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Trace (México, DF)

versión On-line ISSN 2007-2392versión impresa ISSN 0185-6286

Trace (Méx. DF)  no.88 Ciudad de México jul. 2025  Epub 09-Mar-2026

https://doi.org/10.22134/trace.88.2025.918 

Sección temática

La construcción social de la ruta migratoria en la frontera tabasqueña*

The social construction of the migratory route on the Tabasco border

Alma Rosa Lizárraga Ramos** 
http://orcid.org/0000-0001-5897-4631

María Dolores París Pombo*** 
http://orcid.org/0000-0003-1714-2112

** Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-sede Sureste, México, alma.lgaramos@gmail.com.

*** El Colegio de la Frontera Norte, México, mdparis@colef.mx.


Resumen:

El objetivo de este artículo es analizar la ruta migratoria no solo como la suma de trayectorias entre dos puntos geográficos, sino como un proceso que involucra la construcción del espacio social a través de la movilidad, la espera y el asentamiento de las personas migrantes.

Argumentamos que la ruta migratoria es construida por las interacciones entre muy diversos tipos de actores, como: los migrantes, la población local, las personas solidarias a lo largo del camino, los albergues, las organizaciones intergubernamentales y de la sociedad civil.

Se presentan resultados de un trabajo de campo realizado durante el 2022 y el 2023 en Tenosique, Tabasco -incluidas las zonas rurales cercanas a la frontera con Guatemala-, los cuales permiten poner a discusión la transformación del espacio social a raíz del rápido aumento de las migraciones y ante los procesos de securitización de la frontera.

Palabras clave: Espacio social; frontera; interacciones; movilidad; ruta migratoria

Abstract:

This article analyzes migratory routes not merely as the sum of trajectories between two geographical points, rather as a process that involves the construction of social spaces through the mobility, hope and settlement of the migrants.

We argue that migratory routes are constructed through widely diverse groups of people involved, such as the migrants, the local population, people who help along the way, the shelters, inter-governmental organizations and civil society organizations.

We present results from fieldwork carried out during 2022 and 2023 in Tenosique Tabasco including the rural zones near the border with Guatemala, which allow us to discuss the transformation of social space due to the rapid increase immigration and considering the border securitization processes.

Keywords: Social space; border; interactions; mobility; migration route

Résumé :

L’objectif de cet article est d’analyser la route migratoire non seulement comme la somme des trajectoires entre deux points géographiques, mais aussi comme un processus impliquant la construction d’un espace social à travers la mobilité, l’attente et l’installation des migrants.

Nous soutenons que la route migratoire est construite par les interactions entre divers types d’acteurs : les migrants, la population locale, les solidaires tout au long des itinéraires, les abris, les organisations intergouvernementales et les organisations de la société civile.

Nous présentons les résultats d’un travail de terrain réalisé en 2022 et 2023 à Tenosique, Tabasco -y compris les zones rurales proches de la frontière avec le Guatemala-, qui permettent de discuter la transformation de l’espace social face à l’augmentation rapide des migrations et à l’intensification des contrôles à la frontière.

Mots-clés : Espace social; frontière; interaction; mobilité; route migratoire

Introducción

La frontera México-Guatemala presenta, simultáneamente, una gran porosidad y un proceso de militarización. En regiones selváticas y de difícil acceso por su hidrografía, se observa el refuerzo de controles migratorios, así como el involucramiento de la Guardia Nacional (GN), la Marina y el Instituto Nacional de Migración (INM) en la instalación y gestión de infraestructuras de control y vigilancia cada vez más complejas. A pesar de ello, las migraciones consideradas como irregulares o indocumentadas han conocido un auge y los flujos migratorios han tendido a diversificarse por su origen nacional y por sus características sociodemográficas. Así, los albergues y las personas defensoras que se encuentran a lo largo de las rutas migratorias reportan la llegada de poblaciones no solo de Centroamérica, sino también originarias del Caribe, Sudamérica y de otros continentes, además de numerosas familias, así como niños y adolescentes no acompañados.

La intensificación de los controles y de la vigilancia estatal obliga, generalmente, a los migrantes a asentarse provisionalmente en localidades y en ciudades ubicadas cerca de la frontera para reunir recursos económicos y sociales antes de continuar con su proyecto migratorio. Muchos inician trámites con la finalidad de obtener la condición de refugiado en México y otros consiguen visas humanitarias con las autoridades migratorias, que les permitirán permanecer y trabajar de manera regular al menos durante un año. Las narrativas de viaje, las negociaciones con intermediarios privados o estatales, la formación de redes migratorias, la búsqueda de apoyo en organizaciones sociales o en comunidades de acogida temporal dan cuenta de «una acción social que implica toma de decisiones, estrategias individuales, familiares o colectivas, metas y proyectos construidos en el movimiento» (Silva Hernández y París Pombo 2022, 446).

A lo largo del camino, el destino puede cambiar en repetidas ocasiones. El desarrollo de tecnologías accesibles, tales como los teléfonos celulares, incrementa las posibilidades de eludir los controles y de compartir geolocalización o información sobre las rutas y sobre las políticas migratorias. Las redes sociales permiten, tanto a los migrantes como a los intermediarios (coyotes, guías o transportistas), abrir nuevas rutas y encontrar espacios poco vigilados para cruzar la frontera. «Los espacios de tránsito se tornan así extremadamente fluidos, las estrategias migratorias individuales indican cómo estos espacios son negociados y reconfigurados» (Collyer 2007, 670).

Este artículo describe las formas de sociabilidad que emergen a lo largo de las rutas migratorias, espacios recorridos por las personas en migración, lugares que construyen con su presencia y a través de relaciones que establecen con las poblaciones locales. Se muestra cómo las políticas migratorias y la externalización de las fronteras han impactado a nivel nacional y local, transformando el espacio social fronterizo. Ante estas nuevas formas de control y refuerzo de las fronteras, se desarrollan rutas migratorias complejas, entendidas como procesos que involucran la construcción del espacio social a través de la movilidad, la espera y el asentamiento de las personas migrantes. Argumentamos que la ruta migratoria es construida por las interacciones entre migrantes, funcionarios públicos, agencias de seguridad, población local, personas solidarias a lo largo del camino, albergues, organizaciones intergubernamentales y traficantes, entre otros actores ligados a la movilidad.

Se presentan resultados de un trabajo de campo realizado en 2022 y 2023 en el municipio de Tenosique, Tabasco. Durante ese periodo, se realizaron numerosos recorridos de las zonas rurales cercanas a la línea de demarcación, visitas al albergue La 72,1 donde se llevaron a cabo entrevistas con migrantes y con personas voluntarias, así como grupos focales con poblaciones migrantes y locales en dos colonias de la ciudad donde identificamos que convergen estas poblaciones. Además, para este artículo retomamos diez entrevistas a personas migrantes, dos a poblaciones locales e información de nuestros acercamientos con diferentes actores clave en la región y con organizaciones internacionales.2

El artículo está dividido en cuatro apartados: en el primero se analizan las fronteras como constructos sociales, resultado de discursos, procesos de institucionalización e interacciones entre una diversidad de actores políticos y sociales, locales, nacionales e internacionales; el segundo describe los dispositivos de control y contención instalados por agencias militares y de seguridad del Estado mexicano a lo largo de las rutas migratorias; el tercero presenta la evolución de las migraciones en la ruta tabasqueña, en particular en el municipio de Tenosique, las características de los migrantes, así como la multiplicación de actores sociales y políticos involucrados en el campo de la migración; finalmente, presentamos una sección sobre la transformación del espacio social en Tenosique, en particular de la cabecera municipal, a raíz del rápido aumento de las migraciones y ante los procesos para el refuerzo de la frontera.

La frontera más allá de la línea de demarcación

Las fronteras deben ser analizadas como construcciones sociales (Rodríguez 1997), es decir, como espacios de interacción y de socialización en los que interviene una diversidad de actores locales, nacionales, transfronterizos e internacionales. Las fronteras y los límites territoriales no solo desempeñan un papel en la producción geopolítica del espacio y en las dinámicas comerciales, sino que son cruciales en los procesos culturales y en los discursos políticos que generan conductas y mundos de vida (Balibar, Mezzadra y Samaddar 2013). La frontera geopolítica es constituida y formalizada por las leyes y las políticas diseñadas y ejecutadas desde la capital del Estado-nación por los dispositivos de vigilancia y control sobre los flujos de personas y mercancías. Pero en su conformación discursiva participan también académicos y organizaciones de la sociedad civil que producen ideas e impactan en las percepciones y los relatos populares, y que pueden incidir en las políticas públicas.

Los discursos estatales y académicos son socializados en las escuelas y a través de los medios de comunicación produciendo y reproduciendo sentimientos de pertenencia a la comunidad imaginada que nombramos «nación» (Anderson 1993). Resulta particularmente sugerente la propuesta de Anderson (1993) sobre la construcción misma de la nacionalidad como un artefacto cultural cuyo significado cambia a lo largo del tiempo, pero que constituye la fuente de una legitimidad profunda entre la población.

Eventos históricos han transformado las identidades nacionales (guatemalteca y mexicana) en la frontera. Así, en la década de 1980, la frontera sur de México, que había sido un área casi invisible en los discursos sobre la nacionalidad mexicana, ocupó un lugar central en la arena política cuando la brutal represión desatada por el gobierno y el ejército guatemaltecos obligaron a huir hacia México a miles de personas -principalmente indígenas mayas- desplazadas forzadamente por tácticas militares de tierra arrasada. La instalación en México de campamentos de refugiados, inicialmente administrados por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), no significó siempre llegar a un lugar seguro, pues en varias ocasiones el ejército guatemalteco realizó incursiones para asesinar a líderes sociales refugiados en México. Como lo señala Kauffer Michel (2005), el éxodo guatemalteco reconfiguró la frontera sur de México y atrajo la presencia de instituciones estatales en una región que había recibido hasta entonces muy poca atención por parte del Estado.

Las élites económicas locales y nacionales, así como los sindicatos y organizaciones de trabajadores, pueden ejercer presión sobre las autoridades estatales para que sean reforzados los controles fronterizos con el propósito de promover sus intereses y evitar la competencia adjetivada como «desleal». Sin embargo, la frontera puede ser también un espacio de contacto y de fluidez, como lo describe Galemba (2021) en el caso de la región ubicada entre el departamento de Huehuetenango y el estado de Chiapas, donde las dinámicas del pequeño comercio transfronterizo (estigmatizado como contrabando) cobran vida a través de estrategias de sobrevivencia ancladas en lazos históricos entre las poblaciones de ambos lados de la frontera.

Considerando la marginalidad histórica de la región fronteriza tanto en Guatemala como en México, Galemba (2021) llama la atención sobre la participación de las poblaciones bilocales en la construcción social de las rutas comerciales (la cadena). La autora demuestra también cómo «es en los intersticios entre la ley, el Estado y la nación donde surgen modos alternativos de creación de sujetos, legitimidad y supervivencia» (69). A ambos lados de la frontera, los residentes participan en su reterritorialización a través de lógicas de intercambio y de convivencia: «La comprensión de los residentes del control fronterizo ilustra la necesidad de entender las fronteras más allá de las líneas divisorias como regiones más grandes de interacción social en las que se entrecruzan múltiples lógicas de territorialidad, pertenencia y autoridad» (201).

Desde fines del siglo XX, distintos autores han señalado la transformación de las fronteras en la era contemporánea y su extensión hacia territorios cada vez más vastos y a diferentes escalas (Balibar, Mezzadra y Samaddar 2013). Estos procesos de multiplicación de sistemas de seguridad y de control de flujos a distintas escalas pueden entenderse bajo los conceptos de externalización y de internalización de las fronteras (Menjívar 2014).

La externalización designa una gran variedad de políticas, acciones, sistemas y dispositivos de seguridad fronteriza impulsados por los Estados de destino más ricos en regiones del sur global para impulsar una suerte de «control a distancia» de los flujos migratorios e impedir la llegada de refugiados del sur global (FitzGerald 2019). La incidencia política de los Estados del norte se lleva a cabo también mediante procesos de subcontratación (outsourcing) de empresas privadas y organizaciones de la sociedad civil para el impulso de políticas de seguridad, vigilancia, control de las fronteras, filtraje de los flujos (procesamiento de casos de asilo) y atención humanitaria a personas de terceros países consideradas vulnerables; ello con la mediación de organismos internacionales, como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Este proceso implica, así, la multiplicación de actores internacionales (como las agencias de las Naciones Unidas), nacionales y locales especializados en atender y brindar servicios a los migrantes a lo largo de su ruta.

La frontera sur de México es considerada clave en las políticas de control de flujos no solo del gobierno mexicano, sino también del estadounidense. El académico y político George Grayson (2006) la denominó «la tercera frontera de los Estados Unidos»; diversos funcionarios públicos han mencionado repetidamente la importancia y centralidad geoestratégica para Estados Unidos de la frontera México-Guatemala, particularmente en materia de control de los flujos migratorios (FitzGerald 2019). En tal sentido, se ha vuelto común, a lo largo de las dos últimas décadas, la afluencia de trabajadores humanitarios (de Save the Children y Médicos Sin Fronteras, entre otros) y de funcionarios internacionales (del ACNUR, OIM y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia [UNICEF]) que abren oficinas, atraen recursos financieros y transforman el paisaje urbanístico y social de la frontera sur.3

Considerando la complejidad física y social de la región transfronteriza, se puede afirmar que el régimen de fronteras se extiende en una amplia zona entre los límites con Guatemala y Belice y el istmo de Tehuantepec. Desde el punto de vista geopolítico y estatal, la interiorización de la frontera se traduce en la instalación de diversos dispositivos de control, tales como retenes de autoridades militares o migratorias para la supervisión y vigilancia de los flujos, centros de detención de migrantes (conocidos como estaciones o estancias migratorias), burocracias especializadas en procesar casos de refugio o de regularización migratoria (COMAR e INM), entre otros. Un ejemplo de lo anterior es la construcción de los llamados Centros de Atención Integral al Tránsito Fronterizo (CAITF), que constituyen imponentes infraestructuras situadas a una distancia de entre cincuenta y cien kilómetros de la frontera. Coordinados por la Secretaría de Marina (SEMAR), estos centros disponen de tecnología de punta en materia de detección de tráfico ilícito de personas y mercancías, y disponen de oficinas de instituciones de salud, hacienda, migración, defensa y fiscalía. Los CAITF sirven como puntos de inspección fijos del INM y constituyen centros provisionales de detención de migrantes.

Algunos autores han utilizado el concepto de «frontera vertical» (Ruiz 2006; Anguiano Téllez y Trejo Pena 2007) para hacer referencia a los múltiples obstáculos interpuestos a la movilidad humana a lo largo de las rutas migratorias que llevan de la frontera con Guatemala hasta la frontera norte de México. Esta noción pone de manifiesto cómo la frontera se extiende a lo largo de la ruta migratoria, es decir, cómo la ruta misma se convierte en frontera.

Las agencias de seguridad, las instituciones nacionales y las agencias internacionales conviven e interactúan cotidianamente con infraestructuras sociales localmente arraigadas, como organizaciones de la sociedad civil, albergues para migrantes y redes de solidaridad. La creciente presencia militar y de agencias policiales en las cercanías de los límites territoriales genera reacciones contradictorias por parte de los residentes de la región: para algunos, puede representar una mayor sensación de seguridad frente a las organizaciones criminales que lucran con formas cada vez más depredadoras y extractivistas, como por ejemplo las amplias redes de extorsión. Para otros, la militarización provoca malestar y altera los intercambios transfronterizos tradicionales, las formas de vida y las estrategias locales de sobrevivencia (Galemba 2021).

Las migraciones autónomas se despliegan a través de diversas rutas, generalmente más largas y peligrosas a medida que se interponen obstáculos institucionales y sistemas punitivos contra la movilidad, como los retenes de la GN. Los dispositivos de control y vigilancia y los complejos y largos itinerarios burocráticos para solicitar la condición de refugiado o regularizar la situación migratoria obligan a los migrantes a esperar indefinidamente en pequeñas ciudades con pocas opciones de inserción laboral. Así, las trayectorias se prolongan a veces durante meses o años, en «viajes fragmentados» (Collyer 2007) que desarman el proyecto migratorio. A lo largo de la ruta, las personas se ven así obligadas a modificar planes, adaptar las temporalidades de la movilidad o instalarse provisionalmente para reunir recursos antes de continuar su camino.

Para esta población atrapada en la movilidad (Hess 2012), las estrategias de sobrevivencia dependen estrechamente de los vínculos contingentes establecidos con habitantes de las localidades ubicadas en la ruta migratoria. La presencia cada vez más visible de personas migrantes en zonas rurales o en ciertos barrios de las ciudades genera actitudes contradictorias que comprenden desde el franco rechazo hasta la hospitalidad, así como la ayuda institucionalizada y los movimientos espontáneos de solidaridad.

Políticas migratorias y securitización de la frontera

Se entiende por frontera tabasqueña no solo la línea de demarcación entre el estado mexicano de Tabasco y Guatemala, sino también los itinerarios que ingresan a México por la garita de El Ceibo, municipio de Tenosique, o por diversos puntos ciegos en la zona fronteriza. Este municipio colinda en 137 km de frontera con el departamento guatemalteco de Petén. Se encuentra en la intersección de la frontera terrestre y fluvial del Usumacinta (Fuentes Carrera 2018). La mayor parte de los migrantes que viajan por esta ruta confluye en la cabecera municipal denominada Tenosique de Pino Suárez, situada a 60 km de la frontera, donde suele esperar durante semanas antes de continuar su camino hacia el norte. Durante esa espera, realiza trámites migratorios diversos y reúne recursos económicos y sociales para contratar a coyotes o continuar por sus propios medios hacia su destino.

Aunque la ruta tabasqueña es más reciente y menos vigilada que la ruta migratoria principal de ingreso a México, que se ubica en la región del Soconusco (Chiapas), en la vertiente del Pacífico, la movilidad transfronteriza entre el estado mexicano de Tabasco y el Petén es de muy larga data pues, como en otras zonas de la frontera México-Guatemala, se han establecido históricamente lazos binacionales sociales, culturales y familiares. Existe además una economía basada en gran medida en los intercambios comerciales a pequeña escala entre ambos países.

Del lado guatemalteco, las aldeas ubicadas en el municipio de La Libertad, colindante con Tenosique, son resultado del proceso de colonización que tuvo lugar durante la segunda mitad del siglo XX. En la actualidad, cuentan con una gran movilidad poblacional. Muchos migrantes llegan «en busca sobre todo [de] tierras para cultivos de subsistencia y provienen de diferentes departamentos de Guatemala, al tiempo que muchos huyen de los lugares de origen a causa de violencia y conflictos internos» (Gracia, Díaz Perera y Roldán Rueda 2020, 10). Del lado mexicano de la frontera, «se encuentra el Área de Protección de Flora y Fauna (APFF) Cañón del Usumacinta, decretada en 2008 por el gobierno federal» (11). Las actividades económicas están ligadas, principalmente, a la agricultura, la ganadería, la pesca y la explotación forestal a pequeña escala. Desde 2019, dos proyectos del gobierno federal mexicano han reconfigurado el territorio de la región: el programa Sembrando Vida, que brinda un ingreso mensual a familias que contribuyen a la reforestación y la siembra de árboles frutales, y el Tren Maya, que atrae actualmente a personas en busca de empleo en el área de la construcción.

Si la frontera tabasqueña ha sido, desde hace décadas, destino de familias mexicanas originarias de diversos lugares de la república, hasta finales del siglo XX la migración en tránsito procedente de Guatemala era escasa; aumentando como consecuencia del mejoramiento de las vías de comunicación en el departamento guatemalteco de El Petén y debido a la construcción de la carretera El Ceibo-Sueños de Oro en 1997. En 1998, el huracán Mitch arrasó regiones enteras de Honduras y Guatemala, llevando al desplazamiento forzado de miles de personas, muchas de las cuales tomaron esta ruta (Arriola Vega 2012). Otro fenómeno climático que impulsó también la movilidad por esta región fue el huracán Stan (2005), que causó la destrucción del ferrocarril en un tramo de casi 250 km de Tapachula a Arriaga (Chiapas), en la región del Soconusco. Esto llevó a que una parte de los flujos migratorios se desviaran hacia el golfo de México y aprovecharan el tren de carga que partía por entonces de Tenosique de Pino Suárez. Así, los caminos y carreteras que van desde los puertos fronterizos guatemaltecos de El Ceibo y de El Naranjo hasta la cabecera municipal de Tenosique (60 km y 54 km, respectivamente) se volvieron cada vez más transitados por migrantes principalmente hondureños y guatemaltecos y, en menor medida, personas procedentes de otros países de Centroamérica, Sudamérica y del Caribe (Pérez Monterosas 2023).

El punto fronterizo de El Ceibo fue reconocido por México y Guatemala en 2003 e inaugurado oficialmente en octubre de 2009 (Barajas Escamilla, Ortiz Gómez y Kosygina 2020, 159). Con recursos de la Iniciativa Mérida, a partir de 2011 se adquirieron equipos de comunicación, vigilancia y seguridad (Isacson, Meyer y Morales 2014). Actualmente, este puesto fronterizo cuenta con una infraestructura moderna, incluida tecnología de escaneo de mercancías y personas, así como sistemas de videovigilancia. También tiene instalaciones de diversas instituciones y secretarías relacionadas con el comercio, hacienda, salud y migración (Barajas Escamilla, Ortiz Gómez y Kosygina 2020).

Sin embargo, al ingresar a México llama la atención el muy escaso tránsito de viajeros; de hecho, las investigadoras llegamos a encontrarnos solas en las instalaciones frente a varios agentes y ante el poderoso equipo de vigilancia. Al indagar «por dónde pasa la gente», la población local nos informó que por «los pasos ciegos», es decir por las «veredas históricas que atraviesan la línea fronteriza entre Guatemala y México [que] no son reguladas por las autoridades y por las que existe un tránsito cotidiano de la población fronteriza» (Armas Lucas, Villafuerte Solís y Megchún Rivera 2023, 160). Uno de estos pasos ciegos se encuentra a escasos metros del cruce oficial y casi a la vista de los agentes. El cruce oficial y el paso informal son, de cierta manera, complementarios; la informalidad justifica el cobro de sobornos por parte de agentes de migración, pero también permite el florecimiento de la industria de la migración: guías, coyotes, transportistas y hoteleros se encargan de redirigir la ruta migratoria por caminos y veredas a cambio de cuotas que varían de acuerdo con las características sociodemográficas y el origen nacional de las personas migrantes.

Las políticas migratorias tienen, así, un efecto directo en la movilidad humana, aunque puede ser distinto del que persiguen expresamente. Como señala Galemba (2021): «En la frontera, las lógicas sobre la informalidad, la ilegalidad, la economía formal y la seguridad se entrelazan y se confunden en el contexto de lo que llamo neoliberalismo “securitizado”, o el entramado de políticas de seguridad con políticas y lógicas económicas neoliberales» (22). Estas políticas de seguridad significan la apertura de un sector económico pujante como lo es la industria de la migración.

La securitización de esta frontera se intensificó a partir del Programa Integral para la Frontera Sur, impulsado por México en 2014. Una de las líneas de acción principales de este programa fue establecer un control del ferrocarril de carga para evitar que los migrantes lo utilizaran como medio de transporte; fue así como se llevaron a cabo patrullajes tanto en las estaciones del tren como a lo largo de las vías. Una nueva etapa de militarización del control fronterizo se inició en junio de 2019, con el despliegue de más de seis mil agentes de la GN a lo largo de la frontera con Guatemala (París Pombo 2022).

La vigilancia de las carreteras y caminos entre la frontera y la ciudad de Tenosique de Pino Suárez está asegurada por el Ejército Nacional, la GN y por el INM. El primero cuenta con un cuartel en la carretera de Tenosique a La Palma, la GN tiene un cuartel en construcción en el municipio y el INM cuenta con oficinas en la cabecera municipal, en el puesto oficial de entrada, y una estancia migratoria que fue clausurada en 2020, a raíz de un incendio provocado por migrantes internos en esa estancia, debido a la falta de seguridad sanitaria en la coyuntura de la pandemia. Las instalaciones funcionan actualmente como un módulo para retener a niños y adolescentes migrantes detectados por el INM antes de transferirlos a albergues del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF). Considerando el cierre de la estancia migratoria, los migrantes denuncian ser detenidos «en la garita» durante días sin acceso a servicios de salud y otros servicios básicos (REDODEM 2023).

Tanto el INM como la GN han instalado retenes y puntos móviles de control en los cruces de caminos y en puntos de entrada y salida a las localidades ubicadas entre El Ceibo y Tenosique de Pino Suárez. El incremento del control migratorio viene aparejado también con un aumento de las violaciones a los derechos humanos de las personas migrantes, denunciado por diversas organizaciones de la sociedad civil (REDODEM 2023).

También participa en tareas de control migratorio la SEMAR, particularmente para vigilar el cruce del río Grijalva. De tal manera, los migrantes son obligados no solo a desviarse por caminos y veredas secundarias para evitar los retenes, sino que deben prolongar durante meses su espera en Tenosique para llevar a cabo trámites migratorios y de solicitud de la condición de refugiado, con el propósito de contar con documentos para poder continuar su ruta hacia el norte.

Al norte de Tenosique, el gobierno mexicano implementa una política de detención sistemática que implica generalmente el regreso forzado hacia esta ciudad: los agentes migratorios arrestan y regresan a los migrantes irregulares al sur de México en lugar de deportarlos a sus países. Así, muchos migrantes realizan varios intentos de viaje hacia el norte y se ven obligados a asentarse provisionalmente en Tenosique con expectativas de reunir recursos económicos y conseguir contactos con coyotes y transportistas.

Durante el año 2020, la contingencia sanitaria declarada por la pandemia de COVID-19 provocó una disminución de los flujos, particularmente debido al cierre de algunas fronteras en Centro y Sudamérica. En el caso de la ruta migratoria tabasqueña, otro factor que provocó una disminución de los flujos fue el cierre de la estación de ferrocarril de carga en Tenosique de Pino Suárez, a raíz del inicio de las obras del Tren Maya. En agosto de 2020 pasó por última vez el tren de carga. A raíz de esto, los migrantes, que acostumbraban a viajar con ese medio de transporte, tuvieron que tomar nuevas rutas, pasando principalmente por Palenque y Salto de Agua.

La movilidad humana y los actores ligados a la migración

A pesar de la militarización y de la presencia creciente de instituciones nacionales en el municipio, la zona fronteriza, caracterizada por contar con caminos solitarios y extensas praderas, permanece relativamente aislada, con poca conexión y comunicación con los centros urbanos. De tal forma que el contacto con los pobladores de las comunidades rurales es de suma importancia para las personas migrantes que ingresan por este punto fronterizo. Para llegar a la cabecera municipal, algunas personas parten de la localidad de El Naranjo y, en barcas, remontan el río San Pedro durante cinco horas para atravesar la frontera en El Ceibo. De ahí, toman la carretera Tenosique-El Ceibo-Tikal en un trayecto a pie de aproximadamente sesenta kilómetros. Para evitar la carretera, se introducen en el área natural protegida (ANP) del cañón del Usumacinta y pasan por algunos ejidos peligrosos por la fuerte presencia de delincuentes que asaltan a los migrantes: los ejidos Sueños de Oro y Nuevo Progreso, que dependen cada vez más de la economía informal de la migración (Fuentes Carrera 2018). Los caminos de terracería de la zona atraviesan pantanos y ranchos. Se trata de caminos con temperaturas de 35 a 45 grados que no cuentan con red de internet, lo que implica un recorrido de días sin posibilidades de conexión o en aislamiento; otros más deciden tomar el transporte colectivo, que conlleva pagar y arriesgarse a ser detenidos por las autoridades migratorias o por policías municipales.

En esta ruta fronteriza tabasqueña, se observa el surgimiento de pequeñas formas de resistencia ante las acciones de persecución de los migrantes que llevan a cabo las agencias de seguridad: habitantes de las zonas rurales más próximas a la línea de demarcación con Guatemala -principalmente mujeres y, ocasionalmente, familias completas- brindan apoyo a la población migrante que transita por sus comunidades. Así, algunas casas y pequeños terrenos adyacentes se convierten en espacios de descanso donde los migrantes tratan de reponer fuerzas, reciben alimentos, información sobre servicios humanitarios en la región y eventualmente reciben apoyo para su traslado hacia alguna de las clínicas locales en caso de necesitar atención médica. Las mujeres que brindan este apoyo, reconocidas en la región como «defensoras comunitarias», no solo proporcionan solidaridad en el camino, sino que también se informan y reciben talleres sobre cómo defender los derechos humanos de las personas migrantes y sus derechos como defensoras.

Ante los operativos de contención migratoria y el extenuante trayecto para continuar por la ruta, este apoyo solidario representa una esperanza para las poblaciones migrantes. En uno de nuestros encuentros (abril de 2022) con las defensoras comunitarias de la ruta de El Ceibo-Sueños de Oro a Tenosique, y acompañadas de poblaciones migrantes, un joven hondureño recordó la primera vez que ingresó a México por esta ruta: «estaba cansado, no sabía cuánto faltaba, tenía sed, estaba cansado, y de pronto vi un tinaco de agua» (Javier, comunicación personal, 2022). En ese momento Javier se enteró de que una de las defensoras había mandado a instalar el tinaco de agua potable, y agradeciendo el gesto le dijo: «madre, Dios la bendiga». Estas son prácticas solidarias con las que las poblaciones migrantes se encuentran en los poblados y las comunidades por las que transitan.

Ana, una migrante nicaragüense recuerda cómo fue su cruce de El Ceibo a Tabasco y el encuentro con un joven, que se dedica a cruzar a migrantes por puntos ciegos:

Llegué hasta la frontera de acá de El Ceibo. Hasta ahí yo ya no tenía ni un peso, y yo traía mi pasaporte, traía mis documentos, pero al pasar por migración me dio miedo, entonces presenté mi pasaporte. Yo voy a hacer lo que ellos me digan. Si dicen que no puedo entrar, pues me regreso. Y eso fue lo que hice. Entré y le pregunté al policía: «Si voy para México, ¿será que puedo pasar?». En eso me pidieron mis papeles y ellos vieron. «No, tú no puedes entrar a México…». Cuando yo regresé me encontré a un muchacho de esos que pasan y me dijo: «Te cobro dos mil pesos para pasar». «Oiga -le digo-, yo no cargo esa cantidad, no tengo dinero. Estoy entrando así porque me urge salir de aquí, de Guatemala, pero yo no cargo ese dineral», le decía. «¿Y cuánto cargas?». Yo solo cargaba doscientos quetzales. «Pero me urge entrar a México». Y así toda temblorosa por un cerrito ahí en la ceiba me dijo: «Mira, ahorita no te puedo pasar, acaban de pasar por migración a ver a cuánto puedo pasar». Pero así buena onda. Incluso hasta el número de teléfono me dio el muchacho… «Te voy a cobrar cien quetzales para que te quedes con otros cien para que pagues la combi. Te van a cobrar sesenta pesos hasta donde vas a llegar». Ya estando en El Ceibo esta persona me explicó cómo tenía que pasar y le dije que tenía miedo, me quería regresar, pero vio que había entrado a migración y supo que algo me pasaba. El muchacho me dijo que teníamos que esperar media hora para pasar, me dijo que tenía que pasar por el cerrito y de ahí él me esperaba en la moto y que no dijera ni una sola palabra, «pero no te va a pasar nada aquí», y me dijo que apuntara la dirección de La 72: «Ahí te darán comida, hospedaje y ahí te ayudarán con tu problema». Pues ese muchacho me ayudó mucho, me pasó, me ayudó. Le di los cien quetzales y eso es lo que él me dijo. (Ana, comunicación personal, septiembre de 2023).

Como lo muestra este testimonio, los guías y coyotes que ayudan a cruzar la frontera no son percibidos necesariamente como actores ilícitos, sino que pueden presentarse como personas que prestan un servicio muy necesario. Pero en este camino, además de las manos amigas, de guías y otros servicios para el cruce fronterizo, los migrantes también encuentran asaltos, persecución, robos y altos costos económicos y sociales. Desde que se toma la decisión de evadir el punto de ingreso formal por no contar con los documentos exigidos por el INM, las personas tienen que utilizar los diferentes puntos ciegos de ingreso, lo que implica mayores riesgos y vulnerabilidades. Este espacio fronterizo, caracterizado por su porosidad y por actividades ilícitas transfronterizas -narcotráfico, contrabando de ganado, mercado informal- (Arriola Vega 2009), pone a las poblaciones migrantes en desventaja y en alto riesgo de ver vulnerada su seguridad personal.

Cuando logran llegar a la cabecera municipal, los migrantes encuentran una red de hospitalidad y de acogida formada en torno a La 72, que responde a las necesidades inmediatas que tiene la población al transitar por Tenosique. Esta red incluye a agencias internacionales, organizaciones no gubernamentales e instituciones públicas. La 72 es actualmente el único albergue en Tenosique que ofrece servicios de asistencia humanitaria a personas migrantes y brinda acompañamiento y asesorías jurídicas a poblaciones que buscan refugio en México. Personal del albergue realiza también recorridos por las rutas que llevan desde la frontera hasta Tenosique de Pino Suárez, y organizan diversas actividades de sensibilización y empoderamiento con los pobladores de los ejidos aledaños a la ruta migratoria; esto desde su área de cambio estructural. El albergue brinda opciones de empleo a personas locales, lo que redunda en una visión positiva a nivel local.4

Debido a la prolongación de los tiempos de espera de las personas migrantes para realizar trámites de regularización migratoria y continuar su camino hacia el norte, a partir del 2018, en La 72 se observaron cambios en los tiempos de estancia y en los perfiles sociodemográficos: de solo recibir a migrantes en tránsito, en su mayoría hombres solos que hacían uso de las instalaciones por dos o tres días, el albergue pasó a alojar a familias completas, así como niños y adolescentes no acompañados, con estancias de más de un mes y, ocasionalmente, hasta por seis meses. Se trata, en su mayoría, de solicitantes de la condición de refugiados.

Así, lo que antes podía analizarse como tránsito migratorio, hoy constituye formas de asentamiento temporal. Un migrante hondureño con más de quince años viviendo en diferentes ciudades de México, alude en una conversación a estos cambios:

En aquellos años pasaba el tren seguido. O sea, mínimo dos días, que uno se estaba acá en Tenosique. Yo, lo más que me estaba en casa [se refiere a La 72] eran dos días, mija, nomás para asearme, para el aseo, un baño y conseguir un poquito de ropa, y ya, me iba. Pero ahora como […] ya no hay tren, pues ya la mayoría de los migrantes, pues la ayuda que le están brindando también tanto COMAR, como ACNUR, migración y la casa, pues ahora sí que tienen que hacerlo en quedarse […]; algunos se van, pues algunos tienen las facilidades, como los colombianos, venezolanos, haitianos, nicaragüenses, que ellos pues ahora sí que tienen un apoyo de mejor manera que uno de hondureño. Entonces ahora sí que ya la casa estaba bastante llena de personas porque ya no hay tren. Porque ya no pueden agarrar camino así nomás, así, sin documentos, porque es muy arriesgado por la delincuencia, no sea tanto por migración. (Óscar, comunicación personal, 2023).

En el fragmento de la conversación con Óscar encontramos dos vertientes que posibilitan la discusión: la primera tiene que ver con los tiempos de estancia que respondían a las necesidades identificadas en esta población, mientras que la segunda se refiere al recurso económico, que es el que determina en qué medida la estancia se puede prolongar, además de señalar las nacionalidades que él considera que cuentan con los recursos para continuar el trayecto.

La cancelación del tren conocido como La Bestia y la necesidad de realizar trámites migratorios para poder continuar el camino resultan sin duda favorables a las políticas migratorias de contención de la migración: obliga a las personas a esperar por tiempos indefinidos en Tenosique. Así la espera o el atrapamiento impactan la vida cotidiana de miles de migrantes que se ven obligados a esperar en situaciones precarias, con incertidumbre y desesperación. Esta espera responde a procesos globales que obedecen a la externalización de las fronteras.

Esta espera en situaciones de incertidumbre en lugares antes considerados de tránsito ha sido analizada por Arriola Vega (2021) como experiencias de «liminalidad espacial». Durante este asentamiento temporal, las personas tienen que buscar cómo sobrevivir y cubrir sus necesidades básicas, así como lidiar con emociones y sentimientos de angustia. La espera del migrante va acompañada de la necesidad de sobrevivir en lugares no conocidos que ni siquiera habían sido considerados en el plan migratorio «inicial», y además implica cambiar su entorno, y hasta su intimidad (Fernández Casanueva y Lizárraga Ramos 2024).

Una de las principales opciones de regularización migratoria es la solicitud de la condición de refugiado en México, lo que conlleva una estadía en el estado, donde se inicia el trámite por más de seis meses e, incluso, un año, en lo que se recibe la resolución. Estos tiempos para realizar el trámite se deben a la falta de recursos de la COMAR y a un crecimiento sostenido de las solicitudes, que pasaron de 70 423 en 2019 a cerca de 130 000 en 2021, y más de 140 000 en 2023 (COMAR 2024). Tabasco es el tercer estado con el mayor número: las personas solicitantes pasaron de 5361 en 2019 hasta alcanzar 7328 para el 2023 (COMAR 2024).

Frente a este panorama, las casas que dan refugio y apoyo a la población migrante han tenido que readaptar sus espacios físicos de descanso y de hospedaje prolongado para madres con hijos, familias completas y personas de la comunidad LGBTQ. A la vez, luchan diariamente para obtener los recursos suficientes para brindar alimentación, ropa, calzado. Por ejemplo, en el caso de La 72, para evitar el hacinamiento en sus instalaciones, el personal debe evaluar las situaciones de vulnerabilidad y determinar qué población se puede quedar por más de un mes. Algunas personas se quedan así durante meses en La 72 a esperar su trámite ante la COMAR, mientras que otras buscan pequeños departamentos, cuartos o casas completas en renta para poder vivir con su familia.

Alicia nos cuenta cómo fue que tomó la decisión de salir de La 72 después de estar por más de un mes en las instalaciones de la casa hogar:

No, fue porque los niños se me enfermaron […], se me enfermaron los tres. Primero cayó el niño chiquito con calentura y vómito. Igual yo dormía afuera, ahí dormía afuera por el calor y todo, pero eso les hizo daño a los niños, el sereno, los zancudos. Y pues también pudo haber sido de que, en el camino, pues tuvimos que tomar agua de un pozo. Les dio vómito […], empezó con el vómito el niño y ya después con la calentura y ya hasta que no me se me levantó de la cama todo desmayado y lo que comía lo tiraba y ya después con diarrea, y ya después el otro niño, ya después la niña, hasta que a los tres…Y yo por eso me salí, porque yo dije: «Se me van a morir aquí». O sea, tal vez también el ambiente que no estaban acostumbrados, el cambio de clima y todo el cambio de lugar, la comida aparte, pues la comida de aquí no es la misma de allá. Entonces tal vez fue lo que se acumuló. (Alicia, comunicación personal, abril de 2023).

Alicia junto con sus tres hijos (de nueve, cinco y dos años, respectivamente) llevan más de dos meses alquilando en una cuartería de la ciudad, es decir, un edificio que renta cuartos por temporadas cortas y a precios que oscilan entre los mil y los mil doscientos pesos mexicanos por mes. Así, este tipo de espacios en renta se han multiplicado en distintas colonias donde se asientan los migrantes y solicitantes de refugio. En varias colonias de la ciudad, se observan letreros de «Se rentan cuartos» en edificios deteriorados, sin mantenimiento, generalmente sin aire acondicionado, ubicados en zonas precarias e inseguras.

«La realidad es que me he quedado»: Durante la espera en Tenosique; empleos, solidaridad e indiferencia

Los migrantes buscan cómo sobrevivir en los lugares de paso, comunidades que en ocasiones están atravesadas por problemas estructurales como pobreza, falta de servicios y de empleos, lo cual propicia actitudes contradictorias hacia la migración, que oscilan entre la solidaridad, la animadversión y la indiferencia.

Con un aproximado de 62 000 habitantes (INEGI 2020), Tenosique es una ciudad pequeña que carece de la infraestructura necesaria para recibir a poblaciones migrantes que se asientan por más tiempo de lo planeado. Esta localidad estaba acostumbrada a recibir a migrantes de paso, es decir, a poblaciones que llegaban por uno o dos días y continuaban su camino. Durante su espera forzada en esta ciudad, algunos migrantes reciben remesas que les permiten subsistir mientras esperan, mientras que otros intentan generar recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas y, de ser posible, ahorrar o enviar dinero a los familiares que se quedaron en sus lugares de origen.

Tenosique cuenta con pocos empleos bien remunerados y las opciones laborales son escasas. Las fuentes de empleo están orientadas a la agricultura (cultivo de maíz y palma de aceite), ganadería, construcción y, recientemente, al nicho de oportunidades generadas por el Tren Maya y el programa Sembrando Vida creados durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, además de trabajos en el sector de servicios y empleos en bares clandestinos (Fernández Casanueva et al. 2024).

Para las poblaciones migrantes, las opciones se reducen aún más: algunas personas se colocan en trabajos que no requieren documentación migratoria, lo que las pone en desventaja y bajo el riesgo de que los empleadores no paguen lo justo, mientras que otras se emplean en cocinas y en bares clandestinos como meseras, y otras personas más recurren al autoempleo. En su mayoría buscan acceder a los apoyos que ofrecen las organizaciones y el gobierno municipal, como por ejemplo el Programa de Empleo Temporal para migrantes promovido por la Secretaría de Bienestar del gobierno federal mexicano. Este tipo de programas genera inquietudes entre la población local, pues en más de una ocasión hemos escuchado cómo residentes locales se quejan de los recursos económicos que se destinan a las poblaciones migrantes: «Lo que sí vemos un poquito mal es que algunos vienen a delinquir, vienen a robar, lo que les da el gobierno federal lo usan para emborracharse, escandalizan en los lugares donde se quedan… no vienen a trabajar» (líder de colonia, comunicación personal, septiembre de 2022), expresiones que fomentan actitudes de rechazo y de estigmatización para ciertas poblaciones.

Otros residentes buscan aprovechar las oportunidades económicas que les generan los solicitantes de refugio y los migrantes. En algunas colonias de la ciudad, podemos observar cómo las poblaciones locales crean comercios y ofrecen servicios. En las colonias San Ramón y Pueblo Nuevo, que se caracterizan por estar cerca de las instalaciones de la COMAR, podemos ver pequeños negocios de dulces, agua, comida hondureña (preparada tanto por locales como por migrantes), venta de ropa, así como cibercafés que se han adaptado para prestar los servicios que requieren los solicitantes de refugio para realizar sus trámites migratorios.

Para quienes cuentan con departamentos o casas para arrendar, las poblaciones migrantes representan una fuente de ingreso. Sin embargo, hemos encontrado frecuentemente ofertas de empleo o de vivienda exclusivamente para población mexicana, manifestaciones de abierta discriminación que generan un contexto adverso para el asentamiento e incrementan la precarización de las personas en movilidad, prolongando aún más la espera en Tenosique. En particular, muchas personas se ven obligadas a quedarse en el albergue o a residir en viviendas en malas condiciones y sin servicios, así como a acceder a empleos en el sector informal sin ninguna prestación, lo que los expone al riesgo, además, de ser violentados en sus derechos laborales.

Debido a la concentración de personas en situación de movilidad en Tenosique -muchas con necesidades de protección internacional-, diversas agencias de las Naciones Unidas y ONG internacionales se han instalado en la ciudad. A lo largo de la segunda década del siglo XXI, se han multiplicado en la ciudad las oficinas de atención a migrantes, los consulados y los actores humanitarios. Destacan programas impulsados por el ACNUR para apoyar económicamente a solicitantes de refugio en condiciones de vulnerabilidad, en particular a familias con niños. Algunas organizaciones que trabajan en asociación con esa agencia acompañan legalmente los trámites de solicitud de la condición de refugiado. La presencia creciente de migrantes varados y de actores humanitarios impulsa el sector de la vivienda, tanto en el centro como en las colonias consideradas de media o alta marginación, y abre además oportunidades de empleo para jóvenes profesionistas locales. Con fondos nacionales e internacionales, las autoridades municipales impulsan también programas de empleo temporal para migrantes en labores como limpieza de calles y rehabilitación de jardines públicos, entre otras más. Como se verá, el desarrollo urbano y el impulso del consumo están en este municipio ligados en gran medida a la migración.

Además, podemos observar que con la llegada de estos actores a la región han sido contrarrestadas las situaciones que vulneran los derechos humanos, las múltiples violencias y los riesgos que viven los migrantes, gracias a sus acciones de acompañamiento y representación legal. Estas organizaciones también llevan a cabo actividades para divulgar información, facilitar el acceso a la educación y a servicios de salud. Por otra parte, tanto La 72 como las organizaciones han cambiado el panorama laboral en la ciudad, al ofrecer oportunidades de empleo a universitarios tales como abogados, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeras y médicos que se insertan a trabajar en estas organizaciones. Estos empleos suelen ofrecer mejores salarios que los del mercado laboral local, están orientados a cierto perfil y en su mayoría hacen contratos eventuales.

La transformación del espacio social en Tenosique no depende solo de la presencia de un mayor número de migrantes y solicitantes de la condición de refugiados. La multiplicación de los actores humanitarios que se instalan en la ciudad, así como los recursos aportados por las agencias internacionales -en particular por el ACNUR- y por las organizaciones de la sociedad civil, impactan también en los mercados de vivienda y de empleo a nivel local, así como en el crecimiento del comercio y de los servicios. Mientras que una parte de la población local se beneficia directamente de estos cambios, existe también un sector descontento con las ayudas y los programas dirigidos específicamente a la población migrante, dado el contexto de gran escasez de recursos y de empleos.

Conclusiones

La ruta migratoria tabasqueña se caracteriza tanto por una gran movilidad como por procesos prolongados de inmovilización de las personas migrantes. En efecto, por un lado, arriban grupos numerosos de migrantes, principalmente guatemaltecos y hondureños, y en menor medida salvadoreños, nicaragüenses y de otras nacionalidades; por otro lado, el aumento del control migratorio erige obstáculos en el camino y provoca una prolongación de los itinerarios, así como un bloqueo temporal en Tenosique de Pino Suárez, ciudad donde las personas se establecen durante meses para realizar trámites de regularización migratoria y poder viajar hacia el norte sin ser detenidas por las autoridades migratorias. Con frecuencia, los intentos de continuar el camino de manera irregular se ven frustrados por las autoridades migratorias que detienen a los migrantes y los regresan forzosamente al sur del país.

La población flotante de Tenosique no comprende solo a los migrantes, sino también a una variedad de actores humanitarios. Tanto unos como otros inciden en la transformación del paisaje urbano, con la multiplicación de negocios y servicios especializados ligados a la movilidad humana. Resulta particularmente visible la industria de la migración, es decir, la emergencia de diversos servicios para facilitar el cruce de la frontera, la movilidad o la espera a lo largo de la ruta migratoria, como guías y coyotes, hoteleros, caseros, transportistas, cafés internet o empresas de envío y recepción de remesas. Otro sector de esta industria es el del crimen organizado, que busca sacar ganancias a toda costa, a través de la explotación y la victimización de los migrantes. La violencia criminal y la inseguridad desatadas por este sector no solo están presentes en las redes de tráfico de personas, sino también en las diversas formas de extorsión, los secuestros y lo robos que trastocan la vida de las personas migrantes.

La mayoría de los migrantes que llega a Tenosique prolonga su estancia en La 72 o se asienta temporalmente en condiciones muy precarias. Se instala con pocos recursos económicos y busca cómo resolver su vida cotidiana aceptando en muchas ocasiones trabajos precarios. Los factores estructurales ligados a la pobreza y a la discriminación dificultan la inserción laboral y residencial en Tenosique de Pino Suárez. Sin embargo, en este contexto de escasez de recursos, además de las actitudes de rechazo y estigmatización, también es posible encontrar acciones solidarias, como las de aquellos pobladores locales que defienden y ayudan a los migrantes en su movilidad y en sus procesos de integración.

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* Agradecemos al Dr. Miguel Ángel Díaz Perera por la valiosa información sobre la región que nos brindó al inicio del proyecto de investigación, la cual nos permitió diseñar la estrategia de trabajo de campo.

1El Hogar Refugio para Personas Migrantes La 72, conocido como La 72, fue fundado en 2011 por un grupo de frailes franciscanos y de voluntarios. Su nombre conmemora la masacre de migrantes que tuvo lugar el año anterior en San Fernando, Tamaulipas. Este es actualmente el único albergue en Tenosique que ofrece servicios de asistencia humanitaria a personas migrantes y brinda acompañamiento y asesorías jurídicas a poblaciones que buscan refugio en México.

2El trabajo de campo se realizó en el marco del Proyecto Nacional de Investigación e Incidencia (PRONAII núm. 319125) «Justicia espacial para personas en in/movilidad en entidades consideradas temporales, o de paso, y las comunidades que las reciben: Iniciativas desde la Frontera Sur de México» y en el proyecto posdoctoral financiado por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT) titulado «Cartografía social desde la experiencia de la población centroamericana en inmovilidad y su relación con la población local en la ciudad de Tenosique, Tabasco».

3Por ejemplo, en Tenosique el ACNUR invirtió en la instalación de luminarias en jardines y vías públicas.

4En 2022, La 72 contaba con ocho empleados originarios de Tenosique.

Recibido: 15 de Febrero de 2025; Aprobado: 23 de Mayo de 2025; Publicado: 12 de Agosto de 2025

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