Introducción
Este trabajo indaga la acción colectiva sustentada por el tejido social de los pueblos indígenas enfocada en la comunidad tsotsil mayense de Los Altos de Chiapas, haciendo eco al planteamiento de que la acción social es la tela de la organización social o de la vida colectiva (Giddens, 2012: 15). Con ello pretende explorar un plano diferente a la perspectiva jurídica sobre lo colectivo, que ha sido tratada en numerosos estudios sobre los derechos de los pueblos indígenas, entre ellos Aguilar (2005).
La acción colectiva se enmarca en las prácticas que ocurren en escenarios del espacio de vida de la patrilínea limitada localizada -también denominada grupo localizado de parentesco (Robichaux, 2005: 168, 172)-,1 las cuales se sustentan por encuentros colectivos y se expresan en territorialidades cotidianas de la comunidad indígena poco exploradas. Esta unidad social, integrada por tres generaciones de lazo patrilineal, ha sido reportada empíricamente en prácticamente todos los grupos lingüísticos indígenas del área mesoamericana de México, Guatemala y el sur de Nicaragua (Robichaux, 2002: 75). Particularmente, los resultados de investigación hacen referencia a grupos localizados de parentesco de comunidades tsotsiles asentadas en el macizo montañoso de Los Altos de Chiapas, el cual forma parte de la frontera occidental del área lingüística y cultural maya (Paris y López Bravo, 2017: 40), y constituye un territorio ocupado desde épocas prehispánicas por los llamados Mayas de Las Tierra Altas (MacLeod, 1990: 45). Las comunidades que sirvieron de base a esta investigación son Chocó y Bach’em, pertenecientes a los municipios tsotsiles de Mitontic y Chenalhó respectivamente, las cuales comparten los rasgos de un patrón de poblamiento disperso a través de los parajes, que Florescano (1990) califica como un modelo enraizado en el posclásico maya. Este patrón de poblamiento ocupa gran parte de la extensión territorial de 3 717 km2 que tiene el macizo montañoso de Los Altos de Chiapas (CEIEG), contrastando con el que presenta la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, el cual es concentrado y corresponde a un núcleo poblacional mestizo asentado en un hundimiento del terreno denominado Poljé.2 La frontera que establece la divergencia en la organización del territorio de la región alteña separa también a un territorio citadino de un territorio mayense atravesado por la marginación estructural,3 y se liga con una frontera lingüística, que manifiesta la diferencia entre dos formas de nombrar y ver el mundo por parte de los dos tipos de poblaciones que habitan la región.
Considerando el contexto de espacios sociales complejos configurados por la patrilocalidad y la propiedad colectiva en que ocurren las prácticas de acción colectiva, los conceptos que dan apoyo a esta indagación son sede y nivel de disponibilidad de presencia-copresencia (Giddens, 2011). El primero permite identificar los atributos de los escenarios de interacción del espacio de vida de la unidad social en cuestión, mientras el segundo aporta a la caracterización de encuentros colectivos, en los que los actores de manera inherente registran reflexivamente las prácticas que los convocan (Giddens, 2011: 41). En la caracterización de las prácticas se realiza una aproximación a los procesos comunicativos que ocurren en los escenarios de interacción.
El trabajo de campo y sistematización de datos que ampara esta investigación se realizó de octubre del 2022 a mayo del 2023. Investigaciones precedentes han servido de base para dar continuidad a la exploración de la temática propuesta. Entre ellas, prácticas de parentesco (residencia y herencia de la tierra) de estos grupos que dan cuenta de su incidencia en la organización del territorio de comunidades cafetaleras tseltales (Cervantes et al., 2017) y reproducción de espacios biodiversificados ligados a acción colectiva de grupos domésticos en la comunidad tsotsil (Cervantes, 2022). Los datos del trabajo de campo provienen de entrevistas semiestructuradas hechas a miembros de la primera y segunda generación de la patrilínea, es decir, abuelos, hijos y sus esposas respectivamente, de la elaboración de genealogía y observación directa entre otras prácticas de recolección de datos aplicadas en campo.
Muk’ta yab na, un espacio social complejo organizado bajo propiedad colectiva y patrilocalidad
El vocablo tsotsil y tseltal Muk’ta yab na ‘lugar de la casa grande’, identificado en campo, designa el lugar donde habita la patrilínea limitada localizada, integrada por los abuelos e hijos casados y su descendencia. Tal expresión refiere a la unidad de residencia, la cual está conformada por un complejo habitacional de casas contiguas de grupos domésticos4 independientes configurado por la patrilocalidad y la propiedad colectiva (Cervantes et al., 2017: 290).
En la región alteña, son abundantes los registros etnográficos realizados por destacados antropólogos sobre la morfología de esta unidad social, caracterizada en términos del lugar donde viven y de un principio normativo patrilineal de parentesco. En tal sentido Vogt (1966) identifica en los parajes del municipio tsotsil de Zinacantan al sna, unidad social constituida por dos o más grupos de domésticos. Collier (1976: 108) describe al sna de Apaz (paraje tsotsil zinacanteco) en términos de que “los hombres casados siguiendo una preferencia por la residencia patrilocal, establecen familia propia en sitios procedentes de las propiedades de sus padres”. Breton (1984) distingue en la comunidad tseltal de Bachajón al segmento de linaje y al linaje, nombrando territorios localizados al lugar donde viven, los cuales se caracterizan por un hábitat disperso.
Robichaux (2002: 72) plantea que la clave para entender la reproducción social de los grupos localizados de parentesco, constituidos bajo principios patrilineales, se encuentra al vincular el ciclo de desarrollo de grupos domésticos5 con el proceso de herencia o transmisión de patrimonio. En efecto, la fase de fisión del ciclo se vincula con la estructuración social de la patrilínea, a la que es inherente las prácticas de herencia que realizan in vivo los padres a sus hijos. De esta manera, la cesión de terrenos del vecindario de los padres para que los hijos construyan sus casas está en la base de la residencia patrilineal, mientras que la dotación de parcelas de uso agrícola se sustenta en la herencia patrilineal de la tierra. Por ello, se considera que en la base de la constitución del grupo doméstico se encuentran las prácticas patrilineales de residencia y herencia, puesto que configuran territorialmente el lugar donde habitan y trabajan sus miembros (Cervantes et al., 2017: 288).
Aunque el principio normativo, que señalan los registros etnográficos citados, es un componente de la práctica de residencia patrilineal, el elemento constitutivo de ésta es precisamente la transmisión de patrimonio, es decir, la dotación del terreno para el emplazamiento de la casa del hijo -siguiendo a Giddens (2012: 137-138) -, recurso de asignación6 aportado como medio en la interacción social de la herencia, que constituye el puede que media entre intenciones y necesidades, lo cual expresa agencia y capacidad del actor. Asimismo, el contexto de propiedad colectiva en que opera la práctica de residencia patrilocal se evidencia en el marcaje espacial que exhiben los terrenos donde se ubicarán las casas de los hijos, sus esposas y descendencia, el cual consiste en sembrar piedras (Ts’un ton) en los vértices de cada terreno que es entregado en calidad de moton osil (regalo de terreno) en un acto colectivo (Cervantes, 2022: 193). Estas formas de apropiación del territorio7 en la comunidad indígena configuran a Muk’ta yab na como un espacio social complejo que alberga espacios colectivos de vida en donde ocurren procesos comunicativos sustentados en encuentros colectivos. Una aproximación a la dinámica que presenta la organización de dichos espacios es tema de los siguientes apartados.
Escenarios y encuentros colectivos en la sede Muk’ta yab na, la unidad de residencia de la patrilínea limitada localizada
La unidad de residencia, Muk’ta yab na, es una sede que se caracteriza por una distribución de encuentros que se producen a su interior por un tiempo y un espacio, los cuales configuran usos del espacio o regiones (Giddens, 2011: 151, 166). En el contexto de esta sede, espacio social complejo organizado bajo propiedad colectiva y patrilocalidad, la casa de cada grupo doméstico, nombrada Na, es una región articulada a la unidad de residencia (Figura 1). Del mismo modo, cada casa es una sede con una regionalización interna,8 cuyas regiones constituyen contextos de interacción social vinculados a propiedades o atributos de escenarios específicos.

Bach’em, Chenalhó. Adaptado de Cervantes (2021: 90).
Figura 1 Sede colectiva Muk’ta ya nab de una patrilínea limitada localizada.
En la sede Na, la distribución de encuentros del grupo doméstico se divide en dos regiones, una corresponde a un contexto de interacción social vinculado a actividades del hogar, cuyos escenarios son la cocina (ve’obal na), el patio (amak’) y dormitorio (vayebal na o wayebal na), y la otra a un contexto ligado a trabajo, cuyo escenario de interacción es el patna, espacio biodiverso proveedor de múltiples bienes para el grupo doméstico (Figura 2).
La regionalización interna de Muk’ta yab na exhibe, además de las regiones constituidas por las casas de los grupos domésticos, otras regiones con un tipo de encuentros que tienen como rasgo distintivo incluir a la totalidad o parte de la patrilínea. Entre estas se encuentra el amak’ y patna de la casa de los abuelos, cuyos contextos de interacción son cualitativamente diferentes a aquellos que registran los grupos domésticos en el ámbito de la casa, pues los usos del espacio no refieren a escenarios de actividades del hogar y trabajo respectivamente. De esta manera, en encuentros colectivos durante la época de la ‘Fiesta de la Santa Cruz’, el escenario de interacción colectiva del patna de la casa de los abuelos se aprehende por los miembros de los grupos domésticos que integran la patrilínea como parte de una actividad dedicada a la celebración del agua. Esta percepción diferente se basa en el registro reflexivo de una acción por parte del actor, quien integra a la vez el registro del escenario donde ocurre la acción (Giddens, 2011: 41).
En las comunidades indígenas alteñas, la casa de los abuelos generalmente ocupa el centro de las unidades de residencia. Tal ubicación se deriva del proceso de residencia patrilineal, en el cual una sección del patna de los padres se divide en partes iguales según el número de hijos procreados. Cada terreno queda delimitado por cuatro mojones, identificados por piedras colocadas en sus vértices. En ocasiones se mantiene este tipo de marcadores entre las casas contiguas que integran al complejo habitacional, dando la impresión al observador externo de un espacio no lindado. A veces, una línea de pequeños setos o arbustos colocada al lado de cada terreno separa las casas de los hijos, manteniéndose el marcaje espacial de la casa de los abuelos que se caracteriza por mojones apenas perceptibles.
En la sede Muk’ta yab na las casas se encuentran interconectadas por una serie de veredas que favorecen el libre tránsito a su interior, y la mayor parte de ellas confluyen hacia el amak’ y patna de la casa de los abuelos, ambas regiones son consideradas lugares de reunión o tsobail; la primera se caracteriza por una plataforma abierta de cemento o tierra, y la segunda por un espacio agrodiverso.
Las fronteras permeables que exhiben estas regiones, a consecuencia de la ausencia de marcadores físicos en su delimitación, incrementan la incidencia en la constitución de encuentros colectivos llamados en lengua materna Tsobolonkutik9 ‘estamos juntos’,10 voz de uso exclusivo al interior de la patrilínea y, por lo tanto, de uso frecuente en el ámbito de la sede Muk’ta yab na. Dichos encuentros se caracterizan por elevados niveles de disponibilidad de presencia al involucrar a la totalidad o parte de los miembros de la patrilínea. De esta manera, las territorialidades cotidianas del grupo doméstico, situadas en el ámbito de la casa, escalan a un espacio-tiempo social de la sede de la unidad de residencia, es decir, a territorialidades cotidianas de la patrilínea articuladas por este tipo de encuentros. La duración de la apertura y cierre de estas interacciones colectivas puede comprender parte del día o alcanzar varios días consecutivos de manera intermitente.11
Puesto que la comunidad indígena es un ámbito en el que inciden tangencialmente factores externos, la dinámica descrita de la interacción social de la patrilínea en Muk’ta yab na se ve afectada. Entre estos factores se encuentran las migraciones de algunos de sus miembros en busca de ingresos a través de la venta de fuerza trabajo. Como ejemplo, aún presente en la memoria de los abuelos, se encuentra la antaña migración que realizaban a las fincas cafetaleras del Soconusco. Desde mediados del siglo decimonónico12 hasta ya pasada la mitad del siglo xx, la migración estacional de indígenas de la región de Los Altos hacia las fincas cafetaleras del Soconusco ejemplificó, a través del peonaje, la relación entre zonas indígenas, consideradas como reserva de mano de obra agrícola, y la empresa capitalista de plantación (Nolasco, 1985: 172).
La estacionalidad de esta migración se basaba en la distinta periodicidad de las labores de los ciclos productivos de milpa y café. Así, el peonaje acontecía principalmente durante la época de corte de café en el latifundio cafetalero, labor que requería de gran cantidad de fuerza de trabajo, mientras que el retorno a la comunidad indígena coincidía con el inicio de las labores de siembra de milpa. La migración afectaba principalmente a hombres maduros y jóvenes de los grupos domésticos, y tras su partida, el trabajo en el minifundio de la parcela agrícola recaía en las mujeres y niños, quienes también se hacían cargo de su casa y de los abuelos que permanecían en la unidad de residencia. La migración estacional a las fincas del Soconusco decayó en la década de los setenta del siglo pasado, ante el fomento de la cafeticultura que realizó el Instituto Mexicano del Café en las zonas indígenas montañosas del sureste de México (Pérez-Grovas et al., 2002: 31).
Los procesos migratorios de la población indígena de Los Altos de Chiapas generalmente han sido de carácter interno y temporal, a diferencia de la migración masiva que ocurre en regiones de otros países por causa de conflictos armados, persecución, impactos del cambio climático o despojo de tierras. Como en otras regiones del país, la movilidad territorial se realiza a ciudades medias, guardando una posición central la Ciudad de México como puntos de destino de los mayores montos de inmigración (Granados y Quezada, 2018: 329). Ciudades como Cancún, Quintana Roo y Tuxtla Gutiérrez son parte de ese esquema migratorio, al que se incorpora San Cristóbal de Las Casas a partir de 1994 con la venta de artesanía.
La migración temporal para las personas indígenas en cualquier caso implica una disyunción de sedes. El núcleo de relaciones sociales que mantiene Muk’ta yab na y Na es desplazado drásticamente por los contextos de interacción social de la ciudad, que incluyen como rutina la discriminación, a lo que se suma la diferenciación de los espacios compartimentados del lugar de trabajo y el lugar en donde se habita -inherentes a la conformación de las urbes- ubicados en áreas marginales, además el trabajo realizado es cualificado como fuerza de trabajo o mano de obra, y así desvinculado del conocimiento adquirido por el actor.
A pesar de los procesos migratorios señalados, se considera que la resiliencia del tejido social comunitario hasta nuestros días descansa, entre otros elementos, en la dinámica de los espacios colectivos de vida de la patrilínea. Los actores de las tres generaciones de lazo patrilineal que estructuran a esa unidad social, integrada por los grupos domésticos incompletos y aquellos cuyos miembros no han migrado, producen y reproducen una memoria colectiva que atiende áreas significativas de sus vidas a través de prácticas de acción colectiva en escenarios de Na y Muk’ta yab na. Los abuelos juegan un papel importante en ello. Sin embargo, en aquellos grupos domésticos, cuando el padre ha emigrado o fallecido, la madre despliega un uso de poder13 al fomentar dichas prácticas, entre las que destacan aquellas relacionadas con procesos intergeneracionales de socialización de conocimientos, nombrados en lengua materna Kich’tik chanumtasel “recibimos enseñanza” (Cervantes, 2022: 195). De esta manera, prácticas sociales como las que sustentan la compleja articulación de procesos de trabajo para el mantenimiento del acervo de agrobiodiversidad en los espacios agrícolas tienen continuidad. En la siguiente sección se realiza una aproximación a la acción colectiva que emerge en los encuentros colectivos de la patrilínea, que da cuenta de los modos de organización espacio temporal de la sede (Giddens, 2011: 154) unidad de residencia.
Prácticas de acción colectiva, articulador social de la patrilínea limitada localizada
Las prácticas de acción colectiva que aborda este apartado son “prácticas reproducidas inmersas en un tiempo y un espacio” (Giddens, 2011: 53), que sustentan territorialidades colectivas cotidianas14 de la comunidad indígena poco exploradas. En campo se identificó que estas prácticas ocurren de manera recurrente en regiones articuladas de la sede Muk’ta yab na. Entre estas regiones se tiene al amak’, yutna y patna de la casa de los abuelos, las cuales configuran escenarios de interacción que albergan encuentros colectivos de la patrilínea limitada localizada. Dichos encuentros integran un tejido de acciones colectivas espacio-temporales producidas y reproducidas que conforma a esta unidad social como sistema de interacción social.15
Se entiende por acción colectiva a las interacciones o prácticas sociales recurrentes sustentadas por encuentros colectivos que transcurren en escenarios de interacción de determinadas regiones de la sede Muk’ta yab na, cuya demarcación espacial se caracteriza por fronteras permeables configuradas por la patrilocalidad y la propiedad colectiva que ejercen pueblos indígenas. A los encuentros colectivos, nombrados en lengua materna Tsobolonkutik ‘estamos juntos’, les es inherente una comunicación activa, son de duración variable, y se caracterizan por elevados niveles de disponibilidad de presencia al involucrar a la totalidad o parte de la patrilínea limitada localizada. En conjunto, dichas prácticas operan como articulador social de este sistema de interacción social, formando parte intrínseca de la vida comunitaria del poblado indígena.
La serie de prácticas de acción colectiva del sistema de interacción social de la patrilínea que aquí se expone fueron identificadas en campo. Algunas están vinculadas a una región y escenario específicos de Muk’ta yab na, otras ocurren de manera secuenciada en regiones de esta sede en escenarios articulados, es decir, en una organización de escenarios de interacción social. La información trata de ilustrar la transversalidad de las prácticas de acción colectiva que estructuran a esta unidad social, y registra de manera aproximada los esquemas interpretativos usados por los actores en el marco de un saber mutuo, el cual depende de un orden cognitivo compartido por una comunidad (Giddens, 2012: 158-159), en el caso, la comunidad de lengua tsotsil.
Prácticas de acción colectiva vinculadas a una organización de escenarios de interacción de la sede Muk’ta yab na
Sk’inal Ch’ulelaletik ‘Fiesta de las ánimas’ o ‘Fiesta de Todos Santos’
Los encuentros colectivos que sustentan la serie de prácticas de la Fiesta de Todos Santos se desarrollan de manera secuenciada en los siguientes escenarios: Ve’obal na ‘cocina’ de la casa de los abuelos, Mukinaltik ‘cementerio de la comunidad’, y Yutna en ‘el interior de la casa’ de los abuelos e involucran a toda la patrilínea:
Tsobolonkutik ta jpasel ve’lil ‘Estamos juntas para preparar las comidas’. Escenario: Ve’obal na, cuatro o cinco días antes del 1º de noviembre.16 Práctica colectiva de elaboración de alimentos en el escenario ve’olbal na. Se realiza de manera anticipada al día de la celebración Sk’inal Ch’ulelaletik, y todos los alimentos se preparan para comerlos hasta el día de la celebración. En este encuentro colectivo intervienen las nueras (alibal) y las mujeres del grupo doméstico de los abuelos (hijas y abuela - alin ants xchiuk me’il-). Los alimentos elaborados se ofrecen el día 1º de noviembre a las personas finadas de la patrilínea. Entre los alimentos preparados de manera colectiva suele haber carne cocinada al gusto de los difuntos, tamales, atole, etcétera.
Tsobolonkutik ta sk’elel ti’kuts’ kulaltike’ ‘Estamos juntos para ver a nuestra familia’. Escenario: Mukinaltik de la comunidad el 1º de noviembre. Práctica colectiva para ver (visitar) a miembros del grupo localizado de parentesco que han muerto. En este encuentro se comparte con los difuntos (jmukemtik)17 de la patrilínea una parte de los alimentos preparados. El contexto de copresencia con las personas finadas de la patrilínea (abuela o abuelo, hijos o nietos) es el escenario Mukinaltik de la comunidad. Este encuentro colectivo, Tsobolonkutik, congrega a toda la patrilínea, y excepcionalmente ocurre fuera de la sede Muk’ta yab na. El día Sk’inal Ch’ulelaletik se prenden velas y hay músicos que recorren el cementerio, acompañando a los distintos grupos de parentesco ahí congregados. Desde una mirada externa, el encuentro de los grupos de parentesco en este escenario se puede registrar como un acto colectivo de la comunidad que congrega a familias nucleares.
Tsobolonkutik ta sk’opontik kajwaltik yu’un jve’eltik ‘Estamos reunidos para hablarle a Dios (Señor) por nuestra comida’ y Tsobolonkutik ta jve’kutik ve’lil ‘Estamos juntos para comer nuestras comidas’. Escenario: Yutna de la casa de los abuelos el 1º de noviembre. En el escenario del Yutna (yut ‘en medio’, na ‘casa’) de los abuelos ocurren dos prácticas de acción colectiva secuenciadas, que suceden momentos después de la visita de la patrilínea al Mukinaltik de la comunidad y en ellas intervienen todos los miembros del sistema de interacción social de la patrilínea. La primera corresponde al agradecimiento y consagración de los alimentos que no se consumieron en la visita al cementerio. El esquema interpretativo usado por los actores en este encuentro colectivo es Tsobolonkutik ta sk’opontik kajwaltik yu’un jve’eltik, ahí el abuelo es quien primero habla para agradecer el recibimiento de los alimentos, y de manera subsecuente le siguen los demás miembros del grupo. Una vez consagrados los alimentos da inicio la segunda práctica nombrada Tsobolonkutik ta jve’kutik ve’lil. La importancia de estas dos prácticas para la patrilínea se evidencia en el uso del Yutna de la casa de los abuelos, que en el en el contexto de los encuentros colectivos de la celebración de Sk’inal Ch’ulelaletik se constituye en el centro de Muk’ta yab na. El uso del Yutna de la casa de los abuelos está reservado para ocasiones especiales y está reglamentado. Así, en este escenario se puede comer sólo en esa fecha en el marco de dichos encuentros colectivos, no se les permite jugar ahí a los niños y a los visitantes nunca se les recibe por primera vez en ese lugar.
K’in Kruz ‘Fiesta de la Santa Cruz’
Los encuentros colectivos que sustentan la serie de prácticas de la ‘Fiesta de la Santa Cruz’ están articulados al escenario del patna de la casa de los abuelos en donde se ubica el sat vo’ (ojo de agua). Dichos encuentros congregan a toda la patrilínea así como a miembros del grupo cognático18 que hacen uso del agua del pozo, dicho grupo tiene correspondencia con el ‘grupo de ojo de agua’ identificado por Vogt (1966), quien señala que está compuesto por dos o más sna.
Tsobolonkutik ta sk’inal ka’altik ‘Estamos juntos para la fiesta de nuestra agua’ Escenario: Sat vo’ ‘ojo de agua’ del Patna de la casa de los abuelos el 3 de mayo.19 El escenario en donde ocurre esta práctica de acción colectiva es el sat vo’ ubicado en el patna de los abuelos. Ahí, la copresencia de los participantes es para hablar a Dios (Señor) por nuestra agua (Tsobolonkutik ta jk’opontik kajwaltik yu’un ka’altik). Este encuentro colectivo del 3 de mayo congrega a todos los miembros del sistema de interacción social de la patrilínea, así como a miembros del grupo cognático al cual ésta pertenece. En esta práctica participan miembros de grupos localizados de parentesco20 que también hacen uso del agua, aunque no pertenezcan al grupo cognático del abuelo. El amak de la casa de los abuelos es el escenario de un primer encuentro de los miembros del grupo de parentesco anfitrión, el cual es nombrado Ta jtsombakutik ta smalel li kulo’tike ‘Nos reunimos para esperar a nuestros visitantes’.
Tsobolonkutik ta jve’kutik ve’lil ‘Estamos juntos para comer nuestras comidas’. Esta práctica de acción colectiva ocurre también en el escenario sat vo’. En este caso los alimentos y bebidas son aportados por los grupos de participantes ahí congregados, quienes también llevan presentes (incienso, velas, flores) al sat vo’.
Se considera que estos encuentros y prácticas colectivas “son categorizados e interpretados a la luz de un fondo de saber mutuo” (Giddens, 2012: 140) por los miembros de la patrilínea en un contexto de interacción social determinado. Más que derivarse de actos destinados a repetirse por circunstancias que lo ocasionan y reproducen, sentido en que es acotado el rito (Bonte e Izard, 1996: 641). Puesto que, esta última situación coloca a los actores carentes de competencias que le impiden ejercer cualquier clase de cognición reflexiva (Santoro, 2003: 245).
Prácticas de acción colectiva articuladas a escenarios de interacción específicos de la sede Muk’ta yab na
Estas prácticas presentan de cierto modo cambios en el género discursivo de la conversación al ser enunciadas frecuentemente con el vocablo lo’il ‘platicar’, en lugar del término k’op ‘palabra, lengua’ de uso más restringido y nombrado en los encuentros anteriores.
Tsobolonkutik chilo’ilaljkutik ‘Estamos juntos platicando’. Escenario: Amak’ de la casa de los abuelos. Esta práctica está asociada a comidas colectivas. Los encuentros que las sustentan integran a toda la patrilínea y suceden por la invitación que hacen los abuelos para convivir. La abuela suele nombrar al encuentro colectivo para comer con el siguiente esquema interpretativo Tsobolonkutik ta jve’kutik xchiuk ololetikc ‘Estamos juntos comiendo con los niños’, refiriéndose con el vocablo ololetik a sus hijos, nueras, nietos e hijas miembros del grupo localizado de parentesco.
Tsobolonkutik ta jchapankutik lo’il ‘Estamos juntos arreglando la palabra’. Escenario: Amak’ de la casa de los abuelos. El encuentro que sustenta esta práctica de acción colectiva hace referencia a la búsqueda de consenso al interior de la patrilínea, pues en tsotsil no existe la palabra acuerdo. Dependiendo del contexto, el esquema interpretativo ta jchapankutik designa la situación de resolver y organizar. El espacio abierto que ofrece el amak’ es el escenario en donde ocurre la práctica en cuestión, aunque también el yutna de la casa de los abuelos puede tener este uso del espacio.
Tsobolonkutik sk’elel li ta jchamelel muk’ta totik ‘Estamos juntas para mirar/visitar al abuelo enfermo’. Escenario: Amak’ de la casa de los abuelos. En este encuentro intervienen las nueras e hijos pequeños (alibal xchiuk ololetik), las hijas y la madre del grupo doméstico de los abuelos (alin ants xchiuk me’il). Esta práctica también sucede si la abuela se encuentra enferma. Y se caracteriza por el elevado nivel de disponibilidad de presencia-copresencia en estos encuentros colectivos ligado a la duración de la práctica, cuyo escenario es el amak’ de la casa de los abuelos. Durante el día mujeres y niños permanecen en el amak’ platicando, para retirarse por la noche a sus respectivas casas del complejo habitacional y volver al día siguiente. Tal estancia durante el día está asociada a la práctica colectiva de preparación de alimentos en el escenario del ve’obal na de los abuelos, y al consumo de estos en el amak’. Otro esquema interpretativo asociado a esta práctica es Tsobolonkutik ta jchi’nkutik muk’ta totil ‘Estamos juntos para acompañar al abuelo’.
Referencias de la patrilínea limitada localizada en la Región Latinoamericana: una aproximación
A partir de una extensa revisión documental, Robichaux (2007) postula la formación de grupos familiares en pueblos originarios de diversos países de Latinoamérica que responden a pautas de un modelo distinto a la familia nuclear conyugal, a la cual se le ha considerado universal y base de las sociedades latinoamericanas. Menciona que el análisis del fenómeno de la familia en las distintas tradiciones culturales cruza formas específicas de residencia post-marital, de transmisión intergeneracional de bienes y derechos entre otros factores. De ahí que, la revisión de aspectos tales como grupo doméstico y familia residencial, reproducción social y ciclo de desarrollo de los grupos domésticos, así como sistema familiar permiten explorar formas familiares que han sido sumergidas y ocultadas por el discurso hegemónico del Estado y de los estratos dominantes (Robichaux, 2007: 30). Reconociendo la escasez de información, en lo que se refiere a prácticas específicas de reproducción social en contextos de pueblos originarios, señala que su propuesta de regionalización es parcial y tentativa.
La unidad social base para el desarrollo de la propuesta es la familia residencial, que incluye al grupo doméstico.21 La reproducción social de tal unidad se encuadra en el concepto de ciclo de desarrollo de los grupos domésticos propuesto por Fortes,22 el cual “busca dar cuenta de la persistencia a través del tiempo de formas estructurales (en donde) los grupos domésticos de una determinada morfología, de acuerdo con la fase del ciclo de desarrollo se perpetúan” (Robichaux, 2007: 32).
El concepto de sistema familiar propuesto por Harell (1997) plantea secuencias específicas de determinados ciclos de desarrollo de los grupos domésticos vinculados a la residencia post-marital y a la herencia en el marco de derechos o reglas jurídicas, mediante los cuales se estructuran acontecimientos familiares.23 De esta manera, la reproducción social de un tipo de grupo de parentesco como es la familia residencial ocurre a través de la transmisión intergeneracional de derechos de residencia y bienes (Robichaux, 2007: 33, 34).
El concepto mode de perpétuation propuesto por Augustins (1989), desarrollado a partir de las costumbres de herencia en la Europa campesina, refuerza el planteamiento de la herencia. En éste, el cruce de la sucesión -transmisión de la jefatura de la casa o el grupo- y herencia -transmisión de la tierra genera una geografía de modos de reproducción social que son la expresión de éticas diferenciadas. Una de ellas opera en regiones del este de Europa y produce un sistema de linaje atenuado, en el que todos los integrantes están en pie de igualdad en la sucesión y herencia (Robichaux, 2007: 34, 35).
Con base en lo anterior, Robichaux (2007: 35) plantea que “el concepto de sistema familiar permite captar las formas socialmente heredadas para resolver el problema de la residencia post-marital y la transmisión de bienes en las fases correspondientes del ciclo de desarrollo”, y emprende una regionalización de sistemas familiares en América Latina. En el área mesoamericana y los Andes centrales encuentra que el principio patrilineal en la reproducción social sigue siendo dominante, jugando un papel clave la ocupación agrícola permanente que se deriva de la herencia patrilineal de la tierra.
Basado en los materiales comparativos etnográficos provenientes de grupos indígenas, y producto de la coordinación de numerosos trabajos desarrollados en México sobe el tema, refiere que en el área cultural mesoamericana el sistema familiar presenta importantes similitudes con el modelo de linaje atenuado de Augustins, al estar cimentado preponderantemente en el principio patrilineal en la residencia y herencia, y nombra patrilínea limitada localizada al grupo local de parentesco que presenta esas características, el cual para ciertas actividades se mantiene como una unidad, pero para otras cada familia nuclear, que comparte el mismo techo o habita viviendas contiguas, puede constituir una unidad económica independiente (Robichaux, 2007: 41, 42). En el caso de los Andes centrales, registra que el sistema familiar andino también muestra características del modelo general de linaje atenuado, presentándose en la reproducción social de los grupos domésticos un paralelismo con la dinámica del sistema familiar mesoamericano (Robichaux, 2007: 46, 47).
Los principios patrilineales de residencia y herencia, aplicados en los procesos de transmisión del patrimonio que muestra el modelo aquí descrito, guardan similitud con lo expuesto en este documento para la comunidad alteña. Sin embargo, se considera que incluir el análisis de la espacialidad de la acción social de los procesos de residencia y herencia, inmersos en la reproducción social de la patrilínea limitada localizada, permite una mayor aproximación a dichos procesos de transmisión intergeneracional del patrimonio que encuadrarlos sólo en términos de principios normativos patrilineales -derechos, reglas o éticas sociales-, como se relata en este apartado.
Así, el examen de la cesión de espacios a los grupos domésticos de hijos casados para que construyan sus casas (residencia post-marital), y la dotación de parcelas agrícolas a éstos (herencia de la tierra) en la fase de fisión del ciclo de desarrollo de este tipo de grupos domésticos remite a la transmisión y aporte de bienes territoriales -con todo el significado que suele tener el territorio en la visión de los pueblos indígenas-, además de que en tal aporte media la agencia del actor. La apropiación territorial de tales bienes, en el marco de la propiedad colectiva ejercida por pueblos indígenas, se condensa así en la configuración de los espacios donde habita y trabaja la unidad social en cuestión. En otros términos, dicha apropiación viene a constituir las sedes24 del hogar y trabajo agrícola de la patrilínea, cuyas fronteras permeables a su interior configuran escenarios de elevada interacción social y copresencia que propician encuentros de la prole que sustentan prácticas de acción colectiva.
Otro tipo de familia en la Región Latinoamericana y del Caribe es la familia matrifocal, en la que las relaciones de parentesco se pautan por línea materna. La matrifocalidad es un fenómeno social esencialmente caribeño que tiene raíces históricas profundas, en el cual la raza se vinculó con una clase social en el contexto de un modo de producción dominante, la esclavitud (Fernós, 1991: 336). Entre los Wayuu, pueblo indígena ubicado al noreste de Colombia en la Península de La Guajira, el grupo de parientes se identifica como descendiente de los mismos antepasados por línea femenina y presentan nexos de consanguinidad (Guerra, 2020: 72). Las normas que delimitan derechos a los territorios están basadas en el eje vivienda, cementerio y posesión constante. Sin embargo, el medio desértico de esta parte de La Guajira propicia una movilidad constante de las familias a otros hábitats, por lo que son poli-residenciales, aunque generalmente retornan a su asentamiento principal (Guerra, 2020: 71).
En el pueblo de Aritama, en la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia, congruente con un principio matrilineal, sus habitantes creen que los verdaderos dueños de las tierras son los abuelos maternos y paternos, en especial de las dos abuelas de quienes trabajan una parcela determinada (Reichel-Dolmatoff y Reichel-Dolmatoff 1961, citado por Robichaux, 2007: 55).
Conclusiones
Las prácticas de acción colectiva de la patrilínea limitada localizada se desarrollan en escenarios no compartimentados, que corresponden a usos del espacio de la sede Muk’ta yab na, configurada por la propiedad colectiva y la patrilocalidad. Estas prácticas se sustentan en encuentros colectivos recurrentes donde participan parte o toda la patrilínea y presentan un elevado nivel de disponibilidad de presencia-copresencia. Tsobolonkutik (‘estamos juntos’), la voz en lengua materna que denomina a estas interacciones es indicativa de un encuentro inclusivo que implica acciones conjuntas. Las cuales se caracterizan por una comunicación activa a la que es inherente un intercambio de información, base de procesos de socialización de conocimientos. La regularidad de las prácticas de acción colectiva operadas por las patrílineas que integran a la comunidad indígena viene a constituir un rasgo mesoamericano del tejido social de pueblos indígenas.
La reproducción social de la patrilínea limitada localizada está ligada a pautas de apropiación social del territorio de la comunidad indígena, tanto en el ámbito del lugar donde viven como en el que trabajan. Estas pautas, arraigadas en un patrón mesoamericano, son parte de los procesos de patrilocalidad y herencia de la tierra en el contexto de propiedad colectiva que generan espacios colectivos de vida, los cuales desencadenan prácticas de acción colectiva constitutivas de los procesos de trabajo y comunicativos en la comunidad indígena, revelándose así no solo la resiliencia de este tejido social, sino su agencia al mantener la capacidad de ocupar el territorio de regiones desde tiempos ancestrales.
El límite de la frontera de organización socio-territorial en la región alteña, conformado históricamente desde la Colonia hasta nuestros días, diferencia a dos sistemas sociales. Luhmann (1998: 52) señala que, la selectividad propia de una demarcación de frontera, es decir, el límite que diferencia el sistema de su entorno, reduce la noción de la complejidad interna del sistema que se considera opuesto o diferente. Esto ilustra las posturas reduccionistas respecto a los pueblos mayenses de la región alteña que van desde la ausencia de una política pública incluyente hasta el discurso que sitúa a la comunidad indígena como tradicional o la constriñe a un plano de sujeción normativa.










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