La búsqueda por comprender cómo la Guerra Fría marcó la diversidad de interpretaciones históricas sobre América Latina generadas durante la segunda mitad del siglo XX es el punto clave del nuevo libro de Rafael Rojas , Combates por la historia en la Guerra Fría latinoamericana.
Esta obra, cuyo título evoca memorables libros como Combates por la Historia, de Lucien Febvre, o el más reciente, La historia como campo de batalla, de Enzo Traverso, comparte el interés por entender cómo el campo historiográfico ha significado un terreno de disputa ideológico y político, en el que la comprensión de los fenómenos del pasado ha estado influida por lo que Michael de Certau denominaría el “lugar social” del historiador, en el cual la toma de postura y la defensa de cierta cosmovisión, a la luz de fenómenos de época más amplios, representa un elemento ineludible para explicar la labor interpretativa de aquellos “profesionales” identificados con el denominativo de historiador.1
A partir de lo anterior, Rafael Rojas muestra cómo las tensiones ideológicas, derivadas del periodo de la Guerra Fría, marcaron el rumbo de distintos debates historiográficos que tuvieron lugar en revistas académicas especializadas en la historia de América Latina con particular interés en los procesos históricos de la región; entre los referentes destacan publicaciones periódicas tales como la estadounidense Hispanic American Historial Review, la soviética Voprosy Istorii, la argentina Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” y la nacional Historia Mexicana. En este sentido, Rojas logra presentar un amplio panorama sobre cómo la Guerra Fría tuvo significaciones distintas en la generación de interpretaciones históricas.
Pero esta decisión no es caprichosa, ya que la publicación académica no sólo es empleada como fuente, sino también como objeto de reflexión, pues trata de ahondar en cómo estas materialidades son producto de una época en la cual están presentes las cosmovisiones sobre los sucesos pasados de la humanidad, las aspiraciones, los temores, las expectativas, las ansiedades y las disputas de un marco temporal definido. Por estos aspectos resulta afortunada la decisión de retomar una serie de publicaciones fundamentales para comprender el desarrollo y la transformación del campo historiográfico, no sólo de América Latina, sino también de otras latitudes del globo, cuyo interés por el pasado de la región dio origen a revistas especializadas en estos tópicos.
Por ello, este trabajo dialoga con una amplia historiografía que integra diversas reflexiones influidas por el fenómeno del conflicto bipolar de la segunda mitad del siglo XX. Éstas van desde la caracterización de una Guerra Fría latinoamericana, en la que se cruzan o intersecan perspectivas con autores como Odd Arne Westad,2 Daniela Spenser,3 Vanni Pettinà,4 Greg Grandin,5 Eric Zolov,6 Renata Keller,7 entre otros; o la profundización de lo que se ha denominado “Guerra Fría cultural”, siguiendo la línea que académicos como Frances Stonor Saunder,8 Patrick Iber,9 Olga Glondys,10 Germán Alburquerque,11 Marina Franco, Benedetta Calandra12 o el mismo Rojas han señalado.13
A lo largo de los cinco capítulos que conforman el libro, el autor explora distintas polémicas historiográficas que marcaron la discusión de la época y correlaciona el liberalismo, el populismo, el anticomunismo, los nacionalismos revolucionarios con la interpretación del pasado de la región latinoamericana. Si bien se centra principalmente en las visiones sobre el siglo XIX y XX, estos tópicos se retomaron en diversas discusiones, entre las que destaca aquella denominada la “Revolución preferida”, debate sucedido a lo largo de las décadas de 1960 y parte de la de 1970 que confrontó las posturas de varios historiadores en torno al carácter de las revoluciones sociales que habían marcado la pauta en la región durante el siglo XX: la mexicana y la cubana. En este sentido, académicos como Daniel Cosío Villegas, Juan A. Ortega y Medina, Stanley R. Ross, Robert Quirck, Ramón Eduardo Ruiz, Lesly Bird, I. R. Lavretsky, M. S. Alperovich, B. T. Rudenko, N. M. Lávrov, entre muchos otros, hicieron gala de las tensiones ideológicas de la época al esbozar la defensa y reivindicación de la radicalidad cubana en contraste con el carácter pequeñoburgués con el que fue denominada la mexicana por parte de los investigadores soviéticos, frente a la valoración del nacionalismo revolucionario, el antiimperialismo y el antilatifundismo, aspectos que caracterizaron, según los historiadores estadounidenses y mexicanos, al proceso revolucionario mexicano.
Rojas hace diversos aportes a la discusión sobre la relación entre producción académica y tensiones ideológicas y políticas a la luz de la Guerra Fría. Entre ellas destacan la forma en que las publicaciones y redes académicas de Estados Unidos y la Unión Soviética participaron en los debates historiográficos latinoamericanos, y cómo en estas discusiones estuvieron presentes las tensiones ideológicas de la época.
La inclusión de los historiadores soviéticos en los balances sobre las polémicas resulta una de las novedades fundamentales del libro, pues permite tejer un mapa más complejo y completo del entorno profesional de la época. La consideración de la producción de autores como B. T. Rudenko, N. M. Lávrov, M. S. Alperovich, V. Ermolaev, Y. G. Mashbits, el curioso caso de L. R. Lavretski (o mejor conocido como Iosif R. Grigulevich), la relación de éstos con la Academia de Ciencias de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y Voprosy Istorii, además de su vinculación con otros historiadores de la región, como los cubanos o las disputas que sostuvieron con los historiadores estadounidenses y mexicanos resultan aportes relevantes para los estudios sobre el tema.
Tal como puntualiza, esto ya había sido advertido por investigadores como Patrick Iber, Erick Zolov o Renata Keller, quienes manifestaron las tensiones historiográficas en distintas publicaciones y espacios, pero sin duda la profundización que realiza Rojas al respecto resulta una contribución de relevancia.
Otro aporte significativo del libro es la capacidad de entender las discusiones historiográficas a partir de una lógica multipolar, dejando de lado la escala bipolar que imperó en los estudios históricos sobre la Guerra Fría en décadas anteriores. Al cruzar publicaciones de distintas geografías del globo, como México, Estados Unidos, Unión Soviética y Argentina, la obra permite entender tanto las conexiones como las intersecciones dialógicas existentes dentro del marco de estas polémicas. Esto ayuda a definir la interconexión del entorno académico de la época, al definir los ires y venires de los saberes interpretativos en pugna.
Otro aspecto que destaca del libro son los procesos de profesionalización que vivió la historia como disciplina durante la época de la Guerra Fría, los cuales resultan ineludibles a fin de comprender estos debates historiográficos. La forma en que su autonomización frente a otros campos del saber social ayudó a definir tanto el corpus de conocimientos propios, las identidades colectivas, las formas de sociabilidad profesional, los recursos discursivos, entre otros elementos, se hacen patentes para entender las dinámicas bajo las cuales se desarrollaron estas polémicas.
Observar cómo los espacios universitarios, las academias o las publicaciones periódicas especializadas se vuelven un punto de referencia fundamental para el cruce de posturas entre pares forma parte de la definición de una práctica historiográfica de corte “profesional” que se dio en el caso latinoamericano justo durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, años en los que se concentra la obra de Rojas.
En este sentido, es posible insertar este libro dentro de una amplia historiografía que ha profundizado en los procesos de autonomización disciplinar de distintas ciencias sociales y humanidades durante la segunda mitad del siglo XX en América Latina. En esta historiografía se encuentran autores como Alejandro Blanco, Luis Carlos Jackson,14 Nayelli Castro15 o Iván Mora Muro,16 quienes han ahondado en estos fenómenos.
Por otro lado, al ser un libro breve, cuyo formato apela a la divulgación entre un público amplio más allá del entorno especializado, en la lógica de la colección editorial a la que pertenece -“Miradas a la Historia”, de la Académia Mexicana de la Historia-, la obra presenta algunas omisiones temáticas que no limitan la labor interpretativa del autor ni el aporte que significa esta obra. Entre éstas se encuentran el entorno editorial e institucional que permitió el surgimiento de estas publicaciones, así como los mecanismos de selección y exclusión de autores y enfoques dentro de estas revistas. Aun así, esta obra representa un punto de referencia obligado para aquellos que busquen comprender las lógicas académicas y disciplinares del conocimiento social producido durante la época de la Guerra Fría.










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