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Diánoia

Print version ISSN 0185-2450

Diánoia vol.59 n.73 Ciudad de México Nov. 2014

 

Reseñas bibliográficas

 

 

Marc A. Hight (editor), The Correspondence of George Berkeley

 

Alberto Luis López

 

Cambridge University Press, Nueva York, 2013, 674 pp.

 

Facultad de Estudios Superiores Acatlán, Universidad Nacional Autónoma de México. albertograco@yahoo.com.mx

 

Luego de más de cinco décadas finalmente aparece una nueva edición de la correspondencia de George Berkeley (1685-1753). Este acontecimiento es digno de celebrarse porque con él los estudiosos de la filosofía, y especialmente del periodo moderno, tendrán la posibilidad de hacerse un retrato más completo del filósofo irlandés, pues además de conocer su pensamiento filosófico a través de las obras ya publicadas, tendrán la oportunidad de acercarse a otros de sus intereses y preocupaciones por medio de las cartas dirigidas a amigos, conocidos o simples interlocutores. Por lo tanto, la publicación de la relación epistolar de Berkeley es importante porque con ella el lector podrá conocer el ambiente, las ideas y las corrientes de pensamiento que existían en esa época y que influyeron en el filósofo de Kilkenny, así como fueron influidas por él.

El profesor Marc A. Hight, del Hampden-Sydney College, no es el primero en editar la correspondencia de Berkeley. Anteriormente salieron a la luz otras ediciones que, pese a su gran calidad, resultaban insuficientes. La primera publicación de la correspondencia berkeleyana fue Life and Letters of George Berkeley, de A.C. Fraser, en 1871. Pese a su incuestionable valor, Fraser excluyó de su libro mucha de la correspondencia dirigida al irlandés, lo cual hizo que su edición resultara útil pero demasiado parcial. Una segunda edición de la correspondencia fue el libro de Benjamin Rand, Berkeley and Percival, de 1914, el cual no incluyó muchas cartas almacenadas en los archivos ni, desde luego, aquellas que aún no se conocían. Finalmente, en la edición de las obras completas de A.A. Luce y T.E. Jessop, publicadas entre 1948 y 1957, se dedica el octavo volumen a la correspondencia de Berkeley. Este volumen fue completado con el noveno, o Addenda, donde Luce, el principal editor, ofreció información importante sobre el contexto en que fueron escritas o recibidas las diversas cartas. Pese a su importancia, esta edición, considerada la canónica, presenta algunos problemas: por un lado resulta casi imposible de conseguir en la actualidad, y por ello es bastante costosa; por otro lado, y éste es el verdadero problema, Luce tomó la decisión de no publicar la mayoría de las cartas dirigidas a Berkeley quizá por la extensión del volumen, así como tampoco incluir algunas que se encontraban en archivos diferentes a los consultados.

El objetivo de publicar la correspondencia completa nunca se pudo completar, pese a estos grandes esfuerzos, y ahora, con la edición de Hight, se puede decir que la empresa ha tenido éxito, debido, entre otras cosas, a que se han encontrado nuevas cartas desde la última publicación de la correspondencia, lo que ha hecho necesario actualizar y completar el contenido de las ediciones anteriores, y a que se han incluido muchas cartas que antes, y por diversos motivos, habían quedado excluidas. Si tomamos esto en cuenta, se entiende por qué la edición del profesor Hight resulta no sólo oportuna, sino además necesaria.

En relación con las cartas publicadas en esta edición, es importante hacer notar que si bien es cierto que muchas de ellas están perdidas ello no ha sido un impedimento para publicarlas, pues se tienen noticias de ellas porque fueron publicadas en diversas obras a lo largo de los años y porque fueron copiadas en su momento, gracias a lo cual se encuentran impresas en libros antiguos o como copias manuscritas en archivos de bibliotecas o centros de estudios. Un ejemplo de cómo se han conservado copias de esas cartas es —como menciona el propio editor— la epístola subastada en 1979, que desde entonces pertenece a un particular, cuya identidad no se conoce. Sin embargo, inmediatamente antes de su venta fue transcrita por el profesor David Berman, gracias a lo cual el contenido de la carta perduró y puede consultarse en la publicación berkeleyana Berkeley Studies (antes llamada Berkeley Newsletter) (p. XV).

La edición de Cambridge University Press presenta trescientas noventa y tres cartas de y para Berkeley, organizadas cronológicamente de 1705 a 1752, y en las que figuran interlocutores como Tommaso Campailla, Stephen Hales, Samuel Johnson, Jean Le Clerc, Samuel Molyneux, John Percival, Alexander Pope o Thomas Prior. En cada una de las cartas se incluye la fecha en que se redactó, el lugar de procedencia y el archivo donde se encuentra el documento original o la copia utilizada. Se decidió no incluir cartas que sólo mencionaran al filósofo irlandés, esto es, cartas que no fueron escritas por él o dirigidas a él. En relación con el problema de qué cartas había que incluir, el propio editor señala, acertadamente, que determinar con precisión qué texto pasa por carta y qué no, para conformar un volumen llamado "correspondencia", no siempre es fácil, ya que hay muchas hojas autógrafas que pueden no llevar firma, e incluso no haber sido enviadas, y que, no obstante, son de mucho interés para los estudiosos. Para solventar este problema el editor decidió seguir dos pautas: 1) si hay estudiosos que consideraron antes que cierto texto era una carta entonces, independientemente de los propios juicios, hay que considerarla como tal e incluirla en la edición para no romper con la tradición que ya se había creado; 2) hay que intentar incluir sólo las cartas que realmente estuvieran destinadas a formar parte de una correspondencia, pues hay varios escritos o "cartas" que fueron publicadas y dirigidas a Berkeley pero que de ninguna manera constituían una correspondencia como tal, debido a que el autor del escrito no esperaba recibir una respuesta del filósofo. Por ello, siempre que fue posible no se incluyeron ese tipo de escritos, pues muchos de ellos eran realmente panfletos polémicos redactados por el gran interés que despertaron algunas obras de Berkeley, como fue el caso de Siris o de sus escritos matemáticos y de economía política.

Como era de esperarse en una edición de Cambridge University Press, siempre se intentaron retomar los manuscritos originales, aunque en ocasiones eso no fue posible porque sólo se conservan copias de los originales o, incluso, hay cartas publicadas en obras anteriores que actualmente están perdidas. En estos casos —menciona el editor— "debemos confiar en la buena labor de los primeros estudiosos" (p. XVII). Cabe señalar que esta edición no es propiamente ni crítica ni diplomática, esto es, no reconstruye las cartas a partir de información complementaria ni se limita a transcribirlas tal y como fueron encontradas. Más bien tiene una clara tendencia pedagógica, ya que busca contextualizar las cartas lo mejor posible y hacerlas accesibles a todo tipo de lector; esto es, entre otras cosas, lo que distingue esta edición de las anteriores, pues, a diferencia de los comentarios escritos por Luce en las obras completas, Hight prefirió suprimir el uso de notas con comentarios filosóficos para —dice— "dejar el texto libre de cualquier mancha asociada con una lectura particular de Berkeley, ya sea de naturaleza personal o filosófica" (p. XII.)

Es importante mencionar que en esta nueva edición se estandarizó y modernizó el lenguaje y la ortografía empleada en las cartas, con el propósito de clarificar el texto y de mejorar la legibilidad de las mismas. Desde luego que el editor cuidó de anotar entre corchetes y en notas a pie todo tipo de modificaciones, señalamientos o inserciones, justamente para no tergiversar o alterar su significado o contenido. Pese a lo que se pudiera pensar, los cambios que realizó son menores, por ejemplo, cuando fue posible, reemplazó "&c" por "etc.", las ligaduras "æ" y "œ" por "ae" y "oe" y desató contracciones como "'tis" por "it is". En cuanto a las cartas escritas en un idioma distinto al inglés (hay unas pocas en latín, francés y alemán), éstas se incluyeron en su idioma original, tal como se publicaron o encontraron, por lo que sólo se anexó una traducción simple en inglés. Es de destacar que estas pequeñas modificaciones se realizaron con extremo cuidado y de manera muy oportuna, de la misma manera que ocurrió con la información que complementa y contextualiza las cartas, pues ni se cayó en el exceso, como algunos comentaristas acostumbran, de escribir largas y fatigosas notas, ni tampoco se ordenaron simplemente las cartas sin ningún tipo de información complementaria (lo cual no ayudaría a su mejor comprensión). En gran medida esto se debió, como el mismo editor comenta, a que el modelo de lector que tenía en mente era el de un estudiante que inicia su trabajo de tesis. Pensando en este tipo de alumnos, que requieren elementos adicionales al contenido del escrito que consultan para poder comprenderlo mejor, Hight se planteó hacer una edición "accesible y fácil de usar", lo que indica que la edición que presenta, más que para especialistas, que también lo es, es para todos aquellos interesados en el pensamiento del irlandés.

Entre otras virtudes de la edición está el hecho de que Hight visitó prácticamente todas las bibliotecas y centros de investigación donde se encontraban cartas de Berkeley, en países como Estados Unidos, Irlanda, Inglaterra y Holanda (en la introducción Hight cita todos los archivos a los que acudió y menciona qué encontró en cada uno de ellos, pp. XIII-XV.) y que se entrevistó con algunos de los principales berkeleyanos en el mundo, como Belfrage (Universidad de Lund), Berman (Trinity College Dublín) y Charles (Universidad de Sherbrooke), entre otros. Por otro lado, el excelente trabajo de investigación se refleja en la información anecdótica que el lector encontrará sobre el filósofo irlandés, como su forma de escribir, su tipo de letra o el empleo que hacía de las fechas, su uso por igual del calendario gregoriano o del juliano (el primero fue adoptado oficialmente por Inglaterra hasta marzo de 1752, un año antes de la muerte de Berkeley). Por otro lado, también resulta de utilidad que el editor añadiera al final de la obra un registro de los nombres y lugares que aparecen en las cartas, con el propósito de que el lector se oriente sobre las personas con quienes se escribía Berkeley y sobre qué tipo de relación tenían con él.

Pese a los méritos de la edición, es de destacar que el propio Hight, en un acto de absoluta honestidad, reconoce que su trabajo tiene al menos dos defectos: 1) si bien es correcto decir que se edita la correspondencia completa, en realidad se trata sólo de la "conocida y existente", pues hay referencias a muchas cartas —entre ellas la relación epistolar que Berkeley sostuvo con Jonathan Swift—, las cuales o bien se han perdido o simplemente no se han podido localizar; 2) que hay "razones para creer" que existen algunas cartas en manos de coleccionistas privados. Esto lo sostiene Hight a partir de lo dicho por Luce y por otros comentaristas, quienes "ocasionalmente hacen referencia a 'cartas privadas' sin dar ninguna información adicional, y en la mayoría de los casos ha sido imposible rastrear esas cartas" (p. XII). Desde luego, el propio editor es consciente de que encontrar esas cartas es una tarea complicada, pero se muestra esperanzado, y por eso hace un llamado a que cualquier coleccionista que tenga cartas de Berkeley se ponga en contacto con él, para permitirle transcribirlas y preservarlas. Definitivamente, la publicación de La correspondencia de George Berkeley es un suceso digno de celebración, más aún cuando se trata de una edición tan cuidada, bien elaborada y de fácil acceso. Si bien difícilmente podrá considerarse definitiva, pues siempre podrán encontrarse nuevas cartas, es, sin lugar a dudas, la mejor edición que se ha hecho hasta ahora de la correspondencia del irlandés. Esta edición de Cambridge University Press constituye una joya para los especialistas y para los interesados en el pensamiento de Berkeley, con la que se podrá seguir profundizando acerca de uno de los filósofos más originales de la historia.

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