digamos que formó parte de ese “exceso” a vistas que se vuelve impensable, como escribe Ricardo Paglia a través de su personaje el comisario Croce.12
El citado obispo remachó lo dicho de manera aún más precisa ocho años después:
Se tomaron medidas equivocadas por los obispos: política de encubrimiento, silencio e impunidad, no dar crédito a las denuncias y sólo llamados de atención en privado; pretender comprar [el] silencio de las víctimas y someter a las víctimas a presiones psicológicas y morales, chantajes y amenazas; enviar a los acusados a centros de rehabilitación y […] evaluaciones terapéuticas, o traslado a parroquias y cambio de diócesis o de país (cura geográfica le han llamado). Obispos y superiores […] estaban más preocupados por mantener el tema en secreto con el objeto de evitar el escándalo y cuidar la imagen tanto de la Iglesia como de los sacerdotes que de las propias víctimas (Alvarado, 2010).
Esta vez las jerarquías en relación con la “gran reserva” cambian de lugar, ya que desnudan de manera descarnada la omertá orquestada por la cúpula de la Iglesia católica. Tampoco pone como pretexto la supuesta “protección de las víctimas y su fama”, ni el posible escándalo de los fieles. Pero como nada es perfecto, la frase con la que comienza su escrito: “se tomaron medidas equivocadas por los obispos”, implica que estos, por una extraña coincidencia y ocurrencia, hubieran tomado las mismas directivas, salvo algunas excepciones, lo que deja al margen de toda responsabilidad a la institución papal, principal autora y sostenedora de esta política. Esta postura permite que, hasta el día de hoy, el pontífice en turno se siga lamentando por los actos de su clero que surgen casi como hemorragia cotidiana por el ancho mundo, como se verá más adelante en la posición asumida por el papa Francisco respecto al caso boliviano. Espero que con esta sintética alusión contextual se aprecie mejor lo ocurrido en el caso que nos ocupa.
El diario del padre Pica. Algunas citas
Si entré a la Compañía, me vine a América e hice votos perpetuos es para ser santo.
(Pedrajas, marzo de 1963, en Núñez, 2023a)
Todavía en Miraflores tuve mi primera metida de pata. La recuerdo como una lucha feroz con el crucifijo en la mano.
(Pedrajas, abril de 1964, en Núñez, 2023a).
El periodista de El País, Julio Núñez, publicó el 29 de abril el artículo intitulado “El diario de un pederasta”, acompañado de una selección de citas del escrito y de algunos testimonios de los abusados. Los hechos ocurrieron principalmente en el Colegio Juan XXIII en Cochabamba (Bolivia), lugar a donde el sacerdote Alfonso Pedrajas fue enviado por las autoridades jesuitas de España en 1971. El citado colegio era un internado que rescataba a niños en situación de pobreza para ofrecerles una vida diferente: “El jesuita era uno de los encargados de recorrer Bolivia en busca de chavales” (Núñez, 2023a). Leamos algunas de las notas escritas por Pedrajas en su diario compuesto de tres partes.
Parte I
He hecho mucho mal […] Veo todo claro: mi vaciedad, un dios que se esconde.
No soy tan culpable.
(Pedrajas, Caracas, 21 de junio de 1978, en Núñez, 2023a).
Entre el “he hecho mucho mal” y “no soy tan culpable”, Pedrajas se ofrece un reconocimiento franco del mal que causó con atenuación incluida. En 1979, Pedrajas viajó a España para hacer lo que en la Compañía de Jesús se denomina como “tercera aprobación”, que es cuando se realizan los votos definitivos, entre ellos, obviamente, el de celibato y castidad. En el centro de Alcalá de Henares habló con su instructor, el jesuita Jesús Arrollo,13 de los abusos sexuales; aunque no existe constatación de las conversaciones que tuvieron, sí la hay de las supuestas recomendaciones que recibió del instructor, entre otras: “que no debe nombrarlos [los actos] en las confesiones. Ni tampoco considera que debe abandonar la docencia. Y que en ningún momento le aconseja que deje de agredir a los menores”14 (Núñez, 2023a).
Pedrajas escribe lo siguiente: “No sentirme pecador arrepentido”. ¿Se trataría de sentirse sólo pecador o ni pecador ni arrepentido? A saber. Y agrega: “En el futuro no pasará nada […] son casos aislados”. El periodista añade que, a pesar de su confesión,15 no se le abrió ningún proceso ni se le apartó de los alumnos cuando regresó a Cochabamba, en donde siguió su prometedora carrera de abusador. Lo apartaron en 1983 y lo mandaron a Oruro (Bolivia),16 desde donde les escribió a sus alumnos que partió por propia voluntad para “sentir en el alma, lo que siente el minero boliviano que tan explotado es”. El misionero de izquierda que usa su ideología para someter infantes muestra su doble cara. ¿Cura geográfica? Esta sólo duró un año porque regresó al Juan XXIII en 1984.
Parte II
No me dejes -ayúdame- dañar a ninguno de tus hijos.
He sido un degenerado (O, ¿un enfermo atrapado?).
(Pedrajas, s. f., en Núñez, 2023a).
De nueva cuenta la contundente afirmación seguida de una atenuación. En 1999 -describe el periodista-, acudió con un psicólogo salesiano, Ángel Tomás García, a quien le habría contado todo. El consejero le señaló las consecuencias que “seguirían” de continuar violentando menores (¿sólo las que “seguirían”?). Pica anota estas palabras en su diario: “Ver dignidad de estos indefensos. Algún día se sentirán utilizados, manipulados. ‘Cortar radicalmente’. Evitar complejos y sentimiento de culpa.” Además, escribe que el salesiano le recomendó que no relacionara el delito con el pecado: “lo más importante no es el tema sexual (homosexual, ni pedofilia), sino la necesidad de ternura y cariño”, y que distinga entre “abusos y relaciones sexuales consentidas”, así como que se someta a evaluaciones periódicas (Pedrajas, 1998, en Núñez, 2023a).
La cita se presta a confusión. ¿Para el consejero -filtrado por la versión de Pica- se trata de delitos, pecados o de un problema psicológico, “necesidad de ternura”? tampoco queda claro. A su vez, le dice que evite los sentimientos de culpa. ¿Se trata entonces de qué? ¿Diferenciar los abusos de las relaciones consentidas porque lo importante no es la pedocriminalidad? Y, por último, que se haga evaluaciones periódicas. “Las leyes serán muy severas (cárcel, destierro, expulsión). Todo el peso de mis errores me aplasta. Sí soy culpable. Ante él no tengo palabras. Mi silencio es vergüenza, es culpa, es miseria pura […] hice sufrir, dañé” (Pedrajas, Chuquiñapi, Bolivia, 21 de febrero de 1998, en Núñez, 2023a).17
Esta vez no hay atenuaciones y se siente francamente culpable por sus “errores”, que no de sus delitos. En 1998 Pica fue apartado de formar novicios:18 “Estoy podrido”. En su diario se hace presente el jesuita Luis Tó -también pederasta-, a quien cita varias veces y que fue trasladado por la orden desde España (Domínguez y Núñez, 2023).19
En el inicio del nuevo milenio llegaron las primeras denuncias de algunos de los violentados: “Me llamó mi mamá […] me dijo con toda sencillez: ‘Llamaron desde Bélgica preguntando por ti’. Ella le dio mi teléfono de La Paz, que antes de colgar [con ella] dijo: ‘Él violó a mi hijo’” (Pedrajas, La Paz, 15 de enero de 2001, en Núñez, 2023a). Días después, Alfonso escribe que lo llamó su hermano para “advertirle que un antiguo alumno había vuelto a llamar a la casa de sus padres en Valencia para contar que el jesuita le había violado cuando era niño” (Núñez, 2023a). Pica reaccionó a esta llamada así: “Tiemblo sospechando que llega con un chantaje20 muy serio. Y lo peor es que se enterará medio mundo.” Lo importante parece ser el posible chantaje y que se entere “medio mundo”. Esta vez, el casi soliloquio se ve interrumpido por la aparición de un abusado por él. La escritura no será sólo entre su dios, él y los consejeros que busca y lo protegen, sino que el espectro de los abusados comenzará a hacerse visible. Esta vez ocurrirá sin que pueda tener el mínimo control al respecto.
Parte III
Alfonso Pedrajas recurrió a su provincial Ramón Alaix y este supuestamente le reconoció que necesitaba “ser acogido”; Pica añade que “Esta necesidad de ser amado, me llevó años atrás a buscar cariño donde no era conveniente.” Buscó luego a Óscar Ozán, al parecer un prestigiado teólogo, a quien describe como un clérigo “con una vida gay plena, que ha dejado de creer en Dios”. Cuando aparece en el Boston Globe (21 de marzo de 2002) el caso del sacerdote estadunidense John Geoghan, que abusó de 130 niños, Pedrajas anota lo siguiente en su diario:
Estoy metido entre dos paredes que se van juntando y apretando (el ahora y el pasado). Lo que ha llenado este tiempo ha sido el tema de la pederastia en TV y prensa. Algunos momentos los he pasado con enorme ansiedad […] Estoy angustiado, tengo miedo. Mañana hablo con Ramón [Alaix] le voy a proponer irme a Valencia para “cuidar” a mamá. Tengo que escapar de esta angustia y mediocridad (La Paz, 17 de junio de 2002, en Núñez, 2023a).
Ya fuera de Bolivia escribió que “el fantasma del miedo en torno a los acontecimientos juanuchistas (así se refiere a sus antiguos alumnos del Juan XXIII) se han alejado. Creo que tengo una buena capacidad para vivir con ese lastre en la mochila.” Cada vez más cercado por sus actos, al decidir alejarse parece ser que obtiene alivio, que el “lastre” se torna más ligero. Cura geográfica “materna”. En 2004 regresó a Bolivia con la esperanza de que su orientación sexual y los abusos terminaran “con algún acontecimiento (enfermedad o accidente)”. Añade el periodista que meses después sus anhelos se le cumplieron: “Pues parece que llegó el momento […] tengo cáncer. Dentro de unos días con la cirugía radical de la próstata, los ganglios y vesículas seminales voy a quedar impotente” (Cochabamba, 12 de abril de 2004, en Núñez, 2023a).
Pica, ya impotente, reflexiona acerca de su homosexualidad -no de su pedecriminalidad- y escribe acerca de la concepción que la Iglesia católica tiene de ella; se pregunta y se lamenta de la doctrina que la condena: “¿Por qué una Iglesia [puede] permitir y fomentar eso? Jesús jamás me hubiera tratado así.”21 Asimismo, volvió estable la relación con su pareja de los últimos cuatro años de su vida, que es a quien le reveló los abusos que cometió y a quien le encargó que nadie tuviera acceso al diario que descansaba en su computadora.
Pedrajas retornó al Juan XXIII para los homenajes que antiguos alumnos le hicieron y escribe al respecto: “Me hartaban un poco tantas intervenciones llenas de elogios y cariño, me resonaban como hipócritas o al menos falsedades: pues yo sé bien cuál fue la realidad y no puedo sacudirme de la mente el hondo sentimiento de culpa que me embarga” (s. f., en Núñez, 2023a). Esta vez parece no haber escapatoria para sus “metidas de pata”, “errores” o “pecados”,22 según las diferentes descripciones que hace a lo largo de sus confesiones. Uno de esos homenajes fue suspendido a última hora porque alguien había insistido en una denuncia ante el provincial Ramón Alaix. Pica escribe: “Ramón se asustó, e incluso habló de enviarme a España. Lo frené como pude y hasta ahora no me ha dicho nada de lo que se comprometió hablar con el interesado de nuevo y pedirle perdón” (El Paso, Bolivia, 3 de febrero de 2008, en Núñez, 2023a).
Para disipar los rumores, Pica envió una carta a los antiguos alumnos para explicarles que fue él quien canceló el homenaje por las sesiones de quimioterapia. Añade: “Reconozco las cosas malas que se han hecho, por las cuales les pido disculpas.” ¿Que se han hecho? ¿Disculpas de qué precisamente? Pica dejó de escribir el 11 de octubre de 2008. Pero parece que quedó atrapado entre la culpa -por sus “errores” y “metidas de pata”- y el escribir sobre sus abusos -pero, ¡por favor!, “que nadie se entere”-. Sic transit gloria mundi
El trayecto improbable de las memorias de Alfonso Pedrajas
Dicho diario, por circunstancias que en parte se pueden reconstruir, terminó en el trastero de la familia del sacerdote en donde fue encontrado por su sobrino Fernando “mientras hacía limpieza a finales de 2021”. Fernando decidió publicarlo vía el periódico El País después de haber presentado las denuncias de los abusos de su tío “en varias instancias religiosas y judiciales sin obtener respuesta. Entre ellas, a la delegación de los jesuitas en Bolivia dedicada a investigar los delitos de pederastia.”
Tratemos de ver desde el inicio cómo fue posible que el diario llegara a las páginas de El País. El artículo inaugural, que salió a la luz el 29 de abril de 2023 con el título “Diario de un cura pederasta”, tuvo efectos “inesperados” durante el mes de mayo porque hizo visible no sólo el caso de Alfonso Pedrajas, sino que fue la “vía regia” por la que circuló la red de encubrimientos de otros misioneros de la Compañía de Jesús tanto en Bolivia como en España. El citado periodista Julio Núñez relata que durante lo que sería el último viaje de Pedrajas a Bolivia, a finales de agosto de 2009,23
Obligó a su novio a que le prometiera algo: “Tú vas a hacer como sea para quedarte con mi ordenador [computadora] no quiero que nadie la tenga”. La pareja del sacerdote hizo la promesa. “Eso fue lo que me dijo”, recuerda por teléfono 14 años después, quien fue pareja del religioso durante los últimos cuatro años. “No me imaginaba que podía ser eso” […] dice sin revelar su nombre por miedo.
Periodista: ¿Pero usted conocía antes de ver qué había en su ordenador que Alfonso agredió sexualmente a decenas de menores y que los jesuitas taparon las denuncias?
Sí. Me manifestaba preocupación, su miedo. Sin embargo, también me expresó que la Iglesia como institución lo respaldaba (Núñez, 2023a).
Después del sepelio del jesuita, el novio encendió la computadora y encontró el documento que Pica le dijo que estaba escribiendo con el título de “Historia”, que contenía 383 páginas y abarcaba desde su ingreso al noviciado en 1960 hasta 2008. “Ahí va a relatar que, como mínimo 7 superiores provinciales y una decena de clérigos bolivianos y españoles, encubrió [sic] sus delitos y las denuncias de algunas víctimas” (Núñez, 2023a). El citado novio añade que “sin pensar en las consecuencias envié a un hermano por correo exprés un DVD en el que grabé decenas de fotografías y memorias. Nunca pensé que acabaría en la prensa.”24 ¿Por qué el novio del jesuita rompió la promesa? No queda del todo claro, sólo alude a que lo hizo “sin pensar en las consecuencias”. ¿Convicción ética o ajuste de cuentas con su exnovio? A saber. “El periodista dice que ‘alguien’ de la familia imprimió el documento en España y lo guardó en un archivador verde de anillos y lo metió en una caja de cartón. [Lugar] donde descansó cubierto de polvo en una buhardilla madrileña, hasta diciembre de 2021 cuando Fernando Pedrajas, un sobrino del jesuita, subió a limpiar ese trastero […] El sobrino decidió llevárselo a su casa para leerlo” (Núñez, 2023a).
No se sabe si el citado “alguien” que lo imprimió era presumiblemente el hermano al que le fue enviado y menos si lo leyó. Hasta aquí, el trayecto seguido y la conservación del libro resultan, por decir lo menos, azarosos.
El siguiente episodio corre a cargo del citado sobrino, quien fue entrevistado por Julio Núñez. Relata que meses antes del descubrimiento, la madre del jesuita había muerto y que el sobrino había ido a ordenar lo que quedaba de la casa, que ya estaba vacía, para poder alquilarla. Fernando Pedrajas, por cierto, no leyó el diario inmediatamente, sino que lo hizo cuando terminó de alquilar la casa. De la lectura dice lo siguiente:
Al principio disfrutaba, porque, en las primeras páginas mi tío narra cómo recorre cientos de kilómetros por Bolivia para dar misa y ayudar a los pobres […] Pero cuando me adentré más, descubrí que Pica fue un pederasta. Y que la orden lo protegió. Sentí mucho asco, me llevé un gran chasco, un desencuentro absoluto […] Tuve que digerir toda esa información […] en febrero de 2022, envié un correo a toda la familia, y les hice llegar el diario. Recibí pocas respuestas. El apoyo que he tenido, desafortunadamente, lo puedo contar con los dedos de una mano. Pienso que prefieren mirar hacia otro lado. Tenía claro que debía hacer dos cosas: una, ponerlo en manos de las autoridades y dos, acudir a la prensa (Núñez, 2023b).
Entramos en el difícil proceso de revelar o no un secreto de la familia en el que múltiples terceros fueron afectados a sabiendas de que, al hacerlo, el “honor” familiar se pondría en juego para algunos de sus miembros, sobre todo si todavía se concebía al sacerdote como un ser sacralizado. Obviamente que la primacía de ese secreto correspondía en primer lugar a la Compañía de Jesús y a una serie de prelados y, sólo secundariamente, a la familia de Pedrajas. Pero esa articulación de silencios, como casi siempre ocurre, se romperá por el eslabón más ético porque era casi impensable que la congregación de los jesuitas decidiera dar el primer paso antes de ser denunciada.25
Una vez develado el diario de Pedrajas, tocaba seguir los pasos ritualizados: 1. Darse por sorprendidos; 2. Pedir perdón; 3. Decir que investigarían inmediatamente y, 4. Ofrecer sus servicios de perdón, sanación y reconciliación a los abusados. Los denunciados se presentan como juez y parte; sin embargo, la reacción del provincial de Bolivia ante la autodenuncia y denuncia a los miembros de su congregación se salió de los marcos habituales, como se verá adelante.
El sobrino de Pedrajas continúa relatando que envió un correo electrónico al actual director del Colegio Juan XXIII, lugar donde su tío cometió la mayoría de los abusos, así como a organizaciones dedicadas a víctimas de abusos y a los principales medios de comunicación. En relación con las respuestas que recibió, informa que de los medios hubo muchas peticiones, pero que le interesaba que fuera el periódico El País el que tuviera el diario de su tío, ya que este medio había iniciado una investigación acerca de este tipo de casos desde 2018.
El sobrino señala que la primera persona que lo contactó desde Bolivia fue el director del citado colegio, quien le dijo que desconocía la historia, y que los jesuitas se pusieron en contacto a través de él. Osvaldo Chirveches, exprovincial y “director de la Delegación de Ambientes Seguros de la orden”, le pidió tener una reunión a la que Fernando accedió y solicitó también la presencia del director del colegio, quien contestó que no podía porque no tenía internet (Núñez, 2023b).26 Después de un intercambio por correo electrónico, en el que Chirveches le pedía “insistentemente” el diario, el sobrino afirma que el religioso dejó de contactarlo desde octubre del año pasado. Sin embargo, el citado exprovincial adujo que “nosotros al no tener el diario no podemos ampliar de oficio esta investigación” (Núñez, 2023a) y añadió que sólo habían recibido una denuncia previa al respecto.
El periodista, por su parte, escribe que “ante la posibilidad que la orden jesuita silenciase el caso”, el sobrino decidió escribir a El País y entregarle el diario. A su vez, El País entrevistó a cinco víctimas que relatan “lo que el jesuita [Pedrajas] no se atrevió a escribir” (Núñez, 2023a). Antes de eso, le ofreció el diario a la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Juan XXIII por si querían denunciar, pero con la recomendación de contrastar la información; sin embargo, sus miembros decidieron no hacer la denuncia por lo pronto. Señala, en mayo de 2023, que todavía no ha logrado entregar el diario en la Arquidiócesis de Madrid.
La reacción de los jesuitas de Bolivia, que no dura más de 48 horas, fue vertiginosa. En el encabezado del 3 de mayo de 2023 de El País se lee: “Los jesuitas de Bolivia apartan a ocho curas por el encubrimiento de abusos.” El 2 de mayo, el provincial Bernardo Mercado declaró lo siguiente: “La Compañía de Jesús ha decidido de manera inmediata suspender de sus actividades pastorales y otras responsabilidades institucionales a los jesuitas que fueron provinciales de la época de la que datan los abusos, para realizar una investigación de sus actuaciones en el caso” (Núñez y Molina, 2023, p. 26).27
Según Mercado, la acción que tomó fue para investigar si hubo “denuncias públicas no atendidas” (Molina y Núñez, 2023, p. 26). No sólo el vértigo habitó a la cabeza boliviana de la Compañía de Jesús, sino también a las autoridades jurídicas y políticas de ese país, por ejemplo, al procurador general Wilfredo Chávez, quien decidió tomar en sus manos el asunto.28
En resumen, en la manera como se dan a conocer los abusos del jesuita Pedrajas debemos considerar un trayecto en seis etapas, las que no estaban determinadas para articularse de esa manera. La primera es cuando el padre Pica escribe la autodenuncia y la da a conocer a sus autoridades, incluyendo la alusión a las víctimas de sus actos; algunas de ellas hicieron llegar sus denuncias a las autoridades jesuitas que las desestimaron. La segunda abarca la doble operación del guardián del texto que, por una parte, cumple parcialmente la orden de su novio de quedarse con el escrito de la computadora, pero que, por alguna razón, ¿ética o…?, decide enviarlo a un hermano del jesuita. La tercera alude al hecho de que el citado hermano lo recibe, lo imprime y lo guarda en el trastero de la familia, aunque no sabemos si lo leyó o no. Una cuarta es cuando, en 2021, un sobrino del padre Pica lo encontró y, después de varios intentos de hacerlo del conocimiento de los jesuitas actuales -no sin dudas y ambivalencias de por medio-, finalmente decide entregarlo al periódico El País que desde 2018 investiga este tipo de casos. La quinta abarca el momento en el que el citado periódico decide hacerlo público. La sexta contiene los efectos que se dieron una vez divulgado el asunto tanto en la Compañía de Jesús y en la provincia de España que envió a Pedrajas, así como en el Episcopado Boliviano.
Se comprenderá que en dicho periplo la segunda, la tercera y la cuarta etapas no estaban necesariamente determinadas para articularse de manera tal que desembocaran en la escena pública. El diario pudo haberse perdido o destruido y, más aún, el sobrino pudo haber decidido proteger a su familiar como ocurre en tantos otros casos. Digamos que, a diferencia del texto literario de Edgar Allan Poe, el “diario en la despensa” pudo no haber llegado a su destino, pero lo hizo y sirvió para mostrar sin eufemismos la omertá estructural que existió no sólo en la Compañía de Jesús en Bolivia, sino en la Conferencia Episcopal Boliviana y más allá.
Otras consecuencias de la publicación del caso Pedrajas
A. Ya adelanté que la denuncia de Pedrajas trajo otras consecuencias, entre las que están las siguientes: el 17 de mayo el periódico El País señala que, gracias a la publicación del caso Pedrajas, retornó a la superficie el de Luis María Roma (Lucio Roma), jesuita español que pasó décadas en Bolivia y que fue denunciado por otro miembro de la orden, Pedro Lima, en 2019. El denunciante había descubierto por casualidad en 2007 un CD de Roma “con numerosas fotografías de menores desnudos, en escenas sexuales”. El descubridor del archivo relata que un día fue a revisar su correo electrónico en la computadora de la comunidad y que, al prenderla, apareció un mensaje en la pantalla que indicaba que había un CD dentro. Pensó que alguno de sus colegas lo había olvidado. Como este no tenía nada escrito, abrió los archivos y cuando vio lo que ahí había señala que:
Me dio un ataque de ansiedad […] porque todo lo que observé era devastador: fotos de niños menores de edad, desnudos, fotografiados en posiciones y en circunstancias indebidas. Y más tarde vi fotos de Lucio tocándolos [sólo le dio tiempo para integrarlos a una USB] dejé el disco, apagué la computadora y me fui.29 Guardé esas fotos por mucho tiempo [añade que, en 2013, la Compañía lo expulsó]: “No queremos estar contigo, nos has parecido insuficiente para lo que es la Compañía” (Núñez y Domínguez, 2023, p. 28).30
En 2019, el periodista Gabriel Romano, redactor de la Agencia EFE, estaba investigando casos de pederastia clerical en Bolivia y le preguntó a Lima si conocía algún caso. Fue en ese momento cuando el ahora exjesuita le reveló lo que conoció de Roma y le entregó las fotos.31 Romano se presentó en las oficinas de la orden religiosa para conocer su versión y le mostró las fotos que poseía al entonces provincial Oswaldo Chirveches.32 Según afirma el periodista, la Compañía se comprometió a iniciar una investigación.
De nueva cuenta una casualidad hizo público el abuso de un sacerdote, sólo que esta vez, a diferencia del diario de Pedrajas, la información permaneció en Bolivia y tuvo sus propias vicisitudes. Este caso sirvió para mostrar que para que la doctrina iluminara a los laicos había que guardar la información a buen recaudo en un lugar restringido que mantuviera la “ficción” diferenciadora del celibato y la castidad.33 Lo interesante de estos dos ejemplos es que, si antes este tipo de asuntos quedaba atrapado sólo en las palabras de los abusadores y abusados, ahora -gracias a la era de las nuevas tecnologías- algunos de ellos quedan constatados en imágenes y textos. Pero, además, no fue necesario que un amante y un sobrino intervinieran, sino que esta vez lo hizo un miembro de los mismos jesuitas. Ante el resurgimiento del caso, los jesuitas admitieron que ya tenían información desde 2022, pero que sólo hasta ahora (9 de mayo de 2023) acababan de remitir “toda la documentación y las pruebas a la fiscalía” (Núñez y Domínguez, 2023, p. 28).34
Lucio Roma murió en 2019. Cuando supo de las acusaciones, las rechazó y defendió su inocencia. Dicho sacerdote llegó a Bolivia en 1955, momento en el que la Compañía de Jesús “reforzaba sus misiones en Latinoamérica”.
B. La cadena de repercusiones del caso Pedrajas siguió su vertiginosa marcha. Una semana después de ser hecho público, llegaron a las oficinas de la orden de los jesuitas nuevas denuncias, esta vez en contra de Alejandro Mestre, quien llegó a ser arzobispo de La Paz (Bolivia). La denuncia remitía a abusos sexuales ocurridos a menores en los años sesenta, cuando era profesor en el colegio jesuita de Sucre, lugar en el que desarrolló su carrera. Por cierto, Mestre -nacido en 1912- “es el primer español en desempeñar el cargo de obispo,35 que es acusado de un delito de pederastia” (Núñez, 2023e, p. 24).
Según explican, en los archivos de la Compañía de Jesús en España no constan denuncias de abusos en ese país, ni tampoco en las fechas en que Mestre fue enviado a Bolivia. A esas alturas la Compañía puso en manos de la fiscalía boliviana los casos de Pedrajas, Mestre, Roma y Antonio Gauser -ya fallecido-, acusado este último de abusar de niños indígenas durante los años noventa en Sucre.
Pero siguieron destapándose más casos: como los de los jesuitas Luis Tó o Francesc Peris, profesores de colegios de la Compañía en España, quienes fueron enviados a Bolivia “tras de ser acusados -condenados por un tribunal en el caso de Tó- de abusar de menores.36 Peris sólo pasó un curso (1982-1983) en un colegio de Cochabamba, donde fue señalado por abusar de niñas y luego regresó al centro jesuita de Caspe, Barcelona” (Domínguez y Núñez, 2023).37 En ese colegio también se destaparon nuevos casos. En fin, esta cadena de denuncias parece que no se detendrá. ¿Acaso enviar misioneros a “tierra de infieles”: indígenas y pobres, forma parte de una de las maneras de deshacerse de los sacerdotes sexualizados y pedocriminales?
Epílogo
Pasó casi un año para que las suspensiones del provincial de los jesuitas de siete de sus predecesores surtieran un efecto parcial. En efecto, el 27 de marzo de 2024, el periodista Núñez escribió lo siguiente:
La Fiscalía departamental de Cochabamba (Bolivia) ha imputado formalmente a los antiguos superiores de la Compañía de Jesús, Marcos Recolons y Ramón Alaix, ambos españoles, por encubrir durante décadas al jesuita valenciano Alfonso Pedrajas. […] El ministerio público ha solicitado medidas cautelares contara los imputados por “peligro de fuga”, “peligro efectivo para las víctimas” y por posible “obstaculización judicial” (Núñez, 2024).
¿Qué ocurrió con los otros cinco provinciales que también supieron del caso? Por lo pronto no se les menciona.
SEGUNDA PARTE. OTROS CASOS EN ALEMANIA Y MÉXICO
El jesuita Klaus Mertes, rector del Colegio Canisio
Veamos ahora otra manera de proceder de un jesuita ocupando un puesto directivo frente a la pedocriminalidad de algunos de sus correligionarios. El 28 de enero de 2010, el jesuita Klaus Mertes escribió una carta a los antiguos alumnos del Colegio Canisio que difundió el diario Berliner Morgen Post que decía lo siguiente:
En enero de 2010 supe de un informe acerca de víctimas que habían denunciado abusos en el colegio en décadas de los setenta y ochenta […] Entonces fue cuando decidí ponerme en contacto con todos los potenciales afectados. Enviamos 600 cartas cuyo fin fue el de ofrecer apoyo a las víctimas de aquellos años […] Había imaginado los riesgos e implicaciones de la publicación del tema, pero más que la imagen de la escuela o de la orden de los jesuitas es importante la responsabilidad frente a las víctimas (Lucchini, 2010a, p. 10).
Afirma Mertes que, después del envío de la carta, el colegio recibió más información de la esperada con casi 30 nuevos casos. Añadió que había dos hechos que no era posible separar: “por un lado, la gravedad del abuso en sí mismo; por otro, la desatención de los responsables dentro de la institución” (Lucchini, 2010a, p. 10). Este jesuita decidió poner a los abusados por encima de su pertenencia a la Compañía de Jesús, así como de su función de rector al servicio de esta. El citado diario español alude a tres jesuitas implicados: Peter R., Bernhard E. y Wolfang S. De los tres, Wolfang S. es el único que ha confesado los abusos que cometió. El semanario Der Spiegel lo entrevistó en Chile, donde vive actualmente, y declaró lo siguiente: “Es un hecho triste, cometí abusos y maltratos contra jóvenes y niños con excusas pseudopedagógicas [...] No tengo disculpa.” Digamos que parece haberse aplicado la “cura geográfica” -por iniciativa propia- en el extremo sur del mundo y al parecer, le bastó con pedir disculpas cuando lo encontraron; además, agregó que, en 1991, puso al corriente de sus actos a su entonces superior jerárquico, el provincial de Alemania. Esta aseveración significa que la orden jesuita en Alemania38 estuvo al tanto de los múltiples abusos cometidos “durante 19 años”.
En cambio, Peter R.39 negó de manera categórica las acusaciones: este jesuita tenía una asociación que organizaba desde viajes hasta reuniones por la tarde, en la que, según algunos testigos, se incluían encuentros “uno a uno” en el subterráneo del colegio, también conocido como el “sótano de la masturbación”. El citado fue denunciado en 1981 al entonces rector del Canisio, Karl Heinz Fischer, quien -al mejor estilo de la cura geográfica- dispuso el traslado del subordinado. Entre otros lugares que recorrió, fue enviado a México en 1988, donde permaneció un corto tiempo, que coincide con el periodo en que el jesuita Carlos Vigil Ávalos era el provincial. Cuando todavía se me autorizaba consultar los archivos de la Provincia Mexicana, busqué en su boletín interno Noticias de la Provincia en dónde había sido recibido Peter R., pero sólo encontré la fecha de ingreso y la de salida del país, pero no se especificaba alguna residencia en la que haya pernoctado.40 Una vez que el caso fue divulgado, el citado provincial Karl Heinz Fischer argumentó lo siguiente: “Reaccioné en su momento dentro de lo que eran mis posibilidades.” En otras palabras, siguió las directivas de la Santa Sede acerca de cómo silenciar este tipo de casos utilizando el derecho canónico paralelo al que rige al resto de los ciudadanos.
En un segundo artículo, la periodista Lucchini dice que el caso del Canisio no fue el único, ya que hubo abusos también en seis colegios diferentes de la orden; a este respecto, el provincial de los jesuitas alemanes, Stefan Dratmann, expresó que “en nombre de la orden reconozco con vergüenza y culpa el fracaso de [esta]” (Lucchini, 2010b). La vergüenza tiene cifras: 46 agresores entre curas, profesores y educadores. La ventaja para los abusadores es que su delito ya había prescrito.41
Mertes escribió de nuevo para decir, entre otras cosas, que:
Al interior de la orden jesuita en Alemania, el padre provincial ha informado ya hace tiempo que en el pasado hubo indudablemente casos de abuso de jóvenes de ambos sexos por parte de algunos jesuitas. Esta información ha ocasionado gran consternación entre los hermanos […] mirar hacia otro lado ocurre con frecuencia en el momento en que se decide no querer saber, aunque se tenga el sentimiento de que verdaderamente se debería mirar mejor (Lucchini, 2010a).
Cuatro meses después del informe que se ofreció de los casos en los diferentes colegios, Mertes habló de nuevo:
Aquellos que me acusan de enlodar la propia casa no ven en absoluto mi lealtad a la Iglesia. Cuando eso viene de la jerarquía, es amargo y duele. Lo más duro emocionalmente son los informes de las víctimas: escuchar lo que el abuso de confianza ocasiona en las personas; en comparación, el actual problema de imagen de la Iglesia es un chiste (véase Scheuch, 2016).
Este jesuita, asumiendo una posición ética, en la cual considera irrisorio defender a la propia institución por encima del dolor de los que depositaron su confianza en los sacralizados, marca una de las posibilidades que muy pocos sacerdotes católicos están dispuestos a asumir públicamente de esa manera.42 Incluso el jesuita más prominente Jorge Bergoglio no fue capaz hasta la fecha de explicitar lo obvio en la posición que ocupa cuando le respondió al presidente de Bolivia, Luis Arce, lo siguiente: “le manifiesto mi dolor, mis sentimientos de vergüenza y consternación, pensando en las acciones nefastas de esos sacerdotes, y también en la negligencia de quienes tendrían que haber vigilado” (Núñez, 2023f).
Si el rector del Canisio llevó al límite su denuncia, el papa Francisco, al seguir la línea prescrita de los rubores y consternaciones, obturó que la política sistémica que aplicaron los jesuitas -y no sólo ellos-, estaba dictada desde la denominada Santa Sede. Tomado a la letra, lo hecho por el provincial de los jesuitas de Bolivia y el rector del Canisio, dentro de la orden jesuita -como quedó constatado- no todo circula, pero existen miembros en ella que una vez explicitadas las cosas, obviamente por los de afuera, asumen las consecuencias de intentar romper con la omertá interna o, en términos de Michel de Certeau, con la parte de excremento resguardado bajo siete sellos y una ola de rumores. Excremento que, como bien lo señala el jesuita francés, le permite a la institución predicar a los fieles el esplendor de la doctrina, aunque algunos hacen vigente la fórmula de Savater: “yo no soy de nosotros”.
CONCLUSIONES
En este escrito se presentan diferentes maneras de narrar el abuso por parte de integrantes de la Compañía de Jesús: 1) en el diario de Pedrajas, este escribe sobre los jóvenes de quienes abusó y muestra sus reflexiones oscilantes entre el arrepentimiento y la autoabsolución; en su relato, los abusados se hacen presentes de manera pasiva y como número; cuando por fin se manifiestan públicamente, ya es demasiado tarde para una confrontación, 2) el de Luis Roma -fallecido en 2019- aparece sólo por interpósito testimonio de otro jesuita, 3) el del arzobispo Alejandro Mestre, fue dado a conocer cuando la Compañía de Jesús, gracias a la publicación del caso Pedrajas, tomó la iniciativa de denunciarlo ante la Fiscalía. Digamos que en estos tres casos las maneras de testimoniar por parte de los abusados y las de callar por parte de los abusadores son las habituales, salvo en el caso de Pedrajas con su diario viajero.
El caso del Colegio Canisio, si bien alude a tres casos de pederastia por miembros de la Compañía, introduce la decidida acción del rector del colegio, acción que le acarreó críticas internas de sus colegas. Esta decisión quizá marca una diferencia con el provincial de Bolivia, a quien, ante la inescapable exposición mediática, difícilmente le reclamaran las acciones tomadas.
Es cierto que la Compañía de Jesús es más compleja que la vida sexual de su personal, ya que internamente tiene posiciones encontradas en muchos puntos, como se puede apreciar en este escrito. Una parte de ellos se la han jugado a partir de mediados de los años sesenta por los más desfavorecidos y han sufrido las consecuencias de regímenes represivos.43 Años atrás otros estuvieron a favor de la política anticomunista implementada al inicio de la guerra fría por su Iglesia44 y Estados Unidos. Dicho anticomunismo los llevó a apoyar, en el caso mexicano, la fundación de dos sociedades secretas en las décadas de los treinta y los cincuenta del siglo XX: los denominados Tecos y Yunques, que también dirigen colegios y universidades y que han influido en la formación de parte de las futuras elites del país. Pero en relación con ese pilar de la diferencia que es el del celibato y la castidad no se han distinguido especialmente de las otras congregaciones religiosas, y sobre todo en el caso boliviano, como señalé más arriba, la posición del misionero la del cura de izquierda y el pederasta se articularon. Dejo aquí.









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